Organización del centro escolar

Cultura escolar. Profesorado. Escuela. Relaciones sociales. Comunicación

  • Enviado por: Lena 25
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 10 páginas
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Índice

  • La cultura: la base de todo......................................................... 2-4

  • La Cultura Escolar...................................................................... 5-6

  • El maestro: Pieza Clave para la Educación Intercultural....... 7-8

  • La escuela: Un espacio para el Diálogo...................................... 9

  • Bibliografía.................................................................................... 10

  • La Cultura: la base de todo.

  • Como dice León Olivé,

    “hay muchos significados del concepto cultura y el más adecuado debe ir en función de los problemas que queramos comprender” (1999, p.41).

    Es decir, cuando hablamos del concepto cultura ésta se deberá adecuar al contexto concreto al que nos refiramos. Podemos afirmar así el carácter contingente de la cultura en el sentido en que la significación que recibe es muy relativa e inconmensurable.

    Podemos formular una primera definición, general, del término cultura como un:

    “(...)conjunto de significados adquiridos y construídos por el hombre como miembro de una (o unas) comunidad (o comunidades), y no exclusivamente como miembro de la comunidad (...)” (Ruiz Román, C. 2003, P.14).

    Y estoy totalmente de acuerdo con el autor en tanto en cuanto introduce esta primera idea en la que podemos concluir que el término cultura para él no es un término cerrado, exclusivo y constante, sino todo lo contrario; para el autor la cultura está en continua evolución y al servicio de todos. La cultura está abierta al cambio, a la reflexión; está abierta a la crítica.

    Sin embargo, el hecho de que esté abierta no significa que vaya a perder su identidad, no significa que vaya a ser “deborada” o “asimilada” por otras culturas, a nuestro entender, más fuertes. Todo lo contrario, el hecho de permanecer abiertas al resto y a la crítica debemos considerarlo como un enriquecimiento para la nuestra y para las demás y no como una amenaza hacia nuestra cultura de origen. Como dice, y en ello estoy totalmente de acuerdo, Gimeno Sacristán, (2001, p.84):

    “(...)permanecer abiertos no significa negar el valor de lo propio(...)”.

    Bajo mi punto de vista el hecho de que una cultura esté abierta al cambio, a la reflexión y a la revisión y/o modificación-incorporación de nuevos significados, enriquece aún más a esa cultura. Como bien dice Ruiz Román en su obra “Educación Intercultural. Una visión crítica de la cultura”

    “(...)los significados comunes que configurarán las culturas han de entenderse desde un planteamiento constructivista(...), entendiendo que el conocimiento que se nos ofrece de la realidad no es la realidad en si misma, sino que es un conocimiento de la realiad mediado por las circunstancias(...)”(Ruiz Román, C. 2003, p.16-p.81).

    Coincido con esta idea en cuanto a que la cultura la forman y conforman los sujetor que a ella pertenecen y es por ello por lo que tienen el pleno derecho a poder o no poder participar libremente de ella o de cualquier otra. Además los significados que se nos ofrecen desde la cultura a la que pertenecemos debemos adaptarlos, asimilarlos y en la medida de lo posible interpretarlos, adaptándolos a nosotros mismos y nuestra manera de ser y de ver nuestra realidad particular. Como bien dice Cristóbal Ruiz:

    “(...)conocer es interpretar, interpretar la realidad, partiendo de la misma realidad(...)”. (Ruiz Román, C. 2003, p.82).

    No basta con realizar una copia de la realidad que se nos muestra y reproducirla sin más. Debemos ir más allá. Debemos participar de forma activa, involucrarnos en este proceso, en esta búsqueda del Conocimiento para realizarnos como personas, para llegar a hacer y ser alguien en la vida. Modificar la realidad y participar en la búsqueda del conocimiento humano es el objetivo que debemos marcarnos. Así, como bien dice Bollnow:

    “(...)solo dentro de la vida se puede comprender la vida(...)”.

    Coincido con el autor en que el objetivo del ser humano debe ser:

    “(...)interpretar el mundo para poder interpretarnos también a nosotros mismos y a los demás(...), y para poder atribuir también sentido y significado(...)”. “(...)aprender es reconstruir, modificar, recrear en uno la verdad de lo recibido para que nos cambie, o quizás para negar radicalmente lo afirmado sin cuestionamiento” (Ruiz Román, C. 2003, p.140-p.141).

    En este conocer e interpretar la realidad, no podemos negar el papel fundamental y casi decisivo que juega la subjetividad en la razón y el conocimiento.

    “(...)la razón tiene una dimensión subjetiva, pero esto no tiene que conducir inexorablemente a negar su validez, simplemente a no absolutizar el valor de los hallazgos y recluirla en una mera instrumentalización para la legitimación de fines no sometidos previamente a la crítica(...)”.(Ruiz Román, C. 2003, p.41).

    Y bien es cierto que, según el autor, debemos aceptar e intentar buscar el carácter abierto, evolutivo y cambiante de la cultura; no podemos aceptar significados ni verdades absotutas como tampoco podemos intentar homogeneizar los significados de las diferentes culturas.

    En primer lugar, estoy de acuerdo en que las culturas evolucionan, cambian; al estar en contacto directo con otras culturas se ven influenciadas y sometidas al cambio, a la crítica, a la asimilación de determinados significados, etc..., y es por ello por lo que poseen ese carácter evolutivo y cambiante. Como consecuencia, el intentar afirmar dentro de las culturas las llamadas Verdades Absolutas contradice este planteamiento, pues estas “Verdades” poseen un carácter estable, inamovible, estático.

    No podemos creer que existen determinados valores, significados, etc..., culturales que permanecerán “por siempre jamás” porque como he dicho anteriormente la cultura y los significados que la conforman son contingentes y relativos al momento actual.

    Ya para concluir este primer apartado, me gustaría hacerlo con una cita que creo que recoge a la perfección la esencia que a lo largo de este primer capítulo he querido trasmitir:

    “Una de las cosas más significativas de que nos hacemos capaces las mujeres y los hombres en el trascurso de la larga historia que, hecha por nosotros, a nosotros nos hace y rehace, es la posibilidad que tenemos de reinventar el mundo y no solo de repetirlo o reproducirlo”.

    Paulo Freire

  • La Cultura Escolar.

  • Es lógico pensar que cultura y educación están íntimamente relacionados.

    Bajo mi punto de vista, es cierto que los sistemas de educación van a depender en gran medida del tipo de cultura en la que éstos se desarrollen. Así pues, si una cultura es muy cerrada, homogénea, y considera los significados que la conforman como significados que comparten un grupo homogéneo y puro, el modelo de educación que va a transmitir irá también en esa misma línea, intentando así homogeneizar la escuela, enseñando valores, normas, pautas de conducta, etc..., de la propia comunidad.

    Si por el contrario nos encontramos frente a una cultura abierta, flexible, dinámica, su modelo de enseñanza va a ir encaminado a la intraculturalidad y por extensión a la interculturalidad. Este tipo de culturas permiten, en mi opinión, el desarrollo pleno y global de los sujetos y es precisamente la que debemos fomentar.

    Las escuelas que nacen en el seno de una cultura cerrada:

    “(...)no solo ignoran las peculiaridades y diferencias del desarrollo individual y cultural, imponiendo la adquisición homogénea, la mayoría de las veces sin sentido, de los contenidos perennes de la humanidad, sino que olvidan o desprecian los procesos, contradicciones y conflictos en la historia del pensar y el hacer.” (Pérez Gómez, 1998, p.77).

    Pienso que estas escuelas defienden lo que ellos consideran como Verdades Absolutas. Entre sus funciones destaca la del Adoctrinamiento. Transmiten una serie de significados culturales, en su mayoría inservibles y carentes de significación alguna, que serán, en un primer momento, “engullidos” y, posteriormente, reproducidos por los “pupilos” sin ellos llegar a particiar en su construcción y/o realización. Además esos conocimientos “(...)suelen mostrar una visión sesgada y parcial de la realidad(...)”.(Ruiz Román, C. 2003, p.118).

    En mi opinión cualquier sistema escolar basado en el adoctrinamiento “puro y duro” de sus escolares carece de validez alguna y no es educativo, sino más bien es una reproducción y manipulación de los valores y significados colectivos, fijados y preestablecidos por esa cultura. Como bien dice White (1969):

    “en el adoctrinamiento un agente trata de implantar las propias conviciones ideológicas de forma inamovible, sin razones que puedan introducir la crítica(...) y caracterizado por presentar solo las ideas que favorecen las convicciones del agente, y por eliminar o descalificar las contrarias.”.

    Así pues, y según las palabras de este autor, la diversidad, la diferencia, la crítica..., son valores que se encuentran muy alejados de los objetivos primordiales de estas escuelas.

    La escuela Franquista es un buen ejemplo de lo que intento reflejar en estas líneas. En estas escuelas se imponía un régimen y unos significados culturales que se debían asimilar y reproducir ya que eran considerados como verdades absolutas por los cargos superiores y que no dejaban cabida a crítica alguna. Este sistema de educación era totalmente excluyente para con los ciudadanos que no compartían su misma cultura o para los que, aun perteneciendo a la misma cultura, discrepaban en algún aspecto de ella.

    Creo que la función real de las escuelas no debe ser la de “utilizar” de alguna forma a sus escolares como vehículo mediante el cual se garantice la supervivencia de la cultura, sino que el objetivo principal deberá ser el de formar a esos escolares fomentando la actitud y la conciencia crítica, fomentando y ensalzando el pensamiento y el análisis críticos, pues como dice Ruiz Román, en su obra “Educación Intercultural. Una visión crítica de la cultura” (2003, p.126):

    “La educación intercultural no ha de consistir esencialmente en transmitir el mayor número de conocimientos multiculturales posibles, sino que ha de consistir fundamentalmente en revisar la actitud con la que alumnos y profesores trabajamos los conocimientos.”

    Pues, como dice Olivé (1999):

    “Una persona bien educada no solo tiene información, conocimiento (...) Sobre todo, tiene el hábito del pensamiento.” (p.27).

    Sin embargo, por todos es conocida la existencia de determinadas culturas en las que la irracional imposición de determinados valores puede llegar incluso a la exclusión de sujetos pertenecientes a ella dentro del sistema educativo de dicha sociedad. Es el caso por ejemplo de las mujeres, los judíos, etc...

    “(...)la función coercitiva de la escuela cobra claramente relevancia con respecto a la función educativa (...). Estaríamos hablando de un sistema de adoctrinamiento, donde el excesivo valor concedido a los significados de una cultura, termina por invadir, e incluso anular, al individuo, la diversidad, la libertad, la heterogeneidad... dentro de la institución escolar.” (Ruiz Román, C. 2003, p.115).

  • El Maestro: Pieza Clave para la Educación Intercultural.

  • “El maestro debe aprender a callar para que el aprendiz encuentre su voz y pueda hablar”. (Bárcena y Mèlich, 2000, p.158).

    Creo que esa es precisamente una de las funciones más importantes del docente aunque a la vez una de las más difíciles. El servir de apoyo a los alumnos para que con nuestra ayuda piensen, razonen, analicen..., por si mismos, no es tarea fácil. Sin embargo, el maestro debe proporcionar a los alumnos los medios necesarios para que sean ellos los que conozcan, interpreten y valoren la realidad. Así, y coincidiendo con la idea que tiene Ruiz Román acerca del proceso educativo, éste debe ser entendido como:

    “(...)un camino que debemos recorrer junto al educando: el camino de su educación y maduración personal. Pero no para decirle de manera positiva cómo son las cosas(...); para explicarles una visión del mundo, la nuestra, que no es la única, y que aprenda a descubrir, criticar, acoger, tolerar, e interpretar otras, así como construir la suya misma”. (Ruiz Román, C. 2003, p.143).

    En mi opinión, la función de la escuela y del maestro radica fundamentalmente en conseguir que los alumnos adquieran la capacidad suficiente para, al menos, intentar re-construir el mundo que han aprendido al estar en contacto directo con su grupo.

    El alumno, a través de un pensamiento crítico, analítico, autónomo (sin llegar a la autosuficiencia extrema)..., y consciente, ha de optar por elaborar sus propias decisiones, valores, pautas de conducta, ideas, etc...; así podrá entonces ser consciente y comprender mejor qué significado tienen otras decisiones, valores, pautas de conducta, ideas, etc..., para una sociedad, persona, etc..., determinada.

    Por ello, el docente, que será uno de los referentes esenciales en la formación cultural, social..., del alumno, tiene que ayudarle a “comprenderse para apropiarse de la vida de uno”. (Ricoeur, 1991, p.42).

    Sin embargo, existen determinados sistemas que arrojan a sus maestros al rol de técnicos, “quedando así relegados a utilizar sus capacidades mentales y racioneles para transmitir los contenidos, metodologías, herramientas..., que les vienen “desde arriba”(...), sin poner en tela de juicio el sentido y función que tienen y van a desempeñar dichos contenidos, metodologías...”. (Labarre, 1992, p.148).

    “Cuando el maestro queda postergado a las funciones de tecnócrata, que utiliza su pensamiento exclusivamente para poner en marcha los medios oportunos para alcanzar unos fines ya preestablecidos por otros, el potencial re-creativo que tiene la profesion docente y la misma educación pública y básica, son inmoladas”. (Ruiz Román, C. 2003, p.120).

    Y es que creo que, cuando es precisamente el docente el que comienza a perder la capacidad crítica y de pensamiento intelectual, el proceso de enseñanza-aprendizaje se convierte entonces en un proceso hostil, sin sentido y, por parte del docente, falto de toda ética moral.

  • La Escuela: Un Espacio para el Diálogo.

  • La escuela no es exclusiva de los alumnos o del docente. También debe ser de los padres. La base fundamental en el proceso de enseñanza-aprendizaje de los alumnos (y de los padres) es la comunicación, que habrá que fomentar dentro de un clima cálido y de confianza, en el que habrá que dejar a un lado recelos, desconfianzas y un sinfín de prejuicios absurdos que se han ido acumulando y que no hacen más que entorpecer las relaciones, descentrándonos de lo verdaderamente importante: el alumno.

    Creo ante todo que lo que se debe conseguir desde las escuelas es una

    “(...)actitud de cooperación, de acercamiento y co-responsabilidad; actitudes que deben impregnar desde las programaciones y proyectos más formales y burocratizados (...)”.

    En definitiva, desde el curriculum. Revisar y en su caso modificar el curriculum es un primer paso para evitar las desigualdades, diferencias, o al menos para mitigarlas o disminuirlas dentro de la educación de los sujetos.

    La escuela, como espacio para la reflexión y el diálogo, pienso que deberá reunir una serie de condiciones muy concretas, condiciones en las que el clima de confianza y respeto mutuo sea el que prevalezca. Además no creo que debamos olvidar que, para que esta relación-comunicación se lleve a cabo de forma correcta, es imprescindible la existencia de unas condiciones de libertad e igualdad entre todas las partes, con el fin de que ninguna postura se sienta devaluada con respecto al resto de posturas, pues con ello estaríamos violando uno de los principios básicos que sustentan la verdadera esencia de la interculturalidad (objetivo y tema principal de mi trabajo) como es la comunicación y el diálogo.

  • Bibliografía.

    • “Educación Intercultural. Una visión crítica de la cultura”

    Aut.: Cristóbal Ruiz Román

    Ed.: Octaedro

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