Olfato

Sentidos. Nariz humana. Olores. Rinitis. Sinusitis. Senos paranasales. vías respiratorias

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Índice

N° pág.

1 Portada

3 Introducción

3 Evolución

4 Clasificación de los sentidos

5 El olfato

5 ¿Cómo llegan las sustancias olorosas a nuestra nariz?

5 ¿Cómo percibimos los olores?

6 La nariz humana

7 Sentido del olfato

7 Los senos paranasales

7 Relación entre los senos paranasales y la órbita

8 Senos frontales

8 Senos etmoidales

9 Senos esfenoidales

9 Senos maxilares

10 Enfermedades

10 Sinusitis

14 Bibliografía

Introducción

¿Para qué sirven los sentidos?

Los sentidos se han desarrollado en los seres vivos como los instrumentos que les sirven para poder tener una relación o una interacción con el resto del Universo que los rodea. El propósito fundamental de los órganos de los sentidos es recabar información acerca del medio circundante para poder sobrevivir. Así por ejemplo, es necesario ver qué hay alrededor de uno para evitar cualquier peligro.

El sentido del tacto ayuda a los seres, entre otras cosas, a obtener los primeros conocimientos sobre cómo son los objetos que nos rodean. Tocando y palpando los objetos adquirimos conciencia de ellos.

Los sentidos del olfato y del gusto han ayudado a los seres a catalogar los elementos que le pueden servir de alimento. Un objeto que está en putrefacción emite ciertas sustancias químicas que tenemos la capacidad de detectar y sabemos, sea por herencia genética o por aprendizaje, que nos pueden dañar, por lo cual nos abstenemos de comerlo.

Los movimientos de muchos objetos generan ondas en la atmósfera que sentimos como sonido. Los seres han logrado desarrollar un órgano capaz de recibir este tipo de información, el oído.

Sin la existencia de los sentidos no podríamos desarrollar nuestra vida como hasta ahora. Apreciamos la necesidad de los órganos de los sentidos cuando, por desgracia, llega a faltar alguno. Intentamos entonces sustituirlo, pero como se sabe esta sustitución es, en general, incompleta.

Evolución

El desarrollo de los sentidos que ha experimentado el hombre ha sido controlado por el fenómeno evolutivo y ha estado íntimamente relacionado con las condiciones físicas y químicas del ambiente que nos ha rodeado en el transcurso de los tiempos. De hecho, la forma de funcionar de nuestros sentidos es una consecuencia de la adaptación al medio.

Los sentidos del gusto y del olfato también se han desarrollado para poder adaptarse a evitar peligros en la ingestión de alimentos que ya están descompuestos y que presentan un peligro al ingerirlos, así como alimentos venenosos que, en general, desprenden cierto número de sustancias químicas que al llegar a la nariz las detectamos; de esta forma se ha aprendido, en el transcurso de la evolución de la vida a rechazarlas. Existen también sustancias venenosas o podridas que no huelen. Sin embargo, al probarlas con la lengua se ha aprendido a saber que no nos convienen porque nos causan daño.

El conjunto de órganos que componen el sistema sensible del cuerpo se ha desarrollado adaptativamente de una manera muy fina. Es así que el hombre es poseedor de un conjunto de aparatos que le han ayudado a sobrevivir a diferentes peligros y además le han permitido estar en íntimo contacto con la naturaleza que está a su alrededor.

Clasificación de los sentidos

Los sentidos se han desarrollado para poder captar la información que se presenta en la naturaleza en formas diversas. Esta información está basada en diferentes fenómenos físicos y químicos. De hecho los sentidos son sensores que están "diseñados" para percibir de manera muy precisa cierto tipo de información.

Estamos rodeados de radiación electromagnética, una parte de la cual es la luz que podemos ver. Esta radiación la percibimos por medio de los ojos, que son el órgano de la vista.

Los órganos del tacto y del oído están basados en fenómenos que dependen de deformaciones mecánicas. Así, el órgano del oído registra ondas sonoras que están formadas por variaciones en la densidad del aire, variaciones que se pueden captar por las deformaciones que producen en ciertas membranas. El tacto y el oído son los sentidos mecánicos.

Otro tipo de información que nos puede llegar es por medio de distintas moléculas químicas que desprenden las sustancias. Somos capaces de detectarlas por medio de los sentidos, digamos químicos, que son el gusto y el olfato.

Los descritos constituyen los cinco sentidos tradicionales: la vista, el oído, el tacto, el olfato y el gusto. Sin embargo, los seres vivos somos muy complejos. Somos capaces de sentir, es decir, percibir información, que nos ayuda de muchas otras formas. Así por ejemplo, somos también capaces de percibir el equilibrio que guarda nuestro cuerpo. También existe otro tipo de sensaciones a las que podemos ser sensibles como el hambre, la sed, etc. Podemos afirmar que en realidad tenemos una cantidad de sentidos que es mayor a cinco.

En general, los elementos que nos permiten sentir o percibir la información que nos llega son microscópicos; sin embargo, estos elementos se agrupan en estructuras que forman órganos de tamaño macroscópico, como el oído, el ojo, etc.

Además,de acuerdo a la procedencia de los estímulos que captan, los receptores se clasifican en:

1. Exteroceptores: perciben los estímulos del medio

a su vez se subdividen en:

- telerreceptores (visión y audición)

- quimiorreceptores (gusto y olfato)

- receptores cutáneos (tacto)

2. Propioceptores: Se ubican en los músculos, tendones, alrededor de las articulaciones y en el oído interno. Son de gran importancia en la regulación de los movimientos corporales.

3. Interoceptores: Los encontramos en las vísceras, en los órganos de los sistemas digestivos, respiratorio y reproductor, de estos la mayoría no originan sensaciones, desencadenan acciones reflejas de gran importancia para el correcto funcionamiento interno del organismo.

El olfato

Es el sentido que nos permite oler. Este fenómeno ocurre cuando ciertas sustancias se introducen en la nariz y tenemos la sensación de oler.

Antes de que podamos oler cualquier cosa, las sustancias que se desprenden de ésta deben llegar a nuestra nariz. En general, las moléculas olorosas experimentan dos procesos antes de llegar a nuestra nariz. El primero de ellos ocurre cuando las moléculas se desprenden de la sustancia en que se encuentran y el segundo al transportarse estas moléculas hasta nuestra nariz.

¿Cómo llegan las sustancias olorosas a nuestra nariz?

Cuando estamos en un extremo de una habitación y alguien abre una botella de perfume, en el otro extremo oleremos el perfume aun con los ojos cerrados y sin que se nos avise de su presencia. Los fenómenos que ocurren para que esto suceda son los siguientes: en general, a cierta altura sobre el nivel del mar, o sea para cierto valor de la presión atmosférica, las temperaturas ambientes son un poco más altas que la temperatura de evaporación del perfume. Por tanto, al dejar abierta la botella el perfume se evapora. Cuando la botella está cerrada, al evaporarse el perfume y no poder escapar el gas, la presión que experimenta el perfume aumenta por lo que su temperatura de evaporación también aumenta. Este aumento rebasa el valor de la temperatura ambiente y en consecuencia deja de ocurrir la evaporación.

Mientras más alta sea la temperatura de la localidad, mayor será la cantidad de perfume que se evapore. Asimismo, mientras menor sea la presión atmosférica, o sea mientras más alto estemos sobre el nivel del mar, mayor será la cantidad de perfume que se evapore.

Una vez que se empieza a evaporar el perfume, su concentración aumenta en la cercanía del lugar en que se encuentra la botella, generándose una diferencia de concentración. Así empieza a operar otro mecanismo, el de la difusión. El perfume se empieza a difundir a todo el volumen de la habitación hasta que algunas de sus moléculas llegan a nuestra nariz.

Si en la habitación hubiese viento, entonces además de la difusión, las moléculas del perfume serían arrastradas por el viento.

También podemos oler algunas sustancias que son sólidas. En estos casos lo que ocurre es que el valor de la presión atmosférica es menor que el valor del punto triple del sólido y por tanto, a una temperatura suficientemente alta el sólido se sublima, es decir, pasa directamente de sólido a gas, sin hacerlo por la fase líquida. De nuevo una vez que hay gas de la sustancia, empieza a operar el mecanismo de difusión.

Al entrar en una cocina olemos la comida que se está cocinando. En este caso, como es fácil convencerse, de las ollas sale gas o vapor con moléculas de la comida; que por medio de la difusión llegan a nuestra nariz.

¿Cómo percibimos los olores?

Cuando un objeto, emite un olor y nos llega a la nariz esto quiere decir que moléculas de dicho objeto se han desprendido de él y llegado, por difusión o arrastre, a nuestra nariz. Estas moléculas entran en la nariz debido a la aspiración que realizamos cuando respiramos. En este proceso, el aire que inhalamos arrastra a las moléculas que están en la vecindad de la nariz. La corriente de aire que entra da lugar a una corriente secundaria que pasa por el epitelio sensitivo. La cantidad de aire y por tanto la fracción de moléculas del objeto oloroso que se deposita en el epitelio es muy pequeña.

También llegan corrientes de aire desde la boca. La comida que tenemos en la boca también despide moléculas que son arrastradas hasta el epitelio sensitivo. Este hecho tiene como consecuencia que la sensación predominante al comer provenga no del gusto que se inicia en la lengua sino del olfato.

La sensación de oler se experimenta cuando las moléculas aromáticas llegan a la mucosa nasal, en donde se disuelven. Así, estas moléculas entran en contacto con los cilios.

Hasta hoy en día no se ha podido determinar con certeza el mecanismo por medio del cual se inicia el proceso a través de los receptores nerviosos que nos dan la sensación de oler. Mencionaremos algunas ideas que se han expuesto y que parecen tener algunos elementos que pueden ser verdaderos.

En primer lugar, en general, somos muy sensibles a una cantidad extraordinariamente grande de olores distintos. A primera vista podríamos pensar que hay un nervio olfatorio sensible a cada olor posible. Sin embargo, hasta hoy en día no se han encontrado estas diferencias en los cilios nasales.

En muchos casos resulta que la presencia de un átomo particular en la molécula de la sustancia olorosa es la que le da su olor peculiar. Como ilustración podemos mencionar el caso del agua, cuya molécula tiene un átomo de oxígeno y dos de hidrógeno, H2O. Si se sustituye el átomo de oxígeno por uno de azufre se obtiene el sulfito de hidrógeno, H2S. Esta última sustancia despide el olor de huevos podridos. Vemos que la sustitución de un átomo de oxígeno por uno de azufre lleva a cambios notablemente desagradables en el olor de las sustancias.

Por otro lado, existen algunas evidencias de que no es nada más la composición química específica de las moléculas olorosas, sino también su forma la que hace que reaccionemos a su olor. En efecto, existen sustancias cuyas moléculas tienen composiciones químicas diferentes pero con formas muy parecidas, y sentimos que tienen olores muy parecidos.

Sin embargo, la explicación desde el punto de vista molecular de cómo olemos sigue sin respuesta definitiva.

La nariz humana

La nariz tiene varias funciones primordiales: por una parte constituye el órgano del sentido del olfato, pues el hombre es capaz de discriminar entre dos mil y cuatro mil olores. Además, forma parte de la vía respiratoria filtrando, calentando, humedeciendo el aire y expulsando materiales extraños recogidos por el aire.

Por nariz se entiende la pirámide nasal visible en la cara o nariz propiamente tal y su cavidad, la cavidad nasal, que se extiende desde los orificios nasales externos por delante hasta las coanas u orificios nasales posteriores que comunican la cavidad nasal con la nasofaringe. La cavidad nasal está dividida en dos mitades por el tabique nasal; a cada mitad se le conoce como fosa nasal; de su pared externa ósea se originan dos láminas óseas perpendiculares llamadas cornetes superior y medio, que dividen parcialmente a cada fosa en cavidades más pequeñas llamadas meatos: bajo el cornete superior está el meato superior; bajo el cornete medio está el meato medio; una tercera lámina ósea independiente, llamada cornete inferior, origina el meato inferior, cavidad cuyo techo es el cornete inferior, y cuyo piso es el piso de (a fosa nasal; en el meato inferior termina el conducto lacrimonasal, que comunica el ángulo interno del ojo con la nariz. Cada fosa nasal se une por medio de orificios en su pared ósea externa con los llamados senos paranasales, cavidades que se encuentran en el interior de los huesos maxilares, frontal, esfenoides y etmoides.

La cavidad nasal presenta tres zonas: el vestíbulo, que es la parte más anterior e inferior de la nariz, y está tapizada por piel; la llamada región respiratoria, que se continúa con el vestíbulo y se comunica con la nasofaringe, y está tapizada por una membrana mucosa de tipo respiratorio; y, por último, la región olfatoria, ubicada en el cornete superior y tercio superior del tabique nasal, donde llegan filetes nerviosos que atraviesan los orificios de un hueso llamado etmoides, cuyo conjunto origina el nervio olfatorio, que alcanza el llamado bulbo olfatorio, que se continúa con las llamadas cintillas olfatorias, cuyas fibras llevan los estímulos al cerebro y cerebelo.

Sentido del olfato

El olfato se localiza en el epitelio nasal. El epitelio olfatorio está ubicado en el techo e la cavidad nasal (ver esquema), el epitelio contiene cerca de 20 millones de células olfatorias especializadas, con axones que se extienden hacia arriba, como fibras de los nervios olfatorios. Esas fibras penetran la delgadísima placa cribada del hueso etmoides, situado en el piso del cráneo, a través de los poros de aquél hueso. El extremo de cada célula olfatoria de la superficie epitelial ostenta varios vellos olfatorios que, al parecer, reaccionan a los olores (sustancias químicas) presentes en el aire.

A diferencia de los bulbos gustativos, que sólo son sensibles a unas cuantas categorías de sabores, el epitelio olfatorio reacciona según se cree a unas 50 sustancias. Las mezclas de esas sensaciones olfatorias primarias generan el amplio espectro de olores que el humano es capaz de percibir. Los órganos olfatorios reaccionan a cantidades notablemente pequeñas de sustancias. Por ejemplo la ionona, que es el sustituto artificial del aroma de las violetas, puede detectarse por casi todas las personas cuando su concentración en el aire es de apenas una parte por más de 30 000 millones de partes de aire.

A pesar de su sensibilidad, el olfato es quizás el sentido que se adapta con mayor rapidez. Los receptores olfatorios se adaptan en un 50% durante el primer segundo de estímulo, de modo que hasta los más desagradables olores presentes en el aire dejan de ser percibidos después de unos cuantos minutos. Parte de la adaptación ocurre, según se piensa, en el SNC.

Los senos paranasales

Estos senos son prolongaciones neumatizadas o llenas aire de la porción respiratoria de la cavidad nasal localizan en los siguientes huesos craneales: frontal, etmoides, esfenoides y maxilar . Los senos se denominan de acuerdo con los huesos, en los que encuentran, de la siguiente manera: frontal, etmoidal, esfenoidal y maxilar.

Relación entre los senos paranasales y la órbita

El seno frontal es superior, el seno maxilar, inferior; el seno etmoidal, medial; y el seno esfenoidal posterior a la órbita. Estos senos están tapizados por una membrana mucosa que se continúa con la de las cavidades nasales. Sin embargo, la mucosa sinusal es más fina, menos vascularizada y no se adhiere tanto a las paredes óseas como la mucosa nasal. El moco segregado por las glándulas de la mucosa sinusal pasa a las cavidades nasales a través de los orificios (ocultos por los cornetes) de las paredes laterales.

Los senos paranasales se desarrollan como evaginaciones de las cavidades nasales, fundamentalmente después del nacimiento. Las aperturas originales de estas evaginaciones persisten como orificios en la cavidad nasal. Por consiguiente, todos los senos paranasales drenan directa o indirectamente a la cavidad nasal. Las secreciones de la mucosa sinusal acaban drenando por estos orificios hasta la cavidad nasal. La capa mucosa de los senos se continúa, además, con la mucosa de la nariz como consecuencia del origen sinusal como una evaginación de las cavidades nasales

Los senos paranasales varían considerablemente de tamaño y forma en las distintas personas y razas (por ejemplo los senos frontales suelen ser de pequeño tamaño en los orientales). La mayoría de los senos se encuentran en estado rudimentario o ausente en los recién nacidos. Al nacer, no se observa ningún seno frontal ni esfenoidal, pero habitualmente existen algunas celdas etmoidales y diminutos senos maxilares. Estos senos se expanden durante la infancia. Los senos frontal y esfenoidal se desarrollan durante la infancia y adolescencia. El desarrollo de los senos paranasales es esencial para que ocurra el cambio del tamaño y la configuración de la cara durante la infancia y para añadir resonancia a la voz durante la adolescencia.

Los senos frontales

Estas cámaras de aire se encuentran entre las tablas externa e interna del hueso frontal, detrás de los arcos superciliares y la raíz nasal. El tamaño de los arcos superciliares varía según el desarrollo; sin embargo, la prominencia de los arcos superciliares no se corresponde necesariamente con el tamaño de los senos frontales subyacentes. En general, los senos frontales se detectan en la radiografía a partir de los 7 años de edad.

Los senos frontales derecho e izquierdo raramente tienen el mismo tamaño y el tabique que los separa casi nunca se encuentran totalmente en el plano medio. En general, el seno frontal consta de dos porciones:

  • Una porción vertical en la porción escamosa del hueso frontal y

  • 2. Una porción horizontal en la porción orbitaria del hueso frontal. Una o ambas porciones pueden adoptar un tamaño grande o reducido.

    Si la porción supraorbitaria aumenta, el techo forma el suelo de la fosa craneal anterior y el suelo, el techo de la órbita. Los senos frontales varían de tamaño desde aproximadamente 5 mm (tamaño de un guisante) hasta ocupar grandes espacios que se extienden lateralmente en las alas mayores del esfenoides.

    En principio, puede haber varios senos frontales al mismo lado, cada uno de ellos con un conducto frontonasal independiente . En general, el seno frontal drena a cada lado por un conducto frontonasal. Los senos frontales están inervados por ramos de los nervios supraorbitarios (, que proceden de la división oftálmica del nervio trigémino).

    Los senos etmoidales

    Estos senos contienen varias cavidades de pequeño tamaño, denominadas celdas etmoidales, situadas dentro del laberinto etmoidal de la masa lateral del etmoides. Las celdas etmoidales forman el laberinto del hueso etmoides, que se encuentra entre la cavidad nasal y la órbita. El número de celdas varían entre 3 y 18 y su tamaño aumenta conforme se reduce su número. Los tabiques extraor­dinariamente finos de hueso, cubiertos de mucosa, forman un

    número variable de compartimientos o celdas etmoidales, co­nectadas entre sí, que terminan drenando a la pared lateral de la cavidad nasal.

    En general, los senos etmoidales no se visualizan en la radiografía simple antes de los dos años de edad. Si se produce una obstrucción al drenaje nasal, las celdas etmoidales pueden perforar la frágil pared medial de la órbita. Las infecciones graves de la órbita, que se originan por esta vía de diseminación, pueden provocar ceguera porque algunas celdas etmoidales posteriores se encuentran próximas al conducto óptico. La diseminación de la infección a partir de estas celdas puede también afectar a la vaina de duramadre del nervio óptico y causar una neuritis óptica.

    Los senos esfenoidales

    Estas áreas neumatizadas se localizan en el cuerpo del esfenoides y ocupan una cantidad variable del hueso, extendiéndose a veces por sus alas. Los dos senos están separados por un tabique óseo que normalmente no se encuentra en el plano medio. El cuerpo del esfenoides es una estructura hueca y frágil debido a la presencia de los senos esfenoidales. Estos senos se separan únicamente por finas láminas de hueso de otras estructuras muy importantes: los nervios ópticos y el quiasma óptico, la hipófisis del cerebro (glándula pituitaria), las arterias carótidas internas y los senos cavernosos e intercavernosos. El nervio etmoidal posterior y la arteria etmoidal posterior se distribuyen por los senos esfenoidales.

    Aunque a veces se afirma que los senos esfenoidales se hallan presentes al nacer (de manera diminuta). este hecho no suele aceptarse porque, en general no se visualizan los senos esfenoidales en las radiografías de cráneo de los recién nacidos. La opinión actual es que los senos esfenoidales proceden de una celda etmoidal posterior que comienza a invadir el seno esfenoidal aproximadamente a los dos años de edad.

    Los senos maxilares

    Constituyen la pareja de senos paranasales más voluminosos. Se trata de cavidades piramidales que ocupan todo el cuerpo de los maxilares. El techo del seno maxilar está formado por el suelo de la órbita. Las raíces de los dientes maxilares, sobre todo de los dos primeros molares, suelen producir una elevación cónica en el suelo del seno maxilar.

    El seno maxilar drena al meato medio de la cavidad nasal por una apertura en la porción superior de su base. Debido a la situación de esta apertura, resulta imposible que el líquido drene del seno maxilar, con la cabeza erecta, hasta que el seno se halla prácticamente repleto.

    Los senos maxilares son muy pequeños al nacer y se desarrollan lentamente hasta la pubertad. El desarrollo no termina hasta que no erupcionan todos los dientes definitivos (hasta los 25 años de edad). El seno maxilar es uno de los senos que se infectan con más frecuencia, probablemente porque su apertura se encuentra por encima del suelo sinusal, una localización inadecuada para el drenaje fisiológico. Además, cuando la membrana mucosa de este seno se congestiona, se puede obstruir el orificio maxilar. Para que se produzca el drenaje gravitatorio óptimo del seno maxilar, conviene tumbarse sobre el lado contrario al seno infectado. La proximidad de los dientes molares superiores al suelo del suelo maxilar plantea problemas potencialmente graves. Al extraer un diente molar superior, se puede fracturar alguna de sus raíces. Sí no se utilizan métodos de recuperación adecuados, el fragmento fracturado de la raíz puede ser impulsado hacia arriba dentro del seno maxilar. En consecuencia, se establece una comunicación oral entre la cavidad oral y el seno maxilar, La infección también se puede diseminar al seno maxilar a partir de un absceso originado en un molar superior.

    Como cada uno de los senos paranasales se comunica con la cavidad nasal a través de una apertura que se abre al meato de la cavidad nasal, las infecciones de las cavidades nasales pueden extenderse los senos, causando inflamación y tumefacción de la mucosa sinusal (sinusitis) con dolor local. A veces, s inflaman varios senos (pansinusitis) y el edema de la mucosa produce un bloqueo de uno o varios orificios sinusales de drenaje a la cavidad nasal. La inflamación de la mucosa sinusal suele acompañarse de una sensación de dolor en el diente, sobre todo en las personas con un hueso muy fino en la porción inferior de la pared sinusal.

    Los pacientes con fracturas de los huesos frontal, etmoides, maxilar o nasal deben saber que no es aconsejable que se suenen la nariz por la posibilidad que el aire de las cavidades nasales o de los senos paranasales se introduzca en el tejido subcutáneo, cráneo u órbita.

    Enfermedades

    Rinitis:

    Se denomina Rinitis a la inflamación de la mucosa nasal. Ataca tanto a adultos como a niños.

    Produce congestión, insuficiencia respiratoria nasal, picazón nasal, rinorrea y en algunos casos estornudos. En los niños, según la intensidad de sus síntomas puede disminuir la concentración, causar irritabilidad y trastornos del sueño.

    Factores predisponentes: son aquellos que no causan la rinitis pero favorecen la acción de los agentes causales.

    Entre ellos se encuentra el frío o calor extremo, la humedad en exceso y un bajo porcentaje de humedad, cambios de temperatura, cambios estacionales.

    La causa de las rinitis pueden ser:

    Infecciosa ( virales, bacterianas, específicas), puede ser aguda (no más de tres semanas de duración) o crónica (más de tres semanas de duración).

    La aguda es causada por exposición a cambios de temperatura, clima frío y reconoce a los virus como causante principal. Ésta es la causa más común en la infancia y se estima en 4-6 episodios anuales, viéndose incrementada dicha frecuencia en niños menores de 5 años. El contacto con enfermos en guarderías y colegios es un factor de contagio importantísimo. Puede experimentar una complicación con bacterias (estreptococo neumonieae, haemophilus influenzae).

    Se acepta que cuando los síntomas se prolongan más allá de una semana, es posible la complicación con una sinusitis. Hay factores condicionantes tales como la alergia, disfunción mucociliar (producido por síndrome de disfunción mucociliar, temperaturas altas, humedad baja), e inmunodeficiencias.

    Alérgica:

    Está presente la predisposición atópica en la familia. La congestión y el prurito naso-ocular, rinorrea líquida, estornudos. Los síntomas se desencadenan ante la presencia de un alérgeno (agente productor de la alergia).

    No sólo los alérgenos inhalatorios pueden producirla, también los que se encuentran en los alimentos y medicamentos.

    Existen seis signos clásicos: 

    Primero, por encima de los 5 años, la característica arruga nasal horizontal en los niños producida por la tendencia reiterada a restregarse la misma con la palma de la muñeca de abajo hacia arriba. 

    El segundo, es la línea de Denie, que es un pliegue profundo en la bolsa de los ojos. 

    El tercero, es la mucosa nasal edematizada y pálida (no está pálida en las infecciosas, por el contrario está rubeótica). 

    Cuarto, la rinorrea clara a modo de clara de huevo, son fuertemente indicativos de rinitis alérgica. 

    Quinto, el cuadro se completa con la presencia de estornudos y 

    Sexto, la identificación de uno o varios alérgenos.

    El test cutáneo, es simple de llevar a cabo y muy específico.

    No siempre hay correlación entre los anticuerpos presentes en la mucosa nasal, la reacción cutánea y los anticuerpos séricos.

    Una complicación indeseable de la rinitis alérgica es la sinusitis poliposa, la rinitis vasomotora y la hipertrofia de cornetes.

    Variada:

    (neurovegetativa, por factores mecánicos, por medicamentos, hormonal, gustatoria, física)

    La neurovegetativa, es la hipercolinérgica, cuyo cuadro es similar al alérgico pero sin alérgeno desencadenante. Se asocia a pirosis, bradicardia, sudoración.

    Entre los factores mecánicos, la desviación septal, crestas, espolones, y toda otra causa de obstrucción conduce a turbulencias del flujo aéreo y a retención de la mucosa la cual se infecta.

    La rinitis hormonal se halla en hipotiroideos.

    Los pacientes respiradores bucales, aún cuando se resuelva su obstrucción respiratoria, presentan dificultad para respirar por nariz, esto se explica por una disminución de la sensibilidad nasal por pérdida del estímulo por falta de uso. Los pacientes tienen una sensación subjetiva de falta de aire. La reeducación es mandatoria.

    Otra causa de rinitis son las partículas en suspensión que actúan como irritantes, tales como disolventes, pegamentos, gases.

    Otras Eventualidades en rinitis:

    La formación de costras en el vestíbulo nasal es un hecho común, las cuales animan al rascado digital el cual produce erosiones, excoriaciones y posteriormente sangrado que se manifiesta aun sin motivación aparente.

    La sinusitis es otra complicación frecuente en los riníticos.

    A nivel bronquial es causante y favorecedor de bronquitis a repetición.

    Una rinitis crónica (el problema más frecuente), puede ser simple o hipertrófica (con mucosa incrementada en su tamaño), pero también puede ser atrófica. La rinitis atrófica sobreviene como periodo final de otras rinitis, como consecuencia de cirugías o cauterizaciones amplias o infecciones específicas (Leishmaniosis, tuberculosis nasal, sífilis nasal) o hiperventilación nasal postcirugía funcional de fosas.

    Sinusitis:

    La sinusitis es la inflamación de la mucosa de los senos paranasales. 

    Los senos paranasales, son cavidades que contienen aire y están revestidas por mucosa de tipo respiratorio. Existen cuatro pares de senos: frontales, etmoidales, maxilares  y esfenoidales. Todos están comunicados con las fosas nasales a través de conductos u orificios.

     Colaboran a controlar la temperatura y la humedad del aire que ingresa a los pulmones. 

    Algunos, como los frontales recién se desarrollan hacia los 8 años de edad. Se denomina complejo ostiomeatal al orificio de desembocadura del seno y el espacio donde drenan  las secreciones.

    Como mecanismo de limpieza y autodepuración, elaboran una substancia llamada moco, la cual es transportada hacia la garganta por microvellosidades denominadas cilias. Las cilias se encargan de llevar hacia la faringe el moco con las partículas de suciedad y bacterias que arrastran.

    Síntomas:

    • Sinusitis aguda:

    • abundante secreción de mocomolestias oculares, nasales, cefalea a nivel de la unión de la frente con la nariz. La fiebre es rara, pero puede presentarse.

    • Sinusitis Crónica: Son pacientes que en general han padecido de cuadros agudos a repetición. 

             Sus síntomas suelen ser:

    • Congestión nasal crónica con insuficiencia respiratoria nasal todo el día (de día y de noche)

    • Cefalea

    • mal aliento (expresado por los allegados, el paciente no lo siente)

    • hiposmia / anosmia (disminución / anulación del olfato)

    Causas:

    Cualquier afección que altere el normal drenaje de secreción mucosa desde los senos paranasales hacia la fosa nasal es capaz de producir una sinusitis, en la medida que esa secreción estancada se infecta e infecta a la mucosa que la produce.

    • Infecciosos: Una rinitis que engrose la mucosa nasal, va a determinar el cierre de los conductos y orificios de desembocadura de los senos paranasales. Esto lleva a que las secreciones se estanquen y se infecten. La infección genera más inflamación y esto reasegura que los orificios y conductos se cierren aún más, generandose un círculo vicioso (feed back positivo). 

    Una rinitis puede ser producto de alergias, factores ambientales, virosis respiratorias, bacterias, tabaco, aerosoles, desinfectantes, disolventes e incluso medicamentos. 

    Una causa de vecindad, como ser una pieza dental con proceso periapical, cuyo ápice está dentro o en estrecha relación con el piso sinusal, puede ser la causal de una sinusitis.

    • Estructurales: Desviaciones de tabique, hipertrofia de cornetes, tumores.

    Complicaciones

    Cuando una sinusitis no es tratada o no responde al tratamiento, cabe esperar la presencia de complicaciones, hoy en día las más frecuentes son:

    celulitis orbitaria (complicación de sinusitis etmoidales)

    obstrucción tubaria (obstr. de la trompa que comunica el cavum con el oido medio)

    Otopatía serosa (líquido en el oído)

    disfonía (por deglución de secreciones)

    faringitis rinógena (por deglución de secreciones)

    Si bien están descriptas, no son comunes de ver las siguientes: abceso encefálico, meningitis, neuritis óptica, tromboflebitis del seno cavernoso, foco séptico a distancia en cualquier órgano,osteomielitis maxilar.

    Bibliografía

    Anatomía con orientación clínica

    Keith L. Moore

    Tercera edición

    Editorial Médica Panamericana

    Biología tercero medio

    Glavic - Ferrada

    Editorial Dolmen Educación

    Fichero práctico “El cuerpo humano”

    El Mercurio

    Suplemento Apuntes educación media

    N.o 23. Semana del 13 al 19 de Agosto de 1984

    Publicaciones Lo Castillo S. A.

    Revistas: La ciencia desde México.

    La ciencia para todos.

    Biología

    Ville

    Segunda edición

    Editorial Interamericana McGraw - Hill