Orígenes de la humanidad

Humanidades. Evolución humana. Antropología. Árbol genealógico humano. Bipedismo. Obtención de alimentos

  • Enviado por: Patricia
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Introducción a nuestros orígenes

La necesidad de conocer es un rasgo definitorio de la humanidad, el ser humano necesita saber qué pasó en el pasado, cuáles son sus orígenes, entender el presente e intuir lo que nos deparará el futuro. Pero conocer con exactitud cuáles son nuestros antepasados y cómo era su forma de vida es una tarea muy difícil, o más bien imposible, debido a la escasez de recursos arqueológicos y de otros indicios que podrían ayudar a deducir cómo era la vida de nuestros ancestros. Es por esta razón que no se saben, ni se llegarán a saber a ciencia cierta, múltiples de las cuestiones que realmente intrigan al ser humano actual acerca de su procedencia.

Tradicionalmente, la teoría darwinista, se parte de la premisa que toda la evolución de la humanidad se ha dado de manera progresiva y ascendente, es decir, cada nuevo paso era mejor que el anterior y en la cúspide de esta evolución se sitúa al ser humano actual. Se basa en la lucha por la vida, en que los seres peor adaptados serán los que se extinguirán. En contra de esta postura surge la teoría de la contingencia, defendida por, entre otros, Richard Leakey. Éste sitúa el azar en el proceso de la evolución, la extinción de una especie determinada no depende sólo de su adaptación al medio en el que vive sino de lo afortunados que sean. De esta manera la evolución se vuelve completamente imprevisible.

Parece evidente que el ser humano está emparentado con los primates, ambos pertenecemos a los antropomorfos, pero ¿cuáles han sido los diferentes pasos que se han dado en la evolución antes de llegar a considerarse humanos? Hace unos 24 millones de años aparece en África el primer antropomorfo con el nombre de Procónsul junto al cual vivieron otras especies de antropomorfos, pero hace unos 5 millones de años se produjo una escisión del linaje humano. A partir del primer ancestro que se separa de las demás especies antropomorfas se desarrolla la familia homínida.

Árbol genealógico humano

En el 1924 el paleontólogo Raymond Dart encuentra en Suráfrica un simio antepasado del hombre, consistía en una cara y parte del cráneo fosilizados de un joven que bautizó con el nombre científico de Australopithecus africanus, pero que es más conocido como “niño de Taung”. Se dató de hace 3 millones de años. Este individuo era bípedo, por eso tenía que ser un homínido, y presentaba una mezcla de características de simio y de humano con la mandíbula inferior y los premolares grandes pero no enormes.

Más tarde se encontraron otros individuos con las mismas características de Australopithecus africanus pero con una mandíbula inferior y premolares de grandes proporciones. Así, se dijo que se trataba de dos clases de simio bípedo, esta segunda especie recibió el nombre de Australpithecus robustus. Lo que propuso Dart fue un árbol muy sencillo en forma de Y: africanus como especie ancestral y dos líneas descendientes, robustus a un lado y Homo en el otro.

Más tarde, en julio de 1960, la familia Leakey descubrió el primer Homo documentado llamado Homo habilis que data de 1'9-1'6 m.a. De esta especie destaca el crecimiento espectacular de la masa cerebral. Así, habilis proporcionaba evidencia tangible de la segunda bifurcación del modelo en Y.

Posteriormente se descubrieron unos fósiles, de entre los cuales destaca el famoso esqueleto parcial de Lucy y la llamada Primera Familia, pertenecientes a una especie primitiva de Homo y a una, o tal vez dos, especies de Australopithecus. Esta especie se denominó Australopithecus afarensis. En el 1973 Don Johanson y Tim White propusieron que afarensis era el tronco que llevaba por un lado a africanus y a robustus y por el otro a Homo habilis, a erectus y a sapiens.

En el 1984 el equipo de Richard Leakey descubrió un individuo perteneciente al Homo erectus al que llamaron Turkana Boy. Éste sufre unas grandes transformaciones anatómicas, presenta una anatomía muy similar a la nuestra, tenía una gran altura y sufre un enorme crecimiento de la capacidad craneal.

Después de todos estos descubrimientos Richard Leakey propuso un árbol genealógico que constaba de una sola especie no conocida que funcionaba de tronco. Luego el árbol se ramificó con dos ramas principales, la especie Australopithecus y la Homo. Luego, ya más cerca del presente, la rama Australopithecus quedó cercenada cuando la especie australopitecina se extinguió. Finalmente, sólo sobrevivió una rama en la punta del árbol: el Homo sapiens.

Orígenes de la humanidad

Bipedismo

Uno de los factores fundamentales que lleva a diferenciarnos como familia dentro de los primates es nuestro método de locomoción, el bipedismo. La mutación evolutiva de la marcha cuadrúpeda a la bípeda necesitó de una amplia remodelación de la arquitectura ósea y muscular del simio y en general de las proporciones de la mitad inferior del cuerpo. El bipedismo va asociado a la ventaja de la liberación de las manos en la tarea del desplazamiento, pero se han desarrollado dos tendencias al respecto.

Lovejoy defiende que, aunque la liberación de las manos se relacionó con la caza y con la capacidad de realizar herramientas, ésta constituye verdaderamente la causa del bipedismo. No surgió para desplazarse mejor porqué el bipedismo es una forma inferior de desplazamiento, así que tuvo que desarrollarse para llevar cosas. Para el anatomista existen dos elementos claramente ventajosos a la hora de liberar las manos, el hecho de poder transportar dos crías a la vez y el hecho de poder transportar comida de un lado a otro.

Otro de los argumentos que aporta es el cambio fundamental que sufren los primeros homínidos, tienen un ciclo reproductivo intermedio. Lovejoy divide a los seres vivos en dos grandes grupos, los que tienen un ciclo reproductivo lento, como los primates, debido a que tienen un número reducido de crías para poderlas cuidar mejor de manera que el desarrollo de la especie es muy lento, y los que tienen un ciclo reproductivo rápido, como los peces, que tienen un gran número de crías pero no se dedican a cuidarlas y por tanto un gran número de ellas mueren.

Así, entre estos dos tipos de reproducción se sitúan los primeros homínidos, ya que las hembras tenían más crías, cosa que hacía más difícil para las hembras homínidas la tarea de buscar alimentos, por ello era imprescindible la colaboración de los machos que necesitaban las manos para transportar alimentos. Lovejoy afirma que a cambio de esta ayuda las hembras daban una compensación sexual a los machos, es decir, hay una pérdida del celo, las hembras son receptivas constantemente. Esto presupone que existe la monogamia.

Frente a esta cuestión se presenta un inconveniente, y es que había dimorfismo sexual que siempre va asociado a la competición entre los machos por el acceso a las hembras y a algún tipo de poliginia, con un macho controlando el acceso sexual a varias hembras, es decir, no había monogamia.

La otra tendencia, defendida por Rodman y McHenry, plantea la liberación de las manos como consecuencia del bipedismo. Éstos afirman que no se puede comparar la marcha bípeda humana con el desplazamiento cuadrúpedo de los cuadrúpedos convencionales ya que es evidente que los humanos evolucionaron a partir de simios y no de un cuadrúpedo convencional.

Así, comparan la locomoción cuádrupe de los primates en términos de gasto de energía. En los medios arbolados la forma de los primates es ventajosa pero en lugares donde no hay árboles el bipedismo es más ventajoso. Consideran que ahí está el éxito de esa familia homínida ya que en África se estaba produciendo una deforestación y se considera que el bipedismo es lo que ayudó a sobrevivir a los homínidos y es la clave para que la nueva familia se expanda con éxito. Junto al menor consumo energético también dicen que con la posición erguida tienen una mayor visión y tienen una mayor protección al Sol.

Richard Leakey se posiciona a favor de esta segunda tendencia que plantea la liberación de las manos sólo como una consecuencia del bipedismo y no como causa.

Obtención de alimentos

Con respecto a la obtención de alimentos de los humanos antiguos se han desarrollado tres teorías distintas. La primera es la del “hombre cazador” (“Man the hunter”) que está defendido por Fisher y Morris. La premisa fundamental de la que se parte es que la caza es la responsable de la locomoción bípeda, de la construcción de utensilios, de la capacidad de lenguaje, del aumento del cerebro y de la creación de la familia nuclear.

Parten de la premisa que los humanos son animales fundamentalmente carnívoros y se relaciona con el tema de la agresividad humana. Se considera que para poder cazar se necesita fuerza física y agresividad y que los hombres son los únicos que tienen estas cualidades básicas, se asume que la diferencia de sexo es biológica. Así, defienden que desde los orígenes hay una división sexual del trabajo.

Desarrollan la teoría que las mujeres y las crías dependen de los machos para buscar la comida y como solución aparece la familia nuclear. También se basan en el contrato sexual, sexo a cambio de alimentos, lo cual exige una pérdida del celo de las hembras.

Este modelo se destruye a raíz de los estudios antropológicos y endográficos que demuestran que la principal fuente de alimentación eran los vegetales, los cuales eran recolectados por mujeres. Se demostró que la carne era un simple complemento de la dieta.

Glynn Isaac plantea el modelo mixto, es decir, que las mujeres recolectan vegetales y los hombres cazan y después se intercambian los alimentos en un campamento base donde se reúnen. Leakey se posiciona a favor de este modelo, a pesar que presenta unos cuantos problemas. Se ha demostrado que en aquella época no había caza sino carroñeo, además, los campamentos base no existían porqué se supone que los árboles siguen constituyendo su principal refugio. Asimismo, no conocen el fuego y por tanto un campamento constituye un foco de atención para los depredadores de la zona. Obtienen el alimento en el lugar donde lo encuentran.

El último modelo es el recolector. Richard Leakey se basa en el comportamiento de los mandriles por la semejanza del medio en el que viven para compararlo con la especie humana. La organización social de un grupo de mandriles se caracteriza por formar bandas jerárquicas en las que existe un macho dominante y otros que son muy agresivos y compiten por mantener relaciones sexuales con las hembras. Los machos se caracterizan por la protección del grupo. Así, Leakey dice que este es el mismo comportamiento de los primeros homínidos debido al gran dimorfismo sexual.

Modelos evolutivos

Tradicionalmente hay una concepción de la evolución humana gradualmente ascendente el modelo multirregional que propone que todos los humanos modernos somos la evolución de los diferentes erectus que se instalaron en cada zona y el origen común se sitúa en África hace más de 1 m.a.

Leakey afirma que es una visión errónea, ya que rompe las leyes básicas de la biología ya que la evolución en una zona geográfica diferente no puede dar el mismo resultado final, es imposible que los cambios en diferentes zonas den lugar a una única especie. La función del biólogo consiste en intentar descubrir las pautas en el marco de cualquier historia evolutiva concreta. Para solucionar este problema los que defienden este modelo dicen que durante unos periodos existieron cruzamientos entre las diferentes especies que dieron lugar a rasgos comunes, pero los datos en los que se basan son los fósiles, no existe ninguna evidencia biológica.

El modelo multirregional contiene la idea de la inevitabilidad de la historia humana, un impulso evolutivo que, una vez establecido, llevaba irrevocablemente a la humanidad que hoy conocemos. De esta manera se planteaba la idea de la predestinación del género humano, la convicción de que el proceso ya estaba escrito.

El modelo alternativo, por el que se decanta Richard Leakey, es el de la Arca de Noé. Defiende que Homo sapiens sapiens se originó como un único acontecimiento en una población geográfica aislada y desde allí se expandió hacia otras zonas. Se basa en los estudios de biología molecular del ADN mitocondrial humano. Las mitocondrias son unas células humanas que reúnen unas particularidades y sólo se transmiten a través de la madre. En esa transmisión las mitocondrias sufren mutaciones que se van acumulando en cada una de las transmisiones y quedan acumuladas en el ADN. Cuánto mayor sea el parecido en el ADN mayor será el parecido del parentesco evolutivo.

De esta manera se puede establecer un árbol de evolución de mujeres que nos lleva a la base del origen. Como resultado del estudio se descubrió que todas las poblaciones tenían un ADN muy parecido y que, por tanto, tenían que tener un origen común. La variabilidad de ADN mitocondrial de los africanos era el más variado, lo que quiere decir que nuestro origen está en África.

Orígenes de la humanidad

Violencia humana

En el Próximo Oriente durante 40.000 años coexistieron los neanderthales con los humanos modernos. La cuestión es cómo explicar este periodo tan insólito de cuatro milenios de coexistencia. Una posibilidad es que la coexistencia fuera más ilusoria que real. El clima durante este periodo de la historia de la Tierra (el Pleistoceno superior) fue inestable, plagado de glaciaciones. En algunas épocas se experimentó un clima templado y en otras un clima más cambiante.

Los neanderthales eran individuos acostumbrados al frío y, por el contrario, los humanos modernos estaban más acostumbrados a los climas templados. Así, con los distintos cambios climáticos se fueron sucediendo una serie de migraciones de las dos especies, así que realmente no convivían.

Con la creación de una nueva tecnología que ayudó a adaptarse al frío y un desarrollo de la capacidad cognitiva los humanos modernos empezaron a desplazar a los neanderthales hasta provocar su extinción.

Entonces se plantea la pregunta del método de sustitución de una población, si se produjo mediante la competencia o la violencia. La guerra hunde sus raíces en la necesidad de posesión territorial cuando las poblaciones se han hecho agrícolas y necesariamente sedentarias. Así, Leakey opina que la violencia no es una característica innata del género humano.

A pesar de todo esto, la ausencia de indicios de violencia intergrupal antes de la revolución agrícola no prueba, evidentemente, que nuestros antepasados cazadores-recolectores de hace más de 10.000 años no fueran tan violentos e inclinados al genocidio. La ausencia de evidencia no puede considerarse evidencia de la ausencia.

Bibliografía

Libro reseñado:

LEAKEY, R.; LEWIN, R. 1994. Nuestros orígenes: en busca de los que nos hace humanos. Barcelona: Crítica.

Bibliografía:

JOHANSON, D.; EDEY, M.. 1982. El primer antepasado del hombre. Barcelona: Planeta.

BINFORD, L.R. 1988. En busca del pasado. Barcelona: Crítica

LEAKEY.R.E. 1981. La formación de la humanidad. Barcelona: Ediciones del Serbal

Índice

1. Introducción a nuestros orígenes …………………………………………. 1

2. Árbol genealógico humano ……………………………………………….. 2

3. Bipedismo ………………………………………………………………... 4

4. Obtención de alimentos …………………………………………………... 6

5. Modelos evolutivos ………………………………………………………. 8

6. Violencia humana ………………………………………………….……... 10

7. Bibliografía ……………………………………………………………….. 11

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