Oración

Teología. Pablo. Carta a los Filipenses. Nuevo Testamento. Cristianos. Paz. Fe. Ejercicio formal. Jesús: palabra. Cristo. Bendiciones. Consejos

  • Enviado por: Patricio
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
  • 8 páginas
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LA ORACIÓN: UNA PERSPECTIVA BÍBLICA

1. LA PERSPECTIVA DE PABLO

En el Capítulo 4 de Filipenses, una breve carta que Pablo escribió en el primer siglo y que se incluyó en el Nuevo Testamento, él menciona una serie de cosas que todos nosotros deseamos:

- Todos nosotros deseamos estar firmes en nuestra fe (v.1)

- Todos nosotros deseamos tener una actitud gozosa todo el día (v.4)

- Todos nosotros deseamos pensar en las cosas buenas (v.8)

- Todos nosotros deseamos ajustarnos a todos los principios de Dios en tal forma que seamos inundados con su Paz (v.9)

- Con seguridad, todos nosotros deseamos contentamiento y satisfacción (vs. 10-12)

Sí, todos nosotros deseamos estas cosas, pero muy pocos de nosotros las experimentamos regularmente.

¿Y? nuestra ansiedad crece más y más. Las preocupaciones se multiplican. Los afanes aumentan. A menudo la irritación nos invade, haciéndonos sentir resentidos y confundidos. No podemos remediarlo. Peleamos con pensamientos como: “Soy un hipócrita, mi ejemplo como cristiano es muy pobre”. Lo más importante es esto: “LA PRIMERA Y LA ÚNICA COSA QUE DA RESULTADO ES LO ÚLTIMO QUE PROBAMOS... LA ORACIÓN”. Observe esto:

POR NADA ESTÉIS AFANOSOS, SINO SEAN CONOCIDAS VUESTRAS PETICIONES DELANTE DE DIOS EN TODA ORACIÓN Y RUEGO, CON ACCIÓN DE GRACIAS. Y LA PAZ DE DIOS, QUE SOBREPASA TODO ENTENDIMIENTO, GUARDARÁ VUESTROS CORAZONES Y VUESTROS PENSAMIENTOS EN CRISTO JESÚS” (FILIPENSES 4: 6-7).

La mayoría de los cristianos están familiarizados con estas palabras que, tal vez, hayan perdido su fuerza. Para recuperar esa fuerza, veamos bajo otra perspectiva lo que nos dice Pablo en su carta a los Filipenses:

LA ORACIÓN: UNA PERSPECTIVA BÍBLICA

“NO SE AFANEN POR NADA; MÁS BIEN OREN POR TODO. PRESENTEN ANTE DIOS SUS NECESIDADES Y DESPUÉS NO DEJEN DE DARLE GRACIAS POR SUS RESPUESTAS. HACIENDO ESTO SABRÁN USTEDES LOS QUE ES LA PAZ DE DIOS, LA CUAL ES TAN EXTRAORDINARIAMENTE MARAVILLOSA QUE LA MENTE HUMANA NO PODRÁ JAMÁS ENTENDERLA. SU PAZ MANTENDRÁ SUS PENSAMIENTOS Y SU CORAZÓN EN QUIETUD Y EL REPOSO DE LA FE EN JESUCRISTO”.

¡Ahora sí estamos completos! Si yo entiendo esto correctamente, la ansiedad que se acumula dentro de mi, la creciente irritación y las luchas que me hacen agitar, serán disipadas; y, de hecho, reemplazadas con paz interior además de todas las otras cualidades que tanto deseo, si simplemente hablo con mi Dios. La oración es la única cosa que ayudará a cambiar el torbellino interior en paz. La oración es la respuesta.

En Filipenses 4: 6-7, la perspectiva de Pablo es esta: El resultado es paz, ¡no la quita! Alivia la ansiedad, ¡no intenta crearla!; sin embargo, algunos nos han enseñado que para que la oración sea efectiva tiene que ser trabajosa, larga y aún dolorosa. Y tenemos que estar orando por horas... rogando, ansiando, esperando, sufriendo.

En las escrituras nada de esto se encuentra. Excepto en muy pocos, y en casos extremos la oración no es ni larga ni difícil de llevar. No es posible encontrar un personaje bíblico que haya luchado con la culpa porque no oraba lo suficiente o porque no sufría lo suficiente o porque fallara en rogar lo suficiente. Compruébelo por sí mismo; no los encontrara.

2. INSTRUCCIONES DE JESÚS

En los tiempos de Jesús, la gente se dejaba guiar por los líderes de la sinagoga. ¿No creían ellos en la oración? Desde luego que si. Tenían un dicho: “EL QUE ORA DENTRO DE SU CASA LA RODEA CON UNA MURALLA MÁS FUERTE QUE EL HIERRO”. Lo único que sentían era que no podían orar todo el día. Esta fue la circunstancia que provocó que la oración se degenerara de un fluir espontáneo a un plan rígido, dispensado rutinariamente por los líderes religiosos. La oración cambio de un privilegio a una obligación. De placer en la presencia de Dios a un requisito formulado por el hombre.

LA ORACIÓN: UNA PERSPECTIVA BÍBLICA

Para entender lo que Jesús tuvo que enfrentar, examinemos el impacto de la tradición en el judaísmo del primer siglo.

En aquel tiempo la oración se había degenerado en cinco áreas específicas:

a. La oración se había convertido en un ejercicio formal más bien que en una expresión libre. Había oraciones establecidas, normalizadas, un patrón rutinario y seco.

b. La oración era ritualista, de ninguna manera era espontánea. Había tiempo establecido para orar, tanto como los musulmanes de hoy se inclinan hacia La Meca en horas específicas diariamente. Había ciertos lugares para orar también; los más preferidos eran las sinagogas.

c. Las oraciones eran largas, llenas de palabrería. Se creía que el que oraba más largo, Dios le escuchaba más rápido. Y mientras más florido mejor. Una oración bien conocida no tenía menos de 16 adjetivos delante del nombre de Dios.

d. Había palabras y frases repetidas. Recordamos haber leído sobre esto entre la adoración idólatra de los gentiles “¡Baal, respóndenos!” (1º Reyes 18:26), pero en el primer siglo entró la misma tendencia en la sinagoga.

e. La oración vino a ser causa de orgullo más bien que expresiones humildes de las necesidades. Era un símbolo de distinción legalista orar bien. El sistema religioso seguido al pie de la letra, llevó a una ostentación pública en la que se extendían las manos, con las palmas hacia arriba... ¡en una esquina de la vía pública!

3. COMO LA ORACIÓN PUEDE SER EFECTIVA

Jesús pronunció tres declaraciones, todas ellas negativas, al sugerir el plan que hemos de seguir si deseamos una vida de oración que satisfaga y honre a Dios.

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a. NO SEA HIPÓCRITA

“Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser visto de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabado por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa... Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser visto de los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa... Cuando ayunéis, no seáis austeros, como los hipócritas; porque ellos demudan sus rostros para mostrar a los hombres que ayunan; de cierto os digo que ya tienen su recompensa” (Mateo 6: 1-2; 5; 16).

Jesús reservó algunos de sus más fuertes comentarios para la hipocresía. Está bien decir que Él la desprecia. El comentario que Él repitió, para dar énfasis, es que los que hacen las cosas para ser vistos reciben toda la recompensa que hayan de recibir, ahora. Él lo dice claro que no habrá nada que ganar más tarde. Más bien que presentar un espectáculo barato de esto, Jesús dijo:

“Más tú cuando ores, ENTRA EN TU APOSENTO. Y CERRADA LA PUERTA, ora a tu padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público”. (Mateo 6:6).

La oración nunca es algo que hacemos para ser vistos. Pierde todo su propósito si se convierte en una plataforma para impresionar a otros. Es un acto privado de devoción, no una demostración pública de piedad. Según Jesús, tiene lugar en el clóset de nuestra vida, un acto hecho en secreto.

La historia de Daniel es familiar a todos nosotros. ¿Recuerda la decisión del rey y cómo Daniel continuó orando tres veces al día? ¿Recuerda a dónde fue él a orar?

“Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”. (Daniel 6:10).

Ninguna demostración pública, sólo retirarse en silencio a su cuarto donde se encontraba en secreto con su Señor. Este era un hábito regular de Daniel. La ausencia de hipocresía impresiona.

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b. NO USE MUCHAS REPETICIONES

“Y orando, no uséis vanas repeticiones, como los gentiles, que piensan que por su palabrería serán oídos. No os hagáis, pues, semejantes a ellos; porque vuestro Padre sabe de qué cosas tenéis necesidad, antes que vosotros le pidáis” (Mateo 6:7-8).

Aun una lectura casual de estas palabras nos lleva a darnos cuenta de que Cristo nunca vio la oración como ruego o súplica o martillar ante el trono de Dios. No, el Padre conoce a sus hijos, ÉL sabe lo que necesitamos. Por lo tanto, no hay razón para pensar que para comunicarnos con ÉL requiera la mucha repetición de palabras especiales.

Para ser más específico; hoy, al igual que entonces, no hay parte en la vida cristiana que tenga más necesidad de frescura y espontaneidad que la oración. Ya sea oración desde el púlpito o reunión de un grupo de la iglesia para orar u oración antes de los alimentos o al comenzar una reunión, ¡abundan las repeticiones sin sentido! Palabras y frases trabajadas y aburridas continúan repitiéndose. ¡Libérese de esa cantinela tediosa! A los principiantes, se les reta a que oren sin usar “bendice” o “guía y dirige” o “ayuda a fulano de tal” o “Tu voluntad” o cualquier cantidad de esos términos institucionalizados, galvanizados.

En una ocasión, el evangelista Dwight L. Moody había recibido muchas bendiciones del Señor. En su abundancia, de repente se dio cuenta de que su Padre celestial estaba derramando sobre él más de lo que él podía manejar. Animado y desbordante, se detuvo para orar. En voz alta simplemente dijo: “¡DETENTE, DIOS!” Eso es espontáneo. Es también un cambio bello de “Eterno, poderoso maravilloso Padre de todas las cosas buenas, Tu mano abundante gloriosamente ha suplido nuestras necesidades más profundas. Cuán bendecidos y agradecidos estamos de venir a Ti y declararte ..., etc., etc. ¿Se puede imaginar usted a uno de sus hijos acercarse a usted así? Déjeme decirle, si uno de sus hijos se acerca así, lo más probable que usted lo mirara fija y directamente y se preguntara ¿Qué le pasará?

Escuchen orar a los cristianos nuevos. Esos que están frescos desde su nacimiento, que no han aprendido “cómo hacerlo” todavía, gracias a Dios. Ellos hablan con Dios como que ÉL es su amigo, ellos usan términos corrientes que cualquiera puede entender, y ocasionalmente se ríen o lloran. Es hermoso

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c. NO GUARDE NADA EN CONTRA DE OTRO

“Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; más si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas”. (Mateo 6:14-15).

Antes que Dios nos perdone, tenemos que estar seguros de que nuestra conciencia está clara. Un versículo conocido de los Salmos, a menudo debemos recordarlo cuando empezamos a orar: “A ÉL CLAMÉ CON MI BOCA, Y FUE EXALTADO CON MI LENGUA”. (Salmo 66:18). Si deseo limpieza, tengo que estar seguro de que las cosas están bien entre los demás y yo.

La oración incluye alabanza y acción de gracias, intercesión y petición, meditación y confesión. En la oración nos concentramos completamente en nuestro Dios; recibimos celo renovado para continuar, una visión más amplia de la vida, una determinación mayor para soportar. Cuando nos afianzamos en la oración, es sorprendente cómo ella afecta toda nuestra perspectiva.

Los cristianos deben darse cuenta de que Dios soberanamente está en control de todo. Nuestros tiempos literalmente están en sus manos. Ningún ser humano por decir unas cuantas palabras en oración, puede asumir los eventos y cambiarlos. Dios es quien determina, quien hace los cambios; es ÉL quien tiene el control. Es ÉL que, por medio de la oración nos cambia; y esta es una de las razones principales de que la oración sea una terapia tal que contrarresta la ansiedad.

4. UNAS PALABRAS FINALES DE ALIENTO

La oración nunca ha tenido la finalidad de hacernos sentir culpables. Nunca hubo la intención de que fuera una maratón verbal sólo para los iniciados... un código secreto de palabras para el clero o una exhibición pública de piedad. Nada de eso. La oración verdadera, la clase de oración que Jesús mencionó y modeló, es realista, espontánea, comunicación directa con el señor viviente que resulta en la liberación de la ansiedad personal y en una seguridad calmada de que nuestro Dios esta en control absoluto de nuestras circunstancias.

LA ORACIÓN: UNA PERSPECTIVA BÍBLICA

Debemos animarnos a comenzar de nuevo; formar nuevos hábitos mientras batalla con la vieja tendencia de volver a las palabras sin sentido. Obtener un afianzamiento fresco en la oración, es esencial para sobrevivir.

Francois Fenelon, un francés católico romano del siglo XVII da una breve descripción de la oración:

DILE A DIOS TODO LO QUE ESTÁ EN TU CORAZÓN, COMO EL QUE DESCARGA SU CORAZÓN, SUS PLACERES Y SUS DOLORES, A UN AMIGO QUERIDO. DILE TUS PROBLEMAS, PARA QUE TE PUEDA CONSOLAR; DILE TUS ALEGRÍAS, PARA QUE LAS PUEDA MODERAR; DILE TUS ANSIAS, PARA QUE LAS PUEDA PURIFICAR; DILE TUS DISGUSTOS, PARA QUE PUEDA AYUDARTE A VENCERLOS; HABLA CON ÉL SOBRE TUS TENTACIONES, PARA QUE ÉL PUEDA ESCUDARTE DE ELLAS; MUÉSTRALE LAS HERIDAS DE TU CORAZÓN, PARA QUE LAS PUEDA SANAR; CONFIÉSALE TU INDIFERENCIA HACIA EL BIEN, TUS GUSTOS DEPRAVADOS PARA EL MAL, TU INESTABILIDAD. DILE CÓMO EL AMOR PROPIO TE HACE INJUSTO CON LOS DEMÁS; CÓMO LA VANIDAD TE TIENTA A SER HIPÓCRITA; CÓMO EL ORGULLO TE DISFRAZA ANTE TI MISMO Y ANTE LOS OTROS.

SI TÚ ENTONCES DERRAMAS TODAS TUS DEBILIDADES, NECESIDADES, PROBLEMAS, NUNCA TE FALTARA QUÉ DECIR. NUNCA AGOTARÁS ESTE TEMA. SE RENUEVA CONSTANTEMENTE. A LOS QUE NO TIENEN SECRETOS ENTRE SÍ NUNCA LES FALTA DE QUÉ HABLAR. ELLOS NO PESAN SUS PALABRAS, PORQUE NO TIENEN NADA QUE ESCONDER; TAMPOCO BUSCAN ALGO QUÉ DECIR. ELLOS HABLAN DE LA ABUNDANCIA DEL CORAZÓN, SIN PREMEDITACIÓN DICEN LO QUE PIENSAN. BIENAVENTURADOS LOS QUE OBTIENEN UNA COMUNIÓN TAN FAMILIAR, SIN RESERVAS CON DIOS.