Personalidad adolescente y sexualidad

Psicosociología. Sexología. Facultades. Conductas. Relaciones personales. Stanley. Freud. Padres e hijos. Dimensión moral. Sexo. Educación. Sociedad

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Asignatura:

Educación Moral y Cívica

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Curso:

Tema:

Fecha:

Viernes 19 de enero del 2001

Presentado por:

Y

un adolescente dijo: Háblanos de la Amistad. Y é respondió, diciendo:

Vuestro amigo es a la medida de vuestras necesidades.

El es el campo que sembráis con cariño y cosecháis con agradecimiento.

Es vuestra mesa y el fuego de vuestro hogar.

Pues vais a él con vuestra hambre y lo buscáis en procura de paz.

Cuando vuestro amigo manifiesta su pensamiento, no teméis el “no” de vuestra propia opinión, ni ocultáis el “sí”.

Y cuando él se calla, vuestro corazón continúa escuchando a su corazón.

Porque en la amistad, todos los deseos, deas esperanzas, nacen y son compartidas sin palabras, en una alegría silenciosa.

Cuando os separéis de vuestro amigo, no os aflijáis. Pues lo que amáis en él puede tornarse más claro en su ausencia, visa desde la planicie.

Y que no haya otra finalidad en al amistad que no sea la maduración del espíritu.

Pues el amor que procura otra cosa que no sea la revelación de su propio misterio no es amor, sino una red tendida, y sólo lo inútil será en ella atrapado.

Y que lo mejo de vosotros mismos sea para vuestro amigo.

Si él debe conocer el flujo de vuestra marea, conozca también su reflujo.

Pues, ¿qué será de vuestro amigo si sólo le buscáis para matar el tiempo?.

Buscadle siempre para las horas vivas.

Pues el papel del amigos el de henchir vuestras necesidades, y no vuestro vacío.

Y en la dulzura de la amistad, que haya risa y compartir de placeres.

Pues en el rocío de las pequeñas cosas, el corazón encuentra su amanecer y halla su frescor.

“El Profeta”

Gibran Khalil Gibran

Nuestro mundo se ha visto invadido de un creciente interés por encontrar la forma más fácil de lograr el desarrollo dela personalidad. Y ni hablar de la sexualidad. Este tópico ya es de manejo público y no acepta más comentarios.

Esta vez, el enfoque que realizamos a estos dos temas es totalmente innovador. Nos referimos a la personalidad adolescente y el desarrollo de su sexualidad. En las páginas de esta breve ponencia los lectores podrán encontrar un contenido interesante escrita en su propia jerga, para facilitar el manejo o entendimiento de los demás.

Al final, nuestra conclusión.

Cuando se habla de personalidad y sexualidad, tiende a mal interpretarse sus definiciones o, más bien, su aplicación en el mundo moderno. De ahí la importancia de este trabajo. En este breve ensayo demostraremos que no todo lo que se dice acerca de estos temas es cierto y, de paso, trataremos de corregir el parecer errado que venimos arrastrando desde un largo tiempo.

¿En qué consiste el desarrollo social y la personalidad en la adolescencia?

Antes de iniciar de lleno en este tópico, quisiéramos dejar claro el concepto de personalidad y su relación con la conducta.

Cuando se habla de personalidad, se trata frecuentemente del conjunto de las facultades, capacidades, sentimientos, que forman el ser espiritual el hombre. Se trata de la personalidad psicológica.

Pero tratando de la conducta, nos vamos a referir de manera especial a la personalidad moral. Esta es “el desarrollo armonioso de todas las facultades con que la naturaleza ha dotado a la persona”.

Será muy interesante que observemos lo significado por esta definición cumpliéndose en aquellas personas reconocidas como bien educadas y moralmente virtuosas. Los que son aficionados a la lectura de biografías de hombres célebres, grandes maestros, artistas, sabios, santos, estadistas de renombre, verán que en todos ellos hubo un “desarrollo armonioso” e sus facultades espirituales, aunque, como humanos, tuvieran algunos defectos.

El hombre es un ser compuesto de cuerpo y alma, que constituyen su naturaleza humana. La naturaleza humana actúa a través de las facultades, o sea, de “las capacidades que disponen al hombre a actuar”.

Hay facultades “corporales”, o del cuerpo, como por ejemplo los sentidos de la vista, oído, tacto, gusto, olfato. También las pasiones, instintos, afectos, sentimientos. Y hay facultades espirituales, dirigidas directamente por el alma, como la inteligencia y la voluntad.

Estas facultades, tanto corporales como espirituales, son un verdadero tesoro que el Creador ha puesto en nosotros. Ellas nos distinguen de los “brutos”, es decir, de los animales irracionales y clasifican al hombre como “Rey de la creación”. Esto nos convence de la necesidad y obligación de nuestra parte de cultivar en forma organizada y consciente nuestras facultades, lo que constituye la educación de nuestra personalidad.

Los antiguos romanos nos legaron una máxima cuyo valor perdura a través del tiempo: “Una mente sana en un cuerpo sano”. Es una verdad que se hace evidente por la observación. El niño o el joven sanos están mejor dispuestos para pensar, para aprender, para perseverar. Los pueblos de gente sana son los únicos que progresan y sobreviven.

El hombre debe tener en su plan de vida, en su “agenda diaria”, alcanzar la meta de terne un cuerpo saludable, armonioso, bien desarrollado. Para conseguirlo, debe hacer suficiente ejercicio físico, practicar algún deporte de su elección, tener ocupaciones, diversiones y distracciones sanas.

Los sentidos se perfeccionan por el ejercicio y la observación, aprendiendo la higiene de cada uno de ellos para cuidarlos convenientemente.

La disciplina de la voluntad y la mortificación consciente de los malos instintos y pasiones desordenadas, así como la educación de los sentimientos y afectos, ayudan grandemente a la salud.

De modo especial debe cuidarse la alimentación. Todos tenemos derecho natural a comer y alimentarnos en al medida de nuestra necesidad y Dios puso en el mundo las cosas de la naturaleza para que todos usáramos e ellas. Nuestra diligencia, trabajo y buena administración deben ir dirigidos a asegurar los medios de satisfacer esa necesidad.

Todo lo anterior son cosas, aparentemente, sin importancia. Sin embargo, la falta de satisfacción a alguna de ellas puede influenciar de forma determinante en el desarrollo de la personalidad de una persona.

Si importante es el desarrollo corporal, no lo es menos el del espíritu. El cuerpo es en la vida el soporte del alma. El alma rige y gobierna nuestro ser y es la parte más noble, porque fue hecha por Dios a su “imagen y semejanza”.

En primer lugar, es necesario formar y enriquecer la inteligencia, mediante el estudio, la reflexión, la lectura. Debemos acostumbrarnos desde temprano a la observación metódica de los hechos y de las cosas e la naturaleza, no haciendo de ellas juicios apresurados, sino formulándolos después de tener claras nuestras ideas a través de una buena y segura información.

Al mismo tiempo que la inteligencia, es necesario educar la volunta, enseñándola a vencer los obstáculos que le impiden actuar. Esos obstáculos son ordinariamente las dificultades que nos presenta la vida, como son la pobreza, la enfermedad, las debilidades y contradicciones de nuestro prójimo y más que todo nuestras propias debilidades y malas inclinaciones.

El desarrollo de todas esas facultades y capacidades que todos tenemos en mayor o menor grado, debe ser armonioso. Cada facultad debe desarrollarse según importancia y jerarquía, dando siempre la mayor atención a las superiores, sin descuidar ninguna.

Un aspecto importante en la búsqueda de la identidad es la necesidad de independizarse de los padres; en dicha búsqueda se presenta un camino que conduce al grupo de compañeros.

La angustia y los arrebatos de furia asociados con los años adolescentes en los Estados Unidos y otras culturas occidentales se han denominado “rebelión adolescente”. Tal rebelión puede ir acompañada no sólo de conflictos con la familia sino también de un aislamiento de la sociedad adulta y una hostilidad hacia sus valores. Sin embargo, los estudios típicos de adolescentes encuentran que poco menos de uno de cada cinco encajan dentro de este patrón “clásico” de la adolescencia.

La edad se convierte en un factor importante de unión en la adolescencia (mucho más que la raza, la religión, la comunidad o el sexo). Los adolescentes estadounidenses pasan mucho tiempo libre con las personas de su misma edad, con quienes se sienten a gusto y pueden identificarse. Se divierten con sus amigos, con quienes se sienten libres, francos, parte el grupo, emocionados y motivados. Estas son la personas con quienes más desean estar. Los jóvenes desarrollan un “chovinismo generacional”; tienden a creer que la mayoría de los otros adolescentes comparte sus valores y que las personas adultas no lo hacen.

No obstante, los adolescente sólo rechazan de manera parcial, transitoria o superficial los valores de los padres. Los valores de los primeros, permanecen muy cercanos a los de los segundos, más de lo que la gente cree; la rebelión de los adolescentes son sólo disputas menores.

El mito más común es que los padres y los adolescentes mantienen desavenencias entre sí y no se llevan bien. Esta creencia quizá se originó en la primera teoría formal sobre la adolescencia, presentada por el psicólogo G. Stanley may quien creía que los jóvenes se esforzaban por adaptarse a los cambios corporales y a las inminentes exigencias de la edad adulta anunciadas por un periodo de “angustia y arrebatos de furia”, los cuales conducían de modo inevitable a un enfrentamiento entre las generaciones. Sigmun Freud y su hija Anna Freud también pensaban que el conflicto con los padres era inevitable y que surgía de la necesidad de independencia de los adolescentes. Pero la antropóloga Margaret Mead, quien estudió la adolescencia en otras culturas, concluyó que cuando en una cultura ocurre una transición gradual y segura de la infancia a la edad adulta, la rebelión adolescente no se presenta. Es más probable que tal transición pacífica se produzca en las culturas en donde los cambios sociales son mínimos.

Pero aun en sociedades más dinámicas, las investigaciones recientes señalan que la rebelión no es una característica necesariamente ligada a la adolescencia. Los jóvenes muy rebeldes quizá necesiten ayuda especial. A pesar de algunos conflictos, los adolescentes estadounidenses se sienten muy ligados a sus padres y piensan de manera positiva con respecto a ellos, adoptan valores semejantes en los asuntos importantes y aprueban los valores de los padres. Una da las razones para que no surja el conflicto generacional es quizá que los adolescentes sólo pasan una hora diaria con sus padres. ¡Es más fácil no tener desavenencias con las personas que no están presentes!

El joven va asimilando la información que capta del ambiente, día tras día y la va almacenando en su computadora mental. Cada vez que realiza esto, inconscientemente, estamos grabando patrones de conducta que se repetirán a través de tiempo en nuestra forma de actuar y que formaran parte de nuestra personalidad.

Los jóvenes necesitan relacionarse con sus compañeros y amigos de la misma edad, pues de esto depende la adquisición de experiencias que nos ayudarán a crecer en armonía con los que nos rodean. De ahí la importancia de tener amigos y conservarlos. Son ellos una gran influencia para nuestra individualidad, pues tienen el poder de infiltrarse en el modo de pensar del otro y de persuadir para que alguien haga esto o aquello..

La presión de los compañeros lleva a que muchos adolescentes adopten comportamientos antisociales, en especial quienes tienen poca supervisión de los padres.

La singular “habilidad” de poder hacer injerencia en la forma de actuar de los demás, debería emplearse en algo de provecho como el crecimiento y desarrollo de nuestra personalidad y no para hacer bromas de mal gusto, como hasta ahora se ha hecho.

Para cerrar esta sección, quisiera concluir con esta frase del padre de los jóvenes Juan F. Pepén:

“El hombre más perfecto es el que ha logrado desarrollar y formar mejor su personalidad propia”.

¿Qué se entiende sobre la dimensión moral de la sexualidad?

La importancia de que la sexualidad humana se oriente conforme a unos criterios morales es que no sólo designa una dimensión esencial del hombre -y por lo mismo afecta a su comportamiento ético- , sino que, en ella se expresa la alteridad más plena de relación hombre - mujer. Parecía un contrasentido que esa relación estuviese situada al margen de toda dimensión moral, cuando, de hecho, consta que es origen de grandes fracasos y ocasiona no pocas injusticias. En una palabra, las relaciones íntimas de la entrega es lo que motiva un cúmulo de derechos y deberes mutuos.

Si la sexualidad s la fuente de la vida humana, parece necesario que su uso esté normado por reglas de conducta que respeten esa función tan importante cual es la de engendrar la vida de otros hombres.

Cuando se descuida la dimensión ética de la vida sexual, la experiencia histórica constata que se cae inevitablemente en aspectos secundarios de la sexualidad y que se olvidan y aún más se desprecian sus valores más ricos y destacados.

En nuestro tiempo se habla mucho del sexo, como una realidad que hay que tener muy en cuenta. Esto, en verdad, es un gran progreso. Pero hay que saber que lo más importante es tener ideas muy claras en esta materia, porque de no tenerlas surgen, para el joven especialmente, grandes peligros e inconvenientes.

Cuando se habla en nuestro tiempo de “educación sexual”, con frecuencia esta expresión no es exacta. Se entiende muchas veces como una simple información acerca del sexo y de las relaciones que tienen en él su origen. Pero esta educación significa y abarca mucho más: Debe establecer el origen, valor y trascendencia de la función sexual, dentro del ámbito de la vida humana.

Lo primero que hemos de hacer es poner el sexo en su verdadero lugar, no exaltando su importancia más allá de la realidad ni disminuyéndola o despreciándola. El sexo es algo que no podemos ignorar y de cuya justa apreciación depende sin duda, en buena proporción, la conducta humana.

En su origen, el sexo es sagrado. Surge como una función que ha de llenarse con toda conciencia y seriedad, la función de la reproducción, que hace posible la supervivencia de la humanidad mediante la multiplicación de los individuos. Fue el mismo Dios, que con su poder creador, hizo al hombre desde el principio con capacidad reproductora. No sólo lo creó, sino que lo creó diferenciado en los dos sexos y mandó que esa diferenciación fuera como la base de “un equipo” encargado de multiplicar la vida: “Creó Dios al hombre a imagen suya; al margen de Dios le creó, los creó varón y hembra. Y echóles su bendición y dijo: Creced y multiplicáos. . ..” (Gén. 1, 27 - 28)

Este origen sagrado del sexo debe mover en nosotros un sentimiento de verdadero respecto ante lo sexual Debe descartar por necesidad toda idea de “tabú” o misterio indescifrable; toda curiosidad malsana, dando a la sexualidad el mismo sentido de nobleza y sencillez que ella tiene por haber sido desde el principio obra de Dios. El sexo, como función, es algo tan noble, tan humano y tan vital como cualquier otra función. Los órganos del sexo, al igual que los demás de nuestro organismo, son parte integrante de la creación y sólo una desnaturalización morbosa de la realidad puede hacer que se haga una apreciación distinta.

El sexo, pues, tiene el mismo valor que Dios le dio: ser la fuerza reproductora del ser humano. Y tiene una trascendencia insospechada: colaborar conscientemente con el Creador en la supervivencia el hombre sobre la tierra.

El sexo se manifiesta en todo hombre o mujer progresivamente, conforme las facultades del cuerpo se van desarrollando. El instinto sexual es más o menos fuerte, dependiendo del temperamento, de la salud, de las excitaciones exteriores. Quede claro que ni el sexo ni el instinto sexual son en sí pecado ni siquiera imperfección. Son causa indirecta u ocasión de pecado cuando se abusa de él; cuando no se cumple ordenadamente el plan divino; cuando se pervierte trastorna el alcance de la función que cumple en el ser humano la sexualidad. De la misma manera que el comer, el beber, el hablar y hasta el trabajar desordenadamente pueden quebrantar la ley divina.

La sexualidad, como la libertad humana, tiene sus límites. No todo está permitido en el sexo; no lo está todo aquello que cae bajo la denominación de “acción impura”. Todo lo que daña la salud física y mental; todo lo que ocasiona depravación y escándalo (como la masturbación y el sexo extramatrimonial); todo lo que conduce a rivalidades y discordias; todo lo que lesiona el derecho ajeno, llámese vicio solitario, fornicación, adulterio o perversión moral, cae dentro del denominador común de pecado. Pero esto no es el uso, sino el abuso del sexo.

La sexualidad se manifiesta y conserva su grandeza cuando alienta al joven a superase física y espiritualmente para llegar al noviazgo y al matrimonio íntegro de cuerpo y alma y cuando estimula el al adulto casado en el matrimonio o consagrado en la vida de servicio a Dios a permanecer fieles al compromiso.

Gracias debemos dar a Dios porque nos dotó de la capacidad sexual. Es casi increíble, pero cierto, que el sexo, al hacernos aptos para procrear y reproducir seres semejantes a nosotros, nos está haciendo por eso semejantes a dios Creador.

La razón, que es nuestra facultad superior, rectora de nuestro ser, está siempre en capacidad de orientar nuestros instintos y por eso nuestra responsabilidad en la vida sexual es clara. Ciertamente que compartimos con los animales, con más o menos intensidad, nuestros instintos. Así, el instinto sexual mueve a los eres irracionales a realizar la función reproductora.

Todos los hombres y mujeres normales son capaces de gobernar y ordenar bien sus instintos, incluyendo el instinto sexual. Sólo los anormales no son capaces de ello y esto lo afirma sin rodeos la ciencia moderna. De ahí que la honestidad de vida sea una virtud que honra a quien le practica y que la deshonestidad, lejos de ser señal de hombría o de liberación masculina o femenina, es más bien señal de falta de educación en materia de sexo y en algunos casos de verdadera degeneración.

Como en cada trabajo de este tipo, hemos logrado obtener más conocimientos de lo que jamás hubiésemos pensado. Esta es la verdadera esencia de ensayos como este.

Nos dimos cuenta que el tema de la personalidad y la sexualidad se evalúan de manera diferente, según la perspectiva o el punto de vista que se tome como referencia, habrás miles de opiniones distintas a las nuestras. Sin embargo, en algo estamos de acuerdo. La personalidad ha de ser nuestra prioridad con miras hacia el desarrollo de cada individuo y la sexualidad debe ser el tesoro que más guardemos. De este modo le otorgaremos tan preciado regalo sólo a aquel que sea el candidato adecuado para hacerlo.

Quisiéramos concluir con una frase que defiende la moral de la sexualidad y por qué debemos el momento correcto para realizarla: “El vicio de la impureza es la ruina segura de las naciones”.

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