Platón

Conceptos fundamentales. Alma. Dialéctica. Bien. Justicia. Mundo inteligible. Virtud. Rey filósofo

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CONCEPTOS FUNDAMENTALES PLATÓN

ALMA Principio de vida y de conocimiento, es divina e inmortal, mediante ella llegamos a la verdad y a la vida buena y justa, feliz. Sólo podemos llegar a la verdad mediante el alma porque sólo ella ha estado en el mundo de las ideas y gracias a la reminiscencia, podemos recordar las ideas, pero para ello debemos emprender el camino de la dialéctica, no el de los sentidos, que es el de la experiencia. El alma está para Platón encerrada en el cuerpo y es inmortal, es la parte más excelente del ser humano, la que nos posibilita una vida buena y feliz, siempre que sigamos el dictado de la razón -verdad, episteme- que es el camino de la purificación, y no el de la experiencia sensible, los datos que percibimos por los sentidos - opinión, doxa-.

El alma para Platón está dividida en tres partes: irascible ( de las pasiones nobles, situada en el pecho, cuya virtud es la fortaleza) concupiscible ( la de las bajas pasiones, situada en el abdomen y cuya virtud es la templanza) y la racional ( que es la propiamente inmortal, no está ligada al cuerpo y cuya virtud es la prudencia y sabiduría) según la parte del alma que prevalezca en cada persona, esta tiene una función en la sociedad y cuando todas las personas realizan la virtud que les corresponde se da la justicia, la virtud primordial y más importante para Platón, sin la que no es posible la felicidad.

El alma es pues, como decíamos al principio, la que posibilita el conocimiento, que conozcamos la verdad, y también, como sólo los que conocen la verdad pueden realizar el bien, la que posibilita también la justicia.

DIALÉCTICA Es el estudio de las ideas, y también el proceso para llegar al conocimiento verdadero, al conocimiento del mundo de las ideas. El conocimiento para Platón nunca es del mundo sensible, en él no hay lugar para la verdad. Las cosas sólo son objeto de opinión, así la dialéctica no trata de imágenes sensibles sino que pretende llegar al principio de todo, a la idea de bien, la idea superior en la jerarquía de las ideas. Como camino hacia la verdad, es el camino de la purificación, un proceso de recuerdo, de reminiscencia. El proceso por el que llegamos al conocimiento de la verdad, el bien y la belleza es un proceso cognoscitivo que nos lleva por los grados de conocimiento (eikasía, pistis, dianoia y dialéctica) desde la imaginación y la creencia que sólo podemos tener del mundo sensible hasta las matemáticas y por fin, el conocimiento de las ideas. Este proceso se sigue con el estudio de la gimnasia, la música, la astronomía, las matemáticas y , por fin, de las ideas. La dialéctica está relacionada con el arte del diálogo, del saber preguntar y saber responder, hay que saber formular las preguntas adecuadamente ( como hacía Sócrates) y responderlas siempre por el camino de la razón, no de los sentidos.

BIEN Es la idea suprema, la que está en lo alto de la escala de la jerarquía del mundo inteligible, en el mito de la caverna es el sol que todo lo ilumina. Como idea suprema es el principio de todo, de ella depende toda la realidad y también es principio de inteligibilidad, de conocimiento de todo, la comprensión definitiva de dicha idea es “la ascensión al ser”. Aquellos que emprendiendo el camino de la dialéctica llegan al conocimiento de la idea de bien serán los gobernantes ideales, porque para Platón, el que conoce el bien conoce la verdad y la belleza y, consecuentemente nunca actuará injustamente, porque sabe cuáles son las consecuencias de sus acciones y que al final, si se obra mal, el mal recae sobre ti. Platón considera también que todo tiende al bien y que si los seres humanos actúan haciendo el mal es porque desconocen el verdadero ser de las cosas, el bien. (intelectualismo moral).

JUSTICIA Es la virtud por excelencia y la finalidad última del estado platónico y, podríamos decir que de toda su filosofía. La justicia es también una idea, pero está por debajo del bien en la jerarquía de éstas, en realidad, es más un estado, la realización de una virtud del alma y de la República platónica. En el alma humana se da cuando hay armonía entre las partes del alma, cuando la parte irascible y la concupiscible dejan gobernar a la razón y ocupan cada una su lugar. Igualmente, en la República platónica, se da cuando cada miembro de la sociedad cumple su función y rige su alma por la virtud que le corresponde a su clase social, dejando gobernar a los filósofos, que son los que conocen el bien de todos. Es todo lo contrario al interés del más fuerte que defendían los sofistas, es el reino de la razón, en el que los apetitos cumplen su función biológica, las pasiones nobles la defensa de los valores y la razón la de gobernar de acuerdo al bien común. Es finalmente armonía entre las partes, todas ellas necesarias y cuando la conseguimos produce la felicidad para todos en el Estado y en el alma para cada uno.

MUNDO INTELIGIBLE El mundo de las ideas o inteligible es la verdadera realidad para Platón, se llega a él mediante la parte más excelente del alma: la razón. El mundo inteligible se opone al mundo sensible que es el que podemos percibir, el mundo en el que nos movemos, sin embargo, para Platón, lo que percibimos por los sentidos, lo que entendemos por realidad no es sino un mundo de sombras, de copias, de equívocos y sólo podemos obtener de él doxa u opinión, sólo es objeto de mera creencia. La realidad, donde podemos llegar realmente a conocer la verdad de las cosas es el mundo inteligible que es donde están las ideas de las que las cosas que percibimos sólo participan, poseen sólo parte de esa auténtica realidad. Las ideas son modelos, constituyen lo permanente, lo eterno, lo esencial, frente a la pluralidad, lo cambiante y lo aparente del mundo sensible. Las cosas que percibimos tienen su esencia, su idea en el mundo inteligible, pero no todas las ideas son iguales, existe una jerarquía donde la idea suprema es el bien.

En el mito de la caverna, el mundo inteligible corresponde al mundo exterior y el mundo sensible al interior de la caverna, en la que todos vivimos como esclavos. Sólo liberándonos de las cadenas de la percepción sensible y guiándonos de la razón, como decían Heráclito y Parménides, podemos llegar a conocer el mundo de las ideas, donde está la verdad, y sólo conociendo ésta y la idea suprema de bien, conseguiremos obrar justamente y encontrar la felicidad. El camino hacia el mundo de las ideas pasa por el estudio de las matemáticas, la música, la astronomía y la gimnasia, siempre siguiendo a la razón y no lo que percibimos.

El mundo inteligible, que es el mundo del ser, de la verdadera realidad eterna, esencial y única recuerda al ser de Parménides y, por el contrario, el mundo sensible, cambiante, plural, distinto y aparente, recuerda al devenir heraclitiano, el dualismo cosmológico platónico intenta pues, superar el problema planteado por estos dos filósofos y resuelve las aporías del movimiento del lado de Parménides, el movimiento es sólo una sombra, un equívoco, la verdad está en el mundo supremo e ideal.

VIRTUD Es la excelencia del ser, el actuar con arreglo al bien. La virtud por excelencia es la justicia pero ésta es el resultado de todas las demás. Cada virtud es la perfección de cada parte del alma: la sabiduría o prudencia de la razón, la fortaleza de las pasiones nobles y la templanza de los apetitos, la justicia es la perfección del alma entera y sólo se da si hay armonía entre ellas y las demás virtudes se realizan. Cada virtud es también la perfección de la conducta de cada ciudadano de la República, cada ciudadano debe actuar de acuerdo a la virtud que le corresponde, los filósofos con sabiduría, los guerreros con fortaleza y los artesanos con templanza, si esto se cumple todos actuarán con justicia y se dará esta última en la ciudad. Si actuamos con arreglo a la virtud seremos pues, también felices, porque colaboraremos a la realización del bien para todos.

REY- FILÓSOFO En la ciudad ideal diseñada por Platón en la República es el que debe gobernar el Estado, no tiene por qué ser uno, pero sí debe ser conocedor de la Idea de Bien. El que va a gobernar debe haber dirigido la mirada hacia el mundo inteligible y debe obrar de acuerdo a aquéllas formas puras y perfectas que vió allí. Los filósofos son preparados por el Estado con una educación muy cuidada que consiste en disciplinas como la gimnasia, la música, las matemáticas o la astronomía, - hasta los 35 años- y después la dialéctica, para llegar finalmente al conocimiento de las Ideas. No podrán poseer familia ni riquezas, no tendrán propiedad privada, para evitar la tentación de actuar por el bien particular del mundo sensible en lugar de por la justicia y el bien común ideal y serán elegidos de entre los guerreros más inteligentes y capaces para el conocimiento. Serán hombres o mujeres y deberán vivir en comunidad de bienes dedicados únicamente al gobierno del Estado y al bien común.

CONCEPTOS ARISTÓTELES

NATURALEZA: Toda la filosofía Aristotélica gira en torno a este concepto, recuperando el interés de los filósofos presocráticos por el estudio de la Naturaleza. Podemos entender Naturaleza como la totalidad de lo que hay, el universo o cosmos, la totalidad de seres; o también como el ser propio de las cosas, su esencia. Toda la filosofía de Aristóteles busca explicar el cambio y el movimiento en la Naturaleza y resolver el problema planteado por Heráclito y Parménides, que para el Estagirita, Platón no resolvió. Aristóteles comprende la naturaleza como compuesta de materia y forma (hilemorfismo), éstas, a su vez tienen un ser absoluto ( acto, la forma o esencia) y un ser relativo o en potencia ( la materia, concreta). Si atendemos a la naturaleza como el ser propio de los seres, es el principio del movimiento, la sustancia de una cosa, su esencia y sus potencialidades, descontando los accidentes. Lo que es por naturaleza es distinto a lo que es por accidente. El ser humano es por naturaleza un ser social, político, esto es lo que le es propio, aunque accidentalmente pueda vivir en solitario. Además, Aristóteles defiende una concepción teleológica de la Naturaleza, sólo podemos conocer el cambio si conocemos las causas ( formal, material, eficiente y final) que lo motivan, mantiene una visión finalista según la cual todo tiende a un bien, todo tiene un fin. Para Aristóteles la causa que explica el funcionamiento de lo real no es la eficiente ( como en el planteamiento mecanicista), sino la final.

FELICIDAD: Es el bien supremo del hombre, es la realización de aquello que le es propio. Por tanto, la felicidad que le corresponde al hombre es la que le sobreviene cuando realiza la actividad que le es más propia y cuando la realiza de un modo perfecto, virtuoso. Puesto que la actividad del alma más típicamente humana es la intelectiva o racional, su felicidad consistirá en el ejercicio de ésta. La felicidad humana será la vida teorética o de conocimiento, la contemplación. Por ello el hombre más feliz es el filósofo, y lo es cuando éste dirige su vida al conocimiento y a la vida virtuosa. Para ser virtuoso debe también dirigir su razón a encontrar el término medio o moderación en sus acciones, ya que el ser humano no sólo posee alma intelectiva. Las virtudes dianoéticas se adquieren mediante instrucción, sin embargo las prácticas o éticas deben adquirirse mediante la repetición o el hábito, mediante la costumbre, Aristóteles insiste en esto, uno no es bueno por cometer un acto bueno, ni siquiera unos cuantos, sino por aplicar la prudencia, la moderación y la bondad a lo largo de toda una vida. Ambos tipos de virtudes sólo pueden adquirirse en sociedad y están destinadas a los hombres libres. Finalmente, y desde un punto de vista más realista, Aristóteles también acepta que para ser feliz es necesaria una cantidad moderada de bienes exteriores y afectos humanos. En resumen, Aristóteles hace consistir la felicidad en la adquisición de la excelencia en la acción ( virtud ética), y en la reflexión (virtud dianoética), siempre que no falte un mínimo de posesiones y afectos.

SER SOCIAL: El ser humano es por naturaleza un ser social, un animal político. Los seres que viven solos o son dioses o son animales. El ser humano necesita de lo social para satisfacer sus necesidades y para realizarse a sí mismo, para realizar lo que le es propio: las funciones intelectivas y racionales. La vida preferible es la de la comunidad y además es más importante que la del individuo, es más importante el todo que la parte, sin una mano seguiremos siendo nosotros mismos, sin embargo, la mano sin nosotros no será nada. Igualmente, el individuo sin la comunidad no tiene sentido, sólo mediante la convivencia, las reglas sociales y el hábito, la costumbre y la repetición podrán convertirse los hombres en hombres virtuosos. Así, tanto para la realización de las virtudes intelectivas como para las prácticas el hombre necesita la sociedad

Al contrario que para Platón, cree que la familia es el primer núcleo social, es el que satisface las necesidades básicas alimenticias y afectivas. Además considera que es el origen de la polis, primero fue la familia, después una unión de familias que formarían una aldea y finalmente una unión de aldeas conformaron una polis.

De todas las relaciones humanas (todas necesarias y constituyentes de la humanidad y de la felicidad) la más perfecta es la amistad entre hombres virtuosos, porque se trata de una relación de igual a igual, para el resto, el estagirita considera que en todas ellas hay un elemento rector y uno regido. Aristóteles considera natural la esclavitud o la inferioridad de la mujer, aunque por supuesto no se debe tratar mal ni al esclavo ni a la mujer, ambos, amo y esclavo, marido y mujer tienen el mismo objetivo, la misma finalidad y alguien debe tomar las decisiones y este será el hombre libre. De su teoría política podemos deducir que solo los hombres libres podrán ser enteramente felices, ya que sólo ellos tendrán acceso a la virtud.

SUSTANCIA Aristóteles trata de superar la teoría de las ideas platónica integrando los dos mundos en dos dimensiones de una misma realidad: la sustancia. Para Aristóteles hay algo que Platón deja sin explicar: por qué existe el cambio, él se preocupará de explicarlo mediante este concepto y el de potencia y acto. La sustancia es la realidad, aquello que es o existe en un espacio y tiempo determinados, pero como individuo concreto (este o aquel gato), compuesto de materia y forma. Platón hablaba de la idea de caballo y de un caballo concreto como cosas diferentes, para Aristóteles, el caballo está compuesto de materia y forma, la materia correspondería a lo físico, al cambio, a lo corruptible, mientras que la forma sería lo esencial, las características específicas, lo común. Materia y forma son inseparables , la materia es el sustrato de la forma, sin materia no hay sustancia pero la materia sin forma tampoco es nada definido, la forma es lo que hará de algo lo que es. A esta teoría la llamamos hilemorfismo ( hyle: materia, morfé: forma).El sujeto en el que descansan las propiedades es la sustancia, aquello que sostiene los cambios, los cambios que pueda sufrir algo serán los accidentes, el individuo será el mismo aunque modifique su aspecto, por ejemplo, se tiña el pelo, tener el pelo rojo será accidente no sustancia.

Aristóteles entiende que la idea, la forma, la esencia, está en cada cosa material, ésta será la que permita identificar a la cosa, igual que la idea en Platón, será la que determine el género o la especie de algo. La materia sin embargo, será lo que le permite ser, el componente físico, aquello que hace distinta a una cosa de otra y que también lo identifica. Por eso llama sustancia primera a la entidad individual, física y material en un tiempo y espacio determinados, es decir, este gato negro que tengo delante, mientras que la esencia, forma, aquello que tienen en común todos los gatos y hace que sepamos que este gato negro que tengo delante es un gato y no un perro, será sustancia segunda.

CAUSA La explicación del cambio se complementa con la teoría de las cuatro causas. Causa es todo aquello que es necesario para que se produzca un fenómeno, es el principio de algo, lo que hace que se produzca algo y también aquello de lo que depende la existencia de ese algo. Aquello de lo que está hecho algo (materia), sus cualidades, su esencia, sus propiedades ( su forma), el que hace que algo sea, ejecutor o productor de ese algo ( causa eficiente, y el objetivo que persigue (finalidad) son causas de algo. Nosotros llamamos actualmente causa a la causa eficiente, que es lo que produce un cambio, sin embargo Aristóteles diferenciaba en todo cambio y en cualquier cosa o evento, cuatro causas:

La causa material, que es aquello de lo que está hecho algo, el mármol en una escultura de Zeus. La causa formal que es la idea o forma, el modelo con el que ha trabajado el artista. La causa eficiente que será aquello que produce esa escultura, es decir, el artista o productor de la obra. Y la causa final será el móvil u objetivo que ha motivado a la acción, para lo que existe esa escultura y fue hecha, por ejemplo: para honrar a los dioses.

Para Aristóteles de las cuatro causas la más importante es la causa final, para el estagirita, la naturaleza no hace nada en vano, todo en la naturaleza tiende a mejorar y perfeccionarse. Al igual que el hombre tiene unos objetivos para actuar, la naturaleza también tiende a un fin. Para Aristóteles todo movimiento necesita un motor que lo produzca, todo lo que es modificado lo es por algo o por sí mismo y con una finalidad determinada. De hecho sustancia significa también ser principio de modificación sobre otras sustancias o de las modificaciones propias. Si todo lo que se mueve o es movido lo es por algo, tiene que haber algo que sea el primer motor, la primera cosa que mueve. Ese primer motor será causa de sí mismo, inmóvil, acto puro, forma pura sin materia, y moverá como causa final hacia la perfección del universo todo lo que hay. Este primer motor será para los teólogos aristotélicos medievales Dios.

CONCEPTOS HUME

IDEAS: Imágenes debilitadas de las impresiones. Impresión es lo que captamos directamente de los sentidos, lo único que podemos considerar seguro. Las ideas, son sólo copias debilitadas de tales impresiones, en ellas se confunde la impresión con la memoria y la imaginación y son por tanto, menos seguras, menos certeras. Es todo lo que se encuentra en la mente, pensamientos, sensaciones, emociones, recuerdos, fantasías, deseos y pasiones, pero que no es una impresión directa de los sentidos, una percepción directa. Podemos clasificarlas, además, en simples y complejas, las simples proceden de impresiones simples ( color, olor, sabor), las complejas proceden de impresiones complejas ( percepción de manzana o niño) pero en éstas últimas juega también la memoria y la imaginación, porque nunca una impresión de manzana es igual a otra, por lo tanto, la idea que tenemos de manzana es una impresión debilitada, difusa de aquello que percibí, y por lo tanto, poco fiable.

IMPRESIONES: Las percepciones directas, consecuencia de la influencia del mundo físico sobre nuestros sentidos, son los primeros datos de nuestra mente y dan lugar al resto de percepciones que aparecen en ella. Son sensaciones, pasiones y emociones que inciden con fuerza y vivacidad en nuestra mente. Están presentes en el momento e que se las considera y son por ello, más vivaces y más seguras, son fundamento de todo nuestro conocimiento. También podemos clasificarlas en simples y complejas, las complejas son las que se pueden descomponer en impresiones más elementales, el color, tamaño, forma, etc. En algunos textos, Hume es más fiel a su filosofía y llega a decir que no sabemos si existen realmente las cosas del mundo, nos dice, por ejemplo que “ surgen en el alma a partir de causas desconocidas.”

IDEA DE CAUSA: La causalidad (la idea que dice que de una cosa se sigue otra, que de un hecho se sigue otro que es efecto del anterior, que era su causa), es en Hume una asociación de ideas. Percibimos o tenemos impresiones de que tras un hecho se da otro, por su contigüidad espacial o temporal, entonces, se crea en nuestra mente la predisposición a pensar que un hecho es causa del otro ( que será su efecto), que unas cosas producen otras. Pero no tenemos ninguna seguridad de que haya una conexión necesaria entre los dos hechos, hasta ahora ha ocurrido así, pero nada nos asegura que vaya a seguir ocurriendo. Cuando una bola de billar golpea otra, esta última se mueve, esa es la impresión que hemos tenido hasta el momento, pero nada nos asegura que a partir de ahora, si movemos una bola y esta golpea la otra, ésta última vaya a moverse, es decir, que haya una verdadera relación de causalidad ente los hechos, esta relación es una asociación que realiza la mente, pero no podemos decir que sea algo que ocurra en la realidad y mucho menos que tenga por qué seguir ocurriendo. No podemos decir con seguridad que haya una causa de algo, por lo tanto, la idea de causa es una relación de ideas que realiza la mente pero que no tiene correlato en la realidad, o no tiene por qué tenerlo.

RELACIONES DE IDEAS: Aunque las ideas sean impresiones debilitadas, cuando se relacionan entre ellas, sin referencia a la experiencia, cabe la posibilidad de que produzcan conocimiento, pero no sobre el mundo. Las relaciones de ideas son proposiciones que operan sobre contenidos ideales con criterios puramente formales, son la matemática y la lógica, y son un conocimiento seguro porque su verdad se establece de acuerdo con el principio de no contradicción y no tienen nada que ver con la realidad o la experiencia, con cuestiones de hecho. La geometría de Euclides sería verdad aunque en el mundo no hubiese nada parecido a un triángulo, y nunca hubiésemos tenido impresión de él. 2+2=4 independientemente de que en el mundo haya o no 4 objetos o 2, o ninguno, y esa verdad es necesaria porque así hemos establecido de antemano las reglas de la suma, las relaciones entre los números ( que son ideas).

FENOMENISMO: Para Hume solamente podemos admitir la existencia de los fenómenos mismos, es decir, lo que aparece ante mi mente con vivacidad, con presencia actual. El resto son ideas de las que o podemos afirmar su existencia ( aunque vivamos utilizándolas por hábito o costumbre, una cosa es la vida cotidiana y otra muy distinta la filosofía), hablando estrictamente de conocimiento solo existe fenómenos, apariencias, pero lo que aparece tampoco estamos seguros de que sea la realidad. Tenemos seguridad de que nuestros sentidos captan fenómenos constantes, sucesiones de éstos, y éstos se interpretan como que hay cosas que suceden en el mundo y que nos afectan, pero no tenemos seguridad que esas emociones, impresiones, sensaciones, pasiones que padecemos sean efecto de algo que ocurre en el mundo, simplemente lo “creemos” porque esa creencia nos ayuda a vivir, nos es útil, pero no tenemos seguridad. Hume llega a afirmar que ni siquiera tenemos seguridad de que exista un yo, sujeto de las impresiones, sino que lo único que sabemos es que se dan fenómenos, una sucesión de fenómenos, no podemos tener certeza de ninguna de las interpretaciones que hagamos de éstos.

METAFÍSICA: La metafísica es el estudio de lo que hay más allá de lo físico, es decir de lo que hay y lo que existe ( la ontología después de Aristóteles se llama metafísica y es sobretodo el estudio de las sustancias). Hume rechaza la metafísica que pretende investigar y descubrir la naturaleza última de la realidad, de lo que hay y existe, porque este conocimiento no es ni una relación de ideas, ni una cuestión de hecho. No trata de relaciones necesarias entre ideas o conceptos que se rijan por criterios lógicos establecidos también por la mente, ni de hechos o fenómenos que podamos experimentar directamente, por lo tanto, son opiniones sin fundamento y sin consistencia. La verdadera filosofía para Hume, frente al sentido clásico de la metafísica es establecer las capacidades y límites del conocimiento humano, es decir, estudiar la mente humana y cómo funciona para obtener conocimiento, así, la metafísica que hace Hume es válida en cuanto puede ayudar a la ciencia indicándole hasta dónde puede llegar con su investigación.

COMPARACION FILOSOFIA KANTIANA CON HUME

RACIONALISMO (Descartes) EMPIRISMO (Hume)

Concepción de la razón

OPTIMISMO. La razón tiene la capacidad de captar verdades indudables y trabajar con ellas para conocer lo que hay siempre que siga un método estricto inspirado en la deducción matemática.

ESCEPTICISMO. La razón es limitada, solamente tenemos impresiones y las interpretaciones que hagamos de ellas no contienen ninguna seguridad o conocimiento, sin embargo, vivimos como si la tuvieran por costumbre.

Cómo conocemos

INNATISMO, tenemos ideas innatas que son universales y que por lo tanto no pueden venir de la experiencia. Son evidentes y de ellas extraemos deductivamente el conocimiento.

FENOMENISMO, todo lo que podemos conocer son fenómenos, impresiones que aparecen en nuestra mente, pero nada nos asegura que sean correlatos de la realidad, que tengan que ver con ella.

CERTEZAS verdades seguras

RAZÓN, la razón es la que nos procura un conocimiento seguro siempre que la entrenemos en la utilización de un método meticuloso para que no nos lleve a errores.

SENTIDOS, a pesar de que no podamos conocer la realidad tal cual es con seguridad, las impresiones que nos dan los sentidos son más seguras que las ideas de la razón. Lo inmediatamente presente a los sentidos es la única certeza que podemos tener.

VERDADES MATEMÁTICAS

Parten de las ideas innatas, de evidencias o verdades indudables, axiomas y llegamos a ellas por deducción, por lo tanto son el ejemplo a tomar para aplicar a las demás ciencias.

Relaciones de ideas, son verdaderas porque no se refieren a la experiencia, por que se basan sólo en el principio de no contradicción.

Posibilidad del conocimiento

Descartes quería llegar a verdades universales, válidas para todos, sobre la realidad basándose en el método. Quería encontrar una ciencia universal, toda la realidad llegará a conocerse.

Hume duda de toda asociación de ideas que vaya más allá de toda impresión, lo que ha ocurrido puede ser objeto de estudio pero eso no nos puede llevar a saber lo que habrá con seguridad. Realiza una cura de modestia a la intención de conocimiento universal racionalista.

ONTOLOGÍA

DUALISMO. Existe una sustancia pensante (el sujeto) y una sustancia extensa que es el mundo y que podemos conocer porque existe otra, que es la sustancia divina, que nos lo permite.

CRÍTICA A LA IDEA DE SUSTANCIA. No tenemos ninguna seguridad de que haya algo más allá de las impresiones y por lo tanto menos aún, de que haya sustancia y que podamos diferenciarla de los accidentes. Sin embargo, vivimos como si existieran sustancias por hábito y creemos en Dios por fe.

Ambos se preocupan por encontrar un fundamento al conocimiento humano, por estudiar cómo conocemos y cómo obtenemos certezas o verdades seguras sobre la realidad. Consideran independiente el ejercicio de la razón y de la filosofía de la fe y la teología. Estudian el sujeto que conoce ( y también el sujeto moral) y sus estructuras y mecanismos para llegar a la verdad. Toda la modernidad está fascinada con los resultados de la matemática y de la nueva ciencia o física matemática, y de sus resultados. La modernidad (siglos XVII y XVIII) está también plagada de disputas religiosas (reforma y contrarreforma).

CONCEPTOS KANT

Giro copernicano

Kant llama “giro copernicano” al cambio radical que establece en su concepción del proceso del conocimiento.

El conocimiento es un proceso entre el hombre (sujeto) y el mundo (realidad objetiva u objeto), un proceso por el cual el hombre capta el mundo y lo interpreta, es decir, percibe la realidad y la explica. Llamamos al hombre que conoce “sujeto cognoscente” y a la realidad que se conoce “objeto conocido”.

Conocer no consiste en que el sujeto capta el objeto tal cual es, haciéndose de él una imagen o concepto en su mente. Ese objeto “tal cual es” nos resulta inaccesible. Nosotros, sujetos, percibimos la realidad porque la captamos a través de los sentidos y del espacio y el tiempo, que son intuiciones que están en nosotros, no en las cosas; y nosotros, sujetos, interpretamos o explicamos la realidad porque relacionamos lo que percibimos mediante la causalidad y el resto de las categorías, que también están en nosotros y no en las cosas.

Por tanto, el conocimiento es una intersección entre el sujeto y el objeto, de modo que el objeto queda afectado, “teñido”, “bañado”, “contaminado” por el espacio, el tiempo y las categorías, que son estructuras mentales, filtros ineludibles que el sujeto proyecta en el objeto. Quien determina, pues, el conocimiento del mundo es el sujeto, ya que si los filtros a través de los cuales percibimos y explicamos la realidad fueran otros, nuestra comprensión del mundo sería diferente.

Esta forma de ver el conocimiento, que tiene en la Edad Moderna un precedente en Descartes, es idealista. Idealismo y realismo son dos posturas opuestas:

a) Según el realismo conocemos el mundo tal como es, pues conocer consiste en hacernos en la mente una imagen exacta de las cosas. Es el mundo, el objeto, quien determina el conocimiento; el sujeto es pasivo, no interviene en las cosas, se limita a captarlas.

b) Según el idealismo nuestras ideas o nuestras estructuras mentales influyen en la configuración de las cosas. Es el hombre que conoce, el sujeto, quien determina el conocimiento, pues influye en las cosas, las afecta con su mente al conocerlas, las conforma, no las capta “tal cual son”. Por ello la filosofía de Kant se conoce con el nombre de “Idealismo Trascendental”.

Kant dice que su forma de comprender el conocimiento, el Idealismo Trascendental, es un giro copernicano con respecto a la filosofía anterior. Copérnico dio la vuelta a la imagen del universo, hizo con la razón una especie de salto mortal, un giro radical en la interpretación del movimiento de los astros con respecto al geocentrismo; del mismo modo, Kant realiza un cambio radical en su concepción del conocimiento. En efecto, el sentido común es realista, al igual que es geocéntrico; el sentido común nos dice que conocemos la realidad porque nos hacemos una imagen objetiva de las cosas, una especie de fotografía interior de la realidad exterior. Por el contrario, Kant dice que es imposible conocer las cosas tal cual son porque nosotros influimos inevitablemente en ellas, las afectamos con nuestras estructuras mentales al conocerlas. El centro del conocimiento no es, pues, la realidad objetiva, sino nosotros, los sujetos que conocemos. Kant, en el prólogo a la segunda edición de la Crítica de la razón pura, dice que su filosofía es un “giro copernicano” en el terreno de la epistemología.

Ilusión trascendental

“Ilusión trascendental” es una expresión que Kant utiliza para referirse a la metafísica, que pretende conocer noúmenos. Kant distingue entre fenómenos y noúmenos. Los fenómenos, que son los sucesos de la naturaleza, son objetos que están fuera de mí pero no son independientes de mí, puesto que yo los afecto con mis sentidos y con mis estructuras mentales: espacio, tiempo y categorías. En cambio los noúmenos, por ejemplo el alma o Dios, son objetos que están fuera de mí y son independientes de mí, trascendentes a mí, puesto que no puedo abarcarlos con los sentidos ni con el espacio, el tiempo y las categorías. Kant llama a los noúmenos “objetos puros” y a los fenómenos “objetos de conocimiento”.

Hecha esta distinción, Kant añade que sólo podemos conocer fenómenos, pues los sentidos, el espacio, el tiempo y las categorías son las condiciones que hacen posible el conocimiento. Los noúmenos son incognoscibles, y a la pretensión de conocerlos Kant la llama “ilusión trascendental”. La metafísica es una ilusión como forma de conocimiento, no es una forma de conocimiento, no es una ciencia; no podemos conocer el alma, ni podemos conocer a Dios, ni ningún otro noúmeno. Los empiristas -dice Kant- tienen razón cuando declaran que la metafísica no nos proporciona conocimiento alguno. Ahora bien -sigue Kant- ¿se sigue de ello que la metafísica es inservible y que podemos arrojarla al fuego? ¿no podríamos llegar a los noúmenos por otro camino que no sea el conocimiento?

Esta es la cuestión que Kant dirime en su obra Crítica de la razón práctica, y llega a la conclusión de que la existencia de los noúmenos se desprende de nuestra vida moral. La vida moral es una realidad, pues ejercitamos continuamente la conciencia moral; continuamente valoramos, elegimos, eso es un hecho. Y ese hecho requiere una serie de condiciones sin las cuales nuestra vida moral, que existe, no existiría. Esas condiciones son las siguientes:

1) que seamos libres. Si no fuéramos libres no podríamos elegir, y es un hecho que elegimos. Si no fuéramos libres no podríamos ser dignos de mérito ni de reproche, de alabanza o censura, pero de hecho lo somos. Sin libertad no tendríamos vida moral, pero la tenemos. Por tanto, la libertad tiene que existir.

La libertad no se percibe con los sentidos, ni se intuye encuadrándola en el espacio y el tiempo, ni se representa con la causalidad y las demás categorías. La libertad no es, pues, un fenómeno, es un noúmeno. No podemos conocer la libertad, ya que solo podemos conocer fenómenos, pero la libertad existe, es un requisito necesario para poder tener la vida moral que de hecho tenemos.

2) que haya en nosotros algo universal y eterno. El imperativo categórico por el que nos regimos como seres morales es universal y eterno, y no tendría sentido si no hubiera en nosotros algo de esas características. Ese algo universal y eterno que tiene que existir dentro de nosotros en tanto seres morales es el alma. Como la libertad, el alma es un noúmeno. No se puede conocer el alma, pero tiene que existir; es un requisito necesario para poder llevar a cabo la vida moral que de hecho llevamos a cabo.

3) que los ideales que nos mueven en la vida moral puedan hacerse realidad, que lo que debe ser pueda efectivamente ser, que lo posible llegue a ser un hecho. Nosotros no tenemos esa capacidad de hacer realidad por completo los ideales ni de ajustar siempre el ser al deber ser. Para nosotros siempre hay una fisura entre lo real y lo ideal, entre lo que es y lo que debe ser, entre lo existente y lo mejorable, entre nuestra imperfección real y la perfección que perseguimos como seres morales. Pero no nos moveríamos por ideales, ni actuaríamos por deber, ni buscaríamos mejorarnos, es decir, no tendríamos vida moral, si no existiera la posibilidad de que en alguna parte coincidan lo ideal y lo real, lo que es y lo que debe ser.

Pues bien, lo real y lo ideal, lo que es y lo que debe ser coinciden en Dios. Dios es un ser en el que lo ideal es real. En Dios se unen o sintetizan lo existente y lo perfecto, lo real y lo posible, lo que es y lo que debe ser, lo real y lo ideal. Dios -así entendido- tiene que existir porque, si no existiera, no tendríamos aliciente para llevar a cabo la vida moral que de hecho llevamos a cabo. Y tampoco Dios es un fenómeno, es un noúmeno. No se puede conocer a Dios, pero tiene que existir, es un requisito para que despleguemos como lo hacemos nuestra vida moral.

En consecuencia, los noúmenos, esas cosas en sí no abarcables con los sentidos, sí existen: son las condiciones de posibilidad de la vida moral. Si el espacio, el tiempo y las categorías son las condiciones que hacen posible que conozcamos, la libertad, el alma y Dios son las condiciones que hacen posible que actuemos. Hume tiene razón en que los objetos de la metafísica son incognoscibles, pero no por ello, dice Kant, debemos arrojar la metafísica al fuego. Los objetos de la metafísica -libertad, alma, Dios- sobran a la hora de conocer, pero son imprescindibles a la hora de actuar.

Imperativo

Los seres humanos actuamos porque nuestra conciencia moral o voluntad se mueve por principios, valores o juicios morales, se rige por esos juicios y acomoda a ellos la conducta. Los juicios morales a los que nuestra voluntad obedece son imperativos, y hay imperativos de dos tipos: hipotéticos y categóricos.

Los imperativos hipotéticos dicen “si quieres tal cosa, debes hacer tal otra”. Contienen un mandato, “haz esto”, “debes hacer esto”, pero ese mandato está supeditado a una condición --“si quieres…”-, de modo que si la condición no nos interesa no tenemos por qué que cumplir el mandato.

Los imperativos categóricos dicen “haz esto” de manera rotunda y universal; formulan un deber que no está sujeto a condiciones, una ley moral que ha de ser obedecida siempre y en todo caso. Cumplimos el mandato del imperativo hipotético si nos interesa algo ajeno al deber, pero cumplimos el mandato del imperativo categórico solo por cumplimiento del deber.

Pues bien, una voluntad buena es aquella que se rige siempre por imperativos categóricos: “haz esto”, “no hagas esto”, sin condiciones. Y ¿en qué consiste el “esto” de los mandatos?, es decir, ¿cuál es el contenido del deber? ¿cuáles son las acciones que debemos hacer y cuáles las que no debemos hacer?

Ninguna acción en concreto, dice Kant. Lo relevante para llamar buena o mala a una acción no es su contenido, es su forma, su intención, lo que nos mueve a hacerla. Por ello, cualquier acción es buena si la hacemos con buena intención, con buena voluntad, y la buena voluntad se rige por un imperativo formal: “Hagas lo que hagas, actúa de manera que puedas querer que el motivo que te ha llevado a actuar sea una ley universal”. Este es el imperativo categórico, una fórmula aplicable a cualquier acción. Al emprender cualquier acción -dice Kant- pensemos si el motivo que nos lleva a actuar puede ser universalmente deseable; si lo es, la acción es buena y debemos hacerla, y si no lo es, la acción es mala y no debemos hacerla. Esta es la forma en que actúa una voluntad buena.

Otra formulación que hace Kant del imperativo categórico es la siguiente: “Nunca trates a un ser humano como medio; trátalo siempre como un fin”.

PAZ PERPETUA

Derecho Cosmopolita

El Derecho Cosmopolita es la base de una ciudadanía mundial según la cual los individuos se consideran unos a otros como ciudadanos del mundo. Este Derecho Cosmopolita está fundamentado en que la Tierra es de todos, es propiedad común; en ella todos formamos parte de un mismo colectivo, todos pertenecemos a la comunidad humana. Desde el punto de vista de una única Tierra donde todos estamos no existe el “nosotros” y el “ellos”: todos somos ciudadanos del mundo.

Ser conscientes de esto y construir la realidad política mundial desde estas bases implica instaurar una hospitalidad universal. Esta hospitalidad universal implica a su vez el derecho a visitar cualquier país del mundo en son de paz, y a ser tratado en él sin la hostilidad y la desconfianza con que suele recibirse a los extranjeros, así como el derecho a circular libremente por el mundo.

El Derecho Cosmopolita derroca el Derecho de Conquista que en época de Kant estaba vigente, ya que cualquier Estado podía invadir a otro para extender su territorio y su jurisdicción sin más argumentos que su fuerza. El Derecho de Conquista viola le ley de la hospitalidad, pues convierte la visita a otro Estado en apropiación y violencia.

La instauración del Derecho Cosmopolita es uno de los requisitos para que la paz no consista en el cese o la omisión de hostilidades ni en períodos más o menos largos entre dos guerras. Esa forma de concebir la paz está en realidad hablando de guerra y tomando como referencia la guerra. Por eso dice Kant que la paz es continua, perpetua, o no es paz.

Kant se pregunta qué podemos hacer para que la paz perpetua no sea un lema inscrito en las losas de los cementerios ni una idea loca de filósofos soñadores sino una realidad sobre la Tierra. Y su respuesta es que la paz no es el resultado de la reforma de los corazones ni mucho menos de la intervención divina, sino la consecuencia de aplicar, junto al Derecho Cosmopolita, las siguientes medidas políticas:

-Cada uno de los Estados del mundo ha de tener una constitución republicana, no despótica. Hay una relación directa entre la república y la paz. En una república los legisladores hacen las leyes teniendo en cuenta lo que conviene a los ciudadanos, lo que los ciudadanos decidirían para sí mismos, mientras que en un Estado despótico las leyes responden a la voluntad del jefe del Estado y sirven a sus intereses.

-Crear un Estado de Estados, una federación de Estados o República mundial, o al menos tender hacia ello. Si cada Estado se rige por el Derecho Político, según el cual los miembros de ese Estado no pueden dañarse, la federación de Estados se regiría por el Derecho de Gentes, que es lo que entendemos hoy por Derecho Internacional. Según el Derecho de Gentes los Estados son en el mundo como los ciudadanos en el seno de un Estado y, como a éstos, les está prohibido hacerse mutuamente daño.

-La vida política debe ser transparente y pública. El secreto de Estado es ilegítimo. Todo secreto procede de que hay algo que esconder, y por lo tanto es un síntoma de que se está ejerciendo una injusticia. Las acciones que no resisten la luz y la publicidad son necesariamente injustas para alguien.

Contrato social

Como el resto de los filósofos modernos que hablan de política desde Hobbes, Kant indica que el poder político tiene un fundamento inmanente, no trascendente, pues su origen está en la voluntad de los hombres y no en la voluntad de Dios.

El origen del poder político y del Estado es el contrato social, que explica cómo los hombres dejan atrás el estado de naturaleza y pasan a convivir en un estado civil o comunidad política.

Según Kant el estado de naturaleza es salvaje, un estado de hostilidades y de guerra declarada o bien posible y amenazante. El motor de los individuos en la naturaleza es satisfacer sus fines y deseos sin cortapisa alguna, usando al otro como medio e incluso aniquilándolo si fuera necesario para conseguir sus deseos. En la naturaleza no hay moral, no somos por naturaleza seres morales; tenemos por naturaleza una sociabilidad hostil que Kant llama “insociable sociabilidad”.

Movidos por la razón y por el deseo de seguridad, los hombres salen del estado de naturaleza y del derecho natural y entran en el estado civil mediante un pacto o contrato: renuncian voluntariamente a la libertad natural e instituyen el Estado, en el que se rigen por el Derecho Positivo, que Kant llama Derecho Político, un conjunto de leyes del que todos dependen y al que todos deben obedecer, sea con consentimiento interno u obligados mediante la coacción externa. La coacción es legítima moralmente, dice Kant, porque es fruto de un pacto, de una decisión libre y racional tomada entre todos. El efecto del pacto o contrato social es la paz.

El pacto o contrato no es un hecho histórico ni es una hipótesis científica susceptible de ser confirmada; es una idea de la razón, una idea rectora por la que debe guiarse el legislador: quien legisle -quien haga las leyes- en una sociedad debe hacerlo como si las leyes emanaran de la voluntad de todos, es decir, poniéndose en el lugar de todos y haciendo leyes pensando en que podrían ser elegidas de manera libre y autónoma por cualquier ciudadano.

En el estado civil los hombres pierden la libertad natural y adquieren libertad jurídica. La libertad jurídica consiste en la capacidad de hacer lo que se quiera a condición de no perjudicar a nadie, y también en la capacidad de no obedecer ninguna ley más que en tanto se le ha podido dar consentimiento, se ha podido consentir interiormente con ella. Según esto último, podría parecer que Kant justifica la desobediencia civil, es decir, la desobediencia a una ley porque no estamos de acuerdo con ella; por ejemplo, negarse a ir al cuartel porque se repudia la guerra es un acto de desobediencia civil. Sin embargo, Kant niega explícitamente el derecho a la desobediencia civil; todas las leyes deben ser acatadas por el hecho de que están establecidas. Es el legislador quien tiene que pensar, a la hora de promulgar leyes, que esas leyes puedan contar con el consentimiento de todos; pero, una vez que una ley está en vigencia, todos los ciudadanos sin excepción tienen la obligación de obedecerla.

Libertad jurídica

La libertad jurídica se contrapone a la libertad natural; ésta última es propia del estado de naturaleza y la primera lo es del estado civil. La libertad jurídica es lo que los hombres adquieren después del pacto o contrato social, por el que renuncian a la libertad ilimitada que por Derecho Natural poseen.

Según Kant el estado de naturaleza es salvaje, un estado de hostilidades y de guerra declarada o bien posible y amenazante. El motor de los individuos en la naturaleza es satisfacer sus fines y deseos sin cortapisa alguna, usando al otro como medio e incluso aniquilándolo si fuera necesario para conseguir sus deseos. En la naturaleza no hay moral, no somos por naturaleza seres morales; tenemos por naturaleza una sociabilidad hostil que Kant llama “insociable sociabilidad”.

Movidos por la razón y por el deseo de seguridad, los hombres salen del estado de naturaleza y del derecho natural y entran en el estado civil mediante un pacto o contrato: renuncian voluntariamente a la libertad natural e instituyen el Estado, en el que se rigen por el Derecho Positivo, que Kant llama Derecho Político, un conjunto de leyes del que todos dependen y al que todos deben obedecer, sea con consentimiento interno u obligados mediante la coacción externa. La coacción es legítima moralmente, dice Kant, porque es fruto de un pacto, de una decisión libre y racional tomada entre todos. El efecto del pacto o contrato social es la paz.

En el estado civil los hombres pierden la libertad natural y adquieren libertad jurídica. La libertad jurídica consiste en la capacidad de hacer lo que se quiera a condición de no perjudicar a nadie, y también en la capacidad de no obedecer ninguna ley más que en tanto se le ha podido dar consentimiento, se ha podido consentir interiormente con ella. Según esto último, podría parecer que Kant justifica la desobediencia civil, es decir, la desobediencia a una ley porque no estamos de acuerdo con ella; por ejemplo, negarse a ir al cuartel porque se repudia la guerra es un acto de desobediencia civil. Sin embargo, Kant niega explícitamente el derecho a la desobediencia civil; todas las leyes deben ser acatadas por el hecho de que están establecidas. Es el legislador quien tiene que pensar, a la hora de promulgar leyes, que esas leyes puedan contar con el consentimiento de todos; pero, una vez que una ley está en vigencia, todos los ciudadanos sin excepción tienen la obligación de obedecerla.

El pacto o contrato no es un hecho histórico ni es una hipótesis científica susceptible de ser confirmada; es una idea de la razón, una idea rectora por la que debe guiarse el legislador: quien legisle -quien haga las leyes- en una sociedad debe hacerlo como si las leyes emanaran de la voluntad de todos, es decir, poniéndose en el lugar de todos y haciendo leyes pensando en que podrían ser elegidas de manera libre y autónoma por cualquier ciudadano.

CONCEPTOS NIETZSCHE

NIHILISMO: El nihilismo es la negación de toda creencia, se trata en principio de una actitud vital y filosófica que manifiesta la desesperanza de encontrarse falto de sentido, sin referencia, es la negación de todo valor a la existencia. Para Nietzsche es en primer lugar, toda cultura que crea en una realidad absoluta y niegue los valores de la vida, de la tierra, en ese sentido la cultura Europea es decadente y nihilista. Por otro lado está el nihilismo como actitud, en este caso puede ser activo o pasivo. El nihilismo pasivo es el que acontece a los hombres tras la “muerte de Dios”, ésta es una pérdida de gravísimas consecuencias, es una pérdida de rumbo, de sentido, sin Dios, no hay garantías, ni valores absolutos, ni norte, ni horizonte. Toda muerte representa un desarraigo, un desasimiento, es un poco también la pérdida de uno mismo. El ser humano tras haber asesinado a Dios, se siente manchado de sangre y perdido.

El nihilismo activo asume que Dios ha muerto y que por lo tanto “todo es posible”, renuncia a la desesperación y al suicidio y es una fase necesaria para la aparición de un nuevo momento en la historia de la cultura, para el reencuentro con “el sentido de la tierra”, la aparición de una nueva moral, y de un nuevo hombre: “el superhombre”.

DIONISIACO: tiene que ver con el Dios Dionisos, dios del vino. Representa los valoras de la vida frente a Apolo, que expresa la totalidad ordenada del mundo, los valores de la razón.

La filosofía occidental ha tirado más por lo apolíneo, desechando lo dionisiaco como irracional. Nietzche sin embargo, piensa que el hombre presenta facetas tanto de un dios como del otro, pero que hay que retomar un poco más de ese dionisiaco rechazado antiguamente. No por ello niega que el ser humando sea racional, sólo reclama lo impuesto por Dionisos. Ser libre para Nietzche consiste en querer la vida tal y como es, afirmar tanto lo apolineo como lo dionisiaco, aceptar el dolor de vivir y el placer de elloñ. Sólo quien lo hace, es un espíritu libre.

MORAL CONTRANATURAL: Es la moral propia de los débiles y resentidos contra la vida, de los que rechazan el cuerpo y sus pasiones, de los que afirman la realidad de un mundo superior por cuya consecución debemos sacrificarnos en esta vida. La moral contranatural surge como contraposición a la moral natural, que es la de los fuertes, la que se basa en la voluntad de poder y la valoración de esta vida, el más acá, la vida terrenal, como lo más importante de todo. La moral contranatural es una moral de esclavos, de cobardes y resignados, en fin, de los débiles y que exige el sacrificio y mortificación en esta vida para ganarse la otra vida en el más allá”.

En el origen de esta moral está la moral socrática, culpable originaria para Nietzsche del extravío de la cultura occidental y del abandono de los valores acertados de los primeros griegos. Consiste esencialmente en que el conocimiento lleva a la virtud (verdad= bien= virtud), convirtiendo al sabio, al que da primacía a su parte racional y domina y sofoca su parte paional e instintiva, e el modelo ideal de hombre. Nietzsche censura duramente este ideal y defiende el desarrollo de la parte vital e instintiva del ser humano en una moral sana, que está regida por el instinto de vida y nos aleja de una forma de vida descendente. Una moral natural, que afirma la sola existencia de esta vida y que nos conduce a vivirla de forma plena e intensa, sin trabas que la asfixien ni la encadenen a u falso mundo celestial por cuya consecución se sacrifique esta vida. La moral sana es la moral del hombre superior, del superhombre.

MUNDO APARENTE: Con este concepto Nietzsche hace alusión a la división de la realidad en dos mundos establecida por la metafísica y la religión. Un mundo verdadero, superior, que se alcanza mediante la razón, objetivo e inmutable, eterno y que se relaciona con el bien y lo espiritual. En Platón sería el mundo de las ideas, en el cristianismo Dios y en Kant la realidad en sí. El mundo inferior es el mundo aparente, el de los sentidos, subjetivo, cambiante, un mundo de corrupción, cambio y muerte, al que corresponde el mal y el cuerpo. El mundo sensible en Platón, el mundo terrenal o valle de lágrimas en el cristianismo, y la realidad de los fenómenos en Kant. Para Nietzsche debe invertirse esta división y considerar el mundo verdadero al que hasta ahora se ha considerado mundo aparente, y mundo falso e inexistente al que hasta ahora ha sido considerado como superior y verdadero. El mundo aparente es el único mundo del que disponemos, y negarlo y huir de él es propio de los débiles y los resentidos. La muerte de Dios es la muerte del “mundo verdadero”, para recuperar el único mundo que tenemos, éste, que es el mundo del devenir, del cambio y de la muerte, al que debemos enfrentarnos sabiendo que no hay leyes más allá de las que ponemos nosotros, ni más verdad que la que nosotros, los seres humanos inventamos. Y donde debemos jugar con la vida, aceptarla y quererla tal cual es, sin negarla ni inventar mundos perfectos que nos consuelen de sus dolores.

TRANSMUTACIÓN DE VALORES: Se trata de invertir los valores de la moral contranatural, reemplazar los valores de la moral tradicional, que Nietzsche tilda de moral de esclavos, una moral que negaba los placeres de la vida, que renunciaba a ésta ( los valores cristianos y burgueses). Por los de una moral fuerte y creativa, que parte de la afirmación de la vida y confiere un valor supremo a la afirmación y reafirmación del hombre.

Esto sólo puede ocurrir tras la muerte de Dios, una vez que matemos al absoluto y los valores de la moral que se fundamentan en él, se trata de convertir al hombre hijo de Dios y amante de la verdad absoluta, en el superhombre. No será el hombre el que transmute los valores, sino el superhombre, aquel que, valiente, acepta la vida, asume su dolor y su tragedia y sigue queriéndola, que querer la diferencia aún sabiendo que ese no es camino fácil, que quiere crecer y ser generoso por que sí, sin recompensa en otra vida, que quiere la muerte de Dios aunque suponga la angustia. La transmutación de valores supone la afirmación de la vida y el devenir, y por lo tanto el reconocimiento de que estamos solos, sin Dios que nos acompañe, ante la vida, pero que recupera todos sus placeres afirmándolos a la vez que todos sus dolores. Hay que instaurar la moral de los señores, de la diferencia contra la igualdad, de la fortaleza, de los héroes contra los humildes y sumisos, de los valientes, de los vivos.

INOCENCIA DEL DEVENIR: En opinión de Nietzsche, la filosofía tradicional ha sentido siempre rechazo al devenir, al carácter cambiante y fluyente de las cosas, persiguiendo ilusoriamente el ideal de una realidad superior que poseyera los caracteres contrarios a los de este mundo cambiante en el que habitamos. Para estos filósofos el carácter fluyente de la realidad, el cambio, el devenir, ha sido molesto por que no producía la tranquilidad que debía producir la verdad, para ellos, la verdadera realidad debía ser inmutable, eterna, universal, etc. Nietzsche afirma la única existencia del devenir, pero de un devenir sin regularidad alguna, la inocencia del devenir es la comprensión de la realidad y de nosotros mismos sin orden, sin permanencia, sin legalidad alguna que venga de fuera, el orden y la legalidad las pone el hombre en un mundo cambiante para negarlo. El devenir no tiene sentido, ni una interpretación verdadera y exclusiva, ni un modo único de ser valorado y apreciado. Es fluyente y cambiante, multiforme e inabarcable, supone aceptar que el mundo es tal y como se nos aparece y no como a la razón le gustaría que fuese. La inocencia del devenir es una conducta que está más allá del bien y del mal, de los conceptos cerrados y negadores de lo fluyente, supone la comprensión del cambio y de las apariencias fuera de la vanidad humana que pretende hallar verdades y valores absolutos.