Pop

Música del siglo XX. Rock. The Who. Marianne Faithful. Bee Gees. Grupos musicales españoles

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EL POP

ÍNDICE

  • Introducción..................................................................1

  • La era del “pop...........................................................2

  • La ciudad que hizo ¡pop!.............................................2

  • The Who, la épica generacional..................................4

  • Flores Multicolores.......................................................5

  • Bibliografía...................................................................11

Introducción

El movimiento pop surge en la misma década de los sesenta, en torno al año 1964. Va tomando más y más importancia. Surgen otros movimientos y grandes artistas vinculados sobre todo al folk, y que dejan su huella en este tipo de música. Destacan Bob Dylan, Joan Baez y Peter, Paul & Mary. Todos ellos expresan una ideología de protesta, pero mucho menos radical. Para ello recurren al infinito campo del folclore popular; los temas sociales, derechos del hombre y similares, pasan a ser los temas fundamentales de su música.

En el Pop menos comprometido son importantes: The Beach Boys -investigadores de sonidos nuevos-, Simon & Garfunkel en EEUU y Elthon John en Inglaterra.

La ciudad que hizo ¡pop!

Lo llamaron el baby boom: nunca antes había tenido el Reino Unido tal conglomeración de adolescentes. Los hijos de la posguerra se encontraban con un país donde caían los viejos tabúes por doquier. En 1960 se autorizaba la publicación del prohibido El amante de lady Chatterley, a la vez que se suprimía el servicio militar obligatorio. Seguidamente desaparecía la pena de muerte y se legalizaba la homosexualidad (sólo para mayores de 21 años y con las excepciones de Escocia e Irlanda del Norte). Crujían las estructuras: el caso Profumo y otros sonados escándalos revelaron que la arrogante clase alta británica también cedía, qué sorpresa, ante las tentaciones de la carne.

Para rematarlo, en 1964 volvían al poder los laboristas con la retórica del dinamismo y el optimismo; al frente, un campechano Harold Wilson que, astutamente, se había fotografiado junto a los Beatles. En Londres se consolidaba una nueva aristocracia, tipos impetuosos con fama, talento, dinero... y origen proletario. Una fiesta no tenía nivel si no acudían cantantes y actores, aparte de algún enfant terrible como el dramaturgo Joe Orton, el fotógrafo David Bailey o el pintor Peter Blake. Tipos que se convertían en personalidades nacionales gracias a unos medios de comunicación ansiosos de novedades. Los periódicos terminaron celebrando el éxito internacional de aquella insólita raza. En la televisión, espacios como Ready, steady, go o Top of the pops congregaban a millones de fans que necesitaban conocer la última sensación en ritmos o trapos.

Los chicos bonitos de Londres se divertían (y enriquecían) a espaldas del imponente decorado que hablaba de un pasado imperial. Se vestían en Carnaby Street y King's Road antes de que esas boutiques perdieran su carácter exclusivo. Por las noches, en locales como Speakeasy, Scotch of St. James o Ad Lib comentaban las subidas y bajadas del hit parade, se susurraban al oído historias de extrañas sustancias y hablaban de sus nuevas adquisiciones (mansiones, coches, el último disco llegado de EEUU). Se podía amanecer en un piso desconocido, tal como contaba elegantemente John Lennon en Norwegian wood.

Se beneficiaban los músicos de un clima social tolerante (todavía no sabían que existía la brigada antidrogas). Y del maravilloso sentimiento de camaradería entre guitarreos, cineastas, modistas, modelos y demás protagonistas de la conquista juvenil de Londres. La embriaguez duró hasta 1966. Ese año hubo huelgas; se empezó a hablar de inflación y de Vietnam; los cabecillas del swinging London ya no salían por las noches. El espejismo del paraíso juvenil se mantuvo brevemente: el Reino Unido ganó el Mundial de fútbol, el sol fue generoso con las islas y llegaron millones de turistas dispuestos a fotografiarse en Piccadilly Circus o a pasear por Hyde Park. La máquina del pop seguía vibrando, pero unos ruidos extraños presagiaban una próxima convulsión. Era el fin de la inocencia.

The Who, la épica generacional

Si el rock es el termómetro de las fiebres juveniles, los Who hicieron saltar el mercurio. Transpiraban calculada arrogancia y agresividad incontrolada. Emitían espasmos en primera persona con toda la confusión y turbulencia adolescente de su tiempo. Provenían de Shepherd´s Bush, distrito proletario londinense, y se movían por el agitado espejismo mod. Sus conciertos, erupciones de violencia, ruido y caos, finalizaban en homérica masacre del sufrido equipo: parches, guitarras rotas y amplificadores destripados entre una bruma de humo, chispas y estrépito. Pete Townshend (19 de mayo de 1945), su líder, brincaba y giraba el brazo como un molino, descerrajando puazos SOBRE LA GUITARRA. Keith Moon (23 de agosto de 1946) ejercía de poseso, y Roger Daltrey (3 de enero de 1944) tartamudeaba himnos de frustración y odio generacional (“espero morir antes de ser viejo”), lacerando su micro como un gaucho bajo el gesto impasible de John Entwistle (10 de septiembre de 1944), su bajista.

Derrochaban magnetismo. Pero bajo el circo latía un caudal de talento. No solo ponían orden en aquello, sino que fabricaban muy deprisa canciones endiabladamente brillantes, directas. Incluso sabían hacer voces bonitas.

Se adelantaron en el uso de efectos electrónicos como el feedback (acoples por sobrealimentación) o el doble bombo y las técnicas de grabación, a pesar de las seis horas que Shel Talmy -también productor de los Kinks- les dio para su primer álbum. No menos originales, se presentaban como un grupo con cuatro personalidades explosivas y encontradas. Se llevaban fatal: en directo se insultaban, escupían y pegaban a menudo. Cuando My generation avanzaba posiciones en las listas, Daltrey fue despedido, aunque reingresó en breve.

Los Who eran arte-pop. Llevaban excéntricas chaquetas con la bandera británica, y lo suyo era autodestrucción.

Flores Multicolores

Conquistado el mercado norteamericano, Londres es la meca del pop. Y Carnaby Street, su centro. Las radios piratas, la televisión y la moda son parte del compló y difunden las nuevas consignas de inconformismo e independencia. En minifalda, algunas cantantes hacen sentir su presencia:

Lulu (1948). Tenía 16 años cuando, al frente de sus Luvvers, triunfó con su primer single, Shout. Era de Glasglow, pequeña y regordeta, pero daba la talla desenvuelta con sus minifaldas y su voz arenosa. Rodó con Sidney Poitier To sir with love, cuyo tema central le dio su número uno en EEUU. Se casó -y divorció- con Maurice Gibb, de los Bee Gees, y terminó en Eurovisión (1969).

Cilla Black (1943). Gritona y recatada, Brian Epstein le propició para su debú un inédito de Lennon-McCartney, pero la gran campanada llegaría con su versión del Anyone who had a heart (1964), con el que mantuvo buenas ventas hasta el final de la década.

Marianne Faithful (1947). Hija de una baronesa, vio en el pop la nueva aristocracia y fue su portavoz televisiva. Encarnó a la chica interesante. Tuvo relaciones con tres stones, hasta que se decidió por Jagger, mas tuvo dos matrimonios más.

Sandie Shaw. Miope, larguirucha y desgarbada, actuaba descalza con una voz rota y agridulce. Inmensamente popular en Europa, grabó en varios idiomas. Ganó en Eurovisión en 1967.

Otras cantantes pioneras del pop femenino son: Petula Clark (1933) y Dusty Springfield (1939).

Aunque el pop parecía cosa de grupos, también hubo un hueco para algunos solistas de voces rotundas, la mayor parte con inflexiones negras. Éstos fueron los cantantes más dignos de recordarse surgidos a mediados de los sesenta:

Tom Jones (1940). Ofrecía una imagen muy viril. Curtido en el ambiente minero de Gales, blandía con técnica un prodigioso vozarrón. Al principio se apuntó al pop e hizo enérgicas canciones. It's not unusual -con Jimmy Pagetocando- le aupó al número uno (1965). Le siguió un grupo de memorables baladas, y luego se instaló en Las Vegas.

Joe Cocker (1944). La otra gran voz negra del pop blanco. Vapuleado por el éxito, arrastra una leyenda de alcohol, drogas y naufragio. Se inició como batería y armónica en los Cavaliers y, ya cantando, como Vance Arnold y los Avengers. Tuvo momentos geniales: los espasmos que subrayaban sus canciones son historia inmortalizada en Woodstock. Sus discos eran cita de famosos, y sus giras, arcos de triunfo. Pero el filme Mad dogs and englishmen muestra a un zombie extraviado. Tras un retiro a su domicilio paterno, sigue grabando discos, y ha triunfado en una línea suave Up where we belong, de la banda sonora del filme Oficial y Caballero (1982).

Otros cantantes pioneros en el pop son: P. J. Proby (1938), Cat Stevens (1947) y Alan Price (1942).

La fábrica del pop puso en marcha a innumerables grupos. Desde la brutalidad de los Troggs al poderío melódico de los Walker brothers, todo era consumido por un público ávido, que se nutría de discos singles (menos en España y algunos países europeos, donde se editaban discos de cuatro canciones). La lucha por la novedad produjo propuestas tan pintorescas como las de Dave Dee y su grupo, que cambiaban de ambiente y vestuario con cada lanzamiento. A finales de los sesenta, muchos de los mejores músicos pop sintieron deseos de crecer: se convirtieron, con desigual fortuna, en artistas del rock, con el elepé como medio de expresión.

Zombies. La mala suerte. Venían de Saint Albans, y su She's not there los hizo famosos de la noche a la mañana, en 1964. Escribían tiernas epopeyas de insólita energía taciturna, un innovador merseybeat con teclados. Rod Argent, de buena familia, era el responsable. No volvieron a alcanzar otro hit hasta el póstumo Time of the seasons, que fue número uno en EEUU en 1968, cuando ya el quinteto había desaparecido.

Los Troggs. La cosa salvaje. Reg Presley masticaba burlonas alusiones sexuales entre golpes de guitarra, predecesores del garaje. La censura la tomó con ellos: prohibió radiar sus canciones, lo que les ayudó mucho. Wild thing, previamente editado por los Wild Ones, saltó al número uno en todo el mundo. Lo grabaron con su siguiente, A girl like you, en quince minutos de estudio libre; lleva vendidas cinco millones de copias. Tras mil cambios y parones, han aguantado hasta hoy con su reputación escandalosa.

Foundations. Chocolateado batido de soul-pop (el grupo lo componían blancos y negros), exportaron a EEUU su Baby now that I've found you (número uno en 1967). Eran siete y casi todos de lugares remotos (Martinica, Ceilán...).

Tremeloes. Descubrieron sus excelencias vocales acompañando a solistas como Brian Poole. Independizados (1966), Cat Stevens les prestó Here comes my baby (número cuatro en 1967). En los tres años siguientes no se bajaron del top 10 con un montón de canciones fáciles. Tenían simpatía pasajera con momentos brillantes, como su primorosa versión del Silence is golden (número uno en 1967), de los Four Seasons.

Bee Gees. Ingleses emigrados e ídolos populares en Australia, los tres hermanos Gibb aterrizaron en el Londres psicodélico (1967). New York minning disaster establece su deuda con los Beatles. Le siguen Massachusetts (número uno en 1967), Words (número ocho). Robin se fue en 1969, pero volvió después de una corta aventura en solitario. De lo meloso a lo soso, se hundieron en la década del rock. Inesperadamente, reaparición con sus falsetes funky y lujosas bandas sonoras: Saturday night fever (1977) vende millones de dobles y marca la nueva fórmula hasta 1981, en que potencian sus carreras individuales.

Otros grupos:

La trayectoria de la música pop de los últimos 25 años, está marcada por la diversidad de estilos de grupos que se fraguaron a finales de los sesenta y principios de los setenta. En los años ochenta hay que citar, como figuras con estilo propio, a Phil Collins y Peter Gabriel, antiguos miembros de Génesis, Sting, Talking Heads y, sobre todo al más millonario de ventas, Michael Jackson.

En España, y a partir de 1964, comenzó la era dorada del pop español. Proliferaron los grandes conjuntos, como los Brincos, los Bravos, los Mustang, los Sirex, Lone Star, los Salvajes y muchos más, que realizaban versiones en castellano de temas extranjeros. Pero también marcaron las pautas de un primer estilo netamente hispano.

Bibliografía

  • Historia del Rock (Capítulo 16). EL PAIS, Madrid 1986.

  • El Rock, la música de nuestro tiempo. Autor: Jordi Sierra y Fabra. Ediciones SM 1990. Colección `De par en par´, nº 34.

  • Música pop y juventud. R. Cantalapiedra, colección `Educación/96´, Publicaciones ICCE.

  • Música 3 - Segundo ciclo de ESO. Autor: Emilio Casares Rodicio. Everest Secundaria 1998.

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