Pepita Jiménez; Juan Valera

Literatura española siglo XIX. Realismo moderado. Novela realista. Romanticismo. Mujer en el Antiguo Régimen. Técnica epistolar

  • Enviado por: Torrente
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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ARGUMENTO DE LA OBRA

Luis de Vargas, un joven seminarista, hace una visita, previsiblemente esporádica, a su padre, don Pedro de Vargas, un Cacique respetado. Desde allí escribe a su tío Déan de lo que en el pueblo le acontece, Luis desea marcharse, y terminar los estudios para ser algún día sacerdote y realizar santas misiones. Pero esta ilusión se ve poco a poco truncada por una mujer, Pepita Jiménez, que cada vez va poseyendo más el pensamiento y las acciones del seminarista. Todo transcurre tranquilamente, don Pedro, envía a Luis a casa de su prometida, Pepita, a realizar unas tertulias con el padre Vicario y demás gente. Allí charlan y juegan al tresillo durante parte de la noche. Los pensamientos de Luis se ven cada vez más y más turbados por la imagen de Pepita. Todos juntos, hacen unas escapadas, unas veces a pozos, otras a fincas, y así pasan los días. De repente, el seminarista se da cuenta de que está perdidamente enamorado de Pepita, e inventa excusas para no acudir a las tertulias, pero su padre lo obliga a ir, desencadenando la catástrofe. Una vez allí, en casa de Pepita, se encuentran solos por casualidad, y sin premeditación Luis la besa, llegándose a arrepentir. Fueron momentos de angustias y sollozos para los dos enamorados, pero ninguno de los dos daba una solución, hasta que Antoñona, la educadora de Pepita, puso cartas en el asunto, y sin pensárselo dos veces, hizo una visita relámpago a Luis, concretando una cita con él y con su “niña”. Después de grandes llantos y conversaciones en casa de Pepita, el amor nació entre ellos, pero sólo quedaba un problema que solucionar, ¿cómo se lo iban a decir a su padre si estaba prometido con ella?, de esto se ocupó Pepita y no hubo mayor problema. A las pocas semanas de esto, Luis, resolvió un pequeño problema con cierto Conde de Genazahar, y sin perder más tiempo concretó la fecha de la boda. Luis y Pepita contrajeron matrimonio y varios años después tuvieron un hijo que se llamó como su padre, Pedro. Tuvo un final feliz menos en un aspecto, el padre Vicario falleció, pero gracias a Pepita los huérfanos no quedaron indefensos.

ESTRUCTURACIÓN DE LA OBRA

La obra se divide en tres partes:

  • Cartas de mi sobrino: En esta parte Luis escribe a su tío Deán y le informa de lo que acontece en el pueblo, con Pepita, con su hermano y las actividades que realiza

  • Paralipómenos: Es la continuación de la primera parte y donde se le da precedencia a la narración. Es la división en la que suceden más cosas, se afirma el amor de Pepita y Luis, el seminarista se venga del Conde de Genahazar por calumniar a Pepita,...

  • Cartas de mi hermano: No es más que unos apuntes del narrador haciendo inciso en la vida de los personajes secundarios, como Currito, el padre Vicario, etc... y la continuación del matrimonio de los personajes principales.

  • MUJER, EDUCACIÓN, POLÍTICA Y OTROS TEMAS DE INTERÉS

    A lo largo del Antiguo Régimen, y particularmente con la transición al capitalismo y la consolidación del concepto de propiedad privada, la familia, la institución matrimonial y sobre todo la dote cumplieron la función de transmisoras y defensoras del patrimonio. Por otro lado, sirvieron para legitimar la consideración social de la mujer como eterna menor, subordinada, o bien a la tutela del padre o bien a la tutela del marido. La dote cumplía la función de compensación económica a cambio de la nueva tutela ejercida por el marido sobre la esposa, y se complementaba con la tradición de las arras como regalo - compra, equivalente por lo general a una décima parte del valor de los bienes dotales. En el ámbito rural, la mujer, además del trabajo doméstico, se ocupaba del trabajo en el campo y, a través de la educación de sus hijos y de la influencia de su marido, contribuía a mantener el modo de vida tradicional. Este modelo de familia, en retroceso ya a partir de la Revolución Industrial, fue idealizado y utilizado como referente simbólico por distintas ideologías conservadoras. En el ámbito religioso, el catolicismo se presentaba como el auténtico artífice de la liberación de la mujer. Así, el matrimonio monógamo e indisoluble y la normativa estricta sobre el ejercicio de la sexualidad fueron presentados como vías para esta liberación, encubriendo su función central al servicio del control sobre los hijos por el padre, cabeza de familia, y la posición secundaria ocupada en ésta por la mujer. Políticamente, a las mujeres se les negaba el derecho a una participación plena en la vida política, y no se les reconocerá hasta la Segunda República. En 1887, el proyecto de Constitución de Estado Gallego, elaborado por el Partido Federal de Galicia, y que recogía en el artículo preliminar una declaración de los derechos individuales, que concedía el derecho al voto con las limitaciones de ser mayor de 21 años, actitud y domicilio legal, haber sido instruida en las materias que abarca la Segunda Enseñanza. En el aspecto laboral, la discriminación asalarial de las mujeres fue tal, que se vieron obligadas a casarse sin amor o a prostituirse para poder sobrevivir, lo cual muestra que gracias a la sociedad machista de la época, las mujeres no se podían emancipar, o lo tenían muy difícil.

    En la educación cabe destacar distintos aspectos, gracias a un resurgimiento religioso y al principio democrático de igualdad, impulsan la educación superior de la mujer, basada siempre en la religión de Cristo. El deseo de educar a las jóvenes, nace también de los evidentes movimientos feministas que aparecen durante todo el siglo XIX, e intenta prepara a las mujeres para puestos de importancia y responsabilidades, que hasta entonces habían pertenecido a los hombres.

    Hasta el primer tercio, las instituciones de segunda enseñanza se dedicaban exclusivamente a la educación de varones. En algunos lugares se dejaban que asistiesen a clase las muchachas durante un breve periodo del año y se les permitía usar las clases únicamente por la mañana temprano o por la tarde, cuando los chicos no tenían escuela. El gran impulso de la educación femenina y la creación de una serie de escuelas para la educación de la mujer, suscitó reacciones en muchos sectores de la opinión pública, la cuestión era si se debía o podía educar a la mujer, se volvió un tema candente que provocó discusiones en pro y en contra. El argumento principal de la oposición fue que la constitución física de las mujeres no tolera los rigores de la educación superior. A favor se encontraban un grupo de feministas graduadas, que fundaron el International Institute for Girls in Spain, y aportan que su creación no fue algo fortuito, sino un plan madurado que la sociedad necesitaba. El propósito principal de esta educación es el hacer que las estudiantes sean mejores madres y esposas; también capacitarlas para que ocupen puestos de maestras, que poco a poco va pasando de los hombres a las mujeres, que llega a ser el sexo dominante en el profesorado elemental y medio; se aceptan también entre las profesiones propias de la mujer la de pediatra, la de farmacéutica, y naturalmente la de secretaria.

    LA VISIÓN DE PEPITA JIMÉNEZ

    En Pepita Jiménez, se nos ofrece cuatro puntos de vista, el primero el del pueblo, una perspectiva plural y general, ya que no tiene voz, pero viene representada por la multitud y el anonimato de los pronombres indefinidos y las frases impersonales, que se nos transmite por medio de las cartas de Luis de Vargas hacia Déan, su tío, cosas que el seminarista oyó a las gentes:

    No conozco aún a Pepita Jiménez. Todos dicen que es muy linda. Yo sospecho que será una beldad lugareña y algo rústica. Por lo que cuentan, no acierto a decidir si es buena o mala moralmente; pero sí sé que es de gran despejo natural. Pepita tendrá veinte años; es viuda; sólo tres años estuvo casada. Era hija de doña Francisca Gálvez, viuda como usted sabe, de un capitán retirado.

    (Cartas de mi sobrino)

    La siguiente idea que se tiene de las mujeres es la que encontramos en la educación religiosa Luis de Vargas, ya que éste iba a ser nombrado sacerdote en breve, antes de que partiese para visitar a su padre. La tradición religiosa implantada en el seminarista, mostraba los aspectos más sucios y crueles de la mujer, era seductora y frívola, como un escorpión según los moralistas y los ascetas. Esta visión origina un conflicto dentro de los valores de Luis, por un lado están los valores inculcados por la iglesia, es decir, lo teórico. En cambio cuando conoce a Pepita Jiménez, descubre que la maldad de las mujeres es casi una invención eclesiástica, y que ésta mujer (su única referencia) es tan pura, casta e inmaculada como un ángel. De ésta forma le comenta a su tío Déan su hallazgo:

    No crea usted que recodé lo que tantos y tantos moralistas y ascetas; pero allá en mi mente pensé que exageraban el peligro. Aquello del Espíritu Santo de que el que echa mano a una mujer se expone como si cogiera un escorpión, me pareció dicho en otro sentido. Sin duda que en los libros devotos, con la más sana intención, se interpretan harto duramente ciertas frases y sentencias de la escritura. ¿Cómo entender, si no, que la hermosura de la mujer, obra tan perfecta de Dios, es causa de perdición siempre?

    (Cartas de mi sobrino)

    La siguiente perspectiva, es también de Luis de Vargas, y no es más que lo que ve, una mujer, sin ningún tipo de prejuicios, la mujer en su estado natural. El seminarista ve a Pepita casi como se la habían descrito, pura e incólume, y no hace más que eso, describirla:

    Disimula mucho, a lo que yo presumo, el cuidado que tiene de su persona; no se advierten en ella ni cosméticos ni afeites; pero la blancura de sus manos, las uñas tan bien cuidadas y acicaladas, y todo el aseo y la pulcritud con que está vestida, denotan que cuida de estas cosas más de lo que se pudiera creerse en una persona que vive en un pueblo [...]

    Tiene la casa limpísima, y todo en un orden perfecto. Los muebles no son artísticos ni elegantes; pero tampoco se advierte en ellos nada pretencioso y de mal gusto.

    (Cartas de mi sobrino)

    La cuarta y última visión de Pepita, es la que ella tiene de sí misma después de haber besado a Luis de Vargas, y cerciorarse del rechazo que el seminarista le hizo al principio, excusándose de tal acción alegando que tenía el deber de entregar su alma a Dios, pero al final le vence el amor por Pepita. Mientras Pepita relata los hechos al padre Vicario, ésta se define de la siguiente manera:

    Soy avarienta porque poseo cuantiosos bienes y no hago las obras de caridad que debiera hacer; soy soberbia, porque he despreciado a muchos hombres, no por virtud, no por honestidad, sino porque los hallaban acreedores de mi cariño; Dios ha permitido que ese tercer enemigo, de que usted habla, se apodere de mí.

    (Paralipómenos)

    Además de estas pinturas, que de Pepita se hacen, cabe destacar su vasta cultura y de la buena reputación que ha conseguido de entre las gentes del pueblo. Pepita siempre se muestra diestra a la hora de entablar conversación, sea el tema que sea, hace honor de su sabiduría. Pero no sólo es mañosa a la hora de hablar, sino también cuando realizan esa escapada ecuestre, donde ella exhibe su gran habilidad en equitación.

    CONCLUSIÓN

    Las mujeres del siglo XIX y de épocas anteriores, sufrieron en sus propias carnes la discriminación, y hasta tal extremo de llegar casi a la esclavitud, además de una total dependencia de la figura paterna y más tarde del marido sin más remedio que quedar excluidas a las labores del hogar. Como sostenían los más conservadores, la educación femenina no es más que la labor de las manos. También propugnaron movimientos machistas, que el estado dejaba elegir a las mujeres su profesión, pero que alguien debía ocuparse del hogar, una postura insostenible, y que se cae por su propio peso. Aún actualmente la mujer no disfruta ni una plena igualdad en todos los aspectos de la vida cotidiana, ni una plena liberación, algo que favorecería sin duda a los dos sexos y a todo la raza humana en general

    Héctor González Morán, Santa Marta de Tomes a 24 de marzo de 2000

    BIBLIOGRAFÍA

    PEPITA JIMÉNEZ, Juan Valera, Editorial Cátedra

    DISCURSO SOBRE LA EDUCACIÓN FÍSICA Y MORAL DE LAS

    MUJERES, Josefa Amar y Borbón, Editorial Cátedra

    CIEN AÑOS DE EDUCACIÓN DE LA MUJER ESPAÑOLA, Carmen de

    Zulueta, Editorial Castalia.

    HISTORIA DE LA LITERATURA ( Volumen VII, Realismo y

    Posromanticismo), E. Iañez, Editorial Tesys-Bosch

    TEXTOS PARA LA HISTORIA DE LAS MUJERES EN ESPAÑA,

    V.V.A.A., Editorial Cátedra