Poesía en español

Poetas hispanos. Pablo Neruda. Miguel Hernández. Rubén Darío. Análisis poético

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Introducción

Este comentario personal de poemas ha sido muy interesante, pero me ha resultado difícil muchas veces adivinar la intención del autor porque las palabras casi siempre esconden sentidos que se nos escapan, y por ello, se le puede dar una interpretación diferente. Pero muchos poemas, con leerlos varias veces, y sobre todo, leyendo varios del mismo autor, vas sabiendo que es lo que quiso transmitir usando una clave, que son las palabras, las figuras literarias, propias de la expresión de cada poeta.

Pablo Neruda

Neruda, Pablo (1904-1973), seudónimo, luego nombre legal, de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, poeta chileno de Parral, considerado uno de los más importantes del siglo XX. Hijo de un ferroviario, y huérfano de madre cuando solo había vivido un mes, escribía poesía desde muy joven (el seudónimo comenzó a usarlo cuando apenas tenía dieciséis años). Gabriela Mistral lo inició en el conocimiento de los novelistas rusos, que el poeta admiró toda su vida. Estudió para convertirse en profesor de francés, sin llegar a lograrlo. Su primer libro, cuyos gastos de publicación sufragó él mismo con la colaboración de amigos, fue Crepusculario (1923). Al año siguiente, su Veinte poemas de amor y una canción desesperada se convirtió en un éxito de ventas (ha superado el millón de ejemplares), y lo situó como uno de los poetas más destacados de Latinoamérica. Entre las numerosas obras que le siguieron destacan “Residencia en la tierra” (1933), que contiene poemas impregnados de trágica desesperación ante la visión de la existencia del hombre en un mundo que se destruye, y “Canto general” (1950), un poema épico-social en el que retrata a Latinoamérica desde sus orígenes precolombinos. La obra fue ilustrada por los famosos pintores mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros. Como obra póstuma se publicaron, en el mismo año de su fallecimiento, sus memorias, con el nombre de “Confieso que he vivido”. Poeta enormemente imaginativo, Neruda fue simbolista en sus comienzos, para unirse posteriormente al surrealismo y derivar, finalmente, hacia el realismo, sustituyendo la estructura tradicional de la poesía por unas formas expresivas más asequibles. Su influencia sobre los poetas de habla hispana ha sido incalculable y su reputación internacional supera los límites de la lengua. En reconocimiento a su valor literario, Neruda fue incorporado al cuerpo consular chileno y, entre 1927 y 1944, representó a su país en ciudades de Asia, Latinoamérica y España. De ideas políticas izquierdistas, fue miembro del Partido Comunista chileno y senador entre 1945 y 1948. En el año 1970 fue designado candidato a la presidencia de Chile por su partido y, entre 1970 y 1972, fue embajador en Francia. En 1971 recibió el Premio Nóbel de Literatura y el Premio Lenin de la Paz. Antes había obtenido el Premio Nacional de Literatura (1945). Murió en Santiago, en 1973.

Hace muchas comparaciones entre la mujer y la tierra. Metáforas abundantes sobre todo entre estas dos, y se vale de figuras como bimembración (1º verso) y el hipérbaton para conseguir un lenguaje adecuado al ritmo que pretende conseguir, Los paralelismos, que evocan las bellezas de la mujer (versos 11 y 12) también aportan intensidad al poema. Neruda se vale mucho de repeticiones y paralelismos, que hacen “fluir” las palabras de un modo muy especial, adecuado al tema que está tratando

Es un poema de amor, un soneto dedicado a la mujer amada. La ve envuelta por una aureola de luz, que es cálida y acogedora como el pan, no como la fría plata.

Con el tiempo ella fue formándose y siendo mejor, mientras que él aún estaba aletargado como el carbón el la tierra.

La ensalza, y la vuelve a comparar con el pan, que es su sustento y al que devora.

Ella aprendió de las heridas (el fuego) a defenderse (ser sagrada), y vuelve a decir que es como un pan en el sentido de que es tan sencilla como él, en el idioma(forma de comunicarse) y el aroma, que es una característica personal de ella.

Rubén Darío

Félix Rubén García Sarmiento (Rubén Darío) Nació el 18 de enero del año 1867 en Metapa, Nicaragua. Sus padres fueron Manuel García y Rosa Sarmiento Alemán. En el año 1881 escribe artículos para el periódico político "La Verdad". En 1882 escribió “Alegorías”. Publica Primeras notas, libro de poemas que escribiera entre 1884 y 1885, de variada inspiración y de formas tan novedosas como dentro de la mejor tradición literaria española.

Para la celebración del 4º centenario del descubrimiento de América Viaja a España como enviado de gobierno de Nicaragua. Durante 1893 como representante diplomático viaja por distintos países de Latinoamérica y Europa. Un año más tarde junto Ricardo Jaime Freyre publica la Revista de América. Estando en Argentina trabaja para el periódico "La Nación" de Buenos Aires, motivo por el cual, viaja a España como corresponsal. Gracias a esto conoce en Madrid a quien sería por mucho tiempo su "inspiración", Francisca Sánchez, campesina y analfabeta. Como enviado de "La Nación” viaja durante varios años por Europa.

Vuelve a Nicaragua en el año 1907 buscando el divorcio de su esposa, y es allí recibido con honores y nombrado "ministro residente en España". Vuelve a Europa hasta 1915, año en que invitado por el presidente de Guatemala regresa a Centroamérica, pasa varios meses allí y regresa luego también con su esposa Rosario a Nicaragua. El 6 de febrero de 1916 murió después de haber sido intervenido quirúrgicamente en la ciudad de León, Nicaragua

Yo persigo una forma...

 

 Yo persigo una forma que no encuentra mi estilo  14A

botín de pensamiento que busca ser la rosa;   14B

se anuncia con un beso que en mis labios se posa  14B

el abrazo imposible de la Venus de Milo.   14ª

 Adornan verdes palmas el blanco peristilo   13A

los astros me han predicho la visión de una diosa   14B

y en mi alma reposa la luz como reposa  15B

el ave de la luna sobre un lago tranquilo   14A

 

  Son cuartetos de arte mayor, rimando siempre el primer verso con el cuarto y el segundo y el tercero entre sí. Así consigue la musicalidad, puesto que no hay muchos recursos literarios, y las metáforas son bastante simples.

Encontramos hipérbatos y un encabalgamiento en los dos últimos veros, pero Darío no consigue la musicalidad por ellos, sino sobre todos por la rima, que es la que produce el ritmo.

Darío se sirve de varias figuras literarias, como los paralelismo en los dos primeros versos, y un encabalgamiento en el tercero hacia el cuarto. En este repite varias estructuras parecidas, y usa la diéresis para alargar el número de sílabas (rüido)

En la siguiente estrofa también usa paralelismos. En el octavo verso hay una metáfora, dónde expresa su amargura, que está impresa en el poema. Continúa esta metáfora en la estrofa siguiente, y quiere decir que los versos le sirven para desahogarse de todas las penas que le agobian, y toda la felicidad y fiestas que no le llenan y no le hacen feliz.

Hay varias polisíndeton, repitiendo la conjunción “y”, que vuelven a dar efecto de que el poema fluye a su ritmo, sin prisa.

También en la cuarta estrofa hay un poliptoton , “el pesar” y “el pensar”, del primer y el cuarto verso.

En todo el poema hay hipérbatos, que contribuyen con el poeta a que el poema tenga esa expresión peculiar, y consigue así el ritmo, ayudando a la rima y otros recursos.

Miguel Hernández

Nació en Orihuela (Alicante), el 30 de Octubre de 1910. Hijo de familia humilde, pastor y tratante de ganado, estudio enseñanza primaria en las Escuelas del Avemaría y hasta los catorce años en el colegio de los jesuitas (alumno de bolsillo pobre). Se ocupó del trabajo familiar y sólo su fuerza de voluntad le mantuvieron cerca de los libro que le prestaban los amigos.
En 1931 se arriesgó a probar fortuna en Madrid, de donde regresó sin logros. Superada su etapa inicial, adolescente y mimética, paso aun estilo de corte gongorino y barroco y hizo un nuevo viaje a Madrid, donde entabla amistad con los poetas de la generación del 27 y 36.
Al comienzo de la guerra civil se alisto al ejercito republicano, comisario de actividades culturales y de propaganda. Se caso en 1937 con Josefina Manresa.
Con la derrota de la República, fue encarcelado y condenado a muerte, pena conmutada por la de treinta años.
Murió en la cárcel de Alicante del 28 de marzo de 1942

Aquí hay un claro simbolismo: el rayo. Se refiere al odio, devastador, como una fiera, que le consume el corazón entre fuegos, que están simbolizados por las fraguas, ante las que ningún corazón (“metal”) es incorrompible.

La pregunta retórica que se repite dos veces muestra desesperación, tono casi suplicante.

Quiere que ese rayo, ese odio, cese de implantarse poco a poco, como una estalactita impasible que va afianzándose en su corazón con el paso del tiempo. Y eso le quema y le duele como fuego, y ante ello su corazón le grita y se queja desesperado y dolorido.

Es un odio destructivo e imparable, pues procede de él mismo y no puede pararlo, sufriendo sus consecuencias impotentemente.

La siguiente estrofa dice lo mismo, sólo que es la piedra esta vez la que lo simboliza, por sus cualidades: la tenacidad y dureza de las piedras, que le hieren insistentemente como la lluvia.

Bibliografía

*Diversas antologías de Pablo Neruda, Rubén Darío y Miguel Hernández

*www.poesía-castellana.com

*www.los-poetas.com

*Enciclopedia Larousse 2000 y DVD de contenidos adicionales

Para mi corazón basta tu pecho...

Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.

Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.

He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto como un viaje.

Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente....

Me gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.

Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía;

Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.

Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.

Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

Aquí hay un simbolismo entre “la casa” y el autor mismo. Quiere decir que está lleno de cosas que le han pasado, pasiones y desgracias, y que no está vacío. Que vuelve de la tristeza de donde estuvo y las cosas regresarán a su estado anterior. Eso incluye a su amor, que volverá a florecer. Hace una especie de símil con la primavera, porque luego habla también de una planta perfumada, la enredadera, que aunque en realidad es la sábana, ya son dos referencias al mundo natural.

En la última estrofa, la expresión que usa en el primer verso nos recuerda a la lluvia golpeando tras la ventana, porque es casi una frase hecha fácil de captar. Ese odio, esa lluvia, ya no arrecian como antes porque están protegidos dentro de la casa.

La garra suave que menciona significa el daño que recibirá de ella por el pasado, el castigo, que él espera sea benévolo.

La última frase es la que hace que no demos cuenta de que en realidad está haciendo una súplica, se está ensoñando en algo que no va a ocurrir, y únicamente pide que le dejen pensar lo contrario, que sí va a pasar eso que pide porque lo que tiene es la esperanza, y se resigna mientras le dejen eso.

Canción Última

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruidosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.
 
Será la garra suave.
 
Dejadme la esperanza

Nocturno

Los que auscultasteis el corazón de la noche,
los que por el insomnio tenaz habéis oído
el cerrar de una puerta, el resonar de un coche 
lejano, un eco vago, un ligero rüido...

En los instantes del silencio misterioso,
cuando surgen de su prisión los olvidados,
en la hora de los muertos, en la hora del reposo, 
sabréis leer estos versos de amargor impregnados...

Como en un vaso vierto en ellos mis dolores
de lejanos recuerdos y desgracias funestas,
y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores,
y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.

y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido,
la pérdida del reino que estaba para mí,
el pensar que un instante pude no haber nacido,
¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!

Todo esto viene en medio del silencio profundo
en que la noche envuelve la terrena ilusión,
y siento como un eco del corazón del mundo
que penetra y conmueve mi propio corazón.

Besarse, mujer

 Besarse, mujer,
al sol, es besarnos
en toda la vida.
Asciende los labios,
eléctricamente
vibrantes de rayos,
con todo el furor
de un sol entre cuatro.

Besarse a la luna,
mujer, es besarnos
en toda la muerte:
descienden los labios,
con toda la luna
pidiendo su ocaso,
del labio de arriba,
del labio de abajo,
gastada y helada
y en cuatro pedazos.

Al principio hay un poliptoton, y un encabalgamiento. Lo siguiente es una metáfora, que hace referencia a la sensación que le producen sus besos, y la frase un sol entre cuatro se refiere a la forma de los labios al besarse, y la pasión que despierta en él.

La segunda estrofa, asocia la luna con la muerte y lo profundo, y hasta ahí llegan los besos, hondamente, hasta que el beso acabe y se congelen los cuatro labios, gastados y despedazados.

Hay metáforas muy elaboradas y eso lo que le da intensidad al poema.

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos

Mis ojos, sin tus ojos, no son ojos,
que son dos hormigueros solitarios,
y son mis manos sin las tuyas varios
intratables espinos a manojos..

No me encuentro los labios sin tus rojos,
que me llenan de dulces campanarios,
sin ti mis pensamientos son calvarios
criando nardos y agostando hinojos.

No sé qué es de mi oreja sin tu acento,
ni hacia qué polo yerro sin tu estrella,
y mi voz sin tu trato se afemina.

Los olores persigo de tu viento
y la olvidada imagen de tu huella,
que en ti principia, amor, y en mí termina.

Se dirige a la mujer amada diciéndole que no es nada sin ella, que se convierte en algo áspero en intratable cuando le falta. Que sus pensamientos le agobian y le martirizan sin ella.

Se siente solo si no oye su vos, y se siente totalmente perdido sin su guía, y hasta su forma de ser cambia.

La persigue en el viento, que simboliza su entorno, todo lo que le rodea, es decir, que busca incesantemente sus restos, pues su presencia empieza en ella pero termina en el propio poeta, dentor de su mente, rumiando su ausencia y desolación

¿No cesará este rayo?

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?

  ¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón me muge y grita?

   Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.

  Esta obstinada piedra de ml brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.

SONETO XIII

 La luz que de tus pies sube a tu cabellera,
la turgencia que envuelve tu forma delicada,
no es de nácar marino, nunca de plata fría:
eres de pan, de pan amado por el fuego.

La harina levantó su granero contigo
y creció incrementada por la edad venturosa,
cuando los cereales duplicaron tu pecho
mi amor era el carbón trabajando en la tierra.

Oh, pan tu frente, pan tus piernas, pan tu boca,
pan que devoro y nace con luz cada mañana,
bienamada, bandera de las panaderías,

una lección de sangre te dio el fuego,
de la harina aprendiste a ser sagrada,
y del pan el idioma y el aroma.

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos...

Cuerpo de mujer, blancas colinas, muslos blancos,

te pareces al mundo en tu actitud de entrega.

Mi cuerpo de labriego salvaje te socava

y hace saltar el hijo del fondo de la tierra.

Fui solo como un túnel. De mí huían los pájaros

y en mí la noche entraba su invasión poderosa.

Para sobrevivirme te forjé como un arma,

como una flecha en mi arco, como una piedra en mi honda.

Pero cae la hora de la venganza, y te amo.

Cuerpo de piel, de musgo, de leche ávida y firme.

Ah los vasos del pecho! Ah los ojos de ausencia!

Ah las rosas del pubis! Ah tu voz lenta y triste!

Cuerpo de mujer mía, persistiré en tu gracia.

Mi sed, mi ansia sin límite, mi camino indeciso!

Oscuros cauces donde la sed eterna sigue,

y la fatiga sigue, y el dolor infinito.