Pensamiento platónico

Filosofía griega. Platón. Constitución del universo. Teoría de las ideas. Doctrina platónica del alma. Ética y política

  • Enviado por: Alberto Asuero Arroyo
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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PLATÓN

1. LA CONSTITUCIÓN DEL UNIVERSO.

Platón rechazaron algunos modelos cosmológicos anteriores como por ejemplo el atomismo mecanicista propuesto por Leucipo y Demócrito. Este rechazo trajo una doble consecuencia. De una parte el conocimiento de la naturaleza resultaba imposible, pues no se le da ninguna explicación a las formas infinitas que pueden adquirir los átomos moviéndose en el vacío. De otra parte decimos que el cosmos, el orden, proviene del desorden debido a que el universo, es un producto imprevisible de las colisiones o combinaciones infinitas que pueden adoptar los átomos. Esta idea es rechaza por Platón de manera radical pues éste afirma que el orden nunca puede ser el resultado azaroso del desorden, así Platón se apoya en Anaxágoras retomando la idea de que hay un inteligencia ordenadora como principio rector del universo, para Platón “Demiurgo”, y solo de ella puede provenir el orden. El Demiurgo actúa sobre una materia eterna, caótica (sustrato material informe) a la que Platón llamó de muchas manera (“chora”). Este sustrato no es estático e inerte, sino dotado de movimientos irregulares caóticos. Esto difiere de la masa de Anaxágoras y Platón se aproxima más al tomismo al admitir una materia eterna y eternamente agitada.

Junto a estos dos principios ( la inteligencia ordenadora y la materia eterna y eternamente en movimiento), se establece un tercer principio: las ideas, que son el plan o modelo que sigue el Demiurgo mientras fabrica o construye, y plasma estas ideas en la materia lo más perfectamente posible. Para platón la imperfección es debida a que la materia no es perfecta y al trabajar el Demiurgo sobre esta introduce un factor de desorden e indeterminación. Platón afirma que estas ideas en las que se basa el Demiurgo corresponden a entidades inmateriales, absolutas, inmutables y universales independientes del mundo físico. Así Platón realiza una concepción dualista de la realidad: el mundo de las ideas (inmateriales e inmutables, perfecto) y el mundo físico (material y sometido a cambios y movimientos, imperfecto). Por tanto las ideas imponen a la materia una estructura inteligible, una consistencia y una estabilidad que la materia no posee suyo. Cabe resaltar que Platón aceptó la formalidad y la constitución del universo de los pitagóricos, por esto dice que el Demiurgo impone a la materia estructuras geométricas conforme a ideas o formas geométricas.

Platón recurrió mucho al mito para explicar sus teorías, por ejemplo destacamos el mito “Timeo” en el que explica la constitución del universo físico. En este mito se discute la naturaleza del Demiurgo, como un dios que actúa sobre la materia o como modelo de ordenación de las ideas en cuyo caso estaríamos ante una manera mítica de expresar la acción configuradota de las ideas sobre la materia. Esta obra tuvo gran influencia durante siglos y especialmente en los pensadores cristianos, pero destacamos la diferencia de que el Demiurgo platónico no crea.

2. LA REALIDAD Y EL CONOCIMIENTO.

2.1. La estructura de la realidad: las ideas y el mundo físico.

Origen de la teoría de las ideas

En primer lugar matizaremos que la pregunta sobre el origen de la teoría platónica de las ideas no puede ser respondido de un modo definitivo y satisfactorio. En la filosofía presocrática encontramos elementos que influyeron en la formulación de la teoría platónica. Destacamos como los mayores influyentes a Parménides y a los pitagóricos. En cuanto al primero podemos decir que fue de todos los filósofos junto con Sócrates, el que más influyó; pues su distinción entre lo que realmente existe (el mundo de las ideas para Platón) y el universo cambiante que nos muestran los sentido (el mundo físico). De los segundos, encontramos influencia en as ideas de la doctrina platónica (entes matemáticos).

Como mencionamos anteriormente encontramos como influyente a Sócrates, en los diálogos entre Platón y él aparecen preguntas sobre una virtud o un concepto moral, detrás de esta pregunta encontramos que alguien quien formula este tipo de preguntas presupone que existe un rasgo común a todas las acciones. Ese rasgo que es común y por tanto no lo podemos identificar con una acción en particular, será para Platón una idea. Por ejemplo: ¿qué es la justicia?, así este rasgo que es común y no lo podemos identificar con ninguna acción justa en particular, será para Platón la idea de justicia. Pero debemos resaltar que Sócrates no separaba los universales (no consideraba los conceptos universales como otra realidad).

Imitación y participación de las ideas.

En uno de los diálogos mas bellos y complejos el “Fedro” se hace una amplia referencia a las ideas dentro de una narración mítica en la que se cuenta el destino de las almas (almas ascienden hasta la superficie exterior y se contemplan las ideas, situadas fuera del universo en un lugar supraceleste). Por medio de este mito Platón expresa su dualidad de la realidad y afirmar que las ideas no dependen ni en su ser ni en su verdad ni en su permanencia de las cosas sensibles Según esto Platón afirma que las ideas no dependen en su ser de los seres físicos (un triángulo se nos presenta de diferente manera al triángulo ideal debido a la imperfección del mundo sensible pero realmente solo existe el triángulo ideal). Pero los seres físicos si dependen de las ideas. Platón recurrió a dos términos para explicar esta relación: participación (methesis) decimos que se produce participación cuando los seres sensibles participan en las ideas correspondientes y hablamos de imitación cuando los mismos imitan las ideas (esta noción es más utilizada por en sus últimas obras); según la imitación las ideas son modelos que las cosas pretenden imitar, pero que nunca consiguen. Por tanto decimos que las ideas son ideales que se cumplen de un modo deficiente en el ámbito de lo sensible.

El sistema de las ideas.

Para Platón las ideas constituyen un sistema en el que todas las ideas se ensamblan y coordinan en una gradación jerarquizada cuya cúspide es la idea de bien, la idea de bien es la expresión del orden, del sentido y de la inteligibilidad de lo real.

2.2. Las formas de conocimiento

Platón en toda su obra expresa una ontología radicalmente dualista: (el mundo físico y el mundo de las ideas. Así a cada uno de los niveles le corresponde una forma de conocimiento:

Saber y opinión.

En toda su obra platón contrapone estas dos formas de conocimiento, y no solo en el estudio del conocimiento sino también en el de otros ámbitos, como el político. Así la opinión puede ser inestable y por tanto puede ser errónea, mientras que el saber es estable y firme y por tanto excluye la posibilidad de error. Ante esta situación y aplicando la filosofía de Parménides Platón nos afirma que el saber o ciencia (episteme) se basa en razones, mientras que la opinión (doxa) carecen de fundamento sólido. Precisamente y por basarse en razones, el saber es conocimiento verdadero y fiable. Así pues el conocimiento intelectual es capaz de captar las ideas, las esencias inteligibles y los sentidos (conocimiento sensible) por su parte nos ofrecen impresiones e imágenes cambiantes del mundo físico en constante devenir (en esta última expresión de que el mundo se halla en constante devenir vemos la influencia de Demócrito).

En la obra “República” Platón afirma que no son solo formas de conocimiento diferentes sino que además se refieren a objetos distintos. El saber tiene como objeto las estructuras inteligibles, las ideas, mientras que la opinión el mundo físico, sensible. Por tanto decimos que el conocimiento de las ideas y sus relaciones constituyen el auténtico saber (episteme o ciencia). En esta obra platón señala los pasos que ha de seguirse para alcanzar este conocimiento: primero, el estudio de las matemáticas, para después proceder a un estudio lento del sistema de las ideas, y se alcanzará el saber absoluto y total (dialéctica) cuando se haya ascendido hasta la cúspide del sistema de las ideas, es decir, hasta el conocimiento del bien.

Como ya hemos señalado en otros apartados la inestabilidad y la inexactitud son consecuencias de la inestabilidad y mutabilidad del mundo físico.

La doctrina de anamnesis (o reminiscencia).

Platón trató de conectar el conocimiento sensible con el conocimiento racional de la siguiente manera: afirmó que ver algo por medio de los sentidos evoca a buscar las ideas y por tanto el conocimiento sensible ha evocado nuestro conocimiento racional. Platón en distintos diálogos afirma que aprender es, en realidad, recordar. Dicha teoría la denominamos teoría de la reminiscencia. Obviamente si para obtener un conocimiento de la realidad hay que recordar es que el alma tiene en sí misma el conocimiento de las ideas, y debe recordarlo al haberlo olvidado al encarnarse en el cuerpo. El “Fedro” es un mito al que recurre Platón para explicar (algo bastante común en él) como el alma conoce las ideas antes de su entrada en el cuerpo.

3. LA DOCTRINA PLATÓNICA DEL ALMA.

Platón adoptó una postura muy semejante a la de Sócrates para afirmar la tesis de que el cuerpo estorba al alma para el conocimiento de las ideas. Así pues al reflexionar es cuando realmente se hace evidente algo de lo real pues es en este momento cuando el cuerpo no la perturba al no adherirse a él.

3.1. El dualismo alma - cuerpo.

Este dualismo alma - cuerpo se halla también estrechamente relacionado con la teoría dualista de la realidad (mundo de las ideas y mundo físico). Con este dualismo general se corresponde el dualismo antropológico: el alma es afín a las ideas lo que conlleva que ésta, al igual que el mundo de las ideas, sea afín al conocimiento inteligible; por el contrario el cuerpo es afín al mundo físico y ambos afines al conocimiento sensible. En este punto Platón recoge ideas procedentes del pitagorismo. Así:

  • El alma, afín a las ideas y como ellas, inmaterial y simple, es, por naturaleza, inmortal.

  • La unión del alma con el cuerpo no es más que un estado accidental y transitorio, que a veces Platón califica de antinatural, ya que el lugar propio del alma es el mundo de las ideas y su actividad la contemplación de las mismas.

  • La tarea fundamental del alma (cuando se halla unida al cuerpo) es purificarse, prepararse para la contemplación de las ideas. Si debe purificarse es porque se halla en un estado de impureza, que vienen del contacto con el cuerpo, el cuál con sus exigencias y necesidades trata de imponerse al alma, impidiéndole el ejercicio racional. Por tanto la auténtica sabiduría ha de oponerse al cuerpo y a sus demandas.

  • Consecuentemente decimos que el alma no posee más función específica que el conocimiento racional, ni más conflicto que el que enfrenta al alma y al cuerpo, ergo el alma será la encargada de controlar las pasiones, los deseos y placeres del cuerpo. Lo que se trata sin duda de una concepción excesivamente esquemática y simplificadora del psiquismo humano.

    3.2. Las tres partes del alma.

    Platón se percató de la anterior concepción esquemática y en sus obras más maduras adoptó una concepción más compleja del alma. Distinguiendo en la misma tres parte (a veces habla de tres almas). El la razón (alma racional), el ánimo (alma irascible) y el apetito (alma concupiscible). Así a la razón le corresponde controlar y ordenar el apetito, en el cuál residen los deseos irracionales y la búsqueda de placeres que se oponen a la razón. El ánimo es el coraje o fuerza que a veces concede exigencias al apetito pero que debe convertirse en aliado de la razón en la tarea de someterse y controlar las demandas del apetito.

    En el mito del “Fedro” también se hace alusión a esta estructura tripartita del alma. El auriga responsable de la conducción simboliza a la razón, el caballo negro e indisciplinado el apetito y el caballo blanco y de naturaleza noble, el ánimo o coraje. Esta concepción tripartita resulta mucho más rica para explicar la complejidad del psiquismo humano. Platón sigue considerando que, en sentido estricto y propio, el alma es la parte racional y solamente ella es inmortal. En el mito “Timeo” afirma que las otras dos partes (deseos y ánimo o coraje) se añaden al alma racional, al unirse esta accidentalmente al cuerpo desapareciendo cuando el alma se halla separada del cuerpo.

    4. ÉTICA Y POLÍTICA.

    4.1. El orden moral.

    Sócrates estaba convencido de que los conceptos morales pueden ser fijados racionalmente mediante definiciones rigurosas aunque su definición resulte difícil. Platón recoge esta convicción pero atribuyó a estos conceptos ético-políticos el estatuto de las ideas (asunto que se habla más profundamente en el epígrafe “origen de las ideas”). Según ésta convicción socrático-platónica es posible definir la justicia. Los sofistas habían señalado que el camino era analizando la naturaleza humana. Platón acepta este planteamiento sofista, pero rechaza las conclusiones de su análisis, pues según los mismos las únicas leyes naturales son la búsqueda de placer y el dominio del más fuerte, y según Platón esta doctrina se basa en un análisis incorrecto de la naturaleza humana, al olvidarse el elemento más característico de la naturaleza humana: la razón. Por tanto para definir justicia (“diké”) es necesario analizar correctamente la naturaleza humana y por tanto la justicia será el ordenamiento adecuado de estas tres partes del alma; este ordenamiento tiene lugar cuando cada parte ejerce la función que le corresponde y que le es propia. La prudencia es la virtud propia de la razón, la fortaleza o el valor es la virtud propia del ánimo, la moderación o templanza consiste en que el apetito y el ánimo se sometan a los dictados de la razón, reconociendo a esta el papel rector que le corresponde naturalmente. Cando las tres partes se comportan de este modo el alma en su conjunto es justa y ordenada.

    4.2. El orden político

    Platón es un pensador político, ante todo, y en su obra más celebre, “República”, expone un sistema político ideal, diseñado por él.

    La justicia en el estado.

    La teoría política de Platón gira en torno a dos principios fundamentales:

  • Correlación estructural entre el alma y el estado. Platón afirma que el estado tiene la misma estructura tripartita que el alma humana. Así pues divide a la sociedad en tres partes: los gobernantes (filósofos) que los relacionamos con el alma racional (episteme) y se caracterizan por la prudencia (phronesis), consideramos filósofos o sabios a los que han conseguido indagando llegar a tener un conocimiento del ideal de bien y por tanto ante ponen el bien común; mediante su prudencia condicionan al alma racional y tiene conocimiento de lo que hay que hacer realmente. Los guerreros con el alma irascible que se caracterizan por la valentía y el coraje, así como moderación y templanza y se convierten en aliados de la razón, y por tanto de los gobernantes para controlar las demandas del apetito (productores y artesanos) velan por tanto por el cumplimiento de la ley utilizando un mecanismo represivo. Por último encontramos a los productores o artesanos dedicados a la actividad económica y que relacionamos con el alma concupiscible (apetito) son hombres pocos formados y se dejan llevar por una vida placentera que los gobernantes y guerreros deben de controlar (al igual que ocurre con el alma, es decir, el ánimo se alía a la razón para controlar las demandas del apetito).

  • Principio de especialización funcional. Según éste principio para que la sociedad funcione correctamente cada individuo y cada grupo social ha de dedicarse a la tarea que le es propia.

  • Consecuentemente Platón afirma que la justicia en el estado se realiza cuando cada uno de los grupos sociales desempeña la función que le corresponde (especialización funcional) y la lleva acabo de modo adecuado, por poseer la virtud que le es propia [prudencia-gobernates, fortaleza o valor-guerreros, moderación o templaza- productores].

    El gobierno del sabio.

    En el gobierno del sistema político ideal de Platón solo tiene cabida para que los sabios sean los gobernantes ya que son los únicos que tienen conocimiento de la idead del bien y por tanto del mundo de las ideas. El conocimiento del bien es la culminación de todo saber tanto teórico como práctico: del saber teórico el conocimiento del bien hace posible la captación del orden y de la estructura de todo lo real; del saber práctico porque dicho conocimiento proporciona las normas de toda ordenación moral y política.

    Bajo el gobierno del sabio no son necesarias las leyes, ya que su saber le permitirá adoptar en cada caso las disposiciones más adecuadas.

    La educación.

    Platón piensa que la función del estado es de carácter moral: promover la virtud y la justicia, tanto individual como socialmente. Esta es la única manera de alcanzar la felicidad (alusión a la teoría de Sócrates). Así pues con una concepción tan fuertemente moralizante adquiere un papel fundamental la educación, a este tema Platón dedica muchas páginas en sus obras. En la obra república la educación se organiza en dos niveles:

    • En el nivel primario, común a todos los ciudadanos la educación se lleva a cabo por medio de la gimnasia y la música.

    • El segundo nivel reservado para los futuros gobernantes, se prolongará desde los 20 hasta los 30, 35 años. Dicho conocimiento constará en primer lugar de un estudio de las matemáticas para así disponer a la mente para actividades racionales y se aborde la dialéctica que culminará con el conocimiento del bien.

    Platón proclama la absoluta igualdad entre hombres y mujeres, además suprime la familia y la propiedad privada para los gobernantes y guerreros, pero no para los productores o artesanos; con el fin de evitar que el egoísmo se apodere de los gobernantes y guerreros.

    Posteriormente Platón suavizó sus opiniones pues no era fácil encontrar auténticos sabios gobernantes. El gobierno de los sabios fue sustituido por el gobierno de las leyes. Platón no renunció nunca a importantes principios (razón = gobernar), así pues las leyes son la expresión de la razón y la encarnación de esta es un consejo o tribunal supremo.

    El objetivo, globalmente, consiste en establecer justicia para que sea posible la felicidad en el estado.