Poesía y Teatro de posguerra

Literatura española contemporánea. Siglo XX. Poesía arraigada y desarraigada. Celaya. Jardiel Poncela. Alfonso Sastre. Narrativa social

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RESUMEN LITERATURA CASTELLANA (Temas 7-8-9)

Panorama de la poesía tras la guerra

La Guerra Civil supuso una fractura traumática a la literatura. Contrasta intensamente el desolado clima de los primeros años de posguerra. Al acabar, el panorama cultural quedó profundamente empobrecido, debido tanto a la muerte y el exilio de numerosos escritores, como al clima de censura, aislamiento y desconfianza hacia la cultura.

% Unamuno y Gracía Lorca han muerto en 1936; Antonio Machado en 1939, y Miguel hernández morirá en 1942.

% Viven en el exilio Juan Ramón Jiménez, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Rafael Alberti, Luis Cernuda, etc. muchos de ellos crean buena parte de su obra en el exilio y, a menudo, tratan sobre el tema de la nostalgia del desterrado.

% Permanecen en España, algunos componentes de la generación del 27 y de la generación del 36.

La poesía arraigada

La lírica de la generación del 36 aspiraba a la serenidad clásica renacentista pero, frecuentemente, adquiere un tono frío y academicista. Es la llamada poesía arraigada, aquella que crece y se nutre sin angustias en un mundo que consideran armónico y ordenado. El garcilismo, o la revalorización de Garcilaso, había empezado en 1936. En los años de posguerra deriva hacia la valoración de las formas clásicas, sobretodo el soneto, y el predominio del tema amoroso, religioso y patriótico. El garcilasismo recoge el gusto por el neopopularismo. En esta línea se inscriben Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco y Leopoldo Panero.

La poesía existencial o desarraigada

Esta corriente aparece en 1944 con Hijos de la ira de Dámaso Alonso, revulsivo en el plácido ambiente garcilasista.

La poesía desarraigada, de tono trágico, existencial, se centra en el ser humano, en su dolor, desesperación y angustia ante un mundo caótico. Manifiesta un sentimiento de desarragio, emparentado con el tremendismo narrativo del momento. El tema religioso, frecuentemente en esta poesía también, adquiere un tono existencial, patente en las abundantes invocaciones y preguntas a Dios sobre el sentimiento del sufrimiento humano. A veces, subyace en esta poesía cierto tono social.

En cuanto al estilo, rechaza la estética serena y armónica del garcilasismo y se inclina por un lenguaje directo, coloquial, duro, apasionado y con imágenes tremendistas.

Representa esta tendencia Carlos Bousoño.

La poesía social de los años cincuenta

En torno a 1950 aparece la poesía social que manifiesta la solidaridad con los demás. De echo, se convierten en elementos centrales del poema los factores sociales que aparecían como elementos secundarios en la poesía existencial de los años cuarenta.

Los temas de que trata la poesía social son la alienación, la injusticia y la solidaridad. Es decir, plantea temas que afectan a la colectividad más que al propio poeta. Se recupera el tema de España.

El estilo es sencillo, cercano al lenguaje coloquial, a veces prosaico y muy expresivo, pues pretende llegar a la inmensa mayoría. Al mismo tiempo ese estilo genera su propia retórica en torno a ciertos conceptos que se repiten.

Autores

% Blas de Otero (1916-76) es uno de los poetas más representativos, pues sus etapas reflejan la evolución de la poesía en esa época: el existencialismo desarraigado, la poesía social comprometida y la renovación poética.

% Primera etapa existencial. Es una poesía religiosa muy personal. El tema amoroso aparece enlazado la religioso, pues el amor aparece como una posible salvación a las angustias y a la sociedad. Emplea un estilo desgarrado y violento, muy expresivo y denso. Predomina el soneto, aunque también escribe poemas en verso libre.

% Segunda etapa de poesía social se inicia en 1955. Es una poesía de testimonio y denuncia que plantea la solidaridad con los que sufren y el tema de España. El estilo pierde el tono dramático anterior y se inclina hacia una mayor sencillez en lenguaje y formas, con predominio del verso libre.

% Tercera etapa. Supone una renovación del lenguaje y de las imágenes, de influencia surrealista, y en ella predominan los temas intimistas.

% Gabriel Celaya (Rafael Múgica, 1911-91). Su extensa obra lo convierte en otro de los poetas representativos.

% Primera etapa. Se abre en la posguerra. Es una poesía existencial, en la que emplea el seudónimo Juan de Leceta.

% Segunda etapa entra de lleno en la poesía social.

% Tercera etapa. Muestra una poesía que recoge la identificación entre la persona y el cosmos, y adquiere un tono filosófico.

La literatura de posguerra desde los años cuarenta a los sesenta

En los años treinta, surge un teatro propagandístico de contenido social y político que, a menudo, cuaja en obras de planteamientos esquemáticos y simples. En ambos bandos el teatro. se emplea como instrumento ideológico

Entre los autores teatrales que marcharon al exilio se encontraban Alejandro Casona, etc. Todos ellos continuaron escribiendo teatro fuera de España.

% Alejandro Casona. Es un autor conocido antes de la guerra. Escribe un teatro poético, simbólico, muy bien construido, que plantea el conflicto entre la realidad y la fantasía, o entre la ilusión y la verdad. Su teatro en el exilio continúa la misma línea en temas y estilo. En 1962 vuelve a España con motivo del estreno de una de sus mejores obras, La dama del alba, escrita en 1944.

El teatro humorístico

El teatro cómico de la posguerra surge en torno a un grupo de humoristas relacionados con la revista La Codorniz, publicación satírica que empleaba un humor bastante intelectualizado. Diversos autores escribieron este tipo de teatro humorístico. Su teatro explota las posibilidades cómicas del lenguaje mediante equívocos y juegos de palabras disparatados. Pero, a menudo, ese humor esconde una visión amarga y escéptica de la realidad. El punto débil de este teatro es que la obra puede quedar reducida a un cúmulo de chistes.

% Jardiel Poncela (1901-1952), novelista y dramaturgo, escribe teatro a partir del 1927. Entre 1939 y 1949 es el único autor valioso que estrena de forma regular y que despierta el interés entre el público más exigente. Su teatro se basa en un humor disparatado que rompe con los esquemas lógicos y conecta con el teatro vanguardista. El sentido del humor es irónico, antisentimental y futurista. Concibe el teatro como el reino del absurdo, opuesto al realismo de lo cotidiano, y se propone renovar el concepto de comicidad. Sus obras encadenan situaciones inverosímiles o grotescas, con personajes atípicos y diálogos humorísticos muy intelectualizados que traslucen una visión crítica de la realidad. No sólo en la renovación del teatro cómico que se aleja del humor vulgar y fácil, sino en la creación de un nuevo público de teatro sensible a este humor. Entre sus obras destaca Eloísa está debajo de un almendro (1940).

% Miguel Mihura (1906-1977) está en la misma línea de teatro cómico, basado en el humor absurdo. Escribe teatro, guiones de cine y periodismo humorístico. Mihura emplea un humor basado en la dislocación del lenguaje, lejos del humor del género chico dominante en los escenarios; por otra parte, propone una visión diferente de la sociedad, ya que manifiesta simpatía por unos personajes libres de prejuicios y marginales, enfrentados con un mundo cursi, encorsetado y convencional, que se presenta bajo la apariencia del orden y la decencia. Los grotescos personajes-tipo y el lenguaje vanguardista emparentan la obra de Mihura con Jardiel Poncela y Gómez de la Serna; la visión crítica de la sociedad le liga al teatro del absurdo de Beckett o de Ionesco. Su gran éxito fue Tres sombreros de copa.

Del drama ideológico al teatro realista social

Frente a la literatura de evasión, aparece un teatro grave y existencial, que evoluciona hacia el realismo social en los años cincuenta. Algunos autores marcan el punto de partida de esta tendencia que será la dominante en la década de 1950. Es un momento en que aparece un nuevo público, la censura no es tan férrea y la literatura tiende hacia el compromiso social. El teatro realista y social aborda los problemas de la sociedad española de la época y abandona el tono escapista del teatro precedente. En general, las obras tienen planteamientos y resoluciones muy esquemáticos y directos, pues se pretende llegar aun amplio público.

% Antonio Buero Vallejo. En 1949 se concede el premio de teatro Lope de Vega. Se inicia el teatro de testimonio y compromiso. Lo novedoso de la obra de Buero Vallejo es el tema, ya que plantea los conflictos de la sociedad de su tiempo; muestra la realidad de la posguerra y pone en escena al pueblo bajo con sus problemas que, en parte, derivan de la guerra, mientras que, al mismo tiempo, ignora la realidad oficial. Historia de una escalera muestra algunos rasgos que caracterizarán toda la obra del autor: intenta, por ejemplo, inquietar y comprometer al espectador en la búsqueda de la verdad, como hacen sus personajes y, en esa búsqueda, plantea interrogantes sobre el ser humano y su actitud frente al entorno.

En 1967 estrena El Tragaluz, en la que combina elementos del teatro experimental con el tema de su teatro realista. La obra se plantea como un experimento futurista. El conflicto entre estos dos personajes constituye la esencia del drama y Buero Vallejo, mediante los investigadores, nos lleva a la conclusión posibilista de la obra: advierte del peligro de que los activos no reflexionen y que los contemplativos no actúen por miedo a perder su pureza. Como en otras obras del autor lo fundamental de El tragaluz es la reflexión sobre la conducta del individuo en determinadas situaciones, la dignidad humana y la necesidad de buscar la verdad.

En el teatro de Buero Vallejo, predominan las obras realistas, en las que emplea el realismo psicológico al estilo de Ibsen; es decir, presenta caracteres complejos y problemáticos en su proyección social. Junto al teatro realista, Buero Vallejo escribe obras de otro tipo. En otras piezas incluye la fantasía o el mito y, finalmente, escribe un teatro en torno a la tortura y a la culpa.

Lo que aporta unidad y coherencia al teatro de Buero es el tono ético y la carga de inquietud que renueva y dignifica la escena. Plantea problemas fundamentales del ser humano e incorpora al espectador a esa inquietud. En su obra, la búsqueda de la verdad aparece como objetivo ineludible, de ahí el tono de desasosiego, un mundo trágico, pero fundado en la esperanza humana.

% Alfonso Sastre. Pertenece a la generación que no hizo la guerra y que se formó tras ella. Su teatro es paralelo a la novela realista social y a la poesía social de los años cincuenta.

Se da a conocer por los numerosos artículos en periódicos y revistas especializadas, en los que muestra su rechazo al teatro que triunfaba en los escenarios y defiende un teatro social, de denuncia y protesta, que sea un instrumento agitador transformador de la realidad.

En 1953 estrena Escuadra hacía la muerte, escenificada por un teatro universitario y prohibida tras tres representaciones. La obra es un drama de agitación social que marca el inicio de un teatro político que no pudo desarrollarse en los escenarios.

El tema que domina en su obra es la opresión, ya sea física, psicológica o social, presentada como un factor que debemos destruir mediante la revolución.

En el teatro de A1fonso Sastre predomina lo social sobre lo individual; de ahí deriva un cierto simplismo y esquematismo en la creación de personajes y ambientes.

Narrativa o novela del exilio

La novela de los años treinta, como la poesía, tendido hacia la rehumanización y el compromiso social, tras abandonar la deshumanización de los años veinte. Sus obras se realizan al margen de la literatura que se hace en España y, en general, tratan con insistencia sobre el tema de la guerra.

% Ramón J. Sender (1902-1982) escribe, en los años treinta, novelas históricas de compromiso social. En el exilio escribió novela autobiográfica sobre la Guerra Civil y destaca Réquiem por un campesino español (1953), que muestra los conflictos de la Guerra Civil en un pequeño pueblo aragonés.

La novela de los años cuarenta

En la inmediata posguerra se hace evidente la ruptura de la natural evolución literaria. Así, la novela no puede enlazar con la narrativa social de los años treinta, prohibida por el franquismo, ni parece válida la estética deshumanizada de los años veinte. En ese panorama de desconcierto abundan tres tipos de narraciones, todas de estilo tradicional: ideológica, realista y humorística.

% La novela ideológica o de ideas, desde la perspectiva de los vencedores, recoge a menudo el tema de la guerra.

% En la novela realista recoge lo tradicional

% La novela humorística tuvo un amplio público.

Hasta los años cincuenta no comienzan los indicios de renovación. En la década de 1940 sólo hay casos excepcionales y aislados, como Camilo José Cela, Carmen Laforet y Miguel Delibes.

La publicación de La familia de pascual Duarte (1942), de Cela, y de Nada, de Carmen Laforet, marcan el inicio de una nueva narrativa. Comparten el tono sombrío y existencial, que contrasta con el triunfalismo o la actitud evasiva, general en la novela de éxito de la inmediata posguerra. Pero otras obra de Miguel Delibes reflejan el desolado mundo de la posguerra desde una perspectiva pesimista y existencial.

% Carmen Laforet. Con Nada, es, quizá, la primera novela generacional de la posguerra, pues su protagonista encarna una nueva sensibilidad ante ese mundo, que aparece plasmada por primera ves en una narración. Con un lenguaje sencillo, muy alejado de la retórica triunfalista al uso, presenta a una joven estudiante que rechaza toda la sordidez de la posguerra, es este caso, el ambiente familiar y estudiantil d ña Barcelona de los años cuarenta.

% Camilo José Cela. Con su primera obra, La familia de pascual Duarte, Cela provoca una polémica en torno al tremendismo, se le acusaba de deformar la realidad al subrayar lo más desagradable. En 1942, suponía un revulsivo, pues la truculencia y la visión desolada del mundo contrastaba con una narrativa triunfalista. La novela narra un cúmulo de crímenes y de atrocidades que parecen verosímiles por el tipo de protagonista y por el ambiente. Como un nuevo pícaro, Pascual Duarte narra su biografía para que entendamos cómo ha llegado a ser un condenado a muerte. La limitación intelectual de Pascual, el destino que parece dominar la obra y el ambiente bárbaro e injusto convierten a esta criatura en un asesino-víctima. La obra refleja un radical pesimismo, cercano al existencialismo. La publicación de una novela tan desgarrada, en un momento de censura política y moral muy estricta, sólo se explica por ser Cela un ex combatiente franquista y porque los sucesos se sitúan en la España de preguerra.

En 1951 Cela publica La colmena, su obra más valorada, ya que inicia el objetivismo o realismo de la década de 1950. Fue publicada en Buenos Aires, porque la censura consideró inmorales sus referencias eróticas. Lo más original de la novela es el personaje colectivo, la condensación temporal y su carácter de novela abierta.

En conjunto, ofrecen una visión panorámica del vivir colectivo. Presenta una visión pesimista. Abundan los personajes mediocres. En general, el autor adopta una actitud objetiva. Es una novela abierta, sin argumento final. El tema de la obra, pues refleja la incertidumbre de los destinos humanos. El estilo es muy cuidado. La colmena es una novela social y existencial.

% Miguel Delibes. Se inicia con La sombra del ciprés es alargada, premio Nadal de 1947. En esta novela aparecen dos temas recurrentes en Delibes: la infancia y muerte.

En mitad de la década de 1960, aparece Cinco horas con Mario (1966), considerada la mejor novela de Delibes porque conjunta la preocupación ético-social y la renovación formal. Incorpora el monólogo interior, es decir, el novelista presenta el discurso del pensamiento de un personaje. Es una crítica irónica a las clases medias provincianas. La novela reconstruye la historia desordenadamente, se produce saltos en el tiempo y el lector debe reconstruir el orden de la narración.

La narrativa de la década de los cincuenta

Novela social

La novela española de esta década recoge pronto las nuevas preocupaciones sociales y abandona la visión existencial, dominante en la década anterior.

A lo largo de la década, el realismo social se intensifica y en el año 1954 alcanza uno de sus momentos cumbre, pues se publican varias obras de este tipo.

El tema de la novela es la propia sociedad española: la dureza de la vida en el campo, las dificultades de la transformación de los campesinos en trabajadores industriales; la explotación del proletariado y la banalidad de la vida burguesa.

El estilo es sencillo, tanto en el lenguaje como en la técnica narrativa, pues de pretende llegar a un amplio público, así, la técnica se supedita a los contenidos testimoniales o críticos.

Objetivismo y realismo social

% El objetivismo pretende presentar la realidad desde una perspectiva neutral. Sigue las teorías conductistas o behavioristas. Es la técnica que usa el nouveau roman francés ya citado. En general, la novela objetivista presenta los siguientes rasgos: el autor no aparece en la obra; se limita la importancia del protagonista, o bien aparece un protagonista colectivo; se concentra el tiempo y el espacio, y es una novela sencilla de estructura y estilo.

% El realismo crítico es una evolución del objetivismo. Pretende denunciar de forma más explícita las injusticias sociales. El escritor asume un compromiso con la realidad, pues la literatura comprometida intenta transformarla. Suele presentar personajes-tipo, es decir, representativos de su clase, antes que seres individualizados.

Principales narradores de los años cincuenta

% Rafael Sánchez Ferlosio (1927). Con El Jarama, premio Nadal 1956, consigue la obra más valorada del objetivismo, al presentar los personajes por su conducta y sus palabras. La novela narra las anécdotas que suceden a un grupo de jóvenes en una excursión al río Jarama. La realidad queda fragmentada en esos momentos de diálogo. La carga crítica se desprende del comportamiento banal de los protagonistas, reflejo del vacío y de la postura acrítica de la juventud crecida en la posguerra.

% Juan Goytisolo (1931). Es uno de los novelistas más representativos, pues su trayectoria marca la evolución del género. Empieza con el objetivismo, pero desde una perspectiva evasiva de la realidad, en la que cobra importancia el mundo infantil y los recuerdos de la guerra. Posteriormente hace una novela de crítica social y de técnica objetiva, que denuncia la vida burguesa. Abandona el realismo y abre un período de experimentación constante. Desde un exilio voluntario comienza la búsqueda y negación de la historia y de la cultura hispánicas. Su obra más representativa fue Juegos de manos.

% Ignacio Aldecoa (1925-1969). Es un excelente narrador de cuentos y novelas testimoniales, dentro del objetivismo. La frialdad de la narración acentúa el dramatismo de unas historias en las que se refleja una profunda consideración humanitaria de los personajes, la margen de su valoración social. Entre sus novelas destaca El fulgor y la sangre (1954).

% Carmen martín Gaite (1925). Comienza con una novela crítica, Entre visillos, que recoge el mediocre ambiente de una pequeña ciudad provinciana, donde las jóvenes tienen como única meta el matrimonio.

% Jesús Fernández Santos (1926-1988). Con Los bravos (1954), es uno de los pioneros del realismo objetivo. Más tarde dirige excelentes películas y escribe novela histórica y experimental, como Extramuros (1960).

% Ana Mª Matute(1926). Inicia su obra en la década de los cuarenta. Los temas que aparecen temas que serán constantes en su narrativa posterior: el paraíso perdido de la infacia-adolescente, el cainismo y la incomunicación. Su obra más representativa fue Primera memoria.