Patrística

Filosofía cristiana. Literatura en la Edad Media. Alta. Tardía. Siglo II, III, IV, V, VI, VII. Padres Apologetas, Griegos, Latinos. Vertiente Oriental, Occidental. Boecio. Casiodoro. Platón

  • Enviado por: Raúl H
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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LITERATURA EN LA EDAD MEDIA:

LA PATRÍSTICA

Lo fundamental sobre la patrística es saber que es, por llamarlo de algún modo, el movimiento, tanto literario y filosófico como cultural, que imperó en la Edad Media. Es el movimiento de asentamiento del cristianismo en la sociedad (sobre todo occidental) desbancando a las otras religiones paganas añadiendo que la religión cristiana era la única y verdadera porque era la “Palabra de Dios”. Este movimiento tuvo tres etapas fundamentales, la Primera Patrística (ss. II y III), la Alta Patrística (ss. IV y V) y finalmente la Patrística Tardía (ss. VI y VII).

LA PRIMERA PATRÍSTICA (ss. II y III)

Con esta premisa, los primeros Padres, se inspiraron en la teoría estoica del logos espermatikos, que se basa en que las religiones hasta la fecha lo que habían hecho era una especie de adaptación de la Palabra de Dios (eterna y presente desde el inicio de los tiempos) por no saber interpretarla correctamente. De este modo lograban explicar ciertas similitudes entre las mitologías paganas y la nueva mitología cristiana.

La primera patrística se desarrolló simultáneamente en dos ámbitos distintos, Oriente, representado por Grecia y Occidente por Roma. Estéticamente se produce un cambio sustancial entre la concepción pagana de los antiguos poetas griegos y la nueva literatura religiosa. Mientras aquellos buscaban el placer y la belleza de su obra utilizando para ello artificios y retóricas varias, el cristianismo defiende la palabra pura, según ellos para preservar la verdad de la palabra divina. Pero existía más afinidad entre ambas culturas de la que cabría esperar, ya que los ideales defendidos por los Padres Primitivos (ss. II-III) se correspondían en buena medida con las ideas destacadas por Platón en sus planteamientos filosóficos. Para los Padres la palabra del poeta es falsa ya que la única verdad es la que de mano directa del Espíritu Santo recibe el profeta. No obstante, aceptan estos padres cierto nivel de verdad en la obra de los poetas, la parte de inspiración que los griegos atribuían a la Musa y que los cristianos llaman inspiración divina, pura y libre de parafernalias.

Los Padres Griegos

Los primeros Padres Apologetas aparecieron en Grecia, donde se fundó también la primera escuela de teosofía cristiana, con base en Alejandría. Se dedicaron a defenderse de los ataques de los paganos desmintiendo que la iglesia fuera una amenaza para el Estado hablando de su forma de vida casta y austera y a su vez atacaron el politeísmo pagano, ya que sólo existía un Dios, que era por supuesto el cristiano y la única verdad era su Palabra, ya que envió a su propio hijo para difundirla.

Uno de los máximos exponente de esta vertiente oriental de la primera patrística fue San Clemente de Alejandría, pagano converso que alrededor del año 200 heredó del filósofo Panteno la dirección de la escuela alejandrina antes citada. Concluyó, San Clemente, que existían tres estratos de perfección entre los seres humanos. El más bajo entre los altos es el filósofo a quien Dios dota de la razón y la inteligencia, en segundo lugar se encuentran los cristianos cuya fe los eleva por encima de toda razón, t finalmente encontramos a los gnósticos en los cuales se unen la razón y la fe, la máxima aspiración que puede tener un cristiano. Este hombre defendía que existía cierta ambigüedad en la expresión literaria, que permite al autor dejar impresa su personalidad en retóricas y enigmas y al lector le proporciona el placer de la interpretación correcta. El otro gran representante de la patrística oriental era el gnóstico cristiano Orígenes. Éste, al igual que el resto de los Padres, defiende la idea de que la manera de narrar de los griegos, abundante en florituras y embellecimientos, induce a la mentira, mientras que la literatura cristiana, austera, como su forma de vivir, despojada de toda retórica es la única verdad posible. Y refuerza su teoría argumentando que cuando Jesús escogió a sus apóstoles, lo hizo entre gente sencilla para lograr llegar con la revelación divina a todo el pueblo tuviera el nivel cultural que tuviera y sin recurrir además al encantamiento de las formas que no lleva más que a la mentira. Defendió también, Orígenes, una especie de actualización de la antigua dualidad res/verba estableciendo tres niveles distintos de interpretación de la palabra, desde la más simple que se queda en lo más superficial hasta el sentido espiritual que sólo aquellos dotados de la gracia divina pueden trascender. Pero estas ideas unidas a la obsesión por alejar la tentación y el pecado de la carne motivaron su auto mutilación y su posterior expulsión de la iglesia alejandrina.

Los Padres Latinos

En cuanto a la vertiente latina cabe resaltar una mayor hostilidad hacia todas las artes. Tertuliano fue cabecilla en este movimiento que llevaba al extremo la sencillez que defendían sus coetáneos griegos al vincular la creación de las artes (aduladoras de los sentidos) a espíritus malignos en la Tierra, llegando a condenar por este motivo todas las artes, prohibir la literatura pagan y criticar el ornamento indumentario de la mujer. Sin embargo también hubo latinos más moderados en su concepción ideológica, como Lactancio, que defendía que Dios había creado todas las almas y que éstas debían ganarse la vuelta al paraíso siguiendo el camino de la virtud. Decimos que es, Lactancio, más moderado porque no condenaba la expresión como medio que alejase de la verdad (calificando de mediocre el lenguaje de las Sagradas Escrituras pero justificando que su belleza moral y su mensaje no necesitan de ornamento), sino que defendía una coexistencia de la res y de la forma tanto posible como necesaria: “pues no es malo que los buenos alimentos tengan, además, buen sabor”.

LA ALTA PATRÍSTICA (ss. IV y V)

En esta época se produce el asentamiento definitivo de la iglesia cristiana en Occidente por encima del paganismo, lo cual significa también la consecuente politización de la iglesia. Sin embargo, y en contra de lo que cabría esperar por las ideas del periodo anterior, este asentamiento trae consigo un amplio desarrollo de la literatura eclesiástica integrando a su vez los modelos helenos. Al igual que en la primera patrística, ésta también se desarrolla en dos vertientes geográficas, la oriental y la occidental.

Vertiente oriental

Debido a la gran cantidad de conversiones entre la población y existiendo el riesgo de una asimilación débil de los conceptos cristianos, la Iglesia creó una nueva forma de vida, que tuvo su cuna en Egipto, y que se basaba en el aislamiento y el ascetismo. Pronto el monaquismo, pues así es como se reconoció esta nueva manera de vivir se extendió por otros muchos lugares dada la gran aceptación que tuvo y además derivó en nuevos géneros literarios motivados por la vida del monje, sus costumbres y labores, etc. Pero no fue la única literatura que vio la luz en oriente durante este periodo, la literatura epistolar estaba en auge, la literatura homilética se desarrollaba con fuerza y nace también la poesía cristiana.

En Asia Menor, la zona donde más asentada estaba la herejía arriana, fue también donde se desarrolló la ortodoxia trinitaria representada fundamentalmente por San Basilio Magno, Gregorio de Nisa (hermano del primero) y Gregorio de Nacianzo, conocidos como Padres Capadocios, que hicieron suya la sabiduría helenística de los grandes poetas y filósofos Griegos y la adaptaron al cristianismo creando una perfecta coalición que expandió enormemente los horizontes de la literatura cristiana. San Basilio en su escrito ad adolescentes, anima a los jóvenes a estudiar las obras griegas de Homero, Platón y otros confiando en que siendo la fe algo que no hay que poner en duda, sabrán estos separar la verdad de las palabras vanas y aprenderán también a utilizar el ornamento y la retórica a favor del mensaje. Aparte de esto, San Basilio atribuía la creación artística a la teoría del logos, ya que el artista sólo interpretaba la obra de Dios. Por su parte, Gregorio de Nacianzo, sostiene que si bien es cierto que el estilo llano de las escrituras no es ni por asomo comparable a la retórica pagana, tampoco el mensaje “monstruoso” se las fábulas griegas se puede comparar con el cristiano aunque se recubra de bellas palabras. Sin embargo, también admite y sostiene que lo ideal sería una literatura con el bondadoso mensaje cristiano y la poderosa narrativa pagana. Por el contrario a los otros dos, el tercer exponente de la patrística oriental de este periodo, San Gregorio de Niza, estaba más cercano ideológicamente a lo planteamientos de Orígenes apoyando la literalidad de las primeras literaturas cristianas, además, en sus reflexiones sobre la creación, el orden y la belleza, establece una analogía entre el eros platónico del Simposio y su idea de la educación de las almas para la vuelta al Paraíso y sitúa como modelo arquetípico de belleza al mismo Dios.

Vertiente occidental

En estas fechas, la unidad de la iglesia se va resquebrajando poco a poco a la par que decae el famoso Imperio que la cobijaba bajo el asedio de los visigodos. Esta decadencia propicia la nueva tarea evangelizadora de la iglesia. San Ambrosio de Milán fue una figura destacada de la época que al igual que Orígenes estableció tres estratos diferentes de interpretación, el literal, el moral y el místico-alegórico.

Sin embargo, el más claro referente de esta época es San Agustín. Éste Aurelio Agustín incurrió tarde en la fe cristiana tras haber probado otras religiones como la maniquea e incluso haberse vuelto escéptico al no obtener resultados de ninguna de ellas. Finalmente se convierte al cristianismo tras una segunda lectura más profunda de las Escrituras, aunque le cuesta renunciar a los placeres mundanos. Fue una pieza fundamental en el desarrollo de la cultura occidental de su época por su gran influencia tanto en la política y el derecho como en la vida social y filosófica. Gran estudioso del Platonismo, revisó los escritos del filósofo una y otra vez para, tomándolos como base, crear una nueva vertiente adaptada a los intereses del cristianismo. Como ya dijimos antes, antes de convertirse al cristianismo, San Agustín bebió de muy diversas aguas en su búsqueda incesante de las fuentes del saber tomando de cada una aquello que le podía ser de utilidad. De esta manera creo Agustín su propia estética basada en la concepción de la retórica de Cicerón, la tradición estoica y el neoplatonismo de Plotino. Así concluye San Agustín que “La belleza del mundo, hecho a imagen de Dios, es belleza que participa de la Belleza infinita del Creador.

Aunque en sus inicios ejerció de profesor de retórica, con el paso del tiempo y habiendo estudiado más a fondo el cristianismo y su filosofía, acabó defendiendo la idea de que lo importante en un texto es la idea que se quiere expresar y difundir y no la manera de hacerlo. Pero no solo eso, siguiendo la estela de Gorgias y los sofistas sobre la problemática de la veracidad poética, San Agustín condena la ficción y la representa en la figura de poetas y pintores por crear mundos ilusorios de mentiras y falsedades.

En cuanto a la interpretación de los textos, siempre hablando de las Sagradas Escrituras, pero por supuesto aplicable a cualquier texto escrito, San Agustín decía que hay distintas formas de interpretación, aunque principalmente lo que hay son formas de expresión. Distingue multitud de maneras de expresar y de entender, y casi siempre tienen que ver con los sentidos y con instintos primarios, pero el hombre ha creado signos más complejos a los que por convención ha dotado de significado (por ejemplo una bandera que ondea a media asta). Lo mismo ocurre con las palabras y el lenguaje escrito, has dos formas de expresar una misma cosa, la que se expresa directamente y la que es necesario descifrar de algún modo, las primeras todos las conocemos, sin embargo, las segundas es necesario tener una idea o ciertos conocimientos previos para lograr discernir lo superficial de lo que se encuentra en el fondo (lenguaje metafórico). San Agustín acusa la confusión existente en algunos fragmentos de los textos bíblicos a las diversas traducciones que han sufrido y que muchas veces al traducir traducciones del original, el sentido primitivo acaba por perderse, por eso recomendaba el Santo el estudio de las lenguas para poder sacar las propias conclusiones y conseguir obtener el sentido original. Y sentencia San Agustín que aunque de por si, el sentido literal pueda contener ambigüedades, siempre es preferible éste al figurado que oculta deliberadamente la idea original que se quería transmitir mediante engaños y artificios.

En cuanto al teatro (teatro clásico, se entiende), San Agustín condena su temática obscena relatando las fechorías y malas artes de los Dioses paganos y sólo lo explica argumentando que los Dioses paganos son Dioses malignos que disfrutan viendo representadas sus atrocidades. Sin embargo, San Agustín encuentra en algunas de las obras una bonita forma de expresión y lo justifica como modo de enseñanza.

TRANSICIÓN, PATRÍSTICA TARDÍA

Es un periodo tortuoso, con un importante deterioro social y cultural debido en gran medida a las guerras y las invasiones bárbaras que sumieron la cultura occidental de aquel momento de lleno en la Edad Media. Únicamente destacaron por su labor de recopilación más que creativa Boecio, Casiodoro e Isidoro de Sevilla.

Los dos primeros, Boecio y Casiodoro, conocieron antes de la decadencia un periodo de plenitud artística.

Boecio estudió las obras de Platón y Aristóteles con intención de traducirlas en su totalidad aunque por desgracia sólo consiguió hacerlo con una pequeña parte de ellas, que, no obstante, fueron suficientes para constituir la base de lo que más adelante sería la escolástica.

La estética Boeciana tiene un tremendo peso en la Edad Media, sobre todo aplicada a la teoría musical, aunque Boecio tiene una concepción de la estética más cercana a Pitágoras que a la que se había dado en la Alta Patrística haciendo una especie de consenso entre ambas, es decir, defiende que lo bello viene dado por la acción conjunta de todas sus partes pero coincide con los neopitagóricos en aplicarles valore numéricos. En cuanto a los estratos de concepción del arte (en este caso musical, pero con claras similitudes con las teorías literarias) Boecio marca tres maneras de entender la música, que serían la mundana (armonía cósmica), humana (resonancia armónica del hombre en el cosmos) y finalmente la instrumental. En esta última se podría incluir la poesía recitada y se define como la imitación que el hombre realiza de “la armonía de la naturaleza” mediante la musicalidad. También, Boecio, es padre de la cuestión de la universalidad en lo que a términos lingüísticos se refiere.

Casiodoro por su parte concluyó que había dos Artes fundamentales, la gramática como grupo de artes de la palabra y la aritmética presidiendo el de las cosas. Al igual que su coetáneo Boecio, Casiodoro incluyó la literatura dentro de las artes musicales. En cuanto a la finalidad de las artes, decía éste que era instruir, conmover y complacer. La concepción de Casiodoro de la belleza era más sensorial que la de los otros pensadores de su época, casi se podría decir extrasensorial.

El otro nombre importante de la transición es Isidoro de Sevilla, aunque la época de este es muy distinta a la de los dos anteriores. Isidoro nació en el 560, en plena decadencia del imperio. A la muerte de su hermano y maestro, Isidoro se hizo cargo de la sede episcopal sevillana y durante el tiempo que ostentó el cargo, colaboró activamente con los monarcas godos y realizó una gran labor catequética logrando también cierta expansión monástica. En su labor pedagógica, San Isidoro diferenció entre Ciencia y Arte como materias distintas aunque reconociendo que el desempeño de ambas requiere el dominio de técnicas y principios fundamentales. En literatura, distinguía entre fábula, que es todo aquello que no ha ocurrido ni podría ocurrir por ser imposible de acuerdo a las leyes naturales, y la historia, que es aquello que se cuenta en base a un hecho acontecido realmente. Como término medio, introduce los argumenta, que son aquellas narraciones que tomando como base un hecho que realmente tuvo lugar, introducen cambios o complementos que, aunque fueran invención del autor, guardan total relación de verosimilitud con los hechos originales. En relación a los géneros literarios, San Isidoro se vio en acuerdo con Platón estableciendo tres formas de expresarse en un texto literario, la primera en la que sólo hay narración, la segunda en la que sólo hay diálogos y una tercera en la que ambos registros se entremezclan.

También, al igual que los primeros Padres, San Isidoro condenaba la poesía y a los poetas aconsejando a los fieles que no se dejaran embaucar por la belleza de los escritos y se refugiaran en la verdad y sabiduría de las Escrituras.

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