Pedagogía del encuentro

Educación. Convivencia escolar. Aprendizaje

  • Enviado por: Mhoris Emm
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
  • 14 páginas
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“HACIA UNA PEDAGOGÍA DEL ENCUENTRO”

“Hacia una pedagogía del encuentro”

“La vida y la palabra, en realidad, no caminan por senderos separados.

La palabra y la vida son dos expresiones de una misma realidad, que es la vida humana misma. Esta resulta inconcebible sin el lenguaje que la expresa. Que hace posible nombrar lo que se vive. Comunicarlo. Compartirlo. Trasmitirlo.”

INTRODUCCIÓN

En el siguiente trabajo pensamos en una “pedagogía del encuentro” destinada a dar una mirada a la problemática que observamos en la convivencia del nivel educativo, la cual podemos desglosar en tres puntos:

  • La falta (desgaste) de compromiso por parte de algunos integrantes que participan en instituciones escolares, como así también de los padres de los alumnos.

  • La pérdida de valores que estimulan una buena realización de la convivencia.

  • La enorme necesidad de diálogo, factor más que importante ya que, cuando hablamos de educación, hablamos también de comunicación y esta, como bien sabemos, debe existir entre todos los miembros de la comunidad educativa.

  • Por lo tanto, planteamos la realización de este trabajo postulando como factor clave una pedagogía del encuentro, o sea, aprender de lo cotidiano, saber expresarse y escuchar, compartir, estimular, adquirir nuevos compromisos y cumplir con los preestablecidos, etc.

    Este trabajo pretende buscar las bases para futuras intervenciones socioeducativas orientadas a transformar la escuela en una comunidad crítica y armoniosa, capaz de asumir los quiebres y los problemas de comunicación, a la vez brindar recursos que posibiliten a oportunidades, con el objetivo de construir una convivencia ordenada entre la diversidad y la mutua comprensión.

    DESARROLLO

    Para una mejor comprensión teórica, definimos qué es lo que significa el término “pedagogía”: Es la ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza; es, por ende, el eje central de todos los procesos educativos. Es tal su amplitud, el marco conceptual que abarca, que resulta complejo definirla sin recurrir a otras ciencias, que participan de ella (la psicología, la filosofía, la economía, la semiótica, la historia, la antropología, etc.)

    Cuando hablamos de “pedagogía del encuentro” advertimos que ésta se rige por un paradigma conversacional, el cual contribuye a cultivar la capacidad de entenderse con los otros para comprender el mundo, para organizar la convivencia, para expresar las propias emociones-razones y someterlas a la crítica de los demás. Dicho funcionamiento alcanza la totalidad de la experiencia humana, los cuales pueden ordenarse en torno a los factores que intervienen en todo proceso comunicativo: el interpelante (hablante), el interpelado (oyente) y el contexto (el mundo) Consideramos que la institución escolar se creó para que cumpla una determinada función: educar. Cuando no cumple con este rol o se multiplican sus funciones sociales (por ejemplo, a la hora de hacer comedores, talleres laborales, pensión u hogares de día para los alumnos carenciados, etc.), se pierde o distorsiona la misión para la cual fue creada.

    Cada institución tiene la responsabilidad de utilizar sus recursos para crear una dinámica interna que haga efectivo el cumplimiento de dicha responsabilidad: a) transmitir valores y creencias, b) transmitir conocimientos necesarios para el desarrollo laboral, c) crear condiciones para la producción de nuevos saberes y d) para el desarrollo y el progreso de la sociedad.

    Entonces, la escuela carga con un “mandato social” (Frigerio y Poggi) que la obliga a cumplir con dichos deberes. Las instituciones educativas tienen su origen en la sociedad donde se constituyen y se diferencian de las demás por su funcionalidad educativa: la escuela como construcción y, a su vez, como constructora de individuos y ciudadanos responsables que ayuden a crear una sociedad donde la convivencia sea posible.

    En este sentido, Ferreira establece que:

    Es necesario recuperar el camino perdido y trabajar acorde a las exigencias del momento: la formación de un joven que deberá resolver, a medida que crece, situaciones inéditas, para las que no les servirán modelos sino el uso del razonamiento y la capacidad de decisión.

    En los últimos años, la legislación nacional ha dispuesto que los padres asuman una responsabilidad participativa en la educación de sus hijos: la escuela no es un depósito de niños y los docentes no son los únicos responsables de la conducta y los conocimientos que adquieren los chicos. Por ende, la ley señala que la participación en la educación de los niños sea conjunta, entre padres y docentes por igual.

    De esta manera no quedará solo bajo la responsabilidad de los docentes: “La autoridad del maestro y del Estado se sobreimprimió a la autoridad familiar, en un proceso que marca la tensión entre orden privado y orden público y que indica la gradual delegación de tareas en el Estado educador”.

    El aprendizaje

    El concepto aprendizaje resulta indispensable para encarar cualquier estrategia educativa. Para intentar enseñar algo debemos tener una cierta idea de cómo procesan los mensajes los alumnos y modifican sus conductas a lo largo del tiempo. De hecho, todo aquel que enseña algo - lo sepa o no - tiene una teoría o una metáfora para explicar el proceso de aprendizaje.

    Pero, ¿Qué significa aprendizaje? Aunque un proceso individual, se realiza con la participación de otros, es decir, en comunidad (por ejemplo, en la relación padre-hijo, docente-alumno) Se aprende con otros y de los otros. Pero lo característico de la escuela es que estos “otros” adquieren formas muy precisas: otro adulto, depositario de la autoridad y del saber (el docente) y un conjunto de “pares” de edades muy similares. El aprendizaje escolar se da en el contexto de un grupo-clase, en el que se produce una reciproca influencia entre profesores y alumnos.

    El aprendizaje en el aula tiene lugar en un espacio cargado de influencias simultáneas, como consecuencia de las interacciones de los individuos dentro de un grupo social que conviven dentro de un mismo contexto. Por ende, el aprendizaje escolar es, a la vez, intrapersonal, interpersonal y colectivo.

  • Intrapersonal, los significados se transforman por el aprendizaje de cada persona. Aquí el aprendizaje es un hecho individual: uno reflexiona consigo mismo.

  • Interpersonal, el aprendizaje escolar involucra el intercambio de información o de mensajes entre dos o tres individuos que participan en el aula.

  • En el nivel grupal, el individuo recibe y produce mensajes como miembro de un grupo. O sea, llega a la totalidad de los individuos que conviven con él.

  • En referencia a lo anterior, suponemos que cuando un docente quiere impartir un conocimiento, éste no sigue un ritmo lineal y equilibrado sino que se ven involucrados diferentes factores psicológicos (miedo, vergüenza, timidez, ansiedad, etc.) que comprometen su ejecución efectiva. O sea, impartir un saber no significa que éste realmente sea aprehendido por el alumno en el momento en que se transmite dicho conocimiento, por esto resulta fundamental que el docente establezca como una de sus prioridades, dentro del aula, el clima armónico (ya sea entre él y el alumno y entre ellos entre sí) porque la buena convivencia facilita el aprendizaje.

    La convivencia

    Observamos una gran necesidad de valorar y construir una pedagogía de la convivencia, en la escuela y los problemas socioeducativos asociados a ella, sus afectos y factores, para transformar a la institución educativa y alcanzar aprendizajes de calidad.

    Esta área dentro de la pedagogía es la articulación e integración crítica de los aportes de las Ciencias Sociales. Para una mejor comprensión y desarrollo del fenómeno, reconocemos cuatro conceptos claves: a) el encuentro con uno mismo; b) encuentro con el prójimo; c) encuentro con la sociedad y d) convivencia escolar.

    a) Encuentro con uno mismo

    El individuo se encuentra consigo mismo en una situación de dificultad que debe superar. Necesita reconocerse para poder madurar y establecer una relación de normalidad con sus pares y consigo mismo. Un niño que no puede establecer una convivencia normal con sus semejantes es un niño con deficiencias en el aprendizaje, en su desarrollo emocional y con baja autoestima.

    La naturalidad de la persona se despliega en la autenticidad de su lenguaje, y esa es una meta por lograr en toda acción educativa. Se trata de aprender a ser, lo cual puede traducirse como la búsqueda de la coherencia entre el mundo interior y su desarrollo creador del potencial expresivo, como la construcción armoniosa de una identidad o como el conocimiento de sí mismo. "EI juego de habla y replica prosigue en el diálogo interior del alma consigo misma.”

    Se hace necesario profundizar una pedagogía del encuentro consigo mismo: forjar la voluntad y el carácter, ejercer la libertad creativa, fortalecer la autoestima. “Los alumnos pueden descubrir aspectos de su yo interior cuando explicitan sus intereses, capacidades, y formas preferidas para obtener reconocimiento... La concientización de dicha información es valiosa no solo por aquello que revela a los alumnos sino también porque proporciona elementos al docente que le permitirán individualizar la enseñanza”.

    b) Encuentro con el prójimo

    Ya desde Aristóteles se definió al hombre como un “animal social”, que se hace hombre en relación con otros hombres. Pero vivir entre otras personas no significa que el hombre aprenda a convivir. Un encuentro auténtico con el otro crea vínculos de reconocimiento, respeto, solidaridad y amistad. Se deja de usar instrumentalmente al otro o de considerarlo como objeto para pasar a verlo como a un semejante. Se instaura la modalidad de diálogo, en la que los participantes, por igual, se enriquecen y transforman. “Cuando hablamos de: ´la escuela de la comunicación´, hablamos de que las relaciones entre docentes y alumnos se hacen dialógicas y en la que tienen cabida los encuentros interculturales”. Por lo tanto, se deduce que una pedagogía del encuentro significa aprender a vivir juntos, en la familia, en la escuela y en la sociedad y exige un cambio de nuestra cultura en el ámbito de los comportamientos, suposiciones, formas culturales, prejuicios, creencias, actitudes, estereotipos, opiniones sobre el lenguaje en general y sobre las lenguas en particular.

    c) Encuentro con la sociedad

    El lenguaje hace posible nuestra relación con el mundo material y cultural.

    Una pedagogía del encuentro con el mundo significa un desarrollo crítico y responsable de la ciencia y la tecnología que se enseña y que se aprende. El conocimiento es un discurrir en el lenguaje, sobre la base de preguntas y respuestas, de hipótesis y verificaciones. Pero también, se trata de aprender a conocer y aprender a hacer. Y este aprendizaje se inscribe en el proceso de democratización del conocimiento: "Nuestra sociedad de la información tendrá que experimentar una revolución del conocimiento que lo coloque de manera firme en las manos de la gente: convirtiéndola en ciudadanos que piensen y decidan por sí mismos, y vean las diferentes culturas y enfoques, no como una amenaza, sino como una oportunidad grata para el encuentro de las mentes. [...] necesitamos una revolución del conocimiento, sin la cual la llamada revolución digital de la nueva tecnología de la información solo puede afianzar la desigualdad, la injusticia y la exclusión"

    En el caso de la modernización educativa, esto supone armonizar el potencial de un saber-hacer científicamente racionalizado con el potencial de un saber-ser fuertemente fundado. En ese núcleo armonizador reside la emergencia de una nueva actitud formativa. En este sentido, la transformación de la educación no puede ignorar la importancia de los valores y actitudes que están permanentemente en juego: ¿Cómo armonizar y equilibrar los componentes de orden técnico y los componentes de orden práctico en la sociedad y en la educación?

    d) Convivencia Escolar

    En la convivencia escolar intervienen una gran cantidad de elementos e interacciones, se involucra procesos múltiples que se articulan y suceden de forma continua. Los individuos, las comunidades y la sociedad no son predecibles, al contrario: las personas y los grupos evolucionan, no todas ellas orientadas en forma positiva. Esta incertidumbre, obliga, en la convivencia escolar, a un esfuerzo de comprensión por parte de sus miembros (directivos, docentes, alumnos, padres)

    Suponemos, entonces, que todo esfuerzo por optimizar los procesos de convivencia requiere el desarrollo simultáneo de procesos de autoconocimiento, tanto de carácter personal como de tipo institucional. En este sentido, señalamos como paradigma ejemplar lo que Ferreira y Pasut denominan “Aula Flexible” que es aquella que prioriza la idea de que el trabajo con grupos es un trabajo socializado porque, por un lado la interacción hace que se logren comportamientos responsables (por ejemplo: la división de tareas) y por el otro la obligación asignada no da lugar a distracciones. Hay un tiempo estipulado y un producto a lograr. Entonces, la disciplina será una situación natural. Habrá alboroto, ruidos, risas pero serán de la gente que trabaja. En el aula flexible hay vida.

    Para una buena convivencia es necesario que el docente sea el coordinador, el líder, movilizando situaciones de comunicación organizando experiencias de aprendizaje, guiando la evaluación. Su actitud es diferente a la del profesor profesional porque al contribuir a la idea del aula flexible establece, con su grupo, una relación democrática, es decir participativa.

    Las técnicas grupales que facilitan la convivencia son tres:

  • de iniciación; b) de producción y c) de cierre. Las primeras tiene como objetivo el conocimiento mutuo, la integración de los miembros o el logro de un clima armónico a través de la desformalización. Aquí los miembros aislados empiezan a formar un grupo; de allí en más, lo cohesión se hará cada vez más profunda. Todos sabemos que en la primera clase hay una situación tensa porque el alumno y el maestro se ven por primera vez. Hay temor al rechazo y ansiedad por lo que el coordinador será responsable de provocar una acercamiento que distienda. En segundo lugar, las técnicas grupales de producción organizarán el grupo para que una tarea específica sea más productiva aprovechando las potencialidades de trabajo de cada miembro del grupo por el intercambio de informaciones y de la confrontación de distintos puntos de vista. Por último las técnicas de cierre sirven para evaluar en forma permanente y cotidiana del grupo permitiéndole mejorar permanentemente en su funcionamiento y rendimiento.

  • Un ejemplo de técnica grupal es la denominada “nos conocemos y proyectamos” que consiste en la conformación de grupos a partir de sus características personales (los signos del horóscopo) Luego de que el docente presente la propuesta de trabajo cada grupo la hará efectiva y luego entre todos consensuarán resultados. Esta técnica sirve para la presentación y comunicación personal e interpersonal así como para fomentar el consenso.

    No obstante, nuestra propuesta reconoce que la comunicación dentro del aula es de carácter jerárquico porque las reglas de convivencia no se definen democráticamente, sino que la mayor parte de las decisiones que son tomadas de antemano, antes de que los alumnos e incluso el maestro entren al aula.

    Este tipo de relaciones no se basan primordialmente en el Saber sino que devienen de una estructura de Poder. Por un lado, tenemos al docente que tiene más poder sobre los aconteceres del alumnado, pero por otro lado el equipo directivo ejerce poder sobre el docente y, en el ámbito institucional, también sobre el alumno.

    Síntesis de lo abordado:

    • La problemática actual surge del desgaste y la falta de compromiso de los actores sociales, de la perdida de valores en la convivencia y de la falta de dialogo como signo de comunicación y concientización.

    • La escuela, en construcción, posee una obligación social: formar ciudadanos responsables que ayudan a crear una sociedad que mejore la convivencia sea posible.

    • La familia es la primera institución educativa con la cual los chicos tienen contacto. La escuela no es un “deposito de niños”, los docentes no son los únicos responsable de la conducta y de los conocimientos que estos adquieren.

    • El aprendizaje escolar se da en un contexto de grupo-clase, con una influencia recíproca entre el docente y el alumnado. Por ende, el aprendizaje escolar es intrapersonal, interpersonal y colectivo. No obstante, en la transmisión de conocimientos, entran en juego diferentes factores psicológicos, por eso, es fundamental un clima armónico en el aula.

    • El alumno debe enfrentar diferentes situaciones: a) encontrarse con si mismo (aprender a ser): madurar y establecer una relación de normalidad con sus pares y consigo mismo. b) encontrarse con el prójimo: aprender valores para poder vivir en sociedad. c) encontrarse con la sociedad: aprender a conocer y a hacer para superar las diferencias y mejorar la sociedad.

    • En la convivencia escolar intervienen gran cantidad de elementos e interacciones en forma continua e impredecible, por eso el planteo del “Aula abierta” como solución, priorizando la idea de trabajo en grupo, socializado, para lograr comportamientos responsables y de respeto.

    CONCLUSIONES

    Valores y límites en la educación de hoy

    Cuando hablamos de educación muchas veces tenemos la visión que se hace referencia a la tarea que ejercen los docentes en las escuelas, y no tenemos en cuenta que la misma se inicia en el hogar.

    Así podemos decir que los sujetos no se forman aisladamente, desde su nacimiento establecen relaciones con otros, padres, hermanos, amigos y maestros, a partir del nacimiento el niño comienza a formar parte de instituciones. La primera es la familia, y a lo largo de toda su vida se van incorporando a otras. Las relaciones sociales suponen la interacción del hombre dentro de las instituciones y a éstas como parte de la cotidianidad de los sujetos. Las instituciones permiten el ingreso de las personas a un universo de valores, creando normas, límites y sistemas de referencia que organizan su vida psíquica y social.

    Al referirnos a los límites, hay quienes los consideran anticuados, como una forma de intento de “dominación de los mayores sobre los menores”, de los padres sobre los hijos, y eso choca contra el espíritu de los nuevos tiempos que busca sostener e impulsar la vida independiente y libre desde la más temprana edad: cuando son pequeños, para dejarlos experimentar y cuando son adolescentes, para no condicionarlos negativamente frente a la existencia.

    Y si este es el espíritu de los tiempos modernos, ¿no sería anticuado seguir pensando y hablando de “límites”?

    En el mundo en que vivimos (cambiante, inestable, moderno, donde el conocimiento es provisorio), solemos interpretar que atender a las demandas de la comunidad supone entrar en la vorágine de “dar respuestas” y se ha llegado a no satisfacer las necesidades básicas del aprendizaje que tienen los alumnos (conocimientos, valores, técnicas, actitudes, etc.), que es obligatorio y necesario aprender no solo para vivir con dignidad, desarrollándose a lo largo de toda su vida en función de su propia calidad de vida, la de su comunidad y nación.

    Los hombres, al llegar a la madurez, se suponen como la generación del silencio: Cuando eran chicos callaban porque la palabra pertenencia naturalmente a los adultos. Allí la relación era asimétrica. Los padres y los docentes detectaban una condición que aceptábamos, condicionando nuestras conductas.

    Aquellos niños que callaban son los adultos de hoy, porque los nuevos niños parecen haberse adueñado de muchas situaciones. Y es allí cuando los chicos parecen desbordar el escenario. Los adultos parecen carecer de seguridad suficiente acerca de los valores que hay que mantener con firmeza y los consiguientes límites que debemos lograr que reconozcan y acepten.

    El clima que favorece la idea de que los chicos ocupan el centro de la escena y que los adultos, deben permanecer respetándolos como fundamentales protagonistas, e suna idea que conspira contra la misión de los padres y los educadores, por la elemental razón de que la educación, como la vida, es una dimensión de encuentro. Vivir es convivir.

    No se aprende a vivir sin estar aprendiendo a convivir simultáneamente. De modo que los chicos deben pasar por las experiencias necesarias para descubrir la realidad de los otros y colaborar para que la vida de todos sea positivamente agradable, aunque no necesariamente fácil.

    Un ambiente de hogar o de escuela donde los adultos se sienten de alguna manera postergados, no da garantías de un amor sano por los hijos y alumnos.

    Cuando sucede todo esto, sin lugar a duda, el concepto de los límites tiene ciertas lagunas o padece de distorsiones. O porque en la fantasía se lo magnifica como instrumento de acción educativa, o porque, al revés, se lo descalifica lisa y llanamente a él como si fuera el gran instrumento educativo.

    Cuando se resalta de tal manera el privilegio de los chicos y se opaca la figura de los mayores, algo anda mal en el proceso educativo. La educación es también ese tiempo de encuentro para que todos nos ayudemos a vivir, cada una de una forma. Precisamente este es el equilibrio que trataremos de encontrar, donde se conjugue el derecho del menor a una buena vida y una buena educación, y el derecho de padres y docentes educadores a una vida suficientemente válida para sí mismos.

    Los chicos, como tendencia general, llegan a la escuela sin esos principios básicos de la socialización, y los docentes y directivos se encuentran con reclamos que no siempre están capacitados y dispuestos a resolver, porque ellos también están agobiados por muchas causas, entre ellas las condiciones de su propio trabajo.

    De la Democracia a la Anarquía áulica: hacia una pedagogía del encuentro, dialogada.

    La educación democrática y verticalista ha llegado a un punto crítico. La problemática educativa, como ya mencionamos, surge de la falta de compromiso, de la perdida de valores y fundamentalmente de la falta de dialogo, y mayormente de la concertación. Cuando el alumno entra en la institución educativa se encuentra con un sistema democrático y verticalista, donde las reglas ya han sido establecidas, solo le queda adecuarse a ellas. Esta realidad jerárquica, que nos trae una educación verticalista, no ayuda en el proceso de comunicación recíproco necesario (entre el docente y los alumnos). Los actores sociales se encuentran ante una realidad a la cual deben responder y al no elaborar las pautas entre ellos mismos, no siempre logran sentirse parte de ella. Aquí comienza el gran problema: no logran concebir respeto por el lugar, ni por los docentes, ni por sus compañeros, sumado a ello, la necesidad adolescente de romper las reglas, de salir del margen y lograr llamar la atención. Con esta realidad, el clima propicio para la educación es impensable, la convivencia no se logra y el alumno no llega, siquiera, a encontrarse con la sociedad; y si no llega a ese último objetivo, ¿qué nos deparará el futuro?

    Anteriormente hablamos de la convivencia áulica, de un docente coordinador y de una democracia participativa, de un aula flexible, con interacción grupal y obligaciones, pero también, reconocimos una comunicación jerárquica dentro del aula. Ahora les proponemos abordar la educación desde otro punto de vista, donde prime la comunicación horizontal.

    La idea la tomamos de Paulo Freire y de su “educación liberadora”. Partiendo de la idea de que nuestras sociedades, todas sin excepción, son sociedades de opresión, propone la pedagogía del oprimido, una utopía donde prime el dialogo, la inclusión del otro como par.

    La utopía que propone es abierta, sin concreciones, desarrollada ya en el propio curso del proceso educativo. Se trata es de entenderla como realización del diálogo entre los hombres y la consiguiente superación de las interferencias que nos impiden hablar (y escucharnos). El educador comienza, precisamente, escuchando con toda su atención al otro, desde la íntima convicción de que el otro vale, de que el otro es sabio y aporta conocimiento. Al contrario de toda educación actual, de tipo vertical, donde se idealiza al educando como un ser ignorante, un alumno, una persona sin luz.

    Para Freire, la situación límite del oprimido es un punto de partida material, económico y político; es algo hecho por el hombre que apunta a su propia superación en la historia, en la forma de una realidad más humana, apuntando a una utopía superadora. Fundamenta, además, esta nueva realidad, mencionando al dialogo como el único medio para que el hombre pueda ir conociéndose como ser en permanente reconstrucción en un mundo también en continua reelaboración.

    Toda relación vertical entre los hombres, a juicio de Freire, aleja al hombre de sí mismo y enajena a los sujetos educandos, constituyendo un no-diálogo. El auténtico diálogo horizontal se presenta como la alternativa educativa que prepara y anticipa la utopía de una humanidad en consonancia consigo misma, en la que las personas hablen y, sobre todo, se escuchen.

    No queremos convencerlos de que la única solución es la extremista pedagogía del Brasilero Freire, pero si de que la educación argentina necesita de un cambio que lo retire de la crisis anárquica que se observa en las aulas, sobre todo, en los colegios estatales de alto riesgo. Proponemos una pedagogía del encuentro donde si bien exista la figura del docente como autoridad digna de respeto, también exista una concertación grupal surgida del dialogo, primariamente horizontal. No podemos imaginar la figura del docente como un par, pero si concientizarnos de que de los educandos también se obtiene conocimiento y que estamos trabajando, no con objetos, sino con seres humanos. No se trata de maquinas que responden a estímulos, como ya mocionamos en la comunicación del aprendizaje entran en juego los diferentes factores psicológicos y ambientales, que transforman la escena áulica.

    La educación nos está fallando en el encuentro del chico con la sociedad, con el desarrollo crítico y con el encuentro con el prójimo, con la aprehensión de valores. Con esto, la obligación social de esta institución se ve en crisis, la idea de formar ciudadanos responsables que ayuden a crear una sociedad donde la convivencia sea posible o que ayuden a mejorarla, debe ser resaltada y ocupar mayor prioridad en la agenda política sino queremos que la situación áulica se traslade a todos los sectores de la sociedad. No se trata solo de un encuentro entre los alumnos y el docente, también está dentro del juego la sociedad (los padres, el gobierno, la comunidad educativa y la gente en general, por medio de los proyectos de ley y de los gobiernos que elegimos). El encuentro debe ser entre todos y para ello es prioridad que el “el otro” este en el mismo nivel que uno mismo. La idea de encuentro debe ser abordada desde un plano horizontal donde las pautas se construyan entre todos (con dialogo), el respeto sea generado y ganado, hacia el docente y hacia la institución, haciendo partícipes a los educandos de la realidad en la cual están inmersos ¿Cómo?: por medio del dialogo horizontal. Solo así se podrá generar el clima propicio para que la palabra “educación” sea posible.

    BIBLIOGRAFÍA

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    DUSSEL, E, Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid 2002, Ed. Trotta.

    INDICE

    Introducción...........................................................................................................................Pág 1

    Desarrollo..............................................................................................................................Pág 2

    El aprendizaje........................................................................................................... Pág 3

    La convivencia...........................................................................................................Pág4

    Encuentro con uno mismo............................................................................. Pág4

    Encuentro con el prójimo............................................................................... Pág 5

    Encuentro con la sociedad............................................................................ Pág5

    Convivencia Escolar..................................................................................... Pág 6

    Síntesis de lo abordado........................................................................................... Pág 7

    Conclusiones....................................................................................................................... Pág8

    Valores y límites en la educación de hoy................................................................. Pág8

    De la Democracia a la Anarquía áulica: hacia una pedagogía del encuentro, dialogada.................................................................................................................. Pág 10

    Bibliografía........................................................................................................................... Pág13

    Valores y límites en la educación, Julio C. Lavaké.

    Página 20, “Cara y Ceca” Ed. Troquel (1992)

    Ferreyra y Pasut: Técnicas Grupales. Elementos para el aula flexible. Ed. Novedades Educativas, Buenos Aires 1998.

    Santillana. De la Familia a la escuela, Infancia, socialización y subjetividad.

    Para más información, sugerimos ampliar con el concepto de “Zona de Desarrollo Próximo” de Vygotsky en: Pensamiento y Lenguaje, Editorial Paidós, Barcelona (1995).

    “El aula es una estructura de comunicación entre sujetos”, Inés Dussel y M. Carusso. La Invención del Aula: Una genealogía de las formas de Enseñar (pág. 31) Ed, Santillana 1999

    Platón en Int. a la Filosofía. J. Maritain.

    Bumade, M. E. y Casarini A. Inteligencia Intrapersonal (junio 2007)

    Touraine, A. ¿Podemos Vivir juntos? Iguales Y diferentes.

    Consideramos fundamental la idea de que el hombre, durante toda la su vida, interactúa con el medio que lo rodea en una relación de continuo aprendizaje por lo que resulta fundamental la idea de “aprender a aprender”, o sea, el desarrollo de un pensamiento crítico y autónomo que se asiente sobre una base concreta y firme.

    Mayor, Federico. La educación superior y los retos del nuevo milenio.

    Si bien la democracia supone reglas preestablecidas, ya que sino estaríamos hablando de una anarquía, nos referimos a que las reglas, están formuladas de manera vertical o no son consensuadas por los actores que responden a éstas. Por lo tanto, el alumno se encuentra ante una realidad que debe asumir, de la cual no siempre se siente parte.

    Proyecto Educativo Institucional.

    LA PEDAGOGÍA DE PAULO FREIRE: DE LA SITUACIÓN LÍMITE AL DIÁLOGO COMO UTOPÍA. Marcos Santos Gómez. Universidad de Granada.

    El Filosofo existencialista argentino erradicado en mexico tras la dictadura de 1975, Enrrique Dussel hace mención a la pedagogía de Freire: “es una pedagogía planetaria que se propone el surgimiento de una conciencia ético-crítica. Su acción educadora tiende, entonces, no sólo a un mejoramiento cognitivo, aun de las víctimas sociales, o afectivo pulsional, sino a la producción de una conciencia ético-crítica que se origina en las mismas víctimas por ser los sujetos históricos privilegiados de su propia liberación. El acto pedagógico crítico se ejerce en el sujeto mismo y en su praxis de transformación: la liberación así es el `lugar' y el `propósito' de esta pedagogía.”

    Dussel, E. (2002) Ética de la liberación en la edad de la globalización y de la exclusión. Madrid, Trotta

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