Padre Enrique Flórez

Religiosos españoles. Siglo XVIII. Sacerdotes católicos. Historiadores de España. Agustinos. Herencia historiográfica. Écija

  • Enviado por: Alfonsojb76
  • Idioma: castellano
  • País: España España
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CONCLUSIÓN.

Para concluir con este trabajo, sería necesario realizar unas pinceladas generales acerca de Flórez y de su enfoque historiográfico. Ya observamos en la introducción el contexto en el que se desenvolvía nuestro agustino burgalés: en la Edad Moderna; época en la que llega la secularización del pensamiento y esto ocasiona duros enfrentamientos dialécticos entre los tradicionalistas (éstos eran herederos de la tradición intelectual medieval, su formación era escolástica) y los laicistas (primero los novatores en el XVII y después los ilustrados en el siglo siguiente).

Ambas corrientes de eruditos, tan enfrentadas como lo estaban en el Antiguo Régimen, no sólo influyen en las ciencias (vemos los duros enfrentamientos entre los galenistas - médicos tradicionalistas - y los médicos que estaban revolucionando la medicina, esto es por citar un ejemplo), también influyen en la historiografía; esta influencia la tenemos en los enfrentamientos entre el mismo Flórez y Mayans.

Como ya sabemos, Mayans era ilustrado y por lo tanto, laicista, y en cambio Enrique Flórez era sacerdote y por lo tanto, conservador y escolástico. Ambos eruditos pertenecían a dos corrientes contrapuestas y esto es lo que ocasionó las continuas discusiones entre ellos; ya que mientras Flórez era partidario de los Falsos Cronicones, Mayans daba un enfoque a la historia más racional y más crítico. También sabemos que Mayans tenía motivos para criticar a Flórez por los escándalos cometidos por éste debido a la quema ocasional de documentos, ya que dichos documentos parecían contradecir a los Falsos Cronicones. No obstante, ya sabemos que Mayans en su vejez acabará por decantarse al conservadurismo como su eterno rival Flórez.

Aclaremos que el sacerdote agustino del XVIII no partió de la nada a la hora de investigar la historia, ya sabemos que pertenecía a la corriente tradicionalista y ésta procedía del Medievo, de este modo sabemos que Enrique Flórez heredó una tradición historiográfica; como ya vimos en el primer capítulo de la obra, los historiadores que hicieron la historiografía ecijana en el XVII influyeron profundamente en el Padre Flórez: Martín de Roa, Fernández de Grajera, Rodrigo Caro. Flórez recibió influencia de todos ellos, ya que empleó los mismos medios para escribir historia.

En el caso ecijano sabemos que la historiografía propia de los historiadores que escribieron la historia de la ciudad en el XVII influyó hasta bien entrado el siglo XX en los que han escrito la historia de la misma. Por lo tanto ya sabemos que el Padre Flórez sólo era uno más entre el elevado número de historiadores que recibieron la influencia historiográfica del XVII.

De este modo nuestro agustino del XVIII bebió de una tradición que ya estaba arraigada antes de él. Así que Enrique Flórez participaba de una mentalidad ya muy antigua en la época en la que le tocó vivir y tenía sus adeptos. Entonces deducimos que no era un personaje excepcional en su época en cuanto a mentalidad y en cuanto a metodología.

Claros rasgos conservadores están presentes en su mentalidad, ésta condicionada por su formación escolástica, entre estos rasgos podemos ver el rechazo hacia todo lo no cristiano (lo islámico y lo judío), la religión por encima del poder político, la búsqueda de un pasado glorioso de una localidad para enaltecerla (de ahí es la tradición de lo Falsos Cronicones), rechazo ante todo lo novedoso (ya que lo novedoso suponía una mentalidad laica).

Ya que nuestro agustino del setecientos basaba sus investigaciones en las fuentes historiográficas mencionadas (los Falsos Cronicones), estaría inmerso en las rivalidades entre localidades que pretendían buscar cada una el pasado más glorioso que las demás; como ya vimos en el primer capítulo con el Padre Martín de Roa, si el lector recuerda, Córdoba (ciudad natal de Roa) rivalizaba con Sevilla (la primera se apoyaba en su patrimonio artístico frente al poder económico de la segunda), esta rivalidad hizo que el mismo Roa no escribiese nada acerca de Sevilla aunque estuvo en ella, que tuviese sus enfrentamientos con Rodrigo Caro (éste era el máximo defensor de Sevilla, ya que era natural de la localidad vecina de Utrera, añadamos que Roa en su estancia en Sevilla fue el censor de Caro de sus Antigüedades).

Como también vimos en el primer capítulo de esta obra, no sólo Córdoba rivalizaba con Sevilla, también Écija rivalizaba con Sevilla y esta rivalidad se debía a que la primera había sido un obispado en el Medievo y ya en la Edad Moderna no lo era, en esta etapa histórica dependía de la prelatura hispalense. Pues Martín de Roa, por lo que parece, apoyaba a Écija en su rivalidad con Sevilla ya que su Córdoba natal también lo estaba.

Hablamos de una tradición fuertemente localista de la que ya hablamos en el primer capítulo de esta obra; no nos es de extrañar que Flórez estuviese inmerso en este marco tan localista y tan disputado entre localidades, como ya hemos dicho, con el objetivo de ver cuál de ellas tenía mejor pasado que las demás.

En cuanto a la información que aportaba en sus trabajos, parece ser que se equivocó al hablar de Tartessos - Turdetania y tartesios - turdetanos, ya que él los consideraba como dos pueblos diferentes cuando realmente eran el mismo, también se basó en los escritos avieneos y ya sabemos la problemática que tienen dichos textos. Añadamos que él afirmaba haber estado Astigi poblada por turdetanos en la Antigüedad y en base a investigaciones posteriores parecen ser los celtas los que poblaron la ciudad.

En cuanto a los concilios visigodos, el agustino burgalés en cuestión, quizás inevitablemente, nos ha hecho pensar en una la Iglesia como una institución corrupta en el Medievo, por la información que él recopiló de los concilios y también por información recabada de investigaciones posteriores al mismo Flórez. Por lo que parece, los concilios, en parte vendrían a acabar con la corrupción eclesiástica que nos parece observar, en cambio no surtieron mucho efecto en este tema.

Flórez sentía admiración por San Leandro y San Isidoro, les decía “los gloriosos” y también hablaba de la meticulosidad de San Isidoro en la observación de los cánones y tal meticulosidad le hizo descubrir un problema que nos hace pensar en un caso de corrupción. De este modo,

Enrique Flórez sólo menciona de oídas que después del sínodo II Hispalense hubo otro más, también en Híspalis,

Por lo que nos puede parecer en un principio es que el Padre Flórez, por no reconocer que el “glorioso” San Isidoro cometió un grave error a la hora de dedicarle a éste la prelatura astigitana; pero parece ser que Flórez no manejaba la información suficiente). De todas formas, la corrupción parecía estar a la orden en el seno de la Iglesia en la Edad Media, posible corrupción contra la que se combatía en los concilios.

CONCLUSIÓN.

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