Parques Nacionales de Canarias

Protección medioambiental. Reservas naturales. Ecosistema. Flora. Fauna. Vegetación. Geología. Teide. Caldera de Taburiente. Garajonay. Timanfaya

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PARQUE NACIONAL DEL TEIDE

Parques Nacionales de Canarias

El alma de Tenerife está perfectamente representada en el Parque del Teide. Situado en el centro de la isla, es el mayor y más antigua de los cuatro Parques Nacionales de las Islas Canarias. Tiene una extensión total de 13.571 hectáreas en las que el Pico del Teide es la cota más alta - el techo de España- con sus 3.718 metros. La superficie del Parque Nacional se reparte entre los municipios de Guía de Isora, Icod de los Vinos, La Orotava y Santiago del Teide. Todo él es un extraordinario monumento geológico en el que los conos volcánicos y las coladas de lava forman un impresionante conjunto de colores y formas.

Desde el 16 de diciembre de 1.989 el Parque Nacional posee el Diploma Europeo (categoría A) a la conservación.

La vida entre la lava es ardua. En el Parque Nacional del Teide fauna y flora hacen un esfuerzo de adaptación en las duras condiciones de vida de que disponen. Los cuarenta millones de años de vida del archipiélago canario, su aislamiento y la peculiaridad de su clima han favorecido la existencia de una gran variedad de especies endémicas que desde siempre han sido un tesoro para científicos y naturalistas . Esta es la razón fundamental por la que se declaró Parque Nacional en 1954.

Según la hipótesis de los geológos, aunque con cierta controversia, Las Cañadas están formadas por dos calderas - de erosión para unos, de hundimiento para otros y por ambas causas para los restantes-, una oriental y otra occidental, separadas por los Roques de García y en cuyo interior se levanta el complejo Teide-Pico Viejo. Todo el Parque está situado a una altitud superior a los 2.000 metros, con muy baja humedad relativa, alto grado de insolación y fuertes oscilaciones de las temperaturas.

Fauna

Pocos animales superiores resisten la dureza climática del Parque. Las aves son quizá el grupo más representativo. El cernícalo sobrevuela todo el Parque y anida en él. El pinzón azul del Teide vive sobre todo en los pinares adyacentes pero se le puede ver a menudo en Las Cañadas. El típico canario también sube hasta aquí formando grandes bandos en primavera y otoño. Caminado por alguno de los senderos del Parque es posible encontrarse con el cadáver de algún lagarto clavado de una rama: es víctima del alcaudón, que suple su falta de garras con este sistema para matar a sus presas. Paloma bravía, como habitante permanente, y la migratoria tórtola son los dos únicos colúmbidos que se encuentran.

En primavera y verano llegan abubillas, vencejos unicolores y otras especies. El bibista caminero coloniza todas las latitudes del Parque Nacional y tanto el cuervo, abundante hasta hace poco y al que se ha visto sobrevolando el Propio Pico del Teide, como la perdiz moruna empiezan a estar en regresión por la presión humana y el furtivismo.

Los insectos son la fauna más interesante del Parque Nacional, aunque su presencia frecuentemente pasa inadvertida a los visitantes. Los expertos calculan en unas 400 las especies de insectos que viven en Las Cañadas, muchas de ellas endémicas y de gran valor científico. Pero es en la primavera cuando más llaman la atención. En esa época del año se les puede ver revoloteando entre las flores, acudiendo a la llamada de las plantas para apurar la breve polinización.

El único reptil que encontramos en estos parajes es el lagarto tizón que puede llegar hasta 30 centímetros de longitud y vive tanto en los fondos de las Cañadas como en las cotas más altas del Parque. Erizo moruno y algunas especies de murciélagos son los únicos mamíferos autóctonos junto con las especies introducidas por el hombre: conejo, muflón, ratón de campo, rata y grupos de perros asilvestrados, en su mayoría abandonados o perdidos por los cazadores, y gatos cimarrones.

Flora

La flora se adapta sorprendentemente a la tiránica climatología de estas latitudes. De hecho, la gran cantidad de endemismos de flora que encontramos fue uno de los datos claves para la declaración del Teide como Parque Nacional. Al menos el 22 por ciento de las especies del Parque son endémicas y se encuentran amenazadas y, de todas las plantas autóctonas, un 15 por ciento se encuentra clasificado como en peligro de extinción. La retama es la especie más abundante.

El tajinaste rojo es una de las plantas más sorprendentes que, en primavera, se cubre de llamativas flores rojas y puede alcanzar hasta tres metros de altura. El alhelí del Teide y la margarita del Teide son dos preciados endemismos al igual que el Aeonium y la Sventenia. A medida que se asciende no pasará desapercibido un hecho curioso. Para defenderse de los rigores del frío y el viento la vegetación es cada vez más escasa y se va achaparrando y extendiéndose sin levantarse siquiera un metro del suelo.

Todo cambia en invierno. La primavera es breve y tardía en el Parque Nacional del Teide y, cuando se cumple su ciclo y llegan las nieves, el paisaje cambia de color. La hierba pajorera vuelve a presentar su aspecto pajizo y amarillento que le da el nombre. Los tajinastes pierden su típica flor para pasar el invierno.

Más arriba de los 3.000 metros, hasta la misma cumbre del Teide, sólo hay una especie que consiga sobrevivir: la delicada y frágil violeta del Teide, la planta que crece a mayor altura de todo el territorio nacional. La reina de las cumbres es sin duda la delicada violeta del Teide. aprovechando las aguas del deshielo florece en la misma cumbre del volcán y en los Altos de Guajara bajo unas condiciones verdaderamente extremas. La recolección por parte de naturalistas y excursionistas en general estuvo a punto de causar su extinción hace unos años.

Geología

Algunos geólogos opinan que el archipiélago canario es una cadena de islas formada por un fenómeno volcánico denominado punto caliente. Un punto caliente es un foco de actividad del manto que produce grandes cantidades de magma. Éste se eleva hasta la superficie y perfora la placa, dando lugar a un volcán. El punto caliente se mantiene estacionario mientras la placa oceánica se mueve sobre él. Se cree que puedan ser fisuras residuales de antiguas divisiones entre placas o el inicio de nuevos límites entre éstas. 


En el esquema de la imagen podemos ver cómo se está formando una cadena de islas sobre un punto caliente: primero se formó la isla que ahora se encuentra más alejada y, al desplazarse la placa, se extinguió el volcán que aportaba los materiales de construcción; el punto magmático comenzó a formar la siguiente isla y así sucesivamente.

La isla de Tenerife comenzó a formarse hace unos 7 millones de años con las primeras emisiones de rocas basálticas. Sobre éstas surgió en tres etapas el impresionante conjunto formado por el Teide y Las Cañadas:

A)Formación del edificio volcánico original: Tras formarse la base de Tenerife, las sucesivas erupciones levantaron una enorme masa en la parte central de la isla.

B) Formación de Las Cañadas: La génesis del Circo de Las Cañadas suscita aún controversia entre los geólogos,  existiendo diferentes hipótesis al respecto como las de explosión, erosión,  hundimiento y grandes deslizamientos. 
En los últimos años, las investigaciones del subsuelo de la isla y los estudios de los fondos  marinos y del relieve submarino parecen confirmar que tanto Las Cañadas del Teide como los valles de la Orotava y Güimar son depresiones  formadas por grandes deslizamientos gravitacionales de una parte de la isla. 

C) Nacimiento del Pico del Teide: Algunos millones de años después de formarse la concavidad de Las Cañadas y en tiempos muy recientes a escala geológica, se elevó el edificio más aparatoso de la isla: las masas del Teide y Pico Viejo que suben a más de 3700 m sobre el nivel del mar y ocupan una posición aproximadamente central.


El Pico Viejo posee un profundo embudo de 750 m de diámetro y más de 100 de profundidad, entre paredes verticales. El cráter del Teide-Antiguo, llamado La Rambleta, con los 3.500 metros de altura, con forma de herradura abierto al nordeste, está ocupado por el Pitón, que surgió más tarde y del que partieron coladas negras, que desbordaron el antiguo cráter y se derramaron por las laderas del Teide-Antiguo, formando sus lenguas de lavas negras un rosetón sobre las empinadas laderas. 
También hay otra serie volcanes parasitarios o secundarios; unos arrojaron lavas muy viscosas, con recorrido corto y acumulación caótica de grandes bloques, como los procedentes de Montaña Rajada, cuya corriente formó el Valle de las Piedras Arrancadas; otros, como Montaña Blanca y Majuá, en fase explosiva, arrojaron grandes cantidades de pómez; más tardíamente surgieron otros de tipo basáltico. 


El Teide culmina en el Pilón de Azúcar, que presenta aún actividad residual en forma de fumarolas y solfataras a 86 ºC.
La última erupción del Teide fue en 1798, la de Chahorra o narices del Teide, que abrió cinco bocas en las laderas de Pico-Viejo cuyas lavas se extendieron por la parte sur de las Cañadas. 
La mas reciente actividad de los volcanes de Tenerife fue la erupción del Chinyero en 1909.


PARQUE NACIONAL DE LA CALDERA DE TABURIENTE

Parques Nacionales de Canarias

Centro religioso el pueblo benahorí, como eran llamados los nativos de La Palma, el Roque Idafe, en la fotografía de la derecha, es uno de los símbolos de ese Parque Nacional. A él ofrecían los primitivos pobladores de la Caldera las asaduras de todos los animales que consumían; alguna clase de exorcismo para evitar que la mole se desplomara sobre sus cabezas. Cuando los conquistadores españoles llegaron a la isla en 1.492 capitaneados por Alonso Fernández de Lugo, ésta se encontraba dividida en doce reinos. El de aceró, gobernado por el mencey Tanausú, ocupaba el territorio de lo que es hoy la Caldera de Taburiente. Fue el último reducto de los guanches en esta isla hasta que cayeron en vil emboscada en la primavera de 1.943. Además de paisajes espectaculares, la Caldera representa excepcionalmente el ecosistema del pino canario a parte de un alto número de especias de flora endémica, sobre todo en sus roquedros. Sus formaciones geológicas. Sus formaciones geológicas y los restos geológicos del pueblo benahorí que se han encontrado en diversos lugares de la Caldera, son otros elementos de indudable interés.

La isla de la Palma está situada en el sector noroccidental del archipiélago canario y el Parque Nacional de la Caldera de Taburiente ocupa su parte central. Fue creado como tal en octubre de 1.954 y ampliado hasta las actuales 4.690 hectáreas en 1.981. Es una gran depresión en forma de herradura abierta al sudoeste con una única salida natural hacia el mar por el barranco llamado de Las Angustias. Desde el año 1.557 y hasta hoy día los territorios del Parque Nacional son propiedad de la Comunidad o Heredamiento de las Haciendas de Argual y Tazacorte. Formada por más de 1.500 comuneros.

Fauna

Quietud y silencio son los sinónimos de la Caldera de Taburiente. La fauna vertebrada de este Parque Nacional es escasa y la mayoría de los mamíferos son especies introducidas a excepción de los murciélagos. El arruí y las cabras son una plaga para las plantas endémicas de la zona, así como el conejo. Se encuentran perros asilvestrados y gatos cimarrones. En cuanto a los reptiles, únicamente cuenta con el perenquén y lel abundante lagarto tizón. Entre los anfibios se pueden ver la ranita de San Antonio y la rana común.

Sobrevolando la Caldera es frecuente observar al cuervo, la chorva piquirroja que por aquí llaman graja y es de destacar por ser en La Palma en la única isla canaria en la que se encuentra. Las rapaces no son escasas: ratoneros, llamados aguilillas, búho chico y muchos cernícalos. Paloma bravía y turqué. Herrerillos, currucas capirotadas que llaman capirotes, mirlos, reyezuelos, son algunos de los paseriformes. En el interior del Parque Nacional se encuentra una cueva volcánica, muy cerca del borde superior a más de 2.000 metros de altitud. En ella, bajo las peculiares condiciones de oscuridad, alta humedad e intenso frío, vive un escarabajo cavernícola, endémico de La Palma, que ha perdido los ojos y la pigmentación para adaptarse a tales condiciones.

La fauna invertebrada es enormemente variada, la araña lobo, de gran tamaño pero inofensiva, frecuente en la hojarasca y bajo las cortezas de los troncos caídos. La escolopendra, a la que los isleños llaman ciempiés, puede alcanzar un palmo de longitud y su picadura es bastante dolorosa, aunque no tiene peligro.

Flora

Los desniveles de hasta 2.000 metros presentes en La Caldera hacen posible que en ella se reúnan prácticamente todos los tipos de vegetación presentes en el archipiélago. El pino canario, resistente como ninguna especie al fuego y las temperaturas extremas y con la particularidad de tener tres acículas en lugar de dos, es la estrella por excelencia de este ecosistema.

Acompañando al pino se encuentra a menudo el amagante, una jara endémica de Canarias cuyos frutos servían de alimento a los aborígenes canarios, y el faro. La inflorescencia del bejeque noble o rojo, de gran vistosidad y una planta bastante abundante en los roquedos. Las formaciones de fayal-brezal también están presentes en el interior de La Caldera. Bejeques, tabaibas y verodes salpican todos los roquendos y paredes de La Caldera a todas las alturas.


 
 
 

PARQUE NACIONAL DE GARAJONAY

Parques Nacionales de Canarias

La Gomera es la única isla de Canarias que no hubo erupciones en el Cuaternario, así que, al contrario del resto, no se ven campos de lava ni conos volcánicos. Surcada por profundos barrancos, en su parte central acoge la mejor manifestación de laurisilva canaria que en Terciario ocupaba buena parte de la cuenca mediterránea. Casi permanentemente envuelto en nieblas, Garajonay es un bosque siempre verde que mantiene una humedad relativa entre el 75 y el 90 por ciento. Desde los Roques, en la entrada suroriental del Parque Nacional, se puede ver como entra el mar de nubes traído por los vientos alisios que aportan la vital precipitación horizontal. Sin la laurisilva, La Gomera sería un desierto ya que proporciona a la isla el agua de la que dispone. Los usos comunales que los habitantes de la isla dieron a su bosque han favorecido a la conservación de este espacio. Pero este aprovechamiento integral de la isla no ha impedido que en Garajonay se conserven zonas auténticamente vírgenes. La superficie del Parque - 3.984 hectáreas - es bastante importante ya que ocupa el 10 por ciento del total de La Gomera. Su altitud general está comprendida entre los 800 metros en su borde inferior y los 1.487 metros del Alto de Garajonay.

Es patrimonio mundial de la UNESCO desde noviembre de 1.986. Las tierras que hoy forman el Parque pertenecieron al los Condes de La Gomera para pasar a ser dominio municipal en el siglo XIX, convirtiéndose en monte de utilidad pública hasta su declaración como Parque Nacional. Aquí recaló Colón en su camino hacia el nuevo mundo y aquí venía a visitar a su íntima amiga Beatriz de Bobadilla. Esta bella mujer fue desterrada por la Reina Isabel a la lejana isla. El pretexto fue casarla con Hernán Peraza, señor feudal que tiranizaba la isla, para evitar su abuso de poder y, de paso, se quitaba del medio a la mujer que su marido, Fernando el Católico, amaba en secreto.

Fauna

La fauna vertebrada, al contrario que la flora, no es muy abundante en el Parque. Sólo se encuentra una especie de anfibio, la ranita meridional. Hay dos especies de reptiles, ambos endémicos de La Gomera: el lagarto gomero y el eslizó dorado. El búho chico es la única rapaz nocturna de Garajonay y la aguililla, nombre familiar del águila ratonera común, es el ave más grande que surca sus cielos. Abundan el gavilán y el cernícalo. Las paseriformes son las aves más abundantes del Parque y las más fáciles de observar. En cuanto a los mamíferos, aquí viven tres especies diferentes de murciélagos, una de ellas endemismo macaronésico. Los únicos superpredadores son los gatos asilvestrados que controlan la población de rata negra y ratón casero, especies introducidas en el Parque al igual que el conejo.

Los insectos son los más numerosos y en los que aparece un mayor número de endemismos. Entre ellos cabe destacar el saltamontes, Acrostira bellamyi, de unos 8 cm. de longitud la hembra y unos 3 el macho. Es endémico de la isla y difícil de observar pues su coloración le camufla entre las ramas.

Un posible riesgo de Garajonay son las arañas con las que podemos toparnos ocasionalmente. Aunque escasa, hay viuda negra. Curiosamente, la hembra, a diferencia de las viudas negras de otros lugares, es totalmente negra, careciendo de las trece manchas rojas en el abdomen. Raramente mortal, su picadura es muy peligrosa y puede dejar secuelas permanentes. Otra araña muy impresionante y bastante más abundante, sobre todo en el sur del Parque, es Eresus crassitibialis cuya picadura es muy dolorosa aunque no presenta mayor riesgo. Es endémica de La Gomera y, por el momento, se han encontrado abundantes hembras pero un solo macho. Hasta ahora se han encontrado unas 60 especies distintas de arácnidos en el Parque, 15 de ellas endémicas de La Gomera.

Flora

La variedad de la flora es impresionante y su distribución en el Parque es muy clara. Prácticamente toda la superficie pertenece al dominio natural de la laurisilva y el fayal-brezal. En las laderas bajas y pedregosas se establecen el mocán y el peralillo; y, en los valles del norte, el viñatico y el til. Según se asciende, estas especies van siendo sustituidas por otras menos exigentes como el acevilo, brezo, faya, laurel y, a veces, palo blanco. En los lugares de paso de nieblas encontramos brezales arborescentes cubiertos de musgos y líquenes cuyos troncos retorcidos ofrece uno de los más fascinantes espectáculos de los bosques canarios. En la vertiente sur, más seca, se encuentra la formación de fayal-brezal. En formaciones de laurisilva, el suelo está tapizado de enormes helechos. Bejeques , aeonium y tajinastes son frecuentes en escarpes rocosos no boscosos. Nieblas persistentes cubren el Parque Nacional.

Las nubes, al ser arrastradas por el viento, van depositando en los árboles gotitas de agua. Esta "lluvia" es llamada precipitación horizontal. Las hojas lauriformes de los árboles que componen el bosque de laurisilva están especialmente diseñadas para cumplir eficazmente este cometido. y dejar caer hasta el suelo el agua condensada en ellas.

PARQUE NACIONAL DE TIMANFAYA

Parques Nacionales de Canarias

El parque Nacional de Timanfaya se creó para proteger las mejores formas volcánicas que quedaron en la isla de Lanzarote tras las erupciones del siglo XVIII que cambiaron su fisonomía. Desde el 1 de septiembre de 1.730 hasta el 16 de abril de 1.736, de manera ininterumpida, un rosrio de volcanes vomitó lavas y lapillis que sepultaron las antiguas vegas de Timanfaya y Los Miraderos. Se declaró Parque Nacional el 9 de agosto de 1.974 con una superficie de 5.107 hectáreas, en la parte centrooccidental de la isla de Lanzarote y con la propiedad de su territoria repartida entre Yaiza y Tinajo. Donde se produjeron las más importantes erupciones podemos encontrar ahora más de 25 cráteres juntos, casi alineados en una línea de fractura que coincide prácticamente con la que originó las anteriores erupciones en el periodo Cuaternario. Los volcanes más importantes se encuentran en la parte central de esta línea de fractura, entre montaña de Timanfaya y Montaña Rajada, al este del Parque. Entre el 31 de julio y el 30 de Septiembre de 1.834 se produjeron nuevas erupciones en la isla de las que no se tiene mucha información.

Fauna

La pobreza en vertebrados terrestres es extrema en las duras condiciones de Timanfaya. El lagarto de Harí y el pernquén rugoso o majorero son los únicos reptiles capaces de vivir aquí alimentándose de insectos y algunas plantas. Los cielos de este Parque sí presentan una buena variedad de especies. Las más se limitan sobrevolándolo, aunque antaño nidificaran en él. El cuervo o el cernícalo común, por ejemplo, y otros como el alimoche, llamado guirre de Canarias, o la paloma común aún tiene su refugio permanente en la montaña de Fuego. Entre las especies introducidas podemos señalar al conejo, traído por los españoles en la conquista de las islas, y el animal más dañino al ecosistema de Timanfaya. también se han encontrado restos de erizo moruno en los límites del Parque, así como excrementos de gatos doméstico y perros asilvestrados. Aunque no en gran número también se ha detectado la presencia de rata negra y ratón común. En la franja litoral tiene refugio gran cantidad de aves marinas, sobre todo la escasa pardela cenicienta, en grave peligro de desaparecer debido a la caza abusiva.

Los islotes acogen la mayor variedad de flora y fauna en todo el Parque Nacional y están situados, principalmente, en los confines meridionales y orientales del Parque. Son pequeñas elevaciones de terreno y los únicos lugares que no fueron afectados por las últimas erupciones del Siglo XVIII. Los islotes son verdaderos oasis en los que se ha refugiado la mayoría de la vida animal y vegetal.

Flora

Es un lugar privilegiado para el estudio de la colonización vegetal en un sustrato aparentemente estéril. En un lugar como Timanfaya, donde parece que la vida vegetal parece incapaz de sobrevivir, sobre todo por la falta de agua (las precipitaciones nunca superan los 125 mm. anuales) siempre sorprende la vegetación. Se calcula que el 36 por ciento de todas las especies de plantas vasculares presentes en la isla de Lanzarote, se encuentran dentro del Parque Nacional. En los islotes, donde se concentra la mayor parte de la flora superior, pueden encontrarse especies como el Aeonium, y asociaciones de tabaiba dulce y verode. La aulaga majorera, es una planta espinosa, muy abundante en el interior del Parque, tanto en islotes como en terrenos de malpaís, es la que se utiliza para hacer las demostraciones de cremación a los turistas en el Islote de Hilario. Tabaiba salvaje, una planta venenosa, tedera, salvia de risco, hierba de risco, tomillo y tarajal compiten por el espacio con una planta sudamericana que aquí se conoce como bobo, introducida en Canarias hace más de un siglo que coloniza con inverosímil facilidad los parajes más desolados.

Los líquenes representan la primera manifestación de vida. Estas plantas inferiores (formadas por un hongo y un alga), son, en opinión de los expertos, los vegetales más interesantes del Parque de Timanfaya. Hoy constituyen la manifestación vegetal más extendida y mejor representada en todo este espacio protegido. ellos son quienes mejor pueden sobrevivir en estas condiciones de extrema sequía y tremenda exposición al sol, pues prosperan en tiempos de humedad y quedan en estado de desecación durante las sequías. En el recorrido por el Parque su presencia hace que el malpaís adopte especiales coloraciones. Hasta el momento se han inventariado alrededor de 200 especies de líquenes, además de 5 algas y unas 15 de musgos.

El color negro es el predominante en las lavas de todo el Parque aunque la colonización por parte de los líquenes a veces les da un tono ceniciento que, con imaginación, puede parecer nieve. Es curioso que los líquenes se asienten en la parte de la lava que recibe la humedad aportada por los vientos alisios, mientras que en el lado opuesto no colonizan al carecer de aportación hídrica. Algunas coladas son de color amarillo debido a las especiales condiciones de enfriamiento. En la fotografía de la derecha podemos ver las gotas de lava formadas en el interior de un tubo volcánico, llamadas científicamente estafilitos. A la izquierda, el Manto de la Virgen, el más famoso hornito. Estos son conos adventicios formados por la acumulación de gases. La fauna cavernícola que habita en los tubos volcánicos, los troflobios, merece una mención especial. Su exhaustivo estudio por los científicos en el Parque, ha merecido el Premio Internacional de Investigación Agustín Betancourt.

Geología

Eminentemente geológico, este Parque Nacional representa el volcanismo reciente de las Islas Canarias y comprende casi una cuarta parte de la superficie afectada por las erupciones del siglo XVIII, en un proceso que se extendió durante los años 1730 al 1736. El núcleo donde se registraron las erupciones más importantes constituyen las llamadas Montañas de Fuego o Timanfaya, donde en un espacio de pocos km2 pueden localizarse más de 25 cráteres. Las erupciones se produjeron a través de una fisura volcano-tectónica orientada en dirección WSW-ENE. Tras un periodo de calma, en 1824 se produjo una segunda fase de erupciones dando lugar a la formación de los volcanes de Tinguaton, Tao y Chinero, éste último enclavado dentro de los límites del Parque Nacional de Timanfaya. Máximo exponente de este tipo de erupciones volcánicas hacen este Parque único entre los de sus características a nivel mundial. Reúne un conjunto de estructuras geomorfológicas de gran diversidad a las que el clima ha ayudado a conservar ya que los agentes metereológicos no influyen de forma determinante sobre las mismas.
 
 

El mundo inorgánico, el mineral, preside el conjunto de esta área protegida. Es un canto a los fenómenos geológicos, concretamente a los de naturaleza volcánica y a las fuerzas internas y poderosas de la corteza terrestre. Resultan inconfundibles las coladas lávicas que, como lenguas de papilas afiladas, descienden de los conos volcánicos y se solidifican sobre los primitivos terrenos, adoptando formas escoriformes, formando grandes lastrones y constituyendo los paisajes típicos de los campos de lava.

También pueden distinguirse los productos sólidos lanzados a muchos metros de altura por las fuerzas explosivas de los cráteres. Sembradas por todas partes se aprecian las bombas de diferentes tamaños y formas más o menos redondeadas; los esponjosos lapillis de superficie lustrosa formados por pequeños granos de 4 a 6 mm de diámetro y las cenizas, que los vientos que soplan en estas latitudes se han encargado de llevar de un lado para otro, incluso a lugares muy alejados de los conos volcánicos.