Pensamiento económico

Producción. Consumo. División de trabajo. Feudalismo. Capitalismo. Mercantilismo. Comunismo. Industrialización. Teorías económicas

  • Enviado por: Tamara
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INTRODUCCIÓN;

EL PRINCIPIO DE LA ECONOMÍA

La economía es el conjunto de actividades mediante las cuales una colectividad satisface sus necesidades de producción y consumo de bienes.

Para entender el pensamiento económico haría falta estudiar la sociología de la economía, es decir, las interrelaciones de un orden económico dado con la sociedad que lo practica. Desde el punto de vista sociológico, nos interesan mas, los aspectos culturales, socio estructurales, filosóficos y psicológicos de la producción, cambio, tráfico y consumo de bienes. Haría falta contemplar los efectos económicos del acceso al poder político de un grupo social determinado; las repercusiones que tienen nuevos métodos de producción sobre una comunidad dada; la alienación psicológica, material y cultural que sufren quienes son explotados económicamente y así.

Decimos que la economía es un proceso de satisfacción de necesidades y de consumo de bienes. Lo cual nos lleva a entender la propiedad. Que es el derecho que se posee sobre las cosas y personas y que su distribución, método de transmisión y modo de ejercitarse (división social del trabajo), caracteriza cada sistema económico. Ahora, en todas las sociedades hay dos clases de propiedad; privada y común. A partir de una propiedad tribal comunal (de territorios como bosques, etc.), las sociedades fueron desarrollando modos de distribución de bienes (aunque desigualmente), y algunas sociedades se organizaron sobre la base de la propiedad despótica de toda la riqueza territorial. Otras, evolucionaron hacia la desigualdad feudal típica de la europa medieval y del japón anterior al s.XIX y otras, evolucionaron desde el feudalismo hacia el individualismo capitalista basado en la acumulación del capital y en su defensa. La aparición del neocapitalismo, del estado asistencial o benefactor y sobre todo del socialismo, muestran que la propiedad no deja de evolucionar.

Pero centrándonos en el tema del pensamiento económico, introduciendo la idea de la propiedad, se podría tomar una idea del principio de la economía que es la producción, consumo de bienes y sobretodo la administración y gestión de la misma.

Durante siglos, la economía solamente existió de modo implícito, es decir, como una práctica, sin que el hombre abordara su teorización. Elementos como la producción, la distribución y el mercado, que es la sede del intercambio de mercancías, existían y se combinaban en la vida cotidiana, constituyendo la práctica económica, caracterizada esencialmente por la improvisación y la espontaneidad. Mientras las sociedades consumían aquello económicamente. Cuando apareció el sobrante o excedente económico, que permitía el intercambio en el mercado, el hombre comenzó a desarrollar lo que David Ricardo (1772-1823) llamó el “cálculo económico”, cuyo centro de gravedad era la obtención del máximo de beneficio en las operaciones de intercambio.

Sin embargo, fue necesario llegar a los siglos XVIII y XIX y a la revolución tecnológica que comportó progresivamente una producción en gran escala, para que aquél rudimentario cálculo económico se transformara en la ciencia económica bajo la presión de la evidencia de los hechos.

Las grandes unidades de producción y distribución, desde la fábrica al estado, debieron abandonar la improvisación y la espontaneidad, introduciendo un cálculo económico, convertido ahora en “política económica” y su elemento central, la planificación; es decir la adecuada distribución de los recursos, la previsión de la producción y las materias primas y la precisión sobre los costos y precios, y por tanto, de los márgenes de beneficio.

Hoy la ciencia económica ocupa un lugar tan destacado como cualquiera de las grandes ciencias físicas, y el “hecho económico” es el eje de la vida de las sociedades modernas, tanto a nivel interno como a nivel exterior, pero en un proceso de engarce global que permite ya hablar de la “economía mundial”, de tal modo que una crisis aparentemente sectorial, de una materia prima o de un producto, tienen inmediatas repercusiones en las regiones más lejanas del globo. Sin embargo, es necesario no olvidar una realidad que en ocasiones parece oscurecerse: la economía debe estar al servicio del hombre, para que éste pueda alcanzar un grado mayor de felicidad.

Es decir, la pensamiento económico trae sus raices desde que el hombre tiene necesidades; tanto para subsistir como para realizarse y perfeccionarse, el hombre necesita continuamente de algo que tiene que encontrar fuera de sí mismo y tiene que encontrarlo con cierta cantidad de esfuerzo propio o trabajo.

PROPIEDAD Y MODO DE PRODUCCIÓN

En el orden económico sobre el que se apoya una sociedad pueden distinguirse 4 diferentes dimensiones generales, inseparables en el realidad:

1- una base de recursos brutos (que hacen posible la economía).

2- un conjunto de conocimientos o saberes técnicos (de relevancia económica: estos dominios técnicos no producen por sí mismos ninguna estructura económica concreta). Este conjunto de conocimientos y saberes incorporados a la población forma el capital humano.

3- la organización humana del tráfico en la que se plasma la estructura económica (división de tareas, responsabilidades, beneficios e ingresos y distribución de privilegio, poder y autoridad en el proceso de producción, distribución y consumo de bienes).

4- valores morales e ideológicos (que orientan una economía determinada, legimitan los sacrificios y dirigen flujos de bienes en direcciones diversas).

Si comparamos el dirigismo económico soviético con la dinámica del capitalismo yanqui o japonés de la misma época veremos cómo en las sociedades industriales avanzados los recursos, las inversiones y la labor humana van por caminos distintos en cada caso.

La riqueza no es el mero cúmulo de todas estas dimensiones de la economía: los recursos por sí solos, no son riqueza. Sus componentes y resultados varían según el orden social que se verán mas adelante.

1: EL MODO DE PRODUCCIÓN

Constituye una combinación de fuerzas productivas (los medios de producción en general) y relaciones sociales (que poseen forzosamente un elemento de poder y autoridad).

Las relaciones de producción constituyen el conjunto de relaciones que existen entre las diversas colectividades, clases sociales y grupos en un modo dado de producción. Cada modod de producción se puede concebir como conjunto de fuerzas cuyas tensiones poseen una dinámica interna, de naturaleza histórica.

LA DIVISIÓN DEL TRABAJO

1: NATURALEZA Y EVOLUCIÓN DEL FENÓMENO

En toda sociedad, el esfuerzo que debe realizar la colectividad debe dividirse entre sus grupos constitutivos y sus individuos, según módulos de especialización. La división social del trabajo es una de las bases de estructuración más importantes. Esta división es, en gran parte, cultural (pues depende de nuestra capacidad de pensar métodos de producción y tipos de consumo, asi como normas, actitudes y valores), pues, la división del trabajo está relacionada con la evolución misma de la humanidad.

Al distinguir entre comunidades y asociaciones, según Durkheim, la cohesión social se mantiene según una cooperación que podríamos llamar solidaridad mecánica: cada individuo realiza aproximadamente las mismas operaciones y tareas, con un mínimo de diferenciación, basado en la fortaleza física. En la edad y en el género o sexo. Las sociedades complejas, mantienen su cohesión mediante la solidaridad orgánica, en la que predomina la especialización de tareas y su mutua complementariedad. Las causas históricas de la aparición y el desarrollo de la solidaridad orgánica se pueden clasificar; aquí, sus causas primarias:

1- la desaparición del tipos social segmentario a causa del enriquecimiento de su ámbito de vida.

2- el aumento del volumen de las sociedades y el aumento de la densidad de la población.

Y sus causas secundarias:

1- la menor dependencia del medio físico y el enriquecimiento y variedad de sus contenidos.

2- la sustitución de la tradición por actitudes al cambio y a la innovación. Cada individuo se dedica a un número limitado de operaciones productivas diferentes y que las complementan. Lo característico es la especialización. Tanto este tipo de solidaridad, como la división del trabajo son históricamente progresivas y preponderan sobre la solidaridad homogénea o mecánica de las sociedades arcaicas o tribales.

Como consecuencia, todos somos espejo moral y físico de los sistemas sociales. No obstante, con la aparición de la automatización industrial nos encontramos con una nueva perspectiva. La cibernética aplicada a la fabricación, a la agricultura y a la burocracia elimina las tareas repetitivas características de la industria moderna hasta ahora. Al aumentar la productividad, la automatización de gran parte del proceso productivo puede tener repercusiones como la extensión del ocio, aunque también el aumento del paro crónico, la desocupación, la jubilación anticipada o la aparición de industrias del ocio.

Se entiende tb por división social del trabajo la distribución estructural de las tareas entre los miembros de una colectividad. Esta noción tiene dos aspectos:

1- la división social, la cual se refiere a la distribución desigual de las tareas según las clases, etnias u otros.

2- la división técnica del trabajo, que se refiere a la distribución de las tareas dentro de cada institución dada.

El rol y el status de los individuos son el lugar que ocupan en la estructura de la división de tareas, determinadas por fuerzas anónimas; intereses, ideologías y grupos sociales. La división del trabajo es, en gran medida, consecuencia del sistema de desigualdad social.

2: LA ALINEACIÓN Y LA DIVISIÓN DEL TRABAJO

Los problemas de la explotación del hombre por el hombre deben entenderse como parte del sistema general de producción y consumo. La explotación a través de la coacción política, militar o a través del control de la educación, es tan significativa como la económica del trabajo permiten iluminar la cuestión con notable claridad.

Siempre que el hombre sienta que su actividad le viene impuesta injustamente, su labor estará alienada.

Las sostenidas reivindicaciones de los obreros y las recomendaciones de la sociología industrial, han conseguido reformas importantes en las empresas, muchas de las cuales han reducido o eliminado algunas formas rudas de alineación. Es importante comprender que:

1- la empresa es un sistema social, con una estructura y compuesta por grupos primarios.

2- el autoritarismo debe ser eliminado o reducido.

3- la empresa, como sistema social, necesita un estado de equilibrio.

No obstante, estas recomendaciones no parecen suficientes para la máxima reducción posible a la alineación. En el marco del capitalismo topan con sus propias contradicciones internas, es decir con la incompatibilidad innata entre ciertos intereses de los trabajadores asalariados y la de los propietarios de la empresa, sean públicos o privados. En el socialismo tecnoburocrático o estatista, la manipulación del obrero fue aun mas grave. Por ello parece recomendable que la sociología industrial y del trabajo oriente sus esfuerzos hacia la exploración de nuevas formas de superación de estos escollos.

A pesar de la existencia de ciertos intentos señalados de democracia industrial real, ciertos estudiosos consideran que, la organización del trabajo en un mundo esencialmente desigual está condenada a reflejar sus divisiones clasistas y que dentro de su dinámica actual no pueden ser superadas.

La sociología solo puede intentar definir situaciones de alineación e indicar aquellas en que ésta disminuye o no se produce. Desafortunadamente, sin embargo, las situaciones se desigualdad son las predominantes, de modo que el estudio de la estratificación la analiza.

LOS GRANDES SISTEMAS CLÁSICOS

1: EL FEUDALISMO Y SU DINÁMICA HISTÓRICA:

El feudalismo es un modo de organización social que en la Europa genuina ha aparecido de una manera clara solamente en la Europa occidental y en Japón, mientras que en el resto del mundo se hallan solamente ciertos procesos de feudalización que, más pronto o mas tarde, son interrumpidos por el surgimiento de otras estructuras más duraderas. La consolidación y expansión de la sociedad capitalista industrial, ha dado lugar a una especulación sobre la posible relación de causa a efecto entre feudalismo y capitalismo, que aquí será soslayada, aunque era menester apuntar el hecho.

La sociedad capitalista de clases e industrial surge, en todo caso, de la sociedad europea feudal. El feudalismo europeo presenta muchas e importantes variedades y un gran dinamismo evolutivo. Sociedad feudal es aquella en la que el poder político, el jurídico y el administrativo se hayan legitimado por una autoridad señorial, basada sobre una fragmentación en la soberanía y sobre relaciones de vasallaje; estas, a su vez, se hayan encontradas con la unidad económica fundamental del sistema, el feudo, que es una posesión rural. Para que haya feudalismo son esenciales una red de inmunidades señoriales, la existencia de un estamento guerrero, la división de la sociedad en grandes órdenes o estratos llamados estamentos, sancionados por las leyes, y una amplia descentralización administrativa.

2: EL CAPITALISMO

A lo largo de su historia, pero sobre todo durante su auge en la segunda mitad del siglo XIX, el capitalismo tuvo una serie de características básicas. En primer lugar, los medios de producción —tierra y capital— son de propiedad privada. En este contexto el capital se refiere a los edificios, la maquinaria y otras herramientas utilizadas para producir bienes y servicios destinados al consumo. En segundo lugar, la actividad económica aparece organizada y coordinada por la interacción entre compradores y vendedores (o productores) que se produce en los mercados. En tercer lugar, tanto los propietarios de la tierra y el capital como los trabajadores, son libres y buscan maximizar su bienestar, por lo que intentan sacar el mayor partido posible de sus recursos y del trabajo que utilizan para producir; los consumidores pueden gastar como y cuando quieran sus ingresos para obtener la mayor satisfacción posible. Este principio, que se denomina soberanía del consumidor, refleja que, en un sistema capitalista, los productores se verán obligados, debido a la competencia, a utilizar sus recursos de forma que puedan satisfacer la demanda de los consumidores; el interés personal y la búsqueda de beneficios les lleva a seguir esta estrategia. En cuarto lugar, bajo el sistema capitalista el control del sector privado por parte del sector público debe ser mínimo; se considera que si existe competencia, la actividad económica se controlará a sí misma; la actividad del gobierno sólo es necesaria para gestionar la defensa nacional, hacer respetar la propiedad privada y garantizar el cumplimiento de los contratos. Esta visión decimonónica del papel del Estado en el sistema capitalista ha cambiado mucho durante el siglo XX.

MERCANTILISMO

Desde el siglo XV hasta el siglo XVIII, cuando aparecieron los modernos Estados nacionales, el capitalismo no sólo tenía una faceta comercial, sino que también dio lugar a una nueva forma de comerciar, denominada mercantilismo. Esta línea de pensamiento económico, este nuevo capitalismo, alcanzó su máximo desarrollo en Inglaterra y Francia.

El sistema mercantilista se basaba en la propiedad privada y en la utilización de los mercados como forma de organizar la actividad económica. A diferencia del capitalismo de Adam Smith, el objetivo fundamental del mercantilismo consistía en maximizar el interés del Estado soberano, y no el de los propietarios de los recursos económicos fortaleciendo así la estructura del naciente Estado nacional. Con este fin, el gobierno ejercía un control de la producción, del comercio y del consumo.

La principal característica del mercantilismo era la preocupación por acumular riqueza nacional, materializándose ésta en las reservas de oro y plata que tuviera un Estado. Dado que los países no tenían grandes reservas naturales de estos metales preciosos, la única forma de acumularlos era a través del comercio. Esto suponía favorecer una balanza comercial positiva o, lo que es lo mismo, que las exportaciones superaran en volumen y valor a las importaciones, ya que los pagos internacionales se realizaban con oro y plata. Los Estados mercantilistas intentaban mantener salarios bajos para desincentivar las importaciones, fomentar las exportaciones y aumentar la entrada de oro.

Más tarde, algunos teóricos de la economía como David Hume comprendieron que la riqueza de una nación no se asentaba en la cantidad de metales preciosos que tuviese almacenada, sino en su capacidad productiva. Se dieron cuenta que la entrada de oro y plata elevaría el nivel de actividad económica, lo que permitiría a los Estados aumentar su recaudación impositiva, pero también supondría un aumento del dinero en circulación, y por tanto mayor inflación, lo que reduciría su capacidad exportadora y haría más baratas las importaciones por lo que, al final del proceso, saldrían metales preciosos del país. Sin embargo, pocos gobiernos mercantilistas comprendieron la importancia de este mecanismo.

SURGIMIENTO DE LA SOCIEDAD CAPITALISTA

Tanto los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilización, pero el capitalismo como sistema económico no apareció hasta el siglo XIII en Europa sustituyendo al feudalismo. Según Adam Smith, los seres humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a "realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por otras". Este impulso natural hacia el comercio y el intercambio fue acentuado y fomentado por las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las grandes travesías y expediciones de los siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio, sobre todo tras el descubrimiento del Nuevo Mundo y la entrada en Europa de ingentes cantidades de metales preciosos provenientes de aquellas tierras. El orden económico resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo objetivo principal consistía en intercambiar bienes y no en producirlos. La importancia de la producción no se hizo patente hasta la Revolución industrial que tuvo lugar en el siglo XIX.

Sin embargo, ya antes del inicio de la industrialización había aparecido una de las figuras más características del capitalismo, el empresario, que es, según Schumpeter, el individuo que asume riesgos económicos. Un elemento clave del capitalismo es la iniciación de una actividad con el fin de obtener beneficios en el futuro; puesto que éste es desconocido, tanto la posibilidad de obtener ganancias como el riesgo de incurrir en pérdidas son dos resultados posibles, por lo que el papel del empresario consiste en asumir el riesgo de tener pérdidas.

El camino hacia el capitalismo a partir del siglo XIII fue allanado gracias a la filosofía del renacimiento y de la Reforma. Estos movimientos cambiaron de forma drástica la sociedad, facilitando la aparición de los modernos Estados nacionales que proporcionaron las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo del capitalismo. Este crecimiento fue posible gracias a la acumulación del excedente económico que generaba el empresario privado y a la reinversión de este excedente para generar mayor crecimiento.

Existe abundante especulación e investigación sobre los orígenes históricos del orden capitalista y las teorías:

1- la lógica interna del feudalismo. El mundo feudal implicó una fragmentación política que permitió una cultura burguesa y un nuevo modo de producción basado en el mercado. Así, sentó las bases de una nueva sociedad, en la que el compromiso, la tolerancia y el pactismo surgían de una situación de hecho en que la iglesia y otros componentes entraban en un juego político en el que era imposible el dominio absoluto de ninguno de ellos sobre todos los demás.

2- la mudanza de la vida familiar y la expansión demográfica. A partir del s.VII, aumentó, seguramente a causa de una serie de innovaciones técnicas, que produjo, en general, un mayor bienestar entre los siervos y los campesinos y un aumento de la capacidad de estos de comprobar su libertad y emigrar a los burgos. El crecimiento de villas y ciudades, les permitió adquirir aún mayores libertades y consolidar su prosperidad frente a un mundo masivamente rural y feudalizado.

Se produjeron señalados cambios en el tamaño y en el modo de vida de la familia europea occidental, que tuvieron efectos para el nacimiento de la sociedad moderna. Se generalizó el matrimonio tardío a causa de la neolocalidad y el debilitamiento de la familia extensa semitribal con el reforzamiento paralelo de la familia nuclear. Ello permitió la reducción de la dependencia maltusiana de la población de la fluctuaciones de las subsistencias, la retención de la herencia en manos de las familias relativamente reducidas y la socialización mas intensa de la prole, a la que se empezó a inculcar una ética incipientemente individualista y basada en la iniciativa personal y valores mas “modernos” en la educación de los niños, los bienes familiares y el tamaño de las familias.

3- el auge del mercado de bienes. El debilitamiento de la actitud feudal ante los bienes muebles y su posesión fue acompañado de un crecimiento del mercado independiente en el que dominaban leyes de oferta y demandada, las cuales, a su vez, crearon un nuevo mundo económico, el del capitalismo mercantil primitivo. Su extensión al resto de la sociedad transformó las relaciones de producción y las sociales.

4- el desarrollo del modo de producción industrial. Durante el s.XVII, se creó la base con la introducción de maquinaria y el uso de energía de carbón, para la gran revolución industrial de los dos siglos siguientes. Todo este proceso reforzó las antiguas burguesías financieras y ayudó a crear las primeras burguesías industriales. La financiación de la reinversión sistemática de los beneficios se produjo merced a la apropiación interrumpida, del excelente económico de la creciente clase obrera asalariada.

5- la nueva mentalidad burguesa y capitalista. Es mas probable que las nuevas actitudes de la modernidad fueran generadas en una primera fase por cambios estructurales materiales, pero cabe poca duda de que potenciaron la consolidación final de la sociedad clasista y el capitalismo. El nuevo capitalismo se basa en la maximización de los beneficios, la consideración del trabajo manual, la reinversión de las ganancias y el cálculo de riesgos y de beneficios a largo plazo.

Estos son algunos factores cuya confluencia en la Europa de los siglos XV-XVIII, sentó las bases para la aparición de la primera sociedad plenamente moderna: la sociedad burguesa industrial y capitalista industrial, entre el inicio de la revolución francesa (1789) y el comienzo de la primera guerra mundial (1914).

EL CAPITALISMO DEL S.XX

Durante casi todo el siglo XX, el capitalismo ha tenido que hacer frente a numerosas guerras, revoluciones y depresiones económicas. La I Guerra Mundial provocó el estallido de la revolución en Rusia. La guerra también fomentó el nacionalsocialismo en Alemania, una perversa combinación de capitalismo y socialismo de Estado, reunidos en un régimen cuya violencia y ansias de expansión provocaron un segundo conflicto bélico a escala mundial. A finales de la II Guerra Mundial, los sistemas económicos comunistas se extendieron por China y por toda Europa oriental. Sin embargo, al finalizar la Guerra fría, a finales de la década de 1980, los países del bloque soviético empezaron a adoptar sistemas de libre mercado, aunque con resultados ambiguos. China es el único gran país que sigue teniendo un régimen marxista, aunque se empezaron a desarrollar medidas de liberalización y a abrir algunos mercados a la competencia exterior. Muchos países en vías de desarrollo, con tendencias marxistas cuando lograron su independencia, se tornan ahora hacia sistemas económicos más o menos capitalistas, en búsqueda de soluciones para sus problemas económicos.

En las democracias industrializadas de Europa y Estados Unidos, la mayor prueba que tuvo que superar el capitalismo se produjo a partir de la década de 1930. La Gran Depresión fue, sin duda, la más dura crisis a la que se enfrentó el capitalismo desde sus inicios en el siglo XVIII. Sin embargo, y a pesar de las predicciones de Marx, los países capitalistas no se vieron envueltos en grandes revoluciones. Por el contrario, al superar el desafío que representó esta crisis, el sistema capitalista mostró una enorme capacidad de adaptación y de supervivencia. No obstante, a partir de ella, los gobiernos democráticos empezaron a intervenir en sus economías para mitigar los inconvenientes y las injusticias que crea el capitalismo.

Así, en Estados Unidos el New Deal de Franklin D. Roosevelt reestructuró el sistema financiero para evitar que se repitiesen los movimientos especulativos que provocaron el crack de Wall Street en 1929. Se emprendieron acciones para fomentar la negociación colectiva y crear movimientos sociales de trabajadores que dificultaran la concentración del poder económico en unas pocas grandes corporaciones industriales. El desarrollo del Estado del bienestar se consiguió gracias al sistema de la Seguridad Social y a la creación del seguro de desempleo, que pretendían proteger a las personas de las ineficiencias económicas inherentes al sistema capitalista.

El acontecimiento más importante de la historia reciente del capitalismo fue la publicación de la obra de John Maynard Keynes, La teoría general del empleo, el interés y el dinero (1936). Al igual que las ideas de Adam Smith en el siglo XVIII, el pensamiento de Keynes modificó en lo más profundo las ideas capitalistas, creándose una nueva escuela de pensamiento económico denominada keynesianismo.

Keynes demostró que un gobierno puede utilizar su poder económico, su capacidad de gasto, sus impuestos y el control de la oferta monetaria para paliar, e incluso en ocasiones eliminar, el mayor inconveniente del capitalismo: los ciclos de expansión y depresión. Según Keynes, durante una depresión económica el gobierno debe aumentar el gasto público, aun a costa de incurrir en déficit presupuestarios, para compensar la caída del gasto privado. En una etapa de expansión económica, la reacción debe ser la contraria si la expansión está provocando movimientos especulativos e inflacionistas.

3: COMUNISMO

El comunismo es una, ideología política cuya principal aspiración es la consecución de una sociedad en la que los principales recursos y medios de producción pertenezcan a la comunidad y no a los individuos. En teoría, estas sociedades permiten el reparto equitativo de todo el trabajo en función de la habilidad, y de todos los beneficios en función de las necesidades. Algunos de los conceptos de la sociedad comunista suponen que, en último término, no se necesita que haya un gobierno coercitivo y, por lo tanto, la sociedad comunista no tendría por qué tener legisladores. Sin embargo, hasta alcanzar este último estadio, el comunismo debe luchar, por medio de la revolución, para lograr la abolición de la propiedad privada; la responsabilidad de satisfacer las necesidades públicas recae, pues, en el Estado.

El concepto comunista de la sociedad ideal tiene lejanos antecedentes, incluyendo La República de Platón y las primeras comunidades cristianas. La idea de una sociedad comunista surgió, a principios del siglo XIX, como respuesta al nacimiento y desarrollo del capitalismo moderno. En aquel entonces, el comunismo fue la base de una serie de afirmaciones utópicas; sin embargo, casi todos esto primeros experimentos comunistas fracasaron; realizados a pequeña escala, implicaban la cooperación voluntaria y todos los miembros de las comunidades creadas participaban en el proceso de gobierno.

Posteriormente, el término `comunismo' pasó a describir al socialismo científico, la filosofía establecida por Karl Marx y Friedrich Engels (que veremos mas adelante) a partir de su Manifiesto Comunista. Desde 1917, el término se aplicó a aquellos que consideraban que la Revolución Rusa era el modelo político ideal, refundido el tradicional marxismo ortodoxo con el leninismo, creador de una verdadera praxis revolucionaria. Desde el inicio de aquélla, el centro de gravedad del comunismo mundial se trasladó fuera de la Europa central y occidental; desde finales de la década de 1940 hasta la de 1980, los movimientos comunistas han estado frecuentemente vinculados con los intentos de los países del Tercer Mundo de obtener su independencia nacional y otros cambios sociales, en el ámbito del proceso descolonizador.

LA HISTORIA COMO PENSAMIENTO ECONÓMICO

1: ESCOLÁSTICA (ciencia moderna)

Aquí, introducimos el resumen del libro, “Economía Y Filosofía Moral: la formación del pensamiento económico europeo en la escolástica española”:

En los s.s. xvi y xvii, se enfrentan en Europa dos modos de entender la investigación de la realidad natural y social: el aristotélico, que se empleaba de forma «normal», y el platónico, que se presentaba como «ciencia revolucionaria». Del enfrentamiento de las dos concepciones surge la que después sería ciencia moderna, y en este clima elaboraron su pensamiento económico los doctores escolásticos españoles. Es un pensamiento que se va distanciando de la matriz disciplinar medieval, pero que todavía no ha arribado a los puertos de la matriz disciplinar moderna; podemos calificarlo como un pensamiento económico de transición.
El primer capítulo del libro expone el contacto, primero como alumnos, después como maestros, que existió con las Universidades europeas más famosas por parte de las corrientes filosóficas más influyentes. En este capítulo se presta especial atención al influjo que sobre los españoles tuvo el movimiento nominalista, centrado en el s. XVI, en la figura del escocés John Mair, antecesor de A. Smith en la Universidad de Glasgow.
En el capítulo segundo se analiza el influjo del nominalismo que se manifiesta en la epistemología que los doctores españoles aplicaron a la ley natural. En el paradigma escolástico español, el conocimiento de la ley natural únicamente conduce a la formulación de opiniones más o menos probables, no a la formulación de conclusiones necesarias y ciertas.
El tercer capítulo está dedicado a la propiedad privada. Esta institución social es defendida por los doctores españoles con carácter condicioinal e histórico, es decir, en tanto en cuanto contribuya a un mejor uso de los recursos naturales por parte de la humanidad, y no sólo del sujeto titular. El derecho de propiedad no podrá ser un derecho absoluto sino subordinado al fin social y universal para el que los recursos naturales fueron
creados. En el capítulo cuarto se estudia el carácter subordinado de la propiedad privada.
En el quinto capítulo se expone lo que entendían por precio justo. Se observa el cambio de paradigma que se produjo al pasar del precio justo de la escolástica al precio de equilibrio de la escuela clásica. Para percibir ese cambio se presenta el análisis del «regateo» y las «votaciones» en el mercado, tal y como desarrollaron ese análisis los doctores españoles en los s.s. XVI y XVII, en contraste con el análisis que de esos mismos procesos realizaron economistas posteriores. De igual forma, el significado social y el alcance analítico del cambio de paradigma se analizan tomando como referencia la distinción aristotélica entre «economía» y «crematística» y el significado del «postulado de equivalencia», en tres momentos sucesivos en la historia del pensamiento económico: los escolásticos (s.s. xvi-xvii) k. Marx (s. xix) y J.M. Keynes (s. xx).
El capítulo sexto está dedicado a la teoría del dinero y consta de tres partes complementarias. En la primera, se describe el marco institucional en el que se elaboró el pensamiento monetario de los doctores españoles; en la segunda, se expone la definición y funciones que los doctores atribuyeron al dinero; y por último, en la tercera, se presenta el problema del dinero, el interés y la usura.

El séptimo capítulo nos presenta sucintamente el pensamiento hacendístico de los doctores españoles abordando la problemática del impuesto justo, el bien común como causa justa del impuesto, la proporcionalidad del mismo, o la inflación como impuesto injusto.
El último capítulo muestra la resonancia y la difusión que las ideas de los doctores españoles tuvieron en la Europa del s. xvii.
Una interesante y meritoria obra que ayuda a tener una idea más exacta de cómo el pensamiento económico gozó en la España de los s.s. xvi y xvii de la personalidad propia que le confería el ser fruto de la recta razón.

Escolasticismo, movimiento filosófico y teológico que intentó utilizar la razón natural humana, en particular la filosofía y la ciencia de Aristóteles, para comprender el contenido sobrenatural de la revelación cristiana. Principal movimiento en las escuelas y universidades medievales de Europa, desde mediados del siglo XI hasta mediados del siglo XV, su ideal último fue integrar en un sistema ordenado tanto el saber natural de Grecia y Roma como el saber religioso del cristianismo. El término escolástica también se utiliza en un sentido más amplio para expresar el espíritu y métodos característicos de ese momento de la historia de la filosofía o cualquier otro espíritu o actitud similar hacia el saber encontrados en otras épocas. El término escolástica, que en su origen designaba a los maestros de las escuelas monásticas o catedralicias medievales, de las que surgieron las universidades, acabó por aplicarse a cualquiera que enseñara filosofía o teología en dichas escuelas o universidades.

CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES DEL

ESCOLASTICISMO

Los pensadores escolásticos sostuvieron una amplia variedad de ideas tanto en filosofía como en teología. Lo que da unidad a todo el movimiento escolástico son las metas comunes, las actitudes y los métodos aceptados de un modo general por todos sus miembros. La principal preocupación de los escolásticos no fue conocer nuevos hechos sino integrar el conocimiento ya adquirido de forma separada por el razonamiento griego y la revelación cristiana. Este interés es una de las diferencias más características entre la escolástica y el pensamiento moderno desde el renacimiento.

El objetivo esencial de los escolásticos determinó algunas actitudes comunes, de las que la más importante fue su convicción de la armonía fundamental entre razón y revelación.

4: MARX Y ENGELS

Vivió en París (1843) y en Bruselas (1845), donde entró en contacto con el movimiento obrero. En París conoció a Engels, con quien mantuvo una estrecha colaboración el resto de su vida. Expulsado de Alemania por su participación en la revolución de 1848, fijó definitivamente su residencia en Londres. Allí se dedicó, con bastantes estrecheces económicas, al estudio, el periodismo y la política. En 1864 participó en la fundación de la Asociación Internacional de Trabajadores, o Primera Internacional, cuyos estatutos redactó. Su obra contiene elementos de filosofía, historia, economía, derecho y política. En ella se sostiene que la historia de la humanidad es la historia de la lucha de clases, surgidas con la aparición de la propiedad privada. A lo largo de la historia se suceden una serie de modos de producción hasta llegar al capitalismo, caracterizado por el trabajo asalariado de la clase obrera y la obtención de plusvalía por parte del empresario o dueño de los medios de producción. En opinión de Marx, el desarrollo del capitalismo preparará la aparición de una nueva etapa histórica, el socialismo, caracterizado por la abolición de la propiedad privada y por la paulatina desaparición de las clases sociales, etapa que culminará en el comunismo. Una de las principales divergencias de Marx con el anarquista Bakunin residió en las características que debía tener el socialismo: mientras que Bakunin se mostraba partidario de la desaparición del Estado, Marx sostenía la necesidad de un Estado controlado por la clase obrera (dictadura del proletariado), que salvaguardara las conquistas políticas obtenidas. La obra más importante de Marx es El capital, del que en vida sólo publicó el primer tomo (1867), y en el que hace un minucioso análisis de los orígenes, evolución y características del capitalismo del s. XIX. Otras obras son los Manuscritos económico-filosóficos (1844), muy influidos por Hegel, La ideología alemana (1846) y el Manifiesto comunista (1848), escritas en colaboración con Engels, y los trabajos preparatorios para la elaboración de El capital, conocidos como Contribución a la crítica de la economía política, Esbozo a una crítica de la economía política y Teorías sobre la plusvalía.

MARXISMO

1. Conjunto de teorías económicas, políticas y filosóficas de Karl Marx. 2. Movimiento teórico y político que desde finales del s. XIX sigue las doctrinas de Marx. Las tres fuentes principales del marxismo son la filosofía de Hegel, de la que Marx tomó el método dialéctico, el socialismo francés y la escuela clásica de economistas británicos, especialmente Adam Smith y David Ricardo. Esta mezcla de diversas corrientes de pensamiento, unida a la voluntad de transformación de la realidad que siempre movió a Marx, convirtió su pensamiento y el de sus seguidores en una compleja doctrina, en la que se unen lo económico, lo histórico, lo filosófico y lo político, y que muy pronto se fraccionó en diferentes escuelas y partidos. Como filosofía, el marxismo es una doctrina realista, pues considera que existe una realidad objetiva fuera de la mente; naturalista, ya que explica el desarrollo del hombre y de la sociedad mediante las leyes de la naturaleza; historicista, pues pretende establecer leyes universales del desarrollo histórico; y cientificista, ya que considera que el único conocimiento válido es el que proviene de las ciencias positivas. Como doctrina socio-política se caracteriza por ser una crítica del capitalismo; por defender como método de análisis de las sociedades el materialismo histórico; por ofrecer una teoría de la historia centrada en la lucha de clases (patricios y plebeyos, señores y siervos, burgueses y proletarios); por aportar una teoría para la práctica de la revolución, en la que se explica la necesidad y las formas de sustituir el capitalismo por el socialismo; y por diseñar una futura sociedad ideal, el comunismo, en la que habrán desaparecido las clases sociales y el estado.

SUS OBRAS

En sus obras, Marx y Engels intentaron analizar la sociedad capitalista. Pusieron de manifiesto las contradicciones existentes en el seno de la sociedad contemporánea: los derechos fundamentales no habían abolido la injusticia; los gobiernos constitucionales no evitaban ni la mala gestión ni la corrupción; la ciencia posibilitaba el dominio de la naturaleza pero no el de las fluctuaciones de los ciclos económicos; y la eficiencia de los modernos modos de producción no evitaba la existencia de barrios marginales en medio de la abundancia.

Describían la historia de la humanidad como el intento, de hombres y mujeres, por desarrollar y aplicar su potencial creativo con el fin de controlar las fuerzas de la naturaleza para poder mejorar la condición humana. Al realizar este esfuerzo para desarrollar y controlar las fuerzas productivas, la humanidad ha logrado grandes éxitos; la historia consiste en la historia del progreso. No obstante, al buscar el desarrollo de la productividad se han creado varias instituciones que han provocado una explotación, dominación y muchos otros males; el precio que la humanidad tiene que pagar por el progreso es el tener una sociedad injusta.

Según Marx, todos los sistemas sociales del pasado habían sido un medio para que unos pocos, ricos y poderosos, pudieran vivir a costa del trabajo y la miseria de una mayoría pobre. Por eso, todo sistema está amenazado por un posible conflicto surgido de cada contradicción histórica. Además, cada modo de producción que se sucede en el tiempo tiene fallos que, antes o después, terminarán por destruirlo, bien por su propia desintegración, bien por una revolución alentada por la clase oprimida. Engels y Marx pensaban que el sistema capitalista también tenía fallos y, por lo tanto, estaba condenado a su autodestrucción. Intentaron demostrar que cuanto más productivo fuera el sistema, más difícil sería que funcionara: cuantos más bienes fuera acumulando menos utilidad marginal se obtendría de esos bienes; cuanto más preparada estuviera la población, menos podrían utilizar sus capacidades. En definitiva, el capitalismo acabaría ahogándose en su propia riqueza.

Se creía que el colapso de la economía capitalista culminaría en una revolución política en la que el proletariado se rebelaría contra la clase opresora y acabaría con la propiedad privada de los medios de producción. Dirigida por y para el pueblo (tras un breve periodo de dictadura proletaria), la economía produciría, no en virtud del lucro y la rentabilidad, sino de las necesidades de la sociedad, con lo cual, una vez satisfechas éstas, las desigualdades desaparecerían a la par que los gobiernos coercitivos. Este proceso ocurriría, según las previsiones de Marx y Engels, en los estados más industrializadas de Europa occidental, donde el capitalismo había creado las condiciones necesarias para que estos cambios tuvieran lugar.

El capitalismo, aunque ha estado en peligro en ocasiones, no se ha colapsado; en los países autodenominados comunistas siguen produciéndose desigualdades y persisten tanto la escasez como los gobiernos coercitivos; por otra parte, los seguidores de Marx han alcanzado el poder en países que no reunían las condiciones que Marx y Engels consideraban esenciales. El primer país que instauró un sistema comunista fue Rusia, un Estado de gran extensión, pobre y relativamente atrasado, que iniciaba a principios del siglo XX su proceso de industrialización pero en el que no existía una auténtica clase burguesa autóctona que protagonizara la transición de una sociedad del Antiguo Régimen a otra capitalista.

ENGELS

Engels, Friedrich (1820-1895), pensador y economista político alemán, fundador, junto con Karl Marx, del socialismo científico o comunismo.

Nació en Barmen (en la actualidad Wuppertal) en el seno de una rica familia protestante. Desde joven estuvo influido por los trabajos del poeta radical Heinrich Heine y del filósofo Georg Wilhelm Friedrich Hegel y en 1839 empezó a escribir artículos literarios y filosóficos para distintas revistas y publicaciones. En 1842 se hizo partidario de las ideas comunistas gracias al socialista alemán Moses Hess. Ese mismo año conoció a Karl Marx.

COLABORACIONES CON MARX; OBRAS

Desde 1842 hasta 1844 trabajó en la empresa de tejidos que su familia tenía en Manchester y en esta ciudad inglesa entró en contacto con el cartismo, movimiento que defendía la ampliación del sufragio a los trabajadores. Colaboró en la revista Northern Star, entre otras, y realizó estudios de economía política. Su experiencia y sus estudios le llevaron a la convicción de que la historia sólo podía explicarse a partir del desarrollo económico de la sociedad, afianzándose su teoría de que los males sociales de su tiempo eran el resultado inevitable de la aparición de la propiedad privada, y de que aquéllos sólo podrían eliminarse mediante la lucha de clases, que culminaría con la instauración de una sociedad comunista. Estas conclusiones fueron expuestas en un estudio histórico, La situación de la clase obrera en Inglaterra (1844), ensayo que le proporcionó fama de economista político revolucionario.

En París, en 1844, Engels visitó a Marx, quien había publicado una serie de escritos que simpatizaban con el comunismo. Los dos descubrieron que habían llegado, por caminos separados, a las mismas conclusiones, por lo que decidieron trabajar de forma conjunta. Esta colaboración se prolongó hasta la muerte de Marx en 1883, y se realizó en dos sentidos: por un lado, llevaron a cabo la exposición sistemática de los principios del comunismo; por otro, organizaron un movimiento comunista internacional. Otros aspectos de menor relevancia relativos a su colaboración incluyen los artículos periodísticos para el New York Tribune y otras publicaciones.

Al elaborar los principios comunistas, Marx y Engels partieron de la filosofía para después adentrarse en otros campos de estudio. En concreto, Marx se centró en el pensamiento político, en la economía política y en la historia política; los intereses de Engels se dirigieron a las ciencias físicas, las matemáticas, la antropología, las ciencias militares y la lingüística.

El Manifiesto Comunista, que influyó en toda la literatura comunista posterior y es considerado como la exposición clásica del comunismo moderno, apareció por primera vez en 1848. Fue escrito por Marx, basándose en un borrador preparado por Engels.

Últimas Obras:

Las contribuciones de Engels a la exposición teórica del comunismo incluyen los siguientes trabajos: La subversión de la ciencia por Eugen Dühring (conocido popularmente como Anti-Dühring, 1878), obra de la cual se publicaron separadamente varios capítulos, bajo el título Del socialismo utópico al socialismo científico (1892), que se convirtieron en una de las exposiciones básicas más conocidas del socialismo; y El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado (1884). Engels hizo la que se considera su principal contribución al marxismo al publicar, póstumamente, a partir de notas y borradores, los volúmenes segundo y tercero de la principal obra de Marx, El capital.

Además de contribuir a la literatura y a la teoría del marxismo, Engels participó activamente en los primeros pasos del movimiento revolucionario de su tiempo. En 1848, tras el inicio de la revolución en Alemania, Marx y Engels viajaron a Colonia, donde publicaron un periódico comunista.

Después del fracaso de las revoluciones de 1848 en una serie de países europeos, Engels trabajó en una fábrica de tejidos en Manchester, convirtiéndose, con los años, en la principal ayuda financiera de Marx y su familia. Se unió a la empresa propietaria de la fábrica en 1864, y se jubiló cinco años más tarde.

Engels se trasladó a Londres en 1870 y, tras convertirse en miembro del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores (AIT o Primera Internacional) comenzó a sustituir a Marx en la dirección de dicho Consejo. Tras la ruptura entre marxistas y anarquistas en el seno de la AIT en 1872 (que condujo a su disolución cuatro años más tarde), Engels siguió en contacto con grupos revolucionarios de todo el mundo. No participó directamente en la creación de la Segunda Internacional en 1889, pero sí tuvo una considerable influencia en el diseño de sus programas y políticas.

5: KEYNESIANISMO Y SCHUMPETER

Keynesianismo, postulados de política económica basados en las teorías del economista británico John Maynard Keynes. Su obra más conocida, La teoría general sobre el empleo, el interés y el dinero (1936), se publicó en medio de una enorme crisis económica que parecía no tener fin: el desempleo en el Reino Unido había alcanzado el 11% durante la década de 1920 y casi el 20% durante la primera mitad de los años 1930. Según Keynes, la economía ya no funcionaba según los principios clásicos que habían dominado la teoría económica durante más de un siglo, por lo que era necesario diseñar nuevas políticas.

LA ECONOMÍA CLÁSICA

Los economistas clásicos suponían que la economía tendía de forma natural hacia el pleno empleo. Los cambios en los gustos de los consumidores o en la tecnología disponible, así como en la aparición de nuevos mercados podían provocar la desaparición de puestos de trabajo en algunas industrias, lo que implicaría la creación de nuevos puestos en otras áreas. El desempleo era entonces una cuestión temporal que terminaría desapareciendo gracias a las fuerzas del mercado, sobre todo gracias a la flexibilidad de los salarios. Si algunas personas continuaban sin empleo durante un tiempo era porque querían un salario demasiado elevado. Si se hubieran conformado con un salario menor habrían encontrado un puesto de trabajo. Por ello, los clásicos pensaban que el desempleo era voluntario.

LA TEORÍA DE KEYNES

Keynes pensaba que la economía no tendía de manera automática hacia el pleno empleo y que no se podía esperar que las fuerzas del mercado fueran suficientes para salir de la recesión. Supóngase, por ejemplo, que se parte de una situación de pleno empleo pero que, por alguna razón, las empresas deciden reducir su inversión en nueva maquinaria. Los trabajadores que fabrican máquinas perderían su puesto de trabajo, por lo que tendrían menos dinero para comprar bienes de consumo, de tal manera que algunos trabajadores que fabrican bienes de consumo terminarían, a su vez, perdiendo su puesto de trabajo. De esta forma existe un efecto "multiplicador" que lleva a que la economía tienda hacia un equilibrio con menor empleo, producción e ingresos que el anterior. Según Keynes, no existe ninguna fuerza automática que evite este proceso. La reducción del salario no bastará porque, aunque disminuyan los costos de las empresas, también disminuirá el poder adquisitivo de los trabajadores, de forma que las empresas venderán menos. Por lo tanto, la alta tasa de desempleo se debe a que la demanda (y por tanto el gasto) es muy reducida. Sólo la actuación del Gobierno, al reducir los impuestos o aumentar el gasto público, podrá conseguir que la economía vuelva a una posición de pleno empleo. En definitiva, los gobernantes tienen que garantizar una demanda suficiente en la economía para crear y mantener el pleno empleo, pero no debe ser excesiva para evitar que aumente la inflación.

POLÍTICAS KEYNESIANAS

Las políticas keynesianas se aplicaron en el Reino Unido en la década de los cuarenta y se mantuvieron en vigor hasta finales de los años 1970. El Gobierno realizaba previsiones sobre la demanda para los dos años siguientes. Si la demanda era insuficiente (como en 1952, 1958 y 1971) el Gobierno aumentaba su propio gasto, o reducía los impuestos o los tipos de interés. Si se consideraba excesiva (como en 1941, 1955 y 1973) la acción pública era la contraria. Los efectos de esta política sobre el presupuesto se consideraban de segundo orden. El objetivo era mantener el crecimiento de la demanda acorde con el aumento de la capacidad productiva de la economía, de forma que la demanda fuera suficiente para mantener el pleno empleo pero sin ser excesiva, lo que provocaría un aumento de la inflación. Otros países industrializados también aplicaron políticas keynesianas; por ejemplo, en Estados Unidos el presidente John F. Kennedy aplicó este tipo de medidas para sacar a la economía estadounidense de la recesión de principios de la década de los sesenta.

INFLACIÓN Y MONETARISMO

En los años 1970 el keynesianismo fue el centro de las críticas de una nueva doctrina económica conocida como monetarismo (que consiste en una reformulación de la economía clásica decimonónica que Keynes había criticado en su Teoría general). En casi todos los países industrializados el pleno empleo y el creciente nivel de vida disfrutados durante los 25 años posteriores a la II Guerra Mundial estuvieron acompañados de inflación. Los keynesianos siempre admitieron que cuando se lograra el pleno empleo iba a ser difícil controlar la inflación, sobre todo si los sindicatos podían negociar sin trabas con los empresarios los aumentos salariales. Por esta razón se crearon una serie de medidas de política de rentas para evitar el crecimiento de los salarios y los precios. Pero estas medidas no fueron suficientes. A partir de la década de 1960 la tasa de inflación se aceleró de forma alarmante.

Según los monetaristas, este aumento de la inflación se produjo por la aplicación de las políticas keynesianas que mantenían el nivel de desempleo por debajo de su tasa natural, tasa a la que la inflación permanecería estable. Según los monetaristas, la única forma de reducir el desempleo sería disminuyendo su tasa natural mediante políticas en la franja de la oferta, como promover una mayor formación profesional y reducir los beneficios empresariales que favorecieran el funcionamiento de las fuerzas del mercado.

PREVISIONES

Desde finales de la década de 1970 el keynesianismo ha dejado de aplicarse, desplazado por los argumentos monetaristas que han contribuido y se han visto beneficiados por los cambios políticos que otorgaban mayor importancia a la inflación que al desempleo. Pero la gravedad de las recesiones a escala mundial de principios de los años 1980 y 1990 reflejan la validez de las políticas keynesianas. No obstante, si el keynesianismo vuelve a estar en boga tendrá que ser a escala internacional. La globalización de la economía mundial y sobre todo la desaparición de los controles a los movimientos internacionales de capital, limitan la aplicación de políticas keynesianas en un solo país. Éstas tendrían que aplicarse de forma coordinada en las seis u ocho mayores economías mundiales, pero los factores políticos limitan la existencia de esta política coordinada.

6: HICKS

Hicks, Sir John Richard (1904-1989), economista británico galardonado con el premio Nobel, nació en Leamington Spa, Inglaterra. Se licenció en el Balliol College de la Universidad de Oxford. Fue profesor en la London School of Economics (1926-1935) y en las universidades de Cambridge (1935-1938), Manchester (1938-1946) y Oxford (1946-1965). Fue nombrado caballero en 1964. En 1972, compartió el Premio Nobel de Economía con el economista estadounidense Kenneth Joseph Arrow, por sus "contribuciones a las teorías del equilibrio general y del bienestar". En su libro de 1939 Value and Capital (Valor y capital), Hicks analizaba la teoría del equilibrio, según la cual, el equilibrio económico se debe a que todas las fuerzas que actúan en una economía se contrarrestan mutuamente.

EL PENSAMIENTO ECONÓMICO

1: LA INDUSTRIALIZACIÓN

Las ideas de Smith y de los fisiócratas crearon la base ideológica e intelectual que favoreció el inicio de la Revolución industrial, término que sintetiza las transformaciones económicas y sociales que se produjeron durante el siglo XIX. Se considera que el origen de estos cambios se produjo a finales del siglo XVIII en Gran Bretaña.

La característica fundamental del proceso de industrialización fue la introducción de la mecánica y de las máquinas de vapor para reemplazar la tracción animal y humana en la producción de bienes y servicios; esta mecanización del proceso productivo supuso una serie de cambios fundamentales: el proceso de producción se fue especializando y concentrando en grandes centros denominados fábricas; los artesanos y las pequeñas tiendas del siglo XVIII no desaparecieron pero fueron relegados como actividades marginales; surgió una nueva clase trabajadora que no era propietaria de los medios de producción por lo que ofrecían trabajo a cambio de un salario monetario; la aplicación de máquinas de vapor al proceso productivo provocó un espectacular aumento de la producción con menos costes. La consecuencia última fue el aumento del nivel de vida en todos los países en los que se produjo este proceso a lo largo del siglo XIX.

El desarrollo del capitalismo industrial tuvo importantes costes sociales. Al principio, la industrialización se caracterizó por las inhumanas condiciones de trabajo de la clase trabajadora. La explotación infantil, las jornadas laborales de 16 y 18 horas, y la insalubridad y peligrosidad de las fábricas eran circunstancias comunes. Estas condiciones llevaron a que surgieran numerosos críticos del sistema que defendían distintos sistemas de propiedad comunitaria o socializado; son los llamados socialistas utópicos. Sin embargo, el primero en desarrollar una teoría coherente fue Karl Marx, que pasó la mayor parte de su vida en Inglaterra, país precursor del proceso de industrialización, y autor de Das Kapital (El capital, 3 volúmenes, 1867-1894). La obra de Marx, base intelectual de los sistemas comunistas que predominaron en la antigua Unión Soviética, atacaba el principio fundamental del capitalismo: la propiedad privada de los medios de producción. Marx pensaba que la tierra y el capital debían pertenecer a la comunidad y que los productos del sistema debían distribuirse en función de las distintas necesidades.

Con el capitalismo aparecieron los ciclos económicos: periodos de expansión y prosperidad seguidos de recesiones y depresiones económicas que se caracterizan por la discriminación de la actividad productiva y el aumento del desempleo. Los economistas clásicos que siguieron las ideas de Adam Smith no podían explicar estos altibajos de la actividad económica y consideraban que era el precio inevitable que había que pagar por el progreso que permitía el desarrollo capitalista. Las críticas marxistas y las frecuentes depresiones económicas que se sucedían en los principales países capitalistas ayudaron a la creación de movimientos sindicales que luchaban para lograr aumentos salariales, disminución de la jornada laboral y mejores condiciones laborales.

A finales del siglo XIX, sobre todo en Estados Unidos, empezaron a aparecer grandes corporaciones de responsabilidad limitada que tenían un enorme poder financiero. La tendencia hacia el control corporativo del proceso productivo llevó a la creación de acuerdos entre empresas, monopolios o trusts que permitían el control de toda una industria. Las restricciones al comercio que suponían estas asociaciones entre grandes corporaciones provocó la aparición, por primera vez en Estados Unidos, y más tarde en todos los demás países capitalistas, de una legislación antitrusts, que intentaba impedir la formación de trusts que formalizaran monopolios e impidieran la competencia en las industrias y en el comercio. Las leyes antitrusts no consiguieron restablecer la competencia perfecta caracterizada por muchos pequeños productores con la que soñaba Adam Smith, pero impidió la creación de grandes monopolios que limitaran el libre comercio.

A pesar de estas dificultades iniciales, el capitalismo siguió creciendo y prosperando casi sin restricciones a lo largo del siglo XIX. Logró hacerlo así porque demostró una enorme capacidad para crear riqueza y para mejorar el nivel de vida de casi toda la población. A finales del siglo XIX, el capitalismo era el principal sistema socioeconómico mundial.

2: LA ILUSTRACIÓN

Más que un conjunto de ideas fijas, la Ilustración implicaba una actitud, un método de pensamiento. De acuerdo con el filósofo Immanuel Kant, el lema de la época debía ser “atreverse a conocer”. Surgió un deseo de reexaminar y cuestionar las ideas y los valores recibidos, de explorar nuevas ideas en direcciones muy diferentes; de ahí las inconsistencias y contradicciones que a menudo aparecen en los escritos de los pensadores del siglo XVIII. Muchos defensores de la Ilustración no fueron filósofos según la acepción convencional y aceptada de la palabra; fueron vulgarizadores comprometidos en un esfuerzo por ganar adeptos. Les gustaba referirse a sí mismos como el “partido de la humanidad”, y en un intento de orientar la opinión pública a su favor, imprimieron panfletos, folletos anónimos y crearon gran número de periódicos y diarios.

A finales del siglo XVIII surgieron algunos cambios en el pensamiento de la Ilustración. Bajo la influencia de Rousseau, el sentimiento y la emoción llegaron a ser tan respetables como la razón. En la década de 1770 los escritores ensancharon su campo de crítica para englobar materias políticas y económicas. De mayor importancia en este aspecto fue la experiencia de la guerra de la Independencia estadounidense (en las colonias británicas). A los ojos de los europeos, la Declaración de Independencia y la guerra revolucionaria anunciaron que, por primera vez, algunas personas iban más allá de la mera discusión de ideas ilustradas y las estaban aplicando. Es probable que la guerra alentara los ataques y críticas contra los regímenes europeos existentes.

Suele decirse que el Siglo de las Luces concluyó con la Revolución Francesa de 1789, pero no son pocos los que contemplan e interpretan la inquietud política y social de este periodo como causa desencadenante de la Revolución. Al incorporar muchas de las ideas de los ilustrados, la Revolución, en sus etapas más difíciles, entre 1792 y 1794, sirvió para desacreditar estas ideas a los ojos de muchos europeos contemporáneos. El enorme impacto que la Revolución Francesa causó en España, tras la muerte de Luis XVI, así como en los dominios españoles de América, provocó una violenta persecución de las personas más representativas de las nuevas ideas. Se estableció una censura total y se cerraron las fronteras, prohibiéndose el paso de todo tipo de libros y folletos, o su embarque hacia América.

Aunque se produjo un repunte de interés modernizado y progresista bajo el gobierno de Manuel Godoy con la ayuda de Jovellanos, el miedo a la contaminación revolucionaria favoreció la represión más absoluta, tanto en la metrópoli como en los dominios de la América española. La existencia de numerosas Sociedades de Amigos del País en los virreinatos favoreció la implantación y extensión de la `ilustración' en América Latina.

De lo que no cabe duda es de que la Ilustración dejó una herencia perdurable en los siglos XIX y XX. Marcó un paso clave en el declinar de la Iglesia y en el crecimiento del secularismo actual. Sirvió como modelo para el liberalismo político y económico y para la reforma humanitaria a través del mundo occidental del siglo XIX. Fue el momento decisivo para la creencia en la posibilidad y la necesidad de progreso que pervivió, de una forma moderada, en el siglo XX.

3: EL PENSAMIENTO ECONÓMICO LIBERAL

Liberalismo, doctrinario económico, político y hasta filosófico que aboga como premisa principal por el desarrollo de la libertad personal individual y, a partir de ésta, por el progreso de la sociedad. Hoy en día se considera que el objetivo político del neoliberalismo es la democracia, pero en el pasado muchos liberales consideraban este sistema de gobierno como algo poco saludable por alentar la participación de las masas en la vida política. A pesar de ello, el liberalismo acabó por confundirse con los movimientos que pretendían transformar el orden social existente mediante la profundización de la democracia. Debe distinguirse pues entre el liberalismo que propugna el cambio social de forma gradual y flexible, y el radicalismo, que considera el cambio social como algo fundamental que debe realizarse a través de distintos principios de autoridad.

El desarrollo del liberalismo en un país concreto, desde una perspectiva general, se halla condicionado por el tipo de gobierno con que cuente ese país. Por ejemplo, en los países en que los estamentos políticos y religiosos están disociados, el liberalismo implica, en síntesis, cambios políticos y económicos. En los países confesionales o en los que la Iglesia goza de gran influencia sobre el Estado, el liberalismo ha estado históricamente unido al anticlericalismo. En política interior, los liberales se oponen a las restricciones que impiden a los individuos ascender socialmente, a las limitaciones a la libertad de expresión o de opinión que establece la censura y a la autoridad del Estado ejercida con arbitrariedad e impunidad sobre el individuo. En política internacional los liberales se oponen al predominio de intereses militares en los asuntos exteriores, así como a la explotación colonial de los pueblos indígenas, por lo que han intentado implantar una política cosmopolita de cooperación internacional. En cuanto a la economía, los liberales han luchado contra los monopolios y las políticas de Estado que han intentado someter la economía a su control. Respecto a la religión, el liberalismo se ha opuesto tradicionalmente a la interferencia de la Iglesia en los asuntos públicos y a los intentos de grupos religiosos para influir sobre la opinión pública.

A veces se hace una distinción entre el llamado liberalismo negativo y el liberalismo positivo. Entre los siglos XVII y XIX, los liberales lucharon en primera línea contra la opresión, la injusticia y los abusos de poder, al tiempo que defendían la necesidad de que las personas ejercieran su libertad de forma práctica, concreta y material. Hacia mediados del siglo XIX, muchos liberales desarrollaron un programa más pragmático que abogaba por una actividad constructiva del Estado en el campo social, manteniendo la defensa de los intereses individuales. Los seguidores actuales del liberalismo más antiguo rechazan este cambio de actitud y acusan al liberalismo pragmático de autoritarismo camuflado. Los defensores de este tipo de liberalismo argumentan que la Iglesia y el Estado no son los únicos obstáculos en el camino hacia la libertad, y que la pobreza también puede limitar las opciones en la vida de una persona, por lo que aquélla debe ser controlada por la autoridad real.

HUMANISMO

Después de la edad media, el liberalismo se expresó quizá por primera vez en Europa bajo la forma del humanismo, que reorientaba el pensamiento del siglo XV para el que el mundo (y el orden social), emanaba de la voluntad divina. En su lugar, se tomaron en consideración las condiciones y potencialidad de los seres humanos. El humanismo se desarrolló aún más con la invención de la imprenta que incrementó el acceso de las personas al conocimiento de los clásicos griegos y romanos. La publicación de versiones en lenguas vernáculas de la Biblia favoreció la elección religiosa individual. Durante el renacimiento el humanismo se impregnó de los principios que regían las artes y la especulación filosófica y científica. Durante la Reforma protestante, en algunos países de Europa, el humanismo luchó con intensidad contra los abusos de la Iglesia oficial.

Según avanzaba el proceso de transformación social, los objetivos y preocupaciones del liberalismo evolucionaron. Pervivió, sin embargo, una filosofía social humanista que buscaba el desarrollo de las oportunidades de los seres humanos, y así también las alternativas sociales, políticas y económicas para la expresión personal a través de la eliminación de los obstáculos a la libertad individual.

EL LIBERALISMO MODERNO

En el siglo XVII, durante la Guerra Civil inglesa, algunos miembros del Parlamento empezaron a debatir ideas liberales como la ampliación del sufragio, el sistema legislativo, las responsabilidades del gobierno y la libertad de pensamiento y opinión. Las polémicas de la época engendraron uno de los clásicos de las doctrinas liberales: Areopagitica (1644), un tratado del poeta y prosista John Milton en el que éste defendía la libertad de pensamiento y de expresión. Uno de los mayores oponentes al pensamiento liberal, el filósofo Thomas Hobbes, contribuyó sin embargo al desarrollo del liberalismo a pesar de que apoyaba una intervención absoluta y sin restricciones del Estado en los asuntos de la vida pública. Hobbes pensaba que la verdadera prueba para los gobernantes debía ser por su efectividad y no por su apoyo doctrinal a la religión o a la tradición. Su pragmático punto de vista sobre el gobierno, que defendía la igualdad de los ciudadanos, allanó el camino hacia la crítica libre al poder y hacia el derecho a la revolución, conceptos que el propio Hobbes repudiaba con virulencia.

EL LIBERALISMO EN TRANSICIÓN

A mediados del siglo XIX, el desarrollo del constitucionalismo, la extensión del sufragio, la tolerancia frente a actitudes políticas diferentes, la disminución de la arbitrariedad gubernativa y las políticas tendentes a promover la felicidad hicieron que el pensamiento liberal ganara poderosos defensores en todo el mundo. A pesar de su tendencia crítica hacia Estados Unidos, para muchos viajeros europeos era un modelo de liberalismo por el respeto a la pluralidad cultural, su énfasis en la igualdad de todos los ciudadanos y por su amplio sentido del sufragio. A pesar de todo, en ese momento el liberalismo llegó a una crisis respecto a la democracia y al desarrollo económico. Esta crisis sería importante para su posterior desarrollo. Por un lado, algunos demócratas como el escritor y filósofo francés Jean-Jacques Rousseau no eran liberales. Rousseau se oponía a la red de grupos privados voluntaristas que muchos liberales consideraban esenciales para el movimiento. Por otro lado, la mayor parte de los primeros liberales no eran demócratas. Ni Locke ni Voltaire creyeron en el sufragio universal y la mayor parte de los liberales del siglo XIX temían la participación de las masas en la política pues opinaban que las llamadas clases más desfavorecidas no estaban interesadas en los valores fundamentales del liberalismo, es decir que eran indiferentes a la libertad y hostiles a la expresión del pluralismo social. Muchos liberales se ocuparon de preservar los valores individuales que se identificaban con una ordenación política y social aristocrática. Su lugar como críticos de la sociedad y como reformadores pronto sería retomada por grupos más radicales como los socialistas.

ECONOMÍA

La crisis respecto al poder económico era aún más profunda. Una parte de la filosofía liberal era el modo de entender la economía de los llamados economistas clásicos como los británicos Adam Smith y David Ricardo. En economía los liberales se oponían a las restricciones sobre el mercado y apoyaban la libertad de las empresas privadas. Pensadores como el estadista John Bright se opusieron a legislaciones que fijaban un máximo a las horas de trabajo basándose en que reducían la libertad y en que la sociedad, y sobre todo la economía, se desarrollaría más cuanto menos regulada estuviera. Al desarrollarse el capitalismo industrial durante el siglo XIX, el liberalismo económico siguió caracterizado por una actitud negativa hacia la autoridad estatal. Las clases trabajadoras consideraban que estas ideas protegían los intereses de los grupos económicos más poderosos, en especial de los fabricantes, y que favorecían una política de indiferencia e incluso de brutalidad hacia las clases trabajadoras. Estas clases, que habían empezado a tener conciencia política y un poder organizado, se orientaron hacia posturas políticas que se preocupaban más de sus necesidades, en especial, hacia los partidos socialistas.

El resultado de esta crisis en el pensamiento económico y social fue la aparición del liberalismo pragmático. Como se ha dicho, algunos liberales modernos, como el economista anglo-austriaco Friedrich August von Hayek, consideran la actitud de los liberales pragmáticos como una traición hacia los ideales liberales. Otros, como los filósofos británicos Thomas Hill Green y Bernard Bosanquet conocidos como los idealistas de Oxford, desarrollaron el llamado liberalismo orgánico, en el que defendían la intervención activa del estado como algo positivo para promover la realización individual, que se conseguiría evitando los monopolios económicos, acabando con la pobreza y protegiendo a las personas en la incapacidad por enfermedad, desempleo o vejez. También llegaron a identificar el liberalismo con la extensión de la democracia.

A pesar de la transformación en la filosofía liberal a partir de la segunda mitad del siglo XIX, todos los liberales modernos están de acuerdo en que su objetivo común es el aumento de las oportunidades de cada individuo para poder llegar a realizar todo su potencial humano.

4: PROTECCIONISMO

Proteccionismo, política económica que preconiza la salvaguardia de la actividad económica nacional frente a la competencia internacional, a través del establecimiento de procedimientos de control del comercio exterior.

Asociado inicialmente al mercantilismo del siglo XVII, el pensamiento de la economía clásica lo arrinconó durante las primeras décadas del siglo XIX. Las diferencias cronológicas en el inicio de los distintos procesos de industrialización de los países europeos originó un nuevo concepto de proteccionismo: la pujante competitividad de los países ya industrializados condenaría al estancamiento a los que estaban en el curso de las primeras etapas de su proceso de industrialización. Este argumento se empleó después en relación a los países subdesarrollados.

Otra argumentación en favor del proteccionismo es que puede generar el desarrollo de actividades económicas a partir de las actividades protegidas. Ésta es la base de los modernos sistemas que, además de los clásicos cupos de importación y aranceles, incluyen distintos requisitos burocráticos, sanitarios, técnicos y administrativos.

5: LIBRECAMBIO

Librecambio, intercambio entre países de bienes y materias primas sin restricciones del tipo de aranceles, cuotas de importación, o controles fronterizos. Esta política económica contrasta con el proteccionismo o el fomento de los productos nacionales mediante la imposición de aranceles a la importación u otros obstáculos legales para el movimiento de bienes entre países.

PRIMERAS DOCTRINAS LIBRECAMBISTAS

Las primeras doctrinas sobre comercio internacional empezaron a desarrollarse con la aparición de los modernos estados nacionales durante el siglo XV. Una de las primeras doctrinas de política económica, conocida como mercantilismo, predominó en Europa occidental desde el siglo XVI hasta más o menos los inicios del siglo XIX. Los defensores de esta doctrina querían reforzar la unidad nacional y aumentar el poder del Estado. Pensaban que la riqueza era indispensable para tener poder, y que la acumulación de oro y plata era una condición necesaria para obtener riqueza. Los países que no tenían minas de oro o plata podían conseguir estos metales preciosos exportando más de lo que importaban, gracias al estricto control gubernamental del comercio exterior.

En contra de esta doctrina surgió en Francia una nueva escuela económica durante el siglo XVIII, desarrollada por un grupo de teóricos conocido como los fisiócratas, seguidores del economista francés François Quesnay. Los fisiócratas defendían que la libre circulación de bienes y servicios respondía a un orden de libertad natural. Aunque sus ideas tuvieron una escasa trascendencia en Francia, influyeron en el pensamiento del economista británico Adam Smith, cuyas teorías sobre el libre comercio ayudaron a desarrollar la política comercial de su país.

Smith rechazaba los postulados proteccionistas de la doctrina mercantilista. Señalaba que la riqueza no consistía en acumular metales preciosos, sino en lo que se podía comprar con dichos metales. La regulación gubernamental del comercio reducía la riqueza de las naciones porque impedía que éstas adquirieran una mayor cantidad de bienes al menor precio posible. Por el contrario, con el libre comercio cada país podría aumentar su riqueza exportando los bienes que producía con menores costes e importando los que se producían más baratos en otros países.

Según Smith, cada país se especializaría en la producción y exportación de aquellos bienes que producía con ventaja absoluta. Otro economista británico, David Ricardo, amplió el análisis a principios del siglo XIX para introducir el concepto más general de ventaja comparativa. Ricardo señalaba que algunos países no tenían ventaja absoluta en la producción de ninguno de sus bienes. Pero incluso estos países podrían beneficiarse del libre comercio si se centraban en producir aquellos bienes en los que tenían una ventaja comparativa. Este principio sigue siendo la base teórica de todos los argumentos a favor del libre comercio.

Ricardo suponía que todos los países se beneficiarían del libre comercio. El filósofo y economista británico John Stuart Mill demostró más tarde que estas ganancias del comercio dependían de la demanda recíproca de importaciones y exportaciones. Cuanto mayor fuera la solicitud de bienes que exportaba un país, en relación con su demanda de importaciones, mayores ganancias obtendría este país de un comercio libre entre naciones. La ganancia se reflejaría en la mejora de la relación real de intercambio de ese país. Esta relación se expresa en la proporción de los precios de los bienes que exporta frente a los precios de los bienes que importa.

LA MODERNA TEORÍA DEL COMERCIO INTERNACIONAL

La teoría clásica del comercio desarrollada por Smith, Ricardo y Mill se ocupaba sobre todo de analizar las ganancias derivadas del libre comercio. Sin embargo, la teoría moderna del comercio internacional acepta la veracidad de la teoría de la ventaja comparativa y se centra en analizar los patrones de comercio de cada país y los orígenes de dicha ventaja.

Los teóricos clásicos suponían que las diferencias en las ventajas comparativas se debían a la diferente productividad de los recursos, lo que reflejaba una desigual distribución entre países de tecnología y cualificación de mano de obra. Algunos economistas del siglo XX han dado una explicación más precisa de las distintas ventajas en la producción, destacando que la diversidad de precios de los bienes finales refleja la desigualdad de precios de los recursos productivos, y esta diversidad se debe a la escasez relativa de estos recursos en cada país. Los países se especializan en la producción y exportación de aquellos bienes que requieren materias primas y recursos de los que el país dispone en abundancia, e importan bienes que requieren recursos que el país no posee.

ARGUMENTOS A FAVOR DEL PROTECCIONISMO

A pesar de las conclusiones de la teoría clásica, algunos países no han adaptado jamás una política comercial librecambista. La principal excepción fue Gran Bretaña que, entre las décadas de 1840 y 1930, suprimió todas las restricciones a la importación. El predominio histórico de las políticas proteccionistas refleja, por un lado, el poder de los grupos de presión industriales temerosos de la competencia exterior y, por otro, la fortaleza de algunos argumentos a favor de la protección. Estos argumentos pueden clasificarse en tres categorías: los que pretenden un cambio en la composición de la producción, los argumentos relativos al nivel de empleo, y los que defienden un cambio en la distribución de los ingresos. Bajo ciertos supuestos, los tres tipos de argumentos tienen cierta validez teórica, así como algunas limitaciones.

Uno de los argumentos más antiguos utilizados a favor de la protección es el denominado argumento de la industria naciente. Según esta teoría, cuando se reduce o elimina la competencia exterior mediante restricciones a la importación, las industrias nacionales pueden crecer y desarrollarse con más rapidez. En teoría, una vez logrado el desarrollo de estas industrias, se puede suprimir la protección porque las industrias ya pueden competir con las de otros países. Sin embargo, en la práctica la protección permanece, porque las industrias nacionales no logran adquirir la suficiente fortaleza para competir con el exterior. La principal limitación de este argumento es su incapacidad para determinar el tipo de industrias que pueden crecer hasta adquirir la fortaleza suficiente para enfrentarse a una competencia externa.

El argumento proteccionista de la defensa nacional afirma que un país debe evitar depender de otro en lo que se refiere a la fabricación de materiales indispensables para asegurar su defensa frente al exterior, equipos y tecnología que no se pueden adquirir en otros países en caso de guerra. La limitación de este argumento es que no se puede determinar exactamente cuáles son las industrias indispensables para garantizar la defensa nacional.

Un tercer argumento defiende el proteccionismo para evitar el dumping (vertido) externo. El dumping es el fenómeno que se da cuando un país vende en el exterior bienes a precios más baratos de los que adjudica en su propia nación a los mismos productos. La protección está justificada en este caso, sólo si se demuestra que el Estado que practica el dumping pretende lograr en el país que se protege un monopolio, eliminando a los productores nacionales.

Cuando hay mucho desempleo se defiende la necesidad de proteger al país para incrementar la producción nacional y, en consecuencia, el nivel de empleo; se considera que al reducir las importaciones aumentará la demanda de productos sustitutivos nacionales y la producción interior. Los economistas estiman que ésta es una política fundada en el principio de `empobrecer al vecino': la mejora del empleo en el país se consigue reduciendo el empleo y la producción de los demás países. La limitación de este argumento es que provoca reacciones por parte de los demás países que terminan adoptando políticas similares.

La protección puede utilizarse para redistribuir la renta entre diversas naciones y dentro de un mismo país. Por ejemplo, si un país tiene una fuerte demanda de sus exportaciones, puede obtener ingresos a costa de otros mediante la aplicación de restricciones al comercio. Los demás países tendrán más dificultades para conseguir divisas destinadas a pagar las importaciones que desean, por lo que tendrán que reducir el precio de sus productos para hacerlos más baratos, mejorando la relación de intercambio del país proteccionista. Al igual que el argumento anterior, esta táctica suele implicar reacciones adversas por parte de los demás países.

TENDENCIAS RECIENTES

Aunque casi todos los países favorecen de forma oficial el libre comercio y rechazan el proteccionismo, es difícil llevar la teoría a la práctica, incluso entre los países más industrializados. Desde la II Guerra Mundial, los países más desarrollados han unido sus esfuerzos para promover el libre comercio y eliminar las barreras proteccionistas. Cuando las economías se hallan en un periodo de expansión y hay pleno empleo, casi todo el mundo promueve el libre comercio. Sin embargo, al entrar en una etapa de recesión, casi todos los países aplican políticas proteccionistas ya que aumentan las presiones de las organizaciones de trabajadores y de otros grupos de presión que se sienten perjudicados durante la recesión.

La integración de las economías mundiales es de tal magnitud que las políticas económicas nacionales de un país afectan a todos los demás. Esto ha provocado la aparición de nuevos argumentos a favor del proteccionismo los cuales afirman que las políticas económicas de algunos países tienen resultados muy perjudiciales. Las reglas sobre comercio surgidas en el seno del Acuerdo General sobre Aranceles y Comercio (GATT) no hacían referencia alguna a las políticas nacionales, pero la Organización Mundial del Comercio (OMC) tiene, al menos en teoría, la potestad de dirimir las disputas comerciales entre los diferentes países.

BIBLIOGRAFÍA:

Sociología; Salvador Giner ed: Península

Enciclopedia de los Conocimientos: Océano

- historia - economía - sociología - política

Economía y Filosofía Moral: la formación del pensamiento económico europeo en la eclosiástico española. Francisco Gómez Camacho.

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ÍNDICE

Introducción; El Principio De La Economía

Propiedad Y Modo De Producción

El Modo De Producción

La División Del Trabajo

Naturaleza Y Evolución Del Fenómeno

La Alineación Y La División Del Trabajo

Los Grandes Sistemas Clásicos

El Feudalismo Y Su Dinámica Histórica

El Capitalismo

Mercantilismo

Surgimiento De La Sociedad Capitalista

El Capitalismo Del S.XX

El Comunismo

La Historia Como Pensamiento Económico

Escolástica

Marx Y Engels

Marxismo

Sus Obras

Engels

Sus Colaboraciones Con Marx; Sus Obras

Keynesianismo Y Schumpeter

La Economía Clásica

Teoría De Keynes

Políticas Keynesianas

Inflaciones Y Monetarismo

Previsiones

Hicks

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