Poesía en español siglo XX

Literatura española e hispanoamericana contemporánea. Poetas mexicanos: Tablada. Pellicer. Sabines. Pacheco. Españoles: Machado

  • Enviado por: Huevon
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 32 páginas
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INSTITUTO LEONÉS

ESPAÑOL

MAURICIO DELGADO GRIJALVA

TRABAJO DE INVESTIGACION

POETAS DEL SIGLO XX

24 DE MARZO DEL 2003.


1.-José Juan Tablada

2.-Carlos Pellicer

3.-Jaime Sabines

4.-José Emilio Pacheco

5.-Antonio Machado

6.-Juan Ramón Jiménez

7.-Rafael Alberti Merello

8.-Xavier Villarrutia

9.-Eduardo Lizalde

10.-Octavio Paz

11.-Ramón López Velarde

12.-José Carlos Becerra

13.-Alfonso Reyes

14.-Rosario Castellanos

15.-Efraín Huerta

16.-Salvador Novo

17.-Pablo Neruda

18.-Dionisio Ridruejo

19.-Luis Rosales

20.-Blas de Otero


José Juan Tablada

(1871-1945)

Poeta mexicano

Nació el 3 de abril de 1871 en la ciudad de México, donde cursó estudios. Desde muy joven colabora en El Universal. Fue autor de más de diez mil artículos, usando más de una docena de seudónimos. Apoyó la fundación de la Revista Moderna en 1898 y fue uno de los poetas más radicales del modernismo. Viajó a Japón a principios de siglo y el viaje cambió el rumbo de su poesía. Exiliado por pertenecer a una facción derrotada de la revolución, más tarde trabajó en el campo de la diplomacia. Con López Velarde, marcó el camino de la poesía mexicana posterior al modernismo. Introdujo el haikú japonés y escribió poemas ideográficos casi al mismo tiempo que Apollinaire. Publicó El florilegio (1899), Al sol y bajo la luna (1918), Un día… (1919), Li-Po y otros poemas (1920), El jarro de las flores (1922) y La feria (1928). Falleció el 2 de agosto de 1945 en Nueva York.




De Atlántida

Lucen del Ocaso los pálidos cobres
y del mar que duerme, los blancos estaños,
y van derramando perfumes salobres
las olas que cantan con tonos extraños.

De pronto, el mar glauco se ve cristalino,
las sombras palpitan de luz salpicadas
y el alba triunfante de un sol submarino
derrama sus luces en áureas cascadas . . .

Cual pasa en los claros cielos estivales
la nébula errante de un claro de luna,
pasa estremeciendo los verdes cristales
un delfín de plata con su aleta bruna.

En el fondo tiemblan esbeltas arcadas
de ópalos brillantes y ágatas obscuras . . .
¿Es que, obedeciendo la voz de las hadas,
Atlántida tiende sus arquitecturas?

Silenciosa surge del regio palacio,
como iluminada por luces astrales,
La Nereida rubia de ojos de topacio
y frente ceñida de rojos corales.

Y tras ella nada, jadeante y bronco,
a grandes brazadas, el tritón fornido,
el que airado sopla su caracol ronco
y en las tempestades lanza su alarido.

Aparece luego como Anadyomena,
la de voz que arrulla como dulce flauta,
la fascinadora y ardiente sirena,
la que entre sus brazos adormece al nauta.

En alga marina su frente corona,
su vientre escamado fulgura y radía;
parece una heroica, gentil amazona
que viste armadura de oro y pedrería.

Y pasa nadando silenciosa y rauda,
tendiendo en las ondas sus brazos amantes,
mientras que los golpes de su verde cauda
dejan una estela de claros diamantes.

¡Mísero del nauta que surque esos mares!
la onda está quieta; la noche serena;
los astros esplenden y dulces cantares
modula la brisa . . . Pero la sirena,

al mirar la quilla del bajel errante
que el espejo terso de la mar desflora,
lanzará en al noche su canción amante
y el arrullo dulce de su voz traidora!. . .


Carlos Pellicer

(1899-1977)

Poeta mexicano


Nacido el 4 de noviembre de 1899 en Villa Hermosa, Tabasco. Carlos Pellicer es uno de los más destacados poetas del Grupo Contemporáneos. Durante 4 años fue director del Departamento de Bellas Artes. Su amor por la pintura y la arqueología lo llevó a especializarse en museografía : varios de los museos del país son obra suya: el Museo de la cultura olmeca en la Venta, Tabasco, el de Frida Kahlo en la ciudad de México, y el Anahuacalli de arte prehispánico con Diego Rivera. En 1933 fue nombrado miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y en 1964 le fue concedido el premio Nacional de Literatura. En 1976 y por su estado natal, fue electo senador de la República. Ha viajado desde su adolescencia por Sudamérica, Europa, Próximo Oriente. Considerado como poeta del trópico. Entre sus libros se encuentran Colores en el mar y otros poemas (1921), Hora y 20 (1927), Camino (1929), Hora de junio (1937), Recinto y otras imágenes (1941), Subordinaciones (1948) y Práctica de vuelo (1956).

Al dejar un alma

Agua crepuscular, agua sedienta,
se te van como sílabas los pájaros tardíos.
Meciéndose en los álamos el viento te descuentan
la dicha de tus ojos bebiéndose en los míos.
Alié mi pensamiento a tus goces sombríos
y gusté la dulzura de tus palabras lentas.
Tú alargaste crepúsculos en mis manos sedientas:
yo devoré en el pan tus trágicos estíos.

Mis manos quedarán húmedas de tu seno.
De mis obstinaciones te quedará el veneno,
flotante flor de angustia que bautizó el destino.

De nuestros dos silencios ha de brotar un día
el agua luminosa que dé un azul divino
al fondo de cipreses de tu alma y de la mía.

Jaime Sabines

(1926-1999)

Poeta mexicano


Nació el 25 de marzo de 1926 en Tuxtla Gutiérrez, estado de Chiapas. Hijo de un inmigrante libanés. Cursó estudios de medicina y letras en la Universidad Nacional. Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983. Autor de Horal (1950), La señal (1951), Adán y Eva (1952), Tarumba (1956), Yuria (1967), Maltiempo (1972), Algo sobre la muerte del Mayor Sabines (1973) y Uno es el hombre (1990). Su obra está recopilada en Nuevo recuento de poemas (1977). Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983 y en 1994 fue distinguido con la medalla “Belisario Domínguez”. Fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal. Falleció el 19 de marzo de 1999. "Su última voluntad fue que enterraran su cuerpo junto al de sus padres, el mayor Sabines y doña Luz, quienes descansan en el Panteón Jardín de la Ciudad de México".





Tía chofi

Amanecí triste el día de tu muerte, tía Chofi,
pero esa tarde me fui al cine e hice el amor.
yo no sabía que a cien leguas de aquí estabas muerta
con tus setenta años de virgen definitiva,
tendida sobre un catre, estúpidamente muerta.
Hiciste bien en morirte, tía Chofi,
porque no hacías nada, porque nadie te hacía caso,
porque desde que murió abuelita, a quien te consagraste,
ya no tenías qué hacer y a leguas se miraba
que querías morirte y te aguantabas.
¡Hiciste bien!
Yo no quiero elogiarte como acostumbran los arrepentidos,
porque te quise a tu hora, en el lugar preciso,
y harto sé lo que fuiste, tan corriente, tan simple,
pero me he puesto a llorar como una niña porque te moriste.
Te siento tan desamparada,
tan sola, sin nadie que te ayude a pasar la esquina,
sin quien te de un pan!
Me aflige pensar que estás bajo la tierra
tan fría de Berriozábal,
sola, sola, terriblemente sola,
como para morirse llorando.
Ya sé que es tonto eso, que estás muerta,
que más vale callar,
pero qué quieres que haga si me conmueves más que el presentimiento de tu muerte?

Ah, jorobada tía Chofi,
me gustaría que cantaras
o que contaras el cuento de tus enamorados.
Los campesinos que te enterraron sólo tenían
tragos y cigarros,
y yo no tengo más.
Ha de haberse hecho el cielo ahora con tu muerte,
y un Dios justo y benigno ha de haberte escogido.
Nunca ha sido tan real eso en lo que creíste.
Tan miserable fuiste que te pasaste dando tu vida
a todos. Pedías para dar, desvalida.
Y no tenías el gesto agrio de las solteronas
porque tu virginidad fue como una preñez de muchos hijos.
En el medio justo de dos o tres ideas que llenaron tu vida
te repetías incansablemente
Y eras la misma cosa siempre.
Fácil, como las flores del campo
con que las vecinas regaron tu ataúd,
nunca has estado tan bien como en ese abandono de la muerte.

Sofía, virgen, antigua, consagrada,
debieron enterrarte de blanco
en tus nupcias definitivas.
Tú que no conociste caricia de hombre
y que dejaste llegaran a tu rostro arrugas antes que besos,
tú, casta, limpia, sellada,
debiste llevar azahares tu último día.
Exijo que los ángeles te tomen
y te conduzcan a la morada de los limpios.
Sofía virgen, vaso transparente, cáliz,
que la muerte recoja tu cabeza blandamente
y que cierre tus ojos con cuidados de madre
Mientras entona cantos interminables.
Vas a ser olvidada de todos
como los lirios del campo,
como las estrellas solitarias;
pero en las mañanas, en la respiración del buey,
en el temblor de las plantas,
en la mansedumbre de los arroyos,
en la nostalgia de las ciudades,
serás como la niebla intocable, hálito de Dios que despierta.

Sofía virgen, desposada en un cementerio de provincia,
con una cruz pequeña sobre tu tierra,
estás bien allí, bajo los pájaros del monte,
y bajo la yerba, que te hace una cortina para mirar al mundo.

La señal (1951)


José Emilio Pacheco

(1939-)


Escritor mexicano


Nació el 30 de junio de 1939 en la ciudad de México. Cursó estudios en la UNAM donde inició sus actividades literarias en la revista Medio Siglo. Director del suplemento de la revista Estaciones, fue secretario de redacción de la Revista de la Universidad de México y de México en la Cultura, suplemento de Novedades, y jefe de redacción de La Cultura en México, suplemento de Siempre. Dirigió la Biblioteca del Estudiante Universitario. Ha sido profesor en varias universidades de los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra e investigador en el Departamento de Estudios Históricos del INAH. Se le han otorgado los premios Magda Donato, Nacional de Poesía, Nacional de Periodismo Literario, el Xavier Villaurrutia, el Malcolm Lowry para trayectoria en el campo del ensayo, Nacional de Lingüística y Literatura, 1992; y en 1996 el Premio José Asunción Silva al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995.

Alta traición


No amo mi Patria. Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal) daría la vida
por diez lugares suyos, cierta gente,
puertos, bosques de pinos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
(y tres o cuatro ríos).

Antonio Machado

(1875-1939)

Poeta español



"Con que facilidad se confunde belleza y bondad"
Antonio Machado



Nació el 26 de julio de 1875 en Sevilla. A los ocho años se marchó a Madrid, educándose en La Institución Libre de Enseñanza, donde recibe una educación laica y progresista. En 1893 publica sus primeros trabajos en prosa en La Caricatura, revista que se publicó en Madrid en los años 1892 y 1893. Su primer viaje a Francia lo hace con su hermano Manuel en 1899, trabajando como traductor de español para la Casa Garnier. Su estancia en París le pone en contacto con los poetas simbolistas franceses, principalmente con Verlaine y con el poeta nicaragüense Rubén Darío. En 1907 obtuvo la cátedra de Lengua Francesa en un instituto de Soria, ciudad que marcará su vida y su obra. En la pensión donde vive conoce a Leonor Izquierdo Cuevas, hija de la dueña. Se casan en 1909 y Leonor enferma y muere en menos de tres años después.

De talante izquierdista y firme defensor de la república se ve obligado a abandonar Madrid tras la Guerra Civil, primero a Valencia para más tarde vivir como exiliado en Francia, en Colliure, donde muere el 22 de febrero de 1939.


RECUERDO INFANTIL


Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.
Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco

truena el maestro, un anciano
mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.
Y todo el coro infantil
va cantando la lección:
"mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón."

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales.


Juan Ramón Jiménez

(1881-1958)

Poeta español y premio Nobel de Literatura



"Nací en Moguer, la noche de Navidad de 1881. Mi padre era castellano y tenía los ojos azules; y mi madre, andaluza, con los ojos negros. La blanca maravilla de mi pueblo guardó mi infancia en una casa vieja de grandes salones y verdes patios. De estos dulces años..."


Nació en el seno de una familia de ricos comerciantes. De joven pensó en dedicarse a la pintura, pero cuando un periódico publicó sus primeros versos, se decidió por la poesía. En 1900 llegó a Madrid, donde fue amigo de Rubén Darío y Valle-Inclán. En ese mismo año murió su padre y sufre una gran depresión. Después de pasar por diversos sanatorios regresó a Moguer, donde se dedicó a leer y a escribir. También en 1900 se editaron sus dos primeros libros de poemas: Ninfeas y Almas de violeta. Los escritos en prosa que formarían posteriormente la vasta galería Españoles de tres mundos (1942) empezaron a publicarse en diarios y revistas en los años inmediatamente anteriores a su exilio. Otro libro suyo escrito en prosa poética es Platero y yo (1917), donde funde fantasía y realismo en las relaciones de un hombre y su asno. Es el libro español traducido a más lenguas del mundo, junto con Don Quijote de Miguel de Cervantes. Recibió ya casi moribundo, la noticia de la concesión del Premio Nobel, Tres días después muere su mujer. Juan Ramón Jiménez murió el 29 de mayo de 1958 en la Clínica Mimiya de Santurce (Puerto Rico). Sus restos, juntos con los de Zenobia, reposan en el cementerio de Jesús en Moguer, (España).

PLATERO

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas... Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal...
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar; los higos morados, con su cristalina gotita de miel...
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña...; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra... Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.

Rafael Alberti Merello

(1902-1999)

Poeta y dramaturgo español


"Me fui con el puño cerrado y vuelvo con la mano abierta como símbolo de paz y fraternidad entre todos los españoles".
Rafael Alberti


Nació el 16 de diciembre de 1902 en El Puerto de Santa María (Cádiz), hijo de Agustín Alberti y de María Merello, fue el quinto de seis hermanos y nieto de bodegueros de origen italiano, proveedores de cortes europeas. Sus inicios fueron en el mundo de la pintura. En 1917 se trasladaba con su familia a Madrid, donde se dedica a copiar pinturas en el Museo del Prado, vocación que prefirió al bachillerato, que jamás terminaría. Después de un período de aprendizaje con la pintura, concurre al Salón Nacional de Otoño y celebra su primera exposición de cuadros y dibujos en el Ateneo. Iría introduciéndose en la Residencia de Estudiantes, donde se relaciona con la Generación del 27 (Dámaso Alonso, Lorca, Gerardo Diego y Aleixandre, entre otros), movimiento intelectual que había surgido con motivo del homenaje celebrado en Sevilla en 1927 a Luis de Góngora, en el centenario de su muerte. En el año 1924, recibió el Premio Nacional de Literatura por el primer libro que publicó, Marinero en tierra. Ha recibido muchos premios y reconocimientos, entre ellos el Premio Lenin de la Paz en 1966 y el Premio Cervantes en 1983. En 1989 la Diputación de Cádiz creó en su ciudad natal la fundación que lleva su nombre, a la que se trasladó gran parte de su archivo y biblioteca personales. Contrajo matrimonio en segundas nupcias con María Asunción Mateo, quien le ha acompañado y representó durante sus últimos años. Falleció sobre las 0.30 de la madrugada del 28 de octubre de 1999 en su localidad natal de Puerto de Santa María.


BALADA DEL QUE NUNCA FUE A GRANADA
.
¡Qué lejos por mares, campos y montañas!
Ya otros soles miran mi cabeza cana. Nunca fui a Granada.
Mi cabeza cana, los años perdidos.
Quiero hallar los viejos, borrados caminos.
Nunca vi Granada.

Dadle un ramo verde de luz a mi mano.
Una rienda corta y un galope largo.
Nunca entré en Granada.
¿Qué gente enemiga puebla sus adarves?
¿Quién los claros ecos libres de sus aires?
Nunca fui a Granada.
.
¿Quién hoy sus jardines aprisiona y pone
cadenas al habla de sus surtidores?
Nunca vi Granada.
.
Venid los que nunca fuisteis a Granada.
Hay sangre caída, sangre que me llama.
Nunca entré en Granada.
.
Hay sangre caída del mejor hermano.
Sangre por los mirtos y aguas de los patios.
Nunca fui a Granada.
.
Del mejor amigo, por los arrayanes.
Sangre por el Darro, por el Genil sangre.
Nunca vi Granada.
Si altas son las torres, el valor es alto.
Venid por montañas, por mares y campos.
Entraré en Granada.


Xavier Villaurrutia

(1903-1951)

Poeta y escritor mexicano



Nació el 27 de marzo de 1903 en la Ciudad de México. Dirigió, junto a Salvador Novo, la revista Ulises (1927-1928) y también formó parte del grupo de la revista Contemporáneos (1928-1931). Mas tarde fue redactor de El Hijo Pródigo (1943-1946). Becado por la fundación Rockefeller en la Universidad de Yale. Poeta que evolucionó muy pronto de una percepción simple de la poesía a concepciones en que la alucinación, el sentido de la noche, el tema de la muerte, habrían de señorear en la porción más importante de su obra. En sus mejores momentos, la representación plástica de las emociones —particularmente en sus "nocturnos"— proporcionó uno de los aspectos definidos de su sensibilidad. Toda su obra poética está incluida en Obras (1966). Eliot Weinberger tradujo al inglés una recopilación de su poesía bajo el título Nostalgia for Death (Copper Canyon Press, 1993).



Inventar la verdad


Pongo el oído atento al pecho,
como, en la orilla, el caracol al mar.
Oigo mi corazón latir sangrando
y siempre y nunca igual.
Sé por quién late así, pero no puedo
decir por qué será.
Si empezara a decirlo con fantasmas
de palabras y engaños, al azar,
llegaría, temblando de sorpresa,
a inventar la verdad;
¡Cuando fingí quererte, no sabía
que te quería ya!

Eduardo Lizalde

(1939- )

Escritor mexicano. Nació en la ciudad de México y estudió filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México.
Con Enrique González Rojo y Marco Antonio Montes de Oca creó el grupo del "poeticismo", de breve duración. Más tarde desarrolló una poética personal, profundamente irónica y aparentemente coloquial, que lo acerca a otros dos poetas de su generación llegados a postulados parecidos por caminos distintos: Gerardo Deniz y Gabriel Zaid. Sus poemas desarrollan anécdotas, "tabernarias o eróticas", en las que el poeta es el personaje principal y los hechos afirmaciones crudas de la vida real. Cercanos al aforismo, el peso poético se logra gracias al ritmo, al desenvolvimiento de la anécdota y a las astutas metáforas, muchas de ellas bajo el emblema del tigre. Sus libros principales son: Caza mayor (1979), Tabernarios y eróticos (1989), Rosas (1994) y Otros tigres (1995).

Monelle

También la pobre puta sueña.
La más infame y sucia
y rota y necia y torpe,
hinchada, renga y sorda puta,
sueña.

Pero escuchen esto,
autores,
bardos suicidas
del diecinueve atroz,
del veinte y de sus asesinos:
sólo sabe soñar
al tiempo mismo
de corromperse.

Ésa es la clave.
Ésa es la lección.
He ahí el camino para todos:
soñar y corromperse a una.

Octavio Paz

(1914-1998)

Poeta y ensayista mexicano

"Un mundo nace cuando dos se besan"

Octavio Paz



Nació el 31 de marzo de 1914 en Mixcoac (México) cuando el país se encuentra en plena lucha revolucionaria. Su padre, al igual que su abuelo escribían, además de dedicarse al periodismo y a la política. En 1933 apareció su primer libro, que también se llamaba Barandal y fundó Cuadernos del Valle de México. En 1937 se trasladó a Yucatán para impartir clases en el campo, y algún tiempo después se casó con Elena Garro, con quien asistió ese mismo año al Congreso de Escritores Antifascistas en Valencia (España). Allí se publicó Bajo tu clara sombra (1937), y conoció a los intelectuales de la República Española y a Pablo Neruda. Al regresar a su país natal se acercó a Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia y publicó ¡No pasarán! y Raíz de hombre. Con Efraín Huerta y Rafael Solana, entre otros, fundó, en 1938, la revista Taller, en la que participaron los escritores españoles de su generación exiliados en México. En 1939 apareció A la orilla del mundo y Noche de resurrecciones. En 1944 con la beca Guggenheim permaneció una año en Estados Unidos. En 1945 entró al Servicio Exterior Mexicano y fue trasladado a París. A través del poeta surrealista Benjamín Péret conoció a André Breton. Durante la década de 1950 publicó cuatro libros fundamentales: El laberinto de la soledad (1950) retrato personal en el espejo de la sociedad mexicana; El arco y la lira (1956), su esfuerzo más riguroso por elaborar una poética; ¿Águila o sol?, libro de prosa de influencia surrealista; y Libertad bajo palabra. En 1951 viajó a la India y en 1952 a Japón, sitios de los que recibió una gran influencia. Regresó a México en 1953 donde hasta 1959 desarrolló una intensa labor literaria. En 1960 volvió a París y en 1962 a la India, como funcionario de la embajada de México. Conoció a Marie José Tramini, con la que contrajo matrimonio en 1964. Publicó los libros de poemas Salamandra (1961), anterior a su viaje a la India, y Ladera este, que recoge su producción en ese país, y que incluye su segundo poema largo, Blanco. En 1963 le otorgaron el Gran Premio Internacional de Poesía. En 1968 dimitió de su puesto de embajador en la India debido a los asesinatos cometidos por el Gobierno de México, el 2 de octubre de ese año, cuando cargó el Ejército contra manifestantes universitarios, y en 1971 fundó en su país la revista Plural, en la que colaboraron algunos de los escritores más importantes de la generación posterior; en 1975, Pasado en claro, otro de sus grandes poemas largos, recogido al año siguiente en Vuelta, libro con el que obtuvo el Premio de la Crítica en España. Reconocimiento universal En 1977 dejó Plural e inició la revista Vuelta de la que hasta la fecha sigue siendo director. El ogro filantrópico, continuación de sus reflexiones políticas, se publica en 1979, y en 1951 logró el Premio Cervantes.

En 1982 se editó Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, retrato de la monja mexicana y la sociedad mexicana del siglo XVII; en 1987, Árbol adentro, último volumen de poesía. En 1990 ganó el Premio Nobel de Literatura, y publicó La otra voz y Poesía de fin de siglo. En 1993, La llama doble y Amor y erotismo, y en 1995 Vislumbres de la India. Falleció el 19 de abril de 1998 víctima de un cáncer, en la misma ciudad que lo vio nacer.



Entre irse y quedarse


Entre irse y quedarse duda el día,
enamorado de su transparencia.
La tarde circular es ya bahía:
en su quieto vaivén se mece el mundo.

Todo es visible y todo es elusivo,
todo está cerca y todo es intocable.

Los papeles, el libro, el vaso, el lápiz
reposan a la sombra de sus nombres.

Latir del tiempo que en mi sien repite
la misma terca sílaba de sangre.

La luz hace del muro indiferente
un espectral teatro de reflejos.

En el centro de un ojo me descubro;
no me mira, me miro en su mirada.

Se disipa el instante. Sin moverme,
yo me quedo y me voy: soy una pausa.

Ramón López Velarde

(1888-1921)

Escritor mexicano



Nació el 15 de junio de 1888 en Jerez, (Zacatecas). Se inicia en la escritura en el año 1900, cuando ingresó en el Seminario Conciliar de Zacatecas. Posteriormente cursó estudios en el Seminario de Santa María de Guadalupe en Aguascalientes y en el Instituto de Ciencias de la misma ciudad. En el año 1908 ingresó al Instituto de Científico y Literario de San Luis Potosí, colaborando en algunos periódicos y revistas de provincia. Ejerció como juez en El Venado y en 1914 marcha a la capital, donde publica poemas, ensayos y crónicas, en diversos periódicos. "La sangre devota" fue su primer libro editado en el año 1916, en el que destaca la figura de Fuensanta, musa de sus primeros versos. En el año 1919 pública su segundo libro "Zozobra". En 1921 escribe "La suave patria" uno de sus trabajos más conocidos. El 19 de junio del mismo año, muere de una neumonía. Las poesías que dejó a su muerte fueron reunidas en el libro "Son del corazón" y su prosa, que incluye comentarios líricos, retratos literarios, críticas, recuerdos de provincia, temas del momento, etc. fueron reunidos por Enrique Fernández Ledesma en "El minutero." En el 75º aniversario de su nacimiento, sus restos fueron trasladados a la Rotonda de los Hombres Ilustres.

A fuerza de quererte
me he convertido, Amor,
en alma en pena.

¿Por qué, Fuensanta mía,
si mi pasión de ayer está ya muerta
y en tu rostro se anuncian los estragos
de la vejez temida que se acerca,
tu boca es una invitación al beso
como lo fue en lejanas primaveras?

Es que mi desencanto nada puede
contra mi condición de ánima en pena
si a pesar de tus párpados exangües
y las blancuras de tu faz anémica,
aún se tiñen tus labios
con el color sangriento de las fresas.

A fuerza de quererte
me he convertido, Amor, en alma en pena,
y en el candor angélico de tu alma
seré una sombra eterna...

José Carlos Becerra

(1937-1970)

Becerra, José Carlos (1937-1970), poeta mexicano nacido en Villahermosa (Tabasco), y muerto en un accidente cerca de la ciudad de Brindisi, Italia.
Publicó Oscura Palabra (1965), Corona de hierro (1966) y Relación de los hechos (1967). En 1973, se publicó El otoño recorre las islas, una recopilación de su obra poética hecha por Gabriel Zaid y José Emilio Pacheco y prologada por Octavio Paz, que incluye sus libros inéditos Fiestas de invierno y Cómo retrasar la aparición de las hormigas, así como la única narración que escribió: Fotografía junto a un tulipán. En 1969, obtuvo la beca Guggenheim. Su poesía es la confluencia de dos corrientes próximas; el aliento a Tabasco de Carlos Pellicer, de quien estuvo muy cerca, y la densa cubanidad de José Lezama Lima. Con él se inicia en México una escritura poética de versículo espeso, como un nuevo barroco, que influye en la obra de poetas posteriores como David Huerta y Coral Bracho y, en otras vertientes, en Elsa Cross y José Luis Rivas.

El ahogado

un gancho de hierro

y se jala,

su expansión lo desmiente al subir

el agua que le chorrea

lo mueve

de los hilos

de su salida al escenario

en el muelle los curiosos

miraban ese bulto

donde los ojos de todos esperaban

el pasadizo extraviado del cuerpo

gota a gota el cuerpo caía

en el charco de Dios,

alguien pidió un gancho de hierro

para subirlo,

cuidado —dijo uno de los curiosos—

la marea lo está metiendo debajo

del muelle,

un gancho de hierro

había que sujetarlo con un gancho

había que decirla algo con un gancho

mientras el sucio bulto flotante

caía gota

por gota

desde la altura donde lo desaparecido

iba a despeñar una piedra sobre nosotros.

Alfonso Reyes

(1889-1959)

Escritor mexicano



Nació el 17 de mayo de 1889 en Monterrey, Nuevo León, México. Formó parte del grupo cultural Ateneo de la Juventud (1909-1913) y junto con Pedro Henríquez Ureña, Antonio Caso y José Vasconcelos se organizaron para leer a los clásicos. Se exilió en España (1914-1924), tras la muerte de su padre, el general Bernardo Reyes, aspirante a la presidencia de la República, donde toma contacto con las más importantes figuras literarias del momento. Asistió a la escuela de Menéndez Pidal y luego a la estética de Benedetto Croce. Aparecieron publicados numerosos ensayos sobre la poesía del siglo de oro español, entre los que destacan sus trabajos sobre el barroco y Góngora.. De 1924 a 1939 regresa como diplomático en Sudamérica.. Entre 1939 y 1950 trabajó como profesor de Lengua. Escribe una larga serie de libros sobre temas clásicos, como La antigua retórica y La Última Tule de 1942, El deslinde (1944), además de poemas que tratan problemas mexicanos y americanos y otros temas muy variados: Tentativas y Orientaciones (1944), Norte y Sur (1945), La X en la frente y Marginalia, de 1952. Entre sus traducciones se encuentra parte de La Iliada de Homero, en 1951. Trabajó en El Colegio de México (institución creada para recibir a los exiliados de la República Española) del cual llegó a ser director. Falleció el 27 de diciembre de 1959


La amenaza de la flor

Flor de las adormideras:
engáñame y no me quieras.

¡Cuánto el aroma exageras,
cuánto extremas tu arrebol,
flor que te pintas ojeras
y exhalas el alma al sol!

Flor de las adormideras.

Una se te parecía
en el rubor con que engañas,
y también porque tenía,
como tú, negras pestañas.

Flor de las adormideras.

Una se te parecía…

(¡Y tiemblo sólo de ver
tu mano puesta en la mía:
Tiemblo no amanezca un día
en que te vuelvas mujer!)


Rosario Castellanos

(1925-1974)

Escritora mexicana



Nació el 25 de mayo en 1925 en ciudad de México. Cursó estudios de filosofía en la Universidad de México, donde pasó a formar parte del grupo de escritores llamado la generación de 1950. Sus primeros trabajos fueron publicados por su maestro, Efrén Hernández, en America, Revista Antológica. En 1950 logró el título de filosofía en 1950 y entre 1948 y 1957 se dedicó a escribir poesía, Trayectoria del polvo (1948), Lívida Luz (1960); y su antología, Poesía no eres tú (1972). Con Oficio de Tinieblas (1962, novela) y Ciudad real (cuentos) indaga sobre la cuestión indígena en Chiapas. Escribió además obras de teatro como Tablero de damas (1952) y El eterno femenino; ensayos sobre el concepto de lo femenino: Mujer que sabe latín (1973), El uso de la palabra (1974) y El mar y sus pescaditos (1975). En el año 1971 fue embajadora de México en Israel. Falleció el 7 de agosto de 1974, tras electrocutarse al encender una lámpara después de una ducha en su casa en Tel Aviv.



Lo cotidiano:


Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
este cabello triste que se cae
cuando te estás peinando ante el espejo.
Esos túneles largos
que se atraviesan con jadeo y asfixia,
las paredes sin ojos,
el hueco que resuena
de alguna voz oculta y sin sentido.
Para el amor no hay tregua, amor. La noche
no se vuelve, de pronto, respirable.
Y cuando un astro rompe sus cadenas
y lo ves zigzaguear, loco, y perderse,
no por ello la ley suelta sus garfios.
El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla
el sabor de las lágrimas.
Y en el abrazo ciñes
el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.

Lívida luz, 1960

Efraín Huerta

(1914-1982)

Poeta mexicano



Nació el 18 de junio de 1914 en Silao, Guanajuato (México). Hizo sus primeros estudios en León y Querétaro. En la ciudad de México cursó la preparatoria y los primeros años de la carrera de leyes. Fue periodista profesional desde 1936 y trabajó en los principales periódicos y revistas de la capital y en algunos de provincia. Fue uno de los componentes del grupo que editó la revista Taller (1938-1941), en donde se buscó la coincidencia de las poéticas individual y social. En sus poemas sobre la ciudad de México y en sus "poemínimos" puso una nota de humor y desenfado. Dentro de sus libros destacan: Absoluto amor (1935), Línea del alba (1936), Poemas de guerra y esperanza (1943), Los hombres del alba (1944), La rosa primitiva (1950), Los poemas de viaje 1949-1953 (1956), Estrella en alto (1956), La raíz amarga (1962), El Tajín (1963), Poemas prohibidos y de amor (1973), Los eróticos y otros poemas (1974), Estampida de poemínimos (1980) y Transa poética (1980). Falleció el 4 de febrero de 1982 en Ciudad de México.





Declaración de amor


Ciudad que llevas dentro
mi corazón, mi pena,
la desgracia verdosa
de los hombres del alba,
mil voces descompuestas
por el frío y el hambre.

Ciudad que lloras, mía,
maternal, dolorosa,
bella como camelia
y triste como lágrima,
mírame con tus ojos
de tezontle y granito,
caminar por tus calles
como sombra o neblina.

Soy el llanto invisible
de millares de hombres.

Soy la ronca miseria,
la gris melancolía,
el fastidio hecho carne.
Yo soy mi corazón desamparado y negro.

Ciudad, invernadero,
gruta despedazada.

Bajo tu sombra, el viento del invierno
es una lluvia triste, y los hombres, amor,
son cuerpos gemidores, olas
quebrándose a los pies de las mujeres
en un largo momento de abandono
-como nardos pudriéndose.

Es la hora del sueño, de los labios resecos,
de los cabellos lacios y el vivir sin remedio.

Pero si el viento norte una mañana,
una mañana larga, una selva,
me entregara el corazón desecho
del alba verdadera, ¿imaginas, ciudad,
el dolor de las manos y el grito brusco, inmenso,
de una tierra sin vida?
Porque yo creo que el corazón del alba
en un millón de flores,
el correr de la sangre
o tu cuerpo, ciudad, sin huesos ni miseria.

Los hombres que te odian no comprenden
cómo eres pura, amplia,
rojiza, cariñosa, ciudad mía;
cómo te entregas, lenta,
a los niños que ríen,
a los hombres que aman claras hembras
de sonrisa despierta y fresco pensamiento,
a los pájaros que viven limpiamente
en tus jardines como axilas,
a los perros nocturnos
cuyos ladridos son mares de fiebre,
a los gatos, tigrillos por el día,
serpientes en la noche,
blandos peces al alba;
cómo te das, mujer de mil abrazos,
a nosotros, tus tímidos amantes:
cuando te desnudamos, se diría
que una cascada nace del silencio
donde habitan la piel de los crepúsculos,
las tibias lágrimas de los relojes,
las monedas perdidas,
los días menos pensados
y las naranjas vírgenes.

Cuando llegas, rezumando delicia,
calles recién lavadas
y edificios-cristales,
pensamos en la recia tristeza del subsuelo,
en lo que tienen de agonía los lagos
y los ríos,
en los campos enfermos de amapolas,
en las montañas erizadas de espinas,
en esas playas largas
donde apenas la espuma
es un pobre animal inofensivo,
o en las costas de piedra
tan cínicas y bravas como leonas;
pensamos en el fondo del mar
y en sus bosques de helechos,
en la superficie del mar
con barcos casi locos,
en lo alto del mar
con pájaros idiotas.

Yo pienso en mi mujer:
en su sonrisa cuando duerme
y una luz misteriosa la protege,
en sus ojos curiosos cuando el día
es un mármol redondo.
Pienso en ella, ciudad,
y en el futuro nuestro:
en el hijo, en la espiga,
o menos, en el grano de trigo
que será también tuyo,
porque es de tu sangre,
de tus rumores,
de tu ancho corazón de piedra y aire,
de nuestros fríos o tibios,
o quemantes y helados pensamientos,
humildades y orgullo, mi ciudad,

Mi gran ciudad de México:
el fondo de tu sexo es un criadero
de claras fortalezas,
tu invierno es un engaño
de alfileres y leche,
tus chimeneas enormes
dedos llorando niebla,
tus jardines axilas la única verdad,
tus estaciones campos
de toros acerados,
tus calles cauces duros
para pies varoniles,
tus templos viejos frutos
alimento de ancianas,
tus horas como gritos
de monstruos invisibles,
¡tus rincones con llanto
son las marcas de odio y de saliva
carcomiendo tu pecho de dulzura!


Salvador Novo

(1904-1974)

Poeta, dramaturgo y cronista mexicano



Nació en la ciudad de México. Fundador, junto con Xavier Villaurrutia, de las revistas Ulises (1927) y Contemporáneos (1928), fue activo participante en la renovación de la literatura mexicana. Novo se distinguió por su ironía y. Sus primeros escritos exponen la influencia vanguardista. Sus poemas manifiestan la burla del sentimiento modernista y la apertura hacia el paisaje de la primera posguerra: urbano, industrial, publicitario. Publicó XX poemas en 1925, Espejo en 1933, Nuevo amor ese mismo año, Poesías escogidas en 1938, Dueño mío: cuatro sonetos inéditos en 1944, Florido laude en 1945 y dos recopilaciones de su Poesía, una en 1955 y otra en 1961. Fue traductor de autores teatrales extranjeros, de adaptaciones para niños y autor, de La culta dama (1951), Yocasta o casi (1961), Ha vuelto Ulises (1962), El sofá (1964) y Diálogo de ilustres en la Rotonda (1966). Falleció el 13 de enero de 1974.



Junto a tu cuerpo


Junto a tu cuerpo totalmente entregado al mío
junto a tus hombros tersos de que nacen las rutas de tu abrazo,
de que nacen tu voz y tus miradas, claras y remotas,
sentí de pronto el infinito vacío de su ausencia.
Si todos estos años que me falta
como una planta trepadora que se coge del viento
he sentido que llega o que regresa en cada contacto
y ávidamente rasgo todos los días un mensaje que nada contiene sino una fecha
y su nombre se agranda y vibra cada vez más profundamente
porque su voz no era más que para mi oído,
porque cegó mis ojos cuando apartó los suyos
y mi alma es como un gran templo deshabitado.
Pero este cuerpo tuyo es un dios extraño
forjado en mis recuerdos, reflejo de mí mismo,
suave de mi tersura, grande por mis deseos,
máscara
estatua que he erigido a su memoria.

Pablo Neruda

(1904-1973)

Poeta chileno


Nació el 12 de julio de 1904 en Parral, pueblo de la zona central de Chile. Su padre, José del Carmen Reyes era ferroviario, su madre, Rosa Neftalí Basoalto, falleció al mes de su nacimiento afectada por la tuberculosis. Pasados algunos años se trasladó junto a su padre a Temuco, ciudad recién fundada en el lluvioso y forestal corazón de la Frontera, muy al Sur, donde había contraído nuevas nupcias con doña Trinidad Candia Valverde o Marverde, como la nombrará el poeta).
Desde muy joven sintió la llamada de la poesía (el seudónimo, elegido porque "Pablo" porque le gusta el sonido y "Neruda", tomado del poeta checo Jan Neruda, comenzó a usarlo cuando apenas tenía dieciséis años) En 1923 aparece Crepusculario, cuyos gastos de publicación sufragó él mismo con la colaboración de amigos, que es reconocido por escritores como Alone, Raúl Silva Castro y Pedro Prado. Al año siguiente, su Veinte poemas de amor y una canción desesperada se convirtió en un éxito de ventas (ha superado el millón de ejemplares), y lo situó como uno de los poetas más destacados de Latinoamérica. Canto general (1950), un poema épico-social en el que retrata a Latinoamérica desde sus orígenes precolombinos. La obra fue ilustrada por los famosos pintores mexicanos Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

En reconocimiento a su valor literario, Neruda fue incorporado al cuerpo consular chileno y, entre 1927 y 1944, representó a su país en ciudades de Asia, Latinoamérica y España. De ideas políticas izquierdistas, fue miembro del Partido Comunista chileno y senador entre 1945 y 1948. En el año 1970 fue designado candidato a la presidencia de Chile por su partido y, entre 1970 y 1972, fue embajador en Francia. En 1971 recibió el Premio Nobel de Literatura y el Premio Lenin de la Paz. Antes había obtenido el Premio Nacional de Literatura (1945).
Falleció en Santiago el 23 de septiembre de 1973.


Poema perteneciente a Veinte poemas de amor y una canción desesperada:

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos".

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
¡La besé tantas veces bajo el cielo infinito!

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
¡Como no haber amado sus grandes ojos fijos!

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido,

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo

Gerardo Diego

(1896-1987)

Poeta español


Nació el 3 de octubre de 1896 en Santander. Cursó estudios de piano. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto y posteriormente en las de Salamanca y Madrid, donde se doctoró. En 1920 obtuvo la cátedra de Lengua y Literatura en el Instituto de Soria, y posteriormente da clases en un instituto y publica su primer libro de poemas, El romancero de la novia. Gana el Premio Nacional de Literatura en 1925 por su libro Versos humanos. La extensa obra poética de Gerardo Diego ha oscilado siempre entre los temas y expresiones de raíz vanguardista y las estructuras más clásicas de la poesía. Comienza a publicar las revistas Carmen y Lola, de carácter vanguardista, en 1927. En 1932 publica Poesía española contemporánea (1915-1932), y trabaja como crítico musical. En 1939 se traslada al instituto Beatriz Galindo de Madrid donde permanecerá hasta su jubilación en 1966. Miembro de la Real Academia Española en 1947. Vuelve a obtener el Premio Nacional de Literatura en 1956. En 1980 se le concede el Premio Cervantes. Falleció en Madrid en 1987.


Fragmento AMOR

Góngora 1927

Era el mes que aplicaba sus teorías
cada vez que un amor nacía en torno
cediendo dócil peso y calorías
cuando por caridad ya para adorno
en beneficio de esos amadores
que hurtan siempre relámpagos y flores

Ella llevaba por vestido combo
un proyecto de arcángel en relieve
Del hombro al pie su línea exacta un rombo
que a armonizar con el clavel se atreve
A su paso en dos lunas o en dos frutos
se abrían los espacios absolutos

Amor amor obesidad hermana
soplo de fuelle hasta abombar las horas
y encontrarse al salir una mañana
que Dios es Dios sin colaboradoras
y que es azul la mano del grumete
—amor amor amor— de seis a siete

Así con la mirada en lo improviso
barajando en la mano alas remotas
iba el galán lacrándole el aviso
de plumas blancas casi gaviotas
por las calles que huelen a pintura
siempre buscando a ella en cuadratura

Y vedla aquí equipando en jabón tierno
globos que nunca han visto las espumas
vedla extrayendo de su propio invierno
la nieve en tiras la pasión en sumas
y en margaritas que pacerá el chivo
su porvenir listado en subjuntivo

Desde el plano sincero del diedro
que se queja al girar su arista viva
contempla el amador nivel de cedro
la amada que en su hipótesis estriba
y acariciando el lomo del instante
disuelve sus dos manos en menguante

«A ti la bella entre las iniciales
la más genuina en tinta verde impresa
a ti imposible y lenta cuando sales
tangente cuando el céfiro regresa
a ti envío mi amada caravana
larga como el amor por la mañana

Si tus piernas que vencen los compases
silencioso el resorte de sus grados
si más difícil que los cuatro ases
telegrama en tu estela de venados
mis geometrías y mi sed desdeñas
no olvides canjear mis contraseñas

Luna en el horno tibio de aburridas
bien inflada de un gas que silba apenas
contempla mis rodillas doloridas
así no estallen tus mejillas llenas
contempla y dime si hay otro infortunio
comparable al desdén y al plenilunio .


Dionisio Ridruejo

(1912-1975)

Político y poeta español


Nació en Burgo de Osma, Soria. Se afilió a Falange Española y al inicio de la Guerra Civil fue nombrado jefe provincial Valladolid (1937) y jefe del Servicio Nacional de Propaganda (1938). Tras la contienda española, se alistó en la División Azul de Voluntarios españoles contra el comunismo que combatió en Rusia durante la II Guerra Mundial. En el año 1942 rompe con el partido oficial y dimite de todos sus cargos públicos. Es desterrado a la ciudad de Ronda y Cugat de Vallés (1947). En 1956 participa en un movimiento revolucionario y es encarcelado y procesado. Ejerció la docencia en EE.UU. a principios de los años sesenta, y en 1962 acudió al encuentro de Munich entre dirigentes de la oposición del interior y del exilio. Hubo de exiliarse a París desde ese año hasta 1964. En 1974 fundó la Unión Social Demócrata Española. En 1993 se publicaron sus escritos Memorias de una imaginación. Falleció el 29 de junio de 1975 en Madrid.

EL IDILIO QUE SÓLO FUE MIRADA

Es, si en olvidos dolorosos entro,
tu voz jamás oída la que grita.
Fuiste eterno después y eterna cita
que no cumplió el minuto del encuentro.

Como órbita turbada por su centro
que en fugas torna y el contacto evita,
con la certeza del amor escrita,
vivías lejos y latías dentro.

Ni caricia ni voz se conocieron,
ni el aire sospechó nuestros amores
que en un tiempo sin horas se durmieron.

Ojos tuvo el amor, siembra sin flores,
y en aquellos sin llanto que me vieron
aún me verán las lágrimas que llores.

Luis Rosales

(1910-1992)

Poeta español



Nació el 31 de mayo de 1910 en Granada (España). Cursó estudios de Filosofía y Letras y en Derecho en la Universidad de su ciudad natal. Surge su vocación poética en torno a Joaquín Amigo, García Lorca y Álvarez Cienfuegos. En 1930 llega a Madrid y en 1935 apareció publicado su primer libro de poemas, Abril, por lo que se le puede incluir en la llamada "generación del 36", en la que coinciden poetas como Miguel Hernández, Leopoldo y Juan Panero, Luis Felipe Vivanco, Gabriel Celaya, Juan Gil Albert, Dionisio Ridruejo, entre otros. Emprende junto a Vivanco, José García Nieto y Ridruejo un movimiento de retorno a las formas clásicas, cuya figura emblemática es Gracilazo de la Vega, por lo que también se les conoce como 'los garcilasistas'. En el mes de agosto de 1936, a poco de estallar la insurrección militar, es detenido en su casa, donde se refugiaba, el poeta Federico García Lorca. Sus gestiones y las de sus hermanos no consiguieron impedir su fusilamiento. Colabora junto a Dionisio Ridruejo, Gonzalo Torrente Ballester, Pedro Laín Entralgo y Luis Felipe Vivanco en la revista Jerarquía (revista negra de la Falange). Aparece publicado, en colaboración con Luis Felipe Vivanco, el primer volumen de la célebre antología Poesía heroica del Imperio. Fue secretario de la revista Escorial dirigida por Dionisio Ridruejo.

Falleció en Madrid el 24 de octubre de 1992.



Memoria de tránsito


Abril, porque siento, creo,
pon calma en los ojos míos:
los montes, mares y ríos,
¿qué son sino devaneo?
Mirando la nieve veo
memorias de tu blancura,
y cuando vi en la hermosura
tu inmediata eternidad,
¿fuiste si no claridad,
temblor, paciencia y dulzura?

Tu leve paso indolente
deja en mis ojos su aroma,
los ojos en donde toma
espacio tu ser presente;
bienaventuradamente
nacieron para el olvido,
tu piel de asombro encendido,
tus ojos con lluvia y viento,
y esta ternura que siento
herida de amor huído.

Señor, tiempo caminante
soy, donde sueñas la historia;
¿todo amor es la memoria
de un bien perdido? ¿El amante
dónde salvará el instante
que fué visión? ¿Sólo voy
del solo sueño que soy
al soñar que hizo la nada?
Presencia de ti mirada;
fiel al tránsito, aquí estoy.


Blas de Otero

(1916-1979)

Poeta español



Nació el 15 de marzo de 1916 en Bilbao. Estudió con los jesuitas y posteriormente cursó el bachillerato en Madrid y Derecho en Valladolid. Durante algún tiempo se dedica a la enseñanza pero la abandona para dedicarse a su obra y a sus actividades de conferenciante. Su primera obra, Cántico espiritual (1942), de gran religiosidad, recibe las influencias de los poetas san Juan de la Cruz y fray Luis de León, que también se aprecia en sus obras siguientes, Ángel fieramente humano (1950) y Redoble de conciencia (1951). Cambia su estilo y su poesía se hace social abandonando la metafísica anterior en Pido la paz y la palabra (1955), En castellano (1960), Con la inmensa mayoría (1960), Hacia la inmensa mayoría (1962). En su poesía se aprecia la fe en la solidaridad humana. Otras obras de estas características son Esto no es un libro (1963), Qué trata de España (1964) y Expresión y reunión (1969 y 1981), ediciones de sus obras escritas y publicadas entre 1941 y 1968.

A LA INMENSA MAYORÍA



Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre
aquel que amó, vivió, murió por dentro
y un buen día bajó a la calle: entonces
comprendió: y rompió todos su versos.

Así es, así fue. Salió una noche
echando espuma por los ojos, ebrio
de amor, huyendo sin saber adónde:
a donde el aire no apestase a muerto.

Tiendas de paz, brizados pabellones,
eran sus brazos, como llama al viento;
olas de sangre contra el pecho, enormes
olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces
en vuelo horizontal cruzan el cielo;
horribles peces de metal recorren
las espaldas del mar, de puerto a puerto.

Yo doy todos mis versos por un hombre
en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,
mi última voluntad. Bilbao, a once
de abril, cincuenta y uno.
Blas de Otero