Porfiriato

Porfírio Díaz. Historia contemporánea de México. Paz porfirista. Presidentes mexicanos

  • Enviado por: Ana
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 6 páginas
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Universidad Nacional Autónoma de México

Escuela Nacional Preparatoria

Historia de México II

PORFIRIATO


Ortografía_____

Coherencia_____

Objetivo_____

Citas textuales_____

Notas de pie de página_____

Conclusión_____

El presente trabajo tiene como el objetivo primordial de dar a conocer y a su

vez explicar al lector con palabras claras, palabras precisas y además de algunas

frases de personas más conocedoras del tema como son los historiadores, etc.,

una de las etapas que en opinión personal es muy relevante en la historia de

nuestro país México y es el Porfiriato.

Empezaré mencionando que desde la consumación de la “independencia”,

México entró en una gran crisis social, económica, política, en fin, de todo tipo; la

guerra había dejado muchos estragos, el país se encontraba en desorganización

política; tanto el grupo liberal como el conservador trataban de imponer cada uno

su propio tipo de gobierno, el primer grupo buscaba una república federal, una

soberanía que residiera en el pueblo y no en una sola persona o en un grupo de

personas; el segundo grupo (conservador) buscaba un gobierno monárquico. En

fin entre esta lucha de poderes se encuentra situado el periodo de la Historia

denominado Porfiriato.

“Del grupo de los treinta”, Benito Juárez fue el que estuvo al frente de los

llamados intelectuales civiles y Porfirio Díaz, al contrario, era la cabeza de los

militares. La mayoría de los primeros eran de clase media y una minoría era

de clase acomodada; mientras que los hombres de armas eran de clase humilde.

Entre los 12 soldados que formaban parte del grupo de los treinta, surge

Porfirio Díaz; este le entregó a Benito Juárez la Ciudad de México el 15 de julio de

1867. A base de mucho esfuerzo, Juárez logra restaurar la República, pero no

cede el poder hasta cuando muere. Instantáneamente Díaz pensó que

era oportunidad de reelegirse y pues lucha por la presidencia, pero la pierde, en el

periodo de 1867 y 1871; como estaba muy molesto, se le ocurrió protestar con el

pretexto de que había sido un fraude electoral y se levanta en la revuelta de La

Noria, pero lo pacifican con la técnica de siempre, las armas; la Revolución de

Tuxtepec. El Plan de Tuxtepec tiene cinco puntos, uno de los más importantes

es el de la no reelección de los presidentes ni de los gobernadores de los estados

de la República.

Y bueno...Díaz, apoyado en el Plan de Tuxtepec quiso echar a andar la

Constitución de 1857; también se apoyó en los jóvenes intelectuales que no

avanzan en el periodo de Lerdo de Tejada.

Después del periodo breve de Tuxtepec, Díaz entrega la presidencia a Juan

N. Méndez hasta el 17 de febrero de 1877; ya después vuelve a retomar las

riendas del gobierno en las elecciones el día 5 de mayo de 1877.

Ah, pero algo muy importante era que a pesar de Díaz ganó las elecciones

legalmente, Estados unidos no lo reconoció y eso significó mucho, pero bueno

Díaz dijo: ¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos; con

esta frasesilla, Washington lo reconoce como tal en abril de 1878.

Cabe mencionar que Porfirio Díaz era una persona que no creía en las

innovaciones políticas ni en las inquietudes o necesidades de las personas; de ahí

que solo buscaba su propio beneficio, en lo personal se me figura como una

persona muy ególatra. Exactamente igual o peor que las personas que tenemos

gobernando en la actualidad, que buscan solo su beneficio y no son capaces de

mirar a su alrededor y mucho menos de tratar de hacer algo para mejorar la

situación del país, no entiendo como el poder puede corromper tanto a la gente,

pero bueno, también creo que el cambio debe de empezar por uno mismo antes

de estar criticando. (Perdón si esto no tiene nada que ver con el tema).

Pero bueno vamos a lo que nos interesa. El Porfiriato comienza con la victoria de

Porfirio Díaz en el año 1877 con el lema de “no reelección”; en este periodo los

liberales juegan un papel importante desde el punto de vista económico, este

campo se consolida, pero en el campo político no sucede lo mismo, al contrario.

Díaz en al año de 1884 consolida su poder. Hubo un tiempo en que no recibí ni

instrucciones ni ayuda de mi gobierno, por lo que me vi obligado a pensar para mi

y convertirme en mi gobierno.

Díaz trabaja a favor de la paz, el orden y el progreso, tratando de hacer lo mismo

que Benito Juárez. En 1880 entregó el poder a Manuel González “el manco”, en

cuyo periodo se impulsó la comunicación ferroviaria hacia Estado Unidos, se crea

el Banco de México. Cuando Díaz vuelve de nuevo al poder, destierra a opositores

políticos, generales sediciosos e indios hasta Yucatán, además de que deja al

frente de los gobiernos a muchos amigos suyos; llegó el punto en que los

legisladores ya no eran elegidos por el pueblo, sino elegidos a su conveniencia, a

esto se le llamó poca política, mucha administración; la Constitución, el Congreso

se quedaron a un lado, las lecciones prácticamente eran solo trámites, En la

segunda reelección de Díaz las fábricas se levantan y se mantienen gracias al

capital foráneo y a las inversiones extranjeras. Sucedió así: para ampliar las

posibilidades económicas del país (esto se convirtió en un verdadero problema),

se necesitó de una inversión del capital, y bueno, a personas distintas que eran

directores de la política económica de México, se les ocurrió iniciar inversiones

extranjeras; esto comenzó justamente en el año 1884 y tubo su fin con la iniciación

del movimiento revolucionario; hay dos etapas en estas inversiones:

  • Inversiones de cartera. Tuvo dos etapas; en la primera (1880-1900), las

  • fuentes del capital fueron inversionistas privados; el país inversionista (que antes

    era Inglaterra), fue Estados Unidos y la finalidad del préstamo consistía en la

    ejecución de obras públicas especialmente mejoramiento de los servicios

    municipales

    Segunda etapa de las inversiones de cartera (1900-1911). Se calcula que en

    1908 la inversión de cartera ascendía a la suma de 206 millones de dólares. El

    inversionista privado seguía siendo fuente del capital, pero quien adquiría los

    compromisos era el gobierno federal.

  • Inversiones directas (1884-1911). Todo el dinero que venía a México era de

  • Estados Unidos y bueno, fue difícil calcular el monto de la inversión extranjera:

    pero aproximadamente los norteamericanos tenían invertidos en México 800

    millones de dólares y los ingleses llegaban a poco más de la tercera parte de lo

    que Estados Unidos tenía invertido.

    Debo mencionar que estas inversiones en el periodo de Díaz, tuvieron un lugar

    importantísimo en y decisivo en el crecimiento económico del país a finales del

    siglo XIX y en los primeros 10 años del siglo XX.

    ¡Ah! si nos pensamos un poquito, México sigue siendo parte de la inversión

    hasta nuestros días, las deudas sigue aumentando año tras año, y el monopolio

    de Estados Unidos sigue afectando no solo a nuestro país, sino también a muchos

    otros del mundo.

    Conclusión

    El porfiriato constituye un caso clásico de capitalismo dependiente en

    expansión, o, en otros términos de lo que con frecuencia se llama en América

    Latina, el desarrollo hacia afuera. Así también en pocas palabras los puntos para

    definir el porfiriato son la expansión de las exportaciones y de las inversiones

    extranjeras; los efectos de la red de ferrocarriles; las contradicciones sociales y

    económicas del régimen porfirista; desarrollo de las estructuras financieras.

    Con esto nos queda claro que indudablemente el crecimiento económico en el

    porfiriato fue evidente, pero ¿a costa de que?, ¿de una gran explotación de la

    mayoría de la población?

    Raúl Pérez. Et,al. Historia Breve de México. P. 195

    Ibidem. P. 195

    Ibidem. p. 193

    Ibidem. P. 196

    Jorge Quiroz.et.al. Antología Histórica de México. p. 43

    Ibidem p. 43

    Ibidem. P. 44

    Ibidem. p. 57