Poesía durante la primera parte del siglo XX

Contexto histórico y social. Avance de las ciencias. Tendencias de la literatura española. Modernismo. Novecentismo. Vanguardismo. Realismo existencial y social. Generación del 27 y 98. Autores representativos

  • Enviado por: David Casales Casales
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 14 páginas
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CONTEXTO HISTÓRICO Y SOCIAL DE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

UN SIGLO DE CAMBIOS

El siglo XX puede definirse como una época de constantes transformaciones, marcada por la rápida evolución de las culturas, el avance de las ciencias, la alternancia de las corrientes ideológicas y la versatilidad de las tendencias artísticas. A estos cambios producidos a lo largo del siglo contribuyen diversos fenómenos socio-históricos:

  • El brusco relevo de los sistemas políticos y la sucesión de regímenes totalitarios.

  • Los impulsos revolucionarios y el descontento social.

  • Las luchas de las clases populares por alcanzar protagonismo.

  • El fracaso real de las ideologías y el auge del materialismo y del consumismo.

  • Los continuos enfrentamientos bélicos en todo el mundo.

Este panorama global de la primera mitad del siglo XX se enmarca en tres etapas delimitadas por las dos guerras mundiales:

  • Principio de siglo (Hasta 1914) “Primera guerra mundial”: Se mantienen las contradicciones históricas anteriores. Surgen rivalidades económicas y políticas. Renacen los problemas entre las nacionalidades, evoluciona el liberalismo.

  • Período de entreguerras (1918-1937) “Segunda guerra mundial”: Aparecen los totalitarismos y decae el sistema parlamentario. Se defiende la plena incorporación de la mujer a la vida laboral, crece la influencia de la radio difusión. Se fortalece la madurez del cine.

  • Época de la guerra fría (1945-1989): La pesadilla del terror atómico genera una crisis de valores (añosa cincuenta). Junto a los temas de la alineación y masificación nace la necesidad de una ruptura, oral y política.

  • La aceleración de los procesos históricos genera planteamientos, individuales y colectivos, que rigen y condicionan actualmente las relaciones entre la persona y la sociedad:

            • El individuo, como autodefensa frente a la progresiva colectivización, inicia una búsqueda de su propio interior (psicoanálisis), y llega, a veces, a procesos de clara individualización. Pero a la vez, sufre un estado de crisis y malestar que contrasta con el racionalismo de épocas pasada: El hombre contemporáneo, dependiente del acontecer histórico y de los cambios sociales o económicos, ha sido conducido a un pensamiento existencial, escéptico e indigente.

            • La sociedad, por su parte, no ha solucionado conflictos y situaciones básicas: Sigue existiendo acumulación de capitales, se incrementan las desigualdades entre países y aumentan el subdesarrollo y el hambre en extensas zonas del planeta.

    LA FILOSOFÍA

    Los descubrimientos de fines del siglo XIX y principios del XX deshacen la imagen ordenada del mundo y dan paso al relativismo. Como consecuencia, la filosofía actual vuelve a preguntarse por los problemas de la metafísica, del ser y del espíritu; frente al materialismo, surgen revitalizados el espiritualismo y el vitalismo.

    El filósofo de mayor influencia a comienzos de siglo fue Nietzsche (1884-1900). En sus planteamientos exalta la fuerza como método: “El superhombre debe saber elevarse por encima de las falsas nociones de igualdad y caridad”; el hombre nuevo ha de romper con las normas tradicionales, incluso mediante formas inmorales.

    Sus teorías (defensa de la desigualdad entre los hombres, domino de los fuertes y necesidad de conseguir la realización personal) ejercieron un gran influjo en el descontento juvenil de principio de siglo y, posteriormente, fueron un factor importante en el crecimiento de los movimientos fascistas.

    Otra influencia esencial la ejerció el vitalismo de Bergson (1859-1941). Para este filósofo francés, la realidad es un proceso perenne de creación, y es la intuición quien capta ese proceso creador. Mediante la intuición conocemos la realidad de nuestro “yo” y los fenómenos de conciencia, regidos por el “impulso vital”, fuente inagotable de la que fluyen todas las cosas.

    La superación del realismo y del idealismo llega a través del historicismo de Ortega y Gasset (1883-1955), resumido en su famosa tesis “yo soy yo y mi circunstancia (1914). Esta corriente filosófica (continuada por Manuel García Morente, Xavier Zubiri y otros filósofos españoles) busca la explicación del ser del hombre como evolución histórica. Su filosofía es una metafísica de la vida humana, entendida como realidad radical sólo accesible al método de la razón vital en forma de razón histórica concreta.

    ARTE Y LITERATURA

    En este contexto histórico, social e ideológico, el arte y la literatura eluden, salvo en la tendencias realistas, las referencias fieles a la realidad exterior. Los creadores de principio de siglo se amparan en posturas revolucionarias y combaten las normas academicistas del arte burgués, pero sus obras, pobladas de símbolos, sensaciones ocultas y expresiones individuales de la sensibilidad, resultan difíciles de comprender y provocan la quiebra de la comunicación con su público.

    En general, las formas artísticas del siglo XX se desarrollan entre dos posturas irreconciliables:

    • La tendencia a la vanguardia, que intenta el arte puro desconectado de la realidad.

    • La tendencia al compromiso con la realidad y con los problemas sociales contemporáneos, mediante un arte que da testimonio del vivir cotidiano, tanto individual como colectivo.

    LA PRIMERA PARTE DEL SIGLO XX EN ESPAÑA

    Durante la primera mitad del siglo XX en España podemos distinguir dos etapas cuya influencia se extiende a todos los campos de la sociedad: política, economía, arte, literatura…

    • Primera etapa: (1990-1939): Abarca el reinado de Alfonso XII (hasta 1931), la dictadura de Primo de Rivera (1923-1930), la Segunda República (1931-1936) y la Guerra Civil (1936-1939). La crisis de la monarquía (1917-1931) se genera por dos causas inmediatas: los conflictos sociales y laborales y la ineficacia de los poderes políticos para darles solución. La dictadura de Primo de Rivera restablece el orden social en apariencia, pero no aclara la compleja vida española, por lo que los partidos republicanos triunfan en las elecciones del 14 de abril de 1931. La Segunda República goza de un bienio reformador (1931-1933); sin embargo, ve frustradas sus intenciones de transformar la sociedad: se radicalizan los enfrentamientos ideológicos y partidistas, y se forman dos frentes, el popular republicano de izquierdas y el nacionalista de derechas, inspirado en el fascismo europeo.

    • Segunda etapa (1939-1975): La dictadura de Franco echa a andar en medio del aislamiento internacional y de la miseria interior. La ONU condena en 1945 el régimen franquista, pero en la década de 1950 España ingresa en la ONU (1955) y recibe ayudas económicas exteriores. Al mismo tiempo, comienzan a organizarse los movimientos de oposición -estudiantes y obreros-, los sindicatos y los partidos clandestinos. El país mejora el nivel de vida, pero la inflación es tan alarmante que provoca un paro laboral masivo.

    TENDENCIAS DE LA LITERATURA ESPAÑOLA DURANTE LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XX

    Al igual que la europea, la literatura española se debate entre las dos tendencias que surgen de la actitud del creador frente al mundo: la vanguardia formalista y el compromiso con la realidad. Si en la literatura europea la separación entre ambas tendencias de halla en la segunda guerra mundial, en la española viene marcada por la guerra civil (1936-1939).

    La vanguardia adopta distintas denominaciones:

    • Modernismo, a comienzos de siglo.

    • Novecentismo, hacia 1915.

    • Vanguardismo, hacia 1925.

    La literatura realista adopta las siguientes tendencias:

    • Realismo existencial, hacia 1940.

    • Realismo social, hacia 1950.

    La teoría más extendida prefiere, no obstante, la clasificación histórica por “generaciones”. Así, se habla de generación del 98, generación del 14, generación del 27, generación del 36, generación del 50 y generación del 75, unas veces por razones y sucesos históricos, otras por cambios de tendencias literarias; pero esta agrupación generacional ha suscitado no pocas controversias.

    Desde una perspectiva integradora, las dos catalogaciones anteriores podrían simplificarse mucho más: si considerásemos la opinión de Juan Ramón Jiménez (“El modernismo es un movimiento general, como el Renacimiento”), el modernismo daría su nombre a todos los movimientos de vanguardia y el realismo englobaría a las diversas tendencias que tratan el desajuste entre el escritor y el medio.

    EL MODERNISMO

    Se denomina así al movimiento literario nacido en Hispanoamérica en el último cuarto del siglo XIX y difundido en España por Rubén Darío a raíz de la publicación de su libro “Prosas Profanas". Su importancia fue decisiva para la evolución de la poesía española, ya que supuso una renovación total de la misma.

    Entre el Modernismo y la Generación del 98 no se da una separación absoluta y tajante. Durante los primeros años del siglo, al menos, se pueden encontrar características comunes a los escritores de ambos movimientos. Por eso, también se puede hablar de Modernismo, en una acepción general, como la versión hispánica de la crisis artística y espiritual europea de finales del siglo XIX, dentro de la cual podemos hallar orientaciones diversas: una que se inclina hacia una literatura de evasión y elitismo -el Modernismo en sentido estricto, y otra que se caracteriza por un temperamento más crítico y radical -la Generación del 98.

    • La Revolución Modernista

    Las consecuencias para la poesía española son de índole variada:

    • Con el Modernismo se dan a conocer en España los movimientos literarios extranjeros: Parnasianismo y Simbolismo franceses y la obra de los decadentistas ingleses e italianos (Oscar Wilde, D´Annunzio). Rubén Darío había logrado hacer una síntesis ejemplar de todas esas influencias, junto con elementos de la poesía romántica tomados de Víctor Hugo o de Bécquer.

    • La literatura adquiere un aire aristocrático que desdeña lo vulgar y cotidiano y se consagra a la exaltación de la Belleza. Esa exquisitez se muestra en la elección de los temas, en el cuidado de la forma y en el despliegue de elementos sensoriales en que se va a convertir el poema.

    • El escritor adopta un estilo de vida acorde con su concepción del arte: la bohemia. Su dedicación excluyente a la literatura como una religión, lleva aparejada el desprecio del sentido comercial y burgués de la vida. Su mundo es el de los cafés, las tertulias, la noche.

    Dos líneas principales se distinguen en los temas más frecuentes del Modernismo: la que trata de asuntos del pasado o exóticos, y la que da lugar a la expresión de la intimidad del poeta. En ambas es perceptible la huella del Romanticismo.

    • La primera, la línea escapista, es la más representativa del movimiento, la más imitada y, a la larga, la más satirizada. Los ámbitos donde se refugia el poeta modernista en busca de la belleza son mundos raros: lugares exóticos y épocas antiguas. La imaginación y la riqueza verbal le permiten componer estampas con detalles de miniatura. Construye palacios, jardines, pagodas, castillos, como un decorado por el que desfilan caballeros de títulos nobiliarios, princesas tristes o casquivanas, guerreros legendarios, cisnes, ninfas, sátiros y centauros. No hay límite geográfico: Japón o París, Chile o Grecia tienen cabida en el poema si admiten la ambientación de algo hermoso. El erotismo, las conductas amorales aparecen con frecuencia, como demostración del espíritu rebelde y antiburgués que late en el fondo de la actitud modernista.

    • La segunda, la línea íntima, permite traslucir el malestar del poeta con lo que le rodea. El amor y el mundo son vistos con ojos melancólicos y llenos de tristeza. Hay un deseo de plenitud que resulta irrealizable. En los poemas, esta nostalgia y este desasosiego se enmarcan en paisajes otoñales o despoblados jardines crepusculares, de clara raíz romántica.

    Los poetas modernistas explotan todas las posibilidades que el lenguaje les ofrece para conseguir la ansiada belleza. El poema no sólo expresa la sensorialidad del poeta, sino que es también causa de sensaciones. El color es un elemento fundamental. La adjetivación cromática recorre todas las gamas, intensas o suaves. La musicalidad del verso es otro de sus instrumentos, una musicalidad que se acomoda a los temas tratados. Los ritmos muy marcados se reservan para grandes asuntos: el desfile de un cortejo, la hazaña de un guerrero o una tormenta en el trópico, por ejemplo. Las melodías suaves acompañan a las emociones delicadas: la tristeza de una princesa, la melancolía de un atardecer. El poeta modernista se sirve de un léxico muy rico y escogido. Asimismo, son abundantes las aliteraciones, las sinestesias y las imágenes audaces. Las preferencias modernistas se inclinan por el alejandrino, el dodecasílabo o el eneasílabo, poco usados hasta entonces.

    Los Poetas Modernistas españoles son: Rubén Darío, Salvador Rueda, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez, Manuel Machado, Francisco Villaespesa y Eduardo Marquina.

    • LA POESÍA DE ANTONIO MACHADO

    Al hombre de carácter sencillo, soñador y solitario que fue Machado le corresponde una poesía profunda, seria y grave. Los temas son variados, pero reaparecen una y otra vez en sus poemas: la intimidad, los recuerdos, el paisaje castellano, la preocupación por España, los desasosiegos producidos por el paso del tiempo y la llegada de la muerte, etc. En la métrica se inclina al uso de formas populares. El estilo se caracteriza por la ausencia de complejidades retóricas: sobrio y claro, no se detiene en rebuscamientos.

    Si embargo, los inicios machadianos muestran a un autor que no es totalmente ajeno al Modernismo de la época. Soledades incluía poemas de ese corte que en la reedición de 1907 -ahora con el título de Soledades,”Galerías y otros poemas fueron suprimidos. El intimismo de tradición becqueriana, el tono triste y melancólico, y el simbolismo de algunos motivos reiterados (el viento, el agua, la noria...) difieren de la tendencia frívola de Rubén Darío.

    El Machado más característico aparece en Campos de Castilla. Su poesía se hace más realista y objetiva, más austera y sobria, acorde con lo que ve a su alrededor. Junto al paisaje soriano, la reflexión sobre los males de España y la descripción de personajes anónimos ocupan buena parte de los poemas. Aquí enlaza Machado con las preocupaciones noventayochistas. Otros poemas son retratos de intelectuales y amigos, composiciones escritas en Baeza en recuerdo de su mujer y de la tierra abandonada, y un conjunto de poemitas breves que recogen aforismo, sentencias y máximas.

    Nuevas Canciones es el libro de un pensador más que de un poeta. Machado traduce sus reflexiones en coplas y composiciones ligeras y diáfanas. En el “Cancionero Apócrifo, atribuido a sus dobles Abel Martín y Juan de Mairena, incluyen los poemas amorosos dedicados a Guiomar. Y en las Poesías de Guerra se mezclan arengas y poemas de aliento bélico con manifestaciones de dolor por la brutalidad de la contiendo, como en “El Crimen fue en Granada, estremecedor testimonio del asesinato de Lorca.

    • LA OBRA POÉTICA DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

    La trayectoria poética de Juan Ramón Jiménez está marcada por su total dedicación a la poesía y a la búsqueda incesante de la Belleza. Su poesía fue variando desde su inicial vinculación con el Modernismo hasta la creación final de una obra personalísima y diferente. En el camino, Juan Ramón Jiménez siguió un proceso de depuración que sirvió para liquidar los restos posmodernistas e introducir una nueva concepción de la poesía, según la cual ésta se rige por la inteligencia y se dirige “a la minoría, siempre”. Por ello, se le suele adscribir al Novecentismo.

    La primera etapa, calificada por él mismo como etapa sensitiva, llegaría hasta 1915 e incluye libros con diversas tendencias, en general bajo inspiración del Modernismo. La suave musicalidad en metros breves y la ambientación en vagos paisajes y jardines crepusculares o nocturnos son las notas dominantes de Arias Tristes, Jardines Lejanos, Libro de Penas de Flores y de Músicas, según el autor y Baladas de Primavera. En ellos, es perceptible la huella del Romanticismo y del Simbolismo. Poesía Desnuda, La Soledad Sonora, Las tres Elegías, Laberinto y prosas poéticas como Platero y yo.

    Los años siguientes conducen a la etapa intelectual, representada por el Diario de un Poeta Recién Casado. Además de la incorporación de motivos externos al poeta (el mar, los hombres y las cales de Nueva York), importa el nuevo modo de expresión. Se mezclan prosa y verso y ha desaparecido la decoración colorista y musical. Eternidades y Belleza.

    La tercera etapa o etapa suficiente es la desarrollada en el exilio. Su autoexigencia y su ensimismamiento se acentúan. La Estación Total y Dios Deseado y Deseante, intentan una poesía total, que lleva a sus extremas consecuencias los hallazgos anteriores.

    LA GENERACIÓN DEL 98

    La literatura española, que había alcanzado un alto nivel en el último cuarto del siglo XIX, al llegar el siglo XX experimenta un extraordinario florecimiento, que permite casi hablar de un segundo siglo de oro. La pérdida en 1898 de las últimas colonias españolas de Cuba y Filipinas ha sido considerada por algunos la causa de las voces de protesta y descontento que se alzan exigiendo una reforma radical. Los escritores agrupados bajo la denominación de Generación del 98 (Unamuno, Azorín, Machado, Baroja, Valle-Inclán y Maeztu) coinciden en señalar la necesidad de regenerar la vida política y cultural del país y adoptan el paisaje castellano como símbolo de su ímpetu espiritual y de su estilo claro y sencillo, a la vez que hallan el en paisaje de Castilla la mejor expresión de una situación real de pobreza y anquilosamiento social.

    En el terreno puramente literario, oponen al realismo decimonónico una visión personal y subjetiva: realidad y sensibilidad se funden indisolublemente y se manifiestan en un lenguaje sencillo, vivo y expresivo.

    La generación del 98, es una de las denominaciones más controvertidas, porque sus límites con el modernismo no están claros; ambos movimientos nacen de la misma actitud, la insatisfacción ante la literatura, y el modernismo es el lenguaje generacional de muchos escritores del 98. Los rasgos comunes que podrían identificar a todos los componentes de esta generación son la ideología progresista y la preocupación por el estado de crisis política y social de España.

    LA POESÍA NOVECENTISTA Y VANGUARDISTA

    La crítica agrupa bajo el nombre de novecentismo a ensayistas (José Ortega y Gasset, Eugenio D`Ors y Gregorio Marañón) y novelistas (Ramón Pérez de Ayala y Gabriel Miró) surgidos hacia 1914. Se consideran cercanos al modernismo por sus preocupaciones vitales, sociales y estéticas, aunque se diferencian en su depurada expresión literaria.

    Esta diferenciación se basa en dos aspectos fundamentales:

    • Desde el punto de vista social, adoptan una actitud minoritaria e intelectual en su preocupación por la regeneración española.

    • Desde el punto de vista literario, defienden el arte puro y la literatura como ejercicio intelectual basado en el lenguaje.

    Contemporáneo a los novecentistas es Ramón Gómez de la Serna (1888-1963), uno de los más originales polígrafos españoles de todos los tiempos. ). Escritor de ingenio desbordante, su creación más original es la greguería, una asociación ingeniosa de ideas que a veces se acerca a la metáfora, y otras, al concepto, a la imagen lírica o a la ironía. Aparte las greguerías, de las que se publicaron varios tomos, Gómez de la Serna escribió numerosísimas novelas (El torero Caracho, Seis falsas novelas), teatro (Los medios seres), biografías (Goya, Valle-Inclán, Quevedo), ensayos (El rastro, El circo) y memorias (Automoribundia).

    La etiqueta de vanguardia se emplea para nombrar la cadena de experimentos artísticos producidos en Europa durante buen parte del siglo XX, cuyo objetivo común es innovar lar artes y destruir los restos de la literatura y del arte antiguos.

    EL VANGUARDISMO EN ESPAÑA

    Ramón Gómez de la Serna, en su revista “Prometeo aparecieron los primeros manifiestos vanguardistas: “Greguerías”. Y también la “Revista de Occidente, fundada por Ortega en 1923.

    El Creacionismo y el Ultraísmo

    Ambos movimientos presentan la característica común de despreciar la materia sentimental y subjetiva. Su negación de la trascendencia de la literatura es una manera de mostrar su carácter inmanente y autónomo: nada hay de valor en la literatura fuera de ella misma.

    En 1918 llega a España el escritor chileno Vicente Huidobro, fundador del Creacionismo, y pronto encuentra adeptos a sus teorías. Para el Creacionismo, el arte no debe imitar la realidad, la naturaleza, sino actuar como ella, es decir creando.

    El Ultraísmo, que se da a conocer en 1918, presenta muchos puntos coincidentes con el Creacionismo. Inspirado en los “ismos europeos, en sus creaciones desaparece la anécdota y se unen imágenes y metáforas irracionales en poemas de verso libre y disposición tipográfica a modo de “caligramas. Sobresalen Rafael Cansinos-Asséns, Guillermo de Torre o Jorge Luis Borges.

    LA GENERACIÓN DEL 27

    A partir de 1915, cuando el modernismo estaba prácticamente liquidado y Juan Ramón iniciaba la búsqueda de nuevas fórmulas poéticas, surge una nueva generación de escritores -compuesta por un grupo de poetas, que en tal fecha se reunieron para celebrar el tercer centenario de la muerte de Góngora. Nacidos todos entre 1891 y 1930, y unidos por una amistad personal, coincidían también en su concepción de la poesía, que resumían en una síntesis entre lo sentimental y lo intelectual, entre la pureza estética y la humanidad. Muy influidos por los vanguardismos en moda en Europa y por Juan Ramón, sentía a la vez una gran admiración por los clásicos y por la tradición. Federico García Loca, Dámaso, Alonso, Vicente Aleixandre, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Gerardo Diego, Emilio Prados, Luis Cernuda, Manuel Altolaguirre y Rafael Alberti son los integrantes de una extraordinaria generación de poetas, como no se ha dado jamás en toda la poesía española.

    • PEDRO SALINAS

    La obra poética de Pedro Salinas (1891-1951), que fue, además, un extraordinario ensayista y crítico literario, puede dividirse en tres etapas: la primera prende los libros iniciales: Presagios, Seguro azar, Fábula y signo, y puede considerarse como de búsqueda; la segunda, hasta el final de la guerra civil, incluye los tres grandes libros de amor: La voz a ti debida, Razón de amor y Largo lamento. La tercera parte de su producción corresponde a la época del destierro y a ella pertenecen Confianza, El contemplado y Todo más claro y otros poemas. Lo mejor de la producción de Salinas es su trilogía amorosa, en la que la amada no es una idea, sino un ser concreto, y el amor no es sufrimiento, sino una fuerza que da sentido al mundo.

    • JORGE GUILLÉN

    Jorge Guillén (1893-1984) es autor de una sola obra, Aire nuestro, título que recoge toda la producción guilleniana organizada en tres libros: Cántico, Clamor y Homenaje poeta celebra la armonía del universo y la integración en él individuo: es la exaltación del ser, el sí a la vida, expresado en un lenguaje luminoso, despojado de todo lo accesorio y nominal. Tras la edición definitiva de Cántico (1950), Guillén, inicia un nuevo ciclo, Clamor, obra en la que ya aparecen elementos negativos, el tono se hace más grave y el estilo se aleja de las formas breves utilizadas anteriormente. Homenaje corona este ciclo, con el que concluye una de las obras mayores de la lírica europea de este siglo.

    • GERARDO DIEGO

    Con más de cuarenta títulos, la obra de Gerardo Diego (1896-1987) es una de las más extensas de la generación. A pesar de la diversidad de su obra, se imponen dos direcciones: la poesía de vanguardia y la poesía tradicional, cultivadas ambas paralelamente por el autor, aunque con predominio de la segunda. De línea más tradicional y de temática muy variada (el amor, el paisaje, la música, lo religioso, los toros) es el resto de su producción: Versos humanos, Versos divinos, Alondra de verdad, Canciones, Sonetos” y Odas morales.

    • FEDERICO GARCÍA LORCA

    Federico García Lorca (1898-1936) es tal vez, el escritor más universal de su generación: las circunstancias dramáticas de su muerte y la temática andaluza y gitana, tan frecuente en su obra, le han convertido, además, en un poeta extraordinariamente popular. En sus primeras obras, Canciones, Poemas del cante jondo”, aparece una poesía pura, brillante, aunque ya se advierte la sensibilidad especial del poeta para los temas trágicos, que hallará en el “Romancero gitano” su mejor expresión. Esta obra, uno de los libros de poemas más populares de nuestro siglo, está presidida por el tema del destino trágico. “Poeta en Nueva York” escrito entre 1929-30, expresa la dialéctica entre naturaleza y civilización, entre humanismo y progreso ciego. Entre sus últimas composiciones destaca una de sus obras maestras, Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, torero amigo del poeta, al que escribe una de las más hermosas elegías de toda la poesía española. El teatro de García Lorca es el teatro del deseo imposible, de los amores condenados a la soledad, de los prejuicios de casta.

    • RAFAEL ALBERTI

    Rafael Alberti (1902) elabora una obra amplia y diversa. Su primera obra, “Marinero en tierra”, le consagró como poeta y supuso el inicio de un ciclo inspirado en la tradición de la poesía popular, aunque desde la posición de un poeta de vanguardia. La producción de Alberti se completa con su obra dramática, Fermín Galán”, El adefesio, Noche de guerra en el Museo del Prado, constituyendo un conjunto coherente articulado sobre el tema central del paraíso soñado.

    • DÁMASO ALONSO

    Poeta, crítico y lingüística, Dámaso Alonso (1898-1990) es incluido en la nómina de la generación del 27, pero la mayor parte de su producción pertenece a la posguerra. En 1944 publica Hijos de la ira, un grito de protesta contra la crueldad, el odio y la injusticia, que el poeta lanza preguntándose si Dios está muerto o es un monstruo que se burla ante las preguntas del mundo.”Hombre y Dios” es un diálogo con el Creador sobre el dolor, la muerte y la angustia, mientras que en “Gozos de la vista” exalta el don de la visión como un regalo de Dios Junto a la obra poética de Dámaso Alonso hay que destacar su inmensa labor de crítico, sobre todo sus estudios sobre Góngora, imprescindibles para el conocimiento de este poeta.

    • VICENTE ALEIXANDRE

    El poeta Vicente Aleixandre (1898-1984) fue, durante los años de precariedad cultural de la posguerra, el representante de una honda emotividad lírica de rigurosa construcción formal, lo que le valió el Premio Nóbel en 1977. El propio Aleixandre dividió en dos partes su producción: la primera, a la que pertenecen Espadas como Labios, La destrucción o el amor y Sombra del paraíso, se sirven de imágenes surrealistas para expresar un sentimiento trágico del amor, que le conduce a un panteísmo pesimista; el segundo ciclo ese de la historia y parte de Historia del corazón, libro que supone una mirada positiva y solidaria con el hombre que sufre. La poesía de Aleixandre, Hermética, difícil y llana de imágenes grandiosa, ha sido el modelo para la mayoría de poetas posteriores.

    • Luis Cernuda

    Nació en Sevilla, y fue profesor (1902-1963), Su obra poética expresa el inconformismo de su intimidad torturada por el dolor y la frustración que resulta del desajuste entre la realidad. Su evolución arranca de la poesía pura, en “El perfil del aire”, y luego se deja influir por el surrealismo en “Un río, un amor; a partir de “Donde habite el olvido” el poeta desnuda sin pudor su interior y alcanza tal vez la cota más alta de su poesía; finalmente, un estilo más narrativo, influido por la poesía inglesa, reviste los libros “Las nubes”, “Como quien espera el alba” y “Desolación de la quimera”

    • Miguel Hernández

    Nació en Orihuela (1919-1942), participa en la guerra civil y muere en la cárcel de Alicante. Es dominador de las técnicas poéticas y caracterizado por sus tonos vigorosos y angustiados, alterna versos de apurado estilo con otros que expresan la fuerza del grito y el desgarro. Así, de su etapa vanguardista o gongorina (“Perito en lunas) pasa a una poesía humanizada y de corte clásico con “El rayo que no cesa” en 1936, donde se encuentran las obsesiones del poeta por el amor, la vida y la muerte. La última etapa, escrita en la guerra civil, supone un antecedente extraordinario de la poesía social: un lenguaje desgarrado y emotivo impregna los libros “Viento del pueblo” y “El hombre acecha en 1939. “Cancionero y romancero de ausencias”, publicado póstumamente, supone una evolución hacia la intimidad.

    Poesías

    Hemos escogido dos poema: uno de Antonio Machado, “La saeta” que aparece en Campos de Castilla” que la encontramos en portada de este trabajo, de la que creemos que posiblemente es uno de los poemas mas bellos que se han escrito.

    Y otra es la poesía desnuda de Juan Ramón Jiménez. En 1918, Juan Ramón Jiménez escribe un famoso poema en que resume la evolución de su poesía:

    Vino, primero, pura,

    vestida de inocencia.

    Y la amé como un niño.

    Luego se fue vistiendo

    de no sé qué ropajes.

    Y la fue odiando, sin saberlo.

    Llegó a ser una reina,

    fastuosa de tesoros…

    ¡Qué iracundia de yel y sin sentido!

    …Mas se fue desnudando.

    Y yo le sonreía.

    Se quedó con la túnica

    de su inocencia antigua.

    Creí de nuevo en ella.

    Y se quitó la túnica,

    y apareció desnuda toda…

    ¡Oh pasión de mi vida, poesía

    desnuda, mía para siempre!

    Francisco Franco Bahamonde

    Primo de Rivera

    Rubén Darío

    Antonio Machado

    Juan Ramón Jiménez

    Generación del 27

    Jorge Guillén

    Federico García Lorca

    Rafael Alberti

    Miguel Hernández

    La Saeta

                    ¿Quién me presta una escalera,
                                          para subir al madero,
                                          para quitarle los clavos
                                          a Jesús el Nazareno?

                                  Saeta Popular

    ¡Oh, la saeta, el cantar
    al Cristo de los gitanos,
    siempre con sangre en las manos,
    siempre por desenclavar!


    ¡Cantar del pueblo andaluz,
    que todas las primaveras
    anda pidiendo escaleras
    para subir a la cruz!


    ¡Cantar de la tierra mía
    que echa flores
    al Jesús de la agonía,
    y es la fe de mis mayores!


    ¡Oh, no eres tú mi cantar!
    ¡No puedo cantar ni quiero
    a ese Jesús del madero,
    sino al que anduvo en el mar!

    'Poesía durante la primera parte del siglo XX'

    La poesía durante la primera parte del S. XX.