Principado de Asturias

Turismo interior. Territorios. Paisajes naturales. Recursos. Poblamiento. Espacio rural. Cultura. Regiones de España

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PRINCIPADO DE ASTURIAS

U

na antigua identidad

Asturias es una comunidad de rasgos marcados por su inclusión en la España atlántica, nítidamente limitada al sur por la divisoria de aguas de la cordillera Cantábrica, que la separa de la comunidad castellano-leonesa. Los confines extremos entre dicha cordillera y el mar Cantábrico se localizan entre los 42° 53' del pico Miravalles y los 43° 40' de latitud norte en el cabo de Peñas. De su posición latitudinal y del influjo de la deriva de la corriente del Golfo, que recorre su largo frente costero de oeste a este, resultan unas condiciones climáticas puramente atlánticas.

Limita por el este y el oeste, con Cantabria y Galicia respectivamente. El principado de Asturias es un territorio histórico cuyos limites administrativos no han variado desde la división provincial de Javier de Burgos del año 1833.

Su identidad estuvo siempre condicionada por el aislamiento resultante de su vigorosa y compleja orografía y por la multitud de circunstancias naturales e históricas que la incluyeron en un marco más amplio, el noroeste peninsular, desde los tiempos más remotos.

Sus 10.565 kilómetros cuadrados acogen cerca de 1.100.000 habitantes, cuya distribución deriva de los mecanismos de construcción del espacio regional contemporáneo. Estos son tres: la primacía de la conexión con el resto de la Península a través del puerto de Pajares, la minería del carbón y la siderurgia ligada inicialmente a ella, y la polarización del crecimiento en el Área Central, como se denomina a una zona que ha llegado a concentrar aproximadamente las dos terceras partes de la población asturiana, sobre menos del quince por ciento de la superficie regional.

Asturias accedió a la autonomía por la vía del articulo 143 y con la condición de “entidad regional histórica”, contemplada en la Constitución de 1978. El Estatuto de 1981 estableció la denominación de Principado de Asturias para la comunidad uniprovincial, con sede de las instituciones en Oviedo. La Junta General del Principado es la cámara de representación popular con potestad legislativa; en ella se elige al presidente del Principado, que también preside el Consejo de Gobierno. La Junta reúne a 45 diputados, elegidos en tres jurisdicciones (occidental, central y oriental), de las cuales habrá al menos dos representantes, repartiéndose los restantes en proporción a la población.

El Principado se organiza en municipios (setenta y ocho), llamados concejos.

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os rasgos físicos

Situada en el sector occidental de la cordillera Cantábrica, ocupando la practica totalidad de la vertiente meridional del macizo Asturiano, Asturias presenta un relieve mayoritariamente modelado sobre materiales del zócalo, posteriormente deformados por la orogenia alpina; son por tanto materiales antiguos (225-540 millones de años) a los que en algunas zonas próximas a la costa se añaden otros más recientes, secundarios (65-225 millones de años) y terciarios (1,5-65 millones de años).

Se trata de un relieve áspero pudiendo deslindarse dos ámbitos bien diferenciados tomando en consideración la dirección de los accidentes y el volumen de las formas. Uno al oeste del meridiano de Oviedo, en el que valles y sierras se disponen paralelamente a la línea de costa y en el que en un corto trayecto se pasa del nivel del mar a los 2.500 metros de altitud, y otro al oeste en el que altitudes y pendientes son más modestas.

Esta elemental división, basada en la topografía, se hace mas completa si se toma en consideración la naturaleza de los materiales, la disposición tectónica y los agentes responsables de las formas del relieve. Desde la costa hacia el interior nos encontramos, así, las rasas costeras, las plataformas y sierras prelitorales del occidente, las cadenas litorales orientales, el surco prelitoral, la cuenca central, los Picos de Europa y las montañas de la divisoria.

Lo accidentado del relieve asturiano constituye un factor condicionante del clima en un nivel inmediatamente inferior al representado por la ubicación de la región dentro del ámbito atlántico y en una zona con predominio de la circulación atmosférica del oeste. El clima de la región se caracteriza por la suavidad de las temperaturas y la abundancia de humedad, si bien en las zonas altas se torna en un clima húmedo de montaña definido por el rigor de las temperaturas. Los distintos valores que temperaturas y precipitaciones alcanzan en la región obedecen en ultima instancia al relieve. Mientras en las proximidades de la costa las precipitaciones son abundantes y regulares a lo largo del año y las temperaturas no sufren grandes oscilaciones diarias ni anuales, a medida que nos adentramos en el interior las lluvias aumentan, las temperaturas disminuyen y las diferencias entre día y noche y entre meses cálidos y fríos se hacen mayores.

La combinación de estas condiciones climáticas con los tipos de suelos que se dan en la región y con la topografía determinan la vegetación potencial de Asturias: el bosque mesófilo y caducifolio. Pero la acción del hombre ha alterado mucho la vegetación original y, mediante la roturación de los bosques para ampliar la superficie de tierras de cultivo, prados y pastizales o para aprovechar leñas y maderas, ha conducido a una situación en la que dominan las formaciones vegetales de porte medio y bajo.

Aun así el bosque ocupa el 23% de la superficie regional y aún es posible reconocer el escalonamiento de la vegetación en pisos, resultado de su adaptación a la topografía y a las variaciones que esta produce en el clima a nivel intrarregional. De esta forma, en el sector más próximo a la costa dominan las formaciones de bosque de castaño y carbayo, de bosque fresco de avellano y fresno y de bosque de ribera de aliso y sauce, habiendo sido den determinados momentos históricos fomentadas de entre estas especies el castaño y el avellano debido a su importante papel en la economía campesina. En la montaña media la formación más representativa es el bosque de haya o mixto de haya y roble apareciendo especies como el rebollo, el abedul o el acebo. Finalmente, en la alta montaña, aparece el matorral y las praderas debido a que el clima no permite el desarrollo de la vegetación arbórea.

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os paisajes naturales

  • LA MARINA: de norte a sur, la primera unidad que se encuentra, es una franja costera perfectamente diferenciada desde el punto de vista geomorfológico. Resalta en ella una plataforma levantada sobre el nivel del mar, de altura variable, con una anchura entre tres y cinco kilómetros por termino medio y fragmentada por las incisiones fluviales que le restan continuidad en detalle, según las áreas. Se trata de una antigua superficie de abrasión marina, culminada al norte por acantilados que con frecuencia superan los 100 metros y flanqueada al sur por sierras litorales que han aportado materiales que se mezclan, superponen o aparecen contiguos a los de origen marino. Esta superficie recibe el nombre de rasa. Entre la ría del Eo, limite occidental de la región, y la ría de Avilés, domina uno de los niveles de arrasamiento marino; los materiales paleozoicos del sustrato aparecen uniformemente cepillados dando una apariencia notable de continuidad que ha permitido denominarla “gran rasa occidental”. Es en el tramo oriental de la Marina donde mejor se distinguen las distintas fases invasoras del mar. Los aproximadamente 340 km. de costa actual presentan un perfil de dominante rectilínea, interrumpido por un solo saliente que es el cabo de Peñas, y otros menores fruto de la erosión deferencial consecuente con la tendencia al avance del mar que hace resaltar las cuarcitas y permite disponer de promontorios aptos para localizar señales marítimas.

  • LOS VALLES: los valles conforman unos paisajes naturales superficialmente dominantes en la región, si bien ocultan notables variaciones de oeste a este, si nos atenemos a la topografía y no solo al clima o a la vegetación. El occidente interior regional está marcado por las estructuras geológicas hercinianas, caracterizadas por la sucesión de cuarcitas y pizarras paleozoicas, dispuestas formando un arco que suele denominarse rodilla astúrica. Los ríos occidentales se han ido tajando en las pizarras, resaltando los crestones de cuarcita interfluviales que conforman sierras alargadas de norte a sur y que ganan paulatinamente altura en el mismo sentido. Así se encuentra una sucesión de valles (Eo, Navia, Narcea, Pigüeña, Trubia), que separan alineaciones que superan los 1.200 metros (Bobia, Rañadoiro, Cabra, Aramo) y cortan plataformas intramontanas como la de Tineo. El predominio de los suelos silíceos hace del interior occidental un área apropiada para el desarrollo del carbayo, mientras que en algunos tramos de los valles subsisten especies como el alcornoque o el madroño. En el resto de la comunidad la disposición dominante de las unidades morfoestructurales es oeste-este. Al margen de la Marina aparece una alineación paralela a la costa. Estas cadenas litorales tienen un origen tectónico; son bloques levantados entre fallas que se contraponen con la larga fosa tectónica o surco prelitoral que se extiende al sur conocido como Depresión Oviedo-Cangas de Onís-Panes. La depresión prelitoral, de materiales calizos, está drenada por ríos que se disponen paralelos a la costa, entre los que destacan el Nora y el Piloña, que en sentido opuesto se dirigen al encuentro del Nalgón y del Sella, cursos que sí lograron atravesar las cadenas litorales. Los ríos han determinado profundos valles alternantes sobre una formación donde predominan las pizarras.

  • LA MONTAÑA: La cordillera Cantábrica se ha conceptuado como una porción levantada del zócalo paleozoico peninsular, funcionando por tanto como una cordillera de borde de edad alpina en la que se puede individualizar por sus características geológicas y altitudinales el macizo Asturiano, del cual alrededor del sesenta por ciento se inscribe administrativamente en Asturias. Es una cordillera disimétrica, de fuertes pendientes hacia el mar. aparte de los valles, las cabeceras apenas alteradas por la erosión fluvial resultan de una sucesión de macizos que culminan en torno a los 2.000 metros (Miravalles, Cueto de Arbas, Cornón...) y amplios puertos situados a unos 1500 metros, como Zarredo, Leitariegos, Somiedo... Cabe mencionar los Picos de Europa situados en el extremo del surco prelitoral y destacan por la verticalidad de las paredes calizas y por su altitud 2.648 metros. También importante es el Naranjo de Bulnes o Pico Urriello. El glaciarismo incidió en la “montaña” contribuyendo a enriquecer los paisajes naturales; de origen glaciar son los pequeños lagos, como los de Covadonga y los de Somiedo.

R

ecursos naturales

Los recursos naturales que ofrece el medio físico asturiano han posibilitado la obtención de bienes suficientes para la subsistencia de su población, pero, al mismo tiempo, han actuado como limitadores del óptimo desarrollo socioeconómico del Principado, debido entre otras razones a su accidentada orografía, a la adversidad climática en áreas de montaña o a la pobreza de los suelos en amplios sectores de la comunidad.

  • LA RIQUEZA DEL SUBSUELO: Como primer recurso natural cabe destacar la relativa riqueza de su subsuelo. En cuanto a la producción de hulla, Asturias ha ocupado el primer lugar entre las provincias españolas, obteniendo siempre más del 70% de la producción nacional. Los yacimientos de hulla más importantes se encuentran en cuatro cuencas fluviales: Nalón medio, Caudal, Aller y Turón. Ante el regresivo sector hullero, la antracita del sudoeste de la región se convirtió por un momento en una alternativa, aunque no sobrepasaba en los primeros años noventa el umbral del millón y medio de toneladas anuales. Cangas de Narcea, Tineo, Degaña e Ibias, en ese orden decreciente, son los concejos en los que se localizan los “manchones” de materiales carboníferos. El segundo mineral en importancia fue durante años el espato flúor, del que Asturias producía entre el 60% y el 70% del total nacional, exportado en su mayor parte hacia Estados Unidos. Los yacimientos más importantes se encuentran en el surco prelitoral, en Gijón y en Caravia-Ribadesella. La explotación de canteras es otro de los recursos importantes de la región, sobre todo las de caolín, en los concejos de Miranda, Grado y Salas. Canteras de áridos como las de Avilés u otras, son muy notables por los desmontes que ocasionan. La producción media anual de rocas industriales es diversa, alcanzando a principios de los años noventa 60700 t de dolomías, 7.162.200 t de calizas, 1.358.200 t de arenas...Otros minerales y metales como el hierro, cinabrio, cobre y volframio se explotaron en su día en diversos puntos de la región, pero su producción en esta ultima década del siglo XX es casi nula o insignificante.

  • EL APROVECHAMIENTO HÍDRICO Y FORESTAL: los recursos hidráulicos son muy superiores en el Principado a la media nacional, aportando el 10% del total. La abundancia de precipitaciones, unida a lo accidentado del territorio, explica la existencia de ríos caudalosos. Con todo Asturias es, junto a León, una de las primeras productoras de España, exportando a otras provincias cerca de la mitad de su producción, obtenida en sus mas de sesenta centrales hidroeléctricas. En lo que respecta a recursos forestales, Asturias ha producido en los últimos años una media de medio millón de metros cúbicos anuales, que representa una producción en los montes maderables actuales de unos dos metros cúbicos por hectárea y año. Es decir, tiene una productividad muy baja, que es susceptible de mejorar con una mayor racionalización de las explotaciones familiares.

P

oblación y poblamiento

A lo largo de los últimos 130 años la población asturiana ha crecido de forma ininterrumpida, pasando de 524.529 habitantes en 1857 a 1.114.115 en 1986, lo que representa un crecimiento de un 112%. Pero en este lapso de tiempo pueden señalarse, al menos dos fases bien diferenciadas, una que abarca hasta 1960, con un crecimiento sostenido, aunque con ritmos dispares y en la que los movimientos intrarregionales, sin dejar de existir, no supusieron una alteración importante en el equilibrio interno, y otra desde 1960 hasta la actualidad en la que el crecimiento se ha debilitado al tiempo que se daba una redistribución de la población en el interior de la región que ha conducido a la actual situación de desequilibrio, reflejada en la concentración de población en la Zona Central y el despoblamiento de buena parte del espacio rural.

Entre 1857 y 1900 el crecimiento demográfico de la región se cifró en 102.540 habitantes, cantidad inferior a lo que debió ser el saldo entre nacimientos y defunciones, habida cuenta de los efectivos que durante el periodo emigraron a América (en torno a 90000), así como de los que, con carácter definitivo o duradero, tuvieron como destino otros lugares de España, Madrid y Andalucía sobre todo.

A la alteración en la estructura demográfica derivada del carácter selectivo de la emigración, por cuanto en esta participaron sobre todo hombres jóvenes y adultos, se empezaba a añadir el principio de una desigualdad en la distribución de la población, ya porque las perdidas se dejaran sentir en mayor medida en las zonas más pobres del espacio rural, ya porque el centro de la región empieza a adquirir un protagonismo que no perdería; lo cierto es que coincidiendo con el cambio de siglo las densidades municipales oscilaban entre los 507 habitantes por kilometro cuadrado de Avilés y los 13 de Ponga y la tercera parte de la población regional se concentraba en el 10% del territorio.

Durante los primeros 60 años pasado siglo la población asturiana creció un 57,8% aproximándose ya al millón de habitantes. Este aumento no fue lineal. Durante las dos primeras décadas el incremento fue acelerado, y en ello debió influir el desarrollo de la minería y de la industria, la caída de las tasas de mortalidad, así como la coyuntura favorable que representó la guerra europea; a esta fase sucedió otra de crecimiento moderado, sin duda relacionado con la crisis de la minería, la caída de las tasas de natalidad y los efectos de la guerra civil.

Los años 40 y 50 significaron una nueva etapa de recuperación, derivada de los efectos producidos por el desarrollo de la minería en las cuencas hulleras y por las primeras fases de la industrialización litoral en Avilés y Gijón, hechos que no sólo sirvieron para fijar la mano de obra autóctona, aunque ello significara un nuevo paso en la acentuación en los desequilibrios intrarregionales, sino también para abrir una importante corriente inmigratoria. La perdida de población en el espacio rural en beneficio de las zonas industrializadas, sin ser lo suficientemente importante como para suponer una ruptura de la organización social de aquél, si parecía anunciar que la misma no estaba muy lejana: en seis décadas, de las 855 parroquias existentes en la región, 484 habían perdido población, es decir, un 65% del territorio regional había tenido una evolución demográfica negativa.

Desde 1960 la población regional creció modestamente (1.127.007 hab. en 1981), pero los movimientos en el interior de la región con dirección a los centros urbanos adquieren tal pujanza que buena parte del espacio rural se encuentra hoy en situación critica: entre 1960 y 1981 fueron 768 las parroquias que perdieron población, esto es el 92,1% de la superficie regional. Sin lugar a dudas, la zona mas afectada por el despoblamiento fue la montaña, llegando a registrarse en las zonas más marginales pérdidas del orden del 75% en 20 años; pero el proceso ha afectado también a las cuencas mineras del centro de la región, una vez que entraron en crisis, y a las zonas del espacio rural más próximas a los grandes centros urbanos, en unos casos porque el crecimiento de la ciudad propició la presencia en el campo de actividades difícilmente compatibles con la resistencia (industrias, infraestructuras...), en otras porque pese a haber aumentado el parque inmobiliario, tal incremento correspondió básicamente a residencias secundarias, y en otros porque la corriente migratoria hacia las ciudades afectó a estos espacios igual que al conjunto del espacio rural.

Las peculiaridades del poblamiento de la región, caracterizado por la proliferación de pequeños núcleos hace que el despoblamiento rural alcance sus ultimas consecuencias, un numero creciente de pueblos abandonados y un amplio sector de la montaña donde unas densidades de población inferiores a 10 habitantes por kilometro cuadrado preludian su próxima condición de desierto demográfico.

  • ESTRUCTURA DE LA POBLACION: la estructura de la población por edades refleja un envejecimiento paulatino de la población además de un déficit de mujeres jóvenes, sobre todo en zonas rurales. la población activa es el fiel reflejo de la estructura económica. El sector primario sufrió un retroceso espectacular desde principios del siglo pasado, acelerado en los años 60 con la urbanización de la sociedad española. Dentro del sector primario, la pesca no ocupa ni siquiera al 1% de la población activa. Como era de esperar en una región especializada en minería e industrias metálicas, los activos ocupados en tales subsectores reúnen a cerca del 10% y más del 12% respectivamente. Estos porcentajes solo encuentran replica en el sector comercial dentro de las actividades terciarias que ocupan a mas del 10% de los activos. La proletarización acusada de la población asturiana, apoyada en la merma del campesinado y de la pequeña burguesía rural y urbana, solo encontró una cierta inversión de la tendencia a raíz de la profunda crisis de los sectores pesados, vanguardia histórica de la industrialización regional.

E

l espacio rural

Si algo caracteriza hoy al espacio rural asturiano es su carácter multifuncional. Al mismo tiempo que las economías campesinas se orientaban mayoritariamente hacia una ganadería comercializada al amparo de la creciente demanda de productos lácteos y cárnicos y de la integración en un mercado de carácter nacional, en el campo comenzaban a aparecer un conjunto de actividades y usos no agrarios. El aprovechamiento de la riqueza del subsuelo, de los recursos hidráulicos y forestales, etc., significaron la aparición de un conjunto de instalaciones que, unidas a las derivadas de la ocupación residencial del campo por activos no agrarios y localizadas todas ellas en un medio donde dominan las actividades agroganaderas, ejemplifica lo más sustancial del carácter multifuncional del espacio rural. Una situación que ha servido para acelerar la desorganización de las estructuras del campo. No obstante, la agricultura, a pesar de sólo suponer el 6% del P.I.B. de la región y contar con una población activa menguada y envejecida, aún es la actividad dominante desde el punto de vista espacial, pues la superficie agrícola útil (SAU) afecta al 33% del total regional.

La tendencia dominante a la monoproducción ganadera que hoy presenta la región, sobre todo hacia la producción lechera, es un hecho que se ha consolidado en las tres ultimas décadas. De la magnitud del proceso de cambio puede darnos una idea el hecho de que el 65% de las 45.950 explotaciones ganaderas de la región se dediquen prioritariamente a la producción de leche.

Esta especialización implicó una doble transformación; por una parte en los usos agrarios del suelo, donde praderas y cultivos forrajeros crecieron a costa del monte y de los espacios anteriormente dedicados a cereales para consumo humano, y por otra de la cabaña ganadera que perdió su carácter heterogéneo y mixto para hacerse cada vez más homogénea y especializada.

El proceso de cambio que venimos señalando se vio acompañado de una modificación progresiva del régimen de tenencia de la tierra, que ha concluido en un dominio absoluto de la categoría de propiedad, la cual en el Censo Agrario de 1982 afectaba al 85,1% de las explotaciones censadas.

Pero si la modernización fue un modo de adaptación a la nueva organización económica y territorial, esta, que también fue responsable del drenaje de población hacia las ciudades y, en ultima instancia, del envejecimiento de la población rural, determinó unas desiguales condiciones de adaptación que se tradujeron en una disminución del numero de explotaciones, de manera que en 1982 habían desaparecido el 36,3% de las 118.911 existentes en 1962, y lo habían hecho fundamentalmente en las zonas montañosas más alejadas del centro y en las áreas mas próximas a éste, afectadas por la invasión física de las ciudades.

Precisamente en esta desigualdad de condiciones se puede encontrar explicación al hecho de que la merma en el numero de explotaciones no se viera acompañada en términos proporcionales de un aumento del tamaño de las que seguían en funcionamiento. Se abandonaron las parcelas marginales sustituyéndolas por las mejor ubicadas de las explotaciones abandonadas.

Los distintos modos en que se ha producido la invasión del campo por actividades no agrarias y el diferente grado de transformación experimentado por las explotaciones como adaptación a la concurrencia de usos o con vistas a la integración en el mercado nos permiten individualizar, al menos, tres grandes zonas del espacio rural regional: las áreas periurbanas del centro de la región, las franjas litorales y la montaña.

Es en el sector del espacio rural más próximo a los centros urbanos donde más claramente se pueden apreciar los efectos de la concurrencia de usos del suelo y los mecanismos de adecuación de la agricultura ante la presión urbana. Al amparo de la concentración de infraestructuras existente en el centro de la región y una vez que el crecimiento de las ciudades alcanzó su umbral critico, diferentes actividades y usos fueron invadiendo lo que hasta entonces era un espacio de vocación agraria; pero no se trató de una ocupación indiscriminada, toda vez que los mecanismos de segregación que previamente habían operado en el espacio urbano lo hacían ahora en el rural, volviendo a producirse rechazos entre actividades (industrias-residencias de calidad) o vinculaciones (espacios residenciales, espacios de ocio...).

Aparecieron así en la periferia de las grandes ciudades áreas de gran industria como Avilés y Gijón, con un poblamiento vinculado a ellas, ya fuera en forma de construcciones en bloques, ya de residencias unifamiliares, pero aparecieron también áreas residenciales de calidad alejadas de aquellos focos y ubicadas por lo general en marcos de calidad ambiental, que adoptaron mayoritariamente la tipología de chalés aislados, a los que se ha venido a añadir recientemente la modalidad de los adosados. El panorama se completa con un conjunto de actividades que, por su mayor o menor dependencia del transporte, muestran una gran sujeción a las infraestructuras; es el caso de la pequeña y mediana industria, agrupada en polígonos o desperdigada a lo largo de las principales carreteras, como también el de las grandes superficies comerciales o el de los equipamientos educativos y asistenciales.

Ante esta invasión, las actividades agroganaderas han experimentado en el centro de la región un notable retroceso, tanto por la desaparición física de parte del espacio agrario, como por los efectos indirectos de tal invasión, que se reflejan en un aumento de las tierras abandonadas. Su pervivencia obedece a la puesta en práctica de mecanismos de adaptación que van desde las distintas formulas de agricultura a tiempo parcial hasta la intensificación de la producción mediante el recurso a una ganadería de semiestabulación o a cultivos bajo abrigo.

La montaña presenta el máximo grado de falta de integración entre actividades agrarias y no agrarias. Mientras el viejo modelo de funcionamiento de las economías agrarias no ha sido sustituido por uno nuevo, o lo ha sido de forma muy precaria, otras actividades han hecho aparición, superponiéndose de esta forma un proceso de abandono y otro de invasión.

L

os espacios urbanos e industriales

La primacía adquirida por las actividades industriales y mineras y su ubicación, junto con las principales infraestructuras de transporte, en el centro de la región, propiciaron el desarrollo de los núcleos urbanos de esta zona y la jerarquización del sistema urbano asturiano, que aparece dominado por las ciudades de Gijón y Oviedo, la primera con una clara funcionalidad industrial, y secundariamente, terciaria, y la segunda con un neto dominio del sector servicios. Por debajo de estos dos centros, cuya influencia se extiende a la practica totalidad del espacio regional, se sitúan Avilés, Mieres y Langreo, de especialización industrial el primero y minero-industrial los dos restantes, siendo una muestra de su relativa dependencia respecto a las dos grandes ciudades el limitado desarrollo alcanzado por el sector terciario.

La jerarquía se completa con asentamientos cuya población oscila entre los 2500 y los 10000 hab. y que, o bien se localizan en las proximidades de los grandes núcleos y como ellos tienen una especialización minera o industrial, o bien se corresponden con los que ya hemos definido como centros comarcales vinculados al espacio rural, denotando su función rectora sobre éste la especialización terciaria que les caracteriza.

Con 232.000 hab. Gijón es la mayor ciudad de la región, habiendo sido la industria el motor de su desarrollo reciente. Oviedo con 170.000 hab. presenta una clara especialización terciaria, directamente relacionada con su condición de capital regional y su posición privilegiada respecto a las redes de transporte. El papel de la industria no es despreciable pues, además de haber sido este sector el responsable del crecimiento urbano de la segunda mitad del siglo XIX en una fase de desarrollo industrial que no tuvo continuidad, aún existen en las proximidades de la ciudad zonas industriales, como es el caso de Trubia, San Claudio, etc.

Avilés con 74.842 hab., a pesar del papel jugado históricamente por su puerto y de haber contado con la presencia de empresas de gran tradición como la Real Compañía Asturiana de Minas, no adquirió notoriedad como centro urbano industrial hasta la segunda mitad de la década de los 50, cuando se construyó por iniciativa estatal la fábrica siderúrgica de ENSIDESA. En torno a ella se fue generando un espacio industrial-litoral en el que se integraban empresas ya existentes. Junto a estas grandes instalaciones, los polígonos y las pequeñas industrias completan la gama de establecimientos que justifican la acusada especialización secundaria de la ciudad (61,6%de los activos).

Mieres con 26753 hab. y Langreo con 29922 hab. nacen como espacios urbanos con la explotación de los yacimientos hulleros de las cuencas del Caudal y del Nalón y con la subsiguiente aparición de instalaciones industriales en las inmediaciones de aquellos, de manera que a finales del siglo XIX ya habían perdido su original condición de asentamientos rurales, tanto desde el punto de vista morfológico como funcional.

Al amparo del auge experimentado por la minería y por la industria durante la primera mitad de la centuria pasada, estas dos ciudades conocieron su mayor desarrollo llegando a alcanzar en 1960 el máximo demográfico. A partir de ese momento, la crisis de la industria interior, consecutiva a la aparición de nuevas instalaciones en las proximidades del litoral, y la propia crisis del carbón, que propició la nacionalización de la mayor parte de la minería asturiana con la creación en 1967 de “Hulleras del Norte, S. A.”, explican la perdida de dinamismo y la inflexión en el crecimiento que experimentaron estas dos ciudades y sus respectivas áreas mineras en los últimos 30 años.

A

sturias: mar y montaña

La comunidad asturiana ofrece un amplio elenco de atractivos naturales, en muchos casos preservados por la compleja orografía y la difícil accesibilidad. Las posibilidades para descubrir rutas y parajes insospechados son enormes. Sin embargo, no faltan los atractivos derivados de la intervención humana, desde los pequeños puertos al hábitat rural, desde las cuevas prehistóricas del oriente cárstico al prerromano de la Asturias central, pasando por los castros y megalitos del occidente. Folklore, gastronomía, productos naturales..., conforman una oferta muy diversa.

  • EL PARAISO AZUL: empezaremos refiriéndonos a la costa, que puede ser recorrida de este a oeste por las carreteras que la bordean surcando la rasa y puede servir de punto de partida para acceder a la montaña siguiendo los profundos valles que en ella desaguan. Con casi 350 km. de largo, la costa asturiana comprende ricas y variadas formas y accidentes: es predominantemente rectilínea y acantilada pero esconde amplias ensenadas, rías, sectores de playas de arenas y otros de playas de canto y bloques casi siempre de difícil acceso y ocultas por grandes acantilados, playones con formaciones dunares, plataformas de abrasión que quedan al descubierto en bajamar facilitando el marisqueo y la pesca de roca; en el extremo oriental, calas de origen cárstico y surtidores de agua de mar por las chimeneas de disolución caliza. Cada pocos kilómetros un puerto pesquero mas o menos grande que invita al paseo por sus malecones y a degustar los pescados y mariscos frescos. El baño, el surf y la navegación costera son factibles en verano. Los grandes ríos conservan una cierta riqueza salmonera. Los embalses también sirven para practicar deportes acuáticos. Por ultimo, los lagos son escasos y de reducidas dimensiones aunque su origen glaciar les sitúa en parajes incomparables de alta montaña.

  • LA ASTURIAS VERDE Y BLANCA: si la Marina y el Área Central son los espacios mas modernizados donde podemos encontrar todos los atractivos del mundo urbano, el interior oriental y occidental y la divisoria conservan el sabor del mundo rural del pasado y la naturaleza casi virgen. Puesto que las carreteras comarcales y locales recorren generalmente los fondos de los valles camino de los puertos donde se encuentran los puntos mas visitados. Los bosques de hoja caduca todavía ocupan importantes superficies; destaca el carbayedo de Muniellos, una superficie de diez kilómetros cuadrados, flanqueada por reservas de caza, donde no es raro ver corzos o rebecos e incluso osos, lobos, jabalíes, etc. El parque natural de Somiedo, con sus 291 kilómetros cuadrados, ofrece no solo el complejo lacustre citado y los bosques climácicos sino que aún conserva los aprovechamientos “vaqueiros” del territorio y algunas brañas donde las cabañas se cubren con una característica cubierta vegetal que sin duda rememora los sistemas constructivos castreños. Las tierras medias en toda la región y las montañas más suaves del occidente son aptas para el excursionismo o senderismo. Existen algunos paseos ecuestres organizados, incluso sobre una variedad equina heredera de los míticos asturcones, sueltos aún en la reserva del Sueve. Más a levante, los ríos produjeron cortes mucho más profundos en su progresión hacia el Cantábrico; los desfiladeros, gargantas, hoces y escobios, invitan al paseo esforzado por vallonadas de densa vegetación o entre paredes calizas verticales con sus encinares relictos colgados sobre las cabezas de los andantes. La Garganta Divina del Cares o el desfiladero de las Xanas son los más conocidos. Para los más osados, no faltan cursos altos apropiados para descenso en balsas neumáticas, sobre todo en periodo de deshielo. También la escalada, como la del famoso Naranjo de Bulnes. En el corazón de los Picos de Europa se encuentran las estaciones de esquí de Leitariegos, San Isidro y la de Valgrande-Pajares.

  • UN RECURSO FRAGIL: en plena moda ecológica y de retorno al campo, ha habido un crecimiento sustantivo de la oferta hostelera. La comunidad cuenta con mas de ocho mil camas oficiales en hoteles y hostales y con unos novecientos restaurantes, distribuidos por todo el territorio, aunque especialmente en la Marina. En distintos puntos del interior se han abierto los primeros alojamientos en casa rurales, siguiendo modalidades desarrolladas en la Europa central, y existe la posibilidad de encontrar viviendas unifamiliares y pisos de alquiler. Los inconvenientes del turismo verde son muchos tienden a agotar rápidamente el recurso, la propia Naturaleza. El hecho de que en la Garganta Divina del Cares hayan llegado a recoger varias toneladas de residuos es la prueba más triste de los peligros del consumo masivo del medio natural; el furtivismo diezma las especies faunísticas, el residencial secundario y la acampada, ilegal o no, infectan los propios paisajes que buscan como solución a la congestión urbana.

L

a Asturias cultural

Al hablar del Principado de Asturias es justo destacar además de sus atractivos naturales otros de tanta o más importancia como son los que constituyen su acervo y patrimonio culturales.

Desde la cueva del Tito Bustillo en Ribadesella, con sus pinturas rupestres o el monumento prehistórico de Peña Tu en Llanes, hasta el Elogio al Horizonte de Chillida en el tómbolo de Gijón, el visitante de Asturias puede encontrarse a cada paso con restos, edificios, símbolos, lugares o pueblos enteros de gran calidad cultural.

A destacar el conjunto de castros prerromanos del occidente de Asturias, sobresaliendo por su amplitud y buen estado de conservación el de Coaña, cerca de la villa de Navia. Un segundo conjunto de monumentos esta formado por el palacio de Santa María del Naranco y las iglesias prerrománicas, localizados en el sector central asturiano.

La catedral y su Cámara Santa, ejemplo del estilo gótico español, y los palacios de la nobleza terrateniente asturiana de los siglos XVII y XVIII hacen del casco antiguo de Oviedo uno de los rincones urbanos más concurridos y de mayor interés del norte peninsular.

Igual ocurre con los cascos antiguos de Avilés, Gijón y de muchas villas costeras como Llanes, Luarca, Luanco o Castropol, e interiores como Pravia, Tineo o Cangas de Onís, o con pueblos pesqueros localizados en estrechos anfiteatros abiertos en la rasa, pero abrigados del mar como Ortigueira, Puerto Vega, Cudillero o Lastres.

Por ultimo, y lo mismo que ocurre en otras comunidades españolas, el centro que ejerce una mayor fascinación sobre el visitante, creyente o no, sigue siendo el Real Sitio de Covadonga, donde se rinde culto mariano en un entorno de gran belleza natural.

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