Poesía del Renacimiento y del Barroco

Siglo de oro. Temas y estilos poéticos. Prosa religiosa. Teatro. Autores (poetas). Hernando de Acuña. Métrica. Lírica barroca. Fray Luis de León. Garcilaso de la Vega. Obras. Culteranismo. Conceptismo. Luis de Góngora. Fracisco de Quevedo

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El renacimiento y el siglo de oro

  • Contexto Histórico

Bajo el reinado de Carlos I, España dominó gran parte de Europa y estableció un imperio colonial en América. Durante este periodo los escritores españoles siguieron las tendencias filosóficas y artísticas del renacimiento. En el campo de la ideas, Erasmo de Rotterdam fue quien ejerció mayor influencia. Las obras de algunos de sus discípulos españoles, entre los que se encontraban el filósofo Luis Vives y el teólogo Juan de Valdés, fueron muy leídas y se tradujeron a diversas lenguas europeas. Lo mismo cabe decir de las obras de su contemporáneo Antonio de Guevara, divulgador e historiador franciscano. Durante este periodo se escribieron diálogos humanísticos, especialmente por parte de los seguidores de Erasmo, y se cultivó la historiografía. Los historiadores más importantes del renacimiento y el siglo de oro español son Diego Hurtado de Mendoza y el jesuita Juan de Mariana.

  • Características Literarias

  • 'Poesía del Renacimiento y del Barroco'

    1.

    'Poesía del Renacimiento y del Barroco'

    Temas y estilos poéticos

    La poesía bucólica o pastoril, que pinta la vida y costumbres de pastores imaginarios, o en la que los personajes se hacen pasar por pastores, es otro de los géneros que florecieron durante el siglo de oro. Los temas y ambientes de la poesía pastoril, junto con formas métricas italianas como el soneto, la octava, la canción, el terceto y el verso libre, fueron utilizados por primera vez de manera habitual por Juan Boscán y Garcilaso de la Vega. Garcilaso fue no sólo un innovador en el uso de la métrica italiana y los temas bucólicos, sino también un excelente poeta capaz de transmitir sentimientos auténticos en versos de una serenidad clásica. Curiosamente siempre se le ha considerado modelo de lengua y métrica y no sufrió el ostracismo de los neoclásicos y románticos que sí padeció Góngora y otros poetas del siglo de oro.

    En la literatura española, más que en la de otros países, la innovación rara vez sustituye por completo a las tradiciones establecidas. De este modo, los usos poéticos antiguos y nuevos coexistieron durante el siglo XVI. La vida religiosa en España se intensificó a mediados del siglo XVI, en parte como consecuencia de la preocupación que sentían los católicos españoles por la Reforma protestante. El nuevo estilo poético se acomodó a la expresión de actitudes espirituales muy alejadas de la poesía pastoril. El primer gran poeta de este género fue fray Luis de León, en cuyos versos la devoción cristiana se conjuga con el culto a la belleza, el amor a la naturaleza y la búsqueda de la serenidad clásica característica del renacimiento. San Juan de la Cruz, contemporáneo de fray Luis, compuso lo que para muchos críticos son los versos más intensos y radiantes de la lengua española. En estos poemas intenta expresar —en términos de amor humano— la inefable experiencia mística de la unión del alma humana con Dios. Otro poeta importante de esta época es Fernando de Herrera, quien cultivó el estilo barroco característico del siguiente periodo de la literatura española.

    La poesía barroca, que se caracteriza por la proliferación de metáforas y otros recursos retóricos típicos del renacimiento, alcanzó sus cotas más altas en el siglo XVII. Los mejores ejemplos corresponden a las complejas y en ocasiones rebuscadas obras de Luis de Góngora y Argote. De su nombre procede el término gongorismo, con el que se designa el estilo de la poesía española del barroco fuera de España. Góngora ha sido criticado con frecuencia por la tremenda complejidad y artificiosidad de gran parte de su obra, pese a lo cual sigue siendo considerado uno de los maestros indiscutibles de la poesía española. Otra figura señera de la literatura española es Francisco de Quevedo y Villegas —poeta, novelista, ensayista y satírico—, cuyas principales obras se caracterizan por la gran profundidad de sus sentimientos y por su prodigioso ingenio.

    'Poesía del Renacimiento y del Barroco'

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    2.

    'Poesía del Renacimiento y del Barroco'

    Prosa religiosa

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    Durante los dos últimos tercios del siglo XVI, diversos autores místicos y ascéticos (véase Ascética) escribieron obras de considerable importancia. Entre ellos cabe destacar al dominico fray Luis de Granada —cuyos escritos reflejan tanto su ascetismo como su profundo amor a la naturaleza— y, sobre todo, a la mística santa Teresa de Jesús, que creó una nueva simbología para expresar sus experiencias místicas. En sus tratados alcanza la espontaneidad y la frescura de la lengua coloquial. El teólogo más importante del siglo de oro fue el filósofo escolástico Francisco Suárez, cuyas obras están escritas en latín.

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    3.

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    Nuevos géneros literarios

    'Poesía del Renacimiento y del Barroco'

    Hacia 1550 surgen varios géneros literarios hasta entonces desconocidos. Entre ellos se encuentran la novela pastoril, la novela morisca y la novela picaresca.

    La novela pastoril —que narra las aventuras y desventuras amorosas de pastores idealizados— es un género que ya había florecido con antelación en Italia y Portugal. El ejemplo más notable de novela pastoril en lengua española es La Diana del portugués Jorge de Montemayor.

    La novela morisca fue una invención española que combinó las tendencias literarias de los siglos anteriores con las del siglo XVI, presentando los relatos caballerescos de la guerra contra los moros en forma de novela. Su primer ejemplo es el relato anónimo Historia de Abencerraje y la hermosa Jarifa (1598).

    Tanto las novelas pastoriles como las moriscas presentan imágenes idealizadas de la naturaleza humana. Por el contrario, la novela anónima El lazarillo de Tormes (1554) muestra una visión pesimista de la sociedad a través de los ojos de un pícaro que sirve a diversos amos. Esta obra es el prototipo de la novela picaresca que floreció a comienzos del siglo XVII. El Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán, y la Historia de la vida del Buscón, de Quevedo, son los ejemplos más sobresalientes del género picaresco. Este género literario alcanzó un gran éxito en España y en el extranjero, influyendo de manera determinante en la novela europea del XVIII.

    Los escritores de novela picaresca presentan una visión sombría de la humanidad, no menos distorsionada a su manera que la imagen idealizada de la literatura bucólica o de caballerías. En contraposición a esa visión deformada de la naturaleza humana, la obra de Miguel de Cervantes, y en especial Don Quijote de la Mancha (1605-1615), presenta una imagen completa de la humanidad, reflejando tanto su grandeza como sus debilidades. Es probable que Cervantes comenzara a escribir el Quijote con la única intención de tramar una historia divertida y burlarse de la moda de los libros de caballerías, que constituían la literatura de evasión en aquella época. Desde las primeras páginas, sin embargo, el libro presenta una historia cuya naturaleza multidimensional alcanza un grado al que hasta entonces ninguna narrativa europea se había aproximado. Loco y sabio, grotesco y admirable, Don Quijote se muestra ante el lector como un ser humano verosímil y creíble, a pesar de su compleja naturaleza y de los vaivenes a que lo somete el enfrentamiento de su mundo onírico con la realidad. Igual de creíble y complejo es el personaje de su escudero, Sancho Panza. El prosaico punto de vista del escudero contrasta, moderándolas, con las ilusiones de su señor; y lo cómico es que Sancho, al mismo tiempo, las comparte. El libro ofrece un cuadro completo de la sociedad española y universal en una asombrosa diversidad de temas, personajes, ideas y técnicas narrativas.

    La influencia de Don Quijote de la Mancha se extiende a lo largo de los siglos. Cada periodo sucesivo de la cultura europea ofrece su propia interpretación de la novela y la considera un modelo para nuevos tipos de narrativa. Los doce relatos que componen las Novelas ejemplares (1613), obra también de Cervantes, tienen una gran fuerza narrativa, y su imaginativa novela bizantina, Los trabajos de Persiles y Segismunda (1619), es una de las obras maestras de la prosa barroca española.

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    'Poesía del Renacimiento y del Barroco'

    Prosa no narrativa

    'Poesía del Renacimiento y del Barroco'

    Las obras no narrativas próximas al ensayo fueron uno de los principales logros de la literatura española del siglo XVII. Entre los ejemplos más destacados de este género se encuentran las Empresas políticas (1640), de Diego Saavedra Fajardo, en las que el autor analiza su idea del príncipe cristiano ideal; la sátira Los sueños (1627), de Quevedo, una serie de fantasmagorías que se proponen fustigar los vicios de la sociedad; y la novela alegórica El criticón (1651-1657), de Baltasar Gracián, que presenta una interpretación pesimista de todas las experiencias humanas, exceptuando el esfuerzo intelectual. Todas estas obras emplean el estilo denominado conceptismo (Ver Barroco: Culteranismo y conceptismo), que se caracteriza por su extraordinaria concisión.

    Una de las figuras más importantes de la historia de la literatura española es Francisco de Quevedo, cuyos brillantes escritos analizan los males políticos, económicos y sociales de España. Los ensayos políticos —Política de Dios (1635), Marco Bruto (1644)— representan sólo un aspecto de su prosa, que también incluye obras ascéticas, filosóficas y satíricas. Obsesionado con la grandeza del pasado y la decadencia del presente, Quevedo quiso reflejar también el desencanto, la violencia y lo grotesco. Su poesía, que abarca desde lo amatorio hasta la política y la sátira, es rica y variada. Manejó con maestría tanto el tono clásico como el popular.

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    5.

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    Teatro

    'Poesía del Renacimiento y del Barroco'

    En el siglo de oro español, el teatro fue el género literario que más tardó en alcanzar su pleno desarrollo. Entre las primeras piezas teatrales se encuentran las obras líricas escritas durante las primeras décadas del siglo XVI por el fundador del teatro clásico portugués, el poeta y dramaturgo Gil Vicente, que escribió parte de su obra en español. En la dramática de este primer periodo destacan también los entremeses de Lope de Rueda y de Cervantes. A imitación de las comedias renacentistas italianas, aparecieron también una serie de obras teatrales. El poeta y dramaturgo Juan de la Cueva escribió dramas históricos de concepción clásica. Otro dramaturgo importante del siglo de oro fue Guillén de Castro, cuya obra más conocida es Las mocedades del Cid (1618).

    Nadie representa mejor el genio español que Lope de Vega. Toda su obra, incluida la poesía, la narrativa y en especial su abundantísima producción dramática, rezuma el encanto y la naturalidad del arte popular, aunque fuera Lope un hombre de letras muy admirado por su magistral dominio de la técnica literaria.

    La “comedia nueva española”, definida y perfeccionada por Lope, es una obra en tres actos que combina elementos de la comedia y de la tragedia. Está escrita en verso utilizando diferentes estructuras métricas y se desentiende de los preceptos clásicos de la construcción dramática. Más dinámico y poético que psicológico o filosófico, este tipo de teatro pretendía agradar a todas las clases sociales, desde las más doctas hasta las más incultas. Aunque las obras de Lope se sirven de una enorme variedad de temas y argumentos, la mayoría de ellas abordan asuntos históricos derivados del romancero, temas rurales y conflictos relativos a la afirmación de la dignidad personal. Se conservan unas 500 obras teatrales de Lope de Vega, aunque escribió muchas más. Algunas de las más conocidas son Fuenteovejuna (1612-c. 1614), Peribáñez y el Comendador de Ocaña (1614-c. 1616) y El caballero de Olmedo (1620-1625).

    Algunos aspectos de la comedia nueva española fueron perfeccionados por aventajados discípulos de Lope de Vega, como Tirso de Molina —cuyo El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1627) es la primera obra literaria formal en la que aparece como personaje el legendario Don Juan— y Juan Ruiz de Alarcón, que dio un contenido moral a sus comedias corteses de costumbres.

    El teatro del siglo de oro alcanza su esplendor con Calderón de la Barca, el gran poeta dramático del barroco. Sus obras teatrales tienen estructuras simétricas y complejas, y un grado de coherencia que falta en las piezas de Lope de Vega. En la obra más conocida del teatro español y una de las más importantes —La vida es sueño (1635)—, Calderón hace ver lo efímero de la existencia y, al mismo tiempo, demuestra el origen divino de la vida. El alcalde de Zalamea es el ejemplo perfecto de drama rural centrado en un conflicto de honor. Calderón es asimismo el maestro indiscutible de una de las creaciones más interesantes del siglo de oro, los autos sacramentales, que es una forma de drama religioso basada en el uso de la alegoría. Entre los escritores influidos directamente por Calderón cabe citar a Francisco de Rojas y a Agustín Moreto.

    Poesías del renacimiento

    Autor: Hernando de Acuña

    Poesía:

    [XCIV]
    Al Rey nuestro señor

    Ya se acerca, señor, o ya es llegada
    la edad gloriosa en que pronete el cielo
    una grey y un pastor solo en el suelo,
    por suerte a vuestros tiempos reservada;
    ya tan alto principio, en tal jornada,
    os muestra el fin de vuestro santo celo
    y anuncia al mundo, para más consuelo,
    un Monarca, un Imperio y una Espada;
    ya el orbe de la tierra siente en parte
    y espera en todo vuestra monarquía,
    conquistada por vos en justa guerra.
    que, a quien ha dado Cristo su estandarte,
    dará el segundo más dichoso día
    en que, vencido el mar, venza la tierra.

    11 A
    11 B
    11 B
    11 A
    11 A
    11 B
    11 B
    11 A
    11 C
    11 D
    11 E
    11 C
    11 D
    11 E

    Biografía del Autor:

    Hernando de Acuña (1520 - 1580) Natural de Valladolid. Falleció en Granada. Además de gran poeta, fue un excelente hombre de armas. Combatió en Italia y Alemania. Fue coetáneo y amigo de Gracilaso de la Vega. Como traductor nos dejó obras clásicas de los grandes escritores latinos e italianos, como las Heroidas, de Ovidio, Orlando el enamorado y el Caballero libertado, de Oliver Marche, en donde se nota la influencia de Virgilo e, incluso, de su amigo Gracilaso de la Vega. Hernando de Acuña, se incorporó al ejército imperial durante las campañas de Italia y después, ya muy cerca de Carlos V, intervino en las acciones decisivas contra la liga de Smalkalda, por lo que fue felicitado públicamente por el Rey, que a partir de ahí le encomendó diversas misiones de especial confianza. Pero Carlos no sólo lo estimaba como hombre de armas, y conocía y apreciaba en tan alto grado sus virtudes literarias que le pidió colaboración y encargó la traducción en verso castellano de Le Chevalier Délivéré, de Olivier de la Marche, que el mismo Emperador acababa de verter al español. Pero el nombre de Hernando de Acuña ha pasado a la historia sobre todo por un memorable soneto, un soneto que ha oscurecido el resto de su más que interesante obra, su sonero sobre el Emperador Carlos V.

    Obras:

    Entre sus propias obras se destacan la Fábula de Narciso, la Contienda de Ayax y Telamonio y Ulises. Pero es más conocido por sus admirables sonetos, sus églogas y elegías, algunas de ellas dedicadas al Emperador Carlos V.

    Tema de la poesía:

    El tema principal de este poema es la exaltación del Rey. Es una traducción de una oda latina escrita por Juan Latino en la ocasión de la batalla de Lepanto.

    Contenido:

    El poema está dedicado al Emperador Carlos V, un rey al que se le da ánimos pra ganar la batalla ya que al ganar la batalla vendrán mejores tiempos. En esta época lo único que estaba por encima del Rey era Dios, ya que pensaban que el poder era entregado por el propio Dios al Rey, por eso eran tan respetados. En este soneto, el autor, recoge los ideales políticos, religiosos y militares de su Rey, el Emperador Calos V.

    Partes:

    Este soneto se divide en cuatro partes, coincidiendo con los cuatro párrafos del poema:

    Primer párrafo. En el que habla sobre los tiempos mejores que pronto llegarán, cuando se gane la batalla.

    Segundo párrafo. En este párrafo, la guerra está a punto de acabar, si el rey termina victorioso será ensalzado y alabado.
    Tercer párrafo. Ya terminada la guerra, se le anima a extender su monarquía por toda la tierra una monarquía impuesta "jústamente" por medio de la guerra.

    Cuarto Párrafo. En él se dice que el poder ha sido entregado al Rey por Dios, por lo tanto solo Dios está por encima del Rey.

    Análisis Métrico:

    - Rima: El poema tiene una rima consonante con el siguiente esquema métrico: ABBA ABBA CDE CDE

    - Cómputo silábico: Versos endecasílabos

    - Estrofa: De arte mayor, es un Soneto

    Recursos Literarios:

    Metáfora pura: "edad gloriosa" , “una grey y un pastor solo en el suelo", "vencido el mar, venza la tierra"

    Autor: Fray Luis de León

    Poesía:

    [ODA XXIII]
    A LA SALIDA DE LA CÁRCEL

    Aquí la envidia y mentira
    me tuvieron encerrado.
    Dichoso el humilde estado
    del sabio que se retira
    de aqueste mundo malvado,

    y con pobre mesa y casa
    en el campo deleitoso
    con sólo Dios se compasa
    y a solas su vida pasa
    ni envidiado ni envidioso.

    8 A
    8 B
    8 B
    8 A
    8 B

    8 C
    8 D
    8 C
    8 C
    8 D

    Biografía del Autor:

    Luis de León, Fray (1527-1591), poeta y místico español de notable importancia en la literatura española del renacimiento.

    Nacido en Belmonte (Cuenca), fue monje y más tarde vicario-general y provincial de la orden de los agustinos. Además de profesor de teología y filosofía en la Universidad de Salamanca, fray Luis de León fue un prestigioso hebraísta y traductor. Tradujo el Antiguo Testamento, así como textos clásicos griegos y romanos y obras de escritores italianos contemporáneos. Fue encarcelado por la Inquisición durante cuatro años a causa de sus disputas teológicas con los líderes de la orden de los dominicos (Orden de predicadores). Sólo se conservan 23 de sus poemas líricos, marcados todos ellos por el humanismo del autor y su profundo conocimiento de los clásicos y la Biblia. Su obra lírica no fue publicada hasta 1631 y se encargó de hacerlo Francisco de Quevedo con el fin de mostrar lo que era el estilo de los primeros y grandes poetas renacentistas. De estas obras destacan Vida retirada, una imitación del Beatus illa de Horacio y las odas A Salinas y Noche Serena.


    Obras:

    Entre sus obras en prosa destacan De los nombres de Cristo (1583) y La perfecta casada (1583), una obra dentro de las carcaterísticas de la época en la que cuenta las virtudes que deben acompañar a la mujer.

    Tema de la poesía:

    La Libertad, la injusticia.

    Contenido:

    El protagonista de este poema fue encarcelado injustamente, por culpa de la envidia y la mentira.

    Partes:

    Este poema no tiene partes claras, se podrían diferenciar las dos primeras estrofas, que funcionan a modo de introducción, y el resto del poema que habla sobre el paso del tiempo en un hombre.

    Análisis Métrico:

    - Rima: El poema tiene una rima consonante con el siguiente esquema métrico: ABBAB CDCCD

    - Cómputo silábico: Octosílabo

    - Estrofa: De arte menor, Décima

    Recursos Literarios:

    Metafora pura: "la envidia y la mentira me tuvieron encerrado"

    Hipérbaton: "con solo Dios"

    Autor: Gutierre de Cetina

    Poesía:

    Ojos claros, serenos,
    si de un dulce mirar sois alabados,
    ¿por qué, si me miráis, miráis airados?
    Si cuanto más piadosos,
    más bellos parecéis a aquel que os mira,
    no me miréis con ira,
    porque no parezcáis menos hermosos.
    ¡Ay tormentos rabiosos!
    Ojos claros, serenos,
    ya que así me miráis, miradme al menos.

    8 A
    11 B
    11 B
    8 C
    11 D
    8 D
    11 C
    8 C
    8 A
    11 A

    Biografía del Autor:


    Cetina, Gutierre de (?1514/17-1557), poeta español italianizante y también con influencias del valenciano Ausias March y la tradición popular y castiza, aunque siempre se imponga su recia personalidad poética.

    Nació en Sevilla y llevó una vida errante como soldado y poeta. Hay datos de su estancia en Castilla, sobre todo en la corte de Valladolid, y también de su paso por Italia y de un viaje a México en 1933, país en el que moriría, aunque los datos sobre su vida son inseguros.


    Obras:


    Destacan en especial sus sonetos, siempre muy bien cuidados y dentro de una poética al estilo de Petrarca. Es muy famoso el madrigal suyo que comienza “Ojos claros, serenos”, con matices realistas, y otras canciones y epístolas de contenido amoroso alejado del platonismo, pues celebra, en lugar de a la mujer ideal, a varias mujeres de carne y hueso. En sus epístolas a Diego Hurtado de Mendoza, escritas con un aliento clásico, incide en aspectos morales aunque no exentos de ironía.

    Tema de la poesía:

    La belleza femenina, el amor.

    Contenido:

    Un hombre pide atención por parte de su amada, una joven hermosa con ojos claros que no le mira como él quisiese que le mirase.

    Partes:

    En los tres primeros versos llama a su amada, en las cuatro estrofas siguiente la ensalza, en los últimos versos se lamenta de que su amada no la haga el caso que el quiere.

    Análisis Métrico:

    - Rima: Consonante

    - Cómputo silábico: Versos octosílabos y endecasílabos

    - Estrofa: De arte mayor, Madrigal

    Recursos Literarios:

    Apóstrofe: "¡Ay tormentos rabiosos!"
    Cosificación: Ojos claros, serenos


    Autor: Garcilaso de la Vega

    Poesía:

    SONETO X

     ¡Oh dulces prendas, por mí mal halladas,
    dulces y alegres cuando Dios quería,
    Juntas estáis en la memoria mía,
    y con ella en mi muerte conjuradas!

    ¿Quién me dijera, cuando las pasadas
    horas que en tanto bien por vos me vía,
    que me habiáis de ser en algún día
    con tan grave dolor representadas?

    Pues en una hora junto me llevastes
    todo el bien que por términos me distes,
    lleváme junto el mal que me dejastes;

    si no, sospecharé que me pusistes
    en tantos bienes, porque deseastes
    verme morir entre memorias tristes.

    11 A
    11 B
    11 B
    11 A
     
    11 A
    11 B
    11 B
    11 A

    11 C
    11 D
    11 C
     
    11 D
    11 C
    11 D

    Biografía del Autor:


    Garcilaso de la Vega (c. 1501-1536), poeta renacentista español y uno de los mejores poetas líricos de la literatura española.

    Nació en Toledo en el seno de una familia ilustre —su padre había sido embajador en Roma durante el reinado de los Reyes Católicos— y recibió una buena formación humanística. Muy joven entra al servicio de Carlos I y empieza a cosechar honores. Entre 1520 y 1523 es nombrado contino, es decir, miembro de la Corte, Caballero de Santiago y armado caballero. Lucha en la guerra de las Comunidades al lado del Emperador contra los comuneros, contra los turcos y contra los franceses. En 1525 se casa con Isabel de Zúñiga, dama de compañía de la hermana del Emperador por instancias de éste. En 1526 se traslada la corte a Granada y allí conoce al embajador italiano, Andrea Navagero, el cual le incita a que escriba sonetos, y también a una dama portuguesa, Isabel de Freyre, de la que se enamora sin ser correspondido.

    Entre 1529 y 1530 viaja a Italia en compañía de Carlos I para que éste reciba la corona imperial de manos del papa Clemente VII. A su regreso a España, asiste a la boda de su sobrino, que no había autorizado el Emperador, por lo que sufre destierro en una isla del Danubio y de allí marcha a Nápoles, como lugarteniente del Virrey. Vive dos años interesándose por la cultura italiana y entabla amistad con el español Juan Valdés y los italianos Pietro Bembo, Bernardo Tasso, entre otros. En 1534 vuelve a España en misión diplomática y se entera de que Isabel ha muerto. Regresa afligido a Italia y es nombrado alcalde de Reggio di Calabria, cargo que abandona para incorporarse a las tropas imperiales que van a luchar contra los turcos de Barbarroja. Después Francia invade Saboya y el Emperador declara la guerra: en la campaña de Provenza, Garcilaso de la Vega es herido por una piedra al intentar escalar una fortaleza, unos días después, el 13 o 14 de septiembre de 1536, morirá en Niza.


    Obras:

    Garcilaso encarna el ideal cortesano de la época al unir en su persona al poeta y al militar. Escribió una corta producción de versos pero que no publicó en vida. Fue su amigo Juan Boscán quien reunió los manuscritos, los revisó y publicó en Barcelona junto con sus propias obras bajo el título de Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega (1543). El libro fue un acontecimiento importante por los nuevos metros de origen italiano que contenía: el soneto, la canzone, las octavas, la rima interior y el verso libre (véase Versificación); por los temas mitológicos, arcádicos y discursivos y por su lenguaje hecho de frases cortas, imágenes plásticas y una gran musicalidad; como las obras de Garcilaso gustaban más que las de Boscán, los editores decidieron publicarlas independientemente, y un tomito de Garcilaso solo apareció en Salamanca en 1569. Desde entonces ha seguido siendo así.

    La obra completa de Garcilaso se compone de poco más de 4.000 versos que forman tres églogas, 38 sonetos, dos elegías, cinco canciones y una epístola.

    La transcendencia de la obra garcilasiana procede de haber introducido el verso endecasílabo en España, así como la poesía petrarquista, que no es otra cosa sino la gran poesía lírica del renacimiento.

    La mayor parte de sus composiciones tratan el tema amoroso pero no a la manera medievalista o tradicional castellana del romance, sino como un concepto lírico abstracto, de ideal de belleza, de creación artística. Su maestría reside en una aparente sencillez y naturalidad conseguida por las formas métricas, las rimas suaves, poco relevantes pero variadas, las metáforas delicadas, las paradojas, los juegos conceptistas con el fin de crear una atmósfera fútil, de nostalgia y evanescencia en la que el texto suene a confesión personal y sincera. Sin duda es el poeta de la elegancia, del que tantos otros, y grandes, se sentirán deudos, desde Luis de Góngora hasta Alberti, Juan Ramón Jiménez o Gustavo Adolfo Bécquer.

    Tema de la poesía:

    El Amor

    Contenido:

    El tema de este soneto es el recuerdo doloroso que tiene el poeta sobre una amada. Dichos recuerdos causaban alegría al poeta en un principio, pero al final se tornan y le provocan tristeza.

    Partes:

    Podemos dividir este poma en tres partes:

    Primera: se corresponde con el primer cuarteto, donde Garcilaso, mediante una exclamación retórica, recuerda los regalos que le proporcionó la amada, que en un primer momento le alegraban.

    Segunda: coincide con el segundo cuarteto, donde el poeta expresa a través de una pregunta lo inesperado del dolor causado por la amada.

    Tercera: coincidente con los dos tercetos, en los que el autor explica el daño que le causa los recuerdos de la amada

    Análisis Métrico:

    - Rima: consonante ABBA  ABBA CDC  DCD

    - Cómputo silábico: Eptasílabos

    - Estrofa: De arte mayor, Soneto

    Recursos Literarios:


    Antítesis: entre los recuerdo dulces y alegres y las memorias tristes
    Paralelismo: en los versos 10 al 12

    Exclamación retórica: los primeros versos
    Pregunta retórica: la segunda estrofa

    El Barroco

    Barroco (literatura), periodo que sucedió al renacimiento, entre finales del siglo XVI y finales del siglo XVII, impregnó todas las manifestaciones culturales y artísticas europeas y se extendió también a los países hispanoamericanos.

    Como etapa preparatoria, que coincide cronológicamente con el renacimiento y el barroco, debe tenerse en cuenta el manierismo. La palabra barroco tuvo originalmente un sentido peyorativo, ligado con la extravagancia y la exageración, que aún se mantiene en ciertos tópicos del lenguaje no especializado. Se dice que el término deriva del portugués barroco (castellano barrueco), que significa `perla irregular'. También suele relacionarse con baroco, nombre que recibe una figura del silogismo. El barroco expresa la conciencia de una crisis, visible en los agudos contrastes sociales, el hambre, la guerra, la miseria. Suele establecerse una distinción entre el barroco de los países protestantes y el de los países católicos (barroco de la Contrarreforma).

    En el caso de España, aunque sin perder de vista el contexto europeo, José Antonio Maravall ha enumerado una serie de asuntos y tópicos literarios que definen una imagen del mundo y del hombre: la locura del mundo; la melancolía —Anatomy of melancholy, de R. Burton, es de 1621— la sensación de inestabilidad de los hombres y la fugacidad de las cosas; la revitalización del tópico del mundo al revés y la figura del gracioso en el teatro español como uno de sus representantes (“Soy el que dice al revés / todas las cosas que habla”, dice un personaje de El mejor alcalde, el rey de Lope de Vega); el mundo como laberinto, como gran plaza o mesón; la concordia de los opuestos (nuestra vida se “concierta de desconciertos”, dice el conceptista español Baltasar Gracián); el mundo como guerra y el hombre lobo del hombre.

    Desde el punto de vista estético, sobresalen la búsqueda de la novedad y de la sorpresa; el gusto por la dificultad, vinculada con la idea de que si nada es estable, todo debe ser descifrado; la tendencia al artificio y al ingenio; la noción de que en lo inacabado reside el supremo ideal de una obra artística. La búsqueda de la novedad y de lo extraño explica la admiración del barroco por pintores flamencos como El Bosco, Arcimboldo y Brueghel el Viejo: así lo demuestran, entre otros textos, los Sueños del escritor español Francisco de Quevedo.

    Entre los autores del barroco hispanoamericano, destacaron (el Inca) Garcilaso de la Vega (1539-1616) en Perú; Sor Juana Inés de la Cruz, sobre todo por su Primero Sueño (de clara influencia gongorina por su audacia formal) y El divino Narciso (cuyo antecedente es Eco y Narciso, del dramaturgo español Pedro Calderón de la Barca), y Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, autor de una Historia chichimeca y traductor de poesía náhuatl en México; Martín del Barco Centenera (La Argentina y Conquista del Río de la Plata), extremeño que vivió más de veinte años en América; Pedro de Oña y Arauco domado en Chile; el canario Silvestre de Balboa y Espejo de paciencia en Cuba, y Hernando Domínguez Camargo, a quien el poeta Gerardo Diego cita en su Antología poética en honor de Góngora, y que vivió en Colombia.

    Culteranismo y conceptismo

    La retórica barroca puede sintetizarse en la coexistencia de dos corrientes: el conceptismo y el culteranismo. Aunque generalmente suele afirmarse que se trata de dos estilos opuestos, lo cierto es que los dos buscan la complicación formal. El culteranismo intensifica los elementos sensoriales preocupado por el preciosismo y la artificiosidad formal a través de la metáfora, la adjetivación, el hipérbaton forzado o los efectos rítmicos y musicales del lenguaje; a esta tendencia pertenecen Luis de Góngora y Pedro Soto de Rojas. La crítica señala como ejemplo más significativo del culteranismo la Fábula de Polífemo y Galatea de Góngora, en cuya primera estrofa aparecen todos los procedimientos culteranos:

    Era de mayo la estación florida

    en que el mentido robador de Europa

    —media luna las armas en la frente

    y el sol todos los rayos de su pelo—,

    luciente honor del cielo,

    en campos de zafiro pace estrellas.

    El conceptismo debe su nombre a los Conceptos espirituales (1600-1612) de Alonso de Ledesma. Su juego formal se basa en la condensación expresiva y para ello se sirve de la polisemia, las elipsis, las oposiciones de contrarios o antítesis, las paradojas, todo lo que exija una agudeza conceptual y cuenta entre sus principales representantes a Francisco de Quevedo, Luis Vélez de Guevara y su El diablo cojuelo, la prosa de tipo moralista y satírico de Baltasar Gracián y autores de empresas o emblemas (véase Alegoría) como Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648). En teatro, sobresale Pedro Calderón de la Barca, especialmente por La vida es sueño y El gran teatro del mundo, donde se entrelazan concepto y juego verbal. El tema del sueño y la duda sobre los límites entre apariencia y realidad permiten aproximar a Calderón con el dramaturgo inglés William Shakespeare. El conceptismo valora laconismo, por eso, a veces, se ha confundido con claridad estilística y precisión, algo de lo que carece por completo, como puede verse en la frase de Gracián característica de este estilo: “Lo bueno si breve, dos veces bueno”, que como se ve es ingeniosa pero ni precisa ni clara.

    Proyección del barroco

    Mención aparte merece la proyección del barroco en la generación del 27, año del tricentenario de la muerte del poeta Luis de Góngora. Dámaso Alonso dedicó gran parte de su vida al estudio del poeta cordobés y Federico García Lorca le consagró una magnífica conferencia titulada “La imagen poética de don Luis de Góngora”. Gerardo Diego recuperó a los poetas Bocángel Unzueta y Pedro de Medina Medinilla. Luis Rosales, al conde de Salinas (1564-1630) y a Juan de Tasis, conde de Villamediana (1582-1622). Éste último, además de Góngora, figura entre los autores citados con frecuencia por el cubano José Lezama Lima. Otro cubano, Severo Sarduy, fue el creador del término neobarroco para designar, si no un regreso, una prolongación del barroco en el siglo XX. En 1868 un político conservador y brillante articulista, Francisco Silvela, se burlaba de los cursis y de los neoculteranos, aludiendo a quienes se valían de un lenguaje pretencioso para decir cosas que podían comunicarse de manera más sencilla.


    Poesías del barroco


    Autor: Luis de Góngora

    Poesía:

    A UNA ROSA

    Ayer nacistes, y moriras mañana.

    ¿Para tan breve ser, quien te dio vida?

    ¿para vivir tan poco estas lucida,

    y para no ser nada estas lozana?

    Si te engañó tu hermosura vana,

    bien presto la veras desvanecida,

    porque en tu hermosura esta escondida

    la ocasion de morir muerte temprana.

    Cuando te corte la robusta mano,

    ley de la agricultura permitida,

    grosero aliento acabara tu suerte

    No salgas que te aguarda algun tirano;

    dilata tu nacer para tu vida,
    que anticipas tu ser para tu muerte.

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    Biografía del Autor:

    Góngora y Argote, Luis de (1561-1627), poeta español, cima de la elegancia de la poesía barroca y modelo de poetas posteriores.

    Nació en Córdoba en el seno de una ilustre familia y estudió en la Universidad de Salamanca. Recibió órdenes religiosas y en su juventud ya era bastante famoso puesto que Cervantes habla de él cuando Góngora sólo tiene 24 años. Obtuvo un cargo eclesiástico de poca importancia pero que le permitió viajar por España con frecuencia y frecuentar la Corte en Madrid. Se establece en esta ciudad y consigue que Felipe III le nombre su capellán. A diferencia de la mayoría de sus contemporáneos, en Góngora, ni la religión ni el amor, pese a algunas aventuras juveniles, ocupan un lugar importante en su vida o en su poesía. Parece que le domina un solo sentimiento, el de la belleza, pues el amor y la naturaleza, asuntos de los que trató con perfecto dominio, más que sentimientos en él aparecen como pretextos para la creación poética. Al final de su vida, agobiado por la deudas, se traslada a Córdoba, donde muere.

    Personalidad creadora

    Góngora tuvo en vida defensores apasionados y críticos implacables. El carácter mismo de su poesía haría que esta división de opiniones continuara después de su muerte y llegara aún a nuestros días. Los dos enemigos de más valer que tuvo fueron Quevedo y Lope de Vega, aunque contó con famosos partidarios como el conde de Villamediana o los humanistas Pedro de Valencia y fray Hortensio de Paravicino.

    El motivo de esta división radical de posturas reside en el carácter innovador de la poesía de Góngora, cabeza del estilo literario conocido por culteranismo, un término que poseyó en su origen carácter burlesco, formado a partir de la palabra culto y que, de hecho, supone la fase final de la evolución de la poesía renacentista española, instaurada por Garcilaso de la Vega. Sin embargo, a pesar de su gran ornamentación verbal, y de la utilización de palabras comunes en una acepción latina, la crítica considera que el culteranismo es una manifestación peculiar del conceptismo —la escuela literaria que supuestamente se le oponía—. En realidad, y desde el punto de vista de la ideación, Góngora piensa mediante conceptos, aunque su escritura, realizada con recursos lingüísticos como los mencionados, y en ocasiones una difícil erudición, logra grados de elevación lírica y de complicación, a veces casi inalcanzables.

    Obras:

    Hasta hace poco la historia literaria separaba la obra poética de Góngora en dos mitades claramente diferenciadas. Por un lado, las letrillas de inspiración popular y los romances: moriscos, amorosos, pastoriles y caballerescos. De otro, su obra cultista iniciada en 1610 con la Oda a la toma de Larache, y continuada con el incremento constante de la oscuridad estilística en la fábula de Polifemo y Galatea (1613), las Soledades (1613) y el Panegírico al duque de Lerma (1617). Equidistante entre ambos aspectos, se podrían situar sus numerosos sonetos y canciones de estilo clásico, en los que no se advierte tanto el cultismo.

    Para el Góngora de la primera manera, la crítica, desde la de sus coetáneos, sólo tuvo elogios. Incluso en los momentos de mayor antigongorismo nadie puso en duda la belleza de letrillas como `Las flores del romero', `Lloraba la niña', `No son todo ruiseñores' ni de los romances: `En los pinares del rey', `Amarrado al duro banco', `Servía en Orán al rey', entre otros. Otra vena poética que domina en Góngora es la burlesca, como demuestran `Ande yo caliente', `Ahora que estoy despacio' o `Murmuraban los rocines'. Para algunos es el autor de los más bellos sonetos que se han compuesto en lengua castellana.

    Fábula de Polifemo y Galatea y Soledades

    Escrita en octavas reales, la fábula de Polifemo y Galatea (1613) es la recreación más perfecta de una fábula mitológica (véase Polifemo; Galatea) en la poesía española. Al narrar el viejo tema —pasión del cíclope Polifemo por la ninfa Galatea, idilio de ésta con el joven Acis, venganza del gigante— Góngora crea una obra de brillante hermosura descriptiva, de construcción acabada, donde el arte del contraste y de lo hiperbólico queda sometido a formas rigurosas.

    Las Soledades (1613) es una obra de mayor aliento y de plan más madurado. Góngora proyectaba cantar las soledades de los campos, de las riberas, de las selvas y de los yermos. Sólo compuso la primera y parte de la segunda, que constituyen un poema pictórico, panorámico, rico en color y matices. Escrito en silvas, y todavía discutido hoy, constituye una de las cumbres de la lírica de todos los tiempos.

    Tema de la poesía:

    La belleza

    Contenido:

    Góngora habla en este poema sobre la belleza usando una rosa. Se pregunta que como puede ser que la rosa, para lo poco que vive, sea tan hermosa y esté siempre tan brillante.

    Partes:

    El poema se compondria de cuatro partes coincidiendo con su número de estrofas:
    La primera estrofa corresponderia a la primera parte, sin introducción alguna, hablando sobre la corta vida y hermosura de una rosa.
    La segunda parte abarcaria la segunda estrofa donde Góngora avisa a la rosa de la corta duración de su belleza y de su vida.
    En el tercer parrafo el autor presenta como ley de vida el motivo y causante de su muerte.
    Y finalmente Góngora aconseja a la rosa que es preferible "no nacer que haber vivido"

    Análisis Métrico:

    - Rima: consonante ABBA  ABBA CBC  CBC

    - Cómputo silábico: Endecasílabos

    - Estrofa: De arte mayor, Soneto

    Recursos Literarios:

    Metáfora: El título "A una rosa" que correspondería a la belleza y juventud humana, y en otro verso "robusta mano" que representa la muerte
    Antítesis: En el primer verso "ayer-mañana, naciste-moriras"
    Preguntas retóricas: Segundo y tercer verso
    Personificación: En el sexto verso a las rosas se le da una cualidad humana
    Pleonasmo: "morir muerte"

    Autor: Lope Félix de Vega Carpio

    Poesía:

    SONETO XIII

    A Dafne ya los brazos le crecían,
    y en luengos ramos vueltos se mostraban;
    en verdes hojas vi que se tornaban
    los cabellos que el oro escurecían.

    De áspera corteza se cubrían
    los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
    los blancos pies en tierra se hincaban,
    y en torcidas raíces se volvían.

    Aquel que fue la causa de tal daño,
    a fuerza de llorar, crecer hacía
    este árbol que con lágrimas regaba.

    ¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!
    ¡Que con llorarla crezca cada día
    la causa y la razón porque lloraba!

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    Biografía del Autor:

    Lope de Vega (1562-1635), poeta, novelista y el más grande dramaturgo español, conocido como el Fénix de los ingenios. Su nombre completo era Lope Felix de Vega y Carpio.

    Nació en Madrid, el 25 de noviembre de 1562, en el seno de una familia artesana; su padre era bordador. Desde muy niño mostró gran disposición y facilidad para las letras. Estudió en un colegio de la Compañía de Jesús y después en las universidades de Alcalá y Salamanca. En 1583 participó como soldado en la expedición a las Azores que, al mando de don Álvaro de Bazán, sirvió para conquistar la Terceira, la última isla que faltaba por incorporar a la corona de Portugal, entonces en manos de Felipe II.

    A los diecisiete años se enamoró de la actriz Elena Osorio, que estaba separada de su marido y con la que vivió un tormentoso y apasionado idilio, que muchísimos años después, ya en su vejez, recreó en su novela dialogada La Dorotea (1632). Elena Osorio será la Filis de sus poemas en esa época. Al abandonarle su amada, hizo correr por Madrid unos versos ofensivos para ella y su familia, que le valieron un proceso y una pena de destierro en 1588. Decidió cumplir su destierro en Valencia y salió de Madrid en febrero de dicho año.

    Tres meses después, en mayo, se casó por poderes con Isabel de Urbina, mujer de familia noble y acomodada; hay fundadas sospechas de que Lope, transgrediendo la pena de destierro, no se encontraba lejos de la iglesia donde la boda se estaba celebrando. Lope ha hablado algunas veces de su participación en la Armada Invencible en 1588, pero los críticos no están muy seguros de que eso fuera verdad. Con su esposa Isabel, la Belisa de sus poemas, vivió en Valencia hasta 1590, y después, protegido por los duques, en Alba de Tormes, donde murió Isabel en 1594. Al año siguiente es perdonado y vuelve a Madrid, donde ya es famoso y admirado como autor teatral.

    Su nuevo amor es Micaela Luján, una mujer bella e inculta a la que ya dirigía versos desde 1593 con el nombre de Camila Lucinda. Micaela estaba casada, y mantuvo relaciones con Lope quince años, dándole cinco hijos, dos de los cuales fueron sus preferidos: Marcela y Lope Félix. A pesar de esta relación con Micaela, el 25 de abril de 1598 contrajo matrimonio con Juana de Guardo, mujer extraordinariamente vulgar, hija de un rico abastecedor de carnes, nunca hizo efectiva la dote que había prometido a su hija.

    Esos primeros años del siglo XVII nos presentan a un Lope que nos sigue asombrando por su desmesura: amores, a veces desgraciados y siempre difíciles, se entremezclan con una incesante producción literaria y teatral; en 1604 publicó una complicada novela, El peregrino en su patria, en la que insertó la lista de las obras que llevaba escritas hasta entonces; son 219 títulos y Lope tenía sólo 41 años. En 1608 rompió con Micaela Luján y se produce en él un arrepentimiento que puso de manifiesto en sus poemas religiosos; también aumenta su dedicación al hogar y a su hijo nacido en 1606 Carlos Félix.

    En 1609 publicó el poema Arte nuevo de hacer comedias, en el que explicaba su concepción del teatro y que se va convertir en el canon del teatro español de esa época: ruptura con los preceptos del teatro clasicista, mezcla de lo trágico y lo cómico, variedad de estilo dentro del decoro poético, versos y estrofas variadas, e intercalación de elementos líricos.

    En 1612 muere su hijo preferido, Carlos Félix, y un año después su mujer, Juana de Guardo; Lope sufre una gran crisis emocional y en 1614 se ordena sacerdote. Los actores y el público siguen asediándole para que continúe escribiendo comedias y eso hace, al mismo tiempo que vuelve a caer en amoríos. En 1616 conoce a Marta de Nevares, muchacha de 26 años que a los trece se había casado contra su voluntad con un mercader. Marta era guapa y estaba dotada para la música y la literatura: fue la Amarilis y la Marcia Leonarda de sus poemas y novelas. Lope vivió momentos de prosperidad económica.

    En 1621 su hija Marcela ingresa en el convento de las Trinitarias, quizá para huir de la vida irregular de su padre; y ese mismo año su hijo Lope Félix salió de casa para iniciar la carrera de las armas, que le llevó a la muerte en un naufragio frente a las costas de Venezuela en 1634, lo que llenó de pena al anciano Lope. Hacia 1623 Marta de Nevares se queda ciega y luego pierde la razón; hasta que muere, en 1632, Lope estará a su lado cuidándola abnegadamente. En 1634 su hija Antonia Clara, tenida con Marta, de sólo diecisiete años, se fugó con un galán, llevándose joyas y dinero. Esta fuga y la muerte de su hijo Lope Félix le llenan de tristeza, y el 27 de agosto de 1635 muere en Madrid. La muerte de su gran poeta conmovió al público madrileño, que acudió en masa a su entierro.

    Obras:

    La fecundidad literaria de Lope de Vega es impresionante; cultivó todos los géneros vigentes en su tiempo, dando además forma a la comedia. Escribió unas 1.500 obras teatrales, muchas de ellas perdidas, entre las que se encuentran auténticas joyas de la literatura universal como El comendador de Ocaña, El caballero de Olmedo, El villano en su rincón, El castigo sin venganza, La dama boba o El perro del hortelano. Fechar estas obras no es fácil, pero puede decirse que sus mejores obras teatrales están escritas a partir de la primera década del siglo XVII.

    Escribió novelas pastoriles (La Arcadia, 1598); novelas bizantinas, un género de novela de aventuras con tramas complicadísimas de origen griego (El peregrino en su patria, 1604); novelas cortas como Novelas de Marcia Leonarda (1621-1624), título genérico que subtituló Los pastores de Belén o Arcadia a lo divino y que incluyen Las fortunas de Diana, La Filomena, La desdicha por la honra, La prudente venganza y Guzmán el Bueno, todas ellas de estilo y argumento muy cervantino. Pero su gran obra narrativa es La Dorotea (1632), en la que un Lope septuagenario rememora sus amores casi adolescentes con Elena Osorio y cuya estructura es la de La Celestina en un claro homenaje a Fernando de Rojas.

    En su obra lírica fue más innovador en formas y contenidos y refleja con gran libertad su personalidad, ya que funde vida y literatura como siglos después hará el romanticismo. Entre sus poemas épico-narrativos destacan La hermosura de Angélica (1602), La Jerusalén conquistada (1609) o La Dragontea, (1602) y entre los burlescos La Gatomaquia (1634). Además, de todos los poemas intercalados en sus obras en prosa, Lope de Vega reunió sus poesías líricas en las Rimas (1602), volumen que contenía doscientos sonetos; las Rimas sacras (1614), el Romancero espiritual (1619) y las Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos (1634).

    Creador del teatro nacional

    Pero donde verdaderamente se manifestó el genio creativo de Lope fue en el teatro. Huyó del teatro renacentista de corte clásico pesado y lento y sometido a la tiranía de las unidades de tiempo, lugar y acción; también rechazaba la rígida separación entre tragedia y comedia, y además introdujo un personaje nuevo, el gracioso, un antihéroe que da a la obra hondura dramática y conmueve por su humanismo. En cuanto a la métrica se sirve de la polimetría: tanto de versos de arte mayor o menor y de multitud de estrofas, en función del estado anímico del personaje y de la necesidad escénica y argumental. En cuanto a los argumentos, aunque casi todas sus comedias giran en torno a la monarquía y la religión, aparentemente el pueblo aparece como protagonista. A partir de estos ingredientes se formó la comedia española o teatro nacional y a su creador, Lope de Vega, le valieron críticas y recelos de muchos de los escritores de su tiempo pero, en cambio, el reconocimiento más absoluto del público.

    Las comedias de Lope no tienen una gran profundidad psicológica como las de Calderón o Shakespeare, pero su encanto reside en la acción y en los argumentos que toma de leyendas antiguas y de la historia, y que presenta como reales aunque están idealizados.

    De las 1.500 obras dramáticas que Lope dijo haber escrito, se conservan 426, de las que sólo son seguras 314 comedias y 42 autos sacramentales; todas son muy difíciles de fechar.

    Entre las piezas teatrales de asunto religioso destacan Lo fingido verdadero sobre la vida de san Ginés, El robo de Diana, Los trabajos de Jacob, El rústico del cielo, La hermosa Esther o El nacimiento de Cristo; de tema mitólogico son Las mujeres sin hombres (sobre las amazonas), El marido más firme (Orfeo), El laberinto de Creta o El amor enamorado (Dafne); al tema histórico y legendario español pertenecen El último godo, El bastardo Mudarra, El mejor alcalde, el rey, La Estrella de Sevilla, Fuenteovejuna, Peribáñez y el comendador de Ocaña, que se encuentran entre sus mejores obras, como algunas de ambiente costumbrista y popular, entre ellas: El perro del hortelano, El villano en su rincón, La dama boba, Los melindres de Belisa, La moza del cántaro, El acero de Madrid.

    Lope de Vega abruma en su grandeza; Miguel de Cervantes le llamó "monstruo de la Naturaleza" con cierta envidia y despreció aunque también reconoció que había logrado "el cetro de la monarquía teatral". Hoy se le sigue considerando como el primer dramaturgo español moderno que supo establecer una dialéctica con el público por medio de la tensión dramática y del talento y belleza de sus versos.

    Tema de la poesía:

    Mitología, el mito de Dafne y el amor imposible.

    Contenido:

    En este poema se cuenta el mito de Dafne y Apolo. Apolo estaba completamente enamorado de Dafne pero ella le rechazó. Él la persiguió por el bosque y Dafne se teminó convirtiendose en laurel. En este mito se narra la transformación de Dafne, como se convirtió en laurel

    Partes:

    Este poema se divide en tres partes:
    La primera parte está compuesta por los dos cuartetos que narran la transformación de Dafne.
    El primer terceto expresa la dolorosa reacción de Apolo.
    En el segundo terceto el propio autor se lamenta de la suerte de Apolo.

    Análisis Métrico:

    - Rima: Consonante con la estructura ABBA ABBA CDE CDE

    - Cómputo silábico: Endecasílabo

    - Estrofa: De arte mayor, Soneto

    Recursos Literarios:

    Antítesis: "tiernos brazos - áspera corteza" "blancos pies - torcidas raices"
    Hipérbatón: Localizados por todo el poema
    Exclamación retórica: El segundo terceto
    Paralelismos: Primero y segundo cuarteto

    Autor: Francisco de Quvedo

    Poesía:

    A UN HOMBRE DE GRAN NARIZ

    Érase un hombre a una nariz pegado,
    Érase una nariz superlativa,
    Érase una alquitara medio viva,
    Érase un peje espada mal barbado;

    Era un reloj de sol mal encarado.
    Érase un elefante boca arriba,
    Érase una nariz sayón y escriba,
    Un Ovidio Nasón mal narigado.

    Érase el espolón de una galera,
    Érase una pirámide de Egito,
    Los doce tribus de narices era;

    Érase un naricísimo infinito,
    Frisón archinariz, caratulera,
    Sabañón garrafal morado y frito.

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    Biografía del Autor:

    Quevedo y Villegas, Francisco de (1580-1645), escritor español, que cultivó tanto la prosa como la poesía —ambas en multitud de facetas con resultados extraordinarios— y que es una de las figuras más complejas e importantes del barroco español.

    Nació en Madrid en el seno de una familia de la aristocracia cortesana. Era el tercero de los cinco hijos de Pedro Gómez de Quevedo, que ocupó cargos palaciegos, y de María de Santibañez. Estudió en el colegio de la Compañía de Jesús en Madrid y en la Universidad de Alcalá (Madrid); después cursó estudios de teología en la Universidad de Valladolid (1601-1606), pues allí se había desplazado la Corte. En esta época ya destacaba por su gran cultura y por la acidez de sus críticas contra Luis de Góngora. En 1606 marcha a Madrid en busca de éxito y fortuna a través del duque de Osuna que se convierte en su protector; también entabla un pleito por la posesión del señorío de La Torre de Juan Abad, pueblo de la provincia de Ciudad Real, en el que hasta 1631 gastó una gran fortuna y muchas energías.

    En 1613 viaja a Italia llamado por el duque de Osuna, entonces virrey de Nápoles, el cual le encarga importantes y arriesgadas misiones diplomáticas con el fin de defender el virreinato que empezaba a tambalearse; entre éstas intrigó contra Venecia y tomó parte en una conjuración. El duque de Osuna cayó en desgracia en 1620 y Quevedo sufrió destierro en La Torre (1620), después presidio en Uclés (1621) y, por último, destierro de nuevo en La Torre. Esta etapa azarosa y desgraciada marcó todavía más su carácter agriado y además entró en una crisis religiosa y espiritual, pero desarrolló una gran actividad literaria. Con el advenimiento de Felipe IV cambia algo su suerte, el rey levanta su destierro pero el pesimismo ya se había hecho dueño de él.

    Su matrimonio con la viuda Esperanza de Mendoza (1634) tampoco le proporcionó ninguna felicidad y la abandonó al poco tiempo; ella moriría en 1641. De nuevo se siente tentado por la política, pues ve el desmoronamiento que se está cerniendo sobre España y desconfía del conde-duque de Olivares, valido del rey, contra quien escribió algunas diatribas amargas. Un asunto oscuro que habla de una conspiración con Francia, hace que sea detenido en 1639 y encarcelado en San Marcos de León, donde las duras condiciones mermaron su salud.

    Cuando sale, en 1643, es un hombre acabado y se retira a La Torre para después instalarse en Villanueva de los Infantes donde el 8 de septiembre de 1645 murió.


    Obras:

    Obras en prosa

    La obra de Quevedo es inmensa y contradictoria. Hombre amargado, severo, culto, cortesano, escribió las páginas burlescas y satíricas más brillantes y populares de la literatura española, pero también una obra lírica de gran intensidad y unos textos morales y políticos de gran profundidad intelectual. Esta fusión o doble visión del mundo es lo que le hace el gran representante del barroco español.

    Sus primeras obras fueron satíricas y burlescas. La vida del Buscón llamado don Pablos (c. 1603, impresa sin autorización del autor en 1626) es una novela picaresca dentro de las características del género; pero su originalidad reside en la visión vitriólica que ofrece sobre su sociedad, en una actitud tan crítica que no puede entenderse como realista sino como una reflexión amarga sobre el mundo y como un desafío estilístico sobre las posibilidades del género y del idioma. Los Sueños (1605-1622) son cinco piezas cortas conceptistas, producto de los desengaños que padeció en esos años, en las que viene a decir que no hay nobleza ni verdad en el mundo sino que todo es horror y fealdad. Estas obras circularon manuscritas hasta que un editor las reunió en 1626, aunque Quevedo las publicó en 1631 con el título de Juguetes de la niñez y travesuras del ingenio con un prólogo en el que arremetía contra los editores piratas y declaraba la intención de estos escritos en los que pretendía denunciar los “abusos, vicios y engaños de todos los oficios y estados del mundo”.

    Una faceta de Quevedo, muy valorada por la crítica actual, son sus obras morales y políticas de hondo contenido estoico y raíces del filósofo hispanorromano Séneca, como Política de Dios, gobierno de Cristo, tiranía de Satanás (1626) en la que traza la imagen ideal del gobernante siguiendo los Evangelios, y Marco Bruto (1646) una glosa sentenciosa de obras de Plutarco, para mostrar “los premios y los castigos que la liviandad del pueblo dio a un buen tirano —Julio César— y a un mal leal —Bruto—”, en ella, aunque pretende ser un tratado general, hace un retrato de los problemas de la España de su tiempo.

    Obra poética

    Si la obra en prosa de Quevedo era variada y compleja, su poesía lo es aún más. Se conservan de él casi un millar de poemas, pero sabiendo que nunca se preocupó por editarlos y que los conservados proceden de personas próximas a él, es de suponer que escribió muchos más. Se publicaron después de su muerte en dos volúmenes Parnaso español (1648), compilado por su amigo José Antonio González de Salas, y Las tres musas (1670), llevado a cabo por su sobrino Pedro Aldrete Quevedo y Villegas, ambas ediciones en la actualidad han sido revisadas especialmente por José Manuel Blecua, pero aún las composiciones son difíciles de fechar. Forman un conjunto monumental de poesía metafísica, amorosa, satírica, religiosa y moral. Es una poesía tanto ligera y de corte popular como sería y profunda, generalmente de estilo conceptista que exige esfuerzo y agilidad mental por parte del lector para captar todos los recursos que proporcionan las figuras de dicción. Resulta inevitable comparar su estilo conciso y severo con la luminosidad brillante de su antagonista, el culterano Luis de Góngora, el otro gran poeta barroco español.

    Sus primeros poemas —al igual que su prosa— fueron letrillas burlescas y satíricas como “Poderoso caballero /es don Dinero”, pero este género siguió cultivándolo con gran brillantez durante toda su vida, y es el Quevedo más conocido y popular. Criticó con mordacidad atroz los vicios, locuras y debilidades de la humanidad y zahirió de una manera cruel a sus enemigos, como en el conocido soneto, paradigma conceptista “Érase un hombre a una nariz pegado”. En su poesía amorosa, de corte petrarquista en la que lo que cuenta es la hondura del sentimiento, Quevedo vio una posibilidad de explorar el amor como lo que da sentido a la vida y al mundo, ejemplo de ello es el soneto “Cerrar podrá mis ojos la postrera”. Es uno de los sonetos más bellos de las letras españolas, en el cual la muerte no vence al amor que permanecerá en el amante como queda evidente en el último terceto:

    su cuerpo dejara, no sin cuidado

    serán ceniza, mas tendrán sentido

    polvo serán, mas polvo enamorado

    El tema de la muerte y de la brevedad de la vida son una constante en su poesía metafísica en la que de nuevo aparece el estoicismo para aceptar la angustia que provoca el Tiempo que todo lo destruye, pues la vida y la muerte se confunden:

    Ayer se fue, mañana no ha llegado

    hoy se está yendo sin parar un punto.

    Soy un fue y un será y un es cansado.

    En Quevedo subyacen dos extremos, el moralista estoico y preocupado por la decadencia nacional y el satírico burlón vitalista que incluso recurre a la procacidad, al lenguaje jergal y grotesco. Pero por encima de esta contradicción lo que hay es un excelso poeta, de gran profundidad emocional, virtuoso del idioma y en el que la poesía conceptista alcanza su cumbre.

    Tema de la poesía:

    Burla de la nariz de Góngora.

    Contenido:

    En este poema, Quevedo, critica de forma satírica a Góngora, comparando su nariz con montones de objetos,

    Partes:

    En este poema no se pueden diferenciar partes concretas, el poema entero habla sobre una misma cosa.

    Análisis Métrico:

    - Rima: Consonante con el esquema métrico

    - Cómputo silábico: Endecasílabos

    - Estrofa: De arte mayor, Soneto

    Recursos Literarios:

    Hiperbole: exageracion de la nariz
    Apóstrofe: va dedicada a una persona.
    Simil: "érase una nariz como un reloj de sol"
    Metáforas: "érase un peje espada mal barbado".
    Anáforas y paralelismo: "érase una nariz".
    Repetición: de "érase".
    Hipérbaton: "Érase un hombre a una nariz pegado"
    Cosificación: " un naricísimo infinito, Frisón archinariz, caratulera, Sabañón garrafal morado y frito"

    Autor: Francisco de Rioja

    Poesía:

    EL PAJARILLO

    Yo vi sobre un tomillo
    quejarse un pajarillo,

    viendo su nido amado,

    de quien era caudillo,

    de un labrador robado.

    Vile tan congojado

    por tal atrevimiento,

    dar mil quejas al viento

    para que al cielo santo
    lleve su tierno llanto,

    lleve su triste acento.

    Ya con triste armonía,

    esforzando el intento,

    mil quejas repitía;
    ya cansado callaba,
    y al nuevo sentimiento
    ya sonoro volvía,

    ya circular volaba;

    ya rastrero corría;

    ya, pues, de rama en rama

    al rústico seguía,

    y saltando en la grama

    parece que decía:

    “Dáme, rústico fiero,

    mi dulce compañía.”

    Y que le respondía

    el rústico: “No quiero.”

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    Biografía del Autor:

    Nació en Sevilla hacia el año 1583. Si algo marcó la vida de este poeta sevillano fue su enorme amistad con el conde-duque de Olivares; quien lo nombró bibliotecario del rey Felipe IV, consejero del Tribunal de la Santa Inquisición, cronista de la corte en Castilla y canónigo de la Catedral de su ciudad natal. Como es de sospechar, fue un hombre muy respetado en su época. Su amistad llegó a tal extremo que acompañó al conde-duque en su destierro, y a la muerte de éste; volvió a Sevilla para vivir un larguísimo periodo en la anonimidad. Aún más tarde participó algo en la corte, volvió a Madrid, donde murió en el año 1659.

    Perteneciente a la llamada escuela sevillana, fue un poeta original y muy cerebral, aunque a veces estallaba en pasiones. Sus pensamiento están expresados en sus poemas de una manera cuidada y refinada, consiguiendo una perfecta armonía entre la versificación y el tema a tratar. Escribió unos treinta sonetos amorosos y algunos sobre temas de carácter filosófico, cuyo tema central era la brevedad de la vida y la inestabilidad de la fortuna. Escribió obras en prosa, algunas de ellas destinadas a la defensa de su amigo, el conde-duque de Olivares. Escribió poemas a árboles y plantas, al río Guadalquivir, o a las ruinas de Atlántica e Itálica -la naturaleza, junto a las ruinas, era un tema de gran gusto para los poetas de esta escuela-. No ocultaba su afición a la arqueología.

    Obras:

    Escribió sonetos amorosos, poemas horacianos, silvas, etc. con gran sensibilidad ante la naturaleza. Se recuerdan especialmente sus poemas a las flores.

    Tema de la poesía:


    Naturaleza, el trabajo en el campo, los animales.

    Contenido:

    Un hombre ve como un pajaro está lamentandose de que su nido ha sido robado por un labrador. El pajaro se lamenta y se queja sin parar, hasta que se serena y decide ir de rama en rama a por su nido. Volando detrás del labrador parce que le pide su nido, mientras que el labrador le responde que no quiere.

    Partes:

    El poema se podría dividir en dos partes:
    La primera parte va desde el primer verso hasta el numero 11 en el que el autor ve al pajaro lamentarse de que un labrador le ha robado el nido. En la segunda parte, el resto del poema, el pajaro deja de lamentarse y persiguie al labrador y parce que va diciendole que le devolviese su nido

    Análisis Métrico:

    - Rima: Consonante con el esquema métrico: aababbccddcecefcefegegeheeh

    - Cómputo silábico: Eptasílabos

    - Estrofa: De arte menor, Silva

    Recursos Literarios:

    Hipérbaton: " al rústico seguía" ....
    Personificación o prosopopeya : Le dá cualidades al pájaro típicas de un ser humano.

    Fuentes

    Elías L. Rivers, Poesía Lírica del Siglo de Oro, Madrid, Ediciones Cátedra, 2003.

    Enciclopedia Microsoft® Encarta® Online 2004 (http://encarta.msn.es)

    Enciclopedia Microsoft® Encarta® 98 ©

    http://www.poesi.as

    http://www.los-poetas.com

    http://canales.ideal.es/especiales/carlosV/rey_letras.html

    http://www.jaserrano.com/Comentario/

    http://centros5.pntic.mec.es/cpr.de.ciudad.real/literat/Pobarro.htm

    http://roble.pntic.mec.es/~msanto1/lengua/1poerena.htm