Poesía española; Dámaso Alonso

Literatura española contemporánea. Poesía y lírica. Signo lingüístico. Estilismo poético

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AUTOR : DÁMASO ALONSO

TÍTULO : “Poesía española” (Introducción y los tres primeros conocimientos)

CÁTEDRA : Teoría literaria II

INTRODUCCIÓN: Significante y significado

El signo lingüístico es la unidad básica de la comunicación. Éste se compone de significante y significado. Significante es sinónimo de “imagen acústica” y significado es sinónimo de “conceptos”. Para Saussure, los significantes son simples portadores o transmisores de los “conceptos”, pero esto no es así. Los significantes no transmiten conceptos, sino delicados complejos funcionales. Un significante puede reunir muchos conceptos (en las metáforas), como carecer de ellos (en las interjecciones, por ejemplo). Significante es todo lo que en el habla modifica leve o grandemente nuestra intención del significado.

El significante puede desgajarse en una serie de señales distintas, tales como el tono, la intensidad, la velocidad, el matiz vocálico, etc. Todos estos elementos son los significantes parciales, que conforman el significante como elemento constitutivo del signo. Éstos pueden ser de función afectiva, descriptiva, pictórica, cada uno con sus propios significados.

Estos significantes cobran una vital importancia en el lenguaje literario, en especial en la poesía. Toda la construcción del verso no es sino un complejo significante que despierta en nosotros un complejo significado. Así vemos que palabra no está ligada a significante, más bien, la unidad natural del significante, que sería también la del significado, es la frase. Pero, de acuerdo a su capacidad expresiva, tanto una estrofa, un verso, una sílaba, como un acento, puede ser un significante, cada uno con su especial significado. Podemos reconocer que hay una vinculación indisoluble entre significante y significado, mucho más patente en la lírica que en otros géneros literarios.

La “forma” no afecta sólo al significante, ni al significado solo, sino a la relación entre ambas. Esto nos permite ver en la “forma” dos perspectivas. Entendemos por “forma exterior” la relación entre significante y significado, en la perspectiva del primero hacia el segundo. Esa misma relación, pero en la perspectiva desde el significado hacia el significante, es lo que llamamos “forma interior”.

PRIMER CONOCIMIENTO DE LA OBRA POÉTICA: El del lector

Las obras literarias han sido escritas para un ser concreto: el lector. Por lo tanto, el primer conocimiento de la obra poética es pues, el del lector y consiste en una intuición totalizadora que viene a reproducir la intuición del autor. Este conocimiento intuitivo que adquiere el lector de una obra literaria es inmediato, y tanto más puro cuanto menos elementos extraños se interpongan entre ambas intuiciones.

Las intuiciones literarias se diferencian de la científica en que se movilizan la totalidad psíquica del hombre: la memoria, la voluntad y entendimiento. En cambio, las científicas sólo ocupan una veta de la psique. Este conocimiento se fija o completa en la relación del lector con la obra.

Cuando el lector lee una obra pasa por una serie de intuiciones -intuiciones parciales-. Pero cuando hablamos de la “intuición totalizadora” estamos refiriéndonos a una imagen total, no suma de las parciales, aunque elevada sobre ellas. La mayoría de las veces es inexpresable.

La intuición del lector no es sustituible o provocable por medios exteriores -salvo la lectura misma-. Pero no todo lo que lee es “el lector”. La intuición se la tiene o no.

SEGUNDO CONOCIMIENTO DE LA OBRA POÉTICA: Función de la crítica

Existe un ser que no es el lector común; sus cualidades están exacerbadas, con una capacidad receptora profundamente intensa y extensa. Éste es el crítico, que expresa, comunica y valora la obra poética, conociendo que es un juicio parcial, espiritual y personal, aunque es una guía de lectores. Tiene una poderosa capacidad intuitiva artística, por lo que es un artista, transmisor y evocador de la obra. La crítica es un arte.

Como primera capacidad, debe saber reconocer una “obra literaria” de una simulada: se reserva el nombre de “obra literaria” para aquellas producciones que nacieron de una intuición intensa, y que son capaces de producir en el lector otra intuición semejante a la que les dio origen. También debe saber que las verdaderas obras literarias no pueden ser objeto de la historia, pues la obra literaria es un permanencia. La obra literaria es eterna. Su verdadero conocimiento no es ni puede ser, un conocimiento histórico. La intuición expresiva permanece eterna, inmutable, tras el cierre de la obra artística, y se recrea cada vez que se une a la intuición del lector. Además, el estudio de la obra poética, es siempre estudio de una realidad actual, y éste no puede ser histórico.

Junto a la verdadera “obra literaria” existe otra criatura que la simula y emula, pero que no es la “obra literaria”. El crítico es quien debe discernir y discriminar a un lado la obra literaria de la simulación. Ésta es la principal función que se le atribuye al crítico.

Frente a las obras antiguas, el crítico no debe interponerse entre el lector y la obra, pero debe quitar el velo del tiempo, por lo que necesita la erudición necesaria para conocer y situarse en la intuición de la obra poética.

TERCER CONOCIMIENTO DE LA OBRA POÉTICA: Estilístico

En el tercer conocimiento lo que buscamos es la posibilidad de un conocimiento científico del hecho artístico. Pero, un hecho artístico ¿podrá ser objeto de conocimiento científico, o sólo conocimiento intuitivo?. Cada obra es única, sin embargo, es posible estudiar las similitudes de una serie de poemas; esta indagación, es la que realiza la Estilística.

Estilística es la ciencia del habla. Cabe distinguir la Estilística lingüística (del habla corriente) de la literaria (del habla literaria). La estilística literaria está llena de limitaciones y es aún inmadura; aún así, es el primer paso seguro a una verdadera “Ciencia de la literatura”. Por lo mismo, difiere fundamentalmente de los otros dos conocimientos: ellos eran intuitivos, éste, un intento de hacer ciencia absolutamente serio y exhaustivo.

La primera tarea de la Estilística es penetrar en el mundo del poema: el significado. Esto es posible a través del significante, que sería el poema mismo. Las relaciones que hay entre los múltiples significados y significantes es una red en la cual se conectan todos unos con otros, con un uno indivisible, y es en la cual la Estilística debe penetrar necesariamente.

El método puede ser a través de la forma exterior -un estudio desde el significante al significado-, o a través de la forma interior -de significado a significante-. Siempre es más complejo en estudio utilizando un método de forma interior, pues ahí entran variables psicológicas que escapan de la literatura en sí.