Pedagogías de las Diferencias

Escuelas. Personalidades. Integración. Jardín de infancia. Discapacidad

  • Enviado por: Alicia
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 8 páginas
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Pedagogías de las Diferencias. Trabajo Final

2008 - Aula 2

Nota Introductoria:

En el presente trabajo intento una reflexión acerca de la construcción del lugar que ocupa la alteridad dentro de la institución escolar .Para lograrlo triangularé la información presentada por la bibliografía del curso Pedagogías de las Diferencias, enriquecido con aportes de los videos y archivos de audio, además de la propia experiencia en el nivel inicial de la Provincia de Buenos Aires.

El otro me completa, me enriquece y amplía mi mirada

Partiendo de la base que la escuela es una institución en la que confluyen distintas personas y personalidades, cada una de ellas con su propio bagaje de información y modos únicos de interpretar la vida, oficia como caja de resonancia de cuestiones instaladas en la sociedad. Actualmente resuena como preocupación la inclusión de algunos alumnos, que son diferentes a los que englobamos dentro de la normalidad.

Instalada la cuestión del otro, con sus particularidades, surgen las diferencias, a veces banales, otras - en cambio- muy marcadas, que pueden generar distancias.

Distancias basadas en el desconocimiento, en el temor.

Distancias que pueden ser claras, netas o sutiles.

Distancias al fin.

Distancias que generan preguntas, cuestionamientos, que requieren para superarlas de una nueva mirada. Entendiendo como nueva mirada a aquella capaz de romper con la costumbre, con lo establecido, que abre un espacio de reflexión para pensar la pluralidad. Será requisito volver la mirada. Mirar como si fuera la primera vez, con la mirada limpia, sin preconceptos.

La pregunta se hace presente: ¿a quién, a quienes, incluir, integrar?

Cuando hablamos de integración estamos reconociendo, a veces tácitamente, a un otro no-integrado, no-incluido. Distinto, diferente, con otra historia, con otra cultura y otros ideales.

La preocupación por la inclusión nace del reconocimiento del diferente, distinto de mí, con una diferencia que disimula un marcaje, una impronta que ha de llevar y condicionar. Ese otro no-incluido será aquel cuyo aspecto físico o situación económica y/o social no sea semejante a quién observa, o a su grupo de pertenencia con quienes estableció lazos de afecto y cohesión, basados en semejanzas.

Analizando la historia del sistema educativo podremos observar que estaba basado en la igualdad, proyecto cimentado en Europa, por los ideales de la Revolución Francesa. En nuestro país, estas ideas fueron sostenidas por Sarmiento: la igualdad como modelo central, como modelo democrático. Para este modelo era motivo de orgullo que el niño pobre permaneciera sentado al lado de la niña rica, ambos con guardapolvo blanco y compartiendo un mismo espacio aula. Sin embargo, con el correr de los años, como bien señala Dussel, una vez finalizado el proyecto de construir una Nación, esta igualdad se volvió equivalente a homogeneidad, propiciando una inclusión indiscriminada e indistinta con poco margen para el disenso, convirtiéndose en modelo expulsivo, que no reconoce ni acepta al diferente.

Con la vuelta a la Democracia y particularmente en la década del ´90, adquirirá relevancia un nuevo paradigma basado en el reconocimiento de las pluralidades. Según señala Xavier Pericay, la autoridad y la tradición como pilares de la enseñanza perderán fuerza, dejando lugar a un falso igualitarismo, un espejismo de modernidad, que llama Buenismo, caracterizado por la pérdida de autoridad del docente y una merma en la valoración social de la profesión de enseñar.

En la misma década, a consecuencia de la llamada crisis económica y social, surgen nuevas clasificaciones para las empobrecidas clases sociales, aparecen los nuevos pobres, pobres estructurales, indigentes.

Acerca de las diferencias

La idea de inclusión, prima facie, pareciera abarcar a los sectores económicamente vulnerables, sin embargo ¿son ellos los únicos que quedan al margen, fuera de ese territorio que asegura pertenencia?

Por supuesto que no es así, existen otros que fueron quedando al margen, invisibilizados, no reconocidos, que están saliendo a la luz; me refiero a minorías étnicas, discapacitados, adultos mayores, jóvenes con problemáticas familiares, judiciales, de conducta.

El otro, el distinto, el diferente que comienza a formar parte de un nuevo grupo ahora reconocido como la diversidad.

Skliar analiza la postura que entiende al diverso como aquel que se sale de lo previsto y estipulado, instalando la pregunta por la convivencia y la hospitalidad en un contexto de crisis. Crisis por falta de diálogo, por diálogos que en realidad no lo son, por cambios de paradigmas que afectan a la propia persona, heredera de un pasado con tradiciones que le son cuestionadas, que a su vez se relaciona con otros que son herederos de sus propias historias y huéspedes en relación a ella.

¿Qué hacer con él, con ellos?

Una escuela basada en la igualdad (de punto de partida y de llegada) es insuficiente, anacrónica. La educación, nos dice José Contreras, no es un problema de igualdad, sino de adecuación para que cada niño, cada niña, cada joven pueda desarrollar aquellos recursos que le permitan tener una vida digna, teniendo en cuenta su singularidad, su necesidad y su deseo. Toma fuerza el paradigma de la integración educativa que plantea una escuela inclusiva para todos los niños, para todas las niñas y jóvenes, centrando la mirada en la eliminación de las barreras que vienen desde el exterior del sujeto y que impiden su incorporación plena a la sociedad, a la que les corresponde pertenecer.

La idea de la Diversidad busca demostrar (con las mejores intenciones) que existe un otro distinto, no igual, un otro que merece ser incluido, integrado, porque en la realidad, por diferentes cuestiones, no sólo económicas sino también culturales, físicas, de salud, no lo está.

Las diferencias en el jardín de infantes

Puede suceder que desde las instituciones exista un rechazo hacia la persona con discapacidad basado, más que nada, en el temor que genera el diferente, poniendo de manifiesto la incapacidad o impotencia del cuerpo docente y no docente, incluso de las familias de los demás niños, niñas y jóvenes comprendidos entre los “normales”

A modo de ejemplo, incluyo parte de una carta que recibí de la mamá de un niñito con discapacidad motora, en la que explica el recorrido que debió realizar hasta que su pequeño logró completar el nivel preescolar:

Cuando supimos que íbamos a ser papás de L. comenzamos a soñarlo con sus primeros pasitos, pateando una pelota, bailando, andando en bici…

Sin embargo los sueños a veces tardan en llegar y L, en lugar de comenzar a jugar, saltar y sobre todo caminar, como otros chiquitos de su edad, pasó sus primeros añitos de hospital en hospital tratando de encontrar una solución al problema de sus piernitas (…) Al principio la incapacidad de L nos movilizó a todos. Fue difícil. Vimos a otros nenes correr, jugar (…) Entonces nos dimos cuenta que nuestra tristeza no debía opacar su niñez. Que debía vivir su niñez lo más felíz posible. Y, en ese intento por conseguirlo vimos puertas que se cerraban de jardines donde L. no era bien recibido por miles de excusas justificadas (…)

Termina la carta agradeciendo “…a las autoridades de la institución que lo recibió, al cuerpo docente y no docente, a los compañeritos y sus familias por ser parte de una hermosa etapa que culmina pero quedará grabada en nuestros corazones para siempre”. Incluye fotografía del niño.

Sin duda un niño con dificultades motoras pone de manifiesto varias cuestiones, una de ellas es que la mayoría de los edificios públicos no están preparados para recibirlos: faltan rampas, el ancho de los pasillos o las puertas de acceso deberá ser mayor para que pueda desplazarse en una silla de ruedas. Otra será la predisposición del cuerpo docente que, muchas veces -en mi opinión personal- protege en demasía desde el amor compasivo, fallando en la parte técnico profesional. Richard Sennett, según cita de Inés Dussel, publicó un libro en el que habla del respeto y la dignidad en las sociedades desiguales, en él sostiene que la compasión por los pobres en realidad oculta un fondo de desprecio, que sustituye a la justicia. Ambas cuestiones pueden dar por resultado una serie de excusas que justifiquen la imposibilidad de una inclusión del niño con dificultades, dentro de una institución determinada.

En la historia que presento el niño culmina el ciclo escolar, redactando los padres la emotiva carta de agradecimiento que en parte transcribo, en la que es imposible obviar el largo trayecto que debió atravesar para lograr lo que para otra familia, con un niño sin mayores dificultades, constituiría algo normal, cotidiano.

La diversidad debería ser leída como una diferencia natural, inscripta en cada uno de los seres humanos, sin embargo a veces es entendida como un marcaje, un estigma limitante de desigualdades e injusticias.

La educación tiene que ser un acto de implicación con el otro y con uno mismo, de concernimiento, cambiando la postura de “integrar”, por la de entrar en relación con el otro. Ocuparse con y del otro. Sacarlo del coto de “los otros/los diferentes” y transformarlo en un nosotros inclusivo.

Este compromiso, esta implicación en y con la vida se logra, según expresa Jorge Larrosa, cuando desde la institución escolar se tienen en cuenta diversos aspectos que podrían sintetizarse como: Estar atento, presente, conectado, implicado, con el mundo, con los otros y con uno mismo.

Cuidar al otro y a uno mismo. Guardar distancias, perdiendo las malas (que alejan, marcan, excluyen) para reforzar las buenas (las de la conversación, de la libertad, de la hospitalidad) las que nos acercan a nosotros mismos, al mundo y a los otros.

Es importante saber escuchar. Todos queremos (y necesitamos) que nos escuchen. Apostar a la palabra dicha, a la palabra oída y compartida, que reconoce a la persona como sujeto con Derechos, que la respeta y acompaña en el tiempo y espacio que necesite para ella, otorgando a los demás tiempos y espacios que permitan relaciones, que permitan conexiones y transformaciones. Mantener la diferencia como diferencia y desde allí establecer una relación.

El sujeto atento presta atención a lo que le pasa al otro, al mismo tiempo que toma en cuenta lo que le pasa a el mismo frente a ese otro. Sabe escuchar y escucharse. Permite el desarrollo de las potencialidades de cada uno de manera libre y autónoma.

Traigo a cuento un proyecto presentado en un jardín de infantes del Distrito de Tres de Febrero, basado precisamente en el reconocimiento y valoración de las particularidades de los distintos grupos étnicos que componen la matrícula de la institución.

El Proyecto lleva como nombre “Raíces: El otro me completa, me enriquece y amplía mi mirada” que a continuación detallo

Desde la fundamentación se sostiene que vivimos en un mundo multicultural, señalando entre las muchas razones por las cuales sería importante que las escuelas adoptaran un enfoque basado en la diversidad, el hecho de contar con una población “extremadamente diversa”

Los ejes principales se desarrollaron a lo largo del ciclo lectivo 2008 y tuvieron como hilo conductor el espacio artístico. Los chicos y sus familias trabajaron en clases abiertas en las que realizaron diversas actividades como reconocer en el mapa sus países de origen y las distancias a Buenos Aires, donde hoy viven. Realizaron dibujos, collages y pinturas. Los abuelos narraron historias y leyendas típicas.

Un grupo musical de origen Kolla presentó sus instrumentos y cantó canciones típicas, a las que se sumaron todos los presentes. Como cierre, se realizó la “Feria de las Naciones” donde se pudieron degustar comidas típicas como: Sopa paraguaya, Empanadas salteñas, Chicha (elaborada sin alcohol) Ceviche, Pacumutu, Qoqo de pollo, entre otras exquisiteces.

Se ofrecieron espectáculos musicales y bailes tradicionales como Sasha boliviana, Marinera paraguaya, Candombe uruguayo, Danza peruana y el Baile de las cintas argentino.

La institución se planteó reconocer al otro como sujeto distinto, valorando su bagaje cultural, facilitando un espacio de encuentro en el que cada grupo formó parte de una misma comunidad que, reconociendo las singularidades los caracterizan los acoge, sin implantar modelos, respetando las idiosincrasias de cada uno, entendiendo que un todo se compone por partes y que ninguna parte es más importante que la otra.

El proyecto, a mi juicio, fue tan exitoso que en ningún momento se hizo hincapié en el baile que presentó Salita Roja. Este grupo, con niños y niñas de cuatro años de edad bailaba Tango. La sorpresa (para mí) fue notar que uno de los bailarines tenía dificultades motoras lo que le obligaba a usar un andador, a pesar de lo cual, disfrutó de la misma actividad que realizaron sus compañeros. Es decir, fue uno más.

Esta es la verdadera inclusión, cuando se deja de teorizar y simplemente, desde una apertura de corazón se recibe al compañero, con sus temores, con sus limitaciones y sus posibilidades, que pueden ser distintas a las propias, pero merecen un espacio dentro de la comunidad.

Es probable que aun nos quede por recorrer un camino para que la alteridad sea entendida como un componente natural en la vida de una sociedad cada vez más compleja, más diversa. Cuando realmente se deje de mirar al otro como distinto, no será necesario un lenguaje que hable de igualdades y/o diferencias, de inclusión y/o exclusión, sino que habrá un idioma que abarque simplemente a la pluralidad, con una mirada nueva, como la de los niños de sala roja (cuya fotografía presento) quienes nunca cuestionaron la posibilidad de que su compañerito, pudiera bailar tango como cualquiera de ellos.

Galería de imágenes.

  • Familia Kolla, presentando canciones, instrumentos y dibujos

  • Baile: Tango. Alumnos de sala roja (cuatro años)

  • Stand de comidas típicas.

  • Producciones varias.

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