Patagonia

Sudamérica. Argentina. Historia. Geografía física. Relieve. Hidrografía. Población. Economía. Industria. Turismo. Provincias

  • Enviado por: Cecilia
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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HISTORIA

Formas de vida divergentes

Desde el primer momento los restos arqueológicos nos hablan de dos formas de vida muy diferentes entre sí, que habían coexistido durante milenios. Algunos hombres usaban utensilios de piedra muy toscos, apenas desbastados de manera grosera para obtener un filo rústico; otros confeccionaban utensilios mucho más cuidados. Su convivencia produce la impresión de un resbalón de la historia evolutiva de la humanidad que hubiera mezclado etapas con el viejo mundo.

En unos y otros la vida estos habitantes de la Patagonia debe haber estado dominada por la rutina de conseguir alimento, o más o menos sublimada por creencias y tenores míticos. Los utensilios que han llegado hasta nosotros no eran adecuados para la cacería de animales grandes, mucho menos cuando estos eran tan veloces como el guananaco o el caballo.

Probablemente los habrían casado con armas de hueso o de madera que eran elementos perecederos y por esos hoy no queda registro.

La cacería sistemática de animales grandes, su aprovechamiento y la preparación de las supuestas armas habrían exigido un instrumento secundario de piedra que no se ha encontrado. Más bien estas poblaciones hayan consumido de los animales grande, solo los enfermos o malheridos por causas naturales, o cachorros lentos e inexpertos y que su atención haya esta en los animales pequeños y la recolección de productos vegetales y del mar.

Su cotidiana vagabundear no debe haber estado acompañado por muchas expectativas, vivían de lo que encontraban a paso. Por fuerza debían haber constituidos grupos pequeños de pocas familias que cubrían con su desplazamiento áreas extensas, insensibilizados por las penurias y la constantes muertes de los allegados, en especial de los niños, resignados a depender de la naturaleza. En comparación otros grupos poseían una gran experiencia en la cacería y aprovechamiento de animales grandes y veloces plasmada en el instrumental que utilizaban indica que sus autores tenían otros intereses; la recolección debe haber jugado papel también considerable en la economía de estas tribus, pero la cacería de guanaco era más importante.

Los primeros habitantes

Las diversas entidades del pasado tenían otras dispersiones más respetuosas de los accidentes naturales. La relaciones entre lo que hoy es el sur de la Patagonia y el sur de Chile eran íntimas y por ello trataremos a la Patagonia chilena y argentina como unidad.

Los restos de la actividad humana más antigua fue encontrada en los Toldos, provincia de Santa Cruz, fechado por análisis radiocarbónico en alrededor del 10300 a.C. Consisten en simples desechos de la talla y raederas y raspadores toscos una “punta musteroide” o raedera convergente amarillo. Es probable que casi tan antiguos sean los restos agrupados bajo la denominación de la industria Neuquense, a los que se le han atribuido provisoriamente una antigüedad de ocho a diez mil años. Estos consisten en muy toscos artefactos sobre guijarro y en lacas con retoques de utilización, no intencionales, que indican que fueron empleadas tal como se ofrecían sin preparación alguna que mejora sus cualidades potenciales. En todo los casos el método de trabajo fue sencillamente el de presión de piedra contra piedra.

Podemos suponer que distinto había sido el caso en relación a otros restos de la misma época. A diferencia de los Neuquense que aparece en superficie en zona de gran erosión, estos otros materiales han sido hallados hasta ahora incluidos en los sedimentos de cuevas: Pali- Aike, Fell, Los Toldos. El tipo distintivo de estos primeros cazadores especializados de la Patagonia es una punta de dato, están cuidadosamente retocadas sobre la totalidad de las superficies de ambas caras. Integrada con astiles de madera esta arma debió haber sido ya muy eficaz contra guanacos, caballos y milodones, cuyos restos se encuentran asociados a estas puntas junto con raederas, raspadores, etc. En Los Toldos apareció un fragmento de piedra de boleadoras, quizá las más antigua que conozcamos en América.

Quedan por mencionar con relación a esta época los muy discutidos hallazgos de la gruta Eberhardt o del Mylodon en la Patagonia chilena, aprecia ser que en estas cuevas había pruebas de la intima convivencia entre el hombre y una especie extinta. Los hallazgos eran espectaculares: fragmento de piel con abundante pelambre, lo que aprecia ser un corral o pared de piedras y algunos artefactos.

Cultura, industria y tradiciones

Entre el 8000 y el 6000 a.C. se produjeron grandes cambios ambientales: el hielo terminó de retraerse a sus límites actuales, liberando nuevos territorios a la colonización y nuevos cambios al tránsito. En el estrecho de Magallanes se produjo primero una cadena de lagos y luego penetró el mar, Algo semejante ocurrió en el canal de Beagle. El océano elevó su nivel, pero el continente que flota como un corcho sobre la cima de las profundidades, al verse liberado del peso e los glaciares comenzó también a subir.

La Patagonia alcanzó su fisonomía actual; caballos y milodones se extinguieron y quedaron guanacos, avestruces, zorros, pumas y pequeños roedores.

Los humildes recolectores autores de la industria a la que llamamos Neuquense mejoraron un poco su técnica de confeccionar sus utensilios. Los desolados y ventosos pedregales en los que hoy se encuentran estos artefactos a orillas del Limay no pueden sustentar vida humana, por lo que es posible pensar que, cuando es esos lugares estaban poblados o bien el clima era diferente al actual o bien el nivel más alto por lo que corría entonces río permitía la existencia de un régimen de aguas superficiales y subterráneas.

Quizás hacia 7000 a.C. debemos colocar la época en que aparecieron dos nuevas de trabajar la piedra: Protosanmatiense en el norte y el Riogallense Y en el sur. La relación con que ambas industrias se caracterizaban pr la drástica disminución de los artefactos guijarro y el gran aumento de los utensilios sobre laca con retoque marginal: raederas, cuchillos, muescas, denticulados, est. No sabemos como se origino el Riogalleguese I, en cuanto al Protosanmatiense, podría ser fruto de la evolución Neuquense.

En la grutas Fell y Palli Aike, interestraficados aparecen artefactos que quizás sean Riogallenses datados poco antes del 7000 a.C. Si así fuera sería interesante tener en cuenta la aparición de los artefactos de hueso y la ausencia el guanaco entre los residuos de la comida sólo se encontraron restos de zorros y avestruces.

Hoy la costa Atlántida es allí enteramente inhóspita pero hace algunos milenios no lo fue tanto había más agua dulce que ahora. En esa región aquellas gente se acostumbraba a la vida la vida litoral: se convirtieron en cazadores de los mamíferos marinos que salían a la costa y en recolectores de los mariscos que pulsaban en las aguas bajas. Los restos de su actividad emporeonp es homogéneo y por eso debemos diferenciar en Puntarrubiense y Sanmatiense.

El Puntarrubiense es la industria la industria denominada por Ameghino “de la piedra hendida” y a la cual asignó edad a todas luces irrazonable.

Estas ineficientes utilizaciones de los recursos costeros habían permitido sobrevivir empero durante a bastante tiempo a esas gentes. Nunca puede ser muy provisorio el futuro en las expectativas de un recolector de mariscos, pero quizás con su paciencia y resignación haya recibido el secreto de su perduración. Esta forma de vida habría aparecido en las costas del norte dela Patagonia hacia dos mil o mil quinientos ante de Cristo. Durante ese tiempo fueron sufriendo transformaciones por la vecindad de otros pueblos técnicamente mejor dotados, y es probable que la presión de los mismos haya terminado por hacerlos desaparecer.

La actual provincia de la Pampa y desde allí hacia el oeste hasta Neuquén estaba ocupado por gentes que tenían otra industria lítica, pero completamente distinta a las anteriores y enmascarada en apariencia por las influencias recibidas de las culturas Norpatagoniense.

Entretanto en el sur de Santa Cruz sus pobladores también evolucionaban en parte por el influjo de sus vecinos: EL RIOGALLENSE I dio a lugar al RIOGALLENSE II, caracterizado por readeras sobre lasca con retoques marginal bastantes cuidadosos y finalmente surgió el RIOGALLENSE III que a su mayor diversidad había agregado pesados artefactos e inclusive toscas puntas.

Cultura, industria y tradiciones ii

Los vecinos que influyeron a las poblaciones fueron los descendientes del tóldense y de los ocupantes de los niveles inferiores de las grutas de Fell y Palli Aike en los mileños IX y VII a.C.

Nada clara esta la relación entre aquella primera fase de cazadores cuyas puntas de proyectil tenían pedúnculo pero no aletas y la fase siguiente en la cual las puntas triangulares, sin pedúnculo y con base suavemente convexa.

En el Altpo río se encuentran pinturas alrededor del 5300 a.C.; también dejaron sus rastros sobre las terrazas altas de Comodoro Rivadavia, en Cañadón Leona, y en Cuyin Manzano por lo tanto parecen haber sido bastantes populares.

En los restos de sus comidas solo se encuentra los restos de guaanacos y no de avestruz o de animales pequeños, como los cazaban es un misterio. Quizás con armas arrojadisas de hueso, con boleadoras, con trampas o redes. A este enigma que es el CASAPEDRENSE sólo sabemos que tuvo origen en el año 5300 a.C. y que habría desaparecido alrededor del 3500 a.C. o un poco antes. En esa época la gruta se lleno de cenizas volcánicas y se tornó inhabitable por un tiempo. No obstante para explicar la desapareción de los Casapedrenses no es necesario recurrir sólo a las catástrofes geológicos.

La época en que florecían estas culturas fue el momento más apropiado para la ocupación humana de la Patagonia, entre el 5500 y el 2500 a.C. culminó el mejoramiento iniciado con el fin de la era Glacial y el clima llegó a ser algo más húmedo y templado que en la actualidad.

Es probable que esa época haya constituido también el apogeo de una manifestación cultural muy importante de la prehistoria: el arte pictórico parietal. Esta un actividad propia de cazadores especializados. El arte de los cazadores parece naturalista, pero esta cargado de simbolismos, es un instrumento tanto o más eficiente que las armas o utensilios. Es casi seguro que las pinturas parietales mas antiguas se remontan a los tiempos del Toldenese y Cazapedrense. Consistían en negativos de mano o aplicaciones de pintura alrededor del contorno de la mano apoyado sobre una roca con colores rojo, negro o amarillo. También se asocian series de puntos líneas rectas y círculos, además escenas de caza y representaciones de guanaco.

Los tehuelches cobran forma

Los mismos tehuelches a los cuales los argentinos llegaron a conocer su cultura en tanto sea estudiada por métodos arqueológicos recibe el nombre de Patagonienses. El Patagoniense aparece en los estratos superiores de las cuevas de Fell, Los Toldos, Pali-Aike. También deben agregarse el Alero de Cañadón Leona y los Concherros de las terrazas más bajas de Comodoro Rivadavia.

Con respecto al origen del patagoniense solía creerse que debía ser colocado alrededor del 2000 a.C. pero en la gruta de Fell se encontraron rasgos que parecen ser mucho más antiguos hacia el 4500 a.C. Por otro, en al Alto Río Pinturas todavía se confeccionaban puntas triangulares hacia 1400 a.C. Los investigadores piensa que el Patagoniense puede ser la mezcla entre el Casapedrense y el Tóldense. El elemento característico del Patagoniense es la punta de proyectil con aletas y pedúnculo. No eran esas las únicas armas que usaban asimismo puntas de proyectil foliáceas, y piedras de boleadoras, también caracteriza a esta industria la abundancia de perforadores y predominancia de los raspadores sobre las reaederas: ambos a favor de las destrezas técnicas de sus autores de la especial consideración que prestaban a las cacerías como fundamentos en torno a la cual giraba no solos su sustento sino también toda su vida, y del gran aprovechamiento de las pieles de guanaco para confeccionar sus prendas de vestido.

Hallazgos de sencillas piedras de molienda indica que trituraban vegetales silvestres y además quedo constancia del gran consumo que al acercarse a ellas hacían mejillones. Fue esta cultura la que influyo sobre los otros grupos y terminó por abstraerlos o destruirlos.Pero simultáneamente los cazadores de la Patagonia recibieron influencia de culturas más avanzadas, desde el norte venían avanzando los pueblos sedentarios agricultores y conocedores del arte de la alfarería. La imitación o el trueque enriquecieron el patrimonio material de los antepasados de los tehuelches. Primero incorporaron la alfarería: fue relativamente común en el norte pero nunca se llegó a confeccionar en el sur. Luego llegaron las hachas de piedra pulida y por último el metal.

En los últimos tiempos los autores del Patagoniense comenzaron a sepultar a sus muertos bajo acumulaciones de piedra, los chenques. Estos cercanos antepasados de los tehuelches tenían también su simbología y su arte. En cuanto al arte, los autores del Patagoniense demostraron que no sólo en la forma de punta de proyectil podían ser innovadores e introdujeron nuevas técnicas y nuevos motivos. En estas épocas comenzaron a gravarse rocas a cielo descubierto, picando o raspando la superficie para formar dibujos que semejaban huellas dejadas por animales, manos y pies humanos y motivos lineales y circulares.. Algo posteriores serian la imágenes de guanacos, lagartos. Quizás sería hacia el siglo X d.C que se hizo sentir otra moda debido a la influencia del noroeste: motivos más abstractos, principalmente grecas pintadas. El motivo de las grecas aparece también sobre hachas ceremoniales, y placas grabadas.

Antiguos cazadores del litoral austral

En forma paralela a las anteriores estaba evolucionando, se trata de cazadores expertos que se estaban adaptándose a la vida del mar. El yacimiento clave de esta es una pequeña isla en el seno de Otway, Englefield. Este ambiente totalmente distinto al anterior: las montañas cubiertas de bosques impermeables caen a pique sobre el mar, el clima es permanentemente frío y los desplazamientos de los seres humanos debe ser por medio de mar.

Los habitantes de Englenfield cazaban lobos marinos y aves y completaban su alimentación con intensa recolección de mariscos. Es probable que tal vez aprovechaban las ballenas que llegaban moribundas a la playa . No sabemos si consumían algún vegetal, pero pueden haber usado redes en la pesca. Su instrumental de piedra era muy variado: puntas de proyectil foliácceas, raederas, raspadores y una suerte de perfodadores y junto a ellos pesados utensilios de machacones. Lo más característico es el material confeccionado en hueso: arpones de base cruciforme con dos protuberancias laterales para sujetar con seguridad el sedal. Algunos de esos arpones tienen una sencilla decoración grabada geométricamente. Estas armas compuestas no sólo eran muy eficaces sino también indican aguda observación y larga experiencia por parte de los autores en cuanto a la captura de los animales marinos.

Los canoeros recientes dejan sus huella

En la misma costa argentina meridional de Tierra de Fuego se encuentra restos que en general se acepta que pertenece a la fase más temprana que indican ya la adaptación al nomadismo por el mar: cuchillos confeccionados con la valva de un molusco especial, puntas de arpón de un único diente, punzones óseos, trabajo lítico tosco y pesos de red. No obstante los Canoeros mantenían contacto con cazadores pedestres.

En a fase más reciente se habrían incorporado rasgos nuevos y los contactos con los cazadores de tierra firme habían aumentado hasta el punto de incorporar por imitación puntas de flechas dardos con o sin pedúnculo con muy cuidadoso retoque de presión.

tehuelches y ona: la vida en torno del guanaco

En lo cultural las diferencias eran no menos marcadas. En las llanuras y planicies y en las estribaciones orientales de la cordillera los indios eran pedestres, grandes caminadores y cazadores de guanco: los tehuelches en la Patagonia continental, los Ona en Tierra del Fuego, fiordos y canales occidente de la cordillera. Era el hábitat de los indios canoeros, cazadores de aves, mamíferos marinos y recolectores de mariscos: los Chono, los Alacaluf y los Yámana.

Teheuelche es el nombre que los cazadores de guanaco se daban a si mismo. Es la denominación que les dieron sus vecinos de mas al norte y esto comunicaron a los españoles. En realidad solo quiere decir indios del sur.

Desde el río Chubut hacia el norte vivan los tehuelches septentrionales y desde el río Chubut hasta el estrecho de Magallanes los tehuelches meridionales. Más aún: dentro de este último grupo puede diferenciarse dos parcialidades que hablan dos dialectos distintos. Los tehuelches eran fundamentalmente cazadores. Sus preferencias en ese orden eran los guanacos y las avestruces. Las cacerías eran tareas masculinas y se efectuaban con arco y flecha, los cazadores se acercaban disimuladamente hasta la presa hasta que estaban a tiro y a veces usaban péquenos guanacos amansados como señuelos o se disfrazaban con plumas de avestruz. En menor escala los Thuelches dependían de la captura de animales péquenos y de la recolección de frutos silvestres.

Los Thuelches eran necesariamente nómades. Por lo tanto su vivienda debía ser precaria: un simple paravientos, hecho con palo y algunas pieles de guanaco que se orientaba según la dirección del viento. Al igual que la mayoría de las tribus cazadoras donde el varón debe estar desembarazado por la cacería la defensa, la mujer efectuaban casi todos los trabajos, transportandolos juntos y armando los preparativos.

La forma de vivir de los Tehuelches se refleja también en la vestimenta, intimamente confecionda en cuero de guanaco. Consistía en un cubresexo triangular atado a la cintura, el clásico manto de pieles y un envoltorio de pieles en los pies a modo de mocasines, no usaban cubre cabeza alguna salvo una vincha para sujetar su pelo. Los Tehuelches al parecer no conocían el tejido. En la región septentrional de la Patagonia usaban alfarería muy tosca, pero no es enteramente seguro que la hayan confeccionado ellos mismos. Disponían en cambio de abundantes recipiente de cuero, y usualmente valvas a manera de cucharas para el trabajo del cuero se usaban raspadores enmangados y perforados. Los arcos eran sencillos y mas bien cortos y las flechas se conservaban en carcajes de cuero, sus puntas de piedra eran las clásicas con aletas y pendúculo los Tehuelches solían ser taciturno pero no malhumorados, cuando la ocasión se presentaba podían ser joviales.

Coinciden los primeros observadores europeos en reconocer sus gran recato personal en especial en las mujeres pero hay versiones muy encontradas hacia su aseo, pese a las opiniones en este sentido laudatorias de algunos visitantes todos están de acuerdo que soportaban grandes cantidades de parásitos. Vivían en agrupaciones pequeñas que no llegaban al centenar de personas y tenían zonas de cazas bien delimitadas. La autoridad era laxa y tenía pocas oportunidades para manifestarse salvo en cuanto a la elección del itinerarios por recorrer. Sus ideas religiosas eran por demás vagas parecen haber tenido cierto respeto por el sol y la luna y creían en la existencia de un dios civilizador, elal. Los Onas parecen haber representado una variante algo arcaica o empobrecida de los tehuelches. Durante los siglos ultimos vivian unicamente en las llanuras del Tierra del Fuego pero antes podían haber ocupado la otra orilla del estrcho de Magallanes. Usaban la capa de pieles con el pelo hacia afuera, tenian tambien territorios de casa bien limitados cuya trasgrecion mnotivava a querellas y sobre la frente de los cazadores llevaban una pieza triangular de cuero sacada de la cabesa de un guanaco. Sus ceremonias son bien conocidos comprendían dos grupos: los Shelkaman en el noroeste y los Haush en el extremo sur oriental y adaptados a una forma de vida transicional entre la terrestre y la costera.

Los canoeros nómades del mar

Muy distintos eran los canoeros de las islas. Los Tehuelches y los Onas eran herederos de la cultura patagoniense, los canoeros nada tuvieron que ver con los Patagoniense salvo por cotactos esporáricos y aislados. Sus orígenes culturales no están todavía claros , los canoeros fueron los epígonos de los autores del Riogallense, pero podemos albergar dudas.

Los Chonos vivían cerca de la isla de Chiloé; los Alakaluf a ambos lados del estrecho de Magallanes y también más al norte; los Yámana ocupaban las costas meridionales de Tierra de Fuego y las islas al sur del canal de Beagle.

La alimentación descansaba fundamentalmente sobre la caza de lobos marinos y otros mamíferos marinos, de aves de igual habitat y de nutrias, y sobre la recolección de mariscos; la completaban con la recolección de hongos y bayas y de huevos.

La parte más importante de sus vidas se llevaba acabo en las canoas. Estas embarcaciones estaban confeccionadas con corteza de árboles montadas en tiras sobre una endeble armazón de madera.

La canoa era el dominio de la mujer ; ella la gobernaba y la cuidaba el fuego, pero también remaba, pescaba y llegado el caso, se sumergía en busqueda de mariscos. Las tareas masculinas eran juntar leña, cuidar el fuego, hacer recomponer la canoa y cazar. En tierra, el abrigo consistía en una armazón de ramas curvadas y atadas en la parte superior, cubiertas con pastos, hojas, corteza o pieles, con lo que se formaba una suerte de choza redonda u ovalada.

Pese a vivir en clima frío y húmedos, los canoeros usaban mucho menos vestimenta que los Tehuelches o los Onas: apenas una capa de piel de lobo marino, nutria o zorro .

Los canoeros desconocían completamente la alfarería, pero también tenía recipientes de cuero o de cortaza y erán muy hábiles cesteros

Los canoeros usaban arcos de tamaño mediano con cuerda de cuero de foca o de tendones trenzados, flechas con puntas de piedra tallada, pero no carcajes.

Los canoeros vivían en familias por lo general monógamas pero inestables y habitualmente dispersas. Había vínculos flojos que generalmente se reunían en comunidades locales pequeñas.

Creían en la; existencia de espíritus y fantasma temibles y poseían un elaborado rito de iniciación y tránsito a la pubertad

Todos los grupos se presentaban a sí mismos como pacíficos y tildaban a sus vecinos de belicosos. Esta es también la imagen de los canoeros transitaba por los Ona y viceversa; pero hay que hacer constar que las primeras experiencias de los europeos con los Yámana no fueron alentadoras, presentándoles como pendencieros e irritables.

Corsarios y exploradores

El primer recorrido de esta índole del que se tenga memoria, fue el realizado por el marino portugués al servico de la Corona de Castilla Hernando de Magallanes hacia 1520.Avanzaron hacia el sur descubriendo el estrecho y la isla de la Tierra del Fuego.

En 1557 el marinero español Juan de Ladrillero tomó contacto con las culturas nativas de los alakaluf y los tehuelche. Después de muchos contratiempos Ladrillero pudo explorar las aguas fueguinas hasta el canal de Ultima Esperanza, penetrando en el estrecho hasta la punta de San Gregorio, donde tomó posesión de la vía interocéanica en nombre del Rey, del Virrey del Perú y del gobernador de Chile, siendo ésta acaso la primera manifestación de soberanía trasandina en la región magallánica.

En 1578 llegaría a la región el famoso corsario Francis Drake, para atacar a los navíos españoles.Adentrándose en el océano hasta El Callao, su expedición abrió la etapa de las guerras corsarias, que asolaron los mares durante más de 2 siglos. El peligro que se cernía sobre las vías marítimas australes, puesto de manifiesto por las correrías del pirata inglés, llevó al Virrey del Perú encomendar al capitán Pedro Sarmiento de Gamboa la preparación de una flota para destruir los establecimientos que Drake pudiera haber dejado en el sur, reconocer la región y llevar a Felipe II informes completos sobre la situación. Tiempo después, cuando el Rey aprobó el proyecto de fortificar el estrecho, envió otra flota al mando de Diego Flores de Valdés y nombró a Gamboa como Gobernador y Capitán General del estrecho de Magallanes. De esta segunda expedición, resultaron 2 establecimientos: La colonia del Nombre de Jesús en el valle de las Fuentes y en el estrecho, la colonia del Real Felipe, bautizada luego en 1587 Purto del Hambre por Cavendish.Ambas fundaciones fueron abandonadas, sufriendo los estragos del hambre y desapareciendo al poco tiempo. Esta colonizacion no fue poblada nuevamente hasta el siglo XIX.

En 1586, el marino inglés Cavendish, ancló en un paraje al norte de San Julián, bautizándolo con el nombre de Puerto Deseado y en enero de 1587 se internó por el estrecho. Un miembro de su tripulación, John Davis, estuvo años después allí, remontó el río homónimo unos 30 kilómetros, siendo unos de los primeros en penetrar por vía fluvial la meseta patagónica.

En 1616 llegó al estrecho de Magallanes la expedición de Jacques Le Maire y Wilhelm Schoutten. Penetraron hacia el sur en un canal al que bautizaron Le Maire. La isla rocosa que quedó a babaor fue llamada Isla de los Estados, y a la extremidad peñascosa y sombría que remata por el sur le dieron el nombre de cabo de Horn (luego de Hornos)

Los navegantes del siglo XVIII

En este siglo las expediciones se multiplicaron.

Sin que terminaran las correrías de las naves corsarias surge un gran interes por los estudios hidrológicos, biológicos y etnográficos.

En 1764 un grupo de franceses se establecen en las Malvinas lo que motiva una reclamación española y su retiro mediante una compensación. Poco después los españoles fundan el puerto de Soledad, y en 1766 los ingleses erigen puerto Egmont, aunque luego son desalojados por el gobernador de Buenos Aires, Bucarelli.

Una breve ocupación inglesas se produce entre 1771 y 1774.

La amenaza inglesa o francesa de ocupar los puertos naturales del sur era evidente y una vez controlados los accesos marítimos, la colonización del territorio no tardaria en producirse en desmedro de la soberania española.

Intentos de colonización en el período del virreynato

Una vez fijados definitivamente los limites del Virreynato del Rio de la Plata se desarrolla una politica tendiente a la efectiva ocupacion de su territorio. En 1778 se encomienda Juan de la Pidra la colonizacion de la costa patagonica poniendo a su dispocision ingentes recursos para la instalacion de colonos. Pero la ineptitud de Juan de la Piedra terminaria por arruinar este esfuerzo, robandose o extraviandose casi todos los viveres y generos, por lo que fue remplazado por Viedma en 1779.

El unico establecimiento que concreta Juan de la Piedra es el de San José en la Península de Valdés.

A principio de 1780 zarpó de Montevideo la expedeición de Antonio de Viedma rumbo al sur y se establece en Puero Deseado. Una epidemia motiva el abandono del lugar y el desplazamiento hacia el sur.

Los jesuitas en la Patagonia

Los primeros intentos por llevar adelante una integración de los aborígenes de la Patagonia a la estructura colonial fueron realizados por los jesuitas llegados de Chile en el siglo XVII pero a pesar de sus esfuerzos esta misión fue un fracaso.

A la obra de los jesuitas de la segunda mitad del siglo XVII anteceden algunas exploraciones en el siglo y medio anterior.

Nicolás Mascardi es el más importante jesuta de la Patagonia: en 1670 funda al norte del Nahuel Huapi la primera reduccion consistente en una pequeña capilla y un rancho rudimentario. La bautiza Nuestra Señora del Nahuel Huapi pero en 1672 es abandonada cuando Mascardi es muerto por los nativos.

De la obra evangelizadora del siglo XVII quedan como aportes concretos el reconocimiento de los lagos de la falda oriental de la Cordillera.

Desde principios del siglo XVII se redoblan esfuerzos para la dominación del Neuquén: entre 1707 y 1709 el jesuita Guglielmo descubre el paso de Vuriloches que permitirá mejor el paso transcordillerano. En 1703 el padre Vander Meeren reedificará Nuestra Señora de Nahuel Huapi, la que perdurará algunos años más con la asistencia de los padres Guglielmo y Nicolás Kleffert. La muerte de Guglielmo en 1716 produce un nuevo abandono de la misión. Un nuevo intento, el último, se cumplirá en la segunda mitad del siglo XVIII: en1776 el padre Siegmund Guell recorre el Limay hasta un punto no identificable. Se aprestaba a reconstruir la misión del lago cuando se ordenó la expulsión de los jesuitas (1767).

Con fines científicos y misionales partieron de Buenos Aires en 1745 los jesuitas José Quiroga, Matías Strobel y José Cardiel. La expedición fundó una reducción en la costa del actual territorio de Santa Cruz, la que no prosperó.

Los viajeros del siglo XIX

En la tercera década del siglo pasado se renovaron las expediciones científicas al sur. En 1826, cuando Inglaterra era ya indiscutida primera potencia, dos naves Británicas llevaron a cabo una vasta campaña de la región. Descubrieron el estratégico canal, que comunica el Atlántico con el Pacífico al sur de la Isla Grande de Tierra del Fuego.

Por esos años, la corbeta inglesa Clío ocupó por la fuerza el archipiélago malvinense (1833) sentando una estratégica base de reconocimiento marítimo.

En 1837 entra en la región patagónica otra potencia europea que completó el reconocimiento costero de los canales fueguinos recomendando al gobierno francés la instalació de colonias en esa zona. Si bien por entonces las exploraciones marítimas habían reconocido casi completamente las costas, el interior de la maseta permanecía casi incógnito porque las condiciones de acceso eran realmente adversas.

Misioneros anglicanos fueron los primeros en intentar una penetración cultural pero sus experiencias fueron un fracaso total. En 1848 son numerosos los norteamericanos que se dedican a la matanza indiscriminada de los marinos en las costas fueguinas.

En 1869 la nave Allan Gardiner fondea en la costa norte del canal de Beagle, dentro de una pequeña ensenada que los naturales denominan Ushuaia. Allí el misionero Bridges instala una precaria reducción.

Los europeos en la Patagonia

Los europeos durante tres siglos y medio estuvieron solo de paso y muy esporádicamente por las costas patagónicas, los efectos de su presencia se hicieron sentir pronto, y produjeron cambios mucho más notables que cuantos antes se habían registrado.

Los Tehuelches abandonaron el arco y la flecha por la lanza y las boleadoras y la abundancia de cueros les permitió ampliar los paravientos hasta convertirlos en toldos espaciosos. El caballo les dio más movilidad y les permitió extender los antiguos territorios de caza. Las bandas tendieron a reunirse en unidades mayores, que podían sumar más de cuatrocientas personas.

La abundancia y el provecho en que ahora se movían estaban amenazados. Primero fueron enfermedades nunca vistas antes, que diezmaban a la población indígena. También otros pretendían esas tierras y los pacíficos Tehuelches poco pudieron hacer frente

Chile y argentina en la patagonia

La constitución chilena de 1833 reconocía como límite austral de la nación el Cabo de Hornos, la expedición enviada por el presidente Manuel Bulnes al Estrecho no hizo más que llevar a la práctica, desde el punto de vista chileno, la soberanía establecida en su Carta Magna. El gobierno de Santiago despachó la goleta Ancud al mando del marino inglés John Williams a ocupar el estrecho de Magallanes en nombre de la nación chilena.

En 1843 Chile funda Fuerte Bulnes; Chile penetra a partir de ésta fundación hasta la margen sur del río Santa Cruz. El gobierno argentino apoya la instalación de colonias como actos de posesión que establecen la soberanía argentina. Así en 1856 se instaló la factoría de Luis Piedrabuena en Isla Pavón en la confluencia de los ríos Santa Cruz y Chico, donde en 1862 se enarbola la bandera argentina por primera vez.

La factoría de Piedrabuena atrajo a trabajadores y a barcos que se aprovisionaban allí utilizando el puerto natural de Santa Cruz. En 1872, se instala en el Cañadon de Los Misioneros la colonia de Ernesto Rouquaud, pero el carácter de la zona en disputa origina el retiro de los concesionarios del gobierno argentino y la instalación de una capitanía chilena.

En años siguientes Chile envió expediciones científicas, una de las cuales, brindó una serie de informaciones que posibilitaron la colonización y el comienzo de la explotación de los recursos naturales del sur andino (1874-75).

A partir de 1877 el capitán Latorre dirigió dos nuevas incursiones, una de las cuales penetró en el interior de Tierra del Fuego (1879). Cabe recordar que la conquista del desierto pampeano y norpatagónico planificada y ejecutada por Roca, cercó las aspiraciones chilenas sobre el resto de la Patagonia. Las tres campañas, la de pinzas llevada sobre el corazón de país indio, la de Neuquén y la de los Andes, interrumpieron la salida ilegal de ganado argentino a Chile, inmovilizaron o eliminaron a los araucanos aliados y cómplices de ese tráfico y establecieron una ocupación militar de los territorios cuya soberanía podía sernos cuestionada.

El conocimiento geográfico del interior recién domeñado había nacido poco antes de las campañas de 1879: Musters en 1870 y F. Perito Moreno en 1875-76 habían recorrido los áridos caminos de la meseta para brindar luego el fruto de sus observaciones. Resultó evidente que del posterior entredicho de límites argentino-chileno en la cordillera austral y de los trámites y estudios realizados con vistas al arbitraje británico, se obtuvo un conocimiento valiosísimo de la región.

La expedición de Giacomo Bove fue la primera en su índole encomendada por el gobierno de Buenos Aires (1881). Bove, teniente de navío de la marina italiana, recorrío la Isla de los Estados y los canales de Moat y Beagle. En 1886, también por encargo gubernamental, se organizó un nuevo viaje de exploración al sur dirido por Ramón Lista e integrado por el sacerdote José Fagnano, religioso que reandaría los canales fueguinos al año siguiente. Estos contactos sentaron la base de la colonización local.

La Isla de los Estados fue oficialmente ocupada por nuestro país en 1884, cuando se instaló en ella una estación telegráfica en Bahía de San Juan de Salvamento, pero las dificultades para aprovisionarla determinaron su desmantelamiento (1906).

La colonización patagónica

Durante el siglo XIX y antes de la conquista territorial sólo se pensó en colonizaciones costeras, que funcionarían simplemente como puntos de abastecimiento para la navegación y las industrias pesqueras y balleneras. Hubo también proyectos de colonización agrícola en los valles del Colorado y el Negro y es conocido por todos el asentamiento galés en el valle del Chubut.

La colonización oficial se inicia sólo en la década del 80 aunque, sin embargo, los intentos de colonización privada producidos con anterioridad debieron contar en todos los casos con la concesión de tierras fiscales para cumplir su cometido; en este sentido la primera colonización fue de tipo mixto.

En 1865 se constituyó una compañía colonizadora local, dirigida por Juan Cruz Ocampo y F. Bric de Laustan, quienes presentaron al Congreso Nacional una solicitud y memoria relativas a un proyecto de colonización de la Patagonia, donde proponían establecer un sistema de crédito territorial e inmobiliario que permitiera adelantarle al colono nativo o extranjero los gastos del pasaje, alimentación, semillas, instrumentos de labranza y vivienda.

En 1870 Leandro de Sampére, representante de una compañía francesa de colonización, elevó otra solicitud para instalar una colonia agropecuaria en la costa comprendida entre las desembocaduras de los ríos Santa Cruz y el Coy-Inlet. En esta posición se haría la instalación con capitales privados y el concurso de inmigrantes europeos. Aunque el presidente Sarmiento accedió al requerimiento, éste tuvo que repetirse ante el Congreso en julio de 1871.

los colonos galeses del Chubut

La Patagonia continuaba siendo en la segunda mitad del siglo XIX una región abierta a la colonización internacional, porque si bien era cierto que la soberanía argentina tenía plena vigencia en la letra, los hechos demostraban que ingleses, franceses, alemanes y norteamericanos se disputaban libremente las concesiones de tierras, el control de lugares, estratégicos, las reservas de lobos marinos y los yacimientos de oro. Durante todo ese siglo Gran Bretaña había llevado la iniciativa en esas zonas, desde que, consolidada su instalación en las Islas Malvinas, sus misiones anglicanas exploraran asiduamente el litoral patagónico y los canales fueguinos procurando sostenerse en un medio inhóspito.

Como en el siglo anterior lo habían hecho los inmigrantes ingleses en los Estados Unidos, un grupo de galeses cruzó el océano para abrir en la Patagonia una etapa nueva de vida independiente, aislada del medio aborigen, en un intento por preservar libres y depuradas sus tradiciones culturales.

En julio de 1865 desembarcaron en Golfo Nuevo un centenar y medio de galeses, previo arreglo concertado con el Gobierno Nacional. Levantaron sus viviendas en el bajo valle del Chubut, diseminándose en pequeños poblados agrícolas. El aislamiento casi total de nuevos colonos, verdaderos pioneros de la Patagonia, la vecindad inquietante de pueblos indígenas de hábitos nómades y las dificultades con que tropezaron para proveerse de agua fueron sus primeros problemas. El descubrimiento casual del riego, les permitió afrontar los cultivos. Todo esfuerzo realizado por los colonos no lograba sin embargo paliar las frecuentes crecidas del Chubut, que con su fuerza destruía sembrados y viviendas. Cuando las embarcaciones que surtían a la colonia galesa se demoraban o simplemente no llegaban, la situación se tornaba verdaderamente crítica aunque hay testimonios de que la buena vecindad con los tehuelche les aseguraba ocasionalmente cuartos de carnes de guanaco o de ñandú.

En la década del ochenta eran alrededor de 700 los colonos distribuidos en poco más de un centenar de viviendas, pero en 1893 su número ya había superado los dos millares. Con todo, la colonización estaba lejos de haber alcanzado el éxito esperado en sus comienzos y ya para entonces se esgrimían en la colonia misma y en los círculos parlamentarios de la Capital argumentos para justificar el aparente fracaso.

El Poder Ejecutivo nombró en 1884 al primer gobernador argentino del territorio y tres años después quedaba oficialmente inaugurado el ferrocarril de Puerto Madryn a Trelew, tendido con el objeto de integrar la colonia al resto del territorio nacional.

Cerca ya del final del siglo sólo los asentamientos de Rawson, Gaiman y Trelew se habían transformado en ciudades de alguna importancia: el resto de la población se dispersaba por los establecimientos agrícolas del valle superior.

Los galeses del Chubut se abroquelaron tras sus costumbres y su idioma, resistiéndose a la fusión racial y social que suponía su impostergable incorporación a la vida nacional. Aún después que las campañas militares que en 1879-1884 ocuparon la Patagonia y luego de que la inmigración española e italiana les siguiera los pasos, los galeses mantuvieron su cohesión como grupo.

La colonización oficial

Incorporados vastos territorios al dominio fiscal, el Estado comenzó una moderada política de concesiones para la formación de núcleos agrícolas en los valles del Negro y Colorado. La ley 1.501 entregaba en donación 625 hectáreas a los pioneros argentinos o inmigrantes que se comprometieran a cumplir con determinadas condiciones de población y cultivo. Cinco años después el gobierno del presidente Juaréz procedió a vender por licitación en Europa tierras públicas situadas entre los valles desde Neuquén al Atlántico. El producto de la venta de esas tierras fiscales sería destinado a un fondo de conversión para la emisión de billetes en los bancos garantidos.

La situación económica desencadenada en 1890 dejó librada a la colonización privada nuevamente el objetivo de poblar nuestro sur.

El oro en la Tierra Del Fuego

La zona del estrecho de Magallanes escondía riquezas ignoradas. Las pepitas de oro halladas cerca de Cabo Vírgenes hicieron que al poco tiempo se formase una nutrida colonia de buscadores de oro en la zona de Zanja a Pique. Cazadores de lobos marinos, chilenos y norteamericanos, montaron con rapidez un primitivo sistema de lavado.

El más famoso buscador de oro de nuestro sur fueguino fue Julius Popper, emprendedor rumano que no tardó en hallar eco en el ambiente porteño, enceguecido por la euforia del progreso indefinido. Con ese apoyo, Popper formó en Buenos Aires la empresa Lavaderos de Oro del Sur, que pronto obtuvo concesiones del gobierno sobre tierras y yacimientos auríferos en la Tierra del Fuego.

La amenaza de los otros buscadores de oro y la escasa confianza que siempre le merecieron los funcionarios gubernamentales convencieron a Popper de la necesidad de organizar su propia defensa y en ese aspecto llegó a gozar de tal independencia e inmunidad que en la práctica podía solazarse pensando que poseía su propio Estado.

La cuenca aurífera demostró con el tiempo ser más rica y extensa, del centro inicial de Cabo Vírgenes (1876) se extendió la explotación primero a San Sebastián (1886) y después a Bahía Slogget (1889) terminando en las islas Picton, Lennox, Nueva y Navarino.

Tres siglos después de la expedición de Magallanes, luego de una serie de efímeras y fallidas empresas colonizadoras, la Patagonia era aún indiscutido dominio del indígena. Enclavado en su territorio, el fuerte de Carmen de Patagones, a orillas del río Negro anunciaba sin embargo el comienzo de un proceso que se iría intensificando paulatinamente a lo largo del siglo XIX, para culminar finalmente con el ocaso de población autóctona. Primero fue el establecimiento de los porteños en Bahía Blanca y su afirmación en el valle del río Colorado con la fundación de Fortín Mercedes, luego fue el asentamiento chileno de Fuerte Bulnes, más tarde Piedrabuena en Santa Cruz, y los galeses en el Chubut, al tiempo en que los ganaderos porteños avanzaban hacia el río Negro.

La conquista del desierto

El poblamiento definitivo de las actuales provincias que componen las regiones del Comahue y la Patagonia es consecuencia de la conquista del desierto, a partir de la expedición del general Roca, de 1879.

Su estructura agraria se basó en la ley de fronteras del 13 de agosto de 1867, que anunciaba la campaña destinada a integrar al territorio argentino estas tierras, y que proveía el empréstito basado en ellas y su distribución entre los militares participantes en la campaña.

De este modo se financió la operación militar, subastándose las tierras restantes a partir de 1883, en Argentina y en la sede de las embajadas del país en París y Londres.

Ello dío lugar a una especulación desenfrenada con los títulos de propiedad, que tuvo su fin con la crisis de 1890. La resultante de este proceso consistió en la integración al mercado internacional de tierras que hasta el momento habían estado marginadas del mismo. Era necesaria la expansión de territorios aptos para la producción de cereales y lana, por el incremento de demanda de los mercados europeos a fines del siglo pasado. Fue la nueva etapa de la economía internacional la que derrotó al indio, antes que el remington y el telégrafo.

Todo este proceso fue encubierto mediante argumentos referidos a la civilización o mediante ataques de tipo racista contra los indios, a los cuales nunca se intentó integrar a la economía nacional.

Roca solicita en 1882 leyes que le permitan enajenar a particulares la tierra pública de los territorios nacionales. Vuelve a insistir en temas similares en 1902.

Organiza una segunda expedición al desierto, que permitió ampliar hacia los valles andinos la colonia del Chubut.

CEFERINO NAMUNCURá, el santo de la Patagonia

El 16 de abril de 1879 8 mil soldados, al mando de Julio A. Roca, se dirigían hacia el sur, reino indiscutido de los araucanos, raza valiente, tosca y guerrera. Cabalgaban en pelo, manejando largas lanzas con gran destreza.

Los colonos europeos se habían internado lenta, pero inexorablemente, en el reino indígena. Habían roturado los campos, alambrado las mejores partes y fundado estancias. Detrás de los colonos llegaban los militares, construyendo los fortines que debían proteger los nuevos límites. Con frecuencia, ignorantes y torpes, cometían desmanes contra los indios.

En 1875 los indios habían elegido un nuevo gran Cacique : Manuel Namuncurá, para que los guiara en la guerra. Feroces malones sembraban la muerte, quemaban la cosecha y robaban el ganado que iban a revender a los chilenos, más allá de las cordilleras.

La guerrilla de Manuel Namuncurá

El general Julio A. Roca, ministro de Guerra, armó un fuerte ejército. Su plan preveía un rastrillamiento metódico del territorio ocupado por los indígenas.

La marcha de las 4 columnas duró 4 meses. Los araucanos, no pudieron ofrecer sino una débil resistencia. Los muchachos y muchachas capturados fueron ofrecidos como servidores en las estancias y en la ciudad de Buenos Aires.

Manuel Namuncurá huyendo hacia la cordillera, reunió junto a sí pequeños grupos de indios y dio comienzo a una sangrienta guerrilla.

Sus hordas se abatían de noche sobre los poblados y los campamentos militares, e incendiaban sin piedad, llevándose cautivos a mujeres y niños.

El general Villegas, que custodiaba la frontera del río Negro, en 1882 decidió terminar con la guerrilla. En esa redada cayeron prisioneros, también, la mujer y cuatro hijos de Manuel Namuncurá. El gran Cacique se persuadió de que debía tratar la rendición; pero su desconfianza de los blancos no tenía límites. De uno solo se fiaba: Don Milanesio, un salesiano, incansable misionero, amigo y defensor de los indios, cuya lengua había aprendido.

La deslealtad de los blancos

Los Salesianos habían llegado a la Argentina 7 años antes, dirigidos por Don Cagliero. Impulsados por Don Bosco, tomaron contacto casi inmediatamente con los araucanos.

Elegido como mediador de paz, Don Milanesio persuadió al gran Cacique que se presentara personalmente al general Villegas, para someterse, bajo garantía de inmunidad.

Manuel Namuncurá entró al Fortín Roca y comprometió su palabra de que nunca más combatiría al ejército argentino. Recibió en cambio, título, uniforme y sueldo de coronel del ejército. Para su tribu le asignaron un vasto y fértil territorio en el valle del río Negro alrededor de Chimpay. Dispersos por la guerra, segados por las enfermedades y la miseria, ellos trataban de adaptarse al modo de vivir de los blancos.

Año 1894: A Manuel Namuncurá, ya viejo y canoso, se le comunica la orden de que debe abandonar las tierra que le ha asignado el Gobierno, y cambiarlas por ocho leguas cuadradas en el valle del Aluminé, cerca de los nevados picachos de los Andes. Junto al viejo Cacique, rodeado de silenciosos guerreros, corretea un chicuelo de 8 años. Es el sexto de los 12 hijos de Namuncurá, y el más inteligente.

Fracaso en la Escuela Militar

Namuncurá anuncia a Ceferino que harán un largo viaje: lo llevará a Buenos Aires, a la escuela de los blancos.

Ceferino tenía sólo 11 años. Delante de la cabaña de su padre se había reunido el parlamento y un anciano de la tribu le dijo:

-Sé siempre fiel a tu pueblo-

En Buenos Aires, fue acogido con honores. La férrea disciplina, las pesadas burlas de los compañeros, en pocos días lo habían desanimado y con lágrimas suplicó a su padre que lo sacara de allí

En un primer momento, Namuncurá pensó llevárselo de nuevo al Aluminé pero se hizo presente al ex presidente Roque Sáenz Peña, hombre de bien y amigo de los indios y surgió una nueva propuesta:

-Por qué no lo lleva al Colegio Salesiano?...Es una gran familia y allí su hijo se encontrará bien...

Aceptó encontrarse con Dios

El pequeño araucano, que había quedado atemorizado por la Escuela Militar, se encontró bastante bien con los Salesianos. Por algunos meses rehusó ponerse en fila con los demás. Permanecía aparte en silencio, mirando como algo incomprensible aquel espectáculo de orden y disciplina.

En el aula demostró inteligencia y vivacidad. Aprendió a leer en poquísimo tiempo y adquirió una escritura nítida y ágil.

En septiembre de 1898 recibió la primera comunión . Consideró el acontecimiento como un compromiso con Dios para toda la vida: Aceptando ser hijo de Dios se comprometía a vivir como hijo de Dios.

Ochocientos kilómetros más al sur

Los bancos del aula eran para él trampas incómodas y aprisionantes. Lo comprendió un día su maestro.

-Mire- le explicó angustiado Ceferino- desde el otro lugar, a través de la ventana, yo podía ver en la Iglesia la lámpara del Santísimo Sacramento. Cuando ya no podía más estar quieto, y las horas me parecían largas y monótonas , yo miraba allá y pedía al Señor la gracia de continuar...

Ceferino empezó a soñar en volver a su tierra como sacerdote y misionero, para defender a su raza de los civilizados; pero también para liberarla de las supersticiones; del alcohol, que la estaba segando, y de las costumbres bárbaras, que hacían considerar un honor la muerte del enemigo.

Al cuarto año de su permanencia en Buenos Aires, la salud de Ceferino comenzó a declinar. Una tos insistente y rebelde a toda cura le minaba los pulmones.

Monseñor Cagliero tenía su residencia en Viedma, y pensó llevarlo allá, donde encontraría un clima más semejante a su nativa Cimpay. Allí se quedó un mes, su salud mejoró pero la tos no cesó

El último viaje, rumbo a Italia

En 1903, Ceferino cumple 17 años, y decide comenzar el estudio del latín.

Bajo los pórticos, Ceferino narraba la historia de su raza a sus pequeños amigos. Narraba las grandes empresas del Cacique Calcufurá, su famoso abuelo, que se había instalado como rey en las Salinas Grandes, y había tratado de igual a igual con el Gobernador de Buenos Aires.

Hacia el término de 1903, la salud de Ceferino decayó repentinamente. La tuberculosis le había atacado irremediablemente los pulmones, y tuvo que guardar cama por largo tiempo.

En abril de 1904 Monseñor Cagliero es nombrado arzobispo, y el Papa lo llama a Roma. Ceferino, que le tiene mucha confianza, le pide que lo lleve consigo.

Adiós a la tierra

Escribe a su padre: “No se preocupe por mí. Un médico me sigue a todos partes. Estoy siempre con monseñor Cagliero, su amigo...”

En septiembre, monseñor Cagliero llega a Roma y presenta al buen Ceferino al Papa pío X, quien tiene un momento de emoción frente al joven araucano. Llega el invierno y la neblina. Ceferino se inscribe en las clases gimnasiales o secundarias.

Seis meses dura este esfuerzo. Los muchachos romanos, inquietos y exhuberantes, sienten un profundo respeto por este joven recogido y silenciosos. Los resultados de sus estudios fueron espléndidos.

Primavera de 1905: Sobreviene a una crisis. La tos se vuelve de una intensidad impresionante. “Se lo veía declinar día a día”Cefrino murmuraba: “Recen por mí, que pueda sanar y ser sacerdote..., si tal es la voluntad de Dios...”

El 28 de abril es transportado a un hospital de la isla Tiberina. él sabe que va a morir, y pide la Eucaristía.

Muere el 11 de mayo.

Algunos días después un misionero llegó a la habitación del Cacique. Después de unos minutos salió Manuel Namuncurá y sentándose en el umbral de su cabaña, lloró.

En 1924 Ceferino vuelve a su tierra argentina. Lo reciben centenares de muchachos, que acompañan al pequeño ataúd hasta la capilla de Fortín Mercedes, a orillas del río Colorado.

En Chimpay, su lugar de nacimiento, se venera su memoria en forma permanente. Hay sin embargo fechas muy especiales. El domingo posterior a su muerte (26 de agosto) se realiza la tradicional procesión con inicio en el “Mirador Cueva del Pavo” culminando frente al monumento a Ceferino con la Santa Misa.

Como dato interesante para destacar debe citarse que el día y año de la muerte de Ceferino fue fijado por Decreto Provincial como fecha de fundación de Chimpay.

La comunidad residente ha erigido como forma de recordación permanente un monumento a Ceferino ubicado en lo alto de la barranca en el balneario el Cóndor

GEOGRAFÍA

La Patagonia Antigua

Hoy en la Patagonia se identifican tres zonas que adoptan aproximadamente el aspecto de franjas extendidas en dirección norte-sur: la cordillera con sus picos nevados y sus valles al pie, las mesetas áridas y ventosas disectadas por los ríos y la costas del mar.

Hace doce mil años el drama del doblamiento de la Patagonia contaba con otro actor, el hielo. El clima era más frío que en la actualidad y en la cordillera se acumulaba más hielo y hasta altitudes más bajas. Por el oeste las masas de hielo que se deslizaban por acción de su propio peso sobreexcabaron los valles y formaron esa costa de fiordos tan recortada que caracteriza a las costas de chile. Por el este en Santa Cruz el hielo desbordaba sobre las mesetas y a la altura de Ríos Gallegos llegaba hasta la actual costa en forma de manto continuo. Algo semejante ocurría en Tierra del Fuego donde el hielo cubría todo lo hoy es el canal de Beagle.

El estrecho de Magallanes estaba cortado por los mantos glaciales. El mar alcanzaba un nivel mucho más bajo que el actual los desbordes de hielo debieron constituir barreras muy eficientes contra los desplazamientos de los seres humanos. Sin embargo en la época en la que se ubica los restos más antiguos de seres humanos en la Patagonia. Ya en esta época se estaban retrayendo los hielos, también el nivel de mar era un poco más próximo al actual.

Esas masas de hielo continental debieron haber producido efectos meteorológicos. Sin duda el clima era más frío que el que hoy conocemos en esas áreas, pero sobre las mesetas no necesariamente de haber habido más hielo. La estepa cubierta de hielo debe haber sido semejante a la de hoy. El clima y la vegetación permitían que vivieran grandes mamíferos herbívoros. Hoy solo queda el caballo el guanaco, pero a fines de la edad Glacial había que agregar a la lista caballos y milodones, y como animales peligrosos al puma.

Configuración espacial

La Patagonia: una región casi vacía.

Esta Argentina austral se caracteriza por la fuerza primitiva de sus paisajes en los que la mano del hombre, sin estar ausente, suele pasar inadvertida. Una naturaleza vigorosa se impone tanto en las semi-áridas mesetas del este, entalladas por profundos valles y cañadones, como en las enhiestas cordilleras occidentales, revestidas de un tapiz arbóreo, coronadas de nieves y salpicadas de glaciares y lagos. Un tiempo que se remonta a más de 10.000 años no le ha sido suficiente al hombre para crea más que caminos a veces subrayados por alguna linea férrea.

Sólo en el Alto Valle una sucesión de ciudades aparece engarzada en una masa verdeante en la que la regularidad geométrica denotan la intensa acción humana. En el resto de la región, por el contrario, la característica es su débil impronta, como consecuencia de haberse puesto un solo recurso masivo, el suelo.

En la Patagonia, un densidad que no llega a un habitante por km2 subraya la importancia del medio físico como factor relevante de la configuración epacial. Por milenios los hombres han deambulado por estas tierras, sólo al finalizar el siglo XVII con las primeras fundaciones hispánicas se inician nuevas formas de ocupación del suelo basadas en asentamientos estables. Aparecen junta a este “primer embrión urbano” las chacras y estancias en las que se introducen plantas y animales. El río adquiere ahora relevancia como vía de circulación que facilita la comunicación con los ultramarinos. Simultáneamente a través de los pasos cordilleranos penetran en Neuquén contingentes araucanos. A su vez la instalación de los galeses en Chubut vino a repetir el esquema de los españoles del siglo XVII. Entretanto las riquezas faunísticas del área costera eran objeto de saqueos por parte de las potencias pesqueras que terminaron con agotarlas.

El suelo patagónico entra en el juego de los intereses económicos mundiales

Consumada la conquista del Desierto se acelera el proceso de definición de la frontera política que deslinda la Patagonia argentina del territorio chileno, al tiempo que se opera también una total reorganización interna. En su faz político- administrativa se crean las gobernaciones nacionales de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, y en torno a las localidades en las que se establecen las autoridades se intenta una polarizacióndel espacio. El territorio de valles y mesetas se divide en enormes estancias donde se practica la ganadería; en algunos puntos de la costa surgen núcleos urbanos que se encargan de la exportación y secundariamente para la importación.

Para satisfacer la economía extractiva los caminos se orientaron de este a oeste, uniendo los puertos con las estancias.Sobre este esquema de trazos paralelos se adscriben las líneas férreas, la necesidad de defensa del territorio fue diseñando dos rutas estratégicas de orientación norte- sur, la 3 y la 40.

Poco han agregado a este esquema la aparición de actividades nuevas como la minería o el turismo, y ninguna modificación sustancial han provocado las comunicaciones.

La Patagonia se singulariza por la persistencia de una fuerte gravitación de los elementos naturales como factores de configuración regional, caracterizada por un uso expoliador del suelo destinado a lograr una producción primaria exportable, con el concurso de una muy escasa población abrumadoramente masculina, buena parte de la cual se concentra en unas pocas ciudades con escasa o nula conexión entre sí, destinadas a bombear hacia el exterior la riqueza local.

La función frutícola del Alto Valle constituye una excepción. Sin embargo, aunque la organización del espacio es diferente, debido a la intensidad del uso del suelo agrícola y correlativo al aumento de población, no deja de existir también aquí una producción destinada a mercados extra- regionales que explota la fertilidad del suelo, quedando toda posibilidad de incremento de la actividad económica supeditada a la ampliación del área de cultivo (suponiendo que existan mercados productores). Es decir que, aún en el Alto Valle se mantiene la misma actitud de exportar los productos sin sufrir transformacion alguna.

Los enclaves industriales dejan a la región los sueldos pagados al personal, que buena parte de ellos invierten localmente, contribuyendo al desarrollo del comercio y los servicios.

La organización del espacio

En la Patagonia la ganadería, predominantemente ovina, es una actividad económica importante y uniforme. Ésta, ha dado las características de la ocupación del espacio; al ser la ganadería expansiva y no demandar demasiada mano de obra, los cascos y los puestos se encuentran alejados. La orientación hacia afuera conformó una organización del espacio sobre la base de puertos localizados sobre la costa, qu casi no mantenían relaciones entre sí. Algunos poseían ferrocarriles de penetración los cuales los vinculaban con la cordillera.

La extensividad de la actividad no requería grandes centros urbanos para el abastecimiento y demás servicios, y por otra parte las distancias son demasiado grandes para transformar a los centros en ámbitos de socialización con actividades permanentes.

Cuando aparece el transporte automotor (década de los años 30 y 40)desplaza casi totalmente al barco, excepto en Tierra del Fuego.

Los despoblados

No podemos hablar de organización del espacio sin mencionar sus grandes vacíos. Se trata de aquellas áreas cuyo nivel de aridez es sumamente alto, carente casi de aguadas, en las que correltivamente la densidad de ovinos es sumamente baja. Tal es el caso de las mesetas basálticas, extensiones con suelos litosoles que acentúan las condiciones de aridez. Allí las estancias se ubican en los bordes de las mesetas, donde algunos manantiales, así como los cañadones protegidos, brindan condiciones de sitio favorable.

Los rasgos físicos dominantes

La Patagonia presenta 2 aspectos físicos bien diferenciados: al oeste, las montañas y valle cordilleranos, húmedos y boscosos, y salpicados de lagos y glaciares; y al este las montañas esteparias, surcadas por ríos alimentados en la cordillera y que fluyen hacia el mar atravesándo la zona árida de las mesetas .

Es en las amplias terrazas de aluvión de los valles fluviales donde la agricultura de regadío ha encontrado condiciones propicias para su desarrollo.

Tanto en la cordillera como en las mesetas la presencia de los seres humanos es escasa y apenas advertible.

Lo característico de la Patagonia es la cubierta vinculada con la actividad glaciaria del pleistoceno.

La Patagonia andina:

Al sur de las nacientes del río Grande. podemos distinguir una zona de transición entre la cordillera de los Andes áridos y la cordillera Austral, que comienza cerca de las nacientes del río Agrio y termina en el archipiélago fueguino.

El relieve cordillerano es mayor en Neuquén, en comparación con las demás provincias de la Patagonia. También es en Neuquén donde se diferencian 3 sistemas orográficos: los Andes de Transición, los Andes Patagónicos y los Patagónides. En la zona de Tierra del Fuego, la cordillera se diferencia en: Cordillera Central, Cordillera de la Costa y Cordillera Marginal.

Desde las nacientes del río Grande hasta Pino Hachado encontramos un área de transición desde un paisaje árido hacia otro que va surgiendo a medida que las precipitaciones aumentan y concluye con un paisaje típicamente alpino.

La altura media de los Andes Patagónico-Fueguinos es de sólo 2000 metros y las mayores elevaciones se desplazan a la zona chilena. Entre las principales alturas se puede mencionar al volcán Lanín (3774 metros), de forma cónica, muy regular al oeste del lago Huechulafquen en la Provincia de Neuquén; el cerro Tronador (3554 metros) en río Negro del cual descienden numerosos glaciares, siendo uno de ellos el del río Manso. Por este cerro pasa el límite internacional que coincide con la más elevada de sus 3 cumbres. Su origen es volcánico y domina paisajes lacustres originados por la fusión de los hielos de los glaciares. El ruido producido por los desprendimientos de bloques de hielo de su cima justifican su nombre.

Hacia el sur se encuentra el cerro Fitz Roy (3441 metros), gigantesca aguja rocosa de paredes casi verticales que se levanta en medio de un extenso campo de hielo y que configura uno de los más grandiosos paisajes de montaña en todo el mundo.

En Tierra del Fuego se destacan el monte Olivia de 1470 metros. Los Andes Fueguinos terminan en el estrecho de Lemaire y reaparecen luego en la Isla de los Estados.

En el norte las características son desérticas (pendientes escarpadas, valles angostos, relieves ásperos, escasez o ausencia de los efectos de los glaciares, etc.). El encadenamiento occidental, forma un bloque de montañas cuya altura es aproximadamente de 2500 metros. La vegetación es típicamente andina.

Más al este, en la zona antecordillerana, se encuentran las mayores alturas (en una serie de cordones delimitados por valles longitudinales). Las cumbres más altas se encuentran en el cordón de la Cordillera del Viento, donde en las partes más encumbradas de las cimas se encuentra un paisaje característico de demolición glaciaria. Al norte del cordón se encuentra el macizo volcánico del Domuyo. El vulcanismo ha tenido aquí una importancia fundamental, y esa actividad aún hoy se manifiesta por la existencia de muchos fenómenos relacionados como aguas termales, géyseres y fumarolas.

Hacia el sur, las pendientes escarpadas trabajadas por los glaciares, alternan con depósitos de origen glacial y glacifluvial en el fondo de los valles, permitiendo la formación de suelos zonales. Aquí, el modelador fundamental fue la acción glaciaria y en menor medida el vulcanismo. Es por ello que se alternan picos muy agudos y recortados, típicos de la erosión de los glaciares, con algunos glaciares, como es el caso del volcán Lanín. En los valles labrados por los glaciares, constituyen un rasgo característico de los Andes Patagónicos, se dan zonas aptas para la instalación humana. Otro rasgo morfológico destacado lo constituye la separación entre la línea de las más altas cumbres, que se halla hacia el oeste, muy próxima a la costa del Océano Pacífico y la línea divisoria de aguas que se halla al este.

En las zonas bajas comienza a aparecer el bosque subantártico.

Algunos pasos internacionales de importancia en esta zona son: Pino Hachado, Puyehue, Hua Hum, Mamuil Malal, Copahue e Icalma.

Las formaciones antecordilleranas:

Las formaciones antecordilleranas no son relieves homogéneos, sus características varían desde las mesetas a las serranías. Desde el punto de vista fisiográfico son una continuación hacia el oeste de las mesetas, más o menos afectadas por la orogenia andina y por procesos de vulcanismo. En general, se trata de sedimentos del Jurásico ,y marinos y continentales del Cretácico, que han sido plegados y fracturados por el movimiento andino. En cierta zonas hay afloramientos Precámbricos cristalinos. La excepción se encuentra en la provincia de Santa Cruz, donde se pasa de la cordillera a las mesetas sin formaciones intermedias.

Este conjunto se desprende de la Cordillera Principal en el extremo norte de Neuquén y se extiende aproximadamente hasta el lago Musters (Chubut).

El sistema se separa de la Cordillera por depresiones ocupadas por los ríos Neuquén, Agrio y Aluminé, entre otros, y luego hasta el codo formado por el río Senguerr. En el este, el límite coincide con el borde de las altas mesetas.

Las formaciones antecordilleranas se dividen en 2 grupos: uno boreal y otro austral, separados por una penillanura central. La zona boreal es la más plegada y de edad más reciente. La penillanura corresponde a un bloque del antiguo macizo patagónico fracturado y elevado, donde se encuentran escombros de rocas que formaban el bloque y conos y mantos de lava del Cuartárico.

El área austral es más chata.

Las mesetas:

La mesetas son la zona más extendida de la región. Se escalonan desde la costa (donde terminan generalmente en acantilado) hasta la zona cordillerana. Se extienden además desde la zona de transición a la Pampa Occidental, que coincide con los valles de los Ríos Atuel, Salado - Curacó y Colorado Inferior, hasta los Andes fueguinos, abarcando la zona llana de Tierra del Fuego, y se prolonga por la plataforma submarina hasta las Islas Malvinas. Se trata de sedimentos cretácicos y terciarios apoyados sobre rocas cristalinas del precámbrico.

La forma de meseta se debe a movimientos epirogénicos de ascenso y descenso. A estos movimientos, es preciso agregar la acción que han provocado sobre las mesetas las distintas regresiones y transgresiones del mar, prolongados períodos de actividad volcánica, la acción de los glaciares y la acción erosiva de los agentes externos. Sus superficies están cubiertas por rodados glaciares llamados “rodados patagónicos” que se encuentran al norte de Río Negro y este de Chubut y Santa Cruz.

Otra característica de las mesetas son las áreas cubiertas de basalto. Al pie de éstos se encuentran manantiales que permiten el poblamiento.

  • Las mesetas basálticas:

Se distribuyen en toda la Patagonia, salvo en la franja oriental. Fueron formadas a partir de la era Terciaria y en el Cuartario.

Se pueden encontrar al sur de Mendoza, en Neuquén, en el centro y sur de Río Negro, en el centro de Chubut, en el centro-oeste de Santa Cruz y en la frontera austral

Las mesetas centrales forman los llanos elevados de forma tabulares característicos de la región, pero a medida que se acercan a la cordillera se van haciendo más quebradas y erosionadas. Estas mesetas aparecen como cumbres escabrosas, suavemente onduladas y a menudo con serranías altas y dentadas y cúpulas aisladas.

Como indica su nombre, estas mesetas están formadas por basalto, que es un roca de color oscuro y origen volcánico.

Las mesetas son superficies de captación de aguas pluviales y nivales. Esta se filtra por el terreno y descienden hasta encontrar niveles impermeables en los terrenos cubiertos por el basalto, apareciendo luego en los bordes de las mesetas en forma de vertientes, dando origen a arroyos y manantiales que riegan oasis de cultivo.

  • Mesetas intermedias y bajas:

La región de las mesetas ha sufrido movimientos epirogénico de ascenso y descenso. Los últimos fueron de ascenso, pero tuvieron lugar de manera regional, por lo que la mayoría del terreno descendió originando depresiones.

Las mesetas intermedias son planicies elevadas “pampas”. Están cubiertas en algunos casos por rodados patagónicos, y en otros por mantos basálticos. Sus bordes caen bruscamente en forma de barranca hacia las depresiones, valles o cañadones. Sus máximas alturas se encuentran en el NO. (1500 metros).

En las costas , las mesetas bajas descienden hacia la playa cubierta de rodados e invadida periódicamente por la marea.

Desde lo alto de las mesetas descienden a los valles fluviales o a las cuencas interiores por medio de terrazas escalonadas originadas por la variación del caudal de los ríos durante el Cuartario.

Predominan los suelos formados por capas de rodados de origen fluvial, glaciario o marino; también se encuentran suelos arcillosos, arenosos y pedregosos, así como salinas, salares y cuencas salobres.

En el subsuelo de las mesetas se ha desarrollado capas sedimentales de gran importancia para la economía de la región (explotación del petróleo).

Depresiones y bajos:

Se encuentran en toda la Patagonia oriental. Las principales depresiones se formaron al sufrir en esta región los movimientos de ascenso y descenso, fracturada, dislocada y levantada en el Cuartárico; los bloques se hundieron originaron estas depresiones. Las más importantes son la cuenca de la Patagonia central, la cuenca del Golfo San Jorge, y el Gran Bajo de la Península de Valdés entre otras.

Valles y cañadones:

Las mesetas están surcadas por valles transversales de los ríos que bajan desde la montaña hacia el mar. Aquí los suelos son los de mayor importancia económica, porque prácticamente son los únicos que permiten el cultivo (con un riego adecuado); es por ello, que estos oasis fluviales son la áreas más densamente pobladas de la Patagonia.

Los valles son extremadamente anchos en comparación con el curso actual de los ríos, esto indica que en tiempos pasados los ríos eran mucho más caudalosos. Actualmente los ríos corren encajonados por reducidos cauces, mientras que en el fondo chato de los valles por los que discurren suelen encontrarse brazos fluviales abandonados y superficies salitrosas y arenosas.

Otra característica de esta zona es la presencia de “mallines” formados en los sectores bajos de los valles sin drenaje superficial. El agua del afloramiento convierte a esa región en una zona semipantanosa; pero cuando el agua se evapora, es posible el acceso del ganado para alimentarse con estos mallines.

Hacia los valles principales descienden los cañadones, antiguos valles de ríos ahora secos.

La costa:

Al producirse el movimiento de ascenso del macizo patagónico, la costa fue la que emergió del mar más recientemente, por eso es que está cubierta por fósiles marinos.

Es aquí donde las mesetas terminan abruptamente en forma de acantilado.

En ocasiones los acantilados se distancian de la costa y permiten la formación de playas, generalmente de rodados, que son el hábitat de colonias de lobos y elefantes marinos.

Los golfos de San Matías, San José, Nuevo, San Jorge, la bahía Grande y la península de Valdés son los principales accidentes costeros que rompen la monotonía de la costa.

La bahía de San Sebastián está casi cerrada por una barra de unos 18 kilómetros de largo, que es la morrena de frente de un glaciar pleistoceno ya desaparecido.

En la costa, las rías ofrecieron casi los únicos lugares de refugio a la navegación, transformandose así en factor fundamental para la localización de los asentamientos humanos.

Hidrografía:

Los ríos de la región patagónica tienen orientación oeste-este, en su mayoría son aloctonos, largos y de poco caudal, ya que están sometidos a la evaporación y a recorrer largos valles planos. Poseen un doble régimen con una doble crecida, por la lluvia y por el derretimiento de las nieves. Sus desembocaduras, en estuarios, se ven obstaculizadas por la presencia de barreras y bancos, que son materiales que los mismos ríos arrancan a la cordillera. No obstante, el agua se abre camino entre esos obstáculos constituyendo canales estrechos que poseen lagos de origen cordillerano o glaciario en sus cabeceras o se interponen en sus cursos. Los pocos cursos que van hacia el Pacífico son cortos y muy caudalosos. El agua aprovechada para el riego artificial ayuda al desarrollo de una pequeña industria agrícola.

Vertientes del océano Atlántico:

Pertenecen a ésta los ríos Colorado, Negro, Deseado, Chico y Santa Cruz, Chubut y Senguerr, Coig o Coyle, y río Gallegos.

A continuación haremos una breve descripción de los ríos más importantes:

Río Colorado: * establece el límite de la Patagonia.

* está formado por los ríos Grande y Barrancas.

* cambia su rumbo, norte-sur (al principio), por noroeste-sudoeste que conserva hasta su desembocadura.

* recibe muy pocos afluentes.

* poco antes de llegar a la costa se divide en dos canales, el canal Nuevo y el canal Viejo.

* experimenta su creciente por deshielos en primavera, y a diferencia de los demás ríos patagónicos no presenta creciente por las precipitaciones.

Río Negro: * es el “primario” de la Patagonia por su longitud, su caudal y por las facilidades que ofrece para la navegación.

* está formado por los ríos Neuquén y Limay.

* no recibe afluentes, y en algunas partes ofrece brazos.

* posee dos corrientes, la de invierno provocada por las lluvias y la de primavera por el derretimiento de las nieves.

Vertientes del océano Pacífico:

Éstos se caracterizan por nacer en la ladera oriental de los Andes Patagónicos y deslizarse por depresiones y valles transversales labrados por los glaciares. Ofrecen lagos en sus nacientes o curvas que hacen las veces de embalses reguladores, moderan el ímpetu de las aguas y las clarifican; son ríos no navegables, son muy buenos para la pesca y el aprovechamiento hidroeléctrico. Hay lagos de diversos tamaños, grandes como el Nahuel Huapi y pequeños como el Puelo. Tienen un régimen de corriente determinado por la fusión de las nieves y las abundantes lluvias.

Ríos que desembocan directamente al Océano Pacífico:

* Sistema del río Manso-Lago y Río Puelo.

* Lago Buenos Aires y Pueyrredón.

* Lago San Martín.

Ríos que derraman indirectamente al Océano Pacífico:

* Hua Hum.

* Futaleufú o Grande.

* Pico.

* Meyer.

* Afluentes del arroyo Zanja Honda proveniente de la Laguna del Portugués.

Ríos que limítrofes o con desagüe en territorio argentino:

* Jeinemeni.

* Encuentro.

* Simpson.

* Vizcachas.

* San Martín.

Lagos:

La Patagonia Andina es la región lacustre por excelencia. En ella podemos distinguir las siguientes características generales:

* la mayoría son de origen glaciario, por ejemplo el lago Nahuel Huapi (el más grande de la República Argentina).

* Son nacientes de ríos, por ejemplo el lago Argentino, o están interpuestos en sus cursos, como por ejemplo el lago Traful.

* Algunos son íntegramente argentinos. como los lagos Aluminé y Mascardi, y otros, por ejemplo el Pueyrredón , compartidos con Chile.

Los principales lagos son:

Neuquén: Aluminé, Quillén, Huechulafquen, Lolog, Melinquina, Hermoso, Falkner, Traful, Correntoso, Espejo y Nahuel Huapi.

Río Negro: Nahuel Huapi, Mascardi, Gutierrez, Steffen y Escondido.

Chubut: Puelo, Epuyén, Rivadavia, Méndez, Futalaufquen, Rosario, La Plata, Fontana y Blanco.

Santa Cruz: Buenos Aires, Ghío, Pueyrredón, Posadas, Salitroso, del Volcán, Belgrano, Burmeister, San Martín, Viedma y Argentino.

Tierra del Fuego: Fragnano.

Glaciares:

La Patagonia se caracteriza, entre otras cosas, por el desarrollo glaciario y los campos de hielo continental que cubren la parte central de la cordillera. De estos campos se desprenden inmensos glaciares como el Viedma, que termina en el lago del mismo nombre, el Perito Moreno, que se hunde en el lago Argentino. Este glaciar avanza con el mismo ímpetu que prevalecía durante la Era Glacial. Sus grandes salientes, repletas de agujas talladas por el viento y el sol, se asoman al lago hasta desprenderse en medio de estrepitosas detonaciones y forman témpanos que se derriban lentamente.

Aspectos generales de la población actual

Al final del siglo XX cuando muchas zonas de la tierra sufren problemas por la aglomeración de población, a un siglo del comienzo de su colonización sistemática, la Patagonia es aún un gran despoblado. A igual latitud de algunos países del Mar del Norte presentan una densidad superior a los 300 habitantes por km2, mientras que en esta región no alcanza a 2 habitante por km2.

También dentro del país se nota este contraste. Así es como mientras que la Patagonia concentra algo más del 4% del total de la población argentina, la región pampeana reúne más del 60% sin considerar la Capital Federal.

La Patagonia no solo es un despoblado, es también una tierra de hombres. La escasez de mujeres se incrementa a medida que se avanza hacia el sur.

Poblamiento

El poblamiento de la Patagonia no fue producto de un plan, por eso se cumplió con distintas modalidades.

Pueden distinguirse tres sistemas pobladores, si se toma como eje el tipo de actividad:

1) Colonización

2) Ganadero y extensivo

3) Petróleo y minero

El primero de ellos es el más antiguo y constituyó colonias agrícolas más o menos densas.

El segundo, implica menos concentración de población, sin calificación laboral ya que exportaba lana en bruto; y el tercero se asentó en cuencas petroleras dando lugar a comunidades densamente pobladas como Comodoro Rivadavia.

Si se analiza desde el punto de vista de su localización, pueden distinguirse tres ejes de poblamiento:

  • Costa Atlántica:

Surge como necesidad de contar con instalaciones para el embarque de lana y carne ovina. Se originan así las ciudades de Comodoro Rivadavia, Puerto Deseado, Río Gallegos y Río Grande. En el caso de Comodoro Rivadavia, como se expresara anteriormente, supera la crisis de exportación de lana y carnes por ser luego centro de embarques petroleros.

  • Valles andinos:

Las comunicaciones escasas y precarias dificulta el crecimiento de los centros urbanos a excepción de San Carlos de Bariloche y San Martín de los Andes (que surgen como centros turísticos) y El Turbio (por la presencia de carbón).

  • Valles fluviales transversales:

Especialmente el del río Negro entre Choele-Choel y Neuquén, y en menor importancia el del río Chubut.

Crecimiento y estructura

La región con 786.983 km2 de superficie, representa el 20,9% del territorio nacional pero reúne, según el censo de 1991, 14.482.002 habitantes, es decir, el 4,5% del total del país.

A su vez, de ese pequeño porcentaje, el 58,3% lo absorben las provincias de Río Negro y Chubut, como puede observarse en el siguiente cuadro.

Población por provincia y por sexo (Año 1991)

Provincia

Nºde habitantes

Porcentaje

Varones

Mujeres

Neuquén

388.833

26,2

196.628

192.205

Río Negro

506.772

34,2

254.153

252.619

Chubut

357.189

24,1

181.215

175.974

Santa Cruz

159.389

10,8

83.758

76.081

Tierra del Fuego

69.369

4,7

36.733

32.636

Total Región

1.482.002

100,0

752.487 (50,8%)

729.515 (49,2%)

Total País

32.608.687

Para analizar el crecimiento de la población consideramos las unidades provinciales para el mejor manejo de las estadísticas.

Evolución:

  • Provincia de Río Negro:

El desarrollo demográfico rionegrino presenta un ritmo de crecimiento sostenido. El gráfico que sigue muestra la evolución según los distintos censos en los últimos cincuenta años.

Año

Nº de habitantes

1947

134.350

1960

193.292

1970

262.622

1980

383.354

1991

506.772