Política exterior norteamericana y multipolarismo

Orden mundial. Relaciones internacionales. Supremacía estadounidense. Globalización. Seguridad nacional. Agenda global

  • Enviado por: Moni
  • Idioma: castellano
  • País: Colombia Colombia
  • 18 páginas
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POLITICA EXTERIOR NORTEAMERICANA Y EL MULTIPOLARISMO EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL.

Profesora:

'Política exterior norteamericana y multipolarismo'

UNIVERSIDAD CENTRAL

FACULTAD DE ECONOMIA

FORMACIÓN DEL SISTEMA INTERNACIONAL

NOVIEMBRE 2004

BOGOTA D.C.,

AMERICA DEL SUR ALGUNOS ELEMENTOS PARA LA DEFINICIÓN DE LA SEGURIDAD NACIONAL

En el transcurso de la guerra fría decidieron que de alguna manera definir su seguridad era una de sus mejores cartas para protegerse del expansionismo Soviético y la subversión comunista y para esto se aprovecho el gran interés estadounidense, ya que para estos momentos este muy importante país estaba realmente decidido a proteger sus intereses económicos en América del sur es entonces cuando debido a este proceso de autoprotección, los estados Unidos, logran tomar ventaja e imponerse logrando un consenso estratégico e ideológico en las relaciones interamericanas.

Como es de suponer con la culminación de la guerra fría vendrían cambios, claro esta que inicialmente estos estarían rodeados de incertidumbre y esto no era un elemento favorable para la estabilidad político - estratégica mundial.

Algunas de estas tendencias eran percibidas como una forma de dominación en la transición hacia un nuevo orden internacional en el cual se involucrarían los siguientes factores:

  • Actores no estatales

  • Relaciones Transnacionales

  • Cuestiones económicas en la agenda Global.

De alguna manera se muestra la debilidad de los mecanismos de seguridad colectiva para mantener la paz y el orden mundial, aunque estas fueron respaldadas por las organizaciones de naciones Unidas, como sucedió en la Guerra del Golfo y en las intervenciones militares en Bosnia y Somalia.

Al igual el no lograr un acuerdo en temas que deberían ser de vital importancia para las potencias como lo serian:

  • Amenaza nuclear

  • Fundamentalismo Islámico

  • Crecimiento de la pobreza en los países subdesarrollados

  • Irrupción de nacionalismos

Todo esto los llevaría a pensar que muy a pesar de que el tema económico sea el fundamento de toda potencia (Acumulación de riqueza) también se pone de precedente la importancia de un control militar para hacer contrapeso ante los posibles discrepancias.

Este proceso nos llevaría a evaluar mas profundamente todos los cambios a los que muy seguramente nos exponernos con la entrada de nuevas tendencias tales como la globalización de la economía, la expansión de las relaciones transnacionales, la presencia de la ONU en áreas de conflicto, el interés de las grandes potencias en limitar la difusión de tecnologías, todo esto nos llevaría a pensar en cual seria el destino de nuestras futuras generaciones, será posible que ellos alcancen a disfrutar en sus países, de un gobierno soberano en el que se goce de seguridad y la guerra únicamente sea utilizada en el campo político.

Ya que si nos detenemos a pensar la mayoría de los conflictos armados que se registran en América Latina, son en su mayoría derivados del propio subdesarrollo de nuestras pobres regiones, y de alguna manera podrían ser negociados con fines políticos y en este caso no se haría necesario el uso de la fuerza. Por ende no seria necesario la intervención de la fuerza armada, estos pocos datos serian suficientes para realzar la importancia que tendría el estudio de la seguridad nacional en América del sur.

Todo esto nos llevaría nuevamente a pensar en un cambio de mentalidad e incluso podríamos llegar a creer que se podría redirigir el tema de la seguridad nacional para América Latina, pero este punto seria un poco difícil de evaluar ya que en la mayoría de los casos tendríamos que pensar que las fuerzas armadas cumplen una función específicamente política en la medida en que el interés nacional siempre estará encaminado hacia la seguridad y este es un pensamiento que siempre ocupara la mente de los pueblos.

SEGURIDAD NACIONAL EN LA GUERRA FRIA

Durante la guerra fría la mayoría de los países Latinoamericanos seguía su propia doctrina de seguridad nacional, estas deberían ser evaluadas desde el punto de vista de la lógica política , esta lógica no podía ser otra mejor que aquella que provenía de la potencia hegemónica de los estados Unidos.

El punto de partida durante la guerra fría fue el conflicto ESTE-OESTE y es aquí cuando se analiza el punto en que el pensamiento estratégico latinoamericano se fundamenta en parte sobre la perspectiva del alineamiento estratégico, la planeación estratégica militar, la cual subordinaría los intereses nacionales a la obtención de un verdadero pensamiento ideológico, ya que este no seria el propio sino el para entonces impuesto por los estados Unidos. Fue así como de alguna manera América Latina también haría parte del sistema de defensa comandado por los Estados Unidos a pesar de que este territorio nunca ha representado una verdadera amenaza para la potencia Estadounidense, y mucho menos para la Unión Soviética, pero quizás en este punto lo realmente importante era mantener bien cubiertos los intereses del estado y evitar la presencia o la ocupación de este rico territorio.

Durante este proceso existieron dos instrumentos que fueron de vital importancia para la hegemonía Estadounidense y el alineamiento estratégico de los países latinoamericanos en estados Unidos.

El tratado interamericano de Asistencia Reciproca el TIAR el cual seria subscrito en Rio de Janeiro en 1947 y el cual estableció una amplia alianza militar que vendría a perfeccionarse en los años 1952 y 1958, la doctrina básicamente consideraba la agresión a un país como agresión a todos, a partir de este momento y basados en esta aparente doctrina de unión los ejércitos latinoamericanos pensaron que podrían lograr una oportunidad para modernizar sus fuerzas armadas pensando claro esta que Latinoamérica podría tener importancia en el conflicto ESTE-OESTE , pero este punto no seria tenido en cuenta y con el TIAR y varios acuerdos de asistencia militar lo unció que se consiguió fue que Estados Unidos lograra culminar o hacer realidad sus propios intereses económicos y estratégicos y no un verdadero plan de defensa para América Latina.

Los temas militares se convierten en temas de acentuada orientación político ideológica el anticomunismo le imprime el perfil a las fuerzas militares ya que en la medida en que la hegemonía norteamericana era amenazada, en los países latinoamericanos se volvían obligatoriamente políticas internas para derrotar a este enemigo.

En la mayoría de los países de América Latina se implantaron regímenes militares como una forma de respuesta y principalmente como garantía al Status QUO político ideológico y los intereses estratégicos de Estados Unidos, La oposición a estos intereses seria llamada con el termino de “Enemigo Interno” el cual para ellos era definido el agente de la insurgencia interna y militante de la ideología marxista Leninista, este nisiquiera fue convertido en tema de defensa, al finalizar la década de los 60tas los Estados Unidos tuvieron que reconocer que los países de América latina no estaban en condiciones de servirles como defensa ni mucho menos estaban equipadas para participar activamente en la defensa Estadounidense que desde luego exigía un sistema de pronta respuesta , fue por esta razón que el TIAR perdería peso para la defensa hemisférica y seria también cuando los Estados Unidos entenderían que las fuerzas latinoamericanas eran mínimas y que solo servirían para emplearse contra el enemigo interno, si lo quisiéramos ver de otra manera tendríamos que decir que en Latinoamérica las únicas hipótesis de guerra admitidas serian:

  • La guerra convencional entre países.

  • La guerra revolucionaria en el seno de cada país

  • De esta manera nos explican la guerra convencional entre países como la posibilidad de agresión entre uno o mas países latinoamericanos, y la hipótesis de la guerra revolucionaria se basa en el surgimiento de movimientos armados de inspiración comunista.

    América del Sur aún no define el papel de sus fuerzas armadas, pero es claro que el esquema de seguridad americana heredado de la guerra fría está muerto y enterrado pese al deseo contrario de Estados Unidos, según expertos.

    Los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra Estados Unidos, su consecuente "guerra contra el terrorismo" y el rescate del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) potenciaron la discusión sobre seguridad en la región, que no logra resolver acuerdos en la materia ni una doctrina militar común.

    Tampoco existen en varios de los países definiciones claras sobre la función de los militares, pues muchas veces se confunde su propósito fundamental de defensa de la soberanía territorial, con las misiones internacionales de paz y hasta con tareas de seguridad pública interna.

    "El nivel de complejidad del mundo actual pone en fuerte debate el rol de las fuerzas armadas en materia de defensa nacional y seguridad pública", resumió Marcelo Sain, profesor de la Argentina Universidad de Quilmes y uno de los panelistas que participó del seminario finalizado este jueves en Montevideo.

    Sain aseguró que las dificultades para examinar este asunto son mayores en los países del Mercosur porque "suponen de alguna forma, aunque sea soterrada, la revisión del pasado" dictatorial en el Cono Sur de América.

    "Cuando se habla del rol institucional de las fuerzas armadas se está hablando de la posibilidad de repensar la intervención militar en asuntos políticos", añadió.

    Sin embargo, en el centro de este debate está la necesidad discutir el modo en que el Mercosur (integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) resolverá la defensa común, que para el brasileño Marco Aurelio García pasa por el desarrollo del bloque y la integración con el resto de América Latina.

    "Seguridad sin desarrollo significa represión", señaló a IPS García, asesor especial de política internacional del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

    Tras los atentados en Nueva York y Washington "se trató de revivir un cadáver, que es el TIAR, pero que fue una solución" apoyada por el anterior gobierno brasileño de Fernando Henrique Cardoso, "pero que no parece sea la mejor", dijo.

    El 21 de septiembre de 2001, los cancilleres del hemisferio apelaron a los principios del TIAR para considerar que los atentados terroristas contra Estados Unidos eran ataques contra todos los Estados americanos.

    También Argentina había expresado sus reservas sobre la pertinencia de recurrir al TIAR, tratado nacido en 1947 en los albores de la guerra fría y del cual forman parte 23 de los 34 países miembros de la Organización de Estados Americanos.

    El TIAR había sido prácticamente dado por muerto en 1982, cuando Argentina lo invocó en ocasión de la guerra de las Malvinas, sin éxito ante la negativa de Estados Unidos, que apoyó decididamente a su aliada histórica Gran Bretaña para que recuperara su colonia del Atlántico sur.

    En septiembre de 2002, cuando se cumplió un año de los atentados en Estados Unidos que revivieron el pacto militar americano, fue México el que se reveló y fue el primero en decidir directamente su retiro.

    El gobierno mexicano de Vicente Fox justificó su actitud en que el TIAR había sido "rebasado por un sistema global en que la vulnerabilidad de las naciones no estriba sólo en amenazas puramente militares o ideológicas".

    En esa ocasión la cancillería de ese país informó que se buscaba un nuevo esquema regional de seguridad de carácter multidimensional, en el que se destacaran la protección de la salud pública y del entorno ecológico, además del combate contra la pobreza, el narcotráfico y el terrorismo.

    En sintonía con esa posición se expresó García ante IPS en un alto en su participación del foro "Estado de Derecho y Defensa Nacional en el Mercosur" en la capital uruguaya.

    "Los pactos de seguridad en América Latina tendrán que ser radicalmente revisados y el TIAR, que es un instrumento surgido durante la guerra fría, no me parece que corresponda continuarlo",apuntó.

    Sin embargo, no fue tan lejos como el gobierno mexicano, pues aclaró que "eso no quiere decir que Brasil vaya a abandonarlo ahora, que vayamos a proponer otra alternativa, aunque no creo que podamos voler a utilizarlo como ocurrió luego de los atentados en Nueva York y Washington".

    Estas cuestiones estarán presentes en la Conferencia Especial de Alto Nivel sobre Seguridad Hemisférica, inicialmente prevista para este mes en México, pero aplazada para el último trimestre de este año.

    García añadió que el gobierno de Lula se propone focalizar la acción de defensa sobre situaciones de crisis, como la que se afronta en la frontera con Colombia, para lo cual se requiere un acuerdo bilateral que impida que esa área se constituya en un factor que agrave la seguridad interna en los dos países.

    El canciller brasileño Celso Amorim ha planteado imponer un embargo de armas en la región que pueda ayudar a la pacificación, un mecanismo similar al que la Organización de las Naciones Unidas echó mano en Angola, apuntó.Por otra parte, el principal asesor de Lula en materia internacional descartó que haya alguna amenaza regional en la confluencia de la frontera de su país con la de Argentina y Paraguay, como se ha señalado con insistencia luego de los atentados en Nueva York y Washington.

    "Los problemas de la triple frontera están sobredimensionados y, si bien es una zona que tiene sus problemas, no constituye una amenaza para la seguridad de Brasil y creemos que tampoco para los demás países vecinos, y esa opinión es compartida por nuestros organismos de inteligencia", indicó García.

    Mientras, varios de los expertos reunidos en Montevideo coincidieron en que es inconveniente proponer volver a fusionar las cuestiones de defensa con la seguridad pública, como ocurrió durante las dictaduras iniciadas en los años 70.

    Por suerte las Fuerzas Armadas de Argentina ya no entran en ese juego político y así lo expresó su propio jefe, el teniente general Ricardo Brinzoni, dijo a IPS Ernesto López, director del Programa de Investigación Fuerzas Armadas y Sociedad de la Universidad de Quilmes.

    López aludió así al rechazo público de Brinzoni al planteo del ex presidente Carlos Menem (1989-1999) de utilizar a los militares en la lucha contra la delincuencia común, una de las banderas principales de su campaña con miras a la segunda vuelta presidencial del 18 de este mes. "Cuando Menem dice yo voy a volcar el ejército a las calles, no sólo no lo podría hacer legalmente, sino que no hay condiciones políticas para hacerlo", remarcó.

    Sain coincidió con su colega López al asegurar que los militares no pueden cumplir funciones de seguridad interior además por problemas funcionales, "pues no saben hacer inteligencia criminal, no han sido preparados para ello".

    "Tampoco tienen instrumentos operativos adecuados. Las fuerzas armadas están capacitadas y con medios para cosas muy diferentes a luchar contra delitos comunes como el narcotráfico", explicó.

    "Seguridad interior no es mirar al que está al costado y llevarlo a un gabinete de análisis sino que es producir pruebas y llevarlas a los estrados judiciales", agregó el experto argentino ante una audiencia donde se destacaban varios uniformados.

    En América del Sur no tenemos guerras entre países sino problemas de delitos complejos dentro de los mismos, concluyó.

    Menos de 15 años después del fin de la guerra fría, el gobierno de Estados Unidos retoma la tendencia de militarizar su relación con América Latina y el Caribe.

    La ayuda militar a la región aumentó significativamente desde 2000, según un informe elaborado por las organizaciones académicas no gubernamentales Oficina sobre América Latina en Washington (WOLA), el Grupo de Trabajo América Latina (LAWG) y el Centro para la Política Internacional (CIP).

    Incluso en los años más calientes de la guerra fría, la asistencia militar nunca llegó a superar un tercio de la ayuda económica de Washington a la región, agrega el estudio, titulado ”Borroneando las líneas: Tendencias de los programas militares de Estados Unidos en América Latina”.

    Pero la asistencia militar de 2003 ascendió a 860 millones de dólares, poco menos de los 921 millones en ayuda económica y humanitaria asignada a la misma región ese mismo año. Si la tendencia se mantiene, la asistencia militar superará a la económica, según los autores del informe.

    Doctrinas vagas del Comando Sur estadounidense, como la ”soberanía efectiva” --según la cual la seguridad de este país está amenazada por la falta de control sobre vastas ”áreas sin gobierno” en América Latina--, aportan nuevos argumentos para que los militares de la región reafirmen su poder sobre las autoridades civiles, según el estudio.

    Y, con recursos mucho más considerables que el Departamento de Estado (cancillería) y otras oficinas gubernamentales estadounidenses, el Comando Sur define con creciente intensidad el rol de Washington en América Latina, advirtieron los autores del estudio.

    El título ”Borroneando las líneas” se refiere a la división de roles supuestamente vigente entre las fuerzas armadas y las instituciones civiles. Una preocupación presente en el informe es el aparente hecho de que Washington alienta a los militares latinoamericanos a asumir funciones que corresponden al poder civil.

    ”Esta no es una cuestión académica. Apunta al corazón de la democracia, en particular la de países en que la transición de brutales dictaduras militares a gobiernos civiles está lejos de haberse terminado”, dijo la directora ejecutiva de WOLA, Joy Olson.

    ”Los programas militares estadounidenses alientan fuertemente a los militares latinoamericanos a desempeñar funciones internas que pueden cumplir los civiles, como la lucha contra la delincuencia, la construcción de carreteras y la protección del ambiente”, agregó Olson.

    El jefe del Comando Sur, general James Hill, presentó a comienzos de año en su informe anual una lista de amenazas emergentes en América Latina que iban mucho más allá de un enfoque restringido a las preocupaciones militares, como el ”populismo radical” y las pandillas callejeras.

    En ese informe, Hill sugirió que los militares, más que la policía y otras instituciones civiles, tienen una función que cumplir contra esas amenazas.

    ”Existe el riesgo de que se politicen las fuerzas armadas”, dijo el director de programas del CIP, Adam Isacson. ”Con demasiada frecuencia, en América Latina, cuando los ejércitos se concentran en lo interno, la definición del enemigo incluye a los opositores del régimen en el poder, aun aquéllos que trabajan dentro del sistema político.”

    El informe considera que la identificación de Hill del ”populismo radical” entre las amenazas es ”particularmente perturbadora”, dados los antecedentes de los militares latinoamericanos en la represión de izquierdistas y populistas en nombre de la ”seguridad nacional”, doctrina que Washington promovió en la región en los años 60.

    Los autores del estudio también indicaron que el Comando Sur aplica el término ”guerra contra el terrorismo” a una amplia gama de problemas. ”Los terroristas en el área de responsabilidad del Comando arrojan bombas, asesinan, secuestran, trafican drogas, armas y seres humanos y lavan dinero”, según Hill.

    Según el informe ”Borroneando las líneas”, si bien ”ésa puede ser una descripción adecuada de la situación en Colombia y en sus fronteras, no puede aplicarse al resto de América Latina”, acota el informe ”Borroneando las líneas”.

    De hecho, agrega, el aumento de la asistencia en entrenamiento y equipos a la región se ha dirigido desde 2001 a amenazas como la que representa la red terrorista Al Qaeda, a la que se atribuyen los atentados que dejaron 3.000 muertos el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York y Washington. Sin embargo, indican los expertos, esa justificación puede ser eficaz para que el Departamento (ministerio) de Defensa obtenga mejoras de presupuesto en la Casa Blanca y en el Congreso legislativo.

    ”Apenas una tajada de la asistencia en seguridad se dirige a programas antiterroristas, como los de seguridad en puertos, aeropuertos y fronteras”, explicó la directora de LAWG, Lisa Haugaard.

    ”Lo que vemos son los mismos viejos programas de lucha contra las drogas y contra las guerrillas reempaquetadas como parte de la guerra contra el terror”, agregó.

    De los 22.855 latinoamericanos entrenados por militares estadounidenses en 2003 --50 por ciento más que en 2002--, la mayor parte, 5.506, asistieron a cursos sobre maniobras de infantería ligera en los que se enseña sobre tácticas en pequeñas unidades, operaciones en terreno difícil y camuflaje.

    Y 1.650 policías bolivianos tomaron cursos sobre acción cívica, y 1.243 soldados de varios países, adiestramiento antidrogas y contrainsurgente, según el informe.

    La mayoría de la asistencia antiterrorista se aplicó en programas contra el secuestro en Colombia y de seguridad fronteriza en México.