Política educativa en Argentina

Colonialismo. Ilustración. Formación. Proceso comunitario educativo. Gestión educativa

  • Enviado por: Vanesa
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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POLÍTICA EDUCATIVA EN LA ARGENTINA

LA EDUCACIÓN EN LA ÉPOCA COLONIAL

La cultura que España transmitió a América, fue reflejo de lo que sucedía en la misma Península.

En los doscientos primeros años, bajo el reinado de los Reyes Austrias, la acción oficial fue muy limitada, conforme ocurría en todos los países. En nuestro continente, los gobiernos dictaron las normas fundamentales de acuerdo a lo consignado en la Legislación de Indias. Más no pudo hacerse.

No obstante vale consignar que la gestión educativa de España en el período de la conquista se resume en que al finalizar el siglo XVI había en la América española 6 universidades, mientras que en la América inglesa no había ninguna.

Pero a partir de 1700, con el triunfo en Europa del Iluminismo y la Ilustración, cobra gran impulso el progreso científico y artístico, lo cual se refleja inmediatamente en América Hispánica por el acrecentamiento de las actividades culturales y una mayor preocupación del gobierno por la difusión de la enseñanza popular y la universitaria.

Así, la enseñanza de las primeras letras alcanzó notable difusión en Indias durante ese período, debido sobre todo, a la acción de las órdenes religiosas y la labor de los misioneros.

No tardaron en aparecer colegios donde se enseñaron Humanidades a los hijos de los conquistadores y pobladores, y a los indios y mestizos, de acuerdo a la voluntad de los monarcas. Dichos colegios eran similares a los que existían en Europa, como que eran una copia de ellos.

La enseñanza superior se dio en las numerosas universidades que se fundaron a los largo de América, donde se otorgaban grados reconocidos oficialmente como los que se conferían en las universidades de España. Estas universidades estaban bajo la dirección de un Rector que también tenía facultades judiciales.

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De todas maneras, debemos tener en cuenta durante el período colonial, en nuestro país influyeron dos corrientes educativo-culturales: la del Norte y la del Plata. La del norte, con origen en Perú, perteneció a la época de los Austrias, se radicó por la acción directa de las órdenes religiosas y dejó, como etapas de su penetración, las ciudades de Santiago del Estero, Tucumán y Córdoba. La corriente del Plata en cambio, se caracterizó por la acción de funcionarios civiles y fue una repercusión del movimiento renovador desarrollado en la época de lo Borbones,

Las diferencias esenciales que tuvieron estas corrientes fueron consecuencia de las características propias de ambas monarquías. Los Austria impusieron su sello autoritario. Como consecuencia de ello, España permaneció bastante alejada de todo intento de renovación; se opuso a todo lo que no estuviera de acuerdo con el orden vigente, se mantuvo alejada de las orientaciones renacentistas que proclamaban la emancipación del individuo de la tutela de las autoridades tradicionales, y se convirtió en baluarte de la Contrarreforma. Con el apoyo de la Iglesia, la monarquía afirmó el absolutismo y el catolicismo, que entonces adquirió mayor preponderancia, condicionó la acción de la monarquía. Esto explica la íntima vinculación entre la Iglesia y el Estado que se puso en evidencia con gran fuerza durante la colonización de América.

Con el advenimiento de los Borbones (1700), los principios del poder absoluto sufrieron una transformación: el fundamento teológico del poder temporal, fue reemplazado por una concepción más laica del poder civil. La nueva dinastía abrió la frontera española a las influencias del pensamiento moderno. Las nuevas ideas hicieron surgir inclinaciones que impulsaron a una política progresista, que postuló medidas y reformas hasta cierto punto avanzadas, que se concretaron en varios terrenos, incluyendo el educacional. Decayó en parte el predominio de la teología y empezó a tener más gravitación el pensamiento científico, especialmente las doctrinas modernas sobre las ciencias naturales.

Ambas corrientes diseñaron nuestra educación durante el período colonial. Durante los siglos XVI, XVII, y parte del XVIII prevaleció la corriente proveniente del norte -cuyo centro fue Córdoba y cuyos impulsores fueron los miembros de la orden Jesuita-, que sometió todas las manifestaciones culturales a la rigidez confesional y teológica. Con la creación del Virreinato (1776), y la expulsión de los jesuitas (1767) penetró la corriente del Plata que tuvo su centro en Buenos Aires, y enriquecida por el movimiento renovador de Carlos III, fue preparando el pensamiento liberal que animaría a la generación de Mayo. Pensamiento que tuvo su exteriorización durante el período colonial en las iniciativas culturales del virrey Vértiz y en las inquietudes económico-educacionales de Belgrano.

LA EDUCACIÓN EN EL PERÍODO DE LA REVOLUCIÓN DE 1810

La Revolución de Mayo implicó una rápida mutación en la situación política del Virreinato, pero el estado cultural no cambió inmediatamente. Durante un largo período se continuó en un ambiente espiritual como el de antaño.

Pero los nuevos ideales en vigencia, hicieron sentir a la minoría dirigente ilustrada, la necesidad de una nueva concepción educativa. Ésta, como se ha expresado antes, no llegó a cristalizarse de inmediato. Fundamentalmente a raíz de las preocupaciones de la guerra de la Independencia, que polarizaron todos los esfuerzos. Por eso, la educación continuó desenvolviéndose con las ideas originadas en el enciclopedismo francés, que a través de pensadores españoles se difundieron entre nosotros.

No obstante, resulta ilustrativo prestar atención al Reglamento que Belgrano dictara para las escuelas que fundó en el Norte. Decía: “El maestro debe preocuparse por inspirar a los alumnos amor al orden, respeto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimiento del honor, amor a la virtud y a las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, desapego del interés, ................y un espíritu nacional que haga preferir el bien público al privado y estimar en más la calidad de americano que la de extranjero”.

Hubiera sido preciso para concretar esas finalidades educativas, elevar el magisterio, dotar a la enseñanza de nuevos libros de texto, más en armonía con las metas perseguidas. En resumen, aligerar a la educación del peso de algunas tradiciones coloniales.

Pero las exigencias del momento y la escasez de recursos, se opusieron a los bienintencionados propósitos renovadores. De todas maneras, las nuevas finalidades educativas se pusieron en evidencia en el proceder de los gobiernos revolucionarios, que se preocuparon por establecer escuelas especiales, las que nunca vincularon con los establecimientos coloniales, a los que dejaron en un desamparo.

LA EDUCACIÓN BAJO RIVADAVIA

Ya sea como ministro de Martín Rodriguez, que como Presidente, Rivadavia significa para la educación un período de renovación. Con la meta de crear un nuevo clima cultural, buscó imponer un nuevo clima cultural con orientaciones que eran base de la civilización europea. Así impulsó las investigaciones jurídicas y sociales, y los estudios históricos, promoviendo el desarrollo de las ciencias, creando instituciones educacionales como el Colegio de Ciencias Morales y el Colegio de Ciencias Naturales. Aunque lamentablemente, éste ultimo no pudo activarse por falta de elementos y materiales.

En cuanto a la enseñanza elemental, puede decirse que al iniciarse la gestión ministerial de Rivadavia, era sumamente precaria, como lo atestiguan los artículos publicados en La Gaceta el 31 de enero y el 7 de febrero de 1821.

Ante tal situación, Rivadavia concretó su afán de difundir la educación en masa del pueblo, con el objeto de elevar su nivel intelectual. Para lo cual implantó el sistema lancasteriano como vía práctica de solucionar el problema de la educación popular, organizó el gobierno de la enseñanza primaria y creó la Sociedad de Beneficencia, para que la mujer s incorporara al movimiento de reforma social, y en especial extender bajo el control del Estado la educación femenina.

LA EDUCACIÓN HASTA CASEROS

Sin incursionar en temas ideológicos, debe admitirse que durante los gobiernos de Juan Manuel de Rosas, la cultura y la educación no gozaron precisamente de esplendor; no sólo porque a poco andar, la mayoría de los intelectuales optó por radicarse en Uruguay, Chile o Bolivia, sino porque el Gobernador de Buenos Aires -que durante su primer gobierno había clausurado el Colegio de Ciencias Morales- retiró el apoyo económico a los maestros de las escuelas de campaña y de la ciudad (abril de 1838) y a la Universidad de Buenos Aires (27 de abril de 1838). Dispuso que en lo sucesivo los alumnos contribuyeran por prorrateo al pago de los sueldos de los profesores, y de los gastos que insumiera cada cátedra. Que el alumno que no abonara “fuese despedido”, y que si no se reunía la cantidad necesaria “cese la Universidad”. Ésta se mantuvo a duras penas, con el aporte de los interesados y el sacrificio de los profesores.

LA EDUCACIÓN EN LA CONSTITUCIÓN NACIONAL

El texto constitucional de 1853 que consagró el sistema federal, acordó por el artículo 5º que cada provincia tiene la facultad de dictar su propia constitución “bajo el sistema representativo republicano, de acuerdo con los principios, declaraciones y garantías de la Constitución Nacional; y que asegure la administración de justicia, su régimen municipal y la educación primaria”. De esta manera se reconoció el derecho de las provincias de organizar su propio sistema educativo dentro de su jurisdicción.

Por otra parte, en el artículo 14º de la Constitución, se reconoce el derecho de “enseñar y aprender”.

En el artículo 25 se estableció que: “El Gobierno Federal.......no podrá restringir, limitar ni gravar con impuesto alguno la entrada en el territorio argentino de los extranjeros que traigan por objeto......introducir y enseñar las ciencias y las artes”.

Disposición que permitió el ingreso de eminentes educadores que contribuyeron al mejoramiento de nuestra educación.

Finalmente, en el artículo 67º, inciso 16º, se atribuyó al Congreso “Proveer lo conducente a la prosperidad del país........y al progreso de la ilustración, dictando planes de instrucción general y universitaria.........”.

Como se verá más adelante, de acuerdo con ese mandato, en 1884 se sancionó la ley 1420 de Educación Común, aunque la misma se aplicó en Capital Federal y Territorios Nacionales, sin tener el alcance de una ley federal de educación, y al año siguiente la ley 1597 sobre universidades nacionales.

LA GESTIÓN EDUCATIVA POSTERIOR A LA PROMULGACIÓN DE LA CONSITUCIÓN DE 1853

Terminado el período rosista, surgió la preocupación de retrotraer las cosas a la situación en que se encontraban antes que se iniciara aquel lapso. No obstante, en el Estado de Buenos Aires, -temporariamente separado de la Confederación-, fueron pocos los progresos educativos durante los primeros años. Pues hasta que Sarmiento empezó a actuar, la educación se debatió en medio de la mayor desorientación.

Las autoridades comenzaron derogando el decreto de Rosas de 1838 que había suprimido la asistencia económica a la enseñanza. Crearon el Ministerio de Instrucción Pública que pusieron a cargo de Vicente Fidel López. Intentaron reorganizar la Universidad y planearon la creación de una escuela normal y otra de comercio. Pero faltaban maestros y recursos y en verdad el pueblo permanecía indiferente a los problemas de la educación. Por lo que esos propósitos no tuvieron éxito.

Así nos encontramos que en febrero de 1855, el gobernador constitucional de Buenos Aires, Pastor Obligado, creó el Consejo de Instrucción Pública, bajo la presidencia del rector de la Universidad.

La serie de medidas gubernamentales tomadas desordenadamente revelaron una falta de orientación en la solución del problema de la organización educacional.

El verdadero progreso educativo de Buenos Aires se llevó a cabo entre 1856 y 1861 y se debió a la acción personal desplegada por Sarmiento, que hizo de la provincia el centro renovador de la educación.

A los pocos días de organizado el gobierno provincial, Valentín Alsina había intentado reabrir el Colegio y Seminario y de Ciencias Morales. Pero los sucesos producidos entre la provincia y la Confederación impidieron la anhelada reapertura.

Constituido el Estado de Buenos Aires, su gobernador Obligado procedió a abrir el colegio. En 1862 pasó a depender de la Nación, en virtud del pacto de San José de Flores. En 1863 sirvió de base para la fundación del Colegio Nacional.

Desde el momento de su llegada a Buenos Aires, Sarmiento fue el impulsor principal de la acción educativa de esa provincia. No solo se preocupó de que las escuelas tuvieran edificios adecuados por razones educativas, de higiene y aún de estética, sino que hizo reemplazar los viejos textos por nuevos libros escolares como Silabario argentino de José Wilde; Rudimentos de aritmética de Bode; Lecciones de ortografía; Lecciones de gramática; etc.; para adecuación de la enseñanza a los nuevos conceptos pedagógicos.

Reincorporada a la vida argentina luego del exilio a que se vio forzada, Juana Manso de Noronha, (1819-1875) se convirtió en la más eficaz colaboradora de Sarmiento. Incorporó al contenido escolar el aprendizaje de idiomas extranjeros, y sostuvo las ideas de Pestalozzi, cuyo método se basa en la educación directa estimulante de la percepción y facultades del niño. Pero sus reformas desataron grandes resistencias, por lo que abandonó el cargo en 1865. No obstante continuó su labor a través de la traducción de varias obras didácticas norteamericanas y la publicación de un texto de historia de las provincias unidas del Río de la Plata.

La situación creada por la separación de Buenos Aires de la Confederación, determinó que la Universidad continuara como establecimiento provincial. No obstante no puede pasarse por alto la gestión de Juan María Gutierrez (1809-1878), de la que surgió el reconocimiento por parte de la asamblea constituyente de la provincia que sancionó la Constitución de 1873, estableciendo la autonomía de la Universidad y otorgándole independencia económica, docente, administrativa y científica.

LA GESTIÓN EDUCATIVA EN LA CONFEDERACIÓN

Entre 1853 y 1860 Las provincias de la Confederación Argentina dictaron sus constituciones, sancionando el sostenimiento de su instrucción primaria, cumpliendo la exigencia impuesta por la Constitución Nacional. Urquiza imprimió en Entre Ríos un ponderable impulso educativo, creando escuelas para niños de ambos sexos en todos departamentos del territorio provincial. Su repercusión en algunas provincias hizo que pese a la modestia de sus recursos, se esforzaran por organizar sus establecimientos de educación primaria. Otras, lamentablemente, mantuvieron el mismo estado de abandono que se hacía tradicional.

Así nos encontramos con: Mendoza no se hizo prácticamente nada. En San Luis, su primer gobernador constitucional Justo Daract encontró la provincia con la educación primaria casi inexistente. Su acción tesonera supo vencer obstáculos, extendiendo las escuelas de varones y creando otras para niñas, constituyendo junto con Corrientes honrosas excepciones. En San Juan, la preocupación por la educación elemental sólo surgió cuando Sarmiento asumió como gobernador. Catamarca tenía solamente escuelas particulares. En cambio, en Salta, Jujuy, La Rioja y Tucumán se inició en 1858 la instalación de escuelas costeadas por los respectivos gobiernos. Santa Fe y Santiago del Estero por su parte, organizaron comisiones de instrucción pública. Córdoba, luego de tener abandonadas sus escuelas por espacio de quince años, desde 1856 empezó a destinar partidas de su presupuesto para el sostenimiento de sus escuelas de primeras letras.

En lo que concierne a la enseñanza secundaria y universitaria, podemos destacar al Colegio de Concepción del Uruguay en Entre Ríos, el cual cumplía también funciones de academia militar pues sus egresados lo hacían obteniendo también su despacho de subteniente; la Universidad y el Colegio de Montserrat de Córdoba; el Colegio de San Miguel en Tucumán. Y otros que no se mencionan por haber tenido corta vida.

La existencia de estos establecimientos oficiales es reveladora de que en la Confederación existió una preocupación por desarrollar la enseñanza secundaria. Pero al mismo tiempo, pone en evidencia la existencia de un plan orgánico. De ahí la falta de uniformidad, que fue la característica predominante en la educación secundaria durante ese período.

LA EDUCACIÓN EN LA GESTIÓN DE MITRE, SARMIENTO Y AVELLANEDA

Entre 1862 y 1880, durante los gobiernos de Mitre, Sarmiento y Avellaneda, se llevaron a cabo amplios programas de gobierno, que prestaron preferente atención a los problemas de la educación. Las raíces de estas acciones, que permitieron la estructuración de nuestro sistema educacional, se encuentran en las ideas que habían difundido los proscriptos durante el gobierno de Rosas y en las que habían germinado durante la separación de la Confederación y el Estado de Buenos Aires.

En el discurso que pronunció en el Senado de la Nación el 16 de julio de 1870, Mitre sintetizó las ideas que habían orientado la acción educativa durante el ejercicio de su presidencia. Para él, la educación es un servicio que la sociedad debe a los miembro que la componen, pues es necesaria e indispensable para su existencia y progreso. De ahí que considerase que es deber fundamental del Estado propagarla sistemáticamente.

Mitre interpretó que las directivas constitucionales adjudicaban atribuciones al gobierno nacional exclusivamente en la esfera de la enseñanza general y universitaria, y que en cambio, la primaria era resorte propio de cada una de las provincias. No obstante lo cual ordenó a su ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Eduardo Costa, que pidiera informes lo más exactos posible, a los gobernadores respecto del estado de las escuelas, sus necesidades y recursos. La circular correspondiente fue dirigida con fecha 19 de enero de 1863. Solo tres provincias respondieron, pero ello fue suficiente para poner al descubierto “una de las llagas más sensibles” del país. Mitre reaccionó incluyendo en el presupuesto nacional, una partida para conceder subsidios a La Rioja, Catamarca, San Luis y Jujuy, para ayudarlas a cumplir con sus obligaciones de educar al pueblo.

La enseñanza secundaria tuvo en los años anteriores a la presidencia de Mitre un desarrollo por demás lento. Para obtener un conocimiento realista de la situación de los colegios secundarios, designó a Eusebio de Bedoya y a Juan Domingo Vico para que inspeccionaran los establecimiento nacionales de Córdoba y Entre Ríos.

Estudiados minuciosamente los informes de sus comisionados, Mitre se abocó a la organización de una ponderable creación en materia educativa: el Colegio Nacional, “una casa de educación científica preparatoria en la que se cursarán las Letras y las Humanidades, las Ciencias Morales y las Ciencias Físicas y Exactas”.

Esta creación, resultó el punto de partida de la organización de la enseñanza secundaria en la República, y de la difusión de la nueva institución educativa en el interior del país. Por decreto del 9 de diciembre de 1864 se crearon colegios nacionales en Catamarca, Tucumán, San Juán, Salta y Mendoza. Y cuyo plan de estudios se ajustó al que regía en el Nacional de Buenos Aires.

Así, por la acción del gobierno de Mitre, quedaron definidos los lineamientos de nuestra enseñanza secundaria, que no ha cambiado esencialmente en sus alcances pedagógicos, sociales y políticos.

La presidencia de Sarmiento significó para el país un período de progreso, pero indudablemente, su tarea más importante fue la que desarrolló en el campo de la educación.

Basando su política en la necesidad de “educar al soberano” -que es el pueblo-, tal como lo había pregonado siempre, Sarmiento fundó más de mil nuevas escuelas primarias que triplicaron el número de alumnos en todo el territorio de la Nación. Pero como esto debía concretarse con la formación de maestros, la construcción de edificios escolares y la divulgación de libros, creó la Escuela Normal de Paraná (1869); hizo dictar la Ley de subvenciones escolares (1871) y fundó la Comisión Protectora de Bibliotecas Populares que aún existe. Fundó el Colegio Militar de la Nación (1869) y la Escuela Naval Militar (1872) que funcionó en el buque de guerra Almirante Brown. Además auspició la instalación en Córdoba el Observatorio Astronómico (1871), La Academia de Ciencias y la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. Habilitó el Museo de Historia Natural, y la Biblioteca del Congreso.

Continuador de la obra de Sarmiento, Nicolás Avellaneda (1836-1885) tuvo ideas bien definidas en materia de educación que se pusieron de manifiesto durante su gestión como presidente y en sus escritos y discursos.

La Ley Universitaria de 1885, sancionada por su iniciativa, tendió a dar a las universidades de Córdoba y Buenos Aires un conjunto de normas legales que organizasen su funcionamiento administrativo y regulasen sus relaciones con el poder público. Es que la opinión de Avellaneda respecto de las universidades era la de limitarse a crear legalmente el organismo universitario, dejando todo lo demás librado a la iniciativa de su propio desarrollo.

LA EDUCACIÓN EN LA GENERACIÓN DEL OCHENTA

Para Jaime Perriaux, estudioso de las generaciones argentinas, la del 80 está constituída por hombres nacidos aproximadamente entre 1843 y 1857. La lidera el General Roca, no sólo por ser el más representativo de esa generación, sino por haber comenzado a conducir los destinos políticos del país desde muy joven.

Al comienzo de la presidencia de Roca, en 1880, nada hacía prever la tormenta que se habría de desatar en poco tiempo más. El primer ministro de educación fue el Doctor Manuel D. Pizarro, conocido católico. Con motivo de la agria polémica que lo enfrentó a Sarmiento, en razón de la actuación que le cupo a este último al frente del Consejo Nacional de Educación, Pizarro debió renunciar, siendo sustituído por Eduardo Wilde, un hombre de marcado tono laicista.

En 1882 y por iniciativa -en su momento-, de Pizarro, se celebró en Buenos Aires un Congreso Pedagógico Americano que aconsejó a los gobiernos del Continente incrementar la educación popular adoptando entre otros, el principio de la libertad religiosa , de acuerdo a la corriente liberal que por entonces imperaba en Francia y otros Estados avanzados. De acuerdo con esta propuesta, el ministro Wilde remitió a las Cámaras un proyecto de ley implantando en el País la Enseñanza Primaria “obligatoria, gratuita y laica” supervisada por el Consejo Nacional de Educación.

Hasta ese entonces, la enseñanza pública en nuestro país, nacida y desarrollada bajo

La influencia de la Iglesia, se inspiraba en normas de la religión católica. Por ello, el carácter laico del Proyecto suscitó grandes polémicas en la legislatura y en la opinión pública, desatando opiniones contrapuestas.

En el Congreso, oradores como Pedro Goyena, Emilio Lamarca y José M. Estrada, rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, fueron defensores de la escuela tradicional católica. Mientras que los ministro Onésimo Leguizamón y Wilde, tuvieron a su cargo la defensa del Proyecto que finalmente quedó convertido en la Ley 1420 de Enseñanza Común.

Poco tiempo después, la Ley Avellaneda presentada l Congreso por el ex -presidente, por entonces Senador de la Nación, reordenó a su vez, la enseñanza universitaria argentina.

LA ENSEÑANZA HASTA 1983

Tanto en la época de los gobiernos militares como durante el peronismo, se desarrolló obre todo, la educación técnica y prosperó la enseñanza privada, estimulada por el establecimiento de un régimen de mayor libertad. Asimismo, se extendió considerablemente el nivel medio en todas sus modalidades, cobró importancia la educación de adultos y se introdujo el concepto de educación permanente. Por otra parte, se fundó la Universidad Obrera Nacional, luego transformada en Universidad Tecnológica y se triplicaron las universidades existentes. Todo ello tenía como objetivo lograr el acrecentamiento de la matrícula en todos los niveles, para facilitar el acceso a la educación a todos los sectores de la población, especialmente de aquellos más carenciados. A ello contribuyó la gratuidad de la enseñanza, que se extendió a todos los niveles.

La crisis de 1930 y el apogeo de los nacionalismos europeos, que propiciaban el retorno a las raíces históricas seculares, repercutió en nuestro país y condujo a la revolución militar de 1943 que restableció la enseñanza religiosa y la concepción hispano-católica de la cultura.

Durante el mandato de los regímenes de derecho, la tendencia fue la vigorización del modelo liberal; en tanto que durante la vigencia de los regímenes de facto, la tendencia fue la restauración del modelo tradicional, sin que se llegue a la postre a una resolución definitiva.

Los vaivenes políticos han provocado variadas alternativas, pero puede decirse como corolario que se han alcanzado algunos logros, como la posibilidad desde 1956 de establecer universidades privadas.

LA EDUCACIÓN A PARTIR DEL RESTABLECIMIENTO DE LA DEMOCRACIA

La etapa de la educación argentina que transcurre a partir de 1983 y que se extiende hasta nuestros días, signada por el retorno a la vida democrática, tiene como los hechos más significativos la reunión del Congreso Pedagógico Nacional y la sanción de la Ley Federal de Educación. Sin embargo no deben olvidarse otros hechos relevantes como la firma del Pacto Federal Educativo la sanción de la nueva Ley de Educación Superior, la creación de la Academia Nacional de Educación, y el desarrollo del Mercosur Educativo, estrechamente vinculado a la regionalización que caracteriza nuestra época.

Estas innovaciones se vienen realizando en el marco de transformación educativa, que se empalma con un movimiento de carácter universal, a través de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y de otros organismos no gubernamentales (ONG), como la Alianza Mundial para la Transformación de la Educación GATE) que tiene su sede en los Estados Unidos de América.

Debe admitirse que como consecuencia del vertiginoso desarrollo científico y tecnológico, acaecido a partir de la II Guerra Mundial, estamos ante una nueva realidad educativa. Hemos entrado en lo que ciertos tratadistas llaman la sociedad de la información o sociedad del conocimiento en la que sólo podrá aspirar a un lugar, la persona “instruída”, es decir aquella que esté preparada para afrontar los cambios del mundo globalizado.

Sin perjuicio de que en el período que ahora nos ocupa han entrado en vigencia una abundante cantidad de disposiciones que hacen a la transformación y adaptación de la educación del país a las necesidades de la sociedad del conocimiento o de la información, aludiremos sucintamente a:

Congreso Pedagógico de 1986-88: fue convocado por el Congreso de la Nación, por ley 23.114 aprobada por unanimidad en ambas cámaras legislativas en 1984. De acuerdo al texto de la ley, sus principales objetivos fueron: crear un estado de opinión en torno de la importancia y trascendencia de la educación en la vida de la República; recoger y valorar las opiniones de las personas y sectores interesados en el ordenamiento educativo y su desenvolvimiento; plantear, estudiar y dilucidar los diversos problemas, dificultades, limitaciones y defectos que enfrenta la educación. En cuanto al temario, se integró con los siguientes puntos: a) Importancia y trascendencia de la educación en la vida de la República. b) El ordenamiento educativo y su desenvolvimiento. c) Los problemas, dificultades, limitaciones y defectos que enfrenta la educación. d) La situación educativa y sus alternativas de solución.

Ley Federal de Educación: luego de un largo proceso de intensa elaboración, el 14 de abril de 1993 se sancionó la ley 24.195, destinada a producir profundos cambios en el sistema educativo vigente. El texto de esa ley comprende 71 artículos agrupados en 12 títulos. Entre las principales disposiciones se destaca la contenida en el artículo la contenida en el artículo 4º que se refiere a la “responsabilidad de la familia, como agente natural y primario de la educación; del Estado nacional, como responsable principal; de las provincias, los municipios, la Iglesia católica, las demás confesiones religiosas oficialmente reconocidas y las organizaciones sociales”. En cuanto a la política educativa, en el artículo 5º se dispone el fortalecimiento de la identidad nacional; el afianzamiento de la soberanía de la Nación; la consolidación de la democracia en su forma representativa, republicana y federal; la libertad de enseñar y aprender; la educación concebida como proceso permanente; la valorización del trabajo como realización del hombre y la sociedad y como eje vertebrador del proceso social y educativo. Con relación al sistema educativo, se afirma en el artículo 6º que “posibilitará la formación integral del hombre y de la mujer, con vocación nacional, proyección regional y continental, y visión universal, que se realicen como personas en las dimensiones cultural, social, estética, ética y religiosa, acorde con sus capacidades, guiados por los valores de vida, libertad, bien, verdad, paz, solidaridad, tolerancia, igualdad y justicia. Capaces de elaborar, por decisión existencial, su propio proyecto de vida”.

El artículo 7º establece: “El sistema educativo está integrado por los servicios educativos de las jurisdicciones nacional, provincial y municipal, que incluyen los de las entidades de gestión privada reconocidas”.

Constitución Nacional de 1994: El nuevo texto que reforma a la Constitución Nacional y que fue aprobado por la Convención Nacional Constituyente reunida en la ciudad de Santa Fe, mantuvo los artículos 5º; 14º; 25º de la de 1853. Y en el artículo 75º que se refiere a la facultad del Congreso para dictar planes de instrucción general y universitaria, agregó un inciso, con el número 19º por el cual estableció que corresponde al Congreso: “Sancionar leyes de organización y de base de la educación que consoliden la unidad nacional respetando las particularidades provinciales y locales: que aseguren la responsabilidad indelegable del Estado, la participación de la familia y la sociedad, la promoción de lo valores democrático y la igualdad de oportunidades y posibilidades sin discriminación alguna; y que garanticen los principios de gratuidad y equidad de la educación pública estatal y la autonomía y autarquía de las universidades nacionales”.

Ley de Educación Superior: El 20 de julio de 1995 se sancionó la ley 24.521 de educación superior, comprensiva de todas las instituciones de formación superior, fueran universitarias o no universitarias, nacionales, provinciales o municipales, tanto estatales como privadas. De esta manera se unificó la legislación de todos los institutos de educación superior y se introdujeron algunas novedades en su funcionamiento particular y conjunto.

Por el artículo 46º se crea la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU). Se trata de un organismo descentralizado que funciona en jurisdicción del Ministerio de Cultura y Educación, integrado -según el artículo 47º- por 12 miembros. Corresponde a la CONEAU realizar las evaluaciones externas de las instituciones universitarias y acreditar los posgrados y las carreras profesionales reguladas por el Estado. Interviene además en el funcionamiento y autorización de nuevas universidades estatales y privadas.