Política para Amador; Fernando Savater

Filosofía española contemporánea. Filósofos españoles. Sociedad. Juventud. Ideales

  • Enviado por: Nora
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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ÍNDICE

*Prologo...........................................................................................................................................pg 3

*Henos aquí reunidos.................................................................. ....................................................pg 4

*Obedientes y rebeldes................................................................. ..................................................pg 6

*Haber quien manda aquí................................................................ ...............................................pg 7

*La gran invención griega................................................................ ..............................................pg 8

*Todos para uno y uno para todos...................................................................... ............................pg 9

*Las riquezas de este mundo................................................................ .........................................pg 10

*Cómo hacer guerra a la guerra......................................................................................................pg 12

*¿Libres o felices? ................................................................. .......................................................pg 13

*Hasta aquí podíamos llegar................................................................. .........................................pg 14

PRÓLOGO

En el prólogo nos habla sobre la diferencia fundamental entre ética y política. Que las dos son formas de considerar lo que uno va ha hacer, pero la ética es ante todo un perspectiva personal y la actitud política busca otro tipo de acuerdo el acuerdo con los demás. En el terreno ético la libertad del individuo se desarrolla en puras acciones, mientras en política se trata de crear instituciones.

También nos cuenta que en su época se daba por supuesto que ser “bueno” políticamente le daba a uno licencia para desentenderse de la moral de cada día; ahora parece aceptado que con intentar portarse éticamente en lo privado ya se hace bastante y no hay por qué preocuparse de los líos públicos, es decir: políticos. Ninguna de las dos actitudes es sensata del todo.

Nos apunta que para ser plenamente humanos, es decir, no sólo como los humanos sino también con los humanos.

Los antiguos griegos a quién no se metía en política le llamaban idiotés; una palabra que significaba persona aislada, sin nada que ofrecer a los demás, obsesionada por las pequeñeces de su casa y manipulada a fin de cuentas por todos.

El mensaje de este libro que empiezas a leer es un poco agresivo y faltón, porque puede resumirse en tres palabras: ¡no seas idiota! Vamos a reflexionar un poco sobre el hecho fundamental de que los hombres no vivimos aislados y solitarios sino juntos y en sociedad. Hablaremos del poder y de la organización, de la ayuda mutua y de la explotación de los débiles por los fuertes, de la igualdad y del derecho a la diferencia, de la guerra y la paz: comentaremos las razones de la obediencia y las razones de la rebeldía. hablaremos sobre todo de la libertad, aunque trataremos la libertad en un sentido político. Buscaremos las cuestiones de fondo, lo que está en juego en la política.

HENOS AQUÍ REUNIDOS

Llegar al mundo es llegar a nuestro mundo, al mundo de los humanos. Pero esa sociedad que nos rodea y empapa, que nos irá también dando forma no sólo se compone de personas, de objetos y de edificios. Es una red de lazos más sutiles o, si prefieres, más espirituales: está compuesta de lenguaje, de memoria compartida, de costumbres, de leyes... Hay obligaciones y fiestas, prohibiciones, premios y castigos. Vivir en sociedad es recibir constantemente noticias, órdenes, sugerencias, chistes, súplicas, tentaciones, insultos... y declaraciones de amor. La sociedad se supone que está pensada por hombres como nosotros y para hombres como nosotros.

De la naturaleza somos biológicamente productos, pero de la sociedad somos humanamente productos, productores y además cómplices.

Primer problema a resolver: la sociedad nos sirve, pero también hay que servirla; está a mi servicio, pero sólo en la medida en que yo me resigne a ponerme al suyo. Las leyes e imposiciones de la sociedad son siempre nada más que convenciones. Sin ninguna convención no sabríamos vivir.

Decir que costumbres y leyes son convencionales, además, no equivale a negar que se apoyen en condiciones naturales de la vida humana, es decir en fundamentos nada convencionales.

Es la razón la que nos convierte en unos animales tan raros, tan poco.. animales. La razón es la capacidad de establecer convenciones, o sea, leyes que no nos vengan impuestas por la biología sino que aceptemos voluntariamente. Los animales no tienen más código que el código genético; nosotros tenemos también el genético, desde luego, pero además el código penal, el código civil y el código de circulación... entre muchos otros.

Como las conveniencias vienen en parte del instinto, su objetivo último es el mismo que sirve de base a todos los instintos: la supervivencia de la especie. Pero como son también instintivamente racionales, además de sobrevivir responde al deseo de vivir más y mejor.

Puede que el auténtico rasgo distintivo sea que el de que los animales se mueren y los hombres sabemos que nos vamos a morir. Estos últimos han evolucionado hasta formar grupos para mejorar y asegurar la conservación de sus vidas mientras que nosotros pretendemos... la inmortalidad. Lo propio de los humanos es una especie de inquietud que los demás seres vivos parecen no sentir.

Para los humanos que somos capaces de tener la conciencia previa de la muerte, de comprenderla como fatalidad insalvable, de pensarla, morir no es simplemente un incidente biológico más sino el símbolo decisivo de nuestro destino, a la sombra del cual y contra el cual edificamos la complejidad soñadora de nuestra vida. Los remedios simbólicos, es decir los que nos sirven de compensación y de cierto alivio ante la certeza de morir, sonde dos tipos: religiosos o sociales. Los remedios sociales o civiles con los que los hombres no sólo hemos procurado resguardar nuestras vidas sino sobre todo fortificar nuestros ánimos contra la presencia de la muerte, venciéndola en el terreno simbólico. Las sociedades humanas funcionan como máquinas de inmortalidad.

Si la muerte es soledad definitiva, la sociedad nos brinda compañía permanente; si la muerte es debilidad e inacción, la sociedad se ofrece como la sede de la fuerza colectiva y origen de mil hazañas; si la muerte borra toda diferencia personal y todo lo iguala, la sociedad brinda sus jerarquías, la posibilidad de distinguirse y ser reconocido y admirado por los demás; si la muerte es olvido, la sociedad fomenta cuanto es memoria, leyenda, monumento, celebración de las glorias pasadas; si la muerte es insensibilidad y monotonía, la sociedad potencia nuestros sentidos, refina con sus artes nuestro paladar, nuestro oído y nuestra vista, prepara intensas y emocionantes diversiones con las que romper la rutina mortificante; la muerte nos despoja de todo y por tanto la sociedad se dedica a la acumulación y producción de todo tipo de bienes; la muerte es silencio y la sociedad juego de palabras, de comunicaciones, de historias, de información; etc., etc... Por eso la vida humana es tan compleja: porque siempre estamos inventando cosas nuevas y gestos inéditos contra las aborrecidas pompas fúnebres de la muerte.

La muerte es lo natural; por eso la sociedad humana es, en cierto modo, sobrenatural, un artificio, la gran obra de arte que los hombres convenimos unos con otros.

OBEDIENTES Y REBELDES

Somos bichos sociables, pero no instintiva y automáticamente sociables. Los humanos inventamos formas de sociedad diversas, transformamos la sociedad en la que hemos nacido y hacemos experimentos organizativos nunca antes intentados, en una palabra: no sólo repetimos los gestos de los demás y obedecemos las reglas de nuestro grupo, sino que llegado el caso desobedecemos, nos rebelamos, violamos la rutina... El hombre es el único animal capaz de sublevarse. Es precios convencernos y obligarnos a desempeñar el papel que cada uno tiene en la sociedad. No nos rebelamos contra la sociedad, sino contra una sociedad determinada.

La política no es más que el conjunto de las razones para obedecer y de las razones para sublevarse.

La anarquía postula una sociedad sin razones para obedecer a otro y por tanto también sin razones para rebelarse contra él. El final de la política. Una sociedad sin política sería una sociedad sin conflictos.

Somos demasiado sociables. Desde pequeños nos arrastra el afán de imitarnos unos a otros. sin imitación no se podría educar. El interés es lo que está entre dos o más personas, la que las une y al mismo tiempo las separa. Vivimos en conflicto porque nuestros deseos se parecen demasiado. También es por demasiada sociabilidad por lo que consideramos enemigos a los distintos y proscribimos o perseguimos a los que difieren. La culpa de los males de la sociedad no la tienen los asociales, sino los que se creen más sociales. Gracias a los conflictos la sociedad inventa, evoluciona. Tenemos conflictos porque los demás seres humanos nos preocupan.

No es la política lo que provoca los conflictos, sino la que intenta solucionarlo. Los humanos son agresivos por naturaleza y por eso hace falta artificios a los que todos obedezcamos para que no llegue la sangre al río. La política también sirve para ayudar a determinadas empresas que se sostienen gracias a todos. También es necesaria la política para prevenir ciertos males y agregar un mínimo de educación. Los jefes dan soluciones a los problemas peores que los males que intentan resolver.

A VER QUIÉN MANDA AQUÍ

¿Por qué los miembros de cada sociedad obedecen a una persona, siendo ésta mucho más débil que el conjunto de sus súbditos? Tiene que haber alguien con autoridad suficiente para garantizar que las promesas se cumplen y abrigar a cumplirlas. Los hombres eligen a jefes por miedo a ellos mismos, a lo que pudiera ser de su vida si no mandase alguien y zanjara sus disputas. Cualquier jefe tiene algo de tabú. Por eso los jefes son semejantes a los dioses. Así le es más fácil a los demás obedecerlo sin humillarse pero si pasa algo se le hecha la culpa al jefe con saña.

Las primeras formas de autoridad se asemejan bastante a la autoridad familiar. Una similitud de cómo ve el niño a su padre, de porqué le obedece. El jefe era el más hábil y fuerte ayudado por alguien de mayor experiencia, así los viejos tenían una gran importancia.

Una de las principales ventajas de vivir en sociedad es que no se parte de cero, que nos enteramos de muchos trucos y habilidades que nos sería difícil saber por nosotros mismos.

¿En que hay que basarse para elegir a un líder? En la antigüedad era fácil, el más fuerte, el que mejor cazaba, etc... Pero conforme los grupos son más complejos, más personas quieren alzarse con el mando y tienen partidarios que provocaban peleas que hacían tambalear la armonía de la tribu. Ahora el jefe no es sólo el más fuerte, es el más capacitado para tomar decisiones correctas. Los hombres nos movemos por interés.

Antes no había leyes como las hay ahora, sino que eran leyendas, mitos, etc... Por el dicho “siempre se ha hecho así”. Nosotros estamos acostumbrados a lo que lo verdadero sea lo novedosos, pues los antiguos eran al contrario. La forma más elemental de legitimidad, provienen siempre del pasado. Que si es hijo de ... La idea es bastante buena considerando que así reducían el número de aspirantes. Aunque esto también a causado muchos problemas, sobretodo dentro de una misma familia, matándose entre hermanos.

Como la antigüedad era la fuente de sabiduría, los sacerdotes se convirtieron en personajes políticos importantes. Las leyes sostenidas por creencias religiosas. Estas eran las ideas en las sociedades antiguas y así podría llegar hasta hoy, pero llegaron los griegos y lo cambiaron todo.

LA GRAN INVENCIÓN GRIEGA

Comienza diciendo que ya los griegos habían insinuado en la Iliada la democracia. Aunque a la democracia que conocemos no se llegó de golpe, sino pasito a pasito. En este largo proceso el paso más importante para dar era el primera, pero para hacerlo habría que estar loco, afortunadamente los griegos lo estaban.

Lo extraño es que no todos los hombres somos iguales, todo lo contrario, lo que llamaba atención es que somos diferentes. Los hombres se hicieron desiguales, no sólo por lo que eran sino por lo que tenían, y lo más importante: las desigualdades se hicieron hereditarias. En los grupos social primitivos se establecía la diferencia por naturaleza. En las sociedades mayores la tecnología.

Los griegos empezaron con estos sistemas de gobierno, pero poco a poco se dan cuenta de que las personas se parecen más entre sí de lo que en un principio parecían. Todos hablan, todos pueden pensar sobre lo que quieren o lo que les convienen, todos son capaces de inventar, etc...

Los griegos sintieron pasión por lo humano, por sus capacidades, por su energía constructiva, por su astucia y sus virtudes... hasta por sus vicias. Por eso inventaron las polis, que significa la libertad de los hombres. Se conoce el invento de los griegos, el más revolucionario de la política, la democracia.

La democracia griega estaba sometida al principio de isonomía: mismas leyes para todos. Nadie estaba encima de la ley y esta ley venía de los hombres. Tan convencidos estaban en que nadie estaba determinado para mandar y los puestos se sorteaban. Pero tenían esclavos y las mujeres no participaban. Lo que inventaron y establecieron eran todos los ciudadanos atenienses tenían derechos políticos iguales. Tuvieron que pasar hasta dos mil años antes de que se aboliera la esclavitud, para que las mujeres se metieran en política, etc...

La democracia nació entre conflictos. Desde un comienzo se vio que cuanta más libertad, menos tranquilidad; que tomar una decisión entre muchos es más complicado que dejar que la tome uno sólo... En los reinos como el Egipto y el persa, era parecido a una pirámide. En cambio los griegos tenían uno parecido a un círculo. La democracia se basa en una paradoja que resulta evidente a poco que se reflexione sobre el asunto: todos conocemos más personas malas que buenas... luego es lógico suponer que la decisión de la mayoría tendrá más de ignorancia y de maldad que de lo contrario.

Lo natural es que mande el más listo, más fuerte, etc... pero no todos. La democracia fue la obra de arte de los griegos. Estos preferían discutir entre iguales que tener amos. Si alguien quería demostrar algo lo sabían los demás, al igual que los vicios. Por eso es en Grecia donde se inventan los dos grandes espectáculos de masas democráticos por excelencia: el deporte y el teatro.

El deporte se inventó porque era necesario para hacer distinción social. Y porque sólo los iguales pueden competir entre iguales. Para competir con los demás se necesitan a los demás.

El teatro representaba las pasiones humanas y en la comedia se reían unos de otros exagerando sus vicios. El teatro nació como un instrumento de reflexión democrática sobre el individuo que tiene que ser capaz de gobernarse a sí mismo.

TODOS PARA UNO,

UNO PARA TODOS

Los romanos aportaron el derecho. Unas reglas de juego comunes. Al conquistar tanto terreno se pudo mostrar la igualdad política. Eran libres dentro de sus polis. Todo el largo proceso histórico contribuyó a los dos grandes protagonistas políticos modernos: el individuo y el estado. No son independientes sino que se entrelazan. Cada vez más artificial y menos natural.

De la sociedad humana seminaturalista pasamos a la obra de arte. Todos somos uno. Cada cual sigue siendo uno dentro del todo. El individuo es el fundador último de la legitimidad del Estado. El estado es para los individuos y no los individuos para el estado.

El individualismo no quiere decir antisocial ni antipolítico. Podemos pertenecer o participar. Es natural que los hombres vivamos en sociedad; pero la forma concreta de esa sociedad nunca es natural. La gracia está en mejorar lo que somos o quien somos.

Derechos humanos, una serie de reglas universales para tratarnos los hombres unos a otros. Defenderlos derechos humanos universales supone admitir que los hombres nos reconocemos derechos que iguales entre nosotros, a pesar de las diferencias entre los grupos a los que pertenecemos: supone admitir, por tanto, que es más importante ser individuo humano que pertenecer a tal o cual raza, nación o cultura.

El racismo es sin duda la peor de estas abominaciones colectivas. El hombre que es inferior a los demás es precisamente el que cree en la diferencia por la piel. Xenofóbia: detesta a los extranjeros, a los pobres, etc..

El nacionalismo: ideología sustentadora de los Estados Unidos modernos. Todos los Estados existentes son convenciones brotadas de circunstancias históricas. La participación política en los griegos era obligatoria, ahora no. Ahora hay representante, antes te representabas a ti mismo. Antes no había lo que ahora se denomina intimidad. Los griegos vivían para la política, nosotros somos articulares y nuestra dedicación a la vida pública es delimitada. La corrupción desalienta a participar en política.

Todo lo que se hace a favor del partido es bueno, en contra malo. Esta es una idea peligrosa que se debe rebatir de las tres formas siguientes:

  • Aplicando con toda severidad las leyes y no dejando inmunes los delitos de nadie, por alta que sea su situación en la jerarquía política del país.

  • Procurando relativizar el papel de los partidos políticos, quitándole privilegios e importancia, no aceptando los mecanismos autoritarios que impiden a las voces críticas que hay en ellos expresar y hacer valer sus opiniones;

  • Desarrollando otras formas paralelas de participar en la vía pública de la comunidad, como colectivos ciudadanos, asambleas de vecinos, agrupaciones laborales, ...

  • La sociedad se mantenga lo más equilibrada posible.

    LAS RIQUEZAS DE ESTE MUNDO

    Los animales saben lo que quieren los humanos no. En un punto de vista zoológico sí. Los animales buscan nosotros somos rebuscados. Todo necesidad satisfecha no produce sólo alivio y reposo, sino también afán de más y mejor. Los humanos no sabemos lo que necesitamos porque no sabemos lo que queremos. Los animales quieren porque viven, los humanos viven porque quieren. Este vivir para querer nos ha traído muchas complicaciones, al conjunto de éstas complicaciones se le llama cultura y poniéndonos más soberbiamente modernos civilización. Los humanos tienen la facultad de perfeccionarse. Así Rouseau no quería que volviéramos a la naturaleza primitiva, sino a una naturaleza artificial en la que se hayan corregido las desigualdades y los vasallajes que nos oprimen.

    Creé en la sociedad, incluso debe ser más civilizada. Vivimos de inventos y un invento nunca se "desinventa", sino que se sustituye por otro mejor.

    La institución social a la que Rouseau atribuía lo peor de nuestros problemas era la propiedad. Ricos y pobres. Lo tuyo y lo mío, la auténtica desigualdad d los hombres no es la política sino la economía. A partir de propiedades privadas van saliendo individuos privados. Los hombres siempre han sido propietarios.

    La propiedad privada fomenta las desigualdades pero también permite el desarrollo privado de cada uno. Si todo fuera de todos, los hombres serían hermanos y habría que buscar un padre, la iglesia o el estado. Mejor ser socios. La propiedad se reafirma con la urbanización. La vida urbana desarraiga a los hombres. Los individuos pujan por hacerse valer y quieren a toda costa ser dueños.

    Todas las sociedades se han planteado problemas económicos. La economía es la propiedad, la acumulación de bienes y la previsión del futuro. El corazón mismo de la economía, el trabajo. Es el futuro el que nos empuja, no el pasado. El desarrollo de la civilización aumentó la cantidad de trabajo.

    Siempre se ha trabajado, pero alguien lograba que trabajasen para él. Los esclavos, los siervos y las mujeres que siempre se han llevado la peor parte.

    En el siglo XVIII se introdujo una democracia sin esclavos y empezó el auge de capitalismo. La idea básica del capitalismo es el interés que mueve a cada cual a procurar su propio provecho ara sí mismo y para los suyos. Esto tenía un problema, puesto que las condiciones de trabajo eran muy malas. No extraña que el proletariado organizase todo tipo de protesta contra el capitalismo. De ahí sale una economía comunista, en que la única dirección estatal se encargase de planificar la producción y fijar las retribuciones. Pero como todo tuvo sus problemas.

    En el manifiesto comunista se encuentran reivindicaciones sensatísimas para su época. Uno de lo problemas económicos más difíciles de resolver actualmente es el paro. Pagar impuestos de acuerdo con los ingresos y cobrarlos cuando éstos sean mínimos. Otro problema es la educación. El desorbitante crecimiento demográfico.

    Ahora mismo hay una gran desigualdad, pero la pobreza de los países subdesarrollados no hay que buscarlas en el exterior ni en el pasado, sino en el interior y en el presente.

    Una de los puntos que preocupa a los jóvenes políticos es la ecología, que dice que hay que cuidar la naturaleza porque sino viviríamos mal. En cambio los ecolatras basan su amor a la naturaleza en el odio a lo que representa la tradición humana. Si somos demasiado brutos podemos destruir nuestra naturaleza, pero no la naturaleza.

    CÓMO HACER GUERRA A LA GUERRA

    Si algún ser humano a dicho la divisa de todo vale, esos somos nosotros. Que es la esencia misma de la razón humana. Esa hora cuando nos damos cuenta que una historia verdaderamente humana debería prescindir de ciertos comportamientos que hasta hace poco se recomendaban.

    En los últimos mil quinientos años se han producido catorce mil trece guerras. La guerra suele ser cosa buena cuando se mira desde un punto de vista colectivo. Desde un punto de vista individual la guerra es mala, aunque tiene un punto a favor, pasan cosas. La gente ha perdido el significado de guerra.

    Sólo el nacionalismo extremo, la forma de colectivización mental más compatible con el individuo moderno, sigue bombeando adrenalina a descerebrados capaces de matar o morir contentos a estas alturas de curso.

    La guerra debería ser evitada. Pero ahora que paree que se ha congelado la guerra, nos damos cuenta que ha hecho falta la destrucción total de dos ciudades para que pararan las acciones bélicas. Se acabó la guerra fría, paree que retorna lo aliente.

    Pueden distinguirse dos tipos de adversarios de la guerra. El primero es el de los pacifistas, para ellos nunca está justificada la guerra. Esta actitud es religiosa. Modo de expresión vital. El segundo los antimilitaristas, actitud estrictamente política. No considera la violencia armada sino como un mal indudable. Ninguna institución política ( como la guerra o el ejército) puede ser eficazmente abolida si no se la sustituye por otra institución más fuerte y en la práctica más satisfactoria. El antimilitarismo favorece cuanto se diría que es capaz de acelerar el logro de tal solución:

    -Sustitución del servio militar obligatorio por ejércitos profesionales, reducidos, fundamentalmente defensivos, que acaben con la nefasta y belicosa concepción del ejército como pueblo en armas.

    -Apoyo a las autoridades internacionales tipo ONU.

    -Fomento efectivo del control de armamentos y del tráfico de armas, acicates comerciales entre otros de la belicosidad internacional.

    -Desarrollo económico, político y educativo de los países, de acuerdo con los presupuestos de la modernidad revolucionaria.

    Lo que se pretende evitar es la vertebración militar y agonística de las sociedades humanas tal como en el momento presente las conocemos.

    ¿LIBRES O FELICES?

    Los grandes totalitarismos de nuestro siglo son intentos de simplificar la complejidad de las sociedades modernas. El enemigo es el individuo egoísta que se toma demasiadas libertades por su cuenta. Al ciudadano le da miedo su propia libertad, las barbaridades que puede llegar a hacer.. si quiere. Pero sobre todo al ciudadano le da miedo la libertad de los demás.

    Las libertades públicas implican responsabilidad, es decir, ser capaz de responder de sus actos. Para comprender las acciones de una persona hay que tener en cuenta las circunstancias. Otra forma de irresponsabilidad es el fanatismo. Se niega a dar ningún tipo de explicaciones: su verdad y punto.

    Burocrática es características de las instituciones administrativas y gubernamentales en las que nadie da nunca la cara por nada de lo que se hace o no se hace. Casi nunca nadie dimite pase lo que pase. Como el gobernante se considera irresponsable, procura que la trama de las instituciones le ayude a gozar de impunidad.

    Sin restarle un ápice de importancia a la responsabilidad individual, es justo reconocer nuestra co-responsabilidad social por no prevenir situaciones próximas a nosotros que verosímilmente han de acabar en delitos o desastres. Libertad es autocontrol.

    A la manía burocracia de convertir al Estado en nuestro padre en lugar de ser nuestro padre se le llama paternalismo. Los irresponsables infantiloides son de dos tipos. Los que tienen miedo a los demás y los que tienen miedo a sí mismos. Todos los irresponsables creen en la tentación irresistible. El asunto presenta dos dificultades insalvables. Primera: cuanto más se prohíbe y persigue una tentación, más tentadora se le hace. Segunda: cada uno tenemos nuestras propias tentaciones.

    Uno de los casos más graves a efectos sociales son las drogas. Estos problemas nos llevan a la tolerancia. Vivir en una democracia moderna quiere decir convivir con costumbres y comportamientos que uno desaprueba. En una democracia moderna debe darse una base única y sobre ella numerosas realidades plurales. La base única las leyes.

    Lo que debe ser respetado en todo momento son las personas. Sólo dos restricciones imagino al derecho a la libertad de expresión, característico por excelencia de la democracia: primero, la abierta incitación al crimen. Segundo: la protección de la intimidad.

    La felicidad no es asunto de la política.

    HASTA AQUÍ PODÍAMOS LLEGAR

    Desconfía de los que siempre tienen la palabra juventud en la boa, tanto para elogiarla como para criticarla. Los jóvenes tienen la misma función que los mayores aprender.

    En la política, todas las instituciones deseables tiene también su precio en consecuencia menos deseables: la libertad dificultad la igualdad, la justicia aumenta el control... en la realidad de los partidos ninguna ventaja es absolutamente ventajosa.

    Suele llamarse utopía a un orden político en el que predomina al máximo alguno de nuestros ideales pero sin ninguna desventaja dañina. como proyecto es una tontería, en cuanto imposición es todavía peor.

    Los ideales abren la cabeza, las utopías las cierran. Estamos hablando de ideales políticos. Estos ideales nunca intentan mejorar la condición humana, sino la sociedad humana.

    El conformista es aquel que siempre se resigna a lo probable. Todos los ideales políticos son progresistas. Los ideales políticos son decididamente racionales. En política son los medios los que justifican el fin, nunca al revés.

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