Política social de justicia

Trabajo Social. Derecho. Demografía. Empleo. Transiciones demográficas. Política social chilena. Desarrollo económico

  • Enviado por: Alejandra Paz Miranda Delgado
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 6 páginas
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UNIVERSIDAD DEL MAR

ESCUELA DE TRABAJO SOCIAL

Curso Optativo: “La política social de justicia”

CONCEPTOS BÁSICOS DE DEMOGRAFÍA Y EMPLEO

A riesgo de ser majadera, relevaré nuevamente la importancia que adquieren los elementos económicos y demográficos en la comprensión de la política social chilena.

La función que a la política social atribuye la política económica se relaciona con la necesidad de la primera, de corregir los vicios e inequidades provocadas por la segunda; en el entendido que, sin esa corrección, no es posible alcanzar genuino desarrollo económico.

Pudiera decirse que esa función proviene de la lógica económica y que, en tal sentido, circunscribir el sentido y finalidad de la política social a las meras expectativas económicas de una país, supone aplicar una mirada reduccionista frente a la complejidad que ofrece la política social.

Sin embargo y aún reconociendo que la política social cumple distintas funciones, no cabe duda, en mi opinión, que la función económica es prioritaria en la concepción, sentido y alcance práctico de la misma.

El supuesto de la afirmación es simple: el gasto en política social es inversamente proporcional al crecimiento económico del país, de modo que mientras más se logre con la sola política económica en términos de mejoramiento de la calidad de vida y superación de la pobreza, menor relevancia adquirirá (en la lógica del modelo chileno) invertir en política social, porque la economía ya habrá hecho la mayor parte.

A su turno, el crecimiento económico de un país se determina en función del ingreso per cápita y el crecimiento demográfico (el que su vez depende de la relación natalidad - mortalidad).

El estudio de la demografía y su relación con el empleo es, entonces, de indiscutible relevancia para el Trabajo Social. Sólo una comprensión cabal de dichos factores, en conjunto con la aplicación de conocimientos macroeconómicos, permitirá que el trabajador social que se desempeña profesionalmente en el ámbito de las políticas sociales (o sea, casi todos) pueda entender cuándo y porqué va a reducirse la inversión social; qué áreas va a afectar; dónde se centrará el énfasis de la política social que se avecina; a qué sectores de la población va a beneficiar; cómo van a comportarse las leyes frente a los fenómenos demográficos y económicos, entre otros aspectos de importancia.

Conceptos básicos de demografía

Fecundidad: Es un indicador que determina el número promedio de hijos que tienen las mujeres. No obstante ser un indicador universal, los países lo establecen de manera distinta, de acuerdo a la realidad demográfica particular de cada sistema. Así, algunos países lo determinan considerando sólo a las mujeres en edad fértil y otros que incluyen a todas las mujeres de un país, hasta determinada edad. Incluso más: algunos países (con alto nivel de desarrollo) cuentan con instrumentos estadísticos que miden exactamente y en base a diagnósticos médicos específicos, la cantidad de mujeres fértiles de la nación (y entonces, no utilizan el criterio de la edad fértil, que es un supuesto).

Tasa de natalidad: Es el resultado de dividir el número de nacimientos del año por la población total ese mismo año. Esta tasa depende de la tasa de fecundidad, la que a su vez, se ve influida por muchos factores, entre los cuales el más relevante es el nivel educativo y cultural de la sociedad.

Tasa de mortalidad: Es el resultado de dividir el número de muertes del año por la población total ese mismo año. Este índice depende esencialmente del desarrollo económico y sanitario del país.

Crecimiento natural o vegetativo: Expresa la diferencia entre el número de nacimientos y el número de muertes.

Crecimiento demográfico: Expresa el aumento, en un período específico, del número de personas que viven en un país. Se determina por la mortalidad, natalidad y movimientos migratorios.

Movimientos migratorios: A grandes rasgos, las migraciones son desplazamientos de grupos humanos que se alejan de sus residencias habituales.

Longevidad: Duración promedio de la vida de una persona. Se determina según el concepto de esperanza de vida.

Esperanza de vida: Representa el promedio de la duración de la vida de las personas nacidas en un año determinado. Por ejemplo, la esperanza de vida de los chilenos nacidas en 1960 se representa por el promedio del número de años que viven las personas nacidas ese año.

Las transiciones demográficas

El concepto de transición demográfica explica la relación existente entre crecimiento demográfico y desarrollo socioeconómico de un país.

Se conoce como “primera transición demográfica” al fenómeno que explica el paso de la sociedad agrícola tradicional al de la sociedad urbana de mercado, desde la función social de la fecundidad.

Así, se plantea que las sociedades tradicionales necesitaban altas tasas de fecundidad para compensar las altas tasas de mortalidad existentes; en tanto, que la urbanización, la educación y los cambios económicos y sociales concomitantes causaron una disminución de las tasas de defunción, en particular las tasas de mortalidad de menores de un año; y que las tasas de fecundidad comenzaron a declinar a medida que los hijos pasaron a ser más costosos y menos valiosos en términos económicos.

La segunda transición demográfica expresa un crecimiento demográfico relativamente bajo (aunque sostenido, porque la reducción de la mortalidad suele traer aparejada una reducción de natalidad), que se caracteriza, esencialmente, por un aumento explosivo de la esperanza de vida, lo que provoca que un amplio sector de la población pertenezca a la tercera edad.

Por eso, esta segunda transición demográfica se conoce también como “economía del envejecimiento”, en la medida que expresa, por una parte, el aumento de la calidad de vida y su incidencia en una baja mortalidad y, por otra, la necesidad global de que la tercera edad se reincorpore a la población económicamente activa.

Así, analizar la economía del envejecimiento supone relacionar dos indicadores básicos: la tasa de envejecimiento y la tasa de dependencia.

La tasa de envejecimiento se define simplemente como el porcentaje que representan los mayores de 65 años sobre la población total. La tasa de dependencia, en cambio, muestra el porcentaje de adultos mayores sobre la población activa.

En tanto la tasa de envejecimiento va creciendo significativamente en la medida que aumenta la calidad de vida de un país (en especial, en términos de salud y economía), la tasa de dependencia requiere de una intervención estatal específica, tendiente a provocar que el aumento de la población en edad senil no signifique un costo social insalvable.

Los factores que explican el aumento de la tasa de envejecimiento son, entre otros, el descenso de la natalidad, lo que provoca envejecimiento como consecuencia de que nacen menos niños; mayor longevidad, en la medida que los avances médicos han permitido alargar la vida del ser humano; disminución de la mortalidad, etc.).

Finalmente, cabe señalar que existen tres sistemas económico-sociales que se ven directamente afectados por el envejecimiento demográfico: el sistema de jubilaciones, el sistema de salud y el sistema de atención social.

Conceptos básicos de empleo

Los conceptos estadísticos ligados al empleo se confeccionan por un organismo internacional de estadísticas, dependiente de la OIT (organización internacional de trabajadores).

Los conceptos básicos que a continuación se presentan se utilizan para clasificar laboralmente a la población mayor de 16 de años de edad:

Activos: Los activos o "población económicamente activa", es el conjunto de personas de 16 años o más, que en un período de referencia dado, suministran mano de obra para la producción de bienes y servicios económicos o que están disponibles y hacen gestiones para incorporarse a dicha producción.

Ocupados: Son todas aquellas personas, de 16 o más años, con empleo en la semana de referencia. El trabajo puede ser por cuenta propia o ajena.

Asalariados: Son personas con trabajo por cuenta ajena o asalariadas todas las que se encuentren en las siguientes categorías:

    • trabajando: personas que durante la semana de referencia hayan trabajado, incluso de forma esporádica u ocasional, al menos una hora a cambio de un sueldo, salario u otra forma de retribución conexa, en dinero o en especie.

    • con empleo pero sin trabajar: personas que, habiendo ya trabajado en su empleo actual, estén ausentes del mismo durante la semana de referencia y mantengan un vínculo con él. Por ejemplo, las personas ausentes de su trabajo por causa de enfermedad o accidente, conflicto laboral, suspensión disciplinaria de empleo y sueldo, vacaciones, licencia de estudios, licencia de maternidad u otra clase de licencia, ausencia voluntaria, desorganización temporal del trabajo por razones tales como mal tiempo o averías mecánicas, se consideran como personas con trabajo.

No se considerarán asalariadas a las siguientes personas:

    • empresarios, trabajadores independientes, trabajadores familiares no remunerados (ayudas familiares) y miembros de cooperativas de producción que trabajan en las mismas.

    • trabajadores estacionales, ocasionales o discontinuos por cuenta ajena en la época de menor actividad y que no hayan trabajado en la semana de referencia.

Trabajadores por cuenta propia: Se considerará personas con una actividad por cuenta propia todas las incluidas en las siguientes categorías:

    • trabajando: las personas que durante el período de referencia hayan trabajado, incluso de forma esporádica u ocasional, al menos una hora a cambio de un beneficio o de una ganancia familiar, en dinero o en especie.

    • con trabajo pero sin trabajar: las personas que durante el período de referencia tenían que realizar algún trabajo a cambio de un beneficio o ganancia familiar pero han estado temporalmente ausentes del mismo por razones de enfermedad o accidente, vacaciones, fiestas, mal tiempo u otras razones análogas.

    • Según esta definición, ejercen una actividad por cuenta propia: los empresarios, los trabajadores independientes, los miembros de cooperativas de producción que trabajan en las mismas y los trabajadores familiares no remunerados.

No se considerará ocupadas por cuenta propia a las siguientes personas:

    • Las que se ocupan de su hogar sin remuneración, las que prestan servicios sociales no remunerados o de carácter benéfico y otras personas no remuneradas que ejercen actividades fuera del ámbito de las actividades económicas.

    • Los trabajadores estacionales por cuenta propia y los trabajadores estacionales u ocasionales familiares no remunerados en la temporada de menor actividad que no hayan trabajado en la semana de referencia.

Desempleados: Se consideran paradas o desempleadas todas las personas de 16 y más años que durante la semana de referencia hayan estado "sin trabajo", pero: "en busca de trabajo", es decir que hayan tomado medidas concretas para buscar un trabajo por cuenta ajena o hayan iniciado gestiones para establecerse por su cuenta durante el mes precedente, o bien: "disponibles para trabajar", es decir, en condiciones de comenzar a hacerlo en un plazo de dos semanas a partir de la fecha de entrevista.

Inactivos: Se consideran inactivas todas las personas de 16 y más años, de uno y otro sexo, no clasificadas como ocupadas o paradas durante la semana de referencia.

Población contada aparte: Los varones que cumplen el servicio militar obligatorio (o servicio social sustitutorio) se consideran población contada aparte, esto es, no se les incluye entre los activos ni entre los inactivos, independientemente de que en la semana de referencia trabajaran o no.

. Documento elaborado en base a las siguientes referencias:

  • “Conceptos estadísticos de empleo”. Reglamento Nº58 para aplicación de encuestas laborales en América. Organismo Internacional del Trabajo (OIT). Montevideo, Marzo de 2004.

  • “Demografía y desarrollo”. MARTINEZ COLL, Juan Carlos. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2002.