Pido la paz y la palabra; Blas de Otero

Literatura española contemporánea del siglo XX. Poesía (Lírica) social de los años 50. Vida y obras del poeta. Estructura. Métrica. Forma

  • Enviado por: Guillermo Ramos
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 12 páginas

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Índice

  • LOCALIZACIÓN

  • DETERMINACIÓN DEL TEMA

  • DETERMINACIÓN DE LA ESTRUCTURA

  • COMENTARIO FORMAL

  • IV.I Plano fónico

    IV.II Plano morfo-sintáctico

    IV.III Plano léxico-semántico

    CONCLUSIÓN

    “A la inmensa mayoría”

    Pido la paz y la palabra

    Blas de Otero

    1955

    Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre

    aquel que amó, vivió, murió por dentro

    y un buen día bajó a la calle: entonces

    comprendió; y rompió todos sus versos.

    • Así es, así fue. Salió una noche

    echando espuma por los ojos, ebrio

    de amor, huyendo sin saber adónde:

    a donde el aire no apestase a muerto.

    Tiendas de paz, brizados pabellones,

    • eran sus brazos, como llama al viento;

    olas de sangre contra el pecho, enormes

    olas de odio, ved, por todo el cuerpo.

    ¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! Ángeles atroces

    en vuelo horizontal cruzan el cielo;

    • horribles peces de metal recorren

    las espaldas del mar, de puerto a puerto.

    Yo doy todos mis versos por un hombre

    en paz. Aquí tenéis, en carne y hueso,

    mi última voluntad. Bilbao, a once

    • de abril, cincuenta y tantos. Blas de Otero.

  • LOCALIZACIÓN

  • El poema analizado pertenece al conjunto de la obra de uno de los autores más complejos de nuestra literatura: Blas de Otero. Su legado sintetiza perfectamente la evolución de la poesía española desde el final de la guerra civil hasta los años 70, atravesando diversas etapas desde la expresión de sus angustias personales en un principio que más adelante desembocarían en una poesía de carácter social.

    Nacido en Bilbao en el seno de una familia burguesa (1916), recibió una educación tradicional en el colegio de los Jesuitas y tiempo después estudió Derecho en la Universidad de Zaragoza. Su infancia y adolescencia estuvieron muy marcadas por diversos problemas de carácter familiar y económico, un hecho que sin duda influyó bastante en su poesía inicial.

    Llegó a formar parte del bando republicano durante la guerra civil, aunque finalmente caería prisionero. Tras la guerra, sus comienzos literarios tuvieron lugar en revistas, donde publicaba sus poemas. En el conjunto de su obra se puede apreciar que Otero trabajaba mucho el lenguaje, utilizando abundantes recursos estilísticos de todo tipo, con aliteraciones, paralelismos, juegos conceptuales, léxico popular, etc.

    Su obra se encuentra dividida en cuatro etapas: en la primera, que constituye su poesía inicial, se encuentra “Cántico espiritual”, publicada en 1942. Más adelante, a raíz de una crisis existencial en la que influyó la obra de Dámaso Alonso “Hijos de la ira”, Blas de Otero desecharía esta poesía primeriza e iniciaría una etapa de poesía desarraigada, con dos obras importantes: “Ángel fieramente humano” en 1949 y “Redoble de Conciencia” una año después. Ésta última obra fue galardonada con el Premio Boscán, tras el cual Otero vendió su biblioteca y se trasladó a París, donde militó en el partido comunista, ya que su ideología no comulgaba con el régimen franquista.

    Su tercera etapa está constituida por una poesía social que contrasta mucho con sus inicios en la poesía existencialista. En este período destacan “Pido la paz y la palabra” de 1955 (obra a la que pertenece el poema analizado), “Ancia” en 1958, obra en la que compila lo mejor de su segunda etapa, “En castellano” de 1959 y “Que trata de España” en 1964.

    Ya en su última época, la poesía final, publica “Mientras” e “Historias fingidas y verdaderas” en 1970. Durante este tiempo visita las grandes naciones comunistas de la época, la Unión Soviética, China y Cuba, aunque en 1968 tiene que regresar a España debido al avanzado estado de su cáncer. Blas de Otero fallece en Madrid en el año 1979 en compañía de Sabina de la Cruz, cuatro años después de la muerte de Franco, y habiendo vivido al fin la legalización del partido comunista en España.

  • DETERMINACIÓN DEL TEMA

  • La metamorfosis del poeta.

    En este complejo poema dedicado a la inmensa mayoría, Blas de Otero pretende narrar la profunda transformación que ha sufrido al pasar de un estado de profunda angustia personal a otro de denuncia social y colectiva. Para ello realiza una rigurosa descripción de un hombre y de su contacto con el mundo (y como se demostrará más adelante, ese hombre no era otro sino el mismo Otero), y cómo la solución para lograr la salvación individual se encontraba en la búsqueda de la paz interior. Además aprovecha para criticar determinados aspectos sociales injustos como puede ser la guerra y sus consecuencias.

  • DETERMINACIÓN DE LA ESTRUCTURA

  • El texto es susceptible de ser dividido en tres partes:

    1ª parte:

    V(1-4): “Aquí tenéis, en canto y alma (...)

    y rompió todos sus versos” (...)

    En estos primeros versos, el autor realiza una breve pero concisa presentación del hombre protagonista (que más adelante demostrará ser él mismo), y del comienzo de su historia introduciendo la narración de la misma. Este primer cuarteto no será resuelto hasta el último, donde se encuentra la clave de interpretación del poema.

    2ª parte:

    V(5-16): (...) “Así es, así fue. Salió una noche (...)

    de puerto a puerto” (...)

    * V(13-16): (...) “¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay! (...)

    de puerto a puerto” (...)

    Ya en el núcleo del poema, comienza la descripción del hombre y la narración de su historia. Mediante hábiles metáforas queda plasmado en el texto cada detalle del personaje en contacto con el mundo que le rodea, y la angustia que rodea la búsqueda de la salvación.

    También es apreciable una subdivisión en este fragmento: en el penúltimo cuarteto Blas de Otero recurre a explícitas metáforas para denunciar la crueldad y la inhumana masacre que suponen las guerras, algo que por desgracia sucedía con bastante frecuencia en aquella época.

    3ª parte:

    V(17-20): (...) “Yo doy todos mis versos (...)

    cincuenta y tantos. Blas de Otero”

    Por último, en el cuarteto final, el autor nos proporciona la clave necesaria para la correcta interpretación del poema: él es el hombre descrito, el hombre cuya historia es narrada y que tras su profunda transformación busca la salvación en la paz interior al abrirse al mundo, bajar a la calle y conocer el más allá existente detrás de las fronteras que le marcaba su angustia vital.

  • COMENTARIO FORMAL

  • IV.I PLANO FÓNICO

    El poema se encuentra compuesto por veinte versos de arte mayor divididos en cinco cuartetos siguiendo el esquema del serventesio: rima cruzada o alternante (ABAB) y asonante en todo el texto.

    Este tipo de composición suele determinar el tipo de ritmo marcado en la mayoría de los poemas, pero en este caso es el poeta el que impone su propio ritmo con la inclusión de diversas pausas de todo tipo, ralentizándolo o dinamizándolo según sus necesidades. Por ejemplo, el cuarto cuarteto (versos 13-16) comienza con un ritmo lento y fuertemente marcado por la aparición de tres exclamaciones: ¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay!. Pero inmediatamente después el ritmo acelera de nuevo hasta recobrar el nivel normal propio de un cuarteto típico. Así sucede también en el segundo cuarteto (versos 5-8).

    En el texto aparecen dos puntos en dos ocasiones: la primera, en el verso tres: “y un buen día bajó a la calle: entonces comprendió”. En esta ocasión su función es meramente consecutiva (la segunda proposición como consecuencia de la primera), pero no sucede así en el verso siete: “Huyendo sin saber adónde: a donde el aire no apestase a muerto”. Aquí aparecen para introducir la respuesta a la interrogativa retórica implícita en dicho verso, ya que la contestación viene ya formulada con la pregunta.

    Es complicado definir la función del lenguaje en el texto, ya que aparecen dos tipos entremezclados: la función representativa, ya que la misión principal del poema es comunicar la historia, las denuncias sociales y la transformación sufrida por el poeta. Y la expresiva también se encuentra presente, al poder percibirse con total claridad el estado de ánimo del escritor y sus sentimientos con respecto a determinados temas y situaciones. Pero incluso podría aceptarse la existencia de la función conativa, ya en que el mismo título (A la inmensa mayoría) y en el primer verso (“Aquí tenéis...”), adquiere una especial relevancia el receptor del mensaje o poema, los lectores. Por lo tanto, es difícil pronunciarse al respecto.

    Y finalmente, es necesario comentar las diversas aliteraciones presentes en el poema. Comienzan ya en el mismo título, A la inmensa mayoría, de carácter nasal que expresan inquietud y angustia, uno de los temas que trata el autor en el poema. En el verso 4, “comprendió: y rompió...”, aparece una combinación de vibrantes y oclusivas que añaden dinamismo, ímpetu y entusiasmo al ya expresivo verso. En el verso 5, “así es, así fue”, un conjunto de fricativas que expresan las dudas iniciales del poeta ante la transformación que se avecinaba. En los versos 9-10, “brizados pabellones eran sus brazos”, aparece una brillante composición de vibrantes, fricativas y oclusivas, que logran proporcionar a la descripción del hombre el ímpetu y el dinamismo que requiere. Y por último, en el verso 15, “horribles peces de metal recorren”, un grupo de aliteraciones vibrantes que producen un efecto violento en la denuncia social a la guerra.

    IV.II PLANO MORFOSINTÁCTICO

    Los verbos existentes en el texto se encuentran distribuidos según las necesidades del autor: así, en el primer cuarteto que realiza una función introductoria, se inicia con un presente simple (tenéis) como presentación a los lectores, y automáticamente comienza la descripción del hombre protagonista. Durante la narración de su historia se utilizan únicamente tiempos de pasado (amó, vivió, murió, salió...) ya que el poema es posterior a ella. Es importante el hecho de que el autor resuma toda la angustia vital de su vida en tan sólo tres verbos: amó, vivió, murió por dentro. A partir de este punto, Otero decide romper con el pasado y volver a empezar.

    Pero hay un verbo que rompe el esquema: “Así es, así fue”, verso cinco. Probablemente fue utilizado para dotar de cierto valor presente al relato, haciéndolo intemporal: lo que está siendo contado ya ha sucedido, pero existe gente a la que le está ocurriendo lo mismo actualmente. En el segundo cuarteto aparecen dos gerundios (echando, huyendo), que sin duda le proporcionan mayor realismo y dinamismo a la descripción del sujeto. Por último, en los dos cuartetos finales, la acción vuelve a desarrollarse en un tiempo presenta, al tratarse de la denuncia social contra la guerra y el cuarteto conclusión del poema.

    Cabe destacar los dos imperativos que figuran en el verso 12, ved, y en el verso 13, llegad. Mediante el uso del primero el autor consigue que el lector se implique en el poema, dirigiéndose a él y haciéndole partícipe de la acción. El segundo es bastante desconcertante, ya que si lo que Blas de Otero pretende es denunciar el fenómeno de la guerra, cabe suponer que no desea que dicho fenómeno reaparezca en su país: entonces resulta extraño que atraiga la atención de las máquinas de guerra. O tal vez reclame ayuda de la sociedad para evitarlas... lo cierto es que no es demasiado preciso en este aspecto.

    Los sustantivos utilizados son de carácter común, sin el empleo de tecnicismos ni cultismos (excepto el adjetivo brizados, una palabra en desuso actualmente, que significaba acunados), destacando varios por la fuerte carga semántica que conllevan, como alma, ebrio, amor, muerto, paz, sangre, odio, carne y hueso.

    En el verso 6, figura “ebrio de amor”: esta bella expresión simboliza la ruptura de Blas de Otero con su pasado. Ya había amado una vez, pero ahora está dispuesto a comenzar de nuevo para conseguir por fin la ansiada paz interior. Y para ello, evita los lugares que antes frecuentaba (“donde el aire no apestase a muerto”), dispuesto a amar, a denunciar la injusticia y la crueldad, y a descubrir la sociedad a la que antes evitaba.

    También son importante las connotaciones que se le aplican en el verso tres al término “calle”. La calle representa todo el mundo y toda la sociedad en la que nunca antes había podido vivir ya que las propias fronteras de la angustia vital se lo impedían. Por ello, al descubrir que existe un mundo diferente más allá de la propia persona, el personaje decide aventurarse en él y romper con su pasado.

    En lo referente a la adjetivación, ha de notarse una mínima presencia de ornamentos puramente estéticos, justo lo necesario para que el texto pueda ser a la vez entendible y elegante. Los únicos reseñables son “buen día”, en el verso tres, ya que destaca lo positivo del descubrimiento de un mundo exterior antes desconocido, “brizados”, en el verso 9, adjetivo actualmente en desuso con un significado similar a “acunados”, y “atroces”, en el verso 13, por el cariz despectivo y crítico que aporta a la denuncia social de le guerra.

    También es importante mencionar los diversos encabalgamientos existentes en el texto, que demuestran que Blas de Otero es un auténtico maestro en esta materia. Mediante su uso quiebra la clásica concepción versal y pone de relieve determinadas palabras y/o sensaciones. Entre los más abruptos destacan el de los versos 1-2, “hombre aquel que amó”, poniendo de manifiesto la importancia del hombre y de su amor en el poema, el de los versos 6-7, “ebrio de amor”, destacando el sustantivo antes comentado, y el de los versos 13-14, “ángeles atroces en vuelo horizontal”, dejando entrever el terror que en él inspiraban aquellas máquinas bélicas.

    Y finalmente, en cuanto a los tipos de oraciones presentes en el texto, cabe destacar la presencia de tres estructuras exclamativas seguidas al comienzo del verso 13: “¡Aquí! ¡Llegad! ¡Ay!”. Su función es proporcionar un mayor énfasis a la crítica o denuncia social del fenómeno de la guerra, poniendo de relieve el temor de una persona que ha tomado parte en él y del cual guarda desagradables recuerdos.

    IV.III. PLANO LÉXICO-SEMÁNTICO

    El poema se encuentra redactado en un lenguaje popular y cotidiano, aunque la complejidad de los sentimientos expresados en él dificulta su comprensión en un principio, sobre todo si se desconoce la mentalidad del autor. Aun así, el carácter plástico de su lenguaje en ocasiones puede llegar a simplificar mucho las estructuras, lo que constituye un importante punto a su favor.

    En el texto abundan las figuras literarias, ya que mediante su uso se facilita mucho la expresión de sentimientos tan complejos como el amor y el odio. Comenzando por las metáforas, en el verso 6 aparece “echando espuma por los ojos”, que representa el estado de semi-locura y ansiedad que demuestra el protagonista al inicio de su historia, tras lograr ver el mundo más allá de él mismo. Más adelante, en los versos 9-10, compara sus brazos con “tiendas de paz” y con “llama al viento”, constituyendo un símil. Intentando librarse de la angustia que le persigue, agita los brazos para ahuyentarla o en señal de su nueva libertad en un lugar desconocido, en estos momentos representan su único medio de comunicación. Y después dos claras metáforas: “Ángeles atroces” representando aviones de guerra, y “peces de metal” simbolizando barcos o submarinos, también artefactos bélicos.

    En los versos 11-12 se produce una anáfora, con la repetición del sustantivo “olas” al comienzo de cada uno de los versos. Y en el primer verso aparece “en canto y alma”: esta estructura es muy similar a la fórmula evangélica “en cuerpo y alma”, por lo que se deduce que se trata de una ruptura de la frase original con la sustitución de uno de sus componentes. También guarda una estrecha relación con la frase presente en el verso 18, “en carne y hueso”, por lo que podría tratarse de un paralelismo entre ambas estructuras.

    Pero sin duda, el aspecto más importante es el desdoblamiento que se produce entre el “yo” lírico y el “yo” biográfico, al más puro estilo romántico. En el primer cuarteto se presenta al que será el protagonista del poema, un hombre dispuesto a romper con su pasado. Pero la cuestión no se resuelve hasta el último cuarteto, donde Blas de Otero se identifica con ese hombre y se descubre como protagonista de su propio poema. Él es el personaje que desea dejar atrás su angustia personal para adentrarse en la vida social y hacer valer su talento denunciando los aspectos mundanos más injustos.

    CONCLUSIÓN