Origen de la vida

Salud. Educación sexual. Protehinas primitivas. Formaciones coloidales. Protoplasma vivo. Idealismo y religión

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COLEGIO MUNICIPAL EXPERIMENTAL

SEBASTIÁN DE BENALCÁZAR”

Asignatura: Educación Sexual

Curso: Cuarto “D”

Fecha: 11-Nov-2008

EL ORIGEN DE LA VIDA

  1. La lucha del materialismo contra el idealismo y la religión respecto al tema.

Al problema del origen de la vida se le daban soluciones diversas, pero siempre se ha entablado en torno a él una encarnizada lucha ideológica entre los dos campos filosóficos irreconciliables: el materialismo y el idealismo.

La naturaleza la dividimos en dos, el mundo inanimado, y el mundo de los seres vivos. Este concepto idealista constituye uno de los problemas más grandes de la vida constituye la base de todas las religiones del mundo. Todas afirman que Dios proporciono a una alma de vida, y que esa partícula eterna de ser divino es lo vivo, lo que se mueve y mantiene a los seres vivos. Lo que mueve y mantiene a los seres vivos. La vida es una manifestación del ser divino, por lo que el hombre no puede conocer la esencia de la vida. El problema de la esencia de la vida es abordado en forma totalmente distinta por el materialismo, según el cual la vida, como todo el mundo restante, es de naturaleza material y no necesita para su explicación de ningún principio espiritual. La vida no es más que una forma especial de existencia con determinadas leyes.

El estudio de la historia de la religión demuestra que estos cuentos, que aparecen hechos y derechos como seres organizados, descansan en la ignorancia y en una interpretación simplista de la observación superficial de la naturaleza que nos rodea. Esta fue la razón de un estancamiento. Fantasías acerca de la generación espontánea se relacionaban en tales teorías con leyendas y tradiciones religiosas. Las apariciones repentinas de seres vivos eran interpretadas únicamente como manifestaciones parciales de la voluntad creadora de los dioses o de los demonios. Con el transcurso del tiempo, la fundamentación teórica de la generación espontánea y repentina fue adquiriendo un carácter cada vez más idealista y hasta místico.

Al profundizar en el estudio de la naturaleza viva, los hombres de ciencia han podido establecer que esa generación espontánea y repentina de seres vivos no se produce en ningún lugar del mundo que nos rodea. Estudiando los restos fósiles de los animales y de las plantas que poblaron la Tierra hace muchos millones de años, podemos convencernos en forma bien patente de que en aquellos tiempos la población viva de la Tierra era diferente.

Según el materialismo dialéctico, la vida es de naturaleza material. Sin embargo, la vida no es una propiedad inerte a toda la materia en general. Al contrario, la vida sólo es inerte a los seres vivos. La vida no surgió de golpe, como trataban de demostrar los partidarios de la generación espontánea y repentina. La única teoría científica para explicar el origen de la vida, es la teoría bioquímica del origen de la vida, el profundo convencimiento de que su aparición no fue sin de las etapas de la evolución general de la materia, da esa complicación creciente de la larga serie de compuestos carbonados del nitrógeno.

El problema del origen de la vida se reduce a saber cómo pudo surgir repentinamente esa partícula de substancia especial, dotada de todas las propiedades de la misma vida.

  1. Origen primitivo de las substancias orgánicas más simples: los hidrocarburos y sus derivados

En las substancias orgánicas el carbono está combinado con otros elementos: con el hidrógeno y el oxígeno. Las substancias orgánicas más simples son los hidrocarburos combinaciones de carbono e hidrógeno. Por todo esto muchos hombres de ciencia de fines del siglo pasado y de comienzos de esté consideraban que las substancias no pueden originarse en la tierra, en condiciones naturales, más que a través de un proceso biogenético, es decir, solamente con el concurso de los microorganismos.

El carbono tampoco llega a constituir aquí cuerpos químicos compuestos, sino que existe en forma atómica, como minúsculas partículas sueltas de materia que se mueven rápidamente. Únicamente en excepción de las estrellas blancas tipo A, nos muestra por primera vez unas franjas tenues, que señalan la presencia de hidrocarburos, en la atmósfera de esas estrellas, por vez primera, los átomos del carbono u el hidrógeno se han combinado, y el resultado ha sido un cuerpo más complejo, una molécula química.

En el proceso de la evolución del Sol, el carbono, elemento que nos interesa ahora, ya ha pasado de una forma de existencia a otra. En la atmósfera de las estrellas más calientes, el carbono se encuentra en forma de átomos libres y dispersos. Por lo general, se suele dividir a los meteoritos en dos grupos: metálicos y los meteoritos de roca. En todos los meteoritos se encuentra carbono en distintas proporciones. Se le encuentra sobre todo en forma natural en ellos y que el un carburo de hierro, níquel y cobalto.

En la época en que se descubrió por primera vez la presencia de hidrocarburos en los meteoritos dominaba todavía la falsa idea de que las substancias orgánicas sólo podían formarse en condiciones naturales con el concurso de organismos vivos, y hoy día sabemos que los hidrocarburos de los meteoritos, lo mismo que los de las atmósferas estelares, surgieron por vía inorgánica, es decir, sin ninguna relación con la vida. Resulta, por tanto, sin ningún lugar a dudas, que las substancias orgánicas también pueden originarse independientemente de los organismos, antes de que surja esta forma compleja del movimiento de la materia.

Es de especial interés la hipótesis formulada recientemente por el académico O. Shmidt. De acuerdo con esta hipótesis, la Tierra y los demás planetas de nuestro sistema solar no se habrían formado de masas gaseosas separadas del Sol, sino a consecuencia de que la seo en su movimiento en torno al centro de nuestra galaxia se habría encontrado con una nube gigantesca de materia polvorienta fría, arrastrándola a su órbita. Estas hipótesis, de profundo sentido lógico y sólidamente asentadas en datos proporcionados por la observación, nos ofrecen valiosísimos elementos de juicio substancias orgánicas al formarse nuestro planeta.

  1. Origen de las proteínas primitivas.

Se consideraba completamente imposible sintetizar esas substancias en el laboratorio, pues se creía que solo podían originarse en los organismos vivos con nombre de fuerza vital. Últimamente se ha logrado sintetizar incluso los cuerpos tan complejos y de tan extraordinaria actividad biológica como las vitaminas, por los antibióticos y algunas hormonas.

En los organismos vivos, en condiciones naturales, la síntesis de las distintas substancias orgánicas se realiza de un modo completamente distinto. La reacción del medio es siempre aproximadamente neutra, y sin embargo, en los organismos vivos se produce gran número de cuerpos químicos de la naturaleza más diversa. Está misma variedad de substancias producidas por los organismos animales era lo que hacía creer a los investigadores de otros tiempos que en la célula viva tenían lugar numerosísimas reacciones de los tipos más diversos.

Las transformaciones químicas experimentadas por las substancias orgánicas en la célula viva tienen por base tres tipos de reacciones de carácter fundamental. En primer lugar, la condensación, en segundo lugar la polimerización o combinación de dos moléculas orgánicas mediante un puente de oxígeno o nitrógeno, y el proceso inverso o hidrólisis. La oxidación y ligada a ella, la reducción.

La complejidad y la diversidad de las substancias que se forman en los organismos vivos dependen únicamente de la complejidad y de la diversidad. Si examinamos atentamente estas reacciones, veremos que muchas de ellas tienen un rasgo característico común, una particularidad común, y es que se producen con la participación inmediata de los elementos del agua. En las aguas tibias del océano primitivo de la Tierra surgieron substancias orgánicas de elevado peso molecular, semejantes a las que hallamos ahora en los animales y en los vegetales.

Las proteínas desempeñan un papel de extraordinaria importancia, en papel verdaderamente decisivo, en la formación de la substancia viva. El protoplasma, substrato material de la construcción del cuerpo de los animales, de las plantas y de los microbios, siempre contiene una cantidad considerable de proteínas. En la actualidad conocemos bastante bien las distintas partes, los ladrillos, pudiéramos decir, que integran la molécula de cualquier proteína. Esos ladrillos son los aminoácidos, substancias bien conocidas por los químicos. Tiene extraordinaria importancia el hecho de que cada substancia proteínica está formada por muy diversos aminoácidos. Algunas proteínas contienen en su molécula todos los ácidos conocidos; otras, en cambio, son menos ricas en aminoácidos.

  1. Origen de las primitivas formaciones coloidales.

La base de todo organismo vegetal o animal, la base de los cuerpos de los diversos hongos, bacterias, amibas y otros organismos muy simples es el protoplasma, el substrato material en el que se desarrollan los fenómenos vitales. El protoplasma es una masa viscosa semilíquida de color grisáceo, en cuya composición, además del agua, entran, principalmente, proteínas y otras varias substancias orgánicas y sales inorgánico.

Posee una organización muy compleja. Esta organización se manifiesta, en primer lugar, en una determinada estructura, en cierta disposición espacial recíproca de las partículas que integran las substancias del protoplasma; por consiguiente, la materia viva está representada en la actualidad por organismos, por sistemas individuales que poseen determinada forma y una sutil estructura interior u organización.

Las substancias orgánicas de bajo peso molecular como, por ejemplo, los alcoholes o los azúcares, al se disueltas en el agua se desmenuzan en grado muy considerable y se distribuyen uniformemente por toda la solución en forma de moléculas sueltas que permanecen más o menos independientes unas de otras. Por esa razón sus propiedades dependen, fundamentalmente, tan sólo de una estructura de las propias moléculas. Pero a medida que va auméntense el tamaño de las moléculas, a estas leyes sencillas de la química orgánica vienen a añadirse otras nuevas, más complicadas, cuyo estudio es objeto de la química de los coloides.

En otros casos no llega a formarse el sedimento, pero a pesar de todo, se altera profundamente la destitución uniforme de las substancias en la solución. Las substancias orgánicas disueltas se concentran en determinados puntos, se forman unos coágulos, en los que las distintas moléculas o partículas se hallan ligadas entre si de cierto modo, a consecuencia de lo cual surgen nuevas y complejas relaciones. Al someter a un análisis químico los coacervados y el líquido que los rodea, se puede observar que toda substancia coloidal, se ha demostrando en los coacervados y que en el medio circundante casi no quedan moléculas de esta substancia, esta misma propiedad tiene el protoplasma de los organismos vivos. En algunos casos el coacervado se hace más compacto, su viscosidad interna aumenta y puede a llagar a adquirir un aspecto gelatinoso, y a medida que iban creciendo y haciéndose más complejas las “proteínas primitivas”, debieron surgir inevitablemente nuevas relaciones entre las distintas molécula. Ninguna molécula podía existir aislada de las demás, por lo que, fue inevitable que se formaran verdaderos enjambres o montones de moléculas.

Para la formación de los coacervados ni siquiera puede ser un obstáculo la concentración relativamente débil de las substancias orgánicas en el océano primitivo. Pero en ciertos casos, bastante raros, en as profundidades de los abismos del mar, las substancias orgánicas pueden no ser atacadas por los microbios y permanecer intactas durante un tiempo relativamente corto. La mezcla de distintos coloides, y en primer término, la mezcla de cuerpos proteinoides primitivos en las aguas de la Tierra debió dar origen a la formación de coacervados, etapa sumamente importante en la evolución de la substancia orgánica primitiva y en el proceso que dio origen a la vida.

  1. Organización del protoplasma vivo.

Antes algunos hombres de ciencia consideraban que los organismos no eran sin unas máquinas vivientes, de tipo especial, con una estructura sumamente compleja. Según ellos, el protoplasma tenía una estructura parecida a la de una máquina y estaba construido con arreglo a un determinado plan y formado por vigas y tirantes, rígidos e inmutables, entrelazados unos con otros Contrario a esto se vio que en el protoplasma no hay ninguna estructura que recuerde a una máquina, ni siquiera a las de máxima precisión.

Estos elementos protoplásmicos, visibles al microscopio, son, en esencia, la expresión, una manifestación aparente de determinadas relaciones de solubilidad, extraordinariamente compleja, su principal manifestación es el recambio de substancias, es decir, la integración química de las distintas partes que integran el protoplasma. Para la organización del protoplasma tiene una importancia esencial la existencia de una determinada y sutil estructura interna. Pero a pesar de todo, lo decisivo en este caso es la organización en el tiempo, cierta armonía de los procesos que se operan en el protoplasma.

Procedentes del ambiente pasan al organismo diversos cuerpos químicos. Una vez dentro, son sometidos a profundas modificaciones y transformaciones, a consecuencia de las cuales se convierten en substancia del propio organismo, se tornan iguales a los cuerpos químicos que con anterioridad integraban al ser vivo. A este proceso se da el nombre de asimilación. El estudio detallado de la síntesis de diversas substancias en el protoplasma demuestra que estas substancias no se originan de golpe, en virtud de un acto químico especial, sino que son el resultado de una larga cadena de transformaciones química. Cuanto más compleja es la substancia, mayor es el número de reacciones que toman parte en su formación dentro del protoplasma y con tanto mayor rigor y exactitud deben combinarse estas reacciones entre sí. A menudo, para que se produzca alguna de las reacciones que tienen lugar entre las substancias orgánicas, se requieren muchos meses y, a veces, hasta años. Para obtener ese aceleramiento de las reacciones químicas, cada vez se recurre con más frecuencia al uso de los llamados catalizadores. Esta propiedad es ampliamente utilizada hoy día en la industria química.

La gran velocidad de las reacciones químicas que se producen en el protoplasma se debe a que en él siempre se hallan presentes unos catalizadores biológicos especiales llamados fermentos. Todos ellos resultaron ser proteínas, combinadas a veces con otras substancias de naturaleza no proteínica. La substancia orgánica forma, ante todo, una unión compleja de muy corta duración con la correspondiente proteína-fermento. Esta unión compleja es inestable, pues con gran rapidez experimenta nuevas transformaciones. La extraordinaria especificad de las proteínas-fermentos permite que cada una de ella forme uniones complejas únicamente con determinadas substancias y católica tan solo determinadas reacciones. Cada una de ellas puede catalizar por carácter especifico una sola reacción, y únicamente el conjunto de las acciones de todas ellas, combinadas de un modo bien preciso, que permite ese orden regular de los fenómenos que constituye la base del metabolismo.

El protoplasma es un sistema dinámico estable, y a pesar del constante proceso de desintegración en generación que le es propia. De este modo podemos saber que se originan en el protoplasma tal o cual substancia o estructura influye sobre la velocidad y la sucesión de las substancias reacciones químicas.

  1. Origen de los organismos primitivos.

Los coacervados que aparecieron por vez primera en la aguas de los mares y océanos aun no tenían vida. Las propiedades de las proteínas encerraban la posibilidad de originar coacervados complejos. A medida que iban creciendo y haciéndose más complicadas, las moléculas proteínicas tuvieron que irse agrupando y separando de las soluciones en forma de gotas coacerváticas. Únicamente pudieron subsistir durante un tiempo más o menos prolongado los coacervados que tenían cierta estabilidad dinámica, aquéllos en los que la velocidad de los procesos de síntesis predomina sobre los procesos de desintegración, o, por lo menos, se equilibrio con ella. Por el contrario, las gotas del medio circundante, hacia la desintegración, estaban condenadas a desaparecer con mayor o menor rapidez o ni siquiera llegaban a formarse.

Los coacervados sólo podían seguir creciendo y desarrollándose las formas en cuya organización se habían producido cambios esenciales que aceleraban muy considerablemente la velocidad de las reacciones químicas y establecían a la vez en ellas cierta coordinación, cierto orden. Todo aumento substancial de la velocidad de tal o cual redacción únicamente podía consolidarse en el proceso evolutivo si significaba un progreso desde este punto de vista, si no alteraba la estabilidad dinámica de todo el sistema, si, por el contrario, contribuía a aumentar el orden interno organización de la forma coloidal dada. En los coacervados primitivos, esta coordinación entre las distintas reacciones químicas aun era muy débil.

Los seres vivos al principio solo se alimentaban de substancias orgánicas. Pero con el curso del tiempo esas substancias fueron escaseando, por lo que a los organismos primitivos no les quedó más remedio que sucumbir o desarrollar, en el proceso evolutivo la propiedad de construir de algún modo substancias orgánicas a base de los materiales proporcionados por la naturaleza inorgánica, a base del anhídrido carbónico y el agua. Otros seres vivos conservaron su antiguo sistema de alimentación, pero ahora lo que les servía de alimento eran esas mismísimas algas, cuyas substancias orgánicas eran aprovechadas por ellas. Así fue como surgió en su forma primitiva el mundo de los animales luego, la aparición de organismos pluricelulares, fue un gran acontecimiento en la historia teoría del desarrollo de la naturaleza viva.

La vida entro en una nueva era, en la era paleozoica, y surgió el período cámbrico donde aún no habían aparecido los vertebrados que conocemos; en el periodo silúrico, que sucede al cámbrico, aparecen las primeras plantas terrestres y, en el mar, los primeros vertebrados, próximos a las lampreas actuales.

  • Pasaron otros cien millones de años, llega el periodo carbonífero y aparecen en la Tierra espesos bosques en los que crecen gigantescos helechos, la cola de caballo y el licopodio.
  • Luego el período pérmico en el cual las filicíneas van siendo desplazadas paulatinamente por los predecesores de las coníferas actuales
  • Hace treinta y cinco millones de años comenzó el reino de las aves y de las fieras. A mediados del periodo terciario y a se había extinguido la mayoría de los grandes reptiles, apareciendo numerosas especies de aves y mamíferos, que ocupaban una posición dominante entre todos los animales.
  • Hace un millón de años, en los límites de los periodos terciario y cuaternario, aparecieron en la Tierra los pitecántropos, monos hombres que forman el eslabón intermedio entre el mono y el hombre. Los pitecántropos ya sabían hacer uso de instrumentos de trabajo más sencillos. Estos monos hombres se extinguieron. Sus sucesores fueron nuestros antepasados.