Ortega y Gasset

Filosofía contemporánea. Vida y obra periodística. Europeización. Minoría selecta. Liberalismo

  • Enviado por: Casillas
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 13 páginas
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Ortega y Gasset
Fotografía sacada de www.raulpalma.com/ortega/fotos/og_1pict.htm

NOTA PRELIMINAR

“Escribir sobre Ortega un volumen de proporciones modestas dista de ser empresa fácil”. Con esta frase comienza José Ferrater Mora su ensayo Ortega y Gasset. Esto mismo opino yo, con la salvedad de que mi labor deber comprimirse aún más por cuestiones de extensión máxima del trabajo. De modo que he tratado de exponer lo más completamente posible la actividad de Ortega centrándome tan solo es un ámbito, el periodístico. Así, su labor periodística y su entorno social serán el punto desde el cual se desarrollará este trabajo. Entiendo que esto pueda ser una criba de muy mal gusto para algunas personas, pero si quería ceñirme a los requisitos no tenía mas remedio que “cortar con hacha” lo que en Ortega está tan unido. De manera que tan solo he tomado como referencia su papel en periódicos y revistas, y he hecho que lo social gire en torno suyo y no al revés para aislarle de alguna manera y evitar en lo posible un “baño” de nombres poco relevantes para este trabajo en sí.

Una vez comenzada la tarea, he preferido limitar las citas a pie de página en lo posible para poder disponer de algo más de espacio.

Puede parecer que hay un exceso de fechas, pero tratándose de exponer la actividad periodística de una persona el uso de dataciones se hace muy necesario con vistas a una mayor comprensión del tema.

Las ilustraciones de la portada están sacadas de la obra de P. Gómez Aparicio, de la de J. L. Abellán y de la Revista de Occidente.

PERIODISMO Y SOCIEDAD EN ORTEGA Y GASSET

Hagamos una breve introducción en líneas generales a Ortega para comprender mejor su obra y pensamientos. Podríamos decir de él que fue un europeo encerrado en su nación. La idea de la necesidad de europeización es uno de los pilares de su pensamiento. Algunos autores como José Luís Abellán le especifican más como germanista

Otro gran pilar sobre el que se asientan su programa es la “minoría selecta”. Ésta no es más que el resultado de la circunstancia de Ortega. Él, procedente de la alta burguesía madrileña, ve en esa minoría la correcta dirección de la nación. Es decir, existe un pequeño número de personas privilegiadas que deben encargarse de llevar a la gran masa por el camino idóneo.

El problema de España completará el trípode que sustenta el edificio orteguiano. Ese problema es la existencia de una grieta que separa dos Españas, la oficial y la vital. El problema a su vez está cargado de connotaciones intelectuales. Ortega insiste una y otra vez en la pobreza intelectual de nuestro país.

En resumen, este trípode nos lleva a la conclusión -a la cual llegaron muchos estudiosos de Ortega- de que fue un gran pensador y reformista que vivió en una época que no era la suya (supongo que de vivir ahora sería uno de los impulsores del euro). Tuñón de Lara dijo: “Ortega, toda su vida, seguirá siendo el portavoz de una fuerza social que debió ser y no fue”.

El acceso a la vida intelectual fue muy sencillo para Ortega gracias a la prensa, en la que podríamos decir que estaba su vida, pues era nieto del fundador de El Imparcial, Eduardo Gasset, e hijo de su director José Ortega y Munilla.

Hay quien como Abellán ven en Ortega la personalidad que produjo el cambio -para mejor- que acaeció en el panorama intelectual de España en aquella época. Creo que esto resulta difícil de creer incluso a los ojos de Ortega, el cual se quejó durante toda su vida de que no se producía ese cambio. Afirma además Abellán que Ortega se vio favorecido por la situación político-social de su patria. No sé si estaría viendo la misma patria que Ortega, la de la censura, los golpes de Estado, la república, los conflictos sociales, el continuo cambio en el poder, la Guerra Civil y el Ortega insatisfecho y exiliado. En cualquier caso creo que tanto él como F. Romero se exceden en llamar a Ortega “jefe espiritual” y opino que de haberlo sido habría conseguido más de un voto en el Parlamento cuando era dirigente de la Agrupación al servicio de la República.

De lo que no cabe duda es de que Ortega fue una de las figuras comunicativas más importantes de la historia de España y quizá gracias a su inconformismo se abrieron los horizontes intelectuales de la nación, pues tras su “europeización” vienen nombres como Zubiri, Gaos, Julián Marías o María Zambrano. Esa necesidad de europeización es propulsada por sus primeros viajes a Alemania (1905, 1906, 1910). El conocimiento europeo que trae fresco es quizá el que haga escribir en octubre de 1907 un artículo (según Ferrater Mora, Ortega mostró predilección por esta forma de publicación) en El Imparcial: Reforma del carácter, no reforma de costumbres, en el cual reprocha la falta de preparación filosófica de españa. Y es que Ortega quiere usar la filosofía como instrumento para convertir a los “infieles” del país. Ortega lucha contra el exceso de personalismo que hay, promoviendo la verdad por encima del individuo. Éste es el Ortega objetivista (1902-1913) al que se refiere Ferrater Mora.

Ortega muestra un programa que es el que debería regir en la nación y que esencialmente se basa en dos puntos: educar (por eso rechaza en un artículo de 1908 la construcción de un Teatro Nacional y exige en su lugar una biblioteca) y legislar socialmente. El liberalismo entonces presente (hablamos de 1907) debe ser socialista para que el renacimiento cultural se dé. Dicho liberalismo consiste en nacionalizar las instituciones políticas del país -es decir, supeditarlas a las conveniencias últimas de la nación-: Monarquía, Clero, Ejército y Proletariado. Esta cierta simpatía por el joven socialismo -hablamos del PSOE, nacido en 1879) sería el principio de sus diferencias con Unamuno -al cual se enfrenta en un artículo aparecido en El Imparcial en 1909, tras la publicación en el ABC de una carta de felicitación de Unamuno a Azorín por criticar a esos “papanatas europeístas”. El socialismo será, según Ortega, el que acabe con la división de clases en pobres y ricos. Gracias a él surgirá una nueva aristocracia.

Parece no conformarse con su labor en El Imparcial y en febrero de 1908 comienza a colaborar con Faro -valiéndose de éste como vehículo de difusión del espíritu crítico- bajo la dirección de Bernardo Rengifo y Tercero, insignificante personaje según V. Romano, debido a que no aparece información suya relevante en ningún sitio. Este dominical duró tan solo un año a lo largo del cual Ortega usó sus páginas para arremeter contra el Parlamento, contra la creación de la Armada y contra la labor errónea y la falta de voz de los periódicos. También pedía una reforma en el partido liberal, que éste se acercase más a la revolución en el Derecho y la Constitución. Para Ortega, el liberalismo es el pensamiento político que lucha por la realización del ideal moral que los individuos necesitan, y ese ideal es la concepción histórica como nación, es decir, que el interés de la nación está por encima del de los cuerpos sociales. Aquí empiezan a asomar las intenciones elitistas de Ortega. En un artículo de El Imparcial afirmaba que el pueblo no puede tener opinión y que no piensa, que quien piensa es una pequeña élite que plasma en la masa sus pensamientos. Sólo esta minoría puede llevar a cabo el cambio necesario y la educación de las masas, basándose en un ideal: la europeización. Este idealismo chocaba con las ideas de Unamuno, Maetzu o Azorín -que pensaba que el partido político debía ser un hombre.

Su rendimiento periodístico se ve mermado de 1908 a 1909 debido a la guerra con Marruecos y las manifestaciones que se producían. A partir de estos sucesos socio-políticos, Ortega aumentó su producción periodística -sobre todo el El Imparcial- para quejarse de la falta de preparación técnica y del atraso cultural y científico de España. De nuevo choca con Unamuno tras afirmar en un artículo de 1909 que los arios habían nacido para dominar el mundo. Unamuno aboga por la sabiduría y la pasión mas que por la europeización y la modernidad. La ruptura oficial se produjo en Septiembre de este mismo año, con un artículo que publicó Ortega en El Imparcial: Unamuno y Europa, fábula. Romano por su parte nos asegura que en realidad, en el plano amistoso de sus cartas, ambos no se llevaban tan mal. Todo este conflicto aumentaba considerablemente la posibilidad de Ortega, hasta el punto de que con 26 años ofrece su primera conferencia en el Ateneo de Madrid - en la cual seguirá con sus quejas. El Liberal elogiaba esa intervención a la mañana siguiente (¿tendrá algo que ver que dicho medio lo dirigiese su padre?). Como conferenciante también acudiría invitado a la Casa del Pueblo por los socialistas, donde trataba de provocar el movimiento y la queja de los jóvenes.

En ese intento de europeización -en el cual está influido por Joaquín Costa según Romano -la Iglesia no juega ningún papel. No se trata de ser anticlerical, es que simplemente ya no es fecunda su labor, por lo que hay que reducir el número de religiosas de “manera positiva”. La Iglesia no debe meterse en la escuela, que es la raíz de la europeización. Esto ataca de lleno la hegemonía de la Iglesia.

El liberalismo es el que debe crear la columna vertebral de España, que no existe como nación. Pero ese era su liberalismo, el que se conseguía tras reformar el entonces existente. Esto sin duda lo alejaba cada vez más de este partido que no seguía su programa. Quien sí lo seguía era la revista Europa, cuya aparición alegró a Ortega, pues verá en ella el reflejo de sus ideas. El nombre mismo ya iba cargado de intenciones. Es una pena que dicha revista no durase ni un año.

Pero Unamuno sigue su ascenso. En 1910, con 27 años, obtiene la Cátedra de Metafísica en la Universidad de Madrid, tras lo cual se va de vacaciones con su mujer en lo que será su tercer viaje a Alemania. La lejanía no le impide seguir colaborando con El Imparcial -que por cierto, llegaba hasta allí. Un nuevo brote de germanismo le hace rechazar a Francia y la cultura latina. Pretende imponer la enseñanza del alemán en las universidades y escuelas. Éste era el modo a través del cual los pueblos del Sur - se refiere implícitamente a España, claro está- dejarán de ser el hazmerreír de los del Norte.

El comienzo de su labor como profesor restó tiempo para sus trabajos periodísticos, que no recuperó hasta pasados unos meses - en las líneas de El Imparcial. Ortega empieza a promoverse como filósofo y declara en uno de sus artículos que se había dedicado en exceso a la política. Según él , ésta era eficaz, pero no era el mundo de la verdad, al cual él aspiraba. Desde esta perspectiva mantiene un curioso diálogo con Rubín de Cendoya acerca del concepto de “opinión pública”. Digo “curioso”, porque ese personaje no era otro que su alter ego (parece que al estilo unamoniano, desdobla su personalidad para hablar consigo mismo). Discuten ambos que la “opinión pública” no es la parlamentaria, sino la que es voz de intereses privados.

Pero su alejamiento de la política no duró mucho. En 1912 figuraba su nombre entre los intelectuales que ingresaban en el Partido Reformista Republicano, desde el cual criticó al partido conservador, al liberal y al socialista -aunque a este último le hacía más bien una crítica constructiva. Sin embargo, los liberales sí se llevaban buenos “arañazos” de Ortega. Tan sólo con el nombre de un artículo que apareció en El Imparcial en abril de 1913, se ve su simpatía por aquellos: “un estorbo nacional”. Esto, lógicamente, fue la gota que colmó el vaso, pues Ortega no se conformaba con criticar al liberalismo, sino que encimo lo hacía desde su propio periódico (ese artículo tuvo que acabarlo desde las páginas de El País, diario republicano.

Desde 1913, sus actividades políticas aumentan, desembocando en la creación de la Liga de Educación Política Española, dirigida por él mismo, con nombres como M. Azaña o Fernando de los Ríos y con dos cualidades claras: justicia y eficacia. Ésta ocupó tanto su tiempo que estuvo un año sin escribir en ningún periódico. En su lugar, en marzo de 1914 da una conferencia en el Teatro de la Comedia llamada “Vieja y Nueva Política”, donde expone las ideas de la Liga. En esta conferencia es donde aparece otra de sus ideas claves: existen dos Españas que no se entienden. Una es la oficial y otra la vital o aspirante que no es parlamentaria y que está estorbada por la primera. Ortega se hace portavoz de la aspirante, de la honrada. El primer objetivo de la Liga era “fomentar la organización de una minoría encargada de la educación política de las masas”. Los jóvenes de la Liga, como proceden de la burguesía liberal y la clase media, se creen en la necesidad de hacer de maestros, porque nunca se han juntado con la masa, nos dirá Tuñón de Lara y los periódicos eran uno de los medios para llevar esto a cabo.

Pero tampoco esta empresa fue muy fértil y duradera, pues acabó por disolverse debido a que era la obra y voluntad de un solo hombre: Ortega, como nos dice Guillermo Morón.

1914 por lo tanto marca un hito en la historia personal de Ortega. Es el momento del cambio, de su ascenso como dice también Romano. Acaba el período publicístico y biográfico. Acaba la época del “objetivismo” como lo llama Ferrater Mora, que era hacer ver a los lectores que se ha seguido durante mucho tiempo una falsa ruta y que se ha prestado demasiada atención a los seres humanos y no a las ideas. Y empieza el “perspectivismo”, citando de nuevo a Ferrater Mora, que es individual y el único modo de apresar la realidad y, por lo tanto de formular verdades universales. Ese mismo año también estalla la Guerra Mundial que durará hasta 1918. Aunque España se declara neutral, dicha guerra no pasa desapercibida por aquí. Para Ortega, el conflicto es un nueva oportunidad para llevar a cabo la renovación de la nación. Y de nuevo con su programa, encuentra un lugar desde donde mostrarlo y expresar todo lo que acontecía. Ese lugar fue la revista España (1915-1924) que nació en enero de 1915 y que Ortega dirigirá (con redactores como Pérez de Ayala, Luís de Zulueta, Eugenio D'Ors o Ramiro de Maetzu por ejemplo) durante casi una año. Dicha revista pretendía seguir los objetivos de la Liga de Educación Política Española, había nacido de la preocupación por el “problema” y el liberalismo para reorganizar la esperanza española. Hay una preocupación por la educación. Desde la experiencia actual suena cuanto menos irónica la queja de Cossío respecto a la masificación en las universidades: “Aún asignando a cada maestro 50 alumnos -lo que ya es una enormidad pedagógica...”. Pero con el cambio en la dirección de Ortega a Araquistain, España toma el mismo rumbo que el partido socialista. Este es un momento de crítica total de Ortega. Todo cae bajo ésta: liberales, socialistas.... Ortega quiere retirarse de la política y sacar una publicación propia y encargándose él mismo de la edición, redacción y distribución, para no depender de nadie. De modo que con estos ánimos, aparece en mayo de 1916 el primer tomo de El Espectador. Esta revista no va dirigida al gran público, sino a esa minoría de personas cuyo nivel intelectual sea el adecuado para entenderla, pero en su interior no se encuentran los temas de actualidad como la Guerra Mundial, la política o los disturbios sociales. Pero de nuevo esta sería una empresa que haría aguas debido a ser demasiado laboriosa para un solo hombre. De ahí que sólo sacase ocho volúmenes en 18 años, en los cuales iba variando la estructura y disminuyendo los apartados. Acabó siendo un lugar donde se recopilaban artículos, lecciones o conferencias de Ortega.

Al mismo tiempo que sale el primer volumen de El Espectador, Ortega es invitado a Argentina, donde acude en 1916. Al año siguiente, en el segundo volumen de El Espectador, Ortega agradecerá en la introducción el recibimiento y la aceptación de su programa en aquella tierra -se alegra de haber encontrado unos oídos que le han comprendido. El éxito de sus conferencias en Buenos Aires fue notable. Desde este momento Ortega quedaría unido a aquel país a través de revistas y libros y sus colaboraciones en periódicos como La Nación.

Aquí en España, se mantuvo Ortega un año y medio alejado de la política activa cuando Romanones subió al poder. Pero en 1917, tras ver el panorama de crisis, guerra y movimientos de protesta de las clases medias, Ortega abandonó su dejadez política de El Espectador y se vuelve actor para gritar cómo se está despedazando España entera. Ortega no se conforma con ver el panorama, quiere actuar y cambiarlo. De modo que opina acerca del conflicto de las Juntas de Defensa en 1917 en El Imparcial, provocando el malestar de los viejos políticos. En diciembre de ese año aparece El Sol, periódico que se acerca a lo europeo y que tiene a Ortega como “director espiritual” - como dirá Ramos-Olivera. En este periódico podía escribir cualquier cosa. Y así lo hizo desde 1917 hasta 1931, pues coincidían mucho en el programa y además iba dirigido a esa minoría culta que Ortega tanto estimaba. Incluso tuvo una sección propia llamada “Hacia una mejor política”. Con este periódico también pretende salvar y renovar España, pero ya no es la España aspirante ni la oficial, sino la real, en la que han sucedido los hechos. La situación intelectual de la nación había cambiado debido al auge del Ateneo, la formación rigurosa de muchos profesores y por supuesto a la labor de la Junta de Ampliación de Estudios impulsada por Castillejos.

Pero los ánimos se enfriarían cuando en 1920 el presidente Dato decretó la duplicación del precio de los periódicos para deshacerse de los pequeños diarios. Esta medida no gozó de la aceptación de Ortega, que después de criticarla desde un artículo de El Sol en junio de ese año, se ve más atacado, pues el periódico La Época había salido en pro de la medida gubernamental y contra Ortega. De modo que Ortega se vuelve a alejar para dedicarse al tercer volumen de El Espectador -que sale en 1921- , en el cual se aleja bastante de la realidad y se vuelve más elitista. Ahora sus pensamientos son reflexiones, pensamientos históricos. Éstos quedarán plasmados en ese tercer volumen bajo el nombre de “España invertebrada, bosquejo de algunos pensamientos históricos”. Según Ortega, el problema sigue siendo que España no deja guiarse por una nación selecta y eso es lo que hay que solucionar, esa aristofobia. España se encuentra invertebrada porque carece de esa minoría egregia. Hay una minoría dirigente, pero no sabe conducir a la nación porque no se impone.

En 1922 vuelve a aparecer en el diario España para proclamar el “imperativo de intelectualidad”. La creación de esa minoría es una tarea social, no política.

Y llegamos así a 1923, año en el que Ortega crearía la empresa por la que es más conocido -pues llega hasta nuestros días- : La Revista de Occidente; ayudado por el grupo financiero de El Sol (La Papelera, laboratorios “Ibis”, etc.). En julio aparece el primer número -cuya portada podemos ver en la portada de este trabajo- como respuesta a esos ánimos de crear empresas mayores que los simples artículos de periódico o los comentarios políticos con los que colaboraba.

Esta revista va dirigida a los pequeños grupos en posesión de la cultura. Surge para satisfacer la curiosidad de “por donde iba el mundo”. Abellán se refiere a ésta como la “memorable Revista de Occidente”. Según Romano, Ortega quería esclarecer y propugnar una transformación en las ideas, sentimientos e instituciones como afirma también Tuñón de Lara, que la llama “revista de élite y para la élite”. La Revista da la espalda a toda política, pues según su actor, ésta nunca aspira a entender las cosas. Una frase de Ortega en la presentación resume los ánimos que lleva esa revista: “¡Claridad, claridad, demandan ante todo los tiempos que vienen!”. Ortega solicitaba la colaboración de todos los hombres que tuvieran algo interesante que escribir, siendo indiferente su lugar de origen. Romano ofrece toda una descripción detallada de los que colaboraron, atendiendo a su origen cultural, número de artículos o el carácter esporádico o regular de sus colaboraciones.

Romano nos enumera las tres razones que según Gaos llevaron a Ortega a la fundación de la Revista de Occidente:

  • Vocación de Ortega de ser pedagogo de su pueblo.

  • Idea de que la cultura española necesitaba fomentarse.

  • Necesidad de Ortega de la tertulia.

Según Domingo Marrero, la Revista de Occidente tiene muy buena acogida y la califica de “órgano de vanguardia cultural” y de “eficaz fuerza formativa”. En Alemania también tuvo éxito y la tenían pensadores como Max Scheler.

Durante loa años '20 -dictadura de Primo de Rivera- gozaba de muy buena reputación y de dominio intelectual (en parte porque no rechazaba la Dictadura). Es más, Ortega se permite el lujo de “aconsejar” al dictador esperando que éste le concediese alguna labor importante como mentor del pueblo.

Ortega por su parte dista bastante de ser el que más escribió en la Revista, puesto que ocupa S. Jarnés con un total de 85 artículos. Las colaboraciones traían importantes nombres como R. Gómez de la Serna, A. Huxley, M. Scheler, W. Heisemberg, K. Vossler, A. Einstein, B. Russell, J. L. Borges o P. Neruda. Tras leer esta breve lista no cabe duda de que la Revista de Occidente gozaba de una gran difusión y guardaba entre sus páginas un cuerpo de conocimiento muy extenso. Sin embargo escasean las colaboraciones femeninas y no se encuentran los nombres de grandes escritores de tendencias socialistas como A. Machado o Unamuno.

Romano hace también un exhaustivo análisis de los temas tratados en esta revista, siendo los de Literatura los más abundantes y los de Arte y Ciencias Naturales los más escasos de un total de 1446 artículos entre 1923 y 1936.

Pero la Revista de Occidente no se limita a una sola actividad publicista. Lleva unida una editorial con el mismo nombre (que en 1924 sacaría su primer libro) y una tertulia. Tres cuartos de los 400 libros que se editaron ahí, eran traducciones de obras alemanas. Por otra parte, en las tertulias -a las que aprovechaba para invitar a toda personalidad relevante que pasase esos días por Madrid- donde Ortega pudo ejercer su influencia más directa y eficaz. A éstas dedicaba 2 ó 3 horas diarias hasta el día de su muerte, según afirma Romano. Según un contertulio ocasional, J. M. Salaverría, Ortega dominaba en todo momento. Así, mientras Unamuno tenía adeptos, Ortega tenia admiradores o más bien discípulos.

La Revista de Occidente de topó con un muro imposible de franquear tras la Guerra Civil: Franco. Fue la muerte de la Revista de Occidente (1939) hasta que en 1963 su hijo José Ortega Spottorno consiguiese las licencias necesarias para iniciar así la segunda etapa de la revista, que ya no se ha interrumpido hasta nuestros días.

Pero volvamos de nuevo a la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930). Apareció entonces una Oficina de Censura, que afectó indudablemente a la comunicación pública. Pero esto no fue lo único que motivó un gran revuelo social. Se concedió a las universidades religiosas el mismo status que poseían las del Estado. Las “calderas” de la nación estaban al rojo vivo y estallaron en conflictos sociales. Primo de Rivera decide cerrar la Universidad de Madrid, lo cual provocó que Ortega -entre otros profesores- presentase su dimisión. La disciplina militar estaba siempre presente. En un principio había una coincidencia en la base ideológica entre los objetivos de Ortega y Primo de Rivera, pero al contrario que éste, Ortega pensaba que la culpa del lamentable estado de España la tenían los gobernados (que no aceptaban ser dominados por una minoría) y no los gobernantes. Aunque Ortega creía que la Dictadura venía bien al país, también veía como necesario al Parlamento -aunque éste debía disociarse en asambleas originales. El punto esencial para el porvenir y el progreso es la reforma profunda de la nación, nos dirá Ortega.

Tras unos años de Dictadura -de cansarse un poco de ella-, a finales de 1925 y principios de 1926, Ortega escribió unos artículos donde se acercaba a la postura de Maura, ya muerto, afirmando que la de éste había sido la única política que había habido en España, la revolución desde arriba. Durante 1926 apenas escribió más artículos, sólo para dirigirse a la juventud incitándoles a la reacción.

Al año siguiente volvía a dar un “toque” a la puerta del Estado -o sea, a Primo de Rivera- para “recomendar” que eligiese a los “mejores” (de los que él, por supuesto, formaba parte). De modo que Ortega decía al Estado la manera de organizar el país. La organización en la que él creía y de la que hablaba en sus intervenciones políticas esa el desarrollo de las comarcas, provincias y regiones. Todo esto provocaba que sus artículos en El Sol fuesen censurados -afirmando la Dictadura por su parte que ella no era la causante de esa censura. Ortega de nuevo volvía a insistir en la política abstracta y se oponía a las dos corrientes que entonces había: viejos políticos y nuevas fuerzas revolucionarias.

Aún con esos problemas, Ortega tuvo una buena época, ya que El Sol era muy importante y predominante, al igual que su Revista de Occidente. En estos años de Dictadura, Ortega se consolidó como pensador, filósofo “magno” de España, crítico y oráculo de los jóvenes. Sus comunicaciones habían perdido en frecuencia y ganado en abstracción (versaron sobre temas más diversos). Con esa abstracción se ganaba en extensión y comenzaron a ser frecuentes las series de artículos en El Sol y los ensayos en la Revista de Occidente. Muchos de los temas son de antropología cultural y sociología -Ortega se quejaba en 1924 de la falta de conocimiento que de la etnología había en España. Centraba su atención en los vicios de la raza española, como la soberbia o la holgazanería. Una de las pocas virtudes de la época era la sinceridad que predominaba entre la juventud -masculina.

A final de los años '20 la sociedad y la Dictadura se relajaron. Ya no había tanto conflicto socio-político. Aún así, en 1929 Ortega presenta una serie de artículos con el título de La Rebelión de las masas, cuyo tema no era nuevo. Esa sublevación es una rebelión contra el orden natural. Se implantaba el “imperio de la vulgaridad”. Según Ortega, “masa es el conjunto de personas no cualificadas”, es una actitud mental. Ortega afirma que no hay clases sociales, sino clases de hombres. Parece que esto viene a decir que en lugar de ricos y pobres, lo que hay son listos y tontos.

La fama de crítico de Ortega, según Romano, pudo haberse acuñado durante este período, ya que además de escribir en El Sol prólogos (6) y reseñas de libros (22), las páginas de la Revista de Occidente también contenían diversos comentarios sobre libros (generalmente los que en esa editorial se sacaban). Ortega hablaba también de arte, que debía tender hacia el despojo de todo elemento humano. De aquí surgirá su obra La deshumanicación del arte. Éste debe ser un arte de minorías. Tan sólo unos espíritus selectos lo comprenderán. Con todo ello, Ortega logró suscitar en España la temática del arte, aunque sus ideas no fuesen del todo correctas. Las críticas alcanzaban también a la prensa. Decía que los periódicos no buscaban la realidad, sino la apariencia. Pedía a éstos que dejasen de ser el único poder espiritual regulador de la vida social, pues la universidad también debía jugar un papel importante. La causa de la superficialidad de la prensa era que reflejaba el ambiente sociocultural que había.

Según Romano, la imagen que de sí mismo tenía Ortega era de aislamiento, incomprensión e insuficiente eficacia social (sería curioso saber qué hubiese opinado de esto uno de sus jueces de tesis, J. L. Abellán).

Comienza una nueva época. Después de la dimisión de Primo de Rivera -que había ido perdiendo apoyo paulatinamente- vino Berenguer (1930-31) y el almirante Aznar (1931), que nada pudieron hacer para que el 13 de abril de 1931 se produjese la Segunda República. La causa de la caída de ésta y la Guerra Civil fue el dejar intacto el sistema económico anterior y las suaves reformas que no satisficieron a nadie. Las huelgas estaban a la orden del día.

En 1930 Berenguer había restituido a Ortega en su cátedra, desde donde éste volvía a insistir en la nacionalización y unión del pueblo español -ni derechas ni izquierdas. Había que situarse por encima de los partidos políticos. Ortega afirmó que el error de la Monarquía consistía en pretender que no había pasado nada durante los siete años de Dictadura y que el gobierno de Berenguer era la vuelta a la normalidad política. Esto, lógicamente, le acarreó problemas con la Monarquía. Tras la publicación de su artículo El error Berenguer, hubo todo un complot para acabar con la dirección de El Sol y con Ortega. El rey coaccionó al Consejo de Administración de “La Papelera” (los que más acciones tenían en El Sol) para que cambiase la política del periódico. Como consecuencia, Urgoiti -director de El Sol- y todo su equipo tuvieron que dimitir y Ortega con ellos en 1931. Poco después, en febrero de ese mismo año, Ortega, Gregorio Marañón, y Pérez Ayala; fundaron la Agrupación al Servicio de la República, que atacaba frontalmente a la Monarquía. Ortega ha llegado a un momento importante en su vida. Reconoce ahí que debe actuar. Pero esta nueva empresa política adolecía de los mismos defectos que las anteriores, su excesiva abstracción e impracticabilidad.

Una vez fuera de El Sol, Urgoiti y el propio Ortega crearían otro periódico en abril de 1931: Crisol. Fue creado como paso hacia otro periódico definitivo. Ese cambio se produjo en enero de 1932. Crisol muere, nace Luz.

La República restableció las libertades democráticas de reunión, asociación, propaganda, prensa, etc.; y con su advenimiento, Ortega seguía esperando que le diesen un puesto importante. Las elecciones a Cortes Constituyentes de 1932 suponían una gran esperanza de cambio y una buena oportunidad. La Agrupación al Servicio de la República consiguió entrar en las Cortes. Ortega ya estaba dentro de lo que en tantas ocasiones había criticado. Pero después formó parte de la Comisión Parlamentaria de Estado y luego se pretendió que se encargase de un Ministerio -lo que no sucedió. Romano ve toda esta situación como un fracaso personal de Ortega, el cual, a pesar de tanta decepción anterior, se embarcó en esa nueva empresa política llamada Luz. Pero este medio nació enfermo. Sufría un gran mal: económico. Ortega intentó que Azaña interviniese para salvar de los apuros a Luz, pero lo único que consiguió fue que le expulsasen, lo cual significó el fin de su carrera como publicista. El resultado es un Ortega que arremete ahora también contra la República. Todo esto le afectó notablemente. Según Romano, incapaz de reconocer sus errores, Ortega aludía a la indiferencia del Parlamento ante sus intervenciones. Todo el mundo ignoraba a Ortega por su conducta comunicativa. Éste fue cayendo y cayendo sin encontrar eco de su idea del Frente Nacional.

Una respuesta a la crítica que L. Belló hizo de su idea de “autonomía” suscitó el que sería su último artículo en Luz (que desapareció en septiembre de 1934 por falta de recursos económicos).

En abril de 1933 escribió el último artículo de su carrera política en El Sol, a pesar de que a finales de 1935, José Antonio Primo de Rivera -hijo del dictador y fundador de la Falange- le pidiese su “voz profética de mando”. En noviembre de 1935 apareció la firma de Ortega por última vez en un diario español, El Sol, con una crítica a una representación teatral de Don Juan Tenorio en el Teatro Español de Madrid. Sin embargo seguiría escribiendo para el periódico argentino La Nación hasta 1940.

En la mañana del 18 de octubre de 1955, moría de cáncer en su domicilio de Madrid José Ortega y Gasset.

A continuación expongo una lista de los periódicos y revistas en las que intervino Ortega a lo largo de su vida, especificando el año y el número de artículos que en ese año publicó.

EL IMPARCIAL:

1904: 2; 1906: 6; 1907: 3; 1908: 19; 1909: 7; 1910: 24; 1911: 15: 1912: 9; 1913: 8; 1932: 1; 1933: 1.

FARO:

1908: 10.

EUROPA:

1910: 3.

EL RADICAL:

1910: 10.

LA LECTURA:

1911: 1; 1915: 1.

LA PRENSA(Buenos Aires):

1911: 2.

EL SOCIALISTA:

1913: 1.

EL PAÍS:

1913: 2; 1914: 1.

ESPAÑA:

1915: 27; 1916: 2; 1922: 1.

EL ESPECTADOR:

1916: I; 1917: II; 1921: III; 1925: IV; 1927: V y VI; 1930: VII; 1934: VIII.

EL DÍA:

1917: 3.

EL SOL:

1917: 6; 1918: 40; 1919: 36; 1920: 29; 1921: 3; 1922: 9; 1923: 3; 1924: 19; 1925: 23; 1926: 15; 1927: 32; 1928: 16; 1930: 14; 1931: 12; 1933: 2; 1935: 1.

REVISTA DE OCCIDENTE:

1923: 7; 1924: 7; 1925: 1; 1928: 4; 1929: 1; 1932: 1; 1933: 1; 1934: 1; 1935: 1.

LA NACIÓN:

1923: 2; 1924: 3; 1925: 3; 1926: 3; 1927: 2; 1929: 1; 1930: 3; 1931: 3; 1932: 2; 1933: 1; 1934: 1; 1935: 6; 1936: 5.

REVISTA DE PEDAGOGÍA:

1923: 1; 1937: 13; 1940: 4.

LA GACETA LITERARIA:

1927: 1.

CRISOL:

1931: 10.

LUZ:

1932: 13; 1933: 2.

SUR:

1937:1.

BIOGRAFÍA

En la siguiente tabla está expuesta la biografía de Ortega y Gasset, pero únicamente atendiendo a los datos relevantes para el estudio de éste.

AÑO

ACONTECIMIENTOS PERSONALES.

ACONTECIMIENTOS SOCIO-POLÍTICOS E HISTÓRICOS.

1883

9 mayo. Nace en Madrid José Ortega y Gasset.

1891

Va interno al colegio de jesuitas de El Palo (Málaga).

1897

Obtiene el título de bachiller en el Instituto de Málaga.

1898

Entra en el Internado de Estudios Superiores de Deusto, que continuará en Madrid.

1902

Licenciado en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Madrid.

1904

Doctorado en la misma facultad con una memoria sobre: Los terrores del año mil. Crítica de una leyenda.

1905

1er. viaje a Alemania. Estudia en la universidad de Leipzig.

1906

2º viaje a Alemania. Estudia en la universidad de Marburgo, donde entra en contacto con el neokantismo.

1908

Nombrado profesor de la Escuela Superior de Magisterio en Psicología, Lógica y Ética.

1909

Disputa con Unamuno

Interviene en la fundación de la revista Europa.

Campañas de Marruecos (1909-1927)

1910

Abril. Se casa con Rosa Spottorno y Topete.

Noviembre. Obtiene por oposición la cátedra de Metafísica de la Universidad de Madrid.

1913

M. Azaña es nombrado secretario del Ateneo de Madrid y a Ortega le elige presidente de la sección de Filosofía.

1914

Conferencia en el Teatro de la Comedia: Vieja y nueva política, como acto de presentación de la Liga de Educación Política de España.

Ingresa en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

1ª Guerra Mundial (1914-1918)

1915

Funda la revista España.

1916

1er. viaje a Argentina.

Aparece El Espectador (hasta 1934).

1917

Director “espiritual” de El Sol.

1920

Miembro del Consejo de Administración de la editorial Espasa Calpe fundada por Urgoiti y su grupo financiero. Aquí dirige la “Biblioteca de Ideas del Siglo XX”

1923

Funda la Revista de Occidente.

Golpe de estado de Primo de Rivera (1923-1930)

1929

2º viaje a Argentina.

1930

Publica El error Berenguer, que le traerá problemas con la Monarquía.

1931

Funda la Agrupación al Servicio de la República.

Elegido diputado a las Cortes Constituyentes.

Funda Crisol junto con el antiguo equipo de El Sol.

Conferencia: Rectificación de la República.

1932

Se retira de la política.

Aparece Luz.

1936

Abandona España hacia Francia exiliado.

Guerra Civil española (1936-1939).

1939

3er. viaje a Argentina, donde reside hasta 1942.

Dictadura de Franco.

1942

Se instala en Lisboa.

1945

Pasa cortas temporadas en Madrid.

1946

Instala de nuevo su residencia en Madrid.

Conferencia sobre teatro en el Ateneo de Madrid.

1948

Funda con Julián Marías el Instituto de Humanidades.

1949

Conferencias en los Estados Unidos.

Conferencias en Alemania y Suiza hasta 1951.

1951

Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Glasgow.

1955

18 octubre. Muere de cáncer en su casa de Madrid José Ortega y Gasset.

BIBLIOGRAFÍA:

- J. L. ABELLÁN: Ortega y Gasset en la Filosofía española. Editorial TËCNOS. Madrid 1966.

- TUÑÓN DE LARA: Medio siglo de cultura española. Editorial TËCNOS. Madrid 1970.

- J. FERRATER MORA: Ortega y Gasset. Editorial SEIX BARRAL. Barcelona 1958.

- V. ROMANO: José Ortega y Gasset, análisis de su actuación periodística. Editorial UCM. Madrid 1980.

- JOSÉ ORTEGA Y GASSET: Revista de Occidente. NºI. Madrid 1923.

- D. MARRERO: El Centauro, persona y pensamiento de Ortega y Gasset. UPREX. Barcelona 1974.

- PEDRO GÓMEZ APARICIO: Historia del periodismo español. Editora Nacional. Madrid 1974.

Aparte, me he basado a lo largo de todo el trabajo en las OBRAS COMPLETAS DE ORTEGA Y GASSET de la editorial ALIANZA y REVISTA DE OCCIDENTE.

RECURSOS EN LA WEB:

- http://ensayo.rom.uga.edu/antologia/O.htm

- www.raulpalma.com/ortega

J. L. ABELLÁN: Ortega y Gasset en la Filosofía española. Editorial TËCNOS. Madrid 1966, p.19.

TUÑÓN DE LARA: Medio siglo de cultura española. Editorial TËCNOS. Madrid 1970, p.155.

J. L. ABELLÁN, op.cit., p.16.

J. FERRATER MORA: Ortega y Gasset. Editorial SEIX BARRAL. Barcelona 1958, p.25.

J. L. ABELLÁN, op.cit., p.19.

V. ROMANO: José Ortega y Gasset, análisis de su actuación periodística. Editorial UCM. Madrid 1980, p.115.

J. L. ABELLÁN, op.cit., pp.30-31.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.145; V. ROMANO, op.cit., p.126.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.146.

V. ROMANO, op.cit., p.163 n10.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.147.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.147.

V. ROMANO, op.cit., p.124.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.145.

V. ROMANO, op.cit., p.126.

V. ROMANO, op.cit., p.126.

V. ROMANO, op.cit., p.132.

V. ROMANO, op.cit., p.142.

V. ROMANO, op.cit., p.144.

V. ROMANO, op.cit., p.149; TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.151.

V. ROMANO, op.cit., p.153.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.147.

V. ROMANO, op.cit., p.154.

V. ROMANO, op.cit., p.157.

FERRATER MORA, op.cit., p.32.

FERRATER MORA, op.cit., p.58.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.149.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.150.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.150.

V. ROMANO, op.cit., pp.182-3.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.151.

V. ROMANO, op.cit., p.195.

V. ROMANO, op.cit., p.195.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.151.

V. ROMANO, op.cit., p.222.

J. L. ABELLÁN, op.cit., p.15.

V. ROMANO, op.cit., p.225.

TUÑÓN DE LARA, op.cit., p.235.

JOSÉ ORTEGA Y GASSET: Revista de Occidente. NºI. Madrid 1923, p.2.

JOSÉ ORTEGA Y GASSET, ib., p.3.

V. ROMANO, op.cit., p.226.

V. ROMANO, op.cit., p.226.

D. MARRERO: El Centauro, persona y pensamiento de Ortega y Gasset. UPREX. Barcelona 1974, pp.209-210.

V. ROMANO, op.cit., p.228.

V. ROMANO, op.cit., p.230.

V. ROMANO, op.cit., p.231.

V. ROMANO, op.cit., pp.259-260.

V. ROMANO, op.cit., p.261.

V. ROMANO, op.cit., p.264.

V. ROMANO, op.cit., p.269.

V. ROMANO, op.cit., p.273.

V. ROMANO, op.cit., p.274.

V. ROMANO, op.cit., p.298.

V. ROMANO, op.cit., p.306.

V. ROMANO, op.cit., p.308.

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