Prehistoria en la Península Ibérica

Historia de España. Neolítico. Revolución neolítica. Rasgos neolíticos. Próximo oriente. Yacimientos. Murcia

  • Enviado por: Raúl García Montero
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 11 páginas
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1.- La revolución neolítica

Después de la última glaciación, en Próximo Oriente comienza en torno al 8000 a.C., se inicia un proceso que cambiará los sistemas de caza y recolección de alimento silvestres, para pasar a dominar la reproducción de cierto tipo de animales y plantas (domesticación). El Neolítico es un proceso lento, por lo que no se puede hablar de revolución como concepto temporal de un gran cambio en un período de tiempo relativamente pequeño, sino por la magnitud de los cambios acaecidos en este período. El conjunto de cambios que se dan en este período es lo que se denomina “Revolución Neolítica”. Este proceso tiene dos vertientes claras, la biológica (domesticación) y la económica (sistemas de gestión).

Pero este entendimiento del Neolítico ha pasado por varias fases:

1ª Fase: Surgida de las ideas de V. Gordon Childe, que habló de la revolución neolítica, que se hizo de forma traumática en un sitio concreto.

Dijo que la sociedad pasó de ser cazadora- depredadora a formar la “sociedad de producción”.

Childe preocupado por el origen de la civilización puntualizó que la aparición de la aldea agrícola era el comienzo de la vida en comunidad (pero ahora en la actualidad, se ha descubierto que en el Paleolítico también existián formas de vida en comunidad).

Además vinculó el fenómeno neolítico con el ambiente fluvial, aunque en este caso también se ha comprobado que no está protagonizado por civilizaciones fluviales, sino que devienen al río como última fase de la transformación.

2 ª Fase: Surgida, a partir de 1960, de las ideas y trabajos de Braidwood en Djarino. Aquí encontró dos tipos de trigo, uno salvaje y el otro cultivable, hecho clave para la comprensión del proceso de domesticación de las plantas. También observó que en varios lugares se presentaba un paso previo a la producción de alimentos, la recolección selectiva.

Los trabajos de Braidwoos fueron completados por Harlam y Flannery, quien, este último, concluyó que estas gentes empezaron a experimentar con la producción de alimentos en pleno paleolítico superior ( en torno al 12000 a.C.).

Según Flannery, se produjo una etapa de adaptación, los habitantes empezaron a variar sus dietas en, por ejemplo, Irak o Turquía, donde Harlam descubrió restos de trigo domesticado próximos al 8000 a.C.

Estas son las fases más importantes, pero a los estudios de Childe y de Flannery y Harlam, se unieron otros arqueólogos e historiadores, con sus propias teorías, añadiduras u observaciones.

Bender por su parte, traslada los cambios en el sistema de subsistencia a la esfera de las relaciones sociales, siguiéndole en este camino, están, Testart y Hayden, para quienes la revolución comenzó en el mesolítico, proponiendo una serie de fases (tres en concreto) para el cambio. En la primera se produciría el inicio de la especialización y del amplio espectro (17.000-15.000 a.C.). En la segunda se darían la constitución y el desarrollo de los sistemas tecno- económicos basados en el almacenamiento a gran escala y que denomina época de las especializaciones económicas (12.000-10.000 a.C.). La terecera fase nos daría la aparición de los sistemas agrícolas como consecuencia del desarrollo de ciertas fuerzas actuantes en el interior de los sistemas de recolección intensiva. Este modelo sitúa la aparición de la agricultura dentro de un proceso histórico mucho más amplio. Para completar esta teoría se analizarían los sistemas económicos políticos de la época y de la dieta prehistórica.

Rindos, dentro de su “seleccionismo cultural” propone un modelo darwinista suponiendo que todo el proceso es resultado de la evolución y de la selección. Así, señala que la producción de la variación es independiente de las presiones selectivas, que existe una correlación entre la posesión de ciertos caracteres y el éxito de supervivencia/reproducción de los individuos/grupos que los poseen, y que sólo la capacidad humana para la cultura está genéticamente determinada, mientras que las variaciones se desarrollan a consecuencia de las presiones selectivas a que se ven sometidas las sociedades a través de la historia.

Afirma, a fin de cuentas, la existencia de un mecanismo de transmisión no genética de los fenómenos culturales. El modelo de transición agrícola expuesto se basa en el concepto clave de coevolución, en la que se enmarca la simbiosis entre el hombre y el entorno, dando la domesticación, de tres tipos. Una incidental, una especializada (el hombre y la planta ya dependen del otro para vivir) y una agrícola, donde las plantas son ya morfológicamente domesticadas.

La revolución neolítica provoca una desigualdad social, marcando por un lado la revolución económica y por otro la revolución social. La revolución económica supondría una minimización del riesgo agrícola y la social nos daría respuesta a las carencias de la económica, en referencia a las formas de gestión de los recursos y a la apropiación de los medios de producción, por lo que se formarían grupos sociales que comenzarían a luchar por mantener el control sobre un espacio.

2.- Rasgos neolíticos típicos.

A pesar de que muchas veces los autores e investigadores difieran o puntualicen ciertos aspectos, hay ciertos rasgos característicos que nos permiten reconocer e identificar el neolítico.

  • Prosigue el uso de la cerámica y de la piedra pulimentada, aunque algunos autores desprecian su carácter indicativo.

  • La economía de producción va desplazando a la de depredación, que se convierte en una actividad complementaria.

  • Surgen lugares destinados a tareas especificas, hay una división del trabajo. Así se encuentran zonas destinadas a la cestería, a la cerámica, etc.

  • La aldea facilita la experimentación, dentro de la agricultura y la ganadería, debido a la seguridad y protección que reporta.

  • Se forman sociedades igualitarias.

  • La vida en comunidad provoca la proliferación de enfermedades epidémicas.

  • El Neolítico no comienza en el Próximo Oriente (en el sentido de que no es el origen único, pero sí el primero; hay otros focos, más tardíos, pero igualmente revolucionarios), lo que ocurre es que las sociedades diferentes con problemas semejantes, responden de forma similar (varían el tipo de cultivo, de ganado, o el animal domesticado). Es un proceso lento, adaptado a lo que el medio ofrece, pero con le mismo resultado.

  • Se acepta un proceso de difusión, lo que sucede es que cada zona con origen del neolítico (neolítico chino, mesoamericano, andino, indio, ...) se irradia alrededor.

3.- El neolítico en el Próximo Oriente:

Posee la cronología más antigua y se distinguen tres grandes provincias. Turquía, Siria- Palestina y los Zagros e Irán occidental.

Se trata de una zona con gran diversidad ecológica y disponibilidad biológica. Las cadenas montañosas forman un arco dejando tres mesetas en el exterior. Depósitos volcánicos cubren zonas de ámbitos anatólicos, apareciendo allí la obsidiana que se utilizó como materia prima para útiles. El Levante queda limitado por la cordillera del Líbano. El valle del Jordán baja llegando hasta el Mar Muerto.

Las crecidas del Tigris y el Eúfrates (los mayores ríos), son brutales constituyendo la llanura aluvial fértil. El clima es contrastado, tratándose de una zona cálida. Las precipitaciones se reparten de forma desigual por la zona. La orografía juega un papel muy importante en la repartición de las precipitaciones. Las sequías estivales pueden alargarse hasta cinco meses. Se distinguen tres regiones biogeográficas. La mediterránea (Asia Menor y Levante), la saharo-arábiga (sur) y la irano-turania (oeste asiático).

En cuanto a la vegetación cabe diferenciar entre estas tres regiones:

  • Mediterránea: maquis y bosques, coscoja y mirto (300-1000 m de altitud), roble (600 m), hoja caduca (1000-1500 m) y coníferas frías y húmedas (2000 m). Fauna muy mediterránea, con perdices, liebres, linces, etc.

  • Saharo-arábiga: pobre en especies. Tarays y álamos en el fondo de los wadis. Con respecto a la fauna, pequeños mamíferos como el ratón, gacelas y reptiles.

  • Irano-turana: estepa (formaciones vegetales herbáceas, con artemisas, alcaparras, etc). Zonas entre 300 y 500 m y mayor pluviosidad, bosque estepario. Entre 700 y 2000 m, bosques (robles, arces, espinos). Más allá de los 2000 m vegetación de tipo alpina con abedules. Fauna variable según la altitud y la lluvia.

El cambio climático de la zona, estaría dividido en tres fases, una estépica, una de bosque estepa y una tercera de máximo polen arbóreo.

Con respecto a los recursos de la zona, cabe hablar de gran biodiversidad, con un equilibrio ecológico frágil que ha dado agotamiento de los suelos y desaparición de especies. Cabe destacar dentro de los recursos vegetales, los cereales (trigo, cebada y avena), las legumbres y los frutos. En cuanto a los recursos animales, es una fauna rica en especies con gran potencial de domesticación (oveja, cabra, cerdo, perro y buey).

4.- El Neolítico en la Europa mediterránea:

Se pueden identificar tres regiones biogeográficas en Europa. Una sería la mediterránea, otra la eurosiberiana y la tercera sería la ártica. Para la comprensión del modelo de la región mediterránea, es necesaria una especial atención al clima. Especialmente importante son los períodos de sequía estival que se dan en todos los puntos sea cual sea el índice medio de precipitaciones anuales.

El neolítico llega a Europa desde el Próximo Oriente, a través de la península de Anatolia primero, luego el Bósforo y finalmente los Dardanelos hasta llegar a Grecia. Desde aquí se bifurca el recorrido del progreso, por el Danubio (bautizado neolítico danubiano por Childe), vía continental y por las costas e islas mediterráneas (llamado neolítico circunmediterráneo por Bosch Gimpera, y también llamado neolítico cardinal), con cerámicas impresas, es decir con impresiones de conchas.

En Europa hay ciertas zonas que se ven influenciadas por las dos oleadas, como es el caso de Francia.

A España llega, el neolítico, entre el V y el IV milenio a.C.

5.- El neolítico en la Península Ibérica.

Este tipo de neolítico alcanza el litoral mediterráneo, del que parten influencias hacia África y Europa.

Se cree que las comunidades, que habitaban estas regiones, se refugiaban en cuevas, y las habían adoptado como hogar, y poseían una economía agrícola y ganadera, y desarrollaron la industria del hueso. La cerámica presenta una gran diversidad decorativa, utilizando como principal motivo decorativo la impresión de conchas en la masa de barro, antes de cocer.

Yacimientos:

La cueva Fosca ofrece la cronología más antigua (5690-5640 a.C.).

En Cataluña destacan las cuevas del Macizo de Monserrat, en el área levantina la Cova de l´Or y la Cova de la Sarsa y en Andalucía se observa en un primer momento un neolítico precerámico antes del 6000 a.C. y más tarde la vida en cuevas y la cerámica cardial.

El primer poblado en descubrirse es “ la Draga” (Gerona), prolífico en cerámica.

Cultura de los sepulcros de fosa:

Este tipo de sepulcros sólo pueden identificarse con seguridad en Cataluña. Conocemos solamente sus manifestaciones funerarias: los enterramientos consisten en fosas, en algunos casos protegidas por una o varias vasijas. El cadáver, generalmente uno, aparece en posición erguida y esta rodeado de ofrendas. Las tumbas aparecen formando necrópolis (posiblemente cerca de los poblados). La cerámica usada es lisa, de formas simples.

6.- El neolítico en Murcia.

Podemos considerar que las primeras manifestaciones de la llegada del neolítico cardial al sureste de la península ibérica, se produce en el V milenio a.C., a través de las influencias que llegan a través de los Pirineos y de otras culturas mediterráneas.

Los yacimientos encontrados en nuestra región, sin llegar a ser importantes o abundantes, son variados y principalmente recientes, ya que hasta no hace mucho Murcia había descubierto una parte paupérrima de sus yacimientos neolíticos.

Por ejemplo, si hace unos años se consideraba que la región murciana no contaba con cerámicas impresas cardiales, hoy podemos confirmar distintos yacimientos: abrigo del Domingo (Moratalla), río Quípar (Cehegín), abrigo Grande de los Grajos (Cieza), Cueva de los Secos (Yecla) o el Hondo de Cagitán (Mula); si bien es cierto que las tecnologías ofrecidas son algo más tardías que en las zonas alicantinas. No en vano la actual provincia de Alicante se define como un núcleo con cierta importancia en el Neolítico.

Pero nuestra región presenta, cerámicas impresas con otras técnicas y procedimientos, incisas (Cueva de los Pájaros, Cueva de los Mejillones, Cueva de la Serreta, Sierra de la Puerta, Cueva del Calor), peinadas (Calblanque, Cueva de los Mejillones), esgrafiadas (Sierra de la Puerta), con asas pitorro (Sierra de la Puerta), con engobe a la almagra (Las Amoladeras, Sierra de la Puerta, La Serreta, El Capitán, La Salud) y con decoraciones plásticas en numerosos yacimientos.

Prehistoria en la Península Ibérica

El desarrollo de neolítico en la Región de Murcia, es algo lento y no tan revolucionario. Los cambios se producen poco a poco, y el verdadero salto tecnológico y económico, de acuerdo a las evidencias encontradas, se produce con la llegada de la Edad del Bronce.

La ausencia de elementos neolíticos, sobre todo evidencias agrícolas, que normalmente resultarían evidentes debido a que se trata de una zona agrícola, puede deberse a muchos factores, ya que las zonas realmente adecuadas para la agricultura, están muy localizadas. Hay varias conjeturas para explicar este hecho: los cultivos intensivos y las rotaciones a los que se ven sometidos desde la romanización han podido transformado los valles agrícolas; los aluviones fluviales ocasionan una intensa sedimentación en las vegas lo que produce la ocultación de los estratos anteriormente cultivados; las labores de aterrazamiento y explanación con vistas a una ampliación de la áreas de cultivo ha podido producir rellenos de tierras en las zonas referidas.

Por tanto, los testimonios de los primeros agricultores han quedado solapados bajo toneladas de tierra, o bien han sido destruidos y dispersados por el uso. En cambio si vamos a encontrar testimonios de la presencia cultural neolítica en las zonas montañosas y abruptas, con escasa posibilidades agrícolas, de forma casi casual y muchas veces escasa.

Sabemos, pues, poco con certeza sobre nuestra región durante el neolítico, pero se puede esperar que hubiese experimentado un desarrollo agrícola importante, sobre todo en los valles fluviales, si sabemos en cambio que las primeras plantas cultivadas fueron el candeal y la cebada y que los ovicápipridos forman parte de la ganadería de las primeras fases del neolítico. La verdadera revolución económica, para la región de Murcia se produjo en la Edad del Bronce, donde su posición era más privilegiada, y supuso la rápida adquisición de todos los avances neolíticos de los que estaba desprovista hasta entonces, debido a la lentitud, aparente, del desarrollo.

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  • LILLO CARPIO, Pedro

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