Predominio musulmán y cristiano en la Península Ibérica

Historia de España. Edad Media. Edad Moderna. Waliato. Califato de Córdoba. Reinos de Taifas. Reconquista. Castilla. Aragón

  • Enviado por: Lucas López
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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Ocho siglos de Historia

Entre los años 711 y 1492, la Península Ibérica será una tierra de frontera, ya que sobre su teritorio van a vivir cristianos, judíos y musulmanes en frecuente lucha y en permanente contacto.

A lo largo de estos ocho siglos se pueden distinguir dos etapas:

- Una, de claro predominio musulmán, comprende los tres primeros siglos; en la misma, son los emires y califas cordobeses los que imponen su hegemonía militar, económica y cultural sobre los reinos cristianos del norte.

- La otra, de predominio cristiano, se desarrolla entre los siglos XI y XV; en ella, los reinos de Castilla y Aragón irán reconquistando el territorio a los musulmanes, a la par que se organiza su economía y se expande su cultura hasta producir el esplendor del arte románico y del arte gótico.

LA ALTA EDAD MEDIA: EL PREDOMINIO MUSULMÁN (711-1031)

Al-Andalus, una historia de revueltas:

El territorio dominado por los musulmanes recibió el nombre de Al-Andalus, y en su evolución polñitica suelen distinguirse, en esta primera etapa, tres grandes períodos:

- El waliato (711-756): tras el año 711 el territorio peninsular vuelve a formar parte de un imperio, el árabe, cuya capital se encuentra en Damasco.

Apenas terminada la rápida conquista, los gobernadores o walíes, representantes de los califas Omeyas de Damasco, tienen que dedicarse a hacer efectivo su poder, enfrentándose a una serie de revueltas y conflictos sociales, surgidos por el trato discriminatorio que recibieron la mayoría de los recién llegados, de origen bereber norteafricano, frente a la minoría árabe. El califato es incapaz de hacer frente a las revueltas del norte de África (jarchitas) y de los bereberes andalusíes, por lo que gran parte del Magreb y Al-Andalus se desprenden del imperio árabe.

- El emirato independiente (756-929): los sublevados ofrecieron el poder a Abd-al-Rahman I, principe Omeya que había escapado de la matanza de toda su familia a manos del fundador de un nuevo califato, el Abbásida, el año 750. Nada más asumir el poder se declaró emir independiente, rompiendo así los vínculos políticos con el califa. Durante su mandato se acrecentó el poder del Estado y se organizó el territorio.

Sus sucesores tuvieron dificultades para mantener la autoridad, teniendo que hacer frente a nuevas protestas y guerras civiles, siendo la más conocida la revuelta de Arrabal en Córdoba.


Los de mayor auge fueron los años centrales del siglo IX. Tras ellos la crisis política amenazará la existencia de misma del emirato: los Banu-Qasi se sublevan en Zaragoza, los Banu-Marwan en Badajoz, y un converso al cristianismo, Omar Ben Hafsún, levanta contra Córdoba casi toda Andalucía oriental. Abd-al-Rahman III consiguió derrotar a todos los sublevados. Cuando los hubo sometido, decidió declararse califa, rompiendo también los lazos religiosos con Bagdad.

- El califato de Córdoba (929-1031): es la etapa más esplendorosa del Islam español. Abd-al-Rahman III reorganizó el ejército, concediendo los altos mandos a los bereberes más fieles; potenció los intercambios comerciales con Europa, África y Oriente; construyó la ciudad administrativa y residencial de Medina-Azahara; y mantuvo un férreo control sobre el ejército y sobre todo el territorio.

Sin embargo, al final del siglo X, el califato entra en crisis. Las causas hay que buscarlas en la pérdida de poder del califa, que lo deja en manos de caudillos militares, como Almanzor; en la concesión a estos jefes de grandes teritorios en régimen de señorío; y en las revueltas palaciegas. En el año 1031, los representantes de las grandes familias cordobesas deciden suprimir el califato. Su lugar será ocupado por una serie de reinos independientes (Córdoba, Sevilla, Badajoz, Toledo,etc.), que se conocen con el nombre genérico de reinos de Taifas.

Los primeros reinos cristianos:

La invasión musulmana no significó la ocupación de todo el territorio peninisular; en el norte, y debido al carácter montañoso de la región, quedó sin someter una estrecha franja de terreno. En esta zona, los cristianos se reorganizan. Surgen así los llamados núcleos de resistencia, que con el tiempo se convertirán en modestos reinos.

- El reino de Asturias: fue el más importante de todos ellos. Tras el 711, algunos jefes visigodos se refugiaron en Asturias, imponiéndose a los astures. Los reyes de Asturias incorporarán las tierras de Galicia y toda la margen derecha del Duero, donde Alfonso III, establecerá la frontera en el año 911.

La repoblación de todo ese espacio se hará siguiendo el sistema de la presura individual o aprissio, consistente en la apropiación de una porción de tierra con obligación de trabajarla y vivir en ella.Fue también colectiva. Esto permitió trasladar la capital a León en el año 914, ciudad que, a partir de ahora, dará nombre al reino.

Especial importancia tuvo el condado de Castilla, situado en la frontera oriental frente a los musulmanes de Zaragoza; a mediados del siglo X, sus condes actuarán ya con total independencia del rey leonés.

- En los valles del Pirineo occidental y central surgirán otros núcleos de resistencia: en el Pirineo navarro en torno a Pamplona, donde a principios del siglo X, Sancho García I “el Grande” (905-925) sienta las bases del reino de Navarra, inicia el movimiento reconquistador y repuebla La Rioja; en el Pirineo central, en torno a Jaca y a los contornos del río Aragón.

El rey navarro, Sancho III “el Mayor” (965-1035), conseguirá ser el monarca más influyente de su época, al conseguir englobaar a los demás territorios (León, Castilla y Aragón) en una única unidad política. A su muerte, en 1035, nacerán como reinos Castilla y Aragón.


- En el Pirineo oriental: se establece un tercer núcleo de resistencia, origen de los condados catalanes. Inicialmente, dependieron de los francos (“Marca hispánica” del imperio de Carlomagno), aunque la influencia de éstos se irá debilitando poco a poco. A partir del año 987, los condes de Cataluña se agruparán en torno al de Barcelona, ejerciendo éste una verdadera hegemonía sobre todo el territorio.

LA BAJA EDAD MEDIA: EL PREDOMINIO CRISTIANO (1035-1492)

A partir del siglo XI y hasta el siglo XV, la Edad Media española va a dar un vuelco lento pero radical. La floreciente economía andalusí comienza a decaer, mientras que los reinos cristianos del norte se van afianzando, creando riquezas y aumentando su poder a costa de los vecinos musulmanes del sur.

Un Islam debilitado:

Traspasada la línea del Duero, los avances cristianos obligan a los reinos de Taifas a recurrir a los imperios musulmanes que habían surgido en África. Así, ante la conquista de Toledo en 1805 por Alfonso VI, los andalusíes llamarán en su ayuda a los almorávides, especie de monjes guerreros del Islam, quienes detendrán el avance cristiano, incorporando en el siglo XII Al-Andalus a su imperio. Surgirá una segunda etapa de taifas, con el consiguiente debilitamiento político y militar, lo que hará posible un anuevo avance cristiano.

Hacia 1163, otro imperio africano, el de los almohades, somete de nuevo todo el territorio andalusí, que es aún media península. Éstos expulsarán a cristianos y judíos, y obligarán a los andalusíes a extremar su rigor religioso. La presencia almohade terminará con su derrota en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), lo que hará posible la reconquista, por parte de Castilla, de Sevilla (1248), Córdoba (1236) y Jaén (1246), y la de Valencia y las Baleares por los aragoneses. Entregada Murcia, ya sólo quedará un reino taifa, el de Granada, que subsistirá hasta el año 1492.

Castilla y Aragón. Reconquista y repoblación:

Los dos reinos, nacidos en 1035, pronto iniciarán una expansión creciente, repartiéndose, mediante diferentes tratados, el territorio musulmán reconquistable. Al mismo tiempo tendrán que ir repoblando y organizando el territorio conquistado.

- El reino de Castilla: el primer impulso a la reconquista por parte de Castilla lo dará Alfonso VI (1065-1109) con la conquista de Toledo en 1085. El segundo se deberá a Alfonso VIII (1158-1214), que llegará hasta Sierra Morena y derrotará a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), posibilitando el tercer y más importante avance, a cargo de Fernando III “el Santo” (1201-1252), quien, entre 1232 y 1248, incorporará a la corona de Castilla el fértil y poblado valle del Guadalquivir. Su hijo Alfonso X “el Sabio” (1252-1284) anexionará Murcia y el reino de Niebla, con Cádiz incluido (1262). La reconquista castellana a partir de entonces se detendrá por problemas dinásticos, luchas civiles y crisis económicas, hasta la entrega de Granada, en 1492.


La repoblación de tan extensos territorios obligó a buscar nuevos métodos. Entre el Duero y el Tajo se acudió a la repoblación concejil, creándose ciudades a las que se otorgaron fueros o privilegios. Estos privilegios se recogían en un documento escrito llamado carta-puebla o carta de población. La meseta fue entregada a las grandes órdenes militares, que recibieron enormes territorios de señorío, llamados maestrazgos. La de Andalucía fue un proceso rápido y calculado para asimilar a los musulmanes: la revueltade éstos determinó su expulsión a los territorios marginales y la entrega a los grandes señores de enormes lotes de tierra, los donadíos.

- El reino de Aragón, por su parte, iniciará su expansión con la conquista de Zaragoza (1118) por Alfonso I “el Batallador” (1104-1134); a la muerte de éste, en 1137, la corona pasa al conde catalán Ramón Berenguer IV “el Santo” (1131-1162), quien seguirá la reconquista incorporando Lérida y Tortosa. Pero será Jaime I “el Conquistador” (1213-1276) quien la concluirá, incorporando los reinos de Mallorca y Valencia entre 1231 y 1245.

Al comienzo del siglo XV, agotada la dinastía catalana, las cortes de los cuatro reinos entregarán la corona a don Fernando de Antequera, tío del rey de Castilla, merced al llamado Compromiso de Caspe (1412).

La repoblación del valle del Ebro se hizo manteniendo a las poblaciones musulmanas en los campos, y entregando las villas a los repobladores. En Mallorca y en Valencia se acudió al repartimiento entre colonos catalanes y a la entrega de grandes lotes de tierra a las órdenes militares.

La repoblación del valle del Guadalquivir. Los repartimientos:

La repoblación de la Andalucía bética, desarrollada a lo largo de los siglos XIII y XIV, fue una consecuencia de las conquistas de Fernando III. Se hizo aprovechando la larga experiencia repobladora que tenían los castellanos, mediante el sistema de los repartimientos.

Este sistema, a diferencia de la presura, supone un plan reestablecido y sistemáticamente aplicado de acuerdo con un propósito político y económico.. Se valoraba la masa de bienes y se procedía a su reparto entre dos tipos diferentes de personas físicas o institucionales:

- Los nobles, caballeros y eclesiásticos que habían acompañado al rey durante la conquista recibieron extensas propiedades, llamadas donadíos.

- Los repobladores propiamente dichos recibieron pequeños lotes de tierra, llamados heredades o herdamientos. El reparto conllevaba una serie de obligaciones, como la de residir en la localidad.

En conjunto, en el proceso repoblador del territorio de la baja Andalucía se han distinguido dos grandes períodos, separados por la sublevación mudéjar del año 1264.

En el primer período, la repoblación obedeció al plan de mantener sobre el territorio grandes masas de mudéjares que aseguraran la explotación económica y el grueso de los ingresos fiscales. La repoblación permitía controlar militarmente el terreno.

En el segundo período, al ser expulsados todos los mudéjares, tanto los rebeldes como los que no, la repoblación dejó enormes espacios vacíos. Esta despoblación del final del siglo XIII fue la que permitió la formación de los grandes latifundios. Andaluces y de los grandes y poderosos señoríos nobiliarios.


Una sociedad diferenciada

Salvo la común situación penosa del campesinado, las dos sociedades españolas de la Edad Media, la andalusí y la cristiana, son bien diferentes, ya que obedecen a dos regímenes económicos y sociales distintos.

LA SOCIEDAD ANDALUSÍ

La llegada de los musulmanes trastornó por completo la sociadad hispanorromana. La población nativa, al islamizarse, se dividió en dos grupos: los que siguieron siendo cristianos, llamados mozárabes, y los que se convirtieron al Islam, llamados muladíes.

Los recién llegados también pertenecían a etnias distintas: los dominadores árabes y los bereberes norteafricanos. A ellos hay que añadir los sirios y grupos eslavos.

Las categorías sociales dependieron del estatuto jurídico de libertad o esclavitud. La mayoría de la población era libre, situándose a la cabeza de la sociedad una aristocracia formada por la nobleza de sangre (de raza árabe o visigodos islamizados).

Debajo de aquella existía un grupo intermedio compuesto por funcionarios de rango medio, comerciantes o alfaquíes.

El escalón más bajo de la sociedad, de origen muladí, mozárabe o beréber, soporta las mayores cargas fiscales, nutre las revueltas urbanas y aviva el descontento. Sin embargo, estas clases sociales eran lo suficientemente abiertas como para que se pudiese salir de ellas.

LA SOCIEDAD CRISTIANA

En los reinos del norte existió una sociedad más jerarquizada; los grupos sociales constituía estamentos cerrados que no admitían trasvases.

Hasta el siglo XI, las funciones y los estamentos estarán claramente delimitados: la nobleza guerrea, el clero reza y el campesinado trabaja. No obstante, la presura permitió la presencia en Castilla de campesinos libres. Apartir del siglo X, estos campesinos tendieron a desaparecer.

Tras el siglo XI, la sociedad feudal se complica por la diversificación de la nobeza en varios escalones y por la aparición de la burguesía. Los ricos comerciantes formarán un patriciado urbano que comparte el poder municipal con el escalón inferior de la nobleza, los hidalgos y los caballeros. Los campesinos, siervos, pequeños propietarios y aparceros, compartían el rango social más bajo con los mudéjares, musulmanes que van quedando bajo dominio cristiano.

Los contrastes económicos

Son totales entre la España islámica y la cristiana, aunque se irán atenuando, cuando surjan las ferias, el comercio se anime y los recursos económicos se diversifiquen.


AL-ANDALUS: UNA ECONOMÍA MONETARIA Y DE BASE URBANA

En el territorio andalusí, mucho más urbanizado que la Europa feudal, las ciudades ejercieron un papel fundamental. Estaban compartimentadas en barrios; el cenrto urbano, la medina, junto con el zoco, era el centro mercantil y financiero.

Al-Andalus se convirtió en el polo occidental de la red mercantil del mundo árabe. Los andalusíes controlaron la ruta del oro, lo que les permitió siempre acuñar moneda (el dinar de oro y el dirhem de plata).

La agricultura ocupaba un destacado papel en la estructura económica.

LOS REINOS CRISTIANOS: UNA ECONÓMIA AGROPECUARIA

Los cristianos mantuvieron una estructura económica eminentemente agropecuaria y prácticamente autárquica.

Hay que distinguir la Alta de la Baja Edad Media, al producirse en esta última cambios importantes.

Hasta el siglo XI, no hay más riqueza que la que produce la tierra, siendo el gran dominio o señorío territorial la unidad fundamental de explotación. Los excedentes se comercializan en un ámbito comarcal, en pequeños mercados.

A partir del siglo XI cambiará la actividad económica, reflejándose dicho cambio en la aparición de un comercio a larga distancia, más tecnificado, y en la nueva organización de la producción artesanal.

Las ferias eran encuentros de comerciantes “al por mayor”; se celebraban en sitios y fechas determinadas. Los reyes las utilizaron como un estímulo a la repoblación y a los nuevos concejos. Las de Valladolid, Villalón, Medina de Rioseco y, sobre todo, la de Medina del Campo serán las más importantes.

Los gremios fueron asociaciones de artesanos. Sus objetivos eran controlar los precios y el acceso a la profesión, así como defenderse del poder de los grandes comerciantes.

A pesar de la existencia de instituciones comunes, las economías castellana y leonesa de la Baja Edad Media adoptarán características diferentes.

En Castilla, la producción y el comercio de la lana serán la principal fuente de riqueza del reino. Los propietarios de los grandes rebaños transhumantes se agrupaban en el Honrado Concejo de la Mesta, que resolvía tanto los conflictos internos como los pleitos con los agricultores. La Corona favoreció sistemáticamente a los ganaderos frente a los agricultores, ya que los primeros representaban su principal fuente de ingresos.

La economía aragonesa se basó en tres pilares: el viñedo para la exportación, el comercio de la sal y el puerto de Barcelona.

La organización política y administrativa


Las distintas soberanías que se dieron sobre el territorio peninsular fueron el origen de una gran diversidad de instituciones poíticas y de modelos organizativos.

LA ORGANIZACIÓN POLÍTICA DE AL-ANDALUS

Fueron los primeros emires independientes quienes pusieron las bases para la organización del territorio. El sistema se basó en una fuerte concentración del poder en manos del emir, primero, y del califa, después. Todos los demás cargos, incluso los municipales, lo eran por delegación de aquéllos.

El gobierno o administración no tuvo nunca una composición ni procedimientos preestablecidos. Los principales organismos eran la Cancillería, que se ocupaba de los asuntos políticos y judiciales, y el Tesoro, que se encargaba de los asuntos económicos. Al frente de los mismos se encontraban los visires o consejeros.

Los recursos financieros del Estado musulmán se basaron en un eficaz sistema de impuestos. Había dos impuestos directos para los no islamizados: uno territorial y otro personal. El gran impuesto indirecto fue la alcabala.

La organización territorial constaba de circunscripciones administrativas, llamadas coras, a cuyo frente figuraba un gobernador o wali. También existían tres circunscripciones militares, conocidas como frontera superior (Zaragoza), media (Toledo o Medinaceli) e inferior (Mérida).

EL CENTRALISMO CASTELLANO

Al tiempo que avanzaba la Reconquista, Castilla se configuró como un reino centralizado y con un poder real por encima de lo normal. Del señorío territorial de los primeros tiempos, de corte feudal, que era una unidad política y económica, se pasará al señorío jurisdiccional, por lo que el rey cedía, en ciertos territorios llamadas tierras de señorío, algunas prerrogativas reales. La Corona gestionaba directamente el resto del territorio, las llamadas tierras de realengo.

Alfonso X con el Código de las Partidas, y Alfonso XI con el Ordenamiento de Alcalá, conformarán las leyes del reino: en ella se fijan las penas y los castigos en un código escrito. El proceso culminó en 1371 con la creación de la Audiencia o Tribunal de Justicia.

La organización territorial del reino de León se basó en la división del territorio en condados. Castilla se administró a través de distritos administrativos llamados merindades, a cuyo frente había un “merino mayor”, representante del rey. A partir del siglo XIII, los adelantamientos, con un mayor carácter militar, sustituyeron a las merindades fronterizas.

Las ciudades, con su alfoz o territorio comunal, tuvieron cierta autonomía. Los concejos o ayuntamientos de las ciudades vieron reglamentada su contribución a la Corona mediante la representación en Cortes. Esta institución procede de la incorporación a la curia regia de “gente común”, representantes de los concejos de las ciudades.


EL “PACTISMO” ARAGONÉS

La Corona de Aragón será una especie de monarquía federal con un solo rey y cuatro reinos: Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca.

Esta peculiaridad aragonesa se explica por la concepción política llamada “pactista”, según la cual, el poder del monarca procede de una especie de acuerdo tácito o pacto entre el monarca y sus súbditos. De ahí la solidez de las instituciones políticas aragonesas, como las Cortes de los diferentes reinos, el Justicia Mayor, el Consell del Cent o la Diputació del General (Generalitat).

La imposibilidad física del monarca de estar en todos los reinos hizo necesaria la figura del Procurador General, especie de virrey, quien ejercía el poder real, por delegación, en cada uno de los reinos. En los siglos XIV y XV se crearon instituciones nuevas que reforzaron el poder real, como la Cancillería y el Consejo Real.

Una vida cotidiana “pendiente del cielo”

En general, se vivía “pendiente del cielo” en un doble sentido: en el religioso, para consolarse de las desgracias y esperar de Dios la buena suerte; y en el climático, porque con una economía tan ligada a lo rural, varios años seguidos de sequía o de inundaciones podían acarrear hambrunas, desolación y muerte. El azote de la guerra era una amenaza permanente.

LAS DIFERENCIAS SOCIALES

La vida de los campesinos fue muy precaria. Una forma de salir de su situación era ingresar en el monasterio.

Los monasterios, al acoger en su seno a gentes de procedencia noble y a hijos de siervos, pronto establecieron clases, reservando la oración para los primeros y el trabajo para los segundos.

Los burgueses también diversificaron sus funciones, estableciéndose grandes diferencias entre los ricos mercaderes y los artesanos y menestrales.

Al otro lado de la frontera, en Al-Andalus, la situación no era mucho mejor. El número de los que podían alimentarse era mayor. A final de la Edad Media, cuando Al-Andalus se limitaba al taifa granadino, los impuestos de toda índole agobiaban a una población que se hacinaba en la capital.

LA IMPORTANCIA DE LA RELIGIÓN

La religión jugó un papel importante y servía más de consuelo que de angustia. La gente pudo sobrevivir gracias al consuelo de la religión.

Todas las festividades giraban en torno al calendario cristiano, por lo que éstas fueron adoptando un aspecto no sólo religioso, sino también festivo.

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