Ortega y Gasset

Filosofía contemporánea. Corrientes filosóficas del siglo XIX. Raciovitalismo. Filósofos españoles. Razón vital. Teoría del conocimiento

  • Enviado por: Ioseba Amatriain Losa
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 3 páginas
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ORTEGA Y GASSET

1. LOS TRES GRANDES PERIODOS DE LA HISTORIA UNIVERSAL.

Ortega considera que existen tres periodos de la historia del pensamiento:

  • Periodo realista. Presidido por la postura aristotélica, quien considera que las cosas son sustancias y el hombre, que también lo es, conoce las cosas por medio de imágenes que las representan.

  • Periodo idealista. En él se piensa que la conciencia es fundamento último, y las “cosas” son producidas por ella en una especie de sueño. Las cosas son en realidad ideas que, en el caso del idealismo absoluto, son producidas por la propia conciencia.

  • Periodo raciovitalista. Se basa en la idea, acorde con el pensamiento de Ortega, de que no es concebible conciencia sin cosas, sin mundo, ni cosas aisladas (sustancias) sin conciencia: lo que hay es el mutuo existir del hombre y el mundo.

2. LA VIDA, REALIDAD FUNDAMENTAL (Fundamentación básica del raciovitalismo).

El pensamiento de Ortega se suele insertar en el vitalismo, corriente filosófica surgida a finales del siglo XIX en la que se incluyen pensadores como Nietzsche, Bergson y Dilthey. Todo ellos tienen en común la consideración de la “vida” como hecho fundamental en el que cualquier otra realidad se sustenta, si bien la interpretan en sentidos muy distintos.

Concepto de vida.

  • La vida es lo absolutamente básico, la referencia última de todo cuanto somos en su sentido más radical; algo que es anterior a la conciencia misma: mi pensamiento es consecuencia de mi vida.

  • Es lo que nadie puede hacer por mí: la vida es intransferible. No es u concepto abstracto, es mi ser individualísimo.

  • Toda otra realidad necesariamente se tiene que referir a la vida.

3. DE LA RAZÓN PURA A LA RAZÓN VITAL.

La “razón pura”, separada del vivir real, ha sido la imperante en el pensamiento europeo durante siglos. Con ella Descartes matematizó el pensamiento, olvidando que éste se sustenta en la vitalidad (razón que sólo se fija en lo abstracto).

Pero no se puede construir un mundo de espaldas a aquello de donde la propia razón procede: no existo porque pienso, sino al revés: pienso porque existo, dice Ortega frente a Descartes.

Lo primitivo no es el pensamiento. Si éste se produce, es porque hay algo previo: la propia vida. Si no hay “mi vida”, no hay pensamiento.

A la razón pura opone Ortega la razón inmersa en la vitalidad y, consecuentemente, en la historia: la “razón vital”. Lo que somos es consecuencia de lo que hemos hecho, de nuestra historia. Pero el futuro depende de lo que somos, el pasado configura lo que va a venir. Por eso la ciencia del pasado es, a la vez y bien entendida, la única ciencia del futuro.

4. ANTROPOLOGÍA.

4.1. EL HOMBRE NO ES ALGO HECHO.

Somos biografía.

El hombre no es algo ya hecho, sino un fluir continuo de una acción sobre un terreno siempre virgen. Todos nos damos a nosotros mismos nuestro propio ser en forma de biografía. Esta idea es un punto en común con el existencialismo (corriente filosófica importante de la filosofía del siglo XX).

La vida es drama y proyecto.

El hombre vive en el mundo, en una “circunstancia” y en ella tiene que hacerse su vida, tiene que ser actor del drama de “su”vida.

Para eso ha de hacerse un “proyecto”. Su propio “yo” se va haciendo al vivir, pues “el hombre no tiene naturaleza, sino que tiene historia”.

4.2. CIRCUNSTANCIAS.

Íntimamente relacionado con los conceptos de “vida” y “perspectiva” está el de “circunstancia”. Este concepto fundamental de Ortega tiene dos sentidos:

  • Espacial. Vivimos en un mundo que nos limita y condiciona hasta el punto de constituir una unidad indisoluble con mi ser más íntimo. Sólo puedo hacer lo que me permitan el lugar donde estoy y sus condiciones.

  • Temporal. Estamos ubicados en una época histórica concreta que nos condiciona de manera decisiva, tanto en los aspectos materiales como en la estructura conceptual. Lo que pensamos lo hemos heredado, depende del lugar en que hemos nacido.

“Yo soy yo y mi circunstancia”.

Por todo ello Ortega puede afirmar que “yo soy yo y mis circunstancias”. Inmerso en mi mundo, sería una traición olvidarlo, tratando de situarme en la intemporalidad, más allá de lo que inevitablemente me rodea, conforma y condiciona.

Circunstancia: los hombres estamos limitados y condicionados espacial (sólo podemos hacer lo que nos permite el lugar donde estamos) y temporalmente (la época histórica en la que nos toca vivir).

El hombre en el plano socio-político.

Ortega nos plantea la oposición entre dos tipos de hombre:

- hombre “masa”: ser mediocre. No sabe reconocer sus limitaciones y se niega a aceptar otras ideas y opiniones que no sean las suyas.

- hombre de “cultura”: élite. Es capaz de reconocer su falta de conocimiento y está abierto a otro tipo de opiniones o ideas diferentes a las suyas.

También plantea el contraste entre:

- la barbarie (tendencia a la disociación), en la cual rige la acción directa, es decir, se recurre a la violencia para imponer las ideas que uno desea (prima ratio).

- la cultura, en la cual rige la acción indirecta, se recurre al diálogo para intentar hacer ver a los demás lo bueno o lo malo de tus opiniones y también de sus opiniones (última ratio).

4.3. EL YO Y SU SOLEDAD.

El perspectivismo no es obstáculo para la existencia de un “yo”: el hecho de que esté integrado en mi circunstancia no implica que no exista como individualidad.

El yo individual, enclavado en su soledad radical, constituye la realidad con respecto a él mismo, pues ese yo es quien vive su propia vida como la realidad más primaria. La vida humana, por ser intransferible, es soledad.

Esa soledad no se recluye en sí, sino que se proyecta en el mundo. Es patente aquí la influencia de Husserl (filósofo creador de la fenomenología).

5.TEORÍA DEL CONOCIMIENTO.

5.1. PERSPECTIVISMO.

Punto de vista y perspectiva.

Lo que existe ha de aprehenderse (captarse) desde una perspectiva.

  • Todo conocimiento exige un punto de vista, con perspectiva.

  • La perspectiva, implícita en la necesidad de conocer desde un punto de vista, permite acercarse a la realidad, a la verdad. El punto de vista individual es el único posible y el que resulta más real.

  • La realidad cósmica sólo puede ser vista desde una determinada perspectiva, porque la perspectiva es uno de los componentes de la realidad.

  • La perspectiva no es una deformación, es la organización de la realidad.

Contra el escepticismo y el dogmatismo.

Con su perspectivismo Ortega lleva la contraria al escepticismo y al dogmatismo, ambos erróneos.

  • El escéptico desprecia todo conocimiento, pues considera que, al ser éste algo individual, nunca podrá atrapar la verdad en sí que, en caso de existir, sería algo absoluto. El escéptico, según Ortega, olvida que el conocimiento individual es el único posible y, por tanto, el único verdadero.

  • El dogmático pretende alcanzar esa verdad absoluta y “en sí”. Pero, según Ortega, nadie puede decir que el punto de vista propio es el único verdadero.

Ortega nos plantea la humildad intelectual como método de aproximación a la verdad. Para ello tendremos que aceptar otras perspectivas y llegar a una síntesis.

5.2. IDEAS Y CREENCIAS.

Modo pleno y modo deficiente.

La vida de cada hombre, que cada uno decide cómo es, puede tomar rumbos distintos. Si se atiende a un proyecto propio, a una vocación, su vida será realizada en “modo pleno”; si, por el contrario, se deja guiar por lo tópico, lo recibido, su vida será hecha en “modo deficiente”.

El hombre masa.

En este segundo caso, la vida se desliza hacia lo inauténtico: al dejarse llevar, el hombre puede convertirse en masa y perderse a sí mismo.

El hombre ha de conocerse, regresar a lo autentico, buscarse a sí mismo entre las realidades que lo circundan.

Para eso necesita de las ideas (nuevas formas de ver la realidad, pueden variar nuestras creencias) y de las creencias (convicciones profundas de las personas). Mientras que las ideas se nos “ocurren”, en las creencias estamos, son ellas las que nos dominan. Lo que hacemos se basa en unas creencias fundamentales que marcan nuestra forma de ser: creer en la ciencia, tener una ideología, creer en una religión…

Las creencias pueden ponerse en duda.

Las creencias no son “macizas” e indestructibles, pues en sus grietas está instalada la duda. De hecho, a veces estamos en un “mar de dudas”, sobre todo en momentos de crisis. Por eso, es preciso reemplazar las viejas creencias por “ideas nuevas”, con vocación ellas mismas de creencias.

La razón histórica.

Ese proceso de renovación parte de un pasado, y este pasado explica lo que cada individuo o pueblo es ahora.

Lo que un hombre o un pueblo son ahora sólo puede comprenderse por lo que hizo en el pasado, una memoria que lo orienta y condiciona. Ésa es la razón histórica, consecuencia de la razón vital.