Posesiones satánicas y brujería

Rituales. Satanismo. Salem. Brujos. Mandrágora: propiedades. Sangrientas Misas Negras. Satanás. Sacrificio. Religión

  • Enviado por: Cacho
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POSESIÓNES SATÁNICAS Y BRUJERÍA

Hay varios casos de supuesta posesión satánica. Se podría demostrar esto con lo sucedido en Aix-en-Provence, población cercana a Marsella a una monja de nombre Magdalena y a las supuestas brujas de un pueblo de Nueva Inglaterra llamado Salem.

Estas últimas como ya se había dicho anteriormente, vivieron en Salem, a fines del siglo XVII.

Eran un grupo de mujeres, muchachas y niñas que se reunían para escuchar las crueles historias de una esclava negra.

Abigail, que era la hija del reverendo Parris y su prima Elizabeth se impresionaban fácilmente. Ante esto, Parris creyó que era mejor enviar a la esclava lejos para poder evitar así la gran inquietud de las niñas, aunque de nada le sirvió porque se volvieron más violentas inclusive.

Todo comenzó con alucinaciones colectivas que, provocaron gran pánico en la población y fueron tornándose peligrosas progresivamente.

A una de ellas, al protestar, se le ocurrió botar al piso con furia una Biblia en un día de ayuno y a continuación comenzó a lanzar aullidos y a saltar por la casa. Este hecho sería repetido por otras mujeres que a más de todo esto hablaban toda clase de blasfemias.

Los padres de las chicas consultaron con un individuo que creyó que estaban poseídas por el demonio, aunque uno de los padres de las chicas dijo que era un ataque de mala educación que se podrían arreglar con algunos azotes, Pero no hubo quien le hiciere caso.

Por el contrario, la tesis de quienes decían que las chicas eran posesas era apoyada por todos, incluyendo clérigos y jueces, quienes se sentían muy orgullosos de tener sus propias posesas, ya que en Francia se estaban acabando.

Como todo había comenzado con mentiras, las muchachas no quisieron retroceder así que empezaron a acusar a gente poco respetada y a quienes no pudiesen defenderse dado que si acusaban a alguien respetado no serían tomadas en cuenta, por esto acusaron a una esclava, una mendiga una anciana, y una madre de un hijo bastardo.

Y es así como en poco tiempo fueron acusadas centenares de mujeres por tener tratos con el demonio. La mitad fue encarcelada e interrogada en un juicio donde las chicas convencieron al jurado y éste condenó a la mayoría de mujeres a la horca, mientras que los ataques de histeria se proliferaban rápidamente solamente en las mujeres. Aprovechándose de la crisis que sufría el pueblo, mucha gente se aprovechó de la situación denunciando a personas que no les simpatizaba o les debía algún dinero, aumentando la cifra de la gente condenada.

Un día, quisieron acusar a la esposa de un reverendo muy respetado entre la población por lo que nadie les creyó y se las dejó de lado sepultando y cerrando el caso.

Varios historiadores opinan que había brujos de verdad o por lo menos, personas amantes de la hechicería. Según Mary Matosian, profesora de la universidad de Maryland, las visiones, espasmos y sensaciones de ardor experimentadas por las presuntas posesas fueron provocados por un envenenamiento por ergotina, principio tóxico contenido en el cornezuelo, hongo presente en el centeno. En los países europeos, donde se consume mucho pan de centeno, era frecuente antaño esta clase de envenenamiento.

En el caso de Salem, puede decirse que el año que presidió al drama fue caluroso y húmedo, lo que favoreció la proliferación del hongo llamado cornezuelo. El siguiente año, que fue seco y frío, no prosperó ya esta amenaza. Todo regresó a la normalidad.

Sin embargo, cabe preguntarse por qué el mal no atacó a los hombres y sí a las mujeres.

Comentario :

Todos estos hechos resultan raros y totalmente difíciles de explicar porque hay cosas, como lo que se explica en el último párrafo de la página anterior que no tienen cabida en nuestros pensamientos dificultando la comprensión de estos sucesos que se dieron hace mucho tiempo y es extraño escucharlos en la actualidad, dada la persecución que se mantiene contra las personas que consideran correctas las cosas en las que nosotros no creemos como sucede en el caso de las brujas y los seguidores de Satán.

LA MANDRÁGORA, PLANTA DE LAS BRUJAS

Resulta imposible hablar de brujas sin mencionar la mandrágora. Los jueces que juzgaron a Juana de Arco la acusaron de llevar oculta en la ropa una raíz de mandrágora, de la cual obtenía su maravilloso poder de adivinación y su don de mando. Las voces que oía la Doncella eran proferidas, según ellos, por la mandrágora. El jesuita Martín del Río eminente demonólogo, había descrito en 1429 los maravillosos poderes de esta raíz y dijo que, en cierta ocasión, hallo entre las pertenencias de un hombre sospechoso de practicar la brujería un libro de fórmulas mágicas y una mandrágora que lanzó al fuego ante la mirada aterrorizada de los presente, seguros de que no tardaría en producirse una tragedia.

Esta raíz, que adopta a veces la forma humana, fue conocida en la antigüedad y estudiada por Hipócrates. Pertenece a la familia de las solanáceas, y está emparentada con la patata, la belladona y el tomate, y parece poseer virtudes afrodisiacas y estupefacientes. Se aconsejaba preparar con esta raíz filtros y encantamientos mágicos y medicinales.

En el Antiguo Testamento se alude a sus poderes extraordinarios : la bella Raquel, que era estéril, fue madre después de tomar una infusión de mandrágora, y la misma receta fue infundida en Italia medieval y en la renacentista. Según la tradición rabínica, la mandrágora crecía al pie del árbol del Edén y, en opinión de Lorenzo Catelán (1568-1674), “la raíz de mandrágora no es otra cosa que esperma viril”.

Durante la Edad Media se la consideró el mejor de los medicamentos. Se aplicaba en forma de cataplasma o se tomaba en caldo, o se hacía al enfermo sostenerlo con la mano derecha. Curaba la languidez, la jaqueca y los dolores de cuello. Hildegardo de Bigen detalló sus virtudes en el siglo XII : tomada con vino, la mandrágora ahuyenta la melancolía del alma y reanima a quien sufre náuseas. Y Pierus Valerian, nacido en 1477, decía que esta raíz humana da un humo al arder cuya fuerza está entre el veneno y el sueño.

Se decía que sus virtudes maravillosas procedían del hecho de ser el producto vivo de donde salió Adán, el primer elemento vital de la humanidad, de los animales y las plantas. Viejas leyendas afirman que son precisas ciertas precauciones para recoger la mandrágora en la tierra : escoger el día propicio, que podía ser el viernes, o día de Venus, o el sabbat, es decir, el sábado. Unos aconsejaban la oscuridad de la noche y otros el alba. Otros más, los primeros días de septiembre.

Escogido el momento, se rodeaba la planta de un triple círculo mágico y se grababa en su corteza la triple señal de la cruz. Un perro negro entrenado para hurgar la tierra ayudaba a arrancar la raíz atándola a su cuerpo. Corrían en pos de su amo llevando consigo la planta entera, que lanzaba gemidos de niño herido. A continuación era sacrificado el perro a las divinidades subterráneas y se enterraba en el mismo agujero de donde salió la raíz.

Era espantosa la semejanza que tenía la raíz de mandrágora con el cuero humano. Una vez arrancado, era preciso bañarla, alimentarla con leche o vino, vestirla de rojo y blanco para ahuyentar a las potencias demoníacas que quisieran apoderarse de ella. Después era conservada en un armario bien protegido o en una caja en cuya tapa se hubiera dibujado una horca, un ahorcado y una planta, porque era creencia generalizada que la mandrágora crecía bajo los ahorcados y su esperma la generaba.

La mandrágora contenía el alma de los desesperados y quien la poseía podía a los atentados y volverse invisible. Indicaba también dónde estaban ocultos los tesoros, fecundaba a las vacas y les daba doble leche. Y al cumplirse siete años de haber sido arrancada, se transformaba en un niño si habían sabido cuidarla con esmero. Por desgracia, en la actualidad es muy difícil encontrarlas.

Comentario :

Parecen ridículas estas costumbres dada la falta de educación de las personas de esa época donde básicamente se creía en cualquier cosa dando así lugar al fanatismo supersticioso.

LAS SANGRIENTAS MISAS NEGRAS

Desde mediados del siglo XVII, los aquelarres comenzaron a sufrir sensibles cambios en cuanto a los individuos que en ellos intervenían. Dejó de acudir el pueblo, tal vez por el temor que sentían sus miembros a la tortura y a la muerte en la hoguera, y fueron ocupando sus lugar las clases sociales más elevadas, que no tenían por qué temer a las persecuciones. Eran los burgueses adinerados, los nobles, los médicos y los militares deseosos de vivir grandes emociones. Se reunían para adorar al diablo, por pura curiosidad, por si se le ocurría aparecer y veían cómo era en realidad, pero terminó por imponerse lo que ellos buscaban : dar rienda suelta a sus pasiones eróticas. La gran mayoría de los nuevos aficionados al aquelarre sufrían desviaciones sexuales. Había sadomasoquistas -anticipándose al nacimiento del marqués de Sade-, flagelantes, homosexuales y otros representantes de la vida difícil.

En los comienzos del siguiente siglo, la Enciclopedia anunció su llegada de la mano de Diderot, D´Alembert, Montesquieu, Voltaire, Rousseau y otros hombres ilustres que pretendían ofrecer una nueva imagen racionalista del mundo. Era una obra monumental -el primer tomo apareció publicado en 1751 y el 17º y último en 1772- que se convirtió en el instrumento ideológico de los intelectuales. Su misión sería acabar con el oscurantismo y el dogmatismo tradicional que frenaban el progreso de las naciones.

Si la libertad concedida por Luis XIV al pueblo francés para que practicara la brujería todo el que sintiera deseos de hacerlo tuvo cierto éxito, la corriente enciclopedista terminaría de apagar los fuegos de la magia popular y supersticiosa. Desaparecieron, como por ensalmo, los aquelarres, los brujos y los hechiceros de carácter popular ; apareció entonces un nuevo tipo de ceremonia, como fueron las misas negras. Y surgieron, al mismo tiempo, unos magos más de acuerdo con la época como fueron Cagliostro y el conde Germain.

Tuvo lugar el auge de ciertas fraternidades y sociedades secretas hasta en ¡entones medio clandestinas, como la francmasonería y los rosacruces, entre otras. Previendo los cambios espirituales que iban a producirse sin mucho tardar, enviaron sus representantes por toda Europa para dar a conocer sus doctrinas y ganar adeptos, en especial, entre las clases sociales elevadas, que eran las que interesaban. Y aquellos esoteristas contribuyeron a acabar con los último brujos, por el temor a ser confundidos con ellos.

En qué consisten las misas negras

Quienes a partir del siglo XVII comenzaron a acudir a las misas negras, lo hicieron por una de estas tres razones, o por las tres : para romper con la aburrida monotonía de su vida cotidiana, por esnobismo o por el deseo sincero de adorar a Satanás al mismo tiempo de renegar de Dios, en cuyas bondades se confiaba muy poco. Eran estos últimos fanáticos a los que la religión había desengañado o hundido en la desesperación. Figuraban también entre los participantes en estas ceremonias los que iban en busca de nuevos placeres eróticos dominados casi siempre por el sadismo.

Nacieron las misas negras en forma de tres clases de ceremonias que se celebraban de acuerdo con una orden, siempre el mismo. Se daba inicio renegando de Jesucristo, escupiendo sobre las hostias, pisándolas y atravesándolas con alfileres. Las hostias habían sido compradas o fabricadas de un templo católico. Seguía a esto una serie de cánticos confusos, que entonaban los asistentes sin abandonar sus sitio, moviendo su cuerpo acompasadamente.

La ceremonia se celebraba en un local cerrado que tenía como fondo lienzos negros colgando de los muros y se iluminaban con cirios también negros. Además, ardían diversos pebeteros con incienso y drogas enervantes. Desde el principio era de esperar que los asistentes a la misa negra cayeran en un estado de creciente excitación. Quedaban listos para la siguiente fase de la reunión demoníaca.

Aquel acto de apostasía, o abandono de la religión católica, realizado de forma blasfema e insultante, daba paso al sacrificio sangriento celebrado ante el cuerpo desnudo de una sacerdotisa a cuyos costados ardían sendos pebeteros. El humo de ellos desprendido contribuía a crear una atmósfera alucinante y los vapores emitidos embriagaban hasta el delirio a los fanáticos aficionados a la misa negra. Se iban exacerbando los ánimos de todos y en especial la sensibilidad de la joven tendida sobre el altar.

El sacrificio consistía a veces en la simple introducción de una hostia consagrada, debidamente enrollada, en los dos orificios naturales de la sacerdotisa, casi siempre joven y hermosa. De esta tarea se ocupaba el sacerdote oficiante, que pertenecía al sexo masculino. Pero era frecuente que antes de realizarse este acto se procediera a la muerte ritual de un animal, como sucede en el vudú haitiano, un claro ejemplar de misa negra.

En tales casos era degollado un gallo, un cordero o una cabra jóvenes , entre otros animales, sobre el cuerpo de la mujer. La sangre debía cubrirle el cuerpo entero, en especial el sexo. La sacerdotisa sobre cuyo cuerpo caía la sangre se iba excitando más y más conforme el líquido tibio y palpitante iba cubriendo su cuerpo entero.

La mujer comenzaba a lanzar roncos gemidos, mientras el oficiante, una vez vaciado de su sangre el animal sacrificado, dejaba caer sobre ella, gota a gota, el contenido de un recipiente con forma de cáliz cuya composición debía asemejarse a la de los famosos ungüentos de las brujas antes de volar al aquelarre. Finalmente, el sacerdote deslizaba la hostia por la piel de todo el cuerpo de la joven, la doblaba y la introducía en su sexo abierto. Llegaba así a su fin la segunda fase de la misa negra.

Los asistentes a la ceremonia estaban ya preparados para pasar a la etapa final, que era la carnal. Cada uno de los presentes se abalanzaba sobre la persona que encontraba más cerca. En aquel momento, a la luz mortecina de los lirios y enardecidos por los vapores desprendidos de los pebeteros, resultaba imposible averiguar a qué sexo pertenecía el ser que había al costado. Sólo el sacerdote sabía a quién dedicaba su entusiasmo erótico : a la sacerdotisa que yacía sobre su altar, que lo recibiría sin protestar, incluso con entusiasmo, sabiendo de antemano cuál era el papel que tenía que representar.

Se realizaba la orgía, o última fase de la misa negra. El sexo era, como puede verse, el digno remante de una ceremonia practicada en el siglo XVIII que tuvo sus antecedentes en las ceremonias sagradas de la antigüedad y que ha renacido hoy con increíble vigor. Pero las misas negras y el satanismo actual se han extendido por todo el mundo asociados ahora con una extraordinario consuma de enervantes.