Patrones de enseñanza para niños

Educación e instrucción. Padres e hijos. Familias. Autonomía. Dignidad. Maltrato. Buen trato. Conducta

  • Enviado por: Yesica Maxell Olivera Silva
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 19 páginas
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'Patrones de crianza'
UNIVERSIDAD MAYOR

AV. ALEMANIA

TEMUCO

'Patrones de crianza'

TALLER

DE

PSICOLOGÍA

PROFESORA:

--------------------------

NOMBRES:

XIMENA MEDINA

YESICA OLIVERA

INDICE

PORTADA

INDICE

I INTRODUCCIÓN

II DESARROLLO DEL TEMA

A.- Concepto Práctica De Crianza

A.1- ¿Qué Se Entiende Por Práctica De Crianza?

B.- Clasificación De Los Tipos De Patrones De Crianza

B.1.- Patrón De Crianza Disfuncional-Permisivo

B.2.- Patrón De Crianza Disfuncional-Autoritativo

B.3.- Patrón De Crianza Disfuncional-Negligente

C.- Reseña Historica

C.1.- Crianza Y Educación, Que Buscan Como Objetivo El Crecimiento De Los Niños En Dignidad

C.2.- Lo Que Los Hijos Realmente Necesitan De Un Padre* Para Así Un Buen Desarrollo De Sus Hijos.

D.- Promoción Del Buen Trato Y Consecuencias Del Maltrato InfantilD.1.- El Impacto Del Maltrato:

III.- DISCUSIÓN

A.- Elab. Grupal

A.1.- Frases:

B.- Conocido, Con Recopilación

C.- Aplicar La Psic. Evolut. Con Patrones De Crianza.

D.- Utilidad Como Docente En Formación

IV BIBLIOGRAFIA

I INTRODUCCIÓN

Los Objetivos Específicos de la realización de esta actividad de investigación, es entender los diferentes tipos de patrones de crianza, para aumentar la comunión entre las familias con hijos menores de trece años, para así generar climas de confianza tanto en lo familiar como en lo social, tanto en adultos entre sí, como en niños entre sí, así logrando compartir experiencias, problemas y soluciones a futuro de estos.

Esta investigación quiere dar a conocer las metas como padres que se deberían Producir: (niños sensibles moralmente responsables) para así dar un paso hacia el entendimiento moral desde pequeños, “y es el desarrollo de patrones de aprendizaje”.

También da a conocer por que estos patrones afectan la manera en la cual un niño maneja la instrucción, por que deben ser correctos y enseñarse a temprana edad. Ya que A medida que el niño va creciendo, su mundo se expande y se complica en todos los ámbito (social, familiar, educacional,), por lo tanto la manera en que se asimila el conocimiento, y que aprende a responder es un paso fundamentales para el crecimiento y desarrollo futuro. “Por eso la educación moral es esencial”. Al entrenar a nuestros hijos a reaccionar correctamente, a la vez se le enseña autocontrol y el autocontrol es una virtud básica, y muchas otras virtudes dependen de él, tales como la amabilidad, el control de emociones negativas, la concentración, el enfoque, etc. Si esperamos a que el niño cumpla seis años para trabajar las habilidades de sentarse, enfocarse y concentrarse habremos esperado demasiado. Estas son habilidades del desarrollo moral (que podemos enseñar desde los primeros días de su vida) y no son de desarrollo cognitivo.

II CONCEPTO

La palabra crianza viene del latín creare, que significa orientar, instruir y dirigir. Mientras más avanzada en su evolución es una especie, mayor será su proceso de crianza; por ello, los seres humanos somos de crianza prolongada: aproximadamente un tercio de la vida del ser humano transcurre durante su proceso de crianza. El ser humano durante su crianza debe adquirir: autonomía, autoestima, solidaridad, creatividad y dignidad entre otros.

La dignidad, acompañante indispensable de los procesos de crianza y educación, que buscan como objetivo el crecimiento de los niños en dignidad, esto es, en el respeto por sí mismos y por los demás. Entre los elementos que podemos aportar durante el proceso de crianza, para que la dignidad y el decoro se incorporen definitivamente al diario vivir de las personas, están: * Los adultos como modelos, es este el mas importante, ya que este se traspasa de generación en generación.

¿QUÉ SE ENTIENDE POR PRÁCTICA DE CRIANZA?

Las prácticas de crianza hacen parte de las relaciones familiares y en ellas se resalta el papel que juegan los padres en la formación de sus hijos. Estos, generalmente, tienen una noción espontánea, no muy elaborada, de la manera como se debe criar a los hijos y además son capaces de desarrollar teorías sobre la mejor forma de realizar esta tarea.

Si bien los padres, en su gran mayoría, pueden alcanzar la habilidad necesaria para orientar el comportamiento de sus hijos, estos no siempre cuentan con una explicación satisfactoria y coherente de su comportamiento. La justificación de sus prácticas de crianza, especialmente en padres con bajo nivel educativo, no es claras y en muchos casos se alejan de las reales circunstancias en las que se generaron, y tienden a reducirse significativamente la complejidad del fenómeno.

Una forma de aproximarse a este complejo proceso, desde una perspectiva más sistemática, es definiendo el concepto de prácticas de crianza, lo cual permite ir más allá del sentido común. En primer lugar, una aproximación inicial nos indica que este fenómeno se sitúa en el campo de la interacción humana, esto es, en el marco de una relación interpersonal muy particular, caracterizada por el poder y la influencia mutua. En tanto que es una relación de poder, se evidencia que en las prácticas de crianza se suscita una tensión entre sujetos que cuentan con alguna forma de poder, los padres la manifiestan en su clara convicción que están ahí para cumplir una función orientadora, y los hijos que son capaces de lograr algún tipo de atención.

Ahora bien, se debe tener en cuenta que esta relación de poder no se manifiesta como un proceso de una sola vía, esto es, no se trata de un tipo den influencia que va de los padres hacia los hijos, sino todo lo contrario, en esta relación es clara la mutua influencia entre los dos participantes del vínculo, y es precisamente estro lo que constituye la segunda característica de las prácticas de crianza antes señalada. En otras palabras, los niños son también capaces de ejercer control sobre la conducta de sus padres, lo que quiere decir que cuentan con la habilidad necesaria para reorientar las acciones de éstos. Si bien es cierto, que para comprender integralmente las prácticas de crianza es imprescindible tener en cuenta las acciones de los niños.

Continuando con este deslinde, en segundo lugar se debe caer en cuenta que las prácticas de crianza, como se ha venido repitiendo, son un proceso, esto quiere decir que son un conjunto de acciones concatenadas, que cuenta un inicio y que se va desenvolviendo conforme pasa el tiempo. No se trata de acciones y reacciones estáticas de padres e hijos, petrificadas en unas formas de comportamientos repetitivos, todo lo opuesto, las prácticas de crianza se van transformando por efecto del desarrollo de los niños, así como por los cambios suscitados en el medio social. En tercer lugar, en la crianza se encuentran involucrados tres procesos psicosociales: las prácticas propiamente dichas, las pautas y las creencias.

Las prácticas deben concebirse como acciones, esto es, como comportamientos intencionados y regulados, “... es lo que efectivamente hacen los adultos encargados de ver

a los niños. Son acciones que se orientan a garantizar la supervivencia del infante, a favorecer su crecimiento y desarrollo psicosocial, y a facilitar el aprendizaje de conocimientos que permita al niño reconocer y interpretar el entorno que le rodea” (Aguirre, 2000).

Un rasgo de las prácticas lo constituye el hecho de que son acciones aprendidas, tanto dentro de las relaciones de crianza en las cuales se vieron involucrados los adultos, como por referencia a comportamientos de otros padres de familia, esto quiere decir que las acciones que manifiestan los padres frente al comportamiento de sus hijos no son el resultado de la maduración biológica, dependen de las características de la cultura a la cual se pertenece. Por otro lado, las prácticas se manifiestan de una manera particular para atender comportamientos específicos de los niños, por ejemplo frente a la alimentación, ante la demanda de afecto o como respuesta a conductas disfuncionales, y pueden tomar la forma de conductas motoras complejas, de expresiones verbales o de gesticulaciones voluntarias.

Respecto a la pauta, ésta tiene que ver el canon que dirige las acciones de los padres, esto es, con el orden normativo que le dice al adulto qué se debe hacer frente al comportamiento de los niños. “Se refiere a lo esperado en la conducción de las acciones de los niños. Es el vínculo directo con las determinaciones culturales propias del grupo de referencia. En tanto que es un canon del actuar, por lo general, la pauta se presenta como una circunstancia restrictiva y poco flexible, lo cual no quiere decir, que no pueda modificarse en el transcurso del tiempo” (Aguirre, 2000). En las pautas prima una representación social de niño, que condiciona la interpretación de los diferentes órdenes normativos, que pueden asumir formas bastante restrictivas o muy tolerantes, dándose entre estas una variedad, que depende de los rasgos culturales del grupo, tal como lo resalta Jensen (1995). Así por ejemplo, cuando se tiene la idea del niño como “un buen salvaje” y un individuo sin mayor conciencia, al cual se debe domesticar, las pautas de crianza se tornan directivas y coercitivas, por el contrario, si se tiene una representación social más liberal, como es el caso cuando se concibe al niño como sujeto con plenos derechos, al que se adscribe la capacidad de autorregulación y participación en la dinámica familiar, las pautas de crianza se hacen más permisivas y tolerantes. Una manifestación que caracteriza los ideales de la sociedad moderna, centrada en una forma de vida más democrática y participativa. En términos de los dichos populares, los padres pueden regirse por el adagio “prescinde del palo y echa a perder al niño” y al mismo tiempo reconocer que el castigo físico es muy nocivo para el desarrollo psíquico del niño (Aguirre, 2000; Himelstein et al 1991). Esta coexistencia de normas que exigen al individuo un acatamiento no reflexivo a la autoridad y una dependencia con respecto al adulto, con aquellas otras que centran la atención en la autonomía de los niños, hace, en la realidad cotidiana, que los padres de familia entren en serias contradicciones, tanto internas como externas, cuando intentan controlar y orientar el comportamiento de sus hijos. Finalmente, las creencias se refieren a las explicaciones que dan los padres sobre la manera como orientan las acciones de sus hijos. Se trata de un conocimiento básico del modo en que se deben criar a los niños; son certezas compartidas por los miembros de un grupo, que brindan fundamento y seguridad al proceso de crianza. Como lo afirma Myers (1994) se trata de explicaciones “... de por qué las pautas y prácticas son como son o como deberían ser”. “Estas creencias permiten a los padres justificar su forma de proceder y la cual se legitima en tanto que hacen parte del conjunto de creencias de la sociedad”. (Aguirre, 2000). Además, en las creencias confluyen tanto conocimientos prácticos acumulados a lo largo del tiempo, como valores expresados en escalas que priorizan unos valores frente a otros. Algunos padres pueden querer que sus hijos sean obedientes, lo cual les permite justificar sus acciones restrictivas; otros pueden preferir estimular la independencia, por lo que explican y justifican la demanda que hacen a sus hijos de caminar prontamente y de poder orientarse con destreza en los espacios públicos. En fin, otros más pueden valorar la agresividad, lo cual les permite dar sentido al apoyo que dan a los niños para que reaccionen violentamente ante cualquier tipo de agresión, en este último caso, es frecuente encontrar expresiones tales como “defiéndase, deles patadas o puños, no sea bobo, no se deje”, y justifican estas expresiones acudiendo a una razón:“lo duro que es la vida” y que por lo tanto “deben aprender a defenderse de los vivos”. Como se puede apreciar en este breve resumen, las prácticas de crianza, el cuidado y la orientación de los niños, son un fenómeno muy complejo y muestran una gran variabilidad. Además, son altamente sensibles a las determinaciones socioculturales y al modo particular como los interpreta y usa un padre de familia concreto.

CLASIFICACIÓN DE LOS TIPOS DE PATRONES DE CRIANZA

Patrón de crianza disfuncional-permisivo

Patrón de crianza disfuncional-autoritativo

Patrón de crianza disfuncional-negligente

En la literatura sobre la crianza, uno de los aspectos claves para  la investigación y las aplicaciones clínicas es la identificación de estilos, patrones o tipos de crianza. O Leary y su equipo (Arnold, at. Al, 1993; Smith & O?Leary, 1995; O?Leary, Smith & Reid, 1999) identificaron tipos de patrones disciplinarios que la madre tendería aplicar cuando intenta orientar la conducta inapropiada de sus hijos.

Un primer patrón estaría caracterizado por un estilo disciplinario punitivo, acentuando el uso de gritos, castigos físicos o verbales y una mayor reactividad que la esperada. Las consecuencias que se derivan de estas prácticas producen niños con problemas de conductas disruptivas, oposicionismo y agresión. Otro estilo que hallaron es aquel caracterizado por la permisividad, la flexibilidad de los límites y la inconsistencia, siendo los padres dominados por las exigencias del niño. Este tipo de crianza se ha asociado a delincuencia, sobredependencia y conductas oposicionistas.

Finalmente, estos investigadores encontraron un estilo en el que se tiende a hablar bastante, con prolongados intercambios verbales entre los padres y los hijos aún cuando ello es inefectivo. La atención que pone el padre a la conducta inapropiada, a través de un prolongado sermón, inadvertidamente actúa como un reforzador de la conducta que trata de eliminar. Por efectos del modelado, el niño puede utilizar, posteriormente, igualmente largas explicaciones con la meta de convencer a sus padres para que remuevan el castigo.

Las prácticas de crianza, sea en intensidad, frecuencia o modo, varían tanto como lugares hay en donde se hallan familias, pero hay tres aspectos que se mantienen constantes (Arrindel, et al., 1999): el rechazo, la calidez emocional y la protección (excesiva). Los recuerdos de los adultos, sobre la crianza que recibieron pueden ser ubicados en estas tres líneas.

Maccoby & Martin (1983) propusieron una clasificación bidimensional de los patrones de crianza, tal como está representado en la figura  

Centrado en el niño, aceptante, sensible

Centrado en el padre, rechazante, insensible

Demandante Controlador

Autoritativo, Recíproco
Comunicación altamente bidireccional

Autoritario Dominio a través poder

Pobres intentos de control No exigente

Indulgente
Muy flexible

Negligente
Indiferente 
No involucrado afectivamente

Para el padre autoritario, la ley de la obediencia es más importante que el principio de la obediencia. Está más interesado en la conformidad externa que en interiorizar los principios. Busca suprimir el mal sin elevar el bien. Corrige por pena, no por convicción, es rígido y nunca cambia las reglas. Este estilo manipula al niño. El padre juega con las emociones como el amor, la culpabilidad y el temor. Usa armas de amor condicional y de temor que hacen mucho daño al niño (ej. “si haces eso no te voy a querer”). Logra el resultado que quiere del niño pero porque el niño teme, no porque haya aprendido a querer el bien.

En comparación, la paternidad permisiva es más peligrosa porque sus armas son más sutiles. El padre permisivo es calificado de acuerdo con su capacidad de evadir el conflicto y tolerar el mal. Para él lo más significativo son las emociones de su hijo, la felicidad es más importante que la rectitud, no suprime el mal pero tampoco eleva lo bueno. Los principios bíblicos son puestos a un lado y la flexibilidad es total. La sociedad aprueba la tolerancia pero ignora el producto final, un niño descontrolado. La paciencia y la tolerancia no son lo mismo. Debemos ser pacientes con nuestros hijos, no tolerantes de su mal comportamiento. La permisividad es uno de los problemas sociales de hoy.

La educación moral y autocontrol, el primer paso hacia el entendimiento moral es el desarrollo de patrones de aprendizaje. Estos patrones afectan la manera en la cual un niño maneja la instrucción, por lo tanto deben ser correctos y enseñarse a temprana edad.

La manera en la cual uno fue criado influye profundamente en su estilo de paternidad. Si mi crianza fue agradable, uno tiende a criar de manera similar. En cambio, las técnicas pueden resultar siendo radicalmente opuestas si los métodos usados por los padres fueron malos. Demasiados adultos crían en reacción a los miedos, conflictos o frustraciones no resueltas en su niñez. El mirar a nuestro pasado puede explicar nuestros patrones de paternidad, pero no puede excusar los patrones erróneos.

Cuando los padres reconocen que su infelicidad como niños venía de la permisividad de sus padres, se vuelven estrictos, especialmente cuando la falta de guía les hizo daño.

Los padres que fueron criados en ambientes injustos, restrictivos o abusivos, frecuente e inconscientemente tienden a la permisividad, dejando que los sentimientos le guíen. De esta forma elevan la salud psicológica por encima de la salud moral y de lo que esta bien o mal. La base de su ética es lo que creen que sientes sus niños y no lo verdadero.

RESEÑA HISTORICA

El desarrollo humano es un proceso que se inicia desde el mismo momento de la concepción, en donde las condiciones de la madre en particular, y su relación tanto con el hijo como con las demás personas que la rodean, son trascendentales en el desarrollo posterior del niño, relación que se fortalece después del nacimiento y se prolonga a lo largo de la vida.



  • En todas las etapas del desarrollo del niño, es importante la actitud de los padres hacia él qué significa ese hijo para ellos, cómo fue concebido, su fue planeado o no y si fue aceptada o rechazada su llegada. Además el contacto físico y la habilidad para detectar u responder de manera adecuada a las señales dadas por el niño en el momento de alguna necesidad, problema o carencia.



  • Es así, como en la etapa del recién nacido, es importante que los padres tengan un conocimiento claro acerca del manejo del llanto persistente del bebé, para evitar llegar a generar al síndrome del "bebé zarandeado" en el cual el niño es sacudido violentamente, ocasionándole lesiones y hemorragias cerebrales, convulsiones, etc...



  • En la infancia es trascendental el conocimiento de ciertos períodos críticos que, por sus características, generan un comportamiento más difícil de manejar por parte del adulto: la etapa del control de esfínteres, aprender a caminar, comer solo, las dificultades para conciliar el sueño, la etapa de los dos a los tres años, en las cuales el comienzo de la adquisición de la autonomía, hace que el niño a menudo "haga pataletas", las cuales son calificadas por los padres como rebeldía con mucha frecuencia y por consiguiente castigadas de manera brutal, a pesar de que el niño no está en capacidad para comprender su propia conducta, y en realidad no busca llevar contraria, sino manifestar su principio de independencia.



  • En la etapa escolar es importante que los padres participen de la educación que se imparte en el colegio para que se involucren en el proceso de aprendizaje de las conductas necesarias para la convivencia y en la formación de hábitos sanos. Es en esta etapa, en la que más se debe fomentar el diálogo y no pretender que el niño obedezca "sin chistar", pues por su misma etapa del desarrollo, necesita conocer las razones por las cuales no puede hacer determinadas actividades, su deseo de explorar, por saber, su poco dominio de las situaciones y con frecuencia el deseo de retar a su imaginación, no son comprendidas ni aceptadas y seguramente esto es lo que hace que el adulto ante su pérdida de control de la situación, responda en forma agresiva e intolerante.

La adolescencia es una etapa de fuertes y radicales cambios tanto físicos como emocionales y el éxito para la adquisición de la identidad definitiva, depende del apoyo que se le brinde al adolescente. Por lo tanto es primordial en esta etapa, que la familia y el adolescente conozcan, comprendan y aprendan a manejar los cambios para prevenir o evitar agresiones físicas, psíquicas o sexuales sobre el adolescente, lo que a su vez incide sobre la violencia intrafamiliar.

La relación padre-niño ocupa un aspecto central en el desarrollo de la persona.   Se puede afirmar que para el niño, el mundo está en términos de los padres, de sus creencias, conductas, temores y expectativas. En este camino de crecimiento del niño, la crianza es el medio por el que los padres socializan a sus hijos, moldeando su personalidad (Barton, Dielman & Cattell, 1977).

En la relación padre-niño, los padres ponen en juego su capacidad para alcanzar la necesidad dual de los niños, que es la de recibir protección y límites; y debido a la consistente evidencia de la relación entre estilos o modos de crianza y el comportamiento infantil, los padres deben estar siempre atentos a su rol para influenciar potencialmente en el adecuado - o inadecuado - desarrollo de sus hijos y de la misma relación padre-niño. La crianza posibilita la socialización del niño a través de sus variados aspectos, siendo ésta una tarea compleja y diversa y de influencia intergeneracional; incluso, las expectativas de incluirse y terminar una preparación académica superior se ven influenciados por recursos proximales tales como la madre, el padre y los hermanos, respectivamente, en contraste con otros recursos más distales, como los profesores, consejeros, etc.

Se habla mucho de que el origen de los problemas de conductas de los niños está asociado con la familia. Puede afirmarse que hay algo de verdad en la relación entre las conductas problemáticas de los niños y las prácticas disciplinarias de los padres. Se ha observado que ciertas prácticas de control parental, como la coerción, excesiva firmeza y la inconsistencia, tienden a causar, mantener y fortalecer las conductas disruptivas del niño, más que controlarla (Foote, Eyberg & Schuhmann, 1998; O?Leary, Slep & Reid, 1999; Arnold, et al, 1993 ).

La crianza tiene dos facetas: las prácticas disciplinarias y la calidad de afecto y cuidado que los padres promueven en la relación con su niño. Al parecer, ambos aspectos covarían significativamente. Por esta razón, cuando se busca identificar a los ¿buenos padres?, se enfatizan tanto las habilidades para el manejo de conductas como las actitudes.

CRIANZA Y EDUCACIÓN, QUE BUSCAN COMO OBJETIVO EL CRECIMIENTO DE LOS NIÑOS EN DIGNIDAD

Esto es, en el respeto por sí mismos y por los demás. Entre los elementos que podemos aportar durante el proceso de crianza, para que la dignidad y el decoro se incorporen definitivamente al diario vivir de las personas, están:



  • * Los adultos como modelos, quienes generan una impronta muy grande en los sujetos de crianza. El ejemplo arrastra, más aún cuando está fundamentado en el ser y en el hacer mas que en el decir. Recordemos el pensamiento de San Agustín: "Cantemos una nueva canción, pero no con nuestros labios sino con nuestras vidas".


  • * El ejercer frente a los niños una suficiente capacidad de escucha, reconociendo que como seres humanos son, de acuerdo con su momento de desarrollo, interlocutores válidos para nosotros y sujetos de pensamientos y sentimientos

  • importantes.

    * El evitar la utilización de la vergüenza y la culpa en el manejo de las relaciones con los niños, cuando tengamos que enfrentar los comportamientos indeseables de ellos.


  • * La utilización con los niños de formas no humillantes de castigo, donde el fin primordial sea la instauración por parte de ellos de la autocrítica frente a las acciones censurables, más que el sometimiento violento que implica, por ejemplo, el castigo físico.


  • * El actuar de los adultos como orientadores del proceso de crianza con una serena firmeza, que evite las actitudes indeseables de la permisividad y el autoritarismo, enemigos ambos de la crianza con dignidad. Recordemos que la autoridad es un elemento fundamental en este proceso, ejercida con amor y fortalecida en la cotidianidad, como un ascendiente que se logra como producto de la adecuada relación de los padres y los maestros con los niños.


  • * El evitar en nuestro acompañamiento a los niños las actitudes sobre protectoras y sobre exigentes que dificultan el necesario proceso hacía la autonomía, que los niños deben recorrer como protagonistas de su propio desarrollo.


  • Todo lo anterior cabe plenamente dentro del contexto de una crianza humanizada donde el amor incondicional, la tradición cultural, el sentido común y algunos conocimientos especializados en un entorno amoroso y gratificante, den como resultado la formación de personas integras y dignas, tan necesarias para nuestra sociedad en los tiempos que corren. TODOS ESTOS CONSEJOS PARA LOS PADRES DE HOY MAÑANA Y SIEMPRE, para una buena convivencia de hoy mañana y para... Siempre.


LO QUE LOS HIJOS REALMENTE NECESITAN DE UN PADRE* para así un buen desarrollo de sus hijos.

1. Que les demuestre su amor:


  • Los hijos, incluso adultos anhelan muestras más explícitas de cariño por parte del padre. A los niños en especial, estas manifestaciones les dan la seguridad y el estímulo que tanto necesitan. Esto se puede incluso, hacer por medio de claves secretas que se pueden usar en público.

2. Que les dedique tiempo:


  • A veces, las dos cosas más importantes que un padre puede dar a sus hijos -amor y tiempo- son precisamente aquellas que menos les prodiga. Lo que los niños más evocan de su padre es su mera presencia, que les hagamos sentir que son inoportunos o que oigan un irritante "déjame en paz".


3. Que sepa ver el mundo a través de los ojos de un niño:


  • Recuerde su propia infancia y empezará a entender entonces por qué tantas cosas le resultan misteriosas, atemorizantes o incluso divertidas a un niño. Es necesario olvidarse de la idea de cómo deberían ser las cosas.

4. Que ponga límites:


  • Los niños desprecian a los maestros que no son capaces de mantener el orden en el salón. La disciplina es una forma dura y riesgosa de amar, porque el niño a menudo rechaza a quien se le impone. Sin embargo, la retroalimentación del estudio de Guarendi demostró que cuando la disciplina se ejercía de manera justa y con sentimientos de amor, los niños se beneficiaban de ella y la reconocían.

PROMOCIÓN DEL BUEN TRATO Y CONSECUENCIAS DEL MALTRATO INFANTIL



  • El contexto en el que sucede el maltrato a los niños, es el diario vivir. Nadie puede desconocer que es en el seno de la familia en donde con más frecuencia se maltrata, se humilla o se menosprecia el niño.


  • Con las mejores intenciones de educar, formar y orientar para la vida, al niño se le atropella, se le hace víctima o se descarga sobre él, el peso de la frustración o impotencia de los adultos haciendo valer su superioridad, golpean, castigan, insultan, humillan y a veces, en ataques de ira, producen serios daños en la vida del niño.



  • No es sólo el golpe y su huella visible, el moretón o la cicatriz, es además la negligencia, el descuido, la falta de afecto, la falta de protección y una infinita gama de atropellos que se cometen contra los niños.



  • El maltrato no es exclusivo de algunos grupos, se da en todas las clases sociales. Su presencia y manifestaciones pueden variar en intensidad, frecuencia, forma e impacto sobre el niño. Y para que se presente, tiene mucho que ver el comportamiento de los padres en cuanto a los patrones de crianza, pues su característica más común es la repetición de una generación a otra. Por eso es tan común, en la práctica, encontrar padres que están convencidos de que para educar bien a sus hijos se necesita el "fuete", porque a ellos los educaron así y de otra manera no lograrán formar adultos responsables y eficientes.


EL IMPACTO DEL MALTRATO:



  • Los niños maltratados tienen caras tristes, melancólicas, expresiones difíciles de olvidar. Sus lesiones físicas se pueden curar, pero las que no se ven, las del alma, quedan grabadas para siempre. Algunos cubren sus contusiones con la ropa, mantienen en secreto sus tristezas, se muestran solitarios o miedosos. Se vuelven agresivos hacia sí mismos, hacia objetos o hacia otras personas, o pasivos e indiferentes hacia lo que sucede a su alrededor, presentan problemas de bajo rendimiento escolar, dificultades en la concentración, retardo en el aprendizaje y deserción escolar.



  • Otros son dóciles por temor al castigo o por miedo a la ira del adulto. Pero esa docilidad está encubriendo una rabia profunda y dolorosa que en la primera ocasión que tengan, saldrá a flote en forma de agresión, frustración o depresión, las cuales marcarán en el futuro sus relaciones personales y de trabajo y dejarán una profunda huella como baja autoestima y pobre imagen de sí mismos y de sus padres. Y si su manifestación es la agresión, se perpetúa así la cadena de maltrato de generación en generación, pues con toda seguridad se convierte en adulto maltratador así como sus padres.



  • Somos una sociedad que maltrata a sus niños, en la que a pesar de todas las campañas, programas y esfuerzos, todavía pensamos que si no corregimos y castigamos a los niños, difícilmente éstos lograrán éxito en el futuro. Se nos ha olvidado que reprimir no es educar, que golpear no es corregir y que cada niño es individual y valioso, cuyas características deben ser respetadas, orientadas y valoradas.



  • La tarea educadora es un reto para los padres y una situación desconocida llena de responsabilidades, pero es importante recordar que toda conducta tiene una causa, que no existen fórmulas para solucionar los conflictos, que cada individuo y cada familia afrontan y soluciona sus problemas de forma individual. Pero además debemos tener en cuenta que los niños requieren para crecer sanos y felices, de nuestro control, interés, afecto y estímulo, y que un niño que puede hacer todo lo que le da la gana, no es un niño amado ni respetado, y que en un porcentaje muy alto, los comportamientos inadecuados de los niños, son el producto de una relación inadecuada con sus padres y adultos responsables.

III DISCUSION

A.- Como ya sabemos, nadie nace sabiendo ser padre, ni nadie muere sabiendo si lo que hizo al criar, fue lo mejor para sus hijos, siempre esta la duda. Y lo mas importante, que es quien nos educa en todos los sentidos, ósea la educación; que se supone es para desarrollarnos de mejor forma en la sociedad, y que todo lo que nos enseña es, para el diario vivir, No nos da ninguna pincelada en lo que es, ser padre y madre, que es una pieza fundamental para el desarrollo de la humanidad, sobretodo ya que esta, se transmitirá de generación en generación.

En lo que respecta a los patrones de crianza, es muy difícil llegar a un acuerdo o concordancia, en lo que debería ser la forma mas exacta, adecuada y optima, al momento criar a los hijos, ya que las familias son diferentes, e influye mucho también las culturas, y un montón de circunstancias que dificultarían, el poder llegar a una línea para seguir en común para todo el mundo.

FRASES:

"Enseñar, es escribir en las almas"    Platón.

"Sólo aprendemos de aquellos a quienes amamos"         Goethe.

El padre que no se atreve a disciplinar a sus hijos acabará por castigarlos.
Castigar es algo que Usted le hace a un niño; disciplinarlo es algo que hace por él.


"La disciplina es uno de los regalos más entrañables y duraderos que se puede hacer a un hijo"        (Ray Guarendi)
.

B.- Ahora bien, no obstante el posicionamiento del tema de familia e infancia, los datos con los que contamos sobre las prácticas de crianza, son todavía fragmentarios y en muchos casos incontrastables, debido a la gran variedad metodológica, y en algunos casos, al poco rigor en el proceso de investigación, lo cual dificulta, grandemente, poder estimar el valor real de los resultados. Adicionalmente, son muy escasos los estudios que abordan la relación prácticas de crianza, lo cual no permite que se pueda estimar el grado de impacto entre padres e hijos.

En este sentido, una de las tareas que se debe emprender con más urgencia, si se quiere contar con indicadores confiables sobre las prácticas de socialización, es el desarrollo de instrumentos más estandarizados que permitan hacer comparaciones entre poblaciones distintas y realizar el seguimiento de los cambios en los patrones de crianza.

También es necesario definir algunos dominios claves, de carácter psico-social, que permitan trazar una “radiografía” de las relaciones entre padres e hijos y así poder trazar políticas que apoyen la crianza de los niños, más cuando socialmente se considera que es fundamental invertir en las nuevas generaciones, para hacer de la sociedad un proyecto viable, justo y equitativo.

C.- Por lo tanto, si en el entorno se produjera algún problema familiar, existe la posibilidad de trabajar en grupo familiar (psicólogo), para superar la situación de desprotección del niño. El objetivo del psicólogo puede ser el trabajo para el desarrollo de habilidades de cuidado y educación de los hijos, la integración de la familia en redes de apoyo social, la mejora de las relaciones personales del grupo familiar, la conexión con otros recursos sociales, etc. Existe un buen número de profesionales trabajando en programas de habilidades aparéntales para padres que tienen problemas de competencia para la crianza de sus hijos o desde una perspectiva más preventiva en escuelas de padres dirigidas a la comunidad en general.

D.- Gracias al la siguiente exploración del tema patrones de crianza, podemos llegar a entender mucho mejor, el comportamiento o conductas diversas que se podrían llegar a dar en el aula, y con el entendimiento de estas, poder llegar a construir nuevos elementos o formas de atacar de raíz este problema que se da, y comienza desde el seno de la familia, y que debería terminar en el colegio gracias a la educación, de alumnos e incluyendo a padres. Esta solución se puede concretar con la unión de docentes, padres, alumnos y profesionales en el tema etc.

Tratando de profundizar en las relaciones de los individuos con su comunidad, se organiza alrededor de tres núcleos temáticos

La familia como el primer entorno de socialización donde los pequeños adquieren instrumentos que les permitirán en el futuro integrarse en sus respectivas comunidades.

La familia no es el único escenario de crianza, sino que niños y niñas van ampliando progresivamente sus contextos de actividad y que, entre ellos, la escuela desempeña un importante papel.

Finalmente, exploraremos algunos intentos de establecer puentes entre ambos entornos

  • Adquisición de patrones culturales 

  • El familia como comunidad de práctica 

  • ¿Buscar puentes entre contextos distintos?

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