Posibilidad de la Ética tras la era digital

Ética de máximos y mínimos. Mínimo común moral. Paradigma profesional enfermero

  • Enviado por: Alberto Rio
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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“Posibilidad de la ética tras la era digital”

“LA REVOLUCIÓN EN LA ÉTICA”

Bilbeny, N., Anagrama, Barcelona, 1997

MÍNIMO COMÚN MORAL

RESUMEN

El autor plantea una ética del mínimo común moral como una alternativa a una “ética de máximos o de mínimos”, basada en pautas comunicables y al mismo tiempo compatibles con todas aquellas que no están en abierta contradicción con ellas. Esta alternativa es planteada y defendida a través de una perspectiva generativista, donde las normas y principios provienen de una genealogía cultural que precede al sujeto de la ética, y lo que importa es el orden de realidades que sirve de fundamento al mínimo común moral; o desde una perspectiva constructivista, en el que las pautas de conducta resultan de una reconstrucción racional de lo que el sujeto tiene a su alcance, donde se opera desde la universalidad. En ambos casos como cualquier norma de conducta tiene que obedecer los requisitos de racionalidad y universalidad para así estar en armonía con toda aquella norma que no se contradiga abiertamente con ella.

El orden de procedimientos que sirve de base para una ética del mínimo común moral se basa en tres principios que involucran elementos relativos a la imaginación y los sentidos, sin los cuales una ética no tiene demasiado sentido ni es capaz de ser puesta en práctica.

Pensar por uno mismo

Es fundamental para una ética del mínimo común moral, y supone el hecho de pensar por uno mismo cualquier clase de bien que se este dispuesto a elegir, lo cual no es una forma de actuar gratuita ni contraproducente, sino más bien parece hecha a la medida de nuestra especie por poseer inteligencia, instintos y capacidad de dar forma a esa inteligencia e intentar una autonomía moral.

Imaginarse en el lugar del otro a la hora de pensar

El principio de reciprocidad del pensamiento es tan necesario como el de autonomía para una ética del mínimo común moral. Al cooperar con el prójimo y sortear la abierta contradicción con él, aprendemos a ser autónomos y a evitar la contradicción en la forma personal de pensar.

El esfuerzo de “ponerse en el lugar del otro” nos requiere un cierto principio interno y externo del yo, lo que conlleva una alta dosis de empatía con base cognitiva, por ello la reciprocidad es un principio de los más asentados en el comportamiento social.

Pensar de forma consecuente con uno mismo

Es el principio de reflexividad, que recuerda la importancia de que tras pensar por uno mismo, teniendo en cuenta al otro, hay que pensar teniéndose en cuenta a sí mismo y asumiendo las consecuencias morales del modo de pensar reflexivo. Podemos destacar dos consecuencias morales: una la disposición de obrar de forma consecuente con uno mismo tratando de evitar así la contradicción ética que es contradecirse en la propia voluntad; y otra el sentimiento negativo que generalmente acompaña al percibir la propia voluntad dividida y encontrarse en contradicción con uno mismo, esta contradicción es la conciencia de haber actuado mal y actúa como prevención o autocorrección de malas actuaciones.

La ética cognitiva del mínimo común moral conlleva valores y creencias de signo moral que la libran del reproche de no ser suficientemente densa o estimulante. En el principio de la reflexividad se consigna el valor de la responsabilidad; desde el principio de reciprocidad, se asume el valor de respeto a la existencia del prójimo y a su personalidad moral; y desde el principio de autonomía se sienta la base de una ética del mínimo común moral al tomar en serio a la persona y adjudicarle un valor de dignidad por el hecho de asumir ella sus facultades de entendimiento.

RELACIÓN CON EL PARADIGMA PROFESIONAL ENFERMERO

Dentro del enfoque global de enfermería, los conceptos de persona, salud, entorno y cuidado se contemplan de una manera genérica. Desde esta perspectiva, la persona puede entenderse no solo como un ser humano individual, sino también como la familia, la comunidad, la sociedad, y como cualquier entidad contemplada como receptora de los cuidados de enfermería. El entorno puede entenderse como todo lo que rodea al hombre, ya sea animado o inanimado. La salud puede incluir el bienestar y/o la enfermedad. Y los cuidados de enfermería pueden extenderse a la totalidad de las actividades de los miembros de la disciplina.

Gran importancia tiene para el profesional de enfermería conocerse bien e identificar correctamente sus percepciones personales concernientes al cliente, lo que hace que se instaure una relación de ayuda apoyada en un conjunto bastante complejo de principios y actitudes con la resolución firme y profunda de prestar ayuda a su cliente a través de actitudes facilitadoras y elaboradoras como la consideración positiva, el respeto, la empatía, la autenticidad, la congruencia, la confrontación, la especificidad, la precisión y el compartir algo de uno mismo.

Esta relación de ayuda es compleja y requiere exigencias al profesional de enfermería. En primer lugar supone una maduración poco común, que lleva al profesional a olvidar por un momento su subjetividad volcándose hacia el otro y aceptándolo sea cual sea su estado de miseria física o psicológica, implicándose profundamente en una relación con el cliente sin perder por ello su propio dinamismo y su personalidad. Esta relación exige un buen autoconocimiento, una identificación de sus valores, de sus reacciones ante ciertas situaciones y del sentido que intenta dar a su vida. Y en segundo lugar se necesita sobre todo capacidad de implicarse en una relación significativa y profunda con el cliente.

Esta relación de ayuda bien puede estar enmarcada por una ética del mínimo común moral bajo los principios de autonomía, reciprocidad y reflexividad, lo que nos llevará a pensar por uno mismo, imaginarse en el lugar del otro a la hora de pensar, y pensar de forma consecuente con uno mismo, que son los tres principios de mínimo común moral expuestos por el autor.

En ocasiones la enfermera puede cuestionarse que tipo de valores y sentimientos puede poner en juego su relación con el cliente y si esta dispuesta a aceptarlos, por ejemplo, si se trata de un enfermo en fase terminal, ¿cuáles son sus propios sentimientos respecto a la muerte?. Si se trata de un homosexual, ¿cuáles son sus valores personales respecto a esta realidad?. Si se trata de un esquizofrénico, ¿cómo considera y acepta esta clase de cliente?.

VALORACIÓN PERSONAL

Estoy totalmente de acuerdo con la definición y exposición del autor en lo referente a que “Una ética para nuestro tiempo debe asumir los cambios y estar dispuesta al cambio, adoptar un punto de vista cognitivo es lo más consecuente, pues todo lo que no consiguen los hábitos y creencias por sí mismos, puede ser suplido por el desarrollo cognitivo del individuo. Pero también la ética debe de contar con el apoyo de la sensibilidad y el rescate, en especial, de los sentidos del tacto y la mirada, que hacen de la ética una tarea entre seres vivos y presentes, más que un cálculo estratégico”.

Por otra parte coincido con su visión de los principios éticos de una sociedad pluralista cuando dice que “Un sustrato ético común para una sociedad pluralista sólo es viable a través de principios ponderables que permitan, a diferencia de los principios cerrados, la compatibilidad de lo que para todos debe ser entendido y aceptado como bueno o correcto y lo que para cada uno sea su propia idea y realización de lo bueno”.

BIBLIOGRAFÍA

KEROUAC, S. El pensamiento enfermero. Masson. 1996

RIOPELLE, L. Cuidados de enfermería. Interamericana Mcgraw-Hill. 1987

ANTON, P. Ética y legislación en enfermería. Masson, 1.997

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