Primer período intermedio del Antiguo Egipto

Civilizaciones de la Antigüedad. Imperio faraónico. Arte egipcio. Mentuhotep I. Confederaciones de Heracleópolis y Tebas. Lamentaciones de Ipu-ur

  • Enviado por: Gonzalo Fernández Hernández
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EGIPTO DURANTE EL PRIMER PERÍODO INTERMEDIO.

El primer período intermedio se extiende de 2196 a.C. (fecha del deceso del faraón de la VI Dinastía Pepy I y término subsiguiente del Reino Antiguo) a 2010 (año de la muerte del faraón Mentuhotep I de la XI Dinastía). Esta época se caracteriza por la presencia de beduinos asiáticos en el Delta del Nilo y la disgregación feudal. Cada nomarca se independiza en la práctica aunque se agrupan en torno a los nomos de Heracleópolis y Tebas quienes acaudillan sendas confederaciones nomarcales. Voy a dividir este trabajo en la revolución menfita de 2195 a.C., la lucha entre la Confederación de Heracleópolis y la Tebana y la reunificación de Egipto con Mentuhotep I bajo cuyo reinado empieza el Reino Medio.

I) La revolución de Menfis en 2195 a.C.

I.1) Las fuentes.

Son tres: algunos fragmentos de las Lamentaciones de Ipu-ur también conocidas por Censuras de un viejo sabio, el extracto de la Aegyptiaca de Manetón de Sebbenitos hecho por Eusebio de Cesarea en la primera mitad del siglo IV d.C. y el testimonio de Herodoto de Halicarnaso acerca de la reina egipcia Nitocris que se conserva en el segundo de sus Nueve libros de Historia.

I.1.A) Fragmentos de las Lamentaciones de Ipu-ur:

“Ya no se navega hacia Biblos.

Faltan todas las materias necesarias a los oficios.

Los Asiáticos trabajan en los talleres del Delta.

Ningún obrero egipcio tiene trabajo, los enemigos del país han despojado los talleres.

La mayoría no tienen casa ni muebles, ni siquiera un lecho para dormir; sus mujeres, demasiado pobres para adquirir un espejo, sólo pueden contemplarse en el agua; ni siquiera poseen una caja para guardar sus chucherías. Con frecuencia les falta el pan y están demasiado desprovistos para tejerse vestidos o comprarse zapatos.

Al no poder comprar el aceite necesario para cuidarse el pelo, se vuelven calvos.

La miseria de muchos es tal que no pueden casarse y duermen sin mujer y ni siquiera tienen una lira para distraerse.

Cuando mueren son enterrados en la arena, puesto que son demasiado pobres para pagarse un sarcófago.

Los notables están de luto, los plebeyos rebosantes de satisfacción. Toda la ciudad dice: Vamos, echemos a los poderosos de entre nosotros. El país rueda como torno de alfarero. Los ladrones se convierten en propietarios y los antiguos ricos son robados. Los que visten de lino fino son azotados. Las que nunca habían visto la luz salen a la calle. Se estrella contra las paredes a los niños de los nobles. Se huye de las ciudades. Son incendiadas las puertas, los muros, las columnas. Los hijos de los ricos son arrojados a la calle. Los ricos padecen hambre y pasan tribulaciones. Los antiguos servidores se hacen servir ahora. Las damas nobles huyen...se posternan por miedo a la muerte.

El país está lleno de facciosos; el hombre que va a trabajar lleva un escudo. Ya puede crecer el Nilo, ya no se cultiva, todos dicen: No sabemos lo que sucederá al país.

El hombre mata al hermano nacido de la misma madre. Los caminos están acechados. La maleza se llena de gente que aguarda a que venga aquél que regresa al atardecer para quitarle su carga; molido a garrotazos, es muerto vergonzosamente. Los rebaños vagan al azar, nadie los reúne.

Los que poseen vestidos andan en andrajos. Los grandes se emplean en los almacenes. Las damas que reposaban en las camas de sus esposo duermen sobre pieles; sufren como si fueran criadas.

Las amas de casa dicen: ¡Ah, si tuviéramos algo para comer!. Las mujeres sufren por sus ropas viejas y sus corazones se avergüenzan cuando se las saluda. Las mujeres nobles sufren hambre. Ellas ofrecen a sus hijos sobre las camas.

Cada uno se lleva los animales que marca con su nombre. Todo lo que ayer se veía ha desaparecido. El país está abandonado como un campo segado. Por todas partes se destruyen las cosechas. Faltan vestidos, especias, aceite. La suciedad cubre la tierra; ya no existen vestidos blancos. Todo el mundo dice: Ya no hay nada.

Los almacenes han sido destruidos y sus guardianes muertos. Se come hierba y se bebe agua. Se quita el alimento de la boca de los cerdos, tanta es el hambre que hay. Los hombres disminuyen. Por todas partes se ve al hombre derribar a su hermano. Los muertos son lanzados al río; el Nilo es un sepulcro. Las mujeres son estériles, ya no tienen hijos. Grandes y chicos exclaman: ¡Quisiera morir!; los niños dicen: Mi padre no debiera haberme dado vida.

Vamos, dicen los ujieres, entreguémonos al saqueo. Los archivos de la sala de justicia son robados; los secretos divulgados...las oficinas públicas violadas, las declaraciones robadas; por ello los siervos se transforman en dueños de siervos. Los funcionarios son muertos; sus escritos, robados; los escritos desaparecen. Los víveres de Egipto son del primero que llega y dice: Aquí estoy, esto es mío. La casa del rey ya no tiene rentas. Las leyes de la sala de justicia son lanzadas al vestíbulo. Se las pisotea en la plaza pública; los pobres las maltrataban en las calles...La gran sala de justicia es de quien entra en ella. Los pobres van y vienen por la sala de audiencias. Suceden cosas nunca vistas; el Rey es raptado por los pobres. La pirámide está vacía de su anterior contenido. Algunos hombres sin fe y sin ley han despojado al país de la realeza y el palacio real se destruyó en una hora. La justicia está contigo, pero lo que tú propagas por el país es la confusión, ordena pues que se te rindan cuentas.

Ningún funcionario está en su puesto; es como un rebaño atemorizado y sin pastor. Los jefes del país huyen porque ya no tienen ocupación. Cuando el director de la ciudad se desplaza, ya no tiene escolta.

El pobre alcanza el estado de la divina Enéada. Los que eran enterrados como halcones divinos yacen ahora en sus ataúdes. El hijo de un hombre no se distingue del que no tiene padre; el hijo de la señora pasa a ser hijo de la criada. Caen los cabellos de las cabezas de todos los hombres”.

I.1.B) Los faraones del Primer Período Intermedio según Manetón:

“La séptima dinastía constó de cinco reyes de Menfis que reinaron 75 días.

La octava dinastía constó de cinco reyes de Menfis que reinaron 100 años. Con los reinados anteriores tenemos 1598 años para las ocho primeras dinastías.

La novena dinastía constó de cuatro reyes de Heracleópolis que reinaron 100 años. El primero, el rey Akthoes, obrando con más crueldad que sus predecesores, atrajo la desgracia para todos los egipcios, pero al final fue castigado volviéndose loco y siendo muerto por un cocodrilo.

La décima dinastía tuvo diecinueve reyes de Tebas, que reinaron 185 años.

La undécima dinastía constó de dieciséis reyes de Dióspolis que reinaron 43 años. Luego Ammenemes reinó 16 años.

Aquí termina el primer libro de Manetón.

Total para los reinados de los 192 reyes: 2300 años y 79 días”.

I.1.C) El testimonio de Herodoto de Halicarnaso:

“Después de este rey los sacerdotes enumeraron de un libro los nombres de otros trescientos treinta reyes. En el transcurso de tantas generaciones humanas había dieciocho etíopes y una mujer nativa, y los restantes eran hombres egipcios. Y el nombre de la mujer que fue reina era él mismo que el de la reina de Babilonia, Nitocris. Y me contaron que ella, a fin de vengar a su hermano - él era rey y los egipcios le habían dado muerte y, después de matarlo, habían entregado a ella el trono -, para vengarlo, digo, hizo perecer con engaño a muchos egipcios. Se hizo construir una cámara subterránea amplísima y habló de inaugurarla, pero en su mente maquinaba otra cosa: invitó a un banquete a muchos de los egipcios que sabía eran los más culpables del asesinato, y cuando se hallaban en pleno festín soltó sobre ellos el agua del río por un gran conducto secreto. No me contaron nada más sobre esta mujer, sino que, cuando hubo realizado esta acción, se precipitó a una cámara llena de brasas para evitar represalias”.

1.2) Un intento de interpretación.

El faraón Pepi II infringe duras derrotas a los beduinos. Sin embargo éstos nunca pierden sus esperanzas de entrar en Egipto. Encuentran su oportunidad en 2196 a.C. con motivo de la muerte de Pepi II tras un largo reinado de 94 años incluida su minoría de edad. Entonces sube al trono su sobrino carnal Merenre II. Éste es hijo de Merenre I quien había antecedido a Pepy II en el trono.

El reinado de Merenre II dura muy poco tiempo: un año con arreglo a la Lista de Abidos y trece meses según el Papiro real de Turín. Los beduinos conquistan el Delta. Allí interrumpen el eje mercantil Biblos - Delta del Nilo - Menfis - Koptos - Punt que había creado el faraón Sahure (2464 - 2452 a.C.), el segundo monarca de la V Dinastía. Sahure extiende al Punt a través de Menfis el comercio del Delta con la región sirio-palestina en general y Biblos en particular que se efectuaba ya en el período predinástico a través de los puertos egipcios de Metelis y Mendes.

El fin de aquellas actividades económicas origina en Menfis un motín que termina con el asalto del Palacio Real y la prisión de Merenre II. Su mujer Nitocris puede huir a Heracleópolis, nomo vecino a Menfis y por entonces fiel a la Dinastía Menfita. Mientras tanto en la capital se inicia una etapa anárquica con continuos cambios de dirigentes (unos más moderados y más radicales otros) a los que alude Manetón al referirse a los cinco reyes de Menfis que reinaron 75 días. En una de las revueltas de aquellos tiempos conflictivos el ala más extremista de los revolucionarios condena a muerte y ejecuta a Menenre II tras un simulacro de juicio. Ese desorden favorece la reconquista del poder por Nitocris desde Heracleópolis favorecida por la pasividad del sector moderado de los revolucionarios que no deseaban la ejecución de Menenre II. A su vuelta a Menfis Nitocris se limita a condenar a la pena capital a los regicidas.

Esa medida de gracia se explica o por un deseo de Nitocris de mostrarse clemente o por un acuerdo que hubiera suscrito con los moderados de Menfis. Su actitud levanta las protestas los reaccionarios más extremos. Entre ellos figura Ipu-ur pues escribe en otro pasaje de sus Lamentaciones “La Justicia está contigo, pero lo que tú propagas por el país es la confusión. Ordena, pues, que se te rindan cuentas”. Se cumple aquí la ley de todas las revoluciones según la cual los excesos de las revoluciones terminan por acercar a los moderados del Antiguo Régimen y el sistema revolucionario.

Durante la revolución menfita de 2195 se redacta el escrito que se titula Diálogo entre un pesimista y su alma. El autor sería un alto funcionario de Menfis a quien tanto impresiona el aciago destino de Menenre II que pierde su fe en todos los valores tradicionales de la cultura egipcia aprendidos en su infancia. Ello le induce a defender la legitimidad del suicidio. El darse la muerte a uno mismo constituye uno de los mayores sacrilegios contra la religiosidad de Egipto al impedir el enterramiento ceremonial.

Nitocris consigue por tanto la pervivencia de la Dinastía Menfita pero a cambio de hacerla depender de los nomarcas de Heracleópolis, verdaderos dueños de la corte que nombran y deponen faraones a su antojo durante 35 años y a cuya familia las inscripciones coetáneas denominan la Casa de Akthoes, tal vez en recuerdo de su ancestro.

Es verdad que la debilitada corte de Menfis intenta balancear el excesivo poder de los nomarcas heracleopolitanos con el nomarca Shemay de Koptos. Shemay era descendiente de Idi. Éste había desempeñado una importante carrera administrativa en tiempos de Pepy II. Uno de los oscuros faraones menfitas de la VIII Dinastía, Neferkauhor Khuiuihapy, nombra a Shemay de Koptos hijo adoptivo del rey, padre del dios, gobernador del sur con autoridad sobre los 22 nomos del Alto Egipto y vizir. Le hace además casarse con su hija Nebet. Pero la muerte de Shemay c.a. 2165 a.C. deja el campo libre a los nomarcas heracleopolitanos.

Neferkauhor Khuiuihapy confirma el paso a Idy, hijo de Shemay, de muchas prebendas paternas. No obstante Idy se conforma con el puesto de Gobernador del Sur con poder limitado a sólo siete nomos meridionales. Mi hipótesis es ésta. Koptos experimenta una fuerte crisis económica estos años con la ruptura del eje comercial Biblos - Delta del Nilo - Menfis - Koptos - Punt al ser Koptos uno de los puntos claves del comercio con el Mar Rojo a través del Wadi-Hammamat. Este mercado queda interrumpido con la contracción general de la economía egipcia. Las pocas construcciones que aún se hacen se abastecen desde Assuán. Tebas controla ese territorio. El granito rosa de Assuán es suficiente a la hora cubrir la exigua demanda que llega del resto de Egipto. Se cierran por tanto las canteras del Wadi-Hammamat donde se instalan grupos de beduinos demasiados escasos en número para molestar a las ciudades del Valle. La ruta Koptos - Mar Rojo y las canteras del Wadi-Hammamat sólo vuelven a abrirse con Mentuhotep II (2009 - 1997).

En Egipto ese panorama termina hacia 2160 a.C. cuando el nomarca de Heracleópolis Khety I depone a Neferirkare, último rey menfita, y se proclama faraón de Egipto. Hasta entonces los nomarcas de Heracleópolis controlan los nombramientos y deposiciones de los soberanos menfitas pero respetan su poder nominal y sus viejas prerrogativas. Una de ellas es su entierro dentro de pirámides en la necrópolis de Saqqara bien que esos monumentos sean de proporciones modestas durante el primer período intermedio. En la antedicha necrópolis se han hallado restos de la pirámide de Ibi (faraón menfita de la VIII Dinastía) que llegó a tener 31,5 metros de altura.

Manetón confunde a Khety I con Akthoes, el fundador de la familia. Se inicia así la IX Dinastía calificada de heracleopolitana. Algunos egiptólogos se preguntan si sus faraones se trasladan a Menfis o continúan gobernando desde Heracleópolis. Me inclino por la segunda solución pues Mentuhotep I, el futuro reunificador tebano de Egipto, sólo considera cumplida su labor con la conquista de Heracleópolis.

II) Las Confederaciones de Heracleópolis y Tebas.

La importancia que ahora toman las ciudades de Heracleópolis y Tebas se explica porque basan su riqueza en el comercio con zonas meridionales del Nilo. Así no les afecta el establecimiento de los beduinos en el Delta y el cierre temporal de las navegaciones a la región sirio-palestina. Esto hace que los dos centros más importantes sean Tebas y Heracleópolis. En su rivalidad con Heracleópolis Tebas ofrece los inconvenientes de su instalación en una zona menos rica desde el punto de vista agrícola y su ausencia de tradición que contrasta con la ubicación de Heracleópolis en un cruce de caminos, dentro de país muy fértil y en las proximidades de El Fayum y Ábidos. Tebas, empero, posee las ventajas de su alejamiento del Delta con lo que resulta menos expuesta a invasiones desde el Sinaí, su buena comunicación (aunque no de forma directa) con el Mar Rojo y el monopolio del comercio del granito rosa de Assuán una vez que se han cerrado las canteras del Wadi-Hammamat.

El faraón más importante de la IX Dinastía es Khety III (c.a. 2120 - 2085). Éste expulsa del Delta a los beduinos de ascendencia asiática, construye canales de riego y fortifica la frontera oriental para impedir nuevas incursiones desde Asia como la que había acarreado tantos sinsabores a Egipto a raíz de la muerte de Pepi II. Mientras tanto el nomarca de Tebas Antef II (2123 - 2074) inicia una expansión hacia el sur dominando cinco nomos hasta la primera catarata del Nilo. Khety III, embravecido por sus triunfos sobre los asiáticos, intenta someter a Antef II pero sufre una severa derrota en This que acaba con sus sueños meridionales.

Khety III acepta el fracaso en sus Instrucciones a Merikare. Éste es su hijo quien le sucede a la cabeza de la Confederación de Heracleópolis entre 2085 y 2070. Esa obra ha llegado a nuestros días a través de tres papiros incompletos de la Dinastía XVIII conocidos por Papiros San Petersburgo 116 A, Moscú 4658 y Carlsberg 6. Por un lado Khety III expone sus viejas victorias: He pacificado todo el este hasta la proximidad del lago (se refiere al Fayum entonces un lago que será desecado durante el Reino Medio y convertido en tierra cultivable con la instalación de 50.000 familias). En el oeste también todo iba mal: estaba dividido en distritos y ciudades, y la autoridad que debía de ser de una solo, era de docenas. Tú recibes tributos del Delta. Tú sólo tienes que preocuparte de que el asiático no pueda atacar ninguna instalación aislada ni ciudad poderosa alguna. Pero de otra reconoce su fracaso ante Tebas: Sé bueno con el sur, no destruyas los monumentos hechos por otros. Si sigues lo que yo he hecho no tendras enemigos dentro de tus fronteras. Por consiguiente en el primer cuarto del siglo XXI a.C. se logra un statu quo entre las Confederaciones Heracleopolitana y Tebana pues ninguna puede aniquilar a la otra.

III) El reinado de Mentuhotep I (2066 - 2010 a.C.)

III.1) Los acontecimientos.

Un primer problema que plantea Mentuhotep I radica en su onomástica. A la muerte de su padre Antef III de Tebas toma el nombre de Horus Seankhistaui (Horus el que hace latir el corazón del doble país). Ello revela su afán de reunificar Egipto. Mentuhotep I inicia la conquista de los territorios dominados por la Confederación Heracleopolitana. En 2056 acaece una tentativa por los heracleopolitanos de apoderarse del nomo de Tinis por ser su capital, Abidos, el centro del culto a Osiris.

Dos motivos impulsan al nomarca de Heracleópolis Khety IV, sucesor de Merikare a la cabeza de la Confederación Heracleopolitana en 2070. Uno es el prestigio que puede dar a Heracleópolis en Egipto entero la tenencia de Abidos por el incremento del culto a Osiris durante el primer período intermedio. El segundo su erróneo juicio de la merma de los recursos de la Confederación Tebana por la carestía que padece Tebas en el transcurso de los años postreros de Antef II y todo el reinado de Antef III según la estela de Ideen de Ábidos. Sin embargo Khety IV no cuenta con el talento castrense de Mentuhotep I y es derrotado.

Las primeras victorias de Mentuhotep I sobre la Confederación Heracleopolitana le lleva a cambiar su nombre por Horus Meteryhedjet (Horus el de la divina corona blanca). Para comprender esto se ha de tener en cuenta que los atributos reales del Alto Egipto son el papiro, el cayado de pastor y la tiara blanca que se contraponen a los del Bajo Egipto (loto, flagelo y corona roja). Al hacerse llamar Horus Meteryhedjet recalca que domina por completo el Valle del Nilo. Su conquista de Heracleópolis hacia 2046 impulsa a Mentuhotep I a asumir el nuevo antropónimo de Horus Sematauy (Horus el que unió el doble país). De este manera concluye el proceso reunificador.

Para dominar los nomos Mentuhotep I emplea unas veces la fuerza (vg. contra Assiut) pero con mayor frecuencia recurre a la diplomacia (vg. respecto a Hermópolis y Beni Hassán). Por tanto Mentuhotep I funda la Dinastía XI. Sus antecesores (Antef I, Antef II y Antef III) son nomarcas de Tebas. Encabezan la precitada Confederación Tebana aunque la historiografía posterior forme con ellos la X Dinastía tebana por contraposición a sus enemigos los nomarcas de Heracleópolis quienes constituyen la IX Dinastía heracleopolitana.

Tras su conquista de Heracleópolis Mentuhotep I consigue que todos los nomarcas reconozcan la hegemonía de Tebas donde instala la capital del Egipto reunificado. Una prueba del mayor uso de sistemas pacíficos se halla en el escaso número de destituciones de nomarcas que hace. Sin embargo insiste en la unidad de Egipto reforzando el poder central con tebanos. Así designa tres visires, cuatro virreyes, el Gobernador del Bajo Egipto y el inspector del nomo XIII (Heracleópolis) entre familias de Tebas vinculadas a los Antef. Este último cargo se crea para sustituir a los vencidos nomarcas de Heracleópolis a la cabeza de la administración de aquel nomo. Forzosamente ha de recaer en una persona de la máxima confianza del Primero de los Mentuhotep pues en Heracleópolis se corren graves riesgos de sublevaciones de sus habitantes quienes no se resignan a su derrota frente a Tebas y a la lógica pérdida de su primacía al menos sobre el Delta. Por tanto con Mentuhotep I aparecen los tres rasgos capitales de la XI Dinastía: el absolutismo y la divinización del faraón; un acentuado individualismo frente a la anarquía anterior que se percibe más en el Alto que en el Bajo Egipto y el predominio de Tebas.

En la política exterior Mentuhotep I envía una expedición a la parte meridional de Nubia en el año 24 de su reinado. Pretende castigar a los nubios meridionales, muchos de los cuales habían servido de mercenarios a la Confederación Heracleopolitana. Controla el Wadi Hammamat que enlaza el Valle del Nilo desde Koptos con la costa del Mar Rojo y ofrece importantes canteras. Reinicia la explotación de las minas del Sinaí y el comercio exterior tan constreñido durante el primer período intermedio. Así han aparecido objetos con su nombre en Palestina y Creta. Asimismo se considerará a Mentuhotep, una vez muerto, genio protector del Sinaí. Lo prueba una estatua de tiempos posteriores

Por Occidente Mentuhotep I lucha contra los escurridizos tejenu y midjau. No obstante los tejenu practican una guerra de pequeñas emboscadas y fugas en el Desierto, muy incómoda para los soldados del faraón de modo que las noticias literarias dicen que ni se les vencía, ni se les podía vencer. Este faraón construye templos en El Qab, Tod, Denderah y la Isla Elefantina. Su obra principal es el templo funerario que se erige en el lado oeste del acantilado de Deir-el-Bahari en las cercanías de Tebas. Se conserva muy poco pues sus materiales son aprovechados en el transcurso del Imperio Nuevo. El templo funerario de Mentuhotep I supone una inteligente mezcla de sepultura rupestre y pirámide.

III. 2) El templo funerario de Mentuhotep I en Deir-el-Bahari

Se considera que la construcción de este templo funerario supone el fin del primer periodo intermedio y el inicio del Reino Medio dentro de la Historia de Egipto. Voy a reconstruirlo en el momento de su inauguración. El primer cuerpo consta de una doble columnata de pilares cuadrados de grés que soportan la gran terraza. Una rampa sirve para subir a la antedicha terraza. Esa rampa se sitúa en el eje del santuario pero no en el centro de la columnata. Por tanto los pilares se distribuyen de manera irregular: tres al septentrión y diez al mediodía.

La gran terraza se compone de un deambulatorio y la terraza en sentido estricto. Dos filas de pilares hexagonales rodean el recinto de la pirámide por el sur, el este y el norte. La terraza propiamente dicha tiene una superficie de 42 metros de largo por 40 metros de ancho. Un muro de dos metros y medio de grosor la circunscribe. Encima de ella se erige una pirámide de base cuadrada (20 metros por lado). La precede un porche que rodea el zócalo de la pirámide por completo. Ese segundo deambulatorio lleva tres filas de pilares octogonales que en el sector occidental se reducen a dos. Se utiliza de vestíbulo del templo. Ambos deambulatorios presentan techos planos a distinta altura pues la altitud del porche de la pirámide es superior

Luego ya viene el templo funerario. En su muro frontero se instalan se instalan seis grandes nichos de caliza destinados a las capillas sepulcrales de Temet (esposa principal del faraón), Neferu (hermana y nueva esposa de Mentuhotep I cuyo rostro se conserva en un relieve policromado del neoyorquino Museo de Brooklyn), un hijo suyo y varias concubinas. El templo funerario de Mentuhotep I en Deir-el-Bahari consta de patio peristilo y sala hipóstila.

Del centro del patio arranca un corredor que desciende a la cámara funeraria situada bajo la pirámide y donde se ha encontrado únicamente el sarcófago vacío del faraón. En el lado norte del patio peristilo se halla una pequeña capilla consagrada a Hathor (diosa local de Deir-el-Bahari) que fue restaurada por Tutmosis III y Amenofis II. Sin embargo la bella estatua de Hathor protegiendo a Amenofis II, que se halla en el nicho de esa capilla y se guarda en el Museo del Cairo, pertenece al Imperio Nuevo.

La sala hipóstila se halla excavada en la roca. Termina en una capilla pequeña donde se encontró una estatua sedente de Mentuhotep de 1 metro y 83 centímetros de altura (Museo del Cairo). El faraón aparece con vestido talar y la corona del Bajo Egipto (Museo del Cairo). Es la escultura más importante de la XI Dinastía junto a la estela de caliza de 1,19 metros de altitud que representa sentados a Henenu (vizir de Mentuhotep II) y su esposa Senté (Museo Pushkin de Moscú). Ambas estatuas muestran la tendencia de los escultores del Reino Medio a inspirar la anatomía, el porte y la indumentaria en la estatuaria del reinado de Kefrén (c.a. 2516 - 2493), considerada modelo de clasicismo. Ahora se añaden rasgos más individualizados y un mayor realismo causantes de una humanización de la estatuaria.

Estas nuevas notas nacen con la X Dinastía tebana. Dos ejemplos son el retrato del cuerpo entero de Nakhti (vizir de los nomarcas de Tebas) descubierto en su tumba de Assiut y la estatuilla de una portadora de ofrendas cuya proveniencia también se centra en Assiut sin plena certeza. Las dos son estatuillas de madera. Sus respectivas dimensiones son 1,75 y 1,04 metros. Las custodia el Museo del Louvre y muestran una pérdida de academicismo a favor de una mayor espontaneidad a costa de algunas torpezas. La estatuaria del Reino Medio pretende evitar esas torpezas y volver al rigor clásico de la época de Kefrén aunque incorporando la espontaneidad de los escultores heracleopolitanos de la X Dinastía. Alcanza sus logros más perfectos en los retratos de los faraones de la XII Dinastía vg. las cabezas en piedra caliza de Sesostris I (Museo del Cairo), en granito rosa de Sesostris III (Museo del Cairo) y la de un faraón no identificado en granito procedente de Bubastis (Museo Británico).

BIBLIOGRAFÍA

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