Paul Cézanne

Pintura impresionista del siglo XX. Postimpresionismo. Pintor francés. Vida y obra

  • Enviado por: IsraMR
  • Idioma: castellano
  • País: México México
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Introducción

Paul Cézanne es un pintor importante del cual surgieron varias técnicas para la pintura y el impresionismo, sin embargo, pocas personas lo conocen. Asimismo, tampoco sé qué aportación dieron las técnicas empleadas en sus pinturas y me gustaría saber acerca de este pintor para tener un entendimiento más amplio sobre otras obras.

Un tema de especial interés para mi es la vida y obra de Paul Cézanne. En el presente trabajo se plantea una investigación acerca de dicho pintor, la cual se realizó mediante una búsqueda documental y digital de información que permitió recapitular datos sobre su vida, además, de sus obras más importantes.

Las dudas que guiarán la investigación y me permitirán delimitar el tema son, quién fue Paul Cézanne, así como cuáles son sus obras más destacadas. Con base en lo anterior, el objetivo de esta investigación es presentar la vida y obra del pintor Paul Cézanne y para conseguirlo se sintetizó la información más relevante para elaborar esta monografía y explica de manera breve pero adecuada quién fue este pintor, de qué forma influyó o inspiró a otros pintores así como qué tan importantes fueron las técnicas empleadas en sus obras.

Es importante tener información de pintores sobresalientes porque conocer acerca de ellos fortalece nuestra cultura, además influye en la formación de un criterio más amplio en torno a otros artistas y los que están por venir.

El trabajo se realizó de forma conceptual, es decir, se presentó un conjunto de información obtenida de medios documentales así como de digitales (internet). Cabe señalar que al inicio del trabajo se presenta la biografía de Paul Cézanne; seguidamente, Cézanne y el estudio de la formas; posteriormente, Cézanne y el impresionismo; enseguida, naturalezas muertas (quiero impresionar a parís con un manzana), finalmente, el pintor y su montaña- la montaña Sainte Victore.

Paul Cézanne: Pintor francés

Nació el 19 de enero de 1839 en Aix-en-Provence, sur de Francia. Hijo de un banquero acaudalado, conoció en su infancia a Émile Zola. A finales de los años cincuenta decide dedicarse a la pintura, aunque comienza estudios de Derecho para complacer a su padre. En 1862 inicia sus estudios de arte en París. Asiste a la Académie Suisse para ejercitarse en el dibujo. Sus primeras obras las realizó con pigmentos espesos y en tonos oscuros. Desarrolló un estilo pictórico duro, denso, espeso, de fuertes pinceladas, que toma como modelo al italiano Caravaggio y al español Diego Velázquez. La influencia más significativa en sus comienzos fue la de Camille Pissarro, que le introdujo en la nueva técnica impresionista para conseguir los efectos de la luz natural. (Laboisier 2008) Bajo la tutela de Pissarro, en el periodo comprendido entre 1872 y 1873, pasó de los tonos oscuros a los colores brillantes y comenzó a concentrarse en escenas de la vida rural. Los impresionistas le aceptaron dentro del grupo y expuso con ellos en 1874 y 1877. Su gran aportación a la pintura se realizó tras la disolución del grupo impresionista, cuando deriva hacia una pintura más intelectualizada. Durante la década de 1880 pasó gran parte tiempo en su Aix-en-Provence natal. En 1886 creyó ver referencias a sus fracasos en una novela de Zola y rompió sus relaciones con él. Ese mismo año heredó la fortuna de su padre y consiguió la independencia económica, aunque permaneció en su aislamiento social.

En 1890 padece diabetes, lo cual lo hace más irascible, su conflictiva personalidad, su sensibilidad y timidez hacen difícil el trato con sus semejantes. Muchas veces rechazó los gestos bien intencionados de amigos y admiradores, por miedo a que se inmiscuyeran en su vida. (Laboisier 2008)

Siguió pintando directamente del natural con brillante colorido de tipo impresionista, y fue simplificando de modo gradual la aplicación de la pintura. Se lamentaba de su fracaso en la representación de la figura humana y, efectivamente, las grandes obras con figuras humanas de sus últimos años, como Bañistas (1899-1906), revelan unas distorsiones curiosas. En el año 1895 Ambroise Vollard, marchante parisino, organizó una exposición de sus obras y las promocionó con gran éxito durante los años siguientes. Hacia 1904, alcanzó la consagración en uno de los grandes salones oficiales de pintura. Muchos pintores jóvenes viajaron hacia Aix-en-Provence para verle trabajar y pedirle consejo en sus últimos años. Antes de su muerte, acaecida el 22 de octubre de 1906 en Aix, ya había logrado un prestigio considerable.

(Laboisier 2008)

Cézanne: el estudio de las formas

Paul Cézanne transformó la visión de las vibraciones luminosas y cromáticas del impresionismo en una visión “mental” de formas plásticas definidas por el color. El pintor afirmaba que en la naturaleza todo se ajustaba a tres formas fundamentales: la esfera el cono y el cilindro. Los artistas ven, interpretan y recrean la realidad según su propia estructura mental y sus exigencias expresivas personales. En sus obras, tanto los objetos como las figuras presentan formas simplificadas y esenciales. En Gardanne, donde las casas se amontonan unas sobre otras creando planos de color y no planes perspectivos, se anticipa la visión de los cubistas. En Dos jugadores de cartas la simplificación de las formas resulta evidente. Bajo las figuras de los jugadores intuimos la exigencia de un esquema basado en la geometría. (Prette, 2000)

Cézanne es un gran pintor que, con un estilo propio, influyó notablemente en el arte del siglo XIX. Partiendo de la experiencia impresionista, pronto trató de ir más allá, utilizando un lenguaje expresivo personal. Cézanne pasó toda su vida en su casa de campo del sur de Francia. Por este motivo sus temas favoritos fueron los lugareños, los campesinos provenzales o la gente provinciana vestida con ropas sencillas. El juego de las cartas era un pasatiempo habitual. “Quiero asombrar a París con una manzana”, proclamaba con orgullo Cézanne, consciente de que, también con temas humildes y carentes de relevancia estética se podía realizar una obra artística. En sus innumerables bodegones el artista pintó platos de cocina, jarras de agua, recipientes de loza y numerosas manzanas. Eran las manzanas de su huerto. Con pocos objetos realizó composiciones que parecen monumentales, debido a la fuerza plástica de la imagen, construida únicamente a base de calor. (Prette, 2000)

El cuadro Mujer con cafetera representa, probablemente, la cocinera del pintor, una recia campesina provenzal. La figura está esquematizada según las formas de los volúmenes geométricos. También la taza y la cafetera de tipo napolitano tienen forma cilíndrica. A partir de esta composición, basada en volúmenes configurados con el color en los tonos complementarios de azul y del ocre, arrancará el cubismo de Picasso.

Cézanne y el Impresionismo

El Impresionismo es un movimiento pictórico que surge en Francia a finales del S. XIX en contra de las fórmulas artísticas impuestas por la Academia Francesa de Bellas Artes, que fijaba los modelos a seguir y patrocinaba las exposiciones oficiales en el Salón parisino. El Impresionismo parte del análisis de la realidad. Hasta ahora la pintura reproducía un escenario en el que ocurría un acontecimiento que conformaba el mensaje para el espectador. Ahora, se quiere que la obra reproduzca la percepción visual del autor en un momento determinado, la luz y el color real que emana de la naturaleza en el instante en el que el artista lo contempla. Se centrarán en los efectos que produce la luz natural sobre los objetos y no en la representación exacta de sus formas ya que la luz tiende a difuminar los contornos. Ven colores que conforman cosas, y esto es lo que plasman, formas compuestas por colores que varían en función de las condiciones atmosféricas y de la intensidad de la luz. Todo esto hace que elaboren una serie de un mismo objeto en diferentes circunstancias atmosféricas y temporales, no les importa el objeto, sino las variaciones cromáticas que sufre éste a lo largo del día.

Al estallar la guerra franco-alemana en el verano de 1870, Cézanne se retira de Aix a L'Estaque, un pueblo de pescadores próximo a Marcela, librándose así del reclutamiento que amenaza llevarlo a la guerra. Desde hace un año vie con la encuadernadora Hortense Fiquet, una mujer once años más joven que él. Esta unión no le proporciona, sin embargo, la esperada liberación de la soledad y del apremio sexual. Su timidez frente a las mujeres, su pánico al contacto corporal, basado, según propia confesión, en un trauma de la niñez durante sus años escolares a raíz de un fuerte puntapié que un niño le propino por detrás en una escalera, y también su desconfianza de los hombres, no varían por compartir su vida con Hortense. Durante diez años, Cézanne ocultó a su padre esta relación por miedo a que este le recortase su asignación mensual. Sólo en 1886 legaliza su relación con Hortense, casándose con ella.

La guerra está muy lejos de L'Estaque. A Cézanne, que nunca se había preocupado por la política, los caóticos acontecimientos políticos le dejan impasible. Pasa por alto la orden de reclutamiento y se concentra totalmente el la pintura. Sobre esta época declara más tarde a Ambroise Vollard: “Durante la guerra yo trabajaba en L'Estaque mucho sobre el motivo. Por lo demás no puedo contarle acontecimiento alguno extraordinario en los años 1870-1871. Mi tiempo lo repartía entre el paisaje y mi estudio”.

Cézanne se extasía ante el paisaje rocoso del Mediterráneo y pinta. Trabaja el aire libre y se esfuerza por reproducir solo lo que ven sus ojos. La aldea de L'Estaque con su bahía de reflejos verdosos, con sus casas escalonadas a lo largo de las empinadas calles, con sus blancas y escarpadas rocas calizas y con sus pinos de verde esmeralda le proporciona motivos siempre nuevos.

Cézanne no se inmuta cuando, tras proclamarse la república, se forma en Aix un nuevo consistorio y lo nombra a él miembro de la comisión de la escuela de dibujo y del museo, un puesto con el que hubiera podido ejercer su influencia sobre la política del museo. De forma semejante a su padre, elegido para la comisión de finanzas sin que tomara parte una sola vez en una de las sesiones del consejo, Cézanne se desentiende de los asuntos políticos de su ciudad. Permanece en el pueblo de pescadores y se dedica al grandioso paisaje que se le ofrece allí. En el invierno de 1870-1871, que contra toda costumbre trajo mucho frío y nieve a Provensa, pinta Nieve fundida en L'Estaque.

Este cuadro se caracteriza en gran parte por los colores oscuros, los fuertes contrastes y el dramático entusiasmo de la primera obra de Cézanne, pero el tema no es producto de su fantasía, sino realidad observada por él. Las bruscas diagonales de la ladera nevada deslizándose y el tejado de la casa son reales, así como las copas de los pinos cimbreadas por el mistral y el cielo amenazador. Pero el dramatismo de la naturaleza exterior refleja la situación interior del alma del creador. El temperamento impetuoso de Cézanne exige siempre su tributo. Todavía no dispone de una técnica que le permitia representar a la naturaleza que observa con rigor sereno y lleno de fuerza y al mismo tiempo ordenar sus propias impresiones.

Finalizada la guerra, Cézanne y Hortense regresan a parís, donde en enero de 1872 viene al mundo su hijo Paul: tiene que alimentar a una familia y se encuentra más atado que nunca. En este tiempo de postración le llega a Cézanne la invitación de Camille Pissarro para ir a su casa de Pontoise. Alli, en el valle del Oise, donde también se ha instalado Charles Francois Daubigny, se le ofresen al pintor al aire libre gran variación de motivos. Cézanne está feliz por esta invitación, aunque para seguir evolucionando le faltan conocimientos manuales de pintura, técnica que confía poder adquirir con Pissarro.

Pissarro logra que su paleta prescinda por primera vez de los tonos oscuros. El mismo había desterrado desde hacia años el negro, ocre y siena de su escala de colores. “Pinte usted siempre con los tres colores básicos (rojo, amarillo, azul) y sus combinaciones mas inmediatas”, le aconseja a Cézanne. Le muestra cómo se hace un cuadro a base de contrastes entre claros y oscuros, y lo motiva sobre todo para que observe atentamente la naturaleza y lleve al lienzo exclusivamente lo que observa sin interpretaciones propias, sin añadidos de la fantasía. El pintor no debe ser otra cosa que un observador atento y consiente de la realidad.

Pissarro le aconsejó además que en el tratamiento de un motivo prescindiera de enmarcar las formas, de los contornos lineales. La forma de los objetos tiene que resultar más bien de la gradación de las tonalidades de los colores.

“No trabaje usted pieza a pieza”, le aconseja,”empleé colores por todas partes observando atentamente la coloración, relacionándola con el entorno. Pinte con pequeñas pinceladas e intente así fijar sus percepciones. El ojo no debe concentrarse en un punto concreto, sino que debe percibir todo a la vez y captar al mismo tiempo los reflejos de los colores en su entorno. Trabaje usted conjuntamente el cielo, el agua, las ramas y la tierra, y mejórelo constantemente hasta que todo concuerde. Embadurne todo el lienzo ya desde el primer momento y trabaje hasta que no haya nada más que añadir. Fíjese exactamente en la perspectiva aérea, desde el primer plano hasta el horizonte, en el reflejo del cielo y de la vegetación. (Becks, 2001)

No tenga miedo de emplear abundantemente el color; vaya afinando cada vez más el trabajo. No haga caso de reglas y principios, sino pinte usted lo que vea y lo que sienta. Pinte con decisión y sin remilgos, pues es importante fijar la impresión primera. ¡Nada de timideces frente a la naturaleza! Uno debe de tener el arrojo y correr el riesgo de equivocarse y cometer fallas. Sólo hay un maestro: la naturaleza…” (Becks, 2001)

Con el fin de hacerse totalmente con la técnica de Pissarro, Cézanne llega incluso a copiar escrupulosamente un cuadro de su amigo. No siempre le resulta fácil dar sobre el lienzo las cortas pinceladas unas al lado de las otras con la paciencia con que lo hace Pissarro. Pero nota que la técnica impresionista lo acerca más a su meta y le ayuda a modular su carácter. Las cortas alegres y libres pinceladas de Cézanne, como las que emplean también los impresionistas, se van transformado con le tiempo en pinceladas rectangulares más regulares, que a menudo hace discurrir diagonalmente por el cuadro. La impresión de fugacidad y alegre liviandad se subyugan a una apariencia de estabilidad y duración.

Al lado de Pissarro el trabajo de Cézanne es sereno y continuado. Éste hace progresos y Pissarro llega a tenerle gran aprecio. “Tenemos grandes esperanzas en nuestro amigo Cézanne”, cuenta. “He visto un cuadro suyo de una fuerza notable y de gran expresividad que yo tengo ahora en mi casa. Si, como espero, se queda un tiempo más en Auvers, dónde el quiere vivir, llegará a causar la admiración de algunos artistas que lo han juzgado demasiado prematuramente”. (Becks, 2001)

In Auvers-sur-Oise, un pueblo vecino a Pontoise, en un paisaje totalmente sereno e idílico, Cézanne descubre los polifacéticos matices de la naturaleza. Repinta y corrige sus cuadros constantemente con el fin de fijar la gran cantidad de observaciones y la riqueza de la realidad. Jamás está contento ni considera acabados sus cuadros. Retoma constantemente sus lienzos e intenta reproducir todavía más perfectamente sus percepciones.

Se encuentra a gusto en compañía de Gachet y su mujer, siendo la primera vez que alguien se interesa apasionadamente por su obra. Un día gira la conversación en torno al cuadro de Manet Olympia (1863), aquel cuadro que había escandalizado al Salón de 1873, y a la versión de Cézanne Una Olympia moderna (véase figura 1; 1869-1879), pintada tres años antes. Cézanne toma de repente el pincel y con una presteza insólita en el pinta una segunda versión (1873). Este cuadro tan fácilmente esbozado y lleno de sutil ironía se diferencia de la versión anterior, más rígida y más torpe, por un colorido delicado y suave que envuelve la escena de sensualidad. La ruda inmediatez de la prostituta desnuda, que, como si se tratara de un delirio de opio, aparece ante el pretendiente como objeto inalcanzable de su deseo, ya no tiene nada en común con la reproducción fríamente distanciada de la desnudez del Olympia de Manet. El doctor Gachet adquiere esta segunda versión y ayuda así a Cézanne en la venta de su primer cuadro. Cézanne intenta más tarde en sus cuadros expresar nuevamente su visión de lo femenino, dominando de esta forma sus obsesiones y temores.

Figura 1. Una Olimpia moderna, 1873

Oleo sobre lienzo, 46 x 55cm

Conforme se va haciendo mayor, tanto más evita el contacto con mujeres. A Hortense Fiquet no lo une, después de corto tiempo, ya nada. Las más cercanas a él son ciertamente su madre y su hermana Marie, a la que quiere mucho. Más tarde, cuando reside habitualmente en Aix, prescinde totalmente de modelos femeninos, en parte por consideración a la mentalidad mojigata y provinciana del entorno, en parte también porque a lo largo de su vida no logrará desembarazarse de su retraimiento, temor y desconfianza frente a las mujeres.

En el verano viaja a L'Estaque, dónde pinta por encargo de Víctor Chocquet aquel entonces idílico pueblecito mediterráneo. En los seis años que separan Nieve fundida en L'Estaque (hacia 1870) de El mar de L'Estaque (1876) tiene lugar una asombrosa evolución. Mucho es lo que ha aprendido de Pissarro; mucho es también lo que él mismo ha apartado de su cosecha. Una austeridad jovial, distendida, caracteriza esta vista marítima. Su imagen está estructurada: los colores fuertes -rojo teja en los tejados, verde en las plantas, azul en la superficie del agua- atraviesan el lienzo en proporcionada intensidad. Falta una iluminación determinada; solamente la chimenea roja, iluminada por el sol en declive, tiene un efecto luminoso adicional, las formas no han sido disueltas aquí por la luz, ni sumergidas en una atmósfera difuminada que haría imposible su ubicación espacial. Ha sido más bien la fuerza de los colores y su modulación lo que ha sustituido a la luz. Una fuerza que determina la existencia de las cosas, las acerca al observador y las aleja al mismo tiempo en una lejanía inconmensurable. En este cuadro se aprecia fácilmente que Cézanne se ha convertido en implacable observador de la naturaleza. Ningún objeto ha sido introducido arbitrariamente. La perspectiva es, por su puesto, intencionada; las diagonales de la colina y las intersecciones causadas por los troncos de los árboles están conscientemente introducidas como elementos de tensión. Y con todo, este cuadro irradia una madura serenidad, y testimonia el profundo respeto del pintor por la grandeza del paisaje.

En una carta a Pissarro escrita en 1876, Cézanne dice sobre el L'Estaque: “hace un mes que no voy a Aix. He comenzado dos pequeñas marinas para monsieur Choquet, que me había hablado de ello. Esto es como una carta de la baraja. Tejados rojos frente al mar azul. Cuando hace buen tiempo, podría pintarlos todos. Pero tal como están las cosas, aún no he hecho nada. Hay motivos sin embargo que exigen un trabajo de tres o cuatro meses, lo cual es realizable, ya que la vegetación no cambia. Los olivos y pinos tienen siempre fronda. El sol es aquí tan terrible, que tengo la impresión de que los objetos se elevan como siluetas, no sólo en blanco y negro, sino en azul, en rojo, en marrón, en violeta. Puedo equivocarme, pero me parece como si esto fuera lo contrario de modelar. Que felices serían aquí los suaves pintores de paisajes de Auvers…Si puedo pasaré en este lugar un mes por lo menos, ya que tendría que pintar cuadros de al menos dos metros…”. (Carta a Pissarro, 2 de julio de 1876).

(Becks, 2001; Laboisier 2008)

Naturalezas muertas

“Quiero impresionar a París con una manzana”

Naturaleza muerta. Género pictórico que no representa la figura humana, caracterizado por tratar predominantemente objetos inertes, naturales o no, con finalidad decorativa y filosófica, El bodegón y la vanitas se consideran especialidades aparte. El Bodegón es un género pictórico que se caracteriza por tratar únicamente objetos propios de una comida: desde los alimentos a las copas, pasando por los adornos; lo más acostumbrado es que las piezas aparezcan colocadas sobre una mesa o repisa, representa una composición a base de seres inanimados.

Cézanne desarrolló una nueva técnica de representación de objetos en el espacio. Redescubrió el genero del bodegón o naturaleza muerta sobre las bases dimensionales y logró la profundidad de campo con medio exclusivamente artísticos.

En el bodegón Cerezas y melocotones (véase figura 2. 1883-1887), el plato con las cerezas está notoriamente inclinado hacia delante, como si se viera desde arriba. Algo parecido ocurre con la parte posterior de la mesa, mientras que la anterior parece estar a la misma altura del observador. El plato con los melocotones y la jarra tiene también una perspectiva plana. Esa doble perspectiva se encuentra asimismo en Mesa de cocina (véase figura 3. 1888-1890), donde sin embargo los distintos ángulos de visión se centran en un único objeto: la parte superior de la cesta se ve desde arriba, y en cambio la parte lateral, de frente. También vemos el mismo efecto en Naturaleza muerta (1890-1894): la vasija del jengibre está tan vencida hacia delante, que se le ve a abertura superior, mientras la parte lateral está representada en una perspectiva frontal. Estas distorsiones de la perspectiva sugieren profundidad y subrayan al mismo tiempo la bidimensionalidad de la imagen.

Figura 2. Cerezas y melocotones, 1883-1887

Oleo sobre lienzo, 50 x 61cm

Figura 3. Mesa de cocina, 1888-1890

Oleo sobre lienzo, 65 x 81cm

Al renunciar a reproducir los objetos en una perspectiva lineal, Cézanne puede plasmarlos en la dimensión más conveniente para la composición. La pera que se ve en el margen derecho de la mesa, por ejemplo, es desproporcionadamente grande. Pero esta dimensión exagerada es importante para el equilibrio intrínseco de la imagen. Es el elemento compensador de la multiplicidad de formas en la margen izquierda del cuadro, lo mismo que la pera roja encima del mantel doblado es el polo opuesto de la otra pera en la cesta de frutas. La disposición de las formas en el cuadro, aparentemente casual da lugar a una composición meditada y llena de tención.

Cézanne colocaba en su estudio los objetos de sus bodegones para pintarlos. Una parte de dichos objetos se conserva aún hoy en su último estudio, en el Chemin des Laudes de Aix. Además de los frutos aparecen en sus composiciones jarras, ollas, platos, y muchas veces también un solemne mantel blanco. Que le da a los cuadros un cierto acento barroco.

Las formas de las vasijas son sencillas y sin arte, e incluso entre los frutos prefiere las más sencillas formas redondeadas: cebollas, peras, melocotones y las sempiternas manzanas. En ellos es donde mejor logra configurar los volúmenes, valiéndose de una refinada combinación de colores y sin tener que recurrir a trazar contornos o sombreados.

Aunque Cézanne compone sus bodegones con toda intención como procura siempre evitar cierta impresión de artificio, de materialidad refinada. No se trata para él de producir una ilusión perfecta. Por eso llega a utilizar incluso algunos accesorios. Como tacos de madera o libros, en sus bodegones, para mantener los objetos en una posición determinada.

El joven pintor Louis Le Bail nos informa de los montajes que hacía Cézanne para sus bodegones:

“Apenas había puesto el mantel blanco sobre la mesa, cuándo con innata sensibilidad colocaba los melocotones sobre la mesa, o poniendo bruscamente los tonos y haciendo vibrar los colores complementarios, los tonos verdes contra los grises, los amarillos contra los azules; también giraba, inclinaba y equilibraba los frutos hasta obtener la composición que quería recurriendo incluso a poner tacos por debajo de los objetos. Todo lo hacía con gran cuidado y delicadeza, se notaba que sus ojos se recreaban en ello”. (Becks, 2001)

No son los objetos lo que debe llamar la atención, sino la disposición de los colores y las formas sobre la superficie del cuadro, tal cual las ve el pintor con sus ojos.

Mediante esta captación visual subjetiva, pero consciente y guiada por el intelecto, Cézanne logra llevar al lienzo una nueva versión de la realidad. Para ello no necesita objetos preciosos, ni suntuosas decoraciones. Al contrario, los más sencillos objetos son los que mejor le sirven para realizar su concepción de profundidad, consistencia y peso en una estructura bidimensional.

Se comprenderá que en estas condiciones no se puede hacer un cuadro por la vía rápida. Cézanne desarrolla la composición a base de pinceladas de color repartidas por todo el lienzo, sobre las que va construyendo lentamente la forma y volumen de un objeto. El equilibrio tonal obtenido por la adecuada combinación de esas pinceladas de color, dicho de otra forma, el “modular” con los colores, exige un ritmo de trabajo lento y reflexivo. Cézanne pasa con frecuencia largos ratos ante el lienzo, sin dar una sola pincelada abecés reelaboraba una y otra vez sus cuadros, en algunos trabajaba meses enteros, que se convierten en años cuando interrumpe el trabajo. Cuando nota que no es capaz de logar el equilibrio de los colores, entonces abandona el cuadro ahí donde lo ha pintado, o lo destroza, enojado consigo mismo y con su incapacidad. A medida que pasan los años, Cézanne se retira con más frecuencia a la soledad de Jas de Bouffan. “La vida retirada es lo que me va. Al menos así no caigo en las garras de nadie”.

En los años noventa, Cézanne pinta, además de los paisajes que se le ofrecen a la vista en Jas de Bouffan, otros bodegones y retratos. Para los modelos que posan para él, las interminables sesiones son un martirio. Cézanne les pide inmovilidad absoluta, la misma calma que reflejan los objetos de sus naturalezas muertas. Una cabeza es para él, lo mismo que una manzana, el punto de partida para una composición. Al pintor no le interesa plasmar los sentimientos o la individualidad de las personas que retrata.

Por este motivo se sirve de modelos que puede pagar, por ejemplo campesinos y jornaleros que trabajan en los terrenos arrendados en Jas de Bouffan. Le sirven de modelo por ejemplo para Los jugadores de cartas (véase figura 4. 1890-1892), un motivo que realiza en cinco versiones diferentes. Es probable que se haya inspirado en el cuadro del mismo título, de autor anónimo, que hay en el Musée Granet de Aix, cuando según parece era uno de sus favoritos.

Figura 4. Los jugadores de cartas, 1890-1892

Oleo sobre lienzo, 65 x 81.7cm

El otro cuadro sobre el tema, Los jugadores de cartas (véase figura 5. 1890-1892) exhibe una composición totalmente distinta. Aquí el fondo es en general oscuro, con sólo unos toques de color claro para definir el lugar, que tal vez sea la terraza cubierta de un café. La escena está iluminada por luz artificial, cuyos reflejos se aprecian en el mantel de la mesa, la botella y la pipa. Tampoco en esta ocasión se trata de reproducir una escena cotidiana de la pequeña-burguesía de las afueras, sino de una solución a un problema de composición, en este caso la representación de personas en un espacio. Los dos hombres están rígidamente sentados a la mesa, cuya prolongación de los puntos de fuga confluye en el eje vertical de la botella. La mesa es el centro de la escena; en ella se encuentran las diagonales de los brazos doblados y las miradas de los jugadores. La mesa obtiene toda la luz. Su cálido tono naranja es nexo de unión entre el azul frió y opaco del jugador de la izquierda y el gris descolorido del de la derecha. En las chaquetas de ambos se encuentra reflejado el color de la mesa.

Cada detalle del cuadro tiene una función para el efecto general. Nada se ha confiado a la casualidad. Alejado de toda escenificación naturalista o de cualquier detalle anecdótico, Cézanne logra aquí una composición madura, constituida en base a valores direccionales y referencias cromáticas y formales, en la que se inmortaliza por igual lo íntimo y lo monumental.

(Becks, 2001; Laboisier, 2008)

Figura 5. Los jugadores de cartas, 1890-1892

Oleo sobre lienzo, 45 x 57cm

El pintor y su montaña - la montaña

Sainte- victoire

Durante la década de los noventa, Cézanne pasa la mayoría del tiempo en Aix. Viaja de vez en cuando a París, pero el paisaje provenzal es el que más le cautiva. En el verano de 1896, durante una cura de reposo en Talloires, a horillas de Lac d' Annecy, escribe a Philippe Solari, amigo de su juventud:

“Cuando estaba en Aix, me parecía que me sentiría mejor en otro lugar; ahora que estoy aquí, añoro Aix. La vida comienza a tener para mí una monotonía mortal. Para no aburrirme, pinto, lo cual no es en modo alguno un chiste. Sin embargo el lago, con las colinas alrededor, es muy bello; me han dicho que llegan a 2000 metros de altura; aún así no se puede comparar con nuestra tierra, si bien esto es muy bonito, sin exagerar.- pero si has nacido allá, no tienes nada que hacer, no hay otro paisaje que te guste más”.

Pese a todo, El lago Annecy (véase figura 6. 1896), es uno de los más expresivos paisajes que Cézanne pintó fuera de Provenza. El agua aparece compacta y opaca, parece tan inmóvil y tectónica como la imponente cordillera que se yergue inmediatamente detrás del lago.

Cézanne compone este cuadro a partir de datos cromáticos y formales que acopia contemplando un motivo, a partir de “sensations colorantes” que su ojo, como instancia determinante de su personalidad, percibe. Cézanne pinta lo que ve, no lo que sabe. Ve la naturaleza en un estado primigenio y transforma lo visto en una nueva realidad basada en sus sensaciones, “realiza” la naturaleza de nuevo.

Figura 6. El lago de Annecy, 1896

Oleo sobre lienzo, 64 x 79cm

En 1897 fallece la madre de Cézanne. El pintor se había entregado al cuidado de ella en los últimos años de su vida. Para poder repartir la herencia entre los tres herederos, se vende Jas de Bouffan, durante largo tiempo lugar de residencia de Cézanne. No sabemos por que el pintor aprobó esta venta, ya que estaba dentro de sus posibilidades el pagar a sus hermanas la parte que les correspondía.

Tal vez la finca le resultaba muy grande para él solo, ya que su mujer y su hijo vivían la mayor parte del tiempo en París. (Becks, 2001) En cualquier caso, Cézanne abandona la casa con el salón que contiene pinturas murales de sus años juveniles, el jardín con el magnífico pasea de castaños y otros árboles viejos y se despide de la montaña Sainte-Victoire, para ocupar una vivienda en el centro de Aix. También alquila una habitación de Chateau Noir, una finca a medio camino entre Aix y el pueblo Le Tholonet, en dirección a la montaña Sainte-Victoire, donde puede guardar sus aperos de pintura.

Con sus bosques de pinos, las rocas ocres de Bibémus y sobre todo con la vista del imponente macizo rocoso de Sainte-Victoire, el “castillo negro”, un edificio rojizo en estilo neogótico perteneciente a un carbonero enriquecido, dio tema a numerosos cuadros en la época madura de Cézanne.

El macizo de Saint-Victoire, una formación calcárea de casi 1000 metros de altura, fascinó a Cézanne a lo largo de toda su vida, y le sirvió de fuente inagotable de nuevas composiciones.

Entre los primeros trabajos que recurren al motivo del macizo se encuentra El gran pino (La montaña Sainte-Victoire) (véase figura 8. 1886-1887). En esta pintura, la montaña no es el motivo dominante del cuadro, si no una parte más del paisaje. A través de la cuenca del río Arc, con el viaducto del tren, la mirada se desliza hasta Sainte-Victoire.

Poco después Cézanne reproduce la montaña Sainte-Victoire desde el Plateau d'Entremont, un lugar situado al oeste desde el que el macizo aparece como un bolo cayendo abruptamente hacia el sur. La montaña se ofrece a la vista del espectador majestuosa y directa, no hay un motivo encuadrado que desvíe la mirada. Cézanne construye sus cuadros con manchas de color que tienen un carácter plano. Nada vibra, nada fluye: las manchas de colores son lugares de calma.

El pintor elabora la imagen con una increíble libertad, coloca sobre el lienzo campos de color oscuro, formaciones artificiales en aparente desorden. En cada elemento de color, no hay nada que haga referencia al mundo visible. No es posible identificar por separado el árbol, la roca, la casa. Solamente la acción conjunta de esos elementos en el cuadro permite reconocerlos. “la naturaleza no está en la superficie, si no en la profundidad. Los colores son la expresión de esa profundidad en la superficie. Surgen de las raíces del mundo. Son su vida, la vida de las ideas”. (Becks, 2001)

Para Cézanne, los colores son el único elemento constituido de la imagen. Combinándolos adecuadamente, determinan también la forma: los límites del color son también los límites de la forma. La luz de sus cuadros no existe por sí misma. Es el color el que la produce.

“La luz no es una cosa que pueda reproducirse si no algo que puede representarse con colores”. (Becks, 2001)

De ahí resulta que Cézanne representa la mayor claridad de la luz, su fuerza más intensa, con la mayor intensidad del color y no, por ejemplo, con la mayor claridad. Vierte al lienzo luz y sombra valiéndose de colores claros y oscuros, y utiliza los contrastes cromáticos para estructurar el cuadro. El color azul tiene para el la propiedad de dar al espacio profundidad y altura, de “hacer sentir el aire”.

En el cuadro La montaña Sainte-Victoire, vista desde Les Lauves (1904-1906), Cézanne reproduce la luz mediante un azul intenso. Un azul atmosférico, trascendental, cuyas huellas se encuentran en la sombreada parte anterior del cuadro, como parte de la luz que atraviesa la llanura de color ocre verde.

Las zonas sombreadas a derecha e izquierda de la llanura iluminada están pintadas en violeta oscuro, combinado con toques de rojo y verde. Se mueven casi siempre en escala de los colores cálidos y forman un contraste lleno de tención con el frío azul del macizo montañoso. Colores cálidos que se nos antojan más cercanos, mientras que los tonos azules dan la sensación de lejanía. (Becks, 2001)

Figura 8. La montaña Sainte-Victoire y el Chateau Noir, 1904-1906

Oleo sobre lienzo, 65.6 x 81cm

Frío y calor, cercanía y lejanía se imbrican mutuamente. Pero pese a estos contrastes y tensiones internos, el cuadro de Sainte-Victoire es una composición de forma y color perfecta y equilibrada. La alteración y la permanencia, el orden y la flexibilidad forman aquí un entramado virtuoso, dinámico y equilibrado.

Aunque el arte de Cézanne es cada vez más apreciado por sus colegas Monet, Pissarro, Sisley y Renoir, sus sentimientos oscilan entre la euforia y la depresión, que a veces llega a la desesperación.

La salud de Cézanne empeora con el paso de los años. A la diabetes que padece se une la depresión senil, que se manifiesta sobre todo en la creciente desconfianza hacia la gente, haciéndole caer en la manía persecutoria. No obstante, recibe complacido la visita de numerosos amigos y admiradores. Al fin se siente que se le toma enserio. En enero de 1905 escribe a Roger Marx, redactor de la “Gazette des Beaux-Arts”:

“mi edad y mi salud no me van a permitir realizar el sueño artístico que he ansiado a lo largo de toda mi vida. Pero siempre estaré agradecido al grupo de amantes del arte compresivos que pese a mis vacilaciones es consciente de lo que yo he luchado para renovar mi arte. En mi opinión, uno no se coloca en un lugar del pasado, sino que añade un nuevo miembro a ese arte. Con un carácter de pintor y con un ideal artístico, es decir, con una concepción de la naturaleza, abría hecho falta un medio de expresión suficiente para llegar al público y obtener una posición digna en la historia del arte”.

El verano de 1906, el último que vive Cézanne, es especialmente caluroso. Aix está invadida por un calor pegajoso y asfixiante, que casi saca de quicio al pintor. Cézanne manda llevar la paleta a orillas de Arc, donde está algo más fresco, y pinta allí acuarelas, por ejemplo El puente de Tríos-Sautets (1906). Las manchas de color que representa las hojas son casi abstractas. Solamente el tronco del árbol- que actúa como “repoussoir”- y los arcos del puente dan una impresión de profundidad. En algunos puntos, Cézanne ha pintado a lápiz sobre las manchas de color, algo que hizo en muy pocas acuarelas, para darles cierta estructura. “Lo importante es lograr la mayor armonía posible”, escribe a su hijo en París.

El otoño trae por fin el frescor y la lluvia. El 15 de octubre, Cézanne es sorprendido por una fuerte tormenta mientras pintaba al aire libre y pasa varias horas expuesto al agua y al frío, hasta que pasa un carruaje y lo lleva a casa, totalmente debilitado. A la mañana siguiente sale todavía al jardín, para proseguir el Retrato del jardinero Vallier (1906), y escribe una carta airada a su proveedor de pintura. Pero su estado de salud empeora rápidamente. Su mujer y su hijo, informados telegráficamente de la enfermedad de Cézanne, llegan demasiado tarde. Paul Cézanne fallece en la madrugada del 22 de octubre de 1906 a consecuencia de una afección pulmonar.

Conclusión

Para el presente trabajo, se planteó la necesidad de conocer la vida y obra del pintor Paul Cézanne así como cuáles fueron sus obras más importantes. Se encontró que el pintor Paul Cézanne fue un gran impresionista que aportó una nueva visión del impresionismo clásico a base de sus técnicas empleadas en sus obras.

En su estudio que realizó acerca de las formas, afirmaba que en la naturaleza todo se ajustaba a tres formas fundamentales: la esfera, el cono y el cilindro, Cézanne redescubrió el genero bodegón o naturaleza muerta en muchas de sus obras, con pocos objetos realizó composiciones que parecen monumentales. “Quiero impresionar a parís con una manzana”, proclamaba con orgullo Cézanne, conciente de que, también con temas humildes y carentes de relevancia estética se podría realizar una obra artística.

Cézanne pintaba lo que veía, no lo que sabia, observaba la naturaleza en un estado natural y transformaba lo visto en una nueva realidad basada en sus sensaciones, “realizaba” la naturaleza de nuevo.

Referencias

Becks Ulrike, Marlony. Cézanne

2001. Alemania: Taschen. P,p 95

Prette, Carla María. Historia ilustrada

del arte. 2000. Madrid: Susaeta. P,p 247

Laboisier, Antonio. www.impresionismocezanne.com

2008. México

Camille Pissarro, Pintor impresionista. En la Academia Suiza Conoció a Monet y Cézanne, fue Cofundador del Impresionismo aunque pasado algún tiempo decidió tomar parte de los impresionistas, teniendo así representación en todas sus exposiciones Produjo escenas rurales de ríos, paisajes y escenas de costumbres. Como profesor tuvo como alumnos a Paul Gauguin, Paul Cézanne, su hijo Lucien Pissarro y la pintora impresionista estadounidense Mary Casta.

Pablo Picasso, principal creador del cubismo. Desde muy pequeño demostró una gran habilidad para el dibujo y la pintura. En1907, pintó Las señoritas de Avignon, obra con la que inició el cubismo. Las figuras aparecían representadas desde distintos puntos de vista, sin respetar las leyes de la perspectiva tradicional creadas en el renacimiento, en la pintura, su objetivo principal era alejarse de la representación naturalista. A partir de entonces, muchos artistas comenzaron a imitarle, lo que significó una auténtica revolución en la forma de pintar. Picasso es considerado el creador de la pintura moderna gracias a su revolución cubista; (Prette, 2000).

Los impresionistas en la pintura eliminaron los detalles minuciosos y tan sólo sugirieron las formas, empleando para ello los colores primarios; azul, rojo y amarillo y los complementarios; naranja, verde y violeta, consiguieron ofrecer una ilusión de la realidad aplicando directamente sobre el lienzo pinceladas de color cortas y yuxtapuestas. El objetivo de los impresionistas era conseguir una representación del mundo espontánea y directa.

Louis Le Bail, pintor francés, normalmente pintaba una serie de escenas que representaban la vida campesina. Estas escenas de género son a menudo muy literales, pero comprensivas; los sujetos nunca resultan grotescos ni se les ridiculiza. Queda por saber, sin embargo, si algunos de los supuestos “campesinos” serían realmente de clase rural, pues muchos parecen ser simples burgueses pasando su tiempo de ocio en el campo. Las pinturas de Le Bail tuvieron un renacimiento en 1840, años después apareciendo en las paredes del Louvre en 1848. Gustave Courbet, pintor realista un teórico del realismo y escritor sobre el arte popular francés comenta que la naturaleza “ingenua” de estas obras, con sus poses estáticas, “extrañas” composiciones y protagonistas campesinos, fueron admiradas y muy bien pudieron haber ejercido cierta influencia en muchos artistas del siglo XIX.

Jas de Bouffan es el nombre de una residencia veraniega que adquirió el padre del pintor Paul Cézanne y que éste recibió despues en herencia. “Jas” es un término provenzal para designar una majada o aprisco. Allí pintó Cézanne una de sus primeras obras, las Cuatro estaciones en 1860.

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