Poesía Española de Posguerra

Literatura Contemporánea. Guerra Civil Española. Rehumanización. Genaración del 36. Poesía Social. Nueva Poética. Generación de los 70. Generación de los 80. Blas de Otero

  • Enviado por: Javier Torío Caño
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 7 páginas
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POESÍA ESPAÑOLA DE POSGUERRA

  • CONTEXTO HISTÓRICO-LITERARIO:

De la guerra civil surge un nuevo régimen político: el régimen franquista, caracterizado: en política interior por una represión muy fuerte; en política económica por la autarquía y la intervención del Estado e la economía; en política cultural por la depuración de intelectuales y la falta de libertad; y en política exterior por el alineamiento con el fascismo.

En 1943 Franco declara la neutralidad española en la II Guerra Mundial, y en el 46 EEUU, Gran Bretaña y Francia declaran no legítimo al régimen franquista, ratificado por la ONU. Tiene lugar un bloqueo económico. El fracaso de la política económica hace que se impongan cambios significativos que afectarán también a la producción literaria.

Estos 40 años se pueden dividir en dos etapas:

  • Desde la guerra hasta el año 57: caracterizada por la organización el nuevo Estado, persecuciones depuraciones, etc.

  • Desde el 56 en adelante: caracterizada por cierta liberalización, una cierta libertad de información. A partir del 75, año en que comienza la democracia, se consolida un nuevo régimen político y tiene lugar la inserción de España en el resto de las democracias europeas.

  • Tras la guerra siguen componiendo sus obras, en el exilio o aquí, numerosos autores de las generaciones del 98 y 27. Podemos hablar de una “poesía del exilio” que se caracteriza por abordar los siguientes temas: la patria perdida, preocupaciones humanas, realidades de las tierras que los acogieron.

    La poesía en España tras la guerra:

    Nuestra poesía había iniciado un proceso de “rehumanización” tras 1827, proceso que se intensifica con las dramáticas circunstancias de los años 30. En esta dirección seguirán -aunque con sensibles diferencias de enfoque- los poetas que escriben en España tras la guerra sólo en fechas cercanas volverán a ponerse en primer plano las preocupaciones formales. Distinguiremos en la evolución de la poesía, unas etapas, unas corrientes o unas tendencias paralelas a las que marcaban el desarrollo de los demás géneros.

    • CARACTERÍSTICAS:

  • GENERACIÓN DEL 36: (años 40 y principios de los 50).

  • Poesía arraigada:

    • Se agrupan en torno a la revista Garcilaso.

    • Vuelven sus ojos hacia Garcilaso.

    • Afán optimista de claridad, de perfección, de orden.

    • En formas clásicas, encierran una visión del mundo coherente, ordenada y serena.

    • Uno de los temas dominantes es un firme sentimiento religioso, junto con temas tradicionales (amor, paisaje, etc.).

    Autores:

    Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo, José García Nieto, Rafael Morales.

    Poesía desarraigada:

    • Espadaña es la revista que acoge a los poetas de esta tendencia.

    • Poesía arrebatada del agrio tono trágico.

    • Poesía desazonada que se enfrenta a un mundo deshecho y caótico, influido por el sufrimiento y la angustia.

    • Entronca con la línea “existencial”.

    • Estilo bronco, directo, sencillo, poco preocupado por los primores estéticos (la distinción que estableció Dámaso Alonso entre ambas corrientes no es absolutamente tajante).

    Autores:

    Victoriano Crémer, Eugenio de Mora, José Luis Hidalgo, Carlos Bousoño, Vicente Gaos, etc.

    Otras tendencias:

    Postismo: fundado por Carlos Edmundo de Ory.

    • Enlaza con la poesía de vanguardia (pretende ser “surrealismo ibérico”).

    • Reivindica la libertad expresiva, la imaginación, lo lúdico, etc.

    • Rechaza la angustia existencial.

    Autores:

    J. E. Cirlot, Ángel Crespo, Gabino Alejandro Carriedo (no hallarían eco hasta los últimos años).

    Grupo Cántico (Córdoba):

    • Mantiene en la posguerra el entronque con el 27.

    • Cultivaba una poesía predominantemente intimista y de gran rigor estético, cuya valoración no llegaría hasta los años 70.

    Autores:

    Ricardo Molina, Julio Aumente, Pablo García Baena.

  • POESÍA SOCIAL: (realismo social hacia los 50):

    • Partiendo de la “poesía desarraigada” se ha pasado a la “poesía social”.

    • La poesía debe “tomar partido” ante los problemas del mundo que le rodea.

    • Ejercicio de la poesía como un acto de solidaridad con los que sufren, abandonando la expresión de los problemas íntimos o “existenciales”.

    • Rechazo de los lujos esteticistas.

    • Temática: España, injusticia social, la alineación, el mundo del trabajo, anhelo de libertad y de un mundo mejor.

    • Repulsa de la “neutralidad ante las injusticias o conflictos sociales”.

    • Estilo: los poetas se dirigen a la “mayoría”. Tal pretensión conduce al empleo: lenguaje claro, tono coloquial, alejamiento de los primores estéticos.

    • La preocupación por los contenidos es mayor que el interés por los valores formales o estéticos.

    Autores:

    Blas de Otero, Gabriel Celaya, Victoriano Crémer, Eugenio de Mora, Garciasol Bousoño.

    El cansancio de la poesía social no tardó en llegar y ello se irá acentuando en la década de los 60.

  • NUEVA POÉTICA: (años 60).

  • Ya durante los años del auge del realismo social, se observaban otras corrientes poéticas. Aunque la poesía social se prolonga en los años 60, ya en la década de los 50 comienzan a aparecer poetas nuevos que representarán pronto su superación: Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente, Francisco Brines, Claudio Rodríguez. Aunque no puede decirse que estos poetas formen un “grupo”, es indudable que presentan no pocos rasgos comunes, indicio de que la poesía se orienta por nuevos derroteros:

    • Preocupación fundamental por el hombre.

    • Inconformismo frente al mundo en que viven, pero cierto “escepticismo” les aleja de la poesía social.

    • Crean y consolidan una poesía “de la experiencia personal”.

    • Temática: retorno a lo íntimo, atención por lo cotidiano, escepticismo dolorido, conciencia de aislamiento, soledad.

    Estilo:

    • Voluntario alejamiento de los modos expresivos de las tendencias precedentes.

    • Se rechaza por igual el patetismo de la “poesía desarraigada” y el habitual prosaísmo de tantos poetas sociales.

    • Exigente labor de “depuración” y de “concentración” de la palabra.

    • Mayor rigor en el trabajo poético.

    • Cada poeta se propone la búsqueda de un lenguaje personal, nuevo y más sólido.

    • No les tientan las experiencias vanguardistas: se quedan en un tono cálido, cordial, contrapesado por un frecuente empleo de la “ironía”, una ironía triste, reveladora de ese escepticismo que hemos mencionado.

    • Con estos poetas renace el interés por los valores estéticos y por las posibilidades del lenguaje.

  • GENERACIÓN DE LOS 70:

    • Es conocida también como la generación de los novísimos, generación del 68 y la de los venecianos.

    • La renovación del lenguaje poético es objetivo principal.

    • Por la audacia de ciertas experiencias, puede decirse que nos hallamos ante un nuevo vanguardismo paralelo a las corrientes experimentales que vimos en otros siglos.

    • Los jóvenes poetas de los 70 acentúan el aspecto verbal y la huida de la realidad, aunque no rompen del todo con la generación anterior. Significaron un cambio perceptible y muy fértil.

    • La generación del 70 es como la del 27, de poetas filólogos. La casi totalidad ha estudiado Filología romántica, hispánica y, muy importante, clásica, lo que explica ciertos temas y ciertos modelos.

    Nómina:

    Para establecer la nómina de los poetas pertenecientes a la generación de los 70 resultan muy útiles las diferentes antologías publicadas en estos años.

    Los novísimos que figuran en la antología de Castellet son: Leopoldo María Panero, Ana María Moix, Félix de Azúa, Manuel Vázquez Montalbán, Antonio Martínez Sarrión, José María Álvarez, Pere Gimferrer, Guillermo Carnero y Vicente Molina Foix.

    En el mismo año que la antología de Castellet, 1970, vio la luz de Luis Martín Pardo, “Antología de la joven poesía española”, en la que se suprimen algunos nombres y se añaden otros, como los de Padorno, Antonio Hernández, Fernando Millán, Antonio Colinas, Jaime Siles y Ángel Fierro.

    La nómina de los poetas más importantes se completa con la antología de Antonio Prieto “Espejo del amor y de la muerte”, en la que se incluían dos poetas inéditos, Luis Alberto de Cuenca y Luis Antonio de Villena.

    Los novísimos son una corriente dentro de esta generación, tal vez la más innovadora, pero hubo otras, como la de la poesía concreta de Ullán o la leonesa, más comprometida, del equipo Claraboya (Agustín Delgado, Luis Mateo Díez, Ángel Fierro).

    Según Ángel L. Prieto de Paula los rasgos principales de la poética de los novísimos son la reserva sentimental y el existencialismo negativo y la lectura restrictiva de la tradición.

    Reserva sentimental y existencialismo negativo. Lo más interesante es convertirse en sujetos poemáticos: el yo del autor prácticamente desaparece para que su lugar lo ocupe otro inventado por el poeta. De ahí que con frecuencia busquen personajes de otras épocas en los que se representan. Se sirven de recursos como el prosaísmo y la ironía. El existencialismo negativo se manifiesta en la incapacidad de creer, como hacía la generación anterior, en la poesía como un acto de conocimiento. El mundo no se conoce a través de la palabra.

    Lectura restrictiva de la tradición. Hay en ellos mucho 27, mucho simbolismo, modernismo, surrealismo, algo de postismo, bastante romanticismo alemán y, quizá conviene decirlo, demasiada cultura, o pseudocultura, camp, folk y pop.

    Encabezados por Gimferrer, estos poetas buscaron una lengua poética exuberante, de procedencia simbolista, surrealista y, sobre todo, modernista. El verso que prefieren es largo y sujeto a unos ritmos muy marcados, con base endecasílaba y, con más frecuencia, alejandrina.

    Casi todos los componentes de esta llamada primera promoción, con el paso de los años siguieron caminos muy diversos.

  • GENERACIÓN DE LOS 80:

  • A mediados de los 70, ya se advierte una dispersión de las poéticas de los ya no tan jóvenes de la generación anterior y otros más jóvenes o coetáneos comienzan a presentar otras propuestas. En buena medida, estos poetas más tempranos, rechazando los aspectos más extremos de la estética novísima, vuelven a la poética de los 60.

    Características:

    José Luis García Martín ha señalado algunos rasgos y corrientes perceptibles en esta poesía de los 80:

    Pluralidad: en esta década la pluralidad de algunos autores es característica.

    Pastiche e ironía: algunos autores remendan esquemas y títulos de los Siglos de Oro, pero con ironía. Utilizan habitualmente la métrica clásica.

    Neosurrealismo: aunque el surrealismo es frecuente en los poetas de los 70, siempre aparece muy atenuado o, si se quiere, intelectualizado. Esta tendencia de los 80 significa una vuelta a los más audaces versos de las vanguardias. Destacados: Luis Miguel Rabanal, Blanca Andreu.

    Minimalismo o conceptualismo: algunos críticos denominan esta tendencia poesía de silencio y otro neopurismo. En la línea de Góngora, Guillén y Valente, intentan hacer una poesía en que lo esencial es objeto y no el “yo”.

    Poesía de la experiencia: es una de las tendencias más asentadas, en una vuelta a la generación de los 60, con Gil de Biedma a la cabeza, y manteniendo la crítica ética e incluso social. Es el caso de Álvaro García, Luis García Montero y Carlos Marzal.

    Elegíacos y épicos: en la tradición de Cernuda y de las dos generaciones precedentes, también en ésta es frecuente el tono elegíaco, desengañado del poema. Es el caso de Eloy Sánchez Rosillo. Por lo que respecta a la poesía épica, los intentos más notables son el de Julio Martínez Mesanza con un ciclo dedicado a Europa y el de Julio Llamazares, que canta a su tierra leonesa.

    • ESTUDIO DE UN AUTOR REPRESENTATIVO:

    Blas de Otero:

    La obre de Blas de Otero resuma las etapas cubiertas por nuestra poesía durante varias décadas. Alarcos sintetizó su trayectoria con estas palabras: “del yo al nosotros”. En efecto, Blas de Otero nos hablará, en un primer momento, de sus problemas personales, existenciales y religiosos; después, dejará éstos a un lado para enfrentarse con los problemas colectivos (será su etapa de poesía social). Pero, tras 1965, se advertirá en su obra la búsqueda de “nuevos caminos”. Aunque sin abandonar sus preocupaciones humanas y políticas, Blas de Otero es sensible a la necesidad de renovar el lenguaje poético y de experimentar nuevas formas de expresión.

    Creación poética. Etapas:

    Poesía existencial: Dámaso Alonso lo incluye dentro de la poesía desarraigada. Etapa en la que domina el “yo”, con su angustia existencial. Obra: “Ancia”. Lo amoroso y lo religioso aparecen íntimamente enlazados en esta etapa de su obra. Encontramos ya en esta etapa un primer acercamiento al “nosotros”. El lenguaje de Blas de Otero se caracteriza ante todo por su dramatismo. Predominan en ésta época las formas clásicas: el soneto.

    Poesía social: (1955). “Pido la luz y la palabra”, “En castellano”, “Que trata de España”. Los tres títulos componen un nuevo conjunto poético, con características comunes: la solidaridad con los que sufren. Otero se dirige ahora a la inmensa mayoría. De acuerdo con ello buscará un lenguaje más Sencillo, aunque la sencillez sea sólo aparente.

    Búsqueda de nuevas formas: lo primero que se percibe en sus nuevos poemas es la preferencia por formas métricas muy libres. Paralelamente se observa una liberación del lenguaje. En la temática, aunque no desaparezcan los problemas sociales y políticos, hay una mayor presencia de la intimidad si bien se tiende a situar lo personal en el marco de lo colectivo.