Pedro Páramo; Juan Rulfo

Literatura universal contemporánea. Narrativa hispanoamericana. Novela vanguardista mexicana. Argumento. Personajes

  • Enviado por: Pete
  • Idioma: castellano
  • País: México México
  • 3 páginas
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Pedro Páramo de Juan Rulfo

Un joven en busca de su padre perdido, un pueblo fantasma y un sin fin de personajes misteriosos y enigmáticos. Es la historia de Pedro Páramo creada por el novelista y cuentista mexicano Juan Rulfo, quien nos presenta en esta intrigante novela ese sabor que caracteriza a los literatos latinos e hispanos: la pasión dramática.

Esta apasionante historia nos relata la búsqueda de un muchacho por su padre, quien este último no es sino el mismísimo de Pedro Páramo. Y más que una búsqueda por un padre al cual nunca había visto, Juan Preciado, el muchacho que se aventura a la penumbra de un destino fatal; es la búsqueda prometida a la muerte de su madre, del regreso de aquello que le fue arrebatado, es decir, el cobro hacia su padre por haberles abandonado.

Comala, el pueblo donde supuestamente radica su padre, es el lugar principal donde el desarrollo de la historia se desenvuelve con un aire tétrico y desolado. Un pueblo, de una región desértica, donde el viento sopla en la tarde dejando esa sensación de vacío existencial para el lector, pero a la vez con una onda calida que parece acogernos para la llegada de la noche. En donde al oscurecer, pareciera que el entorno sombrío se vuelve aún más fantasmagórico. Es la sensación, que al parecer, nos intenta transmitir Juan Rulfo en esta dramática obra mexicana.

Personajes errantes y reservados, son plasmados por el autor a lo largo de la obra. Personajes como el arriero Abundio Martínez, quien es la primera persona que encuentra Juan Preciado, quien es un ser que parece estar en constante movimiento, alguien que a pesar de vivir en más allá del pueblo, está en una permanente comunicación con lo que acontece en el pueblo… o lo que acontecía en éste.

Además de ello, podemos destacar la forma en que cada personaje se expresa, desde unos un tanto humildes, pasando por aquellos que no saben expresarse correctamente y utilizan un lenguaje coloquialmente rural, hasta aquellos que a pesar de saber expresarse, tienen un lenguaje un poco menos que soberbio tal es el caso del propio Pedro Páramo.

Cada personaje tiene algo que contar, cada personaje tiene algo que decir. Por tal motivo que la comunicación siempre estará presente cada vez que Juan Preciado se tope con algún pueblerino a lo largo de su peregrinación. Ejemplo de ello lo encontramos cuando Juan llega a la casa de una tal Doña Eduviges, quien le relata

la experiencia de su madre en la noche de bodas y de cómo pudo haber sido ella, su propia madre.

Otro ejemplo, y tal vez el más importante, de las revelaciones que hacen los personajes a Juan, es el que le hace una mujer llamada Damiana Cisneros, quien le dice la verdad oculta del literalmente espectral pueblo de Comala.

También encontramos la interesante nomenclatura que utilizó Juan Rulfo para sus personajes. Nombres como Doña Eduviges, Damiana Cisneros, el padre Rentaría o Doña Dolores, hacen honor a sus características. Por ejemplo, el nombre de Pedro Páramo, quien es un hombre de mucho arrojo y temperamento fuerte tiene mucho que ver con el significado de la palabra Pedro, que proviene de “piedra” en judío, e inclusive en la portada del libro encontramos la figura de una roca. O porqué no, el nombre del muchacho que inicia la historia: Juan Preciado. Podríamos suponer que el mismo autor otorga su nombre a uno de los dos personajes principales, en este caso al hijo en busca de su padre. Quizás Juan Rulfo plasmó, en su obra, hechos que tuvieron que ver con su pasado real.

Enfocado, primeramente, en el joven Juan Preciado, la novela pronto se convierte en un enredado ir y venir de relatos en el tiempo. Pues mientras se narra la extraña experiencia que tiene dicho joven con el Pueblo y sus habitantes, se hace, a la vez, énfasis en lo que aconteció en la juventud del padre del muchacho y cómo estaban vinculados la gran mayoría de los pueblerinos con éste.

Puede inferirse que, mientras Pedro Páramo era joven, la época en que se enmarañaba la trama de éste, era en la Revolución Mexicana. Tiempos rudos para tipos rudos. Pues, sin duda alguna la descripción del padre de Juan, que se formula a lo largo de la novela, dada en un sin numero de partes del relato, es de la clase de hombres que solían darse en el México revolucionario. De ese tipo de hombres fuertes y machistas que prefieren matar o ser matados antes de acobardarse por algo. Aquél tipo de hombres que al fin y al cabo caracterizaron a México como la cuna del machismo actual.

Con sus pros y contras, Pedro Páramo hace que la historia de un pueblo fantasma recaiga en el caciquismo de un hombre duro y mujeriego que sin ton ni son procreaba hijos por doquier. Dejando al pueblo casi como de propiedad de los Páramos. Más que propiedad, pareciera el propio camposanto de la familia Páramo y de los demás habitantes de Comala.

Y es que la trama desemboca inevitablemente en el trágico destino al que todo humano llegará algún día de su existencia: La Muerte. Pareciera que Juan Rulfo nos intentará decir más de una moraleja con su obra, poniendo a la “huesuda” por delante. Por ejemplo, podemos asumir que la muerte del joven Juan en su fallida búsqueda por su padre, es irónicamente, a consecuencia de éste. Aquí podríamos citar la frase: “los pecados del padre siempre la paga el hijo”. Otra suposición a la que podemos llegar es que siempre debemos reconciliarnos padres e hijos antes de que sea tarde. Pues sólo se vive una vez y, según la descripción que se infiere en la novela, la pos-vida, que no es más que la propia muerte; es mucho más intrincada y tortuosa que la propia vida.

Finalmente, podemos decir que no importa la conclusión a la que lleguemos de este libro, ya que esta dramática obra de Juan Rulfo nos dejará reflexionando en algo que al fin y al cabo siempre tendrá que ver con la vida, pues todo es enfocado a ésta.

Rulfo, Juan. Pedro Páramo. México, D.F. Primiera Edición en Plaza y Janés, mayo de 2000.

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