Post-Estructuralismo y Nietzsche

Filosofía Universal siglo XIX. Estructuralismo. Vitalismo. Valores. Nihilismo. Crítica del orden antiguo. Superhombre. Voluntad de poder

  • Enviado por: Sir Alexis Del Buen Ayre
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 39 páginas
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Universidad Nacional de Lomas de Zamora.

Cátedra de Sociología del Derecho.

Tema: Post-estructuralismo: Nietzsche.

“Los valores están de cabeza”.

'Post-Estructuralismo y Nietzsche'
Prólogo.

Iniciar un trabajo monográfico, como casi todo en la vida, implica tomar decisiones. Primero hay que decidir si hacerlo o no; si se elige hacerlo se plantea -salvo que ya esté consignado de antemano- una gran dicotomía, sobre qué tipo de trabajo hacer… un mero informe cuantitativo (que cumpla con una gran cantidad de citas y compilación de material)… o un trabajo cualitativo (que implica mayor esfuerzo mental, y mayor dedicación).

A mi juicio suele ser más elogiable la segunda opción. Por ello es la adoptada para el presente trabajo. Al tener, en líneas generales, libertad de forma para el diseño y organización, prefiero el diseño típico… una introducción y desarrollo del tema en forma explicativa, mas luego de esto sí un apéndice con textos originales y citas de autores sobre el tema.

¿Cuál será la causa de elegir como tema el pensamiento post-estructuralista? ¿Por qué desde la visión de Nietzsche? Con respecto a lo primero, me parece esencial la idea de un pensamiento que al igual que el estructuralismo, aborde su base desde el hombre como centro, pero que lo haga rompiendo con las viejas ideas. Y si de romper ideas hablamos, qué mejor que mirar al creador del Anticristo, el Zaratustra, la Gaya Ciencia, la Genealogía de la Moral, El Crepúsculo de los Idolos, y por supuesto Más Allá del Bien y del Mal, donde escribe su Preludio de la Filosofía del futuro.

Además es innegable que Nietzsche ejerció magnánima influencia sobre muchos autores, que ellos mismos darían por llamarse post-estructuralistas, el caso más significativo es del de Deleuze, quien no solo toma a Nietzsche, sino que lo interpreta y crea un Nietzsche propio.

Pero ¿Cómo hacer para habar de Nietzsche? ¿Cómo hacer para no ser subjetivo cuando tengo que hablar de un escritor al que admiro profundamente? Habrá que recurrir el consejo de Durkheim sobre el hecho social, y aplicarlo por analogía… aunque reconozco, no se me hace fácil librarme de los preconceptos.

Figura controvertida como Nietzsche, no encuentro que me guste tanto. Debo reconocer que mi pensamiento ha sufrido una gran influencia desde que leí a este alemán. Sin embargo, es justo que se sepa que lo leí a raíz de recomendaciones, merced al parecido que encontraban ciertas personas, entre mi pensamiento, en general, y la “filosofía nietzscheana”.

Por supuesto, no soy tan fundamentalista de defender a raja tabla su pensamiento; no es en vano aclarar que muchas cosas no comparto en lo más mínimo. Por ejemplo la visión sobre la mujer, sobre la homosexualidad, su obsesión intemperante o autoritaria, terminante sobre tantos temas… sobre casi todos los temas. Su no-dar-lugar a otras perspectivas, pese a ser él quien afirmaba que la verdad es parcial, y yo quien afirma que la verdad es absoluta, solo que no hay persona que la conozca por completo.

Considero, sin embrago, más allá de las coincidencias y divergencias, justo es reconocer el alto nivel del pensamiento de ese autor.

Muchas son las infamias hechas a Nietzsche, en gran parte, sobre falsas y falaces acusaciones.

Se lo acusa muchas veces de ser mentor del nazismo, al igual que a Wagner. Cierto es que Hitler decía: “fundáramos una nueva nación alemana en la filosofía de Nietzsche y la música de Wagner”… Nietzche aborrecía la nación alemana, el sentimiento germano subsumido, sometido, a manos de Hegel y Kant. Para él eso era la decadence.

Creo que a Hitler, y sin equivocación, se lo puede acusar del peor genocidio de la historia, pero no de tener mal gusto musical y literario.

Me tomo la atribución de hacer las veces de alter ego de Nietzche, y les contesto a esos acusadores: “pequeños santurrones… la vida está echada a perder de tanta humanidad superflua… todo lo que hace reflexionar mucho llega a hacerse sospechoso. Te castigan por todas tus virtudes”.

P.A.X.

Introducción

Para comenzar a hablar de Nietzsche como post-estructuralista, me parece que lo adecuado es explicar: 1º Quién fue Nietzsche, por lo menos en forma somera. 2º Qué es el post-estructuralismo.

Nietzsche.

Friedrich Wilhelm Nietzsche nació el 15 de octubre de 1844 en Röcken, una pequeña ciudad de la Sajonia prusiana, hijo de Carl Ludwig (1813-1849) y Franziska Oehler (1826-1897). La temprana muerte de su padre, pastor luterano, a causa de un proceso de degeneración cerebral, provocado supuestamente por una herida en la cabeza producida por una caída, obliga a la familia a abandonar la casa en que residían, para ser ocupada por el nuevo pastor, trasladándose en 1849 a Naumburgo. Allí vivirá con su madre, su hermana Elisabeth, su abuela Erdmuthe y dos tías, Auguste y Rosalie, realizando sus primeros estudios en el instituto ("Gymnasium") local, entre 1854 y 1858.
En 1858 ingresa en el internado de Pforta, que había adquirido un gran renombre en la época, y en el que se observaba un régimen estricto y tradicional, donde permanecerá hasta 1864. En esta época se desarrolla su admiración por el genio griego, leyendo sobre todo a Platón y Esquilo, así como por la música y la poesía, siendo un admirador de Hölderlin, realizando entonces sus primeros ensayos como poeta y músico, tanto respecto a la composición, (Allegro para piano, Phantasie for piano, Miserere, entre otras), como a la interpretación, llegando a ser considerable su habilidad al piano. Por lo demás, comienzan los problemas de salud de Nietzsche, sufriendo en numerosas ocasiones intensos dolores de cabeza que podían llegar a durar varios días.
En 1864 ingresa en la universidad de Bonn, junto con su compañero y amigo Paul Deussen, quien posteriormente sería profesor de filosofía en Kiel y admirador de la filosofía India y de Schopenhauer y que, pese a no compartir la futura filosofía de Nietzsche, mantendría con él una relación de sincera amistad. El Departamento de Filología de Bonn gozaba entonces de gran reputación con Otto Jahn y Friedrich Wilhelm Ritschl, quienes mantenían un larvado desacuerdo que estallaría al año siguiente, trasladándose Wilhelm Ritschl a la Universidad de Leipzig. Nietzsche se traslada también en 1865 a dicha universidad, donde permanecerá hasta 1869, siguiendo los pasos de su maestro Ritschl, continuando en ella los estudios filológicos bajo su dirección, llegando a ser su discípulo predilecto. De esa época data su amistad con Erwin Rhode, que se irá rompiendo a medida que Nietzsche radicaliza su pensamiento, terminando en un alejamiento total. También de esta época data su admiración por la música de Wagner y su primer encuentro con el músico. La lectura de Schopenhauer y el abandono definitivo del cristianismo coinciden con su actividad como filólogo, publicando varios trabajos en el "Rheinisches Museum" por los que obtiene un gran prestigio entre los especialistas. En 1869 la Universidad de Basilea le ofrece la cátedra de Filología, ante los informes favorables recibidos por su profesor Ritschl, y antes incluso de haber obtenido el grado de Doctor, cátedra que Nietzsche ocupa en mayo de ese mismo año.
De 1869 a 1879 Nietzsche permanecerá en Basilea, desarrollando su actividad como profesor. La amistad con Wagner se afianza y Nietzsche le visita en numerosas ocasiones en su villa en el lago de Lucerna. En 1872 pública "El origen de la tragedia", obra muy mal recibida en los medios académicos y criticada virulentamente por algunos especialistas en filología clásica; algunos de sus amigos, no obstante, salen en su defensa, como Erwin Rhode; y otros, como Wagner, por ejemplo, la celebran con entusiasmo. Pese a ello, su prestigio entre los filólogos mermará considerablemente. Entre los años 1873 y 1876 publica las "Consideraciones intempestivas", en las que crítica a David Strauss y el historicismo, en las dos primeras, y alaba a Schopenhauer y Wagner, en las dos últimas. A pesar de ello, en 1876 comenzará su distanciamiento de Wagner, que culminará poco después en una abierta oposición. Hasta entonces Nietzsche había tomado como referencia el ideal del artista y el genio creador; en los próximos años, aunque de forma provisional, orientará su reflexión hacia el papel de la ciencia, interés que se plasmará en obras como "Humano, demasiado humano", escrita entre los años 1878 y 79.
En 1879, probablemente por problemas de salud, renuncia a su cátedra en la universidad de Basilea, y comienza un período que durará diez años caracterizado por el constante viajar de Nietzsche por Suiza, Italia y Alemania (que sólo visitará ocasionalmente), así como por la efervescencia creativa que le conduce a la elaboración de la mayor parte de su obra. En 1880 reside en Naumburgo, Venecia, Marienbad y Génova. En 1881 residirá fundamentalmente en Génova y Sils-Maria, pequeña localidad de los Alpes suizos donde Nietzche intuirá las principales ideas de su filosofía futura, como la del eterno retorno y la de la voluntad de poder. Nietzsche mantendrán una activa correspondencia con sus amistades, con las que se encontrará también en numerosas ocasiones a lo largo de estos años, como F. Overbeck, P. Rée, E. Rhode, K. Hillebrand, Peter Gast, Lou Salomé, a la que conocerá en 1882, etc., así como con su madre y hermana. En 1882 y siguientes residirá en ciudades como Génova, Messina, Roma, Orta, Basilea, Lucerna, Naumburgo, Leipzig, Santa Margherita, Florencia, Rapallo y Niza, entre otras, pasando varios veranos en la localidad de Sils-Maria, especialmente querida por Nietzsche. De este período datan algunas de sus obras más significativas, como "La genealogía de la moral", "Así habló Zaratustra" y "Más allá del bien y del mal".
En 1889 su salud, que ya le había dado motivos de preocupación en los años "errantes", empeora bruscamente, comenzando a manifestar síntomas de desequilibrio mental. Trasladado de Turín a Basilea es tratado en la clínica de dicha ciudad, y posteriormente en la de Jena, dando muestras de una ligera recuperación. No obstante su estado empeora de nuevo, instalándose en Naumburgo con su madre y, luego de la muerte de ésta, en 1897, con su hermana Elisabeth en Weimar. Pero ya no se recupera jamás. En agosto de 1900 murió, habiendo alcanzado una considerable fama y ejerciendo un notable influjo que se dejará sentir en el desarrollo del pensamiento contemporáneo.

Considero que es de vital importancia tener en cuenta las variables de su vida problemática, y de sus últimos años padeciendo enfermedad mental. Es extremadamente relevante su forma de vida para entender el desarrollo de su obra.

 Nietzsche es fundador del irracionalismo moderno y uno de los más destacados pensadores vitalistas. Fue fundamentalmente un crítico profundo de los valores de la cultura cristiana. Poseía una vasta cultura clásica. Fue apasionado y subyugador con sus argumentos en la predica del amoralismo como necesidad de un hombre libre y nuevo.

Nietzsche profesó un humanismo ateo. Es sucesor y heredero de las tesis filosóficas de Arthur Schopenhauer, aunque más cruel, más guerrero, más orgulloso y aristocrático. Él considera que hay que combatir la debilidad con la dureza a fin de alcanzar la verdadera grandeza. Cree que es posible modelar al hombre del futuro por medio de la disciplina, el trabajo y el esfuerzo de la voluntad.

Plantea que “es necesario que los hombres superiores hagan guerras para eliminar a los mediocres”. No es partidario de la democracia, porque según él, la plebe no tiene la suficiente formación para gobernarse. Para él la miseria de una nación es menos importante que el sufrimiento de un gran hombre.

 Atacó las tesis éticas de Hegel, las de Kant, las de los filósofos utilitaristas, porque considera que están dirigidas a hombres débiles, enfermizos, fracasados y miserables. Para Nietzsche, el principal valor es la voluntad de dominio, que excluye la compasión, que es la causa del mal

 Profesó un desprecio casi enfermizo -misoginia- por las mujeres, mantuvo con ellas relaciones inhibidas, distantes y faltas de compromiso. Las injurió con severidad en el más popular de sus libros: Así habló Zaratustra. Dice que las mujeres no merecen la amistad de los hombres y plantea que deben ser asumidas como simple objetos de propiedad masculina.

Nietzsche es, a los ojos de muchas personas, nihilista. Sin embargo en su Anticristo, defiendo muy bien su posición, y explica por qué no se considera predicador de tal tendencia filosófica. (PEGAR ANTICRISTO). Considera que Dios es un estorbo para la realización del superhombre. Porque la teología pregona una moral de esclavos. Por eso proclamó la muerte de Dios, el fin del orden establecido y de la familia. Según él, al hombre le corresponde dirigirse hacia el superhombre, mediante la transformación de sí mismo y del mundo, para lograrlo debe trasmutar todos los valores.

 Algunas de sus tesis:

  • “Dios ha muerto y si Dios ha muerto, no existe otro mundo, sólo existe nuestro mundo, el terrenal, esa es la única realidad”. (Así habló Zarathustra ).

  • “Conozco mi suerte. Alguna vez irá unido mi nombre al recuerdo de algo gigantesco, de una crisis como jamás la había habido en la tierra, de la más profunda colisión de conciencia”. ( Ecce Homo ).

  • “Yo no soy un hombre, soy dinamita”. ( Ecce Homo).

  • “¡Qué le importa la verdad a la mujer!... su gran arte es la mentira, su máxima preocupación son la apariencia y la belleza”. (Más allá del bien y del Mal).

  • “Sed fieles a la tierra, no escuchéis a aquellos que os ofrecen las esperanzas celestiales”. (Humano demasiado humano).

  • “El Dios de la cruz es una maldición de la vida, la gran maldición, la grande e intima corrupción, la gran infamia de la humanidad”. (El Anticristo).

Post-estructuralismo.

Es una rama contemporánea de la teoría de la crítica, especialmente desarrollada en Francia, que afecta a áreas tan diversas como el psicoanálisis, la historia, la filosofía y la teoría literaria. Su relación con el estructuralismo ha sido objeto de un intenso debate y podría definirse como derivado del estructuralismo o como su antítesis.

Algunos críticos incluyen a estos teóricos en dos campos diferenciados, el estructuralista y el post-estructuralista. El historiador francés Michel Foucault, por ejemplo, afirmó que no era estructuralista a pesar de haber escrito lo que muchos consideran modelo del análisis estructuralista, y otro tanto puede decirse del psicoanalista Jacques Lacan. A ambos se les califica también como post-estructuralistas. Esta confusión aparente procede de concepciones divergentes sobre la naturaleza del estructuralismo. Si se le considera limitado a los planteamientos del antropólogo Claude Lévi-Strauss y a las primeras obras del crítico literario Roland Barthes, en cuyos textos se analizaban los mitos, las instituciones sociales y culturales en relación con los opuestos que engloban y que conforman su estructura, sin que ni sus autores ni sus participantes sean conscientes, entonces el post-estructuralismo es algo muy diferente.

El post-estructuralismo trata de superar la tendencia, aparentemente endémica en el pensamiento humano, de contemplar la realidad como la unión de dos opuestos, pero ambas corrientes comparten otras coincidencias: ambas rechazan la primacía del sujeto humano, como pone de manifiesto el humanismo filosófico, y aceptan las consecuencias del “desdoblamiento” del sujeto efectuado por reí Marx, Fiedrich Nietzsche y Sigmund Freíd, entre otros. Al sujeto se le considera como un producto, un punto focal de fuerzas, más que un agente creativo. La obra literaria es un tejido de otros textos cuyo significado viene determinado por sus lectores más que por la intención del autor.

La historia post-estructuralista analiza las estructuras institucionales, sociales y políticas en términos de la relación entre significado y poder, y su teoría pone en cuestión la verdadera naturaleza de las relaciones entre la realidad, el lenguaje, la historia y el sujeto.

La dificultad para valorar la filosofía política de los post-estructuralistas franceses -Foucault, Deleuze, Lyotard, en particular- es inseparable de la dificultad de comprender cuál es su filosofía política general. Que ellos han rechazado el marxismo como el criterio adecuado de actuación social y política, es cosa clara. Pero con qué lo han sustituido es todavía objeto de controversias.

Hay, en la superficie, numerosas similitudes entre el pensamiento anarquista tradicional y la teoría post-estructuralista. La crítica de la representación es un tema central de los post-estructuralistas. Descentralización, actuación local, descubrimiento del poder en sus variadas facetas y no como a favor estado, son las características que distinguen los análisis de los post-estructuralistas. Sin embargo, si se debiera caracterizar el pensamiento político post-estructuralista con una única propiedad, la elección recaería sobre la crítica de la teoría del sujeto.

Sin embargo, no es a favor del caos por lo que el post-estructuralismo ha rechazado las ideologías. Lo que en cambio ha ofrecido son análisis precisos de la opresión. Ellos prefieren comprometerse en lo que se ha definido a menudo como «micropolítica»: una teorización de regiones, tipos o niveles de actividad política, pero que no pretende ofrecer una teoría política general. La opresión debe ser analizada y combatida sobre muchos registros y en los muchos nexos en los cuales se descubre

La indefinición de un modelo de sujeto a liberar es la trampa en la que han caído los anarquistas. Para el anarquismo tradicional, la anormalidad debe ser curada, en vez de expresada; y aunque es mucho más tolerante en la confrontación de las «desviaciones» de las normas en materia de sexualidad y de otros comportamientos, queda en tal anarquismo el concepto de la norma como prototipo de lo propiamente humano e individual. Este prototipo, han sostenido los post-estructuralistas, no constituye la fuente de la resistencia contra la opresión en la época contemporánea: es más, con su unidad y su actuar concreto es una de las formas de opresión.

Desarrollo.

Primera parte.

Capítulo I.

Post-estructuralista y nihilista:

Realista y visionario.

Cómo no considerar a Nietzsche como un post-estructuralista, cualquiera que lo haya leído, y no hable por comentarios ajenos e insulsos, que lo presenten como teólogo del nazismo, sabe muy bien que el frío pero realista, y hasta escéptico pensamiento del “filólogo”, como el se declara, tiene como centro del universo al hombre.

Si bien leer a Nietzsche no es tarea de fin de semana para niños de escuela primaria, incluso para muchos de nivel medio, debido a su complejidad literaria en muchos casos; mas por otro lado, merced a su frontalidad y dureza para expresar su pensamiento.

Cuando se habla del pensamiento del escritos del Zaratustra, viene inexorablemente la duda de a quién estamos leyendo, si a un enfermo mental, con sus ideas descabelladas dignas de un monstruo de la maldad, un resentido social… o acaso estamos leyendo a un ser ingenuo y muy dolido por ver que la humanidad sigue un ineludible camino hacia la perdición. Como sea que se piense leer, a Nietzsche no es trabajo fácil, además es innegable, a mi juicio, que desde cualquier perspectiva su trabajo es interesante, ya por compartirlo o por aborrecerlo.

El pensamiento de este autor nació de la observación directa de la naturaleza humana. Es el mismo quien se considera un psicólogo, más allá de la consideración de psicólogo de Dios que hacen muchas personas. Su pensamiento reza que por encima del hombre no hay nada. Ni siquiera acepta la discusión de cómo debería ser el hombre… para él es un sin sentido pensar cómo deberían ser las cosas: “es más veraz aquel que muestra cómo son las cosas, que quien se entretiene soñando cómo debieran ser”.

Dice Nietzsche que hay dos tipos de pensamiento, uno habla de algo real, el otro predica fantasmas y en el mejor de los casos es un embaucador, un santurrón como lo llama al Apóstol Pablo. Hace hincapié durante la inmensa mayoría de su obra en los dos tipos de hombres: los que aceptan la vida como es, incluso con sus tragedias, y en los que se mienten a si mismos, e inventan paraísos por temerle a la vida tal como es. Son ellos, para Nietzsche, los predicadores de la muerte, ellos quienes niegan la vida.

El libro en donde se pone de manifiesto muy fuerte y crudamente es El Anticristo. Lejos de hablar directamente de Jesús, por quien demuestra una gran admiración, al igual que por Buda, refiere en esta obra ala Iglesia. Siendo Nietzsche un gran conocedor y estudioso de la Biblia, pone de manifiesto su admiración a la mente judía, y su aborrecimiento a los judíos de la misma forma, así como su asco por el cristianismo y su odio por Pablo, calificándolo del peor santurrón de la historia de la humanidad.

Gira, el pensamiento de este autor, a lo largo de su carrera, en torno a tres ideas fundamentales:

  • Critica del orden antiguo y de la moral en general.

  • El nihilismo: El Superhombre” y la “Voluntad de poder”.

  • El “Eterno Retorno de lo Idéntico”.

  • Pero no es solo su pensamiento por él mismo algo a destacar. Es muy importante tener presente que fue Friederich Nietzsche un mentor de muchos y reconocidos autores. En los que, incluso una parte en forma directa y la otra por influencia, giran en torno al supuesto nihilismo de este autor.

    Como sea me parece ya el momento oportuno para pasar a desarrollar su pensamiento así como su influencia.

    Capítulo II

    La voluntad de poder.

    “Dondequiera que he encontrado algo viviente, he encontrado la voluntad del poder; incluso en la voluntad de quien obedece he hallado la voluntad de ser amo”.

    F. Nietzsche. Así Habló Zaratustra.

    Ya en un texto de 1873, Nietzsche, expone el destino catastrófico del hombre en el cosmos, y la arrogancia de éste por la invención del conocimiento. Conocimiento que al fin y al cabo sólo servirá para que tenga conciencia de su destrucción, al apagarse el sol que le da vida.

    Nietzsche fundamenta su criterio de verdad (la voluntad de poder) en 2 hechos fundamentales:

  • La realidad del Universo es múltiple y cambiante. Vuelve pues a pensamientos presocráticos.

  • El hombre, como parte de ese Universo, está constituido por un conjunto de impulsos e instintos vitales, que originan una dinámica o cambio.

  • Si el mundo es múltiple, cambiante y aparente, y el hombre está guiado por esa multiplicidad a través de los instintos, no podrá existir nunca la verdad absoluta; frente a la metafísica platónica y cristiana, Nietzsche reclama una visión irracional del Universo. La verdad no puede ser algo absoluto ni definitivo, sino que será siempre relativa, individual, o como el mismo lo expresó “la verdad consiste en estar siempre en el error”. Dentro de esta relatividad, será más verdadera aquella perspectiva que favorezca la vida, aquella que siga los instintos vitales.

    Aunque la verdad se mueva siempre en la apariencia, esta apariencia es necesaria para que el hombre tome su perspectiva vital de seguridad frente al Universo cambiante; el hombre necesita buscar la verdad mediante el error para autoafirmarse en sus instintos vitales frente a la irracionalidad del Universo.

    Nietzsche define la voluntad de poder de esta forma: La verdad es aquella clase de error sin la que una determinada especie de seres vivos no podrían vivir. El valor para la vida es lo que decide en última instancia.

    El platonismo consistiría también en una cierta forma de voluntad de poder, consistente en defenderse del cambio y la transformación de este mundo mediante la noción de un Universo imaginario o suprasensible. Sin embargo, se opone a la postura de Nietzsche, ya que considera la verdad como única e inmutable. Según éste, la filosofía platónica ha dado un valor desproporcionado a los conceptos, provocando la aparición de un mundo ilusorio y falso que ha ignorado lo vital (Nihilismo).

    Para Nietzsche hay que ser consciente del valor relativo que tienen los conceptos; el proceso de formación de un concepto para éste consistiría en que:

    Desde una sensación se pasa a una imagen mediante una metáfora intuitiva. De la imagen se pasa al concepto mediante la fijación de esta metáfora. Por lo tanto, el lenguaje tiene un valor metafórico, resultado de un proceso creativo y estético; pero siempre tiene una verdad o validez relativa. Por lo tanto no nos va a permitir captar la verdad de una forma absoluta, sino tan sólo superar el caos que produce en nuestra mente el intento de captar aquello que es de por sí cambiante.

    El lenguaje es la única forma de llegar a la verdad, y como tal, tiene mucha importancia. Nietzsche pretende sustituir los conceptos (fijos e inmutables) por metáforas (relativas y cambiantes), confiriendo al lenguaje la función creativa de captar artísticamente el sentimiento vital y el devenir del Universo; por lo tanto, la verdad será algo poético (en el sentido griego -poiesis-, producción en sentido artístico).

    En la filosofía de Nietzsche, a la concepción metafórica del lenguaje se une el carácter dionisiaco de la voluntad de poder. Representa metafóricamente sus planteamientos vitalistas a través de la mitología griega, en la que se observa un enfrentamiento entre los ideales apolíneos (equilibrio, virtud, racionalidad) y los ideales dionisíacos (placer, instinto, vitalidad). La filosofía occidental, encabezada por Platón y Aristóteles reprimió los planteamientos dionisíacos para ofrecer una visión del mundo apolista. Frente a esto, Nietzsche niega los ideales apolíneos y reclama el triunfo de los ideales dionisíacos mediante la utilización metafórica del lenguaje como expresión de la voluntad de poder. La negación de los ideales apolíneos implica la negación del principio de individuación, expresado en el platonismo por la idea de uno y sustituida en el cristianismo por la idea de Dios. Persigue un ateísmo radical: si negamos a Dios negamos al uno, y si negamos la idea de uno negamos los ideales apolíneos y afirmamos la multiplicidad dionisíaca, de tal manera que cada cual pueda expresar su propia verdad y sus propios dioses.

    El nihilismo y sus formas.

    Para Nietzsche el Nihilismo no es un hecho concreto, una situación determinada, sino todo un proceso histórico, el resultado de toda una evolución de un determinado tipo de pensamiento y de una determinada tradición. Del mismo modo, unido a planteamientos evolucionistas, el nihilismo es también un proceso evolutivo, y como tal está inacabado y se presenta como el punto de inflexión para la creación de un nuevo tipo de pensamiento.

    La época de Nietzsche es el momento en el que irrumpe con más fuerza el ateísmo, ateísmo que conlleva una pérdida de valores; por lo tanto, el hombre se encuentra históricamente sin rumbo, sin poder dotar a la existencia de un sentido que estaba asegurado cuando prevalecía la creencia en la existencia de Dios.

    Hay que hacer una distinción en la idea de Nihilismo en Nietzsche:

    • Concepto negativo: Esencia de la cultura occidental, negación de los valores e instintos vitales mediante la afirmación del mundo de las ideas a partir de Platón.

    • Concepto positivo: Reflexión acerca del proceso anterior, por medio de la cual ha llegado el ateísmo y la pérdida de valores. Pero esta consideración de la degradación alcanzada sirve de punto de partida para salir de ella, para iniciar una valoración de la realidad basada en los instintos vitales denominada voluntad de poder.

    La voluntad de poder implicará una nueva metafísica, una nueva visión del ser y del hombre, que se captará mediante las metáforas, afirmando la muerte de Dios y la concepción dionisiaca del mundo. La conclusión última que surgirá de la filosofía de Nietzsche se concretará en la idea del Superhombre, concepción que tuvo una gran importancia social y política en el siglo XIX hasta el punto de dirigir la historia europea.

    El ateísmo de Nietzsche tiene un sentido muy especial, porque al negar el Dios monoteísta del cristianismo no niega la existencia de otros conceptos de Dios, sino que afirma el politeísmo. Su intención es volver a una situación politeísta, similar a la de la época de los dioses griegos, que hará que el hombre no pierda conciencia de que los dioses son producto de su creación metafórica.

    La afirmación del politeísmo como característica de la visión de la nueva raza de hombres, a la que llama superiores, implica la afirmación de la libertad. El superhombre para Nietzsche representa la superación del nihilismo, la superación de la raza de esclavos que regían el mundo hasta ahora, afirmando la vida mediante voluntad de poder. El nuevo hombre superior es un estado evolutivo en la etapa de la evolución de las especies; en el Universo y en la historia se desarrollará una jerarquía en la que el superhombre implantará su voluntad de poder sobre los demás.

    Capítulo III.

    El Eterno Retorno.

    ¡El hombre retornará eternamente! ¡El hombre pequeño retornará eternamente! (...) ¡Y el eterno retorno, hasta del más pequeño… ¡En esto estaba mi cansancio de toda existencia!

    F. Nietzsche. Así Habló Zaratustra.

    Se ha llegado a preguntar cómo es posible que un hombre en sus cabales, en un siglo como el suyo, formulase semejante fantasía. Será necesario explicarlo. Para explicarlo es necesario empezar por decir que el Eterno Retorno, en Nietzsche, no tiene la más mínima identificación con las ideas expresadas por las diversas creencias religiosas y mitologías. Ellas hablan, en líneas generales, del retorno como el castigo divino, o el pago de culpas, por las maldades hechas en la vida. Como es fácil imaginar, el autor de la Ley Contra El Cristianismo, no es a lo que hace referencia cuando habla del tema.

    El Eterno Retorno, para Nietzsche, es efectivamente el retorno de todas las cosas eternamente en el seno de un tiempo infinito, pero se añade una modificación fundamental: El eterno retorno, el devenir, aquí es selectivo; es decir que en cada repetición de los hechos en el seno de un tiempo infinito, solo cuentan aquellos acontecimientos hechos afirmativos de la vida, porque el eterno retorno es en sí mismo la afirmación eterna del todo.

    Puede concebirse como una rueda dotada de un movimiento centrífugo que arroja de sí todo lo negativo.

    Precisamente esta expectativa de selección elimina cualquier carácter terrorífico que pudiera atribuirse a la idea de repetición eterna de todo, de un retorno de lo mismo a lo mismo. Cuentan algunos prólogos de libros, que el mismo Nietzsche se estremeció cuando tuvo la visión del Retorno. Es más, Zaratustra, sin dejar de ser objetivo ni adelantar mi conclusión, enferma cuando llega a su cabeza la idea inútil y terrorífica de la vuelta de las cosas. Pero cuando al fin comprende recobra la saludad y las fuerzas para predicar la gran nueva.

    La transvaloración moral y el ideal del superhombre.

    Antes de desarrollar y explicar el tema, hay un punto clave a tener en cuenta. Cuando hablamos de superhombre bien podríamos incluirlo dentro de la voluntad de poder sin mayores problemas. Pero sintéticamente es bueno tener en cuenta que el superhombre es la culminación del eterno retorno.

    Nietzsche critica la moral cristiana, reduciéndola a la moral de la renuncia y el ascetismo. De ella dice que su verdadero fundamento es el resentimiento, la rebelión de los inferiores -de las clases sometidas y esclavas, de aquellos a los que les está prohibida la verdadera reacción- a la casta superior y aristocrática., encontrando su compensación en una venganza imaginaria pero conservando la vida en el estado de degeneración. El hombre bueno ideal de la moral cristiana, el que viste poéticamente con su virtud, no es más que otro caso de resentimiento: cierra los ojos a la realidad, la cual está muy lejos de provocar a cada momento los instintos de benevolencia. El último resultado de esta concepción pesimista del mundo es el nihilismo: se niega la vida y los instintos vitales porque incluyen dolor.

    Rechazando la actitud de resignación ante la concepción de la vida como dolor, lucha e irracionalidad, propone la aceptación de la vida tal y como es, espontáneamente, de ahí la radical crítica a los valores de la cultura europea en cuanto que nacen de la negación de aquello que la vida ofrece. Nietzsche intenta superar las conclusiones pesimistas, exaltando todo lo terrenal, corpóreo, anti-espiritual, irracional, con la misma violencia con que es condenado por la moral ascética. La existencia del hombre es una existencia enteramente terrena: el hombre ha nacido para vivir en la tierra y no hay otro mundo para él. El alma no existe, el verdadero yo del hombre es el cuerpo, al que llama “la gran razón”. La reivindicación de la naturaleza terrestre del hombre está implícita en la aceptación total de la vida que es propia del espíritu dionisiaco. Esta crítica a la religión se extiende al pensamiento racional y científico; así, en Nietzsche hay también una de las críticas más radicales al cogito cartesiano.

    Nietzsche veía su misión en la transvaloración moral, es decir, en la inversión de valores. Considera que su destino es abrir una nueva perspectiva: la vuelta a la vida, la conquista de un dominio absoluto del hombre sobre la tierra y sobre el cuerpo, la eliminación del carácter problemático de la vida. Esta transvaloración moral estará realizada por la voluntad fuerte y creadora que acepta el riesgo de la destrucción, la voluntad de poder; la realización de este ideal es el superhombre.

    La primera característica del superhombre es su libertad de espíritu. Debe librarse de las ataduras y poner todo su anhelo en poder volar libremente, sin temor, por encima de los hombres, de las costumbres, de las leyes y de las apreciaciones tradicionales. Su máxima fundamental es: llega a ser lo que eres; no ya en la concentración de una elección o de una idea única, sino en el sentido de la máxima diferenciación de los demás, del encerrarse en la propia excepcionalidad, de la búsqueda de una soledad inaccesible. La libertad interior propia del superhombre es una riqueza de posibilidades diversas, entre las cuales él no escoge, porque quiere dominarlas y poseerlas todas. De aquí nace la renuncia a la certeza, que es, en cambio, limitación y renuncia a las diversas posibilidades de error ; de aquí, también, la profundidad del superhombre, la imposibilidad de centrar su vida interior, de la que no se alcanza nunca nada más que la máscara.

    El superhombre es el filósofo del futuro. Los obreros de la historia, como Kant y Hegel, no son verdaderos filósofos; los verdaderos filósofos son dominadores y legisladores, preestablecen la meta del hombre, y para hacer esto utilizan los trabajos preparatorios de todos los obreros de la filosofía y de todos los dominadores del pasado.

    Capítulo IV

    Pensamiento Positivista:

    La muerte de Dios.

    “El Diablo me habló así cierto día: - también Dios tiene su infierno, su piedad por los hombres-. Útilmente le escuché estas palabras: - Dios ha muerto; ha sido su piedad por los hombres lo que lo ha matado-.”

    F. Nietzsche. Así Habló Zaratustra.

    - ¿Se ha entendido de verdad la famosa historia que está al comienzo de la Biblia, - acerca de la angustia infernal de Dios frente a la ciencia?... No se la ha entendido. Ese libro sacerdotal par excellence comienza, como es obvio, con la gran dificultad interna del sacerdote: éste tiene un único peligro grande, por consiguiente “Dios”, tiene un único peligro grande.-

    El viejo Dios, todo él “espíritu”, todo él sumo sacerdote, todo él perfección, se pasea por su jardín placenteramente: sólo que se aburre. Contra el aburrimiento luchan en vano incluso los dioses. ¿Qué hace? Inventa al hombre, - el hombre es algo entretenido... Pero he aquí que también el hombre se aburre. El apiadamiento de Dios por la única molestia que en sí tienen todos los paraísos no conoce límites: pronto creó también otros animales. Primer fallo de Dios: el hombre no encontró entretenidos a los animales, - los dominaba, no quería siquiera ser un “animal”. - Por consiguiente, Dios creó a la mujer. Y de hecho, ahora el aburrimiento se terminó - ¡pero también se terminaron otras cosas! La mujer fue el segundo fallo de Dios. - “La mujer es, por su esencia, serpiente, Eva”- esto lo sabe todo sacerdote; “de la mujer viene todo el infortunio al mundo” - esto lo sabe asimismo todo sacerdote. “Por consiguiente también la ciencia viene de ella”... Sólo a través de la mujer llegó el hombre a gustar del árbol del conocimiento. - ¿Qué había ocurrido? Al viejo Dios lo invadió una angustia infernal. El hombre mismo había sido su máximo fallo. Dios se había creado un rival, la ciencia hace iguales a Dios. - ¡se han terminado los sacerdotes y los dioses si el hombre se vuelve científico! - Moraleja: la ciencia es lo prohibido en sí, - ella es lo único prohibido. La ciencia es el primer pecado, el germen de todo pecado, el pecado original. La moral no es más que esto. - “No conocerás”: - el resto se sigue de ahí. - La angustia infernal de Dios no le impidió ser listo. ¿Cómo defenderse de la ciencia?, ése fue durante largo tiempo su principal problema. Respuesta: ¡fuera del Paraíso el hombre! La felicidad, la ociosidad inducen a tener pensamientos, - todos los pensamientos son pensamientos malos... El hombre no debe pensar. - Y el “sacerdote en sí” inventa la indigencia, la muerte, el peligro mortal del embarazo, toda especie de miseria, vejez, fatiga, sobre todo la enfermedad, - simples medios en la lucha con la ciencia! La indigencia no le permite al hombre pensar... Y, ¡pese a todo!, ¡algo espantoso! La obra del conocimiento se alza cual una torre, asaltando el cielo, trayendo el crepúsculo de los dioses, - ¡qué hacer! - El viejo Dios inventa la guerra, separa los pueblos, hace que los hombres se aniquilen mutuamente (los sacerdotes han tenido siempre necesidad de la guerra...). La guerra. ¡Entre todas las cosas una gran perturbadora de la paz de la ciencia! - ¡Increíble! Pese a las guerras, el conocimiento, la emancipación con respecto al sacerdote, aumenta. - Y al viejo Dios se le ocurre una última decisión: “el hombre se ha vuelto científico - no queda otro remedio, ¡hay que ahogarlo!”...

    Esto es un extracto del Anticristo, es una de las pocas veces que Nietzsche habla de Dios, refiriéndose a Dios en sí. Aquí Nietzsche pone de manifiesto su ateísmo, y si hubiera dicho tales cosas en la “Santa Inquisición”, hubiera sido quemado en la hoguera, acusada de herejía. Pero seguramente hubiera dicho, como sueño yo más de una vez: vosotros, los hombres me juzgáis por herejía contra Dios… pero seréis juzgados por Dios por herejía contra el hombre. Considero que su magnánimo y soberbio pensamiento hubiera usado a su dios para hacerle juicio moral a sus actos. Pero esto no es más que una ilusión.

    En su inmensa mayoría, Nietzsche no habla de Dios en referencia directa a él, sino que cuando habla de la muerte de Dios se refiere a la muerte de una etapa, de un pensamiento, de una filosofía, de una moral. Si esto se entiende por nihilismo, acepto que se le diga nihilista entonces.

    El Anticristo, a mi juicio su mejor libro, no habla de Dios, sino del manejo, del poder, de la coerción, de la mentira, de la historia, del cristianismo. Quizá sea un punto a considerar que es una falta de respeto hacia los creyentes, siento que no lo es, que es un punto de vista muy objetivo. Nietzsche era un estudioso de la Biblia… por eso aborrece a Pablo.

    Es algo llamativo la publicación de éste libro. Es una obra póstuma de este “nihilista”. Fue recopilada y publicada luego de su muerte, por su mejor amigo, que casualmente era un teólogo, con gran influencia en el Vaticano.

    La muerte de Dios es uno de los pasos más importantes en el camino hacia el Superhombre. Nietzsche afirma a través de sus obras, que el hombre debe desligarse plenamente de la idea de Dios y creer en sí mismo. Debe dejar de someter su falsa modestia a la idea de un dios. Debe dejar de lado esa “moral de los buenos y los justos”, teniendo por buenos y justos un tono extremadamente irónico.

    “Todos los dioses han muerto, que viva ahora el Superhombre”.

    F. Nietzsche. Así Habló Zaratustra.

    Dios y dioses: la muerte… de la naturaleza.

    “Hagamos a Dios a nuestra imagen, según nuestra propia semejanza”.

    P.A.X., “La divina burocracia”.

    Dios, el alma, el pecado, el castigo y el perdón divinos, la redención, todas son causas y efectos de esas causas, que solo existen imaginariamente. Dios, y las almas, como las conciben las religiones, son seres imaginarios. Son la consecuencia de la proyección de sentimientos y sensaciones, agradables y desagradables, en seres creados por la imaginación. Es la negación de lo real, no solo niega la naturaleza, sino que también niega la naturaleza humana. Son mentiras, subterfugios para evadirse de la realidad. Es una expresión del odio a lo natural.

    El dios cristiano es la divinidad de la décadence, para Nietzsche. Es el dios de los bueno y los justos, según llama el irónicamente el escritor del Anticristo a los fieles de Dios; considera a éste igual de decadente que la figura del Diablo.

    Este dios es para Nietzsche un nihilista de los verdaderos valores. Por ello dice “los valores están de cabeza”. Es una creencia cuyo peor “pecado” es la declinación de la voluntad de poder. Pero además es éste dios, el del cristianismo, quien niega las virtudes del hombre. Nietzsche lo llama “el dios de quienes son decadentes y débiles”.

    Pero Nietzsche n se olvida de decir quién es Dios, cuando aparece, cuando muta, dónde nace, cuando y por qué pasa de ser el dios del pueblo judío (Yaveh) a ser el dios de todos.

    El hombre no s ama a sí mismo ni a los otros hombres, por el hecho de serlo, sino que practica un afecto a un ser imaginario, todopoderoso, mediante la oración al que denomina DIOS. Pero no se olvida de remarcar que Dios (único - todopoderoso - de todos), es dios, un dios, Yaveh, el dios de un pueblo.

    Nietzsche se funda en la historia del cristianismo para hablar de Dios. Y es aquí cuando al hablar de Dios lo hace en realidad de ideales y deseos de las personas, y del nacimiento de una moral con valores que reprimen la esencia humana. Que desprecian y repudian el cuerpo y la sensualidad. El sentimiento hacia la piedad divina implica crueldad; es la crueldad misma para con uno y con los demás.

    Aquí hay que recalcar, que para Nietzsche, se asemeja a un pecado todo lo que niegue a la naturaleza. Lo toma como una suerte de pecado, no contra dioses, sino contra los hombres; es la negación misma del hombre. Dios, o sea los valores cristianos, son una declaración de guerra al espíritu, al orgullo, a la valentía, a la libertad, a los placeres, y obviamente… a la felicidad. Para el supuesto fundador de la base nazi, “la historia de Israel es la historia de la desnaturalización de los valores naturales”.

    En Dios se proyectan dos cosas, ambas son sentimientos reprimidos, de los creadores de esta idea y de sus creyentes. El cristianismo nace en una clase social baja, como un subterfugio a la realidad dispuesta por la clase dominante; el problema se crea cuando Dios pasa a ser adoptado por la clase alta, toda conducta no aprobada por los valores sacerdotales se convierte en pecado, sacrilegio, una herejía… es un supuesto freno a la evolución espiritual. Ha de notarse que Dios en este momento pasa a ser un instrumento de poder, ya no para los gobernantes del pueblo judío, sino para los romanos.

    El cristianismo es una deformación de la religión judía, sobre eso no cabe duda, pero Nietzsche agrega que Dios es la deformación de un Yaveh que tres veces ha cambiado de forma y valores, según las necesidades de los gobernantes judíos.

    A diferencia de los creyentes. Nietzsche, considera obsoleta y aberrante la idea de la vida después de la muerte. Consagra esa idea como una huída, un subterfugio de los que no tienen valor interior; por eso llama, en el Zaratustra, a quienes predican la vida eterna: “predicadores de la muerte”.

    Muy entrelazadas se encuentran las cuatro ideas fuertes de Nietzsche (voluntad de poder; eterno retorno; la muerte de dios; súper hombre). En el Zaratustra se entiende que una idea fundamental para la creación del Súper Hombre… debe creer en sí mismo, deben retornar los verdaderos valores, en otras palabras: Dios debe morir.

    Sin embargo considera, y lo dice en toda su obra, que “dios ha muerto”; en una sociedad en la que avanza la ciencia (la peor herejía) no se pueden sustentar los valores de la antinaturalaza.

    Nietzsche está en contra de la piedad del cristianismo, le parece impía, valga la paradoja, considera que fue justamente la piedad lo que ha matado a Dios.

    “¡En Dios ha sido divinizada la nada, santificada la voluntad de alcanzar la nada!…”

    F. Nietzsche. El Anticristo.

    Segunda parte

    Capítulo I.

    Un Freud nietzscheano.

    “En Nietzsche encuentro palabras para lo que está mudo en mí”.

    Sigmun Freud.

    La relación de Freud con Nietzsche fue tan intensa como velada, al punto que se lo pueda reconocer un interlocutor tan grande como mudo. Freud lo menciona en su correspondencia con Wilhelm Fliess el 1º de febrero de 1900: “Ahora me he procurado a Nietzsche, en quien espero encontrar las palabras para mucho de lo que permanece mudo en mí, pero no lo he abierto todavía”. Permanecería cerrado, a la manera de un resto capaz de irrumpir como formación extraña, al punto que en la misma carta puede leerse una caracterización que Freud hace de sí mismo, de neto corte nietzscheano: “Porque no soy ni un hombre de ciencia, ni un observador, ni un experimentador, ni un pensador. Soy nada más que un temperamento de conquistador, un aventurero, si lo quieres traducido, con la curiosidad, la osadía y la tenacidad de un tal”.Años más tarde confesaría: “Me rehusé el elevado goce de las obras de Nietzsche con esta motivación consciente: no quise que representación-expectativa de ninguna clase viniese a estorbarme en la elaboración de las impresiones psicoanalíticas. Por ello, debía estar dispuesto -y lo estoy, de buena gana- a resignar cualquier pretensión de prioridad en aquellos frecuentes casos en que la laboriosa investigación psicoanalítica no puede más que corroborar las intelecciones obtenidas por los filósofos intuitivamente”. El 1º de enero de 1896 le había escrito a Fliess: “Veo que tú, por el rodeo de tu ser médico, alcanzas tu primer ideal, comprender a los hombres como fisiólogo, como yo nutro en lo más secreto la esperanza de llegar por ese mismo camino a mi meta inicial, la filosofía. Pues eso quise originalmente, cuando aún no tenía en claro para qué estaba en el mundo”.Pero la filosofía, representante para el joven Freud de la libre especulación, resultaría francamente cercenada por la autoimposición de rigor metodológico -entiéndase científico-. Ernest Jones comenta que cierta vez le preguntó cuánta filosofía había leído, y la contestación fue: “Muy poca. De joven me sentía fuertemente atraído hacia la especulación, y refrené esa atracción despiadadamente”. Actitud que lo acompañaría toda la vida, tanto que poco antes de morir le confía a Marie Bonaparte: “Cierta repugnancia que me inspira mi tendencia subjetiva a dar rienda suelta a la imaginación me ha hecho siempre contenerme”.Evidentemente, no se trata sólo de la filosofía sino de la tendencia potente, pasional, ambiciosa pero por lo mismo refrenada, a dejarse llevar por la inventiva, por el vuelo de la metáfora. Del abundante material que contamos tomaré este fragmento de una carta a Martha, por aquel entonces su novia, del 2 de febrero de 1886: “A menudo me parecía que había heredado todo el arrojo y toda la pasión con que nuestros antepasados defendieron su Templo, y que estaría dispuesto a sacrificar alegremente mi vida por un gran momento en la historia. Y, al mismo tiempo, me sentía tan incapaz de expresar estas ardientes pasiones aún con una sola palabra o un poema... en todo momento me he dominado, y ésta es la fachada que la gente ve en mí”.Se podrá comprender que cuando Freud comienza Más allá del principio de placer proclamando que nada puede esperarse de los filósofos con relación a una teoría del placer, delata el rumbo no confesado de sus consideraciones. Placer y libre especulación son, precisamente, las dos cuestiones confluentes en su poderosa inhibición. No puede menos que sorprendernos, por esa razón, que en Más allá... encontremos párrafos como éste: “Lo que sigue es especulación, a menudo de largo vuelo, que cada cual estimará o desdeñará de acuerdo con su posición subjetiva”. Si advertimos que se ocupa del eterno retorno, según la denominación nietzscheana que Freud emplea sin poner comillas, porque “se había rehusado el elevado goce de la obra de Nietzsche”, quizá lo encontremos entre líneas como conflictivo inspirador. No el único, pues hay en esa obra un simposio de autores, pero sí uno de los más importantes y menos reconocidos. Cuando se habla de influencias textuales se suele buscar dentro de las obras, atendiendo poco a aquello que si está logrado es a la vez presentación, punto cúlmine, inicio y conclusión: el título. Más allá del principio de placer titula Freud, en tanto a la primera obra importante que publica tras la edición privada de un fragmento de Así habló Zaratustra, Nietzsche la llama Más allá del bien y del mal. Jenseits, “más allá”, fuerte vocablo alemán que podría sugerir una aspiración religiosa, es empleado por Freud para trascender la concepción adocenada del placer, así como Nietzsche lo hace con el modo de acomodarse al bien y al mal, polarización que a su vez, resuena en el par pulsional que Freud postula como de vida y de muerte. Mientras Freud intenta distanciarse de una concepción filosófica del mundo, Nietzsche postula lo de “filosofar con el martillo”, sin cansarse de atacar la lógica convencional. Freud destaca las “servidumbres del yo” que conducen a esta instancia a proceder con “insinceridad diplomática” en su intento de satisfacer las demandas del súper-yo, de la realidad, del ello, produciendo múltiples escisiones, en concordancia con la agudeza de Nietzsche, cuando al señalar la ilusión totalizante del yo acuña el concepto de ello, que Freud encontraría iluminador para su teoría. En su Más allá... escribe Nietzsche: “En lo que respecta a la superstición de los lógicos, no me cansaré de subrayar una y otra vez un hecho pequeño y exiguo, que esos supersticiosos confiesan a disgusto, a saber, que un pensamiento viene cuando `él' quiere, y no cuando `yo' quiero; de modo que es un falseamiento de la realidad efectiva decir: el sujeto `yo' es la condición del predicado `pienso'. Ello piensa: pero que ese `ello' sea precisamente aquel antiguo y famoso `yo', eso es, hablando de modo suave, nada más que una hipótesis, una aseveración, y, sobre todo, no es una `certeza inmediata'. En definitiva, decir `ello piensa' es ya decir demasiado: ya ese `ello' contiene una interpretación del proceso y no forma parte del mismo”.Luego de este saludo a una obra mayor, vayamos a la tercera parte de La voluntad de poderío para ceñirnos al par placer/poder. Nos permitirá poner de relieve la discordancia entre la aspiración narcisista y la interacción de la diferencia. “Aunque se necesiten las `unidades' para poder contar, no quiere esto decir que tales unidades `existan'. El concepto de unidad está derivado del concepto de nuestro `yo', que es nuestro más antiguo artículo de fe” escribe Nietzsche oponiendo a la ilusión totalizante la noción de cantidades dinámicas que viabilizan relaciones de tensión. Allí donde freudianamente ubicaríamos la pulsión, Nietzsche postula la voluntad de poderío: “Al eliminar estos ingredientes (que derivan de la cita anterior), nos quedamos sin cosas, y sólo con cantidades dinámicas, en una relación de tensión, hacia otras cantidades dinámicas, cuya esencia consiste en su relación con las demás cantidades, en su `obrar' sobre éstas. La voluntad de poderío no es un ser, no es un devenir, sino un pathos; es el hecho elemental, del cual resulta como consecuencia, un devenir, un obrar...”Así como deseo o pulsión no son entendibles, en la obra de Freud, en relación al plano de la conciencia, la voluntad -término que Nietzsche toma de Schopenhauer- tampoco permite esta remisión. Wille tiene su lugar, como el Trieb freudiano, en esa constitución elemental de la que deriva un devenir, el obrar de la diferencia, que desde la perspectiva psicoanalítica entendemos sexual. Del mismo modo debemos replantearnos la noción de poder, acostumbrados como estamos a denigrarlo haciéndolo equivaler a su caricatura autoritaria. ¿Cuál es la articulación placer/poder en lo que venimos planteando? Prosigamos con Nietzsche, quien lo expresa en pocas palabras: “Un placer no es otra cosa que un estímulo del sentimiento de poderío por parte de un obstáculo (estímulo aún más fuerte si es producido por obstáculos y resistencias rítmicas); de modo que aquel sentimiento se hincha, se pone tenso. En todo placer, por lo tanto, va comprendido un dolor. Si el placer es muy grande, los dolores serán muy largos y la tensión del arco enorme”. La ventaja de mentar el poder radica en su ubicación, en la virtualidad de un goce abierto por la diferencia; acicateado por el sentimiento de poderío, el placer no excluye dolor ni tensión. El obstáculo tiene su ritmo, pero en el placer del poderío no se distingue un ritmo del obstáculo de un ritmo propio del sujeto, porque en el poder activo desaparece el obstáculo y con él el objeto, por lo tanto también el sujeto incluido en el yo, disueltos en la embriaguez de una diferencia que se recrea a sí misma. Abundaré en citas: “La causa del placer no es la satisfacción de la voluntad sino el hecho de que la voluntad quiere avanzar y es siempre nuevamente dueña de lo que se encuentra a su paso. El sentimiento gozoso se encuentra precisamente en la insatisfacción de la voluntad, en el hecho de que la voluntad no vive satisfecha si no tiene enfrente un adversario y una resistencia. El `hombre feliz': ideal del rebaño”.Causa de placer equivale a principio de displacer/placer (según el modo en que Freud lo menta originalmente), no reducible a saciedad alguna. Que su nominación fuera luego difundida como tan sólo de placer, según figura en Más allá del principio de placer, induce la suposición unitaria del placer, a riesgo de facilitar el escamoteo, la perversión de la diferencia. Nietzsche produce un interesante deslizamiento: en vez que el sujeto sea un procurador de placer o un esquivador del displacer lo supone en busca de obstáculos, resistencias, lo que es decir deseo de ritmo, al estilo prometeico del ritmo que lo encadena y desafía al apoderamiento de la llama divina. “A este ritmo estoy fijamente encadenado” exclama Prometeo en la obra de Esquilo. Freud afirma algo similar cuando, a propósito del incitante enigma femenino, dice que la libido gusta de vencer obstáculos; de allí que postule su condición masculina.

    Por Carlos D. Pérez , Psicoanalista, escritor. Miembro del Club de Analistas Círculo Freudiano.

    Capítulo II.

    EL NIETZSCHE DE DELEUZE

    ¨Si tu ne saisis pas le petit point de démence de quelqu´un, tu ne peux pas l´aimer…¨.

    G. Deleuze

    De los filósofos que influyen en el pensamiento de Deleuze, de lejos el que mayor incide en él, Nietzsche. Creo que su influencia supera la de Bergson y Spinoza. Pero dicha influencia es difícil de caracterizar, decir que se trata de influencia es por de pronto caer posiblemente en una vaguedad.

    Podríamos decir que Nietzsche se hace Deleuze y Deleuze se hace Nietzsche. Dicho de otra manera, Deleuze se hace Deleuze haciendo suyo a Nietzsche, hace su Nietzsche para hacerse a sí mismo. No hay desde luego, una identificación, una imitación o una subyugación. Es tomando el lenguaje de Deleuze de la siguiente manera: Deleuze deviene Deleuze elaborando su Nietzsche y éste deviene en un Nietzsche deleuziano. Dirá Mengue Philippe: ¨Deleuze no deviene nietzscheano sin que Nietzsche no devenga deleuziano¨. Hay una transformación mutua, la lectura de Nietzsche por parte de Deleuze abre una línea de fuga: la filosofía deleuziana. Deleuze lee a Nietzsche para re-crearlo, no encontramos a Nietzsche sino un Nietzsche deleuziano. Deleuze ha propuesto una manera particular de leer a los filósofos: ¨La historia de la filosofía no debe decir lo que ya dijo un filósofo, sino aquello que está necesariamente sobrentendido en su filosofía, lo que no decía y que, sin embargo, está presente en lo que decía¨. (DELEUZE, 1995, Pp. 216) Deleuze desconfía de la historia de la filosofía, en la cual ve un verdadero ¨Edipo filosófico¨. Propone no leer a los filósofos, ni filológicamente, ni historiográficamente, ni hermeneúticamente, ni desconstructivamente, ni repetitivamente. Deleuze propone leer a los filósofos de manera nietzscheana: volverlo inactual, intempestivo, en lucha contra el tiempo del lector, en hacerlo un arma de lucha contra el presente. La lectura deleuziana de Nietzsche lo hace inactual, no la filosofía de Nietzsche, sino el Nietzsche de Deleuze. Deleuze señalará que la inactualidad de su Nietzsche es la invención de una filosofía de lo múltiple, una philosophie de la différence, de las diferencias. Nietzsche el pensador de lo múltiple, de lo plural. Nietzsche ha aportado a la filosofía de lo múltiple, una ruptura creadora con el pensamiento dialéctico que funciona gracias a lo negativo, proponiendo un pensamiento de la inmanencia y de las fuerzas creadoras. Deleuze polariza, acentúa, reorienta todo el sistema nietzscheano -porque para Deleuze en Nietzsche hay un riguroso sistema conceptual- sobre el eje de la afirmación y de la distinción entre fuerzas activas y reactivas. Podrían encontrarse los lectores del Nietzsche deleuziano ante una encrucijada: se ha planteado por la mayoría de los comentaristas que Nietzsche es el destructor de los valores occidentales, el que enseña y propone una filosofía a martillazos, el que destruye ídolos; que hay en él una filosofía de la negación de lo que hasta ahora de ha creído, cosa que es verdad; pero por el lado del análisis deleuziano nos habla de un Nietzsche de la afirmación, del pensamiento afirmativo; estamos ante la paradoja.

    La tesis deleuziana es que la obra de Nietzsche es una filosofía de la afirmación y una filosofía radicalmente antidialéctica. ¨El conjunto de la filosofía de Nietzsche aparece abstracta y poco comprensible si no se descubre en ella contra quien va dirigida. Y la pregunta, ¿contra quién? Induce a muchas respuestas Pero una de ellas, particularmente importante, es que el superhombre va dirigido contra la concepción dialéctica del hombre, y el cambio de valor contra la dialéctica de la apropiación o de la supresión de la alienación. El antihegelianismo atraviesa la obra de Nietzsche, como el hilo de la agresividad¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 17)

    Es antidialéctica, - Dice Deleuze: ¨… debemos tomar en serio el carácter resueltamente antidialéctico de la filosofía de Nietzsche¨.- la dialéctica se define por tres ideas, la contradicción, la tristeza y la positivitad de lo negativo. ¨En Nietzsche la relación esencial de una fuerza con otra no se concibe como un elemento negativo en la esencia. En su relación con la otra, la fuerza que se hace obedecer no niega la otra o lo que no es, afirma su propia diferencia y goza de esta diferencia¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 17) El Nietzsche deleuziano opone el elemento práctico de la diferencia: objeto de afirmación y de placer. Lo que quiere la voluntad es una voluntad de afirmar su diferencia. Frente al trabajo de lo negativo Nietzsche opone el placer y la alegría. La afirmación diferencial contra la negación dialéctica. No hay una oposición, no hay una contradicción dialéctica en el pensamiento afirmativo, lo que hay es que algo difiere de algo, filosofía de la diferencia.

    La filosofía de la diferencia es una filosofía pluralista y atea: ¨La filosofía de Nietzsche no se comprende mientras no se tenga en cuenta su esencial pluralismo. Y a decir verdad, el pluralismo (también llamado empirismo) y la propia filosofía son la misma cosa. El pluralismo es el modo de pensar propiamente filosófico, inventado por la filosofía: única garantía de la libertad en el espíritu concreto, único principio de un violento ateísmo. Los Dioses están muertos; pero se han muerto de risa al oír decir a un Dios que el era el único¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 11) Hegel ridiculizó el pluralismo como conciencia ingenua, Nietzsche nos muestra que no hay acontecimiento, ni fenómeno, ni palabra, ni pensamiento cuyo sentido no sea múltiple. Es en su oposición a la dialéctica que la filosofía de la afirmación se determina como necesariamente afirmativa y pluralista.

    La filosofía de la diferencia es pluralista porque es un pensamiento de las fuerzas y sus relaciones. ¨No hay ningún objeto (fenómeno) que no esté ya poseído, porque en sí mismo es, no una apariencia, sino la aparición de una fuerza. Cualquier fuerza se halla pues en una relación esencial con otra fuerza. El ser de la fuerza es el plural; sería completamente absurdo pensar la fuerza en singular¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 14) El concepto de fuerza es para Nietzsche el de una fuerza relacionada con otra fuerza, de esta forma la fuerza se llama voluntad. La voluntad (voluntad de poder [*]) es el elemento diferencial de la fuerza, la voluntad no se ejerce de forma misteriosa, sino que se ejerce sobre otra voluntad. La voluntad de poder es el elemento genealógico de la fuerza, es diferencial y genético a la vez, la voluntad de poder es la síntesis de las fuerzas. En este sentido el eterno retorno es la síntesis cuyo principio es la voluntad de poder. La voluntad de poder no puede ser atribuida, no podemos decir que la fuerza sea quien quiera, la voluntad de poder es quien quiere, -¨¿Quien entonces, quiere el poder? Absurda pregunta, si el ser en sí mismo es voluntad de poder…¨*- no puede ser relegada ni alienada en otro sujeto, ella es elemento del que se desprenden a un tiempo la diferencia de cantidad de las fuerzas en relación, y la cualidad que, en esta relación corresponde a cada fuerza.

    No hay cantidad de realidad, cualquier realidad ya es cantidad de fuerza, solo cantidad de fuerzas en relación de tensión unas con otras, lo que define a un cuerpo es esta relación entre fuerzas dominantes y fuerzas dominadas, un cuerpo es un campo de fuerzas, un medio disputado por una pluralidad de fuerzas. Dos fuerzas en la medida en que entran en relación constituyen un cuerpo, por eso el cuerpo es siempre fruto del azar, el azar que es la relación de la fuerza con la fuerza, es la esencia de la fuerza. Spinoza nos había llamado ya la atención sobre ello, cuando dice: pero no sabemos de qué es capaz un cuerpo, ni cuáles son sus fuerzas ni qué preparan.

    En el cuerpo las fuerzas dominantes se llaman activas, las fuerzas dominadas reactivas. Activo y reactivo son las cualidades originales, que expresan la relación de la fuerza con la fuerza. Tanto unas como otras son fuerzas, «ninguna fuerza renuncia a su propio poder… obedecer y mandar son las dos formas de un torneo», afirma Nietzsche. La fuerza activa es una fuerza plástica, capaz de transformarse, de inventar, de adquirir nuevas formas. Lo activo es tender al poder, es apropiarse, apoderarse, dominar, es apropiarse, apoderarse, dominar. Lo reactivo es una fuerza de conservación y regulación, de acoplamientos mecánicos y utilitarios.

    Todo es relación en las fuerzas, y no hay más que relaciones en las fuerzas, no hay fuerzas independientes y exteriores que entrarían en relaciones revestidas de su cualidad y de su cantidad. Al contrario, no es más que en estas relaciones que tal o cual fuerza se constituye con su grado de fuerza y su cualidad. No se debe concebir que la ¨relación¨ en las fuerzas sea un espacio neutro indiferenciado, reductible al azar del encuentro. La voluntad es requisito como el principio de la síntesis de las fuerzas cuando ellas son puestas en relación por el azar. Puestas dos fuerzas en relación por el azar, ellas por sí misma no constituyen la relación, no podrían constituir un cuerpo, las fuerzas permanecerían en estado de fuerzas virtuales, puras potencialidades en estado de crecimiento y dispersión. La fuerza es lo que puede la voluntad es lo que quiere en la fuerza, de ahí el término de Voluntad de poder. La voluntad de poder es lo que mantiene en relación las fuerzas, en esa relación ella produce y distribuye su diferencia de cantidad y su diferencia de cualidad. La voluntad de poder es el principio último de la filosofía nietzscheana. ¨La voluntad de poder es el elemento diferencial, el elemento genealógico que determina la relación de la fuerza con la fuerza y que produce la cualidad de la fuerza¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 90) La voluntad de poder determina por un lado, la relación de las fuerzas entre sí, desde el punto de vista de su producción; pero por otro lado, es determinada por las fuerzas en relación desde su propia manifestación. La voluntad de poder es a un tiempo cualificada y cualificante, determinada y determinante. Aquí podemos encontrar la relación de Nietzsche con Spinoza, para éste cualquier cantidad de fuerza corresponde un poder de ser afectada, un cuerpo posee más fuerza en tanto que pudiese ser afectado de muchas maneras, este poder medía y expresa el poder del cuerpo.

    Toda la historia humana es conducida por una voluntad de negar, de negar la vida, a ello Nietzsche lo llama nihilismo, el triunfo de las fuerzas reactivas. Lo que nos debe llamar la atención, es ¿cómo entender que las fuerzas reactivas más débiles y de menor fuerza (en cantidad) arrastren a las fuerzas activas, más fuertes? Las fuerzas reactivas no triunfan formando una fuerza más grande que las fuerzas activas, si ello fuera así devendrían en fuerzas activas, ellas no dejan de ser reactivas incluso en su victoria. Si ellas triunfan no es por debilidad de las fuerzas activas, ellas triunfan no por adición sino por sustracción, ellas descomponen, separan la fuerza activa de lo que ella puede, ellas sustraen de la fuerza activa una parte o casi todo su poder. El resentimiento, la mala conciencia y el ideal ascético son las tres figuras del triunfo de las fuerzas reactivas, y en cada caso, esta separación se basa en una ficción, en una mixtificación o falsificación. Las fuerzas reactivas no operan, ellas proyectan una ficción: remplazando los señores por los esclavos estos dejarían de serlo. Nietzsche a través de Deleuze señala: ¨Una de las expresiones más graves de la Voluntad de poder es: «hay que defender siempre a los fuertes contra los débiles». (DELEUZE, 1971, Pp. 85) No es a la manera de Sócrates: si los débiles prevalecen es porque forman una fuerza más fuerte que la del fuerte, es a la manera de Calicles: el esclavo no deja de ser esclavo porque triunfe; cuando los débiles triunfan no es formando una fuerza mayor, sino separando la fuerza de lo que ésta puede. Todo lo que separa una fuerza es reactivo, y toda fuerza que va hasta el final de su poder es activa.

    Pero es posible que haya otro devenir que el devenir reactivo, es posible una alteración en las relaciones entre negativo y reactivo -hay una afinidad entre la voluntad de negar y lo reactivo en sí mismo- que permita la aparición de una voluntad afirmativa, la posibilidad es el superhombre. El superhombre está fundado en otra composición de fuerzas, en una alteración, para que las fuerzas activas conduzcan a las reactivas. Si concebimos que hay una afinidad entre las fuerzas reactivas y la voluntad de negar, la posibilidad de aparición de una voluntad afirmativa abre el camino a la doctrina del superhombre, es decir la transmutación como devenir activo de las fuerzas, triunfo de la afirmación sobre la negación en la voluntad de poder. ¨En lugar de ¿quién es hombre? Esta otra pregunta. ¿Quién supera al hombre? «Los más preocupados se preguntan hoy: ¿Cómo conservar al hombre? Pero Zarathustra pregunta lo que es el único y el primero en preguntar: ¿cómo será superado el hombre? El superhombre me preocupa enormemente, él es para mí el Único, y no el hombre: no el prójimo, no el más miserable, no el más afligido, no el mejor». (DELEUZE, 1971, Pp. 229) Se trata de ¨superar¨ el hombre pero no de rebasarle dialécticamente, puesto que superar se opone a conservar, pero también a apropiar, reapropiar. El superhombre no es un hombre que se sobrepasa y consigue sobrepasarse. La diferencia entre el superhombre y el hombre superior es de naturaleza, se distancia por su origen como por su fin que alcanzan. El superhombre se define por una nueva manera de sentir, una nueva manera de pensar, una nueva manera de valorar de otras relaciones de fuerza bajo el despliegue de una voluntad afirmativa.

    Para ello Nietzsche lleva a cabo una crítica demoledora en su teoría del hombre superior, (NIETZSCHE, 1984, IV Parte 216-267) -éste es la imagen en la que el hombre reactivo se representa como superior, se deifica- a través de los personajes que componen dicho hombre superior: El adivino es adivino del gran cansancio, representante del nihilismo pasivo, profeta del último hombre. El mago es la mala conciencia, el monedero falso, el expiador del espíritu, el demonio de la melancolía, que extiende la piedad a punta de fabricar sufrimiento. El hombre más horrible representa el nihilismo reactivo, vuelve su resentimiento contra Dios, se coloca en el lugar del Dios que ha matado. Él es quien ha matado a Dios, porque no soportaba su piedad. Los dos reyes son las costumbres, la moralidad de las costumbres, los dos extremos de esta moralidad y de la cultura. El hombre de la sanguijuela representa el producto de la cultura como ciencia, desea apropiarse de la ciencia y la cultura. En esa búsqueda de la certeza, se da cuenta que la ciencia no es ni siquiera el conocimiento objetivo de la sanguijuela y de sus causas primeras, sino sólo un conocimiento del ¨cerebro¨ de la sanguijuela, sólo ella hace una incisión en la vida, sólo ella es conocimiento. El hombre de la sanguijuela quiere remplazar los valores divinos, la religión incluso la moral, por el conocimiento. El último papa representa el producto de la cultura como religión. Sirvió a Dios hasta el fin y sabe que Dios ha muerto, uno de sus ojos lo perdió en esta tarea, con el otro siguió la historia del dios judío y cristiano y vio la nada, todo el nihilismo negativo, y la sustitución de Dios por el hombre. No tiene señor, pero no es libre, vive de recuerdos. El mendigo voluntario renuncia al conocimiento y busca la felicidad en la tierra, que no se encuentra en el populacho sino en las vacas. Las vacas saben rumiar, y rumiar es el producto de la cultura como cultura. Ha recorrido toda la especie humana, desde los ricos hasta los pobres. Buscaba el reino de los cielos, la felicidad en la tierra como recompensa a la actividad humana, pero el reino de los cielos no se encuentra ni entre los pobres ni entre los ricos: el populacho por todas partes, ¡«populacho arriba, populacho abajo»! La sombra es la propia actividad genérica, la cultura y su movimiento. Intenta realizar el objetivo de la cultura que en todas partes ha fallado, pues ese objetivo es una sombra. Ese objetivo, el hombre superior, también ha fracasado. Es la sombra que acompaña a Zarathustra pero que le abandona en las horas más importantes la Transmutación, Mediodía y Medianoche. ¨Los dos reyes son los guardianes de la actividad genérica, el hombre de la sanguijuela es el producto de esta actividad como ciencia, el último Papa es el producto de esta actividad como religión, quiere saber cuál es el producto adecuado de esta actividad; la sombra es esta misma actividad en tanto que pierde su fin y busca su principio¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 233)

    La filosofía de Nietzsche, filosofía de la afirmación afirmativa, es pues una genealogía, introduce en la filosofía los conceptos de sentido y de valor. Genealogía quiere decir a la vez valor del origen y origen de los valores, afirma Deleuze. Esta filosofía del sentido y de los valores tiene que ser una crítica, una filosofía a martillazos. La filosofía crítica se mueve por un lado, en referir cualquier cosa, y cualquier origen de algo a los valores; por otro, referir estos valores a algo que sea como su origen, y que decida su valor. ¨Nietzsche crea el nuevo concepto de genealogía. El filósofo es una geneaólogo, no es un juez de tribunal a la manera de kant, ni un mecánico al modo utilitarista. El filósofo es Hesíodo. Al principio de la universalidad kantiana, así como al principio de la semejanza, grato a los utilitaristas, Nietzsche opone el sentimiento de diferencia o de distancia (elemento diferencial). «Es desde lo alto de este sentimiento de distancia que nos concedemos el derecho de crear valores o determinarlos: ¿qué importa su utilidad?»¨. (DELEUZE, 1971, Pp. 9)

    La filosofía de Nietzsche afirma el azar y la necesidad del azar, el devenir y el ser del devenir, lo múltiple y lo uno de lo múltiple. La afirmación es la única cualidad de la voluntad de poder, la acción como la única cualidad de la fuerza, y el devenir activo como creación de poder y querer. Nietzsche propone una nueva concepción del ser, la afirmación es ser. El ser no es el objeto ni carga de la afirmación. La afirmación tiene por objeto a sí misma, ella es el ser en tanto que es en sí misma su propio objeto. La afirmación como objeto de la afirmación es el ser. La filosofía de la afirmación afirmativa, es una afirmación del ser - El ser es una idea vacía, una abstracción, para Nietzsche- del ser entendido como vida. El objeto de la afirmación es la vida, puesto que es la vida la que se afirma. Afirmar es crear, es desplegar las fuerzas de la vida. Vivir es evaluar, determinar el valor afirmativo o negativo, activo o reactivo de un fenómeno.

    La filosofía de Nietzsche plantea tres funciones -para una ciencia activa con principios activos- y sus respectivos personajes filosóficos: una sintomatología, como una interpretación de los fenómenos a partir de las fuerzas que los producen, cuyo personaje es el filósofo médico. Una tipología, que interpreta las fuerzas desde el punto de vista de su cualidad, activas o reactivas, su personaje es el filósofo artista. Una genealogía, que evalúa o determina el rango de las fuerzas en la cualidad de la voluntad de poder de la cual derivan, su personaje es el filósofo legislador. El filósofo en tanto que filósofo, es sintomatologista, tipologista, genealogista. (DELEUZE, 1971, Pp. 108)

    Alberto Pinzón León.

    Capítulo III.

    La mujer en el post-estructuralismo.

    Cuando se aplica al concepto de la mujer, la perspectiva post-estructuralista incurre en lo que llamaré nominalismo: la idea de que la categoría de “la mujer” es una ficción, y de que el feminismo debe orientar sus esfuerzos a desmantelarla. “`La mujer' quizá no sea nada, la identidad determinable de una figura que se anuncia a distancia, a distancia de otra cosa... Quizá sea, como no-identidad, no-figura, simulacro, el abismo de la distancia, el distanciamiento de la distancia, el corte del espaciamiento, la distancia misma si además pudiera decirse, lo que es imposible, la distancia ella misma”.

    La crítica que el post-estructuralismo hace de la subjetividad resulta de interés para las feministas por dos motivos. En primer lugar, parece mantener viva la esperanza de conseguir una libertad mayor para las mujeres, de forma que se dé rienda suelta a una pluralidad de diferencias, que circulen libres, sin que exista, al contrario de lo que sucede en el patriarcado o en el feminismo cultural, ninguna identidad de género predeterminada que les ponga trabas. En segundo lugar, da un paso decisivo más allá del feminismo cultural y del feminismo liberal, al avanzar en la teorización de lo que éstos no abordan: la construcción de la subjetividad. En este sentido, podemos aprender mucho sobre el funcionamiento de los mecanismos opresivos del sexismo o sobre la construcción de categorías específicas de género al relacionarlos con el discurso social y al concebir el sujeto como un producto de la cultura. Naturalmente, este análisis nos resultará asimismo provechoso para comprender a las mujeres de derechas, los modos de reproducción de la ideología o los mecanismos que frenan el progreso en la sociedad. No obstante, la adhesión al nominalismo plantea serias dificultades al feminismo.

    La idea de que ningún texto puede determinarse no resulta productiva para las feministas. Como aval de su tesis de que no puede fijarse un significado último y determinado en los textos, Derrida nos proporciona en Espolones tres interpretaciones discordantes pero justificables todas ellas del modo en que se construye y se asigna una posición a la mujer en los textos de Nietzsche. En una de ellas, Derrida sostiene que podemos encontrar ideas que pueden considerarse feministas. Derrida pretende así demostrar que puede rebatirse incluso la interpretación aparentemente irrefutable por la que las obras de Nietzsche resuman misoginia con otra tesis igualmente convincente que postula lo contrario. De todos modos, ¿de qué les sirve a las feministas, a quienes les conviene más corroborar las acusaciones de misoginia que aceptar su “indeterminación”? No se trata de tildar al propio Derrida de anti-feminista, ni sugerir que no hay nada en su obra que pueda resultar de provecho para el feminismo. No obstante, la tesis de la indeterminación, de la forma en la que se esgrime en el caso de Nietzsche, recuerda demasiado el argumento anti-feminista que dice que nuestra interpretación del sexismo está basada en una perspectiva limitada y prejuiciada, y que lo que consideramos misógino en realidad ayuda, en lugar de perjudicar, a las mujeres.

    La lectura que las feministas han hecho del post-estructuralismo destapa formas sugerentes de profundizar en la construcción de la subjetividad masculina y femenina, y amonesta de los peligros de crear un feminismo que reproduzca los mecanismos del poder represivo. Sin embargo, circunscribe el feminismo a las tácticas negativas de la oposición y la desconstrucción, y mina el ataque contra el liberalismo clásico, puesto que desautoriza pensar en toda subjetividad específica y significativa desde el punto de vista epistemológico.

    Apéndice.

    Prólogo del Anticristo.

    Este libro pertenece a los menos. Tal vez no viva todavía ninguno de ellos. Serán sin duda, los que comprendan mi Zaratustra: ¿cómo me será lícito confundirme a mí mismo con aquellos a quiénes ya hoy se les hace caso? - Tan sólo el pasado mañana me pertenece. Algunos nacen de manera póstuma.

    Las condiciones en las que se me comprende, y luego se me comprende por necesidad, - yo las conozco muy exactamente. Hay que ser honesto hasta la dureza en cosas del espíritu incluso para soportar simplemente mi seriedad, mi pasión. Hay que estar entrenado en vivir sobre las montañas - en ver por debajo de sí la miserable charlatanería actual acerca de la política y del egoísmo de los pueblos. Hay que haberse vuelto indiferente, hay que no preguntar jamás si la verdad es útil, si se convierte en una fatalidad para alguien... Una predilección de la fuerza por problemas para los que hoy nadie tiene valor; el valor de lo prohibido; la predestinación al laberinto. Un experiencia hecha de siete soledades. Oídos nuevos para una música nueva. Ojos nuevos para lo más lejano. Una conciencia nueva para verdades que hasta ahora han permanecido mudas. Y la voluntad de economía de gran estilo: guardar junta la fuerza propia, el entusiasmo propio... El respeto a sí mismo; el amor a sí mismo; la libertad incondicional frente a sí mismo...

    ¡Pues bien! Sólo ésos son mis lectores, mis verdaderos lectores, mis lectores predestinados: ¿qué importa el resto? - El resto es simplemente la humanidad. - Hay que ser superior a la humanidad por fuerza, por altura de alma, - por desprecio...

    Friedrich Nietzsche. Publicación de Stella Accorinti.

    ¿Cuáles son las preguntas que queremos realizar en este momento histórico? ¿Cuáles son las acciones que deseamos emprender ante el panorama ético que se nos ofrece (y que ofrecemos)? ¿En qué “lugar” está el cruce entre las preguntas y la acción? Quizá toda pregunta sea ya una acción, y cada emisión de palabra sea ya actividad, y quizá toda acción lleve en sus hombros una pregunta. Y en este enhebrar “quizás” comienza la lucha de cada momento: el querer una voluntad fuerte, la decisión por una alegre salud (ésa tan esquiva, la que hay que conquistar minuto tras minuto), el apostar por una interpretación asumiendo la provisoriedad que el juego de las perspectivas ofrece, el reconocernos como una potencia débil en su seguridad y fuerte sólo en su disgregación. Un quererse hermanado con todo lo viviente, aceptándose con energía como un centro de fuerza entre otros, pero a la vez distinto, y sabiendo que cada voluntad de poderío es distinta, mirar, y ver, que cada centro de fuerzas concentra su poder en expandirse, un quererse distinto en cada instante, a la unidad, que lleva a la muerte, y que es la muerte misma (sólo en la muerte nuestro cuerpo propio deja de ser cambio constante, interpretación diversa por los demás y para los demás, desde los otros -cuerpos propios y hacia los otros; sólo en la unidad accedemos a la estatización de lo real, que es deviniente: la creencia en el concepto de unidad asesina el porvenir. Y es la adoración de los conceptos y el arrodillarse frente a las propias creaciones lo que equivale a la muerte o, en el más suave de los casos, a ser guardianes de tumbas, creyendo que se cuidan seres vivos, o, aún peor, la esencia misma de la vida, tarea macabra y ridícula a la que se dedican con ahínco todos aquellos a quienes Nietzsche incluye en el tipo del sacerdote -la casta sacerdotal incluye, claro está, al sacerdote mismo, como uno de los máximos guardianes del rebaño-). Y sin embargo... la unidad es necesaria, en cada instante, para poder sobrevivir, como individuos, al torbellino del río de la vida, para saber hacer turismo al borde del abismo, para ser un experimentador, un buceador, un genealogista, sin que nos gane ese poco de locura que, es cierto, está al acecho siempre en toda basura, para que no nos pregunten: “¿Cómo te has dejado/ llevar a un callejón sin salida,/ el mejor dotado de los conductores suicidas?” ¿Cómo podrá el hombre realizarse en la contradicción que es?

    Asumir que somos ser y no ser es ya una tarea permanente, reconocer, corno conocimiento provisorio de lo provisorio, que lo que por milenios hemos denominado “ser” es una interpretación del Wille zur Macht, es proyecto, un arrojarnos al más difícil de los trabajos: el no permanecer en lo adquirido, el sentirse incómodos, un no tener sombras bajo las cuales descansar. Y es desgarrarse en un devenir incaptable en palabras que representen algo más que el instante de una interpretación. Y este desgarramiento en el asumirse se da en medio de una lucha, en medio de un violento combate que conduce, en la voluntad de poderío fuerte, a la superación.

  • Moral de la distancia, moral de la nivelación

  • Existen, entre otras, dos posturas para observar el tema de la superación. La primera diría que no cualquiera puede lograr la superación, sino que hay algo así como un “innatismo” (se nace con las disposiciones necesarias para lograr la superación), llámese “raza superior” (adhiriendo así al concepto de “raza”, y postulando, a partir de esto, que alguna es superior a las demás, describiendo luego qué rasgos la conformarían), o “inclinaciones superiores” (que estallan en algunos individuos desde su nacimiento, actualizándose en algún momento). La otra postura plantearía que cualquiera puede superar la enfermedad de las cadenas, con la condición de querer esa salud, con la condición de sentirse incómodo en ese estado. En nuestra propuesta, adherimos a esta segunda posición. El planteo en este caso no es simple, como a primera vista puede parecer, ya que se reconoce para esta superación la intervención del azar. Somos azar, somos juego, desde que nacemos hasta que morimos: no podía ser de otro modo en una vida que se reconoce, desgarrada como constante cambio. La superación se da cuando se dice “sí” al azar mismo, a la vida tomada como juego, al devenir que no anuncia qué trae consigo para el próximo minuto. La aceptación en este caso no es una aceptación resignada, sino alegre, inocente. Es la aceptación del niño que juega, y que constituye su mundo (y se constituye) en el jugar.

    Si se realiza una interpretación de la voluntad de poderío que no siga a aquélla que la ve como mera voluntad de dominio[i], nos encontramos frente a lo siguiente: la voluntad de poder es una multiplicidad de puntos de poder en constante movimiento que se expresa en los instintos que cada ser humano posee (es): instinto de conocimiento[ii], instinto de conservación, y también, como uno entre otros, Trieb, (instinto, impulso) de dominio.

    La voluntad de poder puede ser fuerte (activa) o débil (pasiva). Al primer caso pertenece la voluntad de poder de la distancia, de la perspectiva, de la mirada de pájaro: es la voluntad de poder de los señores, que no actúan por reacción. La acción de la moral de la voluntad de poder fuerte vale por sí misma, pues no funciona como reactividad frente a la actividad ajena. La voluntad del señor es una voluntad de poder que, por encima de todas las cosas, se quiere a sí misma, en un proceso circular. El tipo de señor no debe ser confundido, en ningún caso, con una determinada clase social, o un estrato político: no es señor el que tiene más económicamente, o el que posee poder político, o el que está -por nacimiento, cultura u otra circunstancia- por encima de los demás. Es señor el que se enseñorea sobre la voluntad de poderío débil y, antes que sobre otra voluntad débil, sobre la suya propia: el amo de sí mismo, quien es dueño de sí, el despreciador de la voluntad de poder débil, decadente, el guerrero que combate sólo contra poderosos enemigos y cuyo único fin es su propia superación.

    Si bien todo lo viviente tiene voluntad de poder, sólo la voluntad de poder fuerte tiende a la superación, que es, en su base misma, autosuperación. Las infinitas posibilidades abiertas ante y por la voluntad de poderío fuerte confluyen, en cada instante, en su propia superación. La voluntad de poder fuerte desea el combate como medida de su eterno movimiento, pero su deseo busca un igual, o un superior[iii]. La voluntad de poder, en este sentido, no confronta con lo que considera más débil, ya sea porque era débil antes del combate, o porque llegó a serio durante el mismo, ya que la confrontación con el débil provoca debilidad, nunca aumento de fuerza.

    El esclavo, por su parte, adhiere a la moral del rebaño. Todos son iguales en el rebaño, no hay praxis de superación. El hombre del rebaño es el hombre afecto a la gregarización, a las leyes (democráticas, impuestas por la mayoría) de la lógica. El hombre del rebaño siente placer en la gregarización, es el hombre fuerte de voluntad débil.

    La filosofía practicada por el rebaño se caracteriza por: utilización de un lenguaje transparente, unívoco, divinización de meras convenciones y, consecuentemente, exilio de los que deciden apartarse, yéndose al desierto o a las alturas. Este apartamiento será para el rebaño la clara señal de que el tal es un loco (léase: utiliza lenguaje metafórico, pretende que una frase puede ser interpretada como un discurso -Goethe hace decir a Fausto: “En el principio era la acción”-, sin despreciar que sea parte de un discurso que la abarque, y respetando en esa frase ese discurso madre, pretende un nuevo lenguaje cada vez, vocea que el lenguaje debe ser desdivinizado. Fuera del calor del hogar, de los hermanos, de la familia, del rebaño.)

    El hombre del rebaño es el camello que sólo sabe decir “sí”, que carga alegre con pesados deberes, arrodillándose para recibirlos mejor. Es el sujeto-sustrato de la tradición occidental, el hombre que parpadea[iv], el de risa tonta y parloteo incesante, el que chasquea la lengua después de cada frase emitida en la plaza pública[v]. Es el hombre que no sabe vivir en soledad, el hombre que teme las alturas: he aquí el que cultiva la moral de los esclavos, he aquí el esclavo de la moral del Bien y del Mal. Este es el hombre desconocedor de la fisiología, de que hay un “bueno” y un “malo” para cada humano y para cada momento, el hombre que ama los fundamentos, el creyente en trasmundos (metafísicos, morales, religiosos, políticos). Es éste el hombre que se siente protegido en medio del rebaño: jamás pondrá en duda sus concepciones más allá de lo que los demás, explícita o implícitamente, se lo permiten, más allá de lo que su propio decadentismo consiente. Este hombre somos cada uno de nosotros en tanto no tomamos la decisión por una moral de la distancia, estos esclavos somos nosotros al creer que porque una vez tomamos la decisión ya estamos, de una vez y para siempre en esta moral, estos seres somos todos y cada uno si nos sentamos tranquilos después de morder la cabeza de la serpiente. No es posible reír constantemente, pero para acceder a la superación, es necesario, cada vez, reír como el pastor de Zaratustra[vi].

    La moral del señor no es una moral hedonista, porque el placer no es el móvil, sino que el móvil es la superación y, además, el aristócrata de la moral no busca el placer o el dolor, sólo los acepta como parte del devenir. El placer no es aquí la causa, sino el efecto: la voluntad de poder, al superarse, produce placer. La moral de la distancia se aparta del “todos somos iguales” que pregona el intento de estatizar la diversidad de voluntades de poder que los humanos somos. La interpretación sugiere aquí: “todos somos distintos, cada centro de poder se diferencia del resto”.

    2. Nihilismo, nihilismos

    Así como la posmodernidad fue engendrada y dada a luz por la modernidad, así como creció a su sombra[vii], así el nihilismo decadente y el nihilismo integral conviven desde hace dos siglos, en una convivencia que se da en cada uno de nosotros y en cada grupo social, religioso, político. Los descensos y ascensos de la voluntad de poder constituyen la vida en su decadencia y en su poderío ascendente.

    La decadencia es un momento ineludible de toda vida, el descenso necesario, ya que el superhombre es sólo un instante. No hay superhombre para siempre, ya que el proceso es circular, de lo contrario, estaríamos proponiendo un nuevo dogmatismo. Pero la propuesta de la superación no es universalista, sino que la redención, el decir sí, es de cada individuo. Por otra parte, la propuesta no es estatizante, sino dinámica. Después del acontecimiento de la muerte de Dios, ya no podemos hablar metafísicamente, y es en este sentido que la propuesta no es metafísica: es sólo para este mundo, el único mundo. No hay dogmatismo en esta propuesta, ya que no interpretamos la superación como estatización, sino como el mostrarse de la voluntad de poder, que es disgregación y constante lucha.

    La época y el hombre del nihilismo decadente se caracterizan por su búsqueda incesante de fundamentos, de utopías trasmundanas, de igualitarismos imposibles (y, entiéndase bien, estamos esbozando la teoría de las diferencias, no la acción de las diferencias, ya que en la praxis se pueden ficcionalizar políticas basadas en lazos de voluntad de poder que no se reifiquen y que, permitiendo el cambio constante de acuerdo con la voluntad de poder, lleguen a la gran política, deudora, claro está, del aristocratismo radical de la moral[viii] ).

    La voluntad de poderío fuerte destruye la decadencia, en un verdadero combate, en lo que Nietzsche denominó “nihilismo integral”. Este combate se da en cada uno, incesantemente, y la victoria se logra cada vez para volver a empezar. Ya no hay arkhaí y el superhombre, el hombre más débil, el hombre diferente al hombre moderno (fuerte, gregarizado, que posee un lenguaje transparente) ha optado por el nihilismo futuro y por el lenguaje del filósofo artista.

    Grandes mentiras son necesarias para sobrevivir (¿quién resiste el caos sin organizarlo inmediatamente, como una necesidad que impone la vida misma?). conceptos provisorios que nos ayuden a sobrevivir ante la vista del abismo.[ix] La genealogía nos ha descubierto que no hay Ursprung, sino múltiples Herrschaftsgebilde,[x] Las invenciones humanas, demasiado humanas, están en el comienzo de todas las cosas[xi]. (Y en el comienzo era la mentira, por eso los poetas, esos eternos dadores de luz, siempre mienten).

    3. El combate encarnizado: la creación de un nuevo lenguaje

    ¿Cómo responderemos al desafío de la música futura de un nihilismo ya presente?[xii] Si no hay hechos, sino sólo interpretaciones,[xiii] nuestras armas deberán ser, ante todo, lingüísticas. Y las armas están listas para quien ha tomado la decisión de morder la cabeza de la serpiente negra que ahoga, que sofoca la palabra, que no deja vivir. Pero, ¿cómo tomar las armas adecuadas? Un lenguaje representacionista, un lenguaje que pretende describir la realidad tal cual “es”, un lenguaje que se pretende transparente, ¿es éste el lenguaje que necesita el filósofo artista para destruir las sombras de Dios, la religión secularizada en liberalismos y socialismos, que, por igual, han despreciado la vida en nombre de sus dioses-ideales?[xiv]

    La respuesta es negativa, y esta negación implica una afirmación: tenemos la posibilidad, plenamente abierta, de un nuevo lenguaje. Nietzsche nos los mostró en Así habló Zaratustra: un lenguaje metafórico, encarnizado, encarnado en el cuerpo del filósofo, cuerpo que es el anclaje de la voluntad de poderío, cuerpo cuyo centro está en la tierra.

    La metáfora es música, es desestructuración de sentidos y es, sobre todo, un acceder, a través de la redescripción, a una nueva referencia, ya que lo que la referencia literal es al sentido literal lo es la referencia metafórica al sentido metafórico[xv]. Un no compromiso momentáneo con el mundo de la percepción nos permite jugar con nuevas posibilidades. La condición negativa de la suspensión de la referencia que es inherente al lenguaje descriptivo permite que aparezca un poder más radical de referencia a aspectos de nuestro ser en el mundo que no pueden ser dichos de modo directo.

    La razón poética (poiética) se presenta así como una dimensión del lenguaje, como una capacidad para dejar aparecer. Por eso dirá Ricoeur que nuestras imágenes no son sombras de la percepción: la semejanza de la metáfora es instaurada antes que percibida, ya que vemos la imagen en cuanto entendemos las nuevas configuraciones de sentido dadas por la tensión que se produce entre el “es” y el “no es” que, alejados en el espacio lógico, son puestos repentinamente en contacto. En tal sentido, la metáfora es un acontecimiento que sucede en la escucha y en la lectura y que se pierde en el lenguaje ordinario, donde la metáfora viva se convierte en metáfora muerta (deja de percibirse la torsión verbal, el error calculado, la predicación extravagante y, sobre todo, la nueva pertinencia predicativa que emerge sobre la predicación impertinente que se da sobre las ruinas del sentido literal)[xvi].

    Este nuevo lenguaje nos hablará del mundo imaginando (reestructurando) nuevos campos semánticos. Se levanta la fuerza heurística de la ficción, su capacidad de abrir nuevas dimensiones de la realidad, nuevas perspectivas puestas en juego, nuevas interpretaciones: una metáfora continuada. Y así descubrirnos (inventamos) el mundo como fábula, como un mito, como una poesía, como un gran poder de resignificar, permanentemente. Y para esta tarea es necesario querer asumir la iniciativa (en términos de Ricoeur)[xvii], el combate (en terminología nietzscheana)[xviii]. Si no hay posibilidades petrificadas ni “irrealizabilidades” (utopías trasmundanas) puede haber presente histórico, un presente que consiste en la iniciativa de una posibilidad futura realizable, que se inspira en las posibilidades disponibles del pasado, porque no están petrificadas, ya que si sólo hay posibilidades petrificadas y utopías -con el sentido señalado- no hay historia,[xix] que es el suelo presupuesto de todo quehacer ético.

    En el dejar aparecer de la metáfora viva conviven el ser y el no ser, a la vez, y esta contradicción no es anulante, sino operante, en una realización vivificante-vivificada, una actuación en que las potencias se despliegan para Interpretar las fuerzas siempre en movimiento del Wille zur Macht.

    4. El combate lingüístico: un cuerpo metafórico

    Hemos intentado a lo largo de estas páginas una interpretación acerca de la relación entre la moral del nihilismo y la perspectiva que nos ofrece la propuesta de un combate contra ella, combate que proponemos como lingüístico. Dado que partimos del supuesto de que nada hay fuera del lenguaje, la mirada adoptada acepta que:

    a) no hay hechos, sólo interpretaciones

    b) asumimos la voluntad de poder como criterio de la interpretación

    c) la voluntad de poder misma es una interpretación

    d) no hay nada fuera del lenguaje (porque sólo hay interpretaciones, no hechos)

    e) no existe un lenguaje normativo (después del acontecimiento de la muerte de Dios, las arkhaí son inútiles, en tanto atentan contra la vida, sometiendo el devenir a la estatización y al empobrecimiento, y enfermando el acto lingüístico creativo)

    f) 1a la moral es, por lo expuesto, también una interpretación

    g) el nihilismo es la interpretación que la voluntad de poder débil hace del mundo. Asumir esa interpretación y destruirla es tarea de la voluntad de poder fuerte

    h) el combate contra el nihilismo sólo puede ser lingüístico, pero el lenguaje a utilizar no podrá ser el lenguaje descriptivo y representacionista de las ciencias. Sostenemos que el lenguaje representacionista,- que descansa sobre el supuesto de que el mundo (como un hecho) y el yo (como un sustrato) son entes separados, y que el lenguaje es un medio entre ambos, es un obstáculo para el acto verdaderamente creador. Darse una “tabla de nuevos valores” (siempre provisorios) no puede ser tarea del lenguaje del nihilismo. La destrucción del nihilismo (una interpretación que sostiene que existen fundamentos) no puede darse por medio de un lenguaje que sostiene que es base (fundamento) para toda traducción. Y no es inútil agregar que un lenguaje representacionista no permite ninguna lucha, ninguna desestructuración, ninguna creación. Sólo admite la copia. Y el combate creativo contra la decadencia nihilista sólo se puede dar si aceptamos la interpretación de que los seres humanos somos lucha constante de diversos impulsos, no un hecho consumado, no un yo inmutable: somos vida, disgregación, cambio. Y esta perspectiva nos permite asumir que somos lenguaje metafórico vivo, un lenguaje que admite interpretaciones, que crea constantemente, que propone sin cesar nuevos caminos, nuevas miradas. La metáfora que somos es lucha de sentidos en pugna interminable, el mundo es interpretación sin fin.

    Proponernos, entonces, el combate contra el nihilismo como combate lingüístico, asumiendo el lenguaje de la metáfora viva e ininterrumpida, que permita asumir la fortaleza de entender que ya no tenemos fundamentos sobre los cuales apoyarnos y descansar, no hay Dios ni sombras de Dios bajo las cuales descansar (ni Dios, ni lenguaje unívoco, ni supuestos inamovibles, ni verdad -sólo ficciones necesarias para la vida-, ni universalismos), sólo formaciones que la voluntad de poder expresa en las metáforas que surgen de cada fisiología. Y entender que sólo podemos entender en sentido perspectivista y metafórico y que sólo podemos proponer interpretaciones, y que los mismos argumentos con los que intentemos “refutar” una interpretación son, a su vez, interpretaciones.

    Stella Accorinti

    LEY CONTRA EL CRISTIANISMO

    Dada en el día de la salvación, en el día primero del año uno (-el 30 de septiembre de 1888 de la falsa cronología)

    Guerra A Muerte Contra El Vicio: El Vicio Es El Cristianismo

    ARTÍCULO PRIMERO: Viciosa es toda especie de contranaturaleza. La especie más viciosa de hombre es el sacerdote: el enseña la contranaturaleza. Contra el sacerdote no se tienen razones se tiene presidio.

    ARTÍCULO SEGUNDO: Toda participación en un servicio divino es un atentado contra la moralidad pública. Se será mAs duro contra los protestantes que contra los católicos, mAs duro contra los protestantes liberales que contra los protestantes ortodoxos. Lo que hay de criminal en el ser-cristiano crece en la medida en que uno se aproxima a la ciencia. El criminal de los criminales es, por consiguiente, el filósofo.

    ARTÍCULO TERCERO: El lugar maldito en que el cristianismo ha encovado sus huevos de basilisco será arrasado, y, como lugar infame de la tierra, constituirá el terror de toda la posteridad. En El se criarán serpientes venenosas.

    ARTÍCULO CUARTO: La predicación de la castidad es una incitación pública a la contranaturaleza. Todo desprecio de la vida sexual, toda impurificación de la misma con el concepto de “impuro” es el autentico pecado contra el espíritu santo de la vida.

    ARTÍCULO QUINTO: Comer en la misma mesa con un sacerdote le hace quedar a uno expulsado: con ello uno se excomulga a sí mismo de la sociedad honesta. El sacerdote es nuestro chandala, - se le proscribirá, se lo hará morir de hambre, se lo echará a toda especie de desierto.

    ARTÍCULO SEXTO: A la historia “sagrada” se la llamará con el nombre que merece, historia maldita; las palabras “Dios”, “redentor”, “santo”, se las empleará como insultos como divisas para los criminales.

    ARTÍCULO SÉPTIMO: El resto se sigue de aquí.

    El Anticristo.

    Friedrich Nietzsche.

    Conclusión.

    No es fácil hacer una conclusión sobre Nietzsche. El trabajo trató de ser lo más claro y explicativo posible; a la vez intentó ser poco extenso y no muy reiterativo. Y si hay tarea difícil, por no decir imposible, es no redundar hablando de este escritor.

    Queda claro que fueron cuatro las ideas que marcaron su pensamiento, ergo sus obras: la voluntad de poder -el poder diferencial-, el eterno retorno -el eternal retorno de lo mismo-, la muerte de Dios, y como síntesis de todo eso y la superación de las debilidades humanas… EL SUPERHOMBRE.

    Nietzsche no concebía la vida humana sin voluntad de poder. Para él, la vida misma es voluntad de poder; además concibe la existencia -cultural creo yo- sujeta a un eterno retorno, pero un retorno selectivo, no vuelve todo, sino que se “recicla” lo bueno, lo ventajoso (sin embargo, en su Zaratustra afirma que el hombre pequeño siempre retorna). Como una necesidad para la superación del hombre, como consecuencia de la voluntad de poder y el eterno retorno, Nietzsche, habla de la muerte de Dios.

    Pero hay que tener mucho cuidado al analizar la muerte de Dios; nada de lo que dice Nietzsche es tan simple como parece. En dos obras fundamentales se entiende que no se habla de Dios en sí, sino del cristianismo y su cultura, la moral. Cuando dice que Dios debe morir no refiere a Dios sino al andamiaje filosófico que se basa en el ideal del dios cristiano. Utiliza muchas veces el término “el viejo Dios”, pero no se refiere a Yaveh, ni a su mutación cristiana, sino a la vieja creencia y al viejo instrumento de poder.

    El Superhombre es la base de Así habló Zaratustra. El hombre es algo primitivo, debe ser superado.

    Pero considero que: 1º) No se puede analizar a Nietzsche por sus obras únicamente.

    2º) Hay que tener en cuenta cómo se compuso su familia.

    3º) Para comprender su repulsión a la mujer, además de su composición familiar, hay que tomar en cuenta la época.

    4º) Y hacia el final de sus días, no es una causa menor el affaire con una abyecta, en el que contrajo sífilis, lo que agravó fuertemente su estado de locura. Recordemos que murió en un manicomio.

    Considero que Nietzsche tenía una suerte de doble personalidad. Dos sentimientos antagónicos convivían en su mente, como si tuviera dos yo que se enfrentaban; atribuyo a eso su forma de decir las cosas, su utilización de medios tan duros y fríos - que para muchos pueden parecer impíos-, para fines tan nobles.

    Nietzsche es condenado por nihilista, acepto la calificación, pero no la carga emotiva que se suele poner en el término; apoyo la tesis del nihilismo nietzscheano, siempre que ser nihilista sea tomado como algo positivo.

    Por ello concluyo que Friederich Wilhelm Nietzsche fue en verdad un visionario, un adelantado a su época. Ver a este autor es ver en algunos casos e post-modernismo, y en otros ver la descripción lamentable de esta cultura. El sólo describía las bases de esta sociedad que hoy existe… claro desde su dolor por la sumisión de los germanos a la cultura cristiana.

    Creo que es verdad que Nietzsche era un loco, era un demente… claro siempre desde la idea social de la locura… el loco es la persona que no se adapta a la sociedad, quien actúa diferente a la masa. Leyéndolo textualmente no solo es un loco sino también un impío, y peligroso, que si tuviera el poder no mataría a todos. Si lo leemos sin prejucios, como lo leí yo, no nos parece ni tan impío ni tan loco; todo lo contrario, creo que Nietzsche no solo era un visionario, sino un niño dolido, un utópico resentido… pero el resentimiento entendido como algo positivo. A este alemán le dolía sobremanera… mucho más que al resto de la sociedad, de los que decían sentir dolor ver que el hombre era sometido a ideas abstractas, que no pensara por sí mismo, que viviera solo estando entre tanta gente, que Dios se llevara créditos de grandes hombres… y que a gente viviera en constantes subterfugios para no afrontar la verdad… pero el también tuvo su subterfugio, se llamó Zaratustra, y en cada palabra de ese maravilloso libro (aunque considero que otros suyos son mejores) se denota la alegría y la tristeza con la que escribía, y la emoción de proyectarse en ese sabio-ermitaño.

    Respecto a su “odio” por las mujeres, es algo digno de entender por dos razones, una por la sociedad y la época en la que vivía, pese a luchar contra su sociedad también fue influenciado. Y la otra, nunca hay que olvidarse que tras la muerte de su padre, convivió con la madre, la hermana, tres tías, y la abuela. Fue criado entre mujeres… es una consecuencia psicológica considero yo.

    Pero por último creo que no hay nada que le quite los méritos, por lo menos desde mis gustos, para decir que fue un excelente escritor y un gran pensador.

    P.A.X.Bibliografía.

    “Así Habló Zaratustra”.

    Friedrich Nietzsche.

    Círculo de Lectores S.A.C.I.

    EDAF. 3ª ed. 1970.

    Columna nº 10 - Cuál Es.

    Alejandro Rosichner.

    Año 2004.

    “Conversaciones” 1872 - 1990.

    Deleuze, G.

    Pre-Textos.

    Valencia 1995.

    “Ecce Homo”.

    Riederich Nietzsche.

    Longseller S.A.

    2ª ed. 2004.

    “El Anticristo”.

    Friederich Nietzsche.

    Gradifco

    Ed. 2004.

    “E Nietzsche de Deleuze”.

    Alberto Pinzón león.

    Anagrama.

    Barceona 1985.

    “Friederich Nietzsche, Ideas Fuertes”.

    Susana Aguiar.

    Loingseller S.A.

    Ed. 2003.

    “Humano, Demasiado Humano”.

    Fiederich Nietzche.

    Bureau Editor.

    Ed. 2003.

    “La Divina Burocracia”

    P.A.X.

    2005, sin editar.

    Páginas de internet.

    www.nietzscheana.com.ar

    www.usuarioslycos.es/postetructuralismo.html

    www.creatividadfeminista.org

    www.henciclopedia.org.uy

    www.elortiba.org/quezada.html

    www.poiesologia.com/cuenta.

    Índice.

    Pólogo………………………………….. ………pag. 3

    Introducción

    Nietzsche………………………...…. pag. 5

    Post-estructuralismo.………….….. pag. 6

    Desarrollo

    Primera parte:

    Cap.I Post-estructuralista y nihilista.

    Realista y visionario………... pag. 10

    Cap II Voluntad de Poder…………….. pag. 11

    Cap III El Eterno Retorno……………. pag. 14

    Cap IV Pensamiento positivista. La

    muerte de Dios…………………... pag. 16

    Segunda parte:

    Cap I Fred Nietzscheano………….... pag. 20

    Cap II El Nietzsche de Deleuze………. pag. 23

    Cap III Mujer en el post-estruct...…… pag. 27

    Apéndice

    Prólogo del Anticristo.……………… pag. 29

    Publicación de Estela Accorinti…… pag. 30

    Ley Contra el Cristianismo……........ pag. 35

    Conclusión…………………………………… pag. 37

    Bibliografía…………………………………... pag. 38

    Índice…………………………………………. pag. 39

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