Paz y bien

Teología. Religión Católica. Ética. Pacis et bonum. Moral social. Lógica de la fraternidad. Educación. Justicia. Filosofía. Pasajes de la Biblia

  • Enviado por: Erick
  • Idioma: castellano
  • País: Nicaragua Nicaragua
  • 6 páginas
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PACIS ET BONUM

En este trabajo de moral social, intento dar unos fundamentos que nacen de la experiencia vivida del hombre, a través de la historia y donde la paz ha sido una utopía, es decir que es “un cuervo blanco” parafraseando de esta manera al poeta latinoamericano de la antigüedad Juvenal.

 

No pienso dar respuestas al problema de la guerra con mis limitadas reflexiones, sino tratar de ampliar con una mentalidad cristiana los fundamentos evangélicos que ilustran un Imperativo ontológico y Teológico al ser humano que vive ante los fenómenos sociales de la injusticia, la pobreza, la falta de igualdad y de irrespeto humano, llevando éstos al caos de la guerra.

 

En esta reflexión tendré en cuenta que la filosofía de la paz en este mundo es la “fe verdaderamente cristiana”, basada en la “obra del amor” (Gál 5,6). Ese será el tapiz de este trabajo que he empezado ha explicar con empeño, que implica naturalmente un desarrollo de la paz en nuestra vida individualizada que tiene repercusiones positivas en los demás.

 

Soy consciente que esta reflexión moral se sitúa en la selección influida por la situación actual y embarazosa, en la que la Iglesia debe iluminar al hombre que no se ha encontrado moralmente hablando con el “Príncipe de la paz” que es Jesucristo.

 

Sólo me cabe esperar que no sea excesivamente subjetivo en la confrontación de esta situación social, que de algún modo nos es “común a todos”.

 

ð      Gál 5,14 «AMARÁS A TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO»

El hombre, moralmente hablando tiene un Dios y configura su visión del mundo, a través de su actuación en el mismo mundo. Por tanto, la visión que se tiene del mundo determina como es la fe en el Dios que el hombre tiene y cree. La razón de la paz está en la caridad que es la visión actual de Dios, y que marca sus raíces en las experiencias de interacciones humanas.

 

Así pues, el intento de esta reflexión moral es “Recuperar la Creación”, pero desde el significado profundo del Mandamiento del amor; ¡A NOSOTROS MISMOS Y AL PRÓJIMO! Uniéndonos a la acción salvadora de estar siempre trabajando con Jesucristo (Jn 5,17), para vencer al príncipe de la discordia (Demonio) y, lograr establecer el Reino de Dios entre los hombres.

 

Resulta obvio que tomar en serio esta Nueva imagen del mundo lleva consigo la Nueva imagen del hombre. Es una imagen que exige repensar a fondo la relación del hombre con Dios.

 

 

 

 

 

LA LÓGICA DE LA FRATERNIDAD

 

Uso un subtítulo impropio como es el de “La lógica de la Fraternidad”[1] porque es evidente que un proyecto de tal envergadura necesita un clima espiritual que lo envuelva, y es preciso caer en cuenta que la paz del mundo nace de esa calma existente del hombre que sumerge su vida en la profundidad del espíritu.

 

Aunque, aparentemente en un país como el nuestro no vivamos en guerras declaradas hacia otros países, eso no quiere decir que se respira una paz profunda, de tal manera que nuestra gente sufre de injusticia, de hambre y esto nos lleva recordar la parábola del Juicio Final (Mt 25,41- 42) «Apartaos de mí... porque tuve hambre y no me disteis de comer» y es esa la lógica que está dirigida hacia los pobres, los pequeños, y marginados de nuestro pueblo.

 

Estos núcleos humanos tienen incidencias en el respeto de los derechos humanos[2], y la lógica fraterna se conecta intrínsecamente en el desarrollo auténtico y respeto de los derechos de la humanidad demostrando así, una vez más su carácter moral[3].

 

Es por eso que en ese clima fraterno se debe tomar en cuenta que el hombre cristiano está llamado a educarse para ver en el hombre que sufre, que vive y sobre todo que no es capaz de vivir en armonía con la creación ni con los demás semejantes a su raza racional, “la imagen viva de Dios” que nos invita a vivir en la participación de la verdad y el bien, que es Dios mismo. Es decir, que el verdadero desarrollo de la fraternidad se funda en el amor a Dios y al Prójimo, y favorecer las relaciones más dignas entre los individuos y las sociedades, «Esta es la civilización del amor, de la que hablaba con frecuencia el Papa Pablo VI»[4]

 

Lo cual, ciertamente, exige de nosotros implementar esta lógica de la fraternidad, buscando de manera creativa nuevas formas y concreciones. Pero lo decisivo en este pensamiento positivo es, precisamente que los cristianos reconozcamos junto a todos los hombres y mujeres al idéntico Padre, que nos llama a aportar al mundo la urgencia realista y utópica de la fraternidad entre los hombres. Esta lógica cuenta con la cruz de la historia que nos lleva al tópico de (Cfr. Lc 17,21) «El reino de Dios ya está entre vosotros», presente en un simple vaso de agua dado a un pequeño (Mt 10,42).

 

Hacer presente en alguna medida la fuerza de esta llamada, uniéndola a los esfuerzos de todas las personas de buena voluntad, constituye sin duda el mejor modo de testimoniar nuestra fe en el Dios - Padre que nos alumbra de un futuro igualitario, libre y fraternalmente humano.

 

EDUCAR PARA LA PAZ

 

ð      «Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» Mt 5,9.

 

No se puede negar que existen personas dedicadas al crecimiento de una vida más justa y sobre todo, que están dispuestas a trabajar por la paz.

 

Pienso que lo importante en este mundo hostil en el que nos corresponde vivir, no es tanto el contra - restar cierto ataque, sino que es “Educar para la paz”, y el vivir en paz.

 

El primer escenario de educación es sin duda la «FAMILIA», a la que la Iglesia ha llamado “La Iglesia Doméstica”, y como dice el Papa Juan XXIII en la encíclica Pacem in terris La paz ha de nacer de la mutua confianza[5] y esta confianza debe estar cimentada en la caridad.

 

Se debe trabajar e insistir en que la paz es un valor fundamental, que nace de la positiva orientación de los jefes de las familias, pero esto implica vivir en paz en el hogar y tener todos un cambio de corazón, con los ojos puestos en el orbe entero y en aquellos trabajos que todos juntos podemos llevar a cabo para que nuestra generación mejore[6].

 

Para edificar la paz se requiere ante todo que se desarraiguen las causas de discordia entre los hombres, porque son los que alimentan las confrontaciones violentas hasta llegar el punto de promover las injusticias.

 

Sin embargo, el hombre creyente tiene el prototipo de pensamiento para establecer y construir la paz, es Cristo, el autor de la paz que coopera con todos los hombres a cimentar la paz en la justicia y el amor, prestándose de tal manera la Iglesia como medio de paz en la humanidad.

 

La Iglesia siempre ha estado pendiente de la paz del mundo, que se ejerce desde la voz de los que no pueden alzar la palabra, pero las familias están llamadas por la fuerza del evangelio hacer portadoras de la paz en la sociedad, teniendo como centro de acción el vecindario. El núcleo de la paz está en el “amor al prójimo”; «que es imagen y efecto de la paz de Cristo, que procede de Dios Padre».[7]

 

Y como segundo escenario tenemos que para educar en la paz, se debe hacer énfasis en la Educación que ofrecen las escuelas, estas pueden ofrecer una buena orientación a la niñez, juventud, a través de las materias de moral cívica, historia, etc... teniendo como fundamento el “Bien Común” y la sinceridad en la caridad (Ef 4,15) para establecer la paz y crear hombres que imploren la paz.

 

ALEGRÍA PARA LOS QUE ACONSEJAN LA PAZ Pr. 12,20

 

La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia...[8] Mientras el hombre tenga corazón podrá estar en consonancia con el Creador de la vida, y ser un paladín del Derecho a la paz. Por eso, un mundo en evolución no puede realizarse sin choques y, una vida limitada no puede escapar al conflicto, al dolor y a la muerte, pero siempre teniendo en cuenta la dignidad de la persona humana.

 

Existe un adagio popular que dice; “después de la tempestad viene la calma”. A veces es necesario ciertas revoluciones para acrecentar el nacimiento de personas dedicadas a la búsqueda y defensa de los demás, para aconsejar sobre el tema de la paz.

 

Sin embargo, no es bueno solamente trabajar por la paz, sino que se debe orar por la paz, y en esto participan «Todos los hombres de buena voluntad; esto es, la consolidación de la paz del mundo».[9]

El pregonero incansable de la paz, el trabajador por antonomasia es Jesucristo, quien nos ha traído la paz y nos ha dejado la paz, por ello el Espíritu de la Encíclica del Papa Juan XXIII en el Nª 171 nos invita a que; «Pidamos con instantes súplicas al divino Redentor esta paz que Él mismo nos trajo».[10] Y en la Constitución Dogmática del Vaticano II - Gaudium et Spes Nª 39 el Papa de turno nos llamaba a tener “esperanza de una nueva tierra” y es la “espera de una nueva tierra que no debe amortiguarnos, sino más bien debe avivar la preocupación de perfeccionar esta tierra”. Así pues; sólo el Dios sufriente puede salvarnos, y darnos la paz interior que tendrá sus consecuencias en los hermanos que amamos.

 

«la justicia y la paz se abrazan» (Sal 85,11)

 

En la mentalidad hebrea Shalom; expresa plenitud. Pero en la mentalidad teológica del hombre en general, «La paz es, ante todo un Don de Dios». “No se apartará más de ti mi misericordia, y mi alianza de paz será inquebrantable”, dice (Is 54,10). Es por eso que, los profetas sitúan en el corazón de su mensaje; el anuncio de la llegada del Mesías y que será ante todo; «El Príncipe de la paz». (Is 3,5)

 

De tal manera que en el Nuevo Testamento en Jesús se cumple este aspecto de la espera mesiánica: «El viene a enderezar nuestros pies por el camino de la paz». (Lc 1,19) Es más, durante la última comida con sus apóstoles les dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy...» (Jn 14,27), y después de su resurrección saluda a sus discípulos diciendo: «La paz sea con vosotros». (Jn 20, 19 - 20)

 

Es de esta forma como la Sagrada Escritura nos acerca al corazón de Jesús, de donde viene impresa la moral de la paz, la que tiene su sustento en la justicia. Así, Jesús nos deja un legado profundo que debemos cultivar, para lograr en nuestra realidad el cómo debería ser “el otro mundo posible”, que Jesucristo ha dejado en lo más íntimo de cada hombre, como es el Ser.

 

La paz y la justicia nos llevan a soñar, en una humanidad más justa, construyendo estructuras democráticas de gobierno mundial, para tener siempre ese anhelo que Jesús vivió en un mundo semítico demasiado violento. Para que la paz y la justicia se abracen debemos erradicar el odio existente, el rivalismo y la competencia de quienes somos los mejores.

 

Es un reto de todos los hombres el conquistar la paz, ya sean hombres no creyentes, cristianos o personas de otras religiones.

Sin embargo, este mundo nuevo tiene de fondo; “la angustia del fango y la miseria, con ojos que nos desafían”, porque todo ser humano es consciente de que la paz y la seguridad basadas en la justicia y en la libertad siguen ausentes y continúan amenazadas en el mundo actual.

 

Hay una realidad que los moralistas y los gestores de la paz son conscientes sobre si es; ¡Posible un mundo sin guerras! Y la respuesta es ¡Claro que es posible! Pero, para ello se necesita en primer lugar cambiar el chip de la población desde las raíces como es la familia y la educación.

 

En todo este trabajo he pretendido apuntar las “bases morales” de esta reflexión sobre la paz. Una base moral en primer plano es:

 

* LA PERSONA DE JESUCRISTO: Quien en su persona y en su vida nos ha propuesto el “Verdadero orden de la paz”.

* LA IMAGEN DE UN MUNDO NUEVO: El creador nos dejó un mundo en orden y ese orden lo destinó a la administración del hombre, pero por haberse dejado seducir por el maligno, es mundo fue estropeado.

*EL CORAZÓN DEL HOMBRE: Fue creado para vivir en armonía con la creación y ser un constructor de la paz, a través de las mediaciones que ya tiene inscritas en las profundidades de su ser.

*LA FRATERNIDAD: Que viene siendo en principio una utopía, pero el ser humano a través de la justicia y el amor puede alcanzar la hermandad procurada.

 

Tendiendo en cuenta estos cuatro aspectos y otros que no escribo, porque el imaginar más me puede hacer un poco ilusionista y fantasioso; pero no es malo calmar nuestra sed de paz, imaginar ese otro mundo que afirmamos que es posible y pienso que es ese el primer paso para provocarlo y construirlo. De tal manera que, “ese otro mundo” sólo vendrá si lo soñamos juntos, y nos vamos esforzando entre todos por plasmarlo, en propuestas colectivas, es decir, en la búsqueda comunitaria y es esa la naturaleza del tema tratado, que la paz no es solamente de unos pocos, sino que es la elaboración de nuestras propias exigencias por restablecer la armonía que un día el Creador nos dejó al principio del tiempo.

 

Ojalá que al final de nuestra historia, el imperativo evangélico de Jesús: «La paz sea con vosotros» (Jn 20,19 - 20) descanse en la reafirmación de ese mundo nuevo que se sueña. Pero ese mundo se debe ir trabajando desde ya, es más, hay que ir construyéndolo, dándole cuerpo, dándole figura, configurándolo y para ello vivirlo en el corazón.

 

La propuesta de cara a la acción es el mundo de paz que comienza, efectivamente, en cada uno de nosotros, en nuevas actitudes de consumo y de respeto a los derechos de los demás que siempre nos manejamos: ¡VIVAMOS LA PAZ INTERIOR, PARA IRRADIARLA EN LOS DEMÁS!

 

Seminario Nacional

[1] Queiruga, Andrés Torres. «Un Dios para Hoy». 1997. Pág. 32

 

[2] Biblioteca de Autores Cristianos. «Once Grandes Mensajes» 1993. Pág. 679.

[3] Ibid. Pág. 679

[4] Ibid. Pág. 680 - 681.

[5] Juan XXIII, E·nc. Pacem in Terris. En donde se habla de la reducción de los armamentos. 1963. Pág. 479.

[6] Biblioteca de Autores Cristioanos. Once Grandes Mensajes. 1993. Pág. 479.

[7] Ibid. Pág. 473.

[8] Ibid. Pág. 211.

[9] Juan XXIII. Enc. Pacem in Terris. 1963. Pág. 166.

[10] Biblioteca de autores cristianos. Pacem in Terris. 1963. Pág. 257.