Odisea; Homero

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  • Enviado por: Ariadna
  • Idioma: castellano
  • País: Chile Chile
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Las Mujeres de la Odisea.

Mujeres de la Odisea.

Reinas y Princesas Mortales.

  • Penélope: Esposa de Odiseo, hija de Icario y madre de Telémaco. Al comienzo del Canto I aparece como una de las preocupaciones fundamentales del héroe de esta epopeya, aunque luego él parece a ratos totalmente olvidado de ella en cuánto mujer.

  • Esta reina es la antítesis de Clítemnestra, mujer de Agamenón. Zeús, el padre de los dioses, dice que la familia de Odiseo no le acarrea ninguna desgracia sobre sí. En realidad, Penélope, sabia y discreta, con su fidelidad “a toda prueba”, sabe no sólo guardarse para su esposo, sino que tampoco acarrea ningún mal sobre él, ya que, de haberle sido infiel y haber aceptado a alguno de los pretendientes, habría entregado el oikos de su esposo, del cual ella es una parte importante, y, además, habría hecho caer a Odiseo, a su vuelta, en un acceso de hybris. (como le pasó a Orestes al regresar a Argos y ver la acción criminal de su madre)

    Penélope no rompe ningún esquema tradicional: no sale de su casa y prácticamente ni siquiera abandona sus habitaciones, en donde vive ocupada en sus labores de esposa y ama del hogar: tejer y administrar la casa, disponiendo comida y servicios para sus pretendientes, los cuales, a su disgusto y el de su hijo, han invadido el oikos de su esposo ausente.

    Cabe preguntarse, a propósito de la fidelidad de Penélope, si ésta quería realmente a su esposo o no.

    Por palabras de Telémaco a los pretendientes reunidos en la Asamblea (Canto II), se sabe que la mujer era casada por su padre y de acuerdo a la voluntad de éste. Al casarse, además, recibía una generosa dote - si era rica, como en el caso de Penélope - y, si se le quería devolver, su dote volvía con ella.

    Fuera de lo anterior, e independientemente de que Penélope haya sido casada con Odiseo mediante un acuerdo entre Icario y Laertes (los padres de ambos), al parecer ella sí habría llegado a amar a su esposo. Esto puede verse cuando una vez sale de sus habitaciones para hacer callar al aedo que recita los infortunios de los dánaos:

    “... royéndome va el corazón el pecho,

    pues en mí como en nadie se ceba un dolor sin olvido,

    que tal es el esposo que añoro en perpetuo recuerdo...”

    En las palabras de Penélope aparece el dolor que siente una mujer que ama a su esposo y añora tener noticias de él. Pero el aedo no cesa su canto pues Telémaco hace volver a su madre al lugar que le pertenece dentro del oikos: sus habitaciones de tejido. Más allá de este incidente con su unigénito, ella llora siempre por la vuelta de su esposo.

    • La cuestión del manto.

    A primera vista, Penélope aparece como una mujer débil y sometida a la voluntad de los hombres. Así, en ausencia de su esposo y siendo ya su unigénito un hombre (adulto), la reina se somete a la voluntad de su hijo y nunca trata de frenar sus actos, aunque a ella la haga callar públicamente, con lo cual da a entender que Telémaco, a pesar de su juventud, es el amo del oikos.

    Sin embargo, aunque no tiene poder suficiente para expulsar a los pretendientes, sí cuenta con la astucia (quizás la mejor arma de poder que Atenea le ha regalado a ambos cónyuges) necesaria para negarse al matrimonio con alguno de ellos. Con ayuda de su astucia, la reina logra tenerlos tres años engañados con la mentira de que contraerá nupcias apenas acabe un sudario para su suegro Laertes. De no haber mediado la traición de una de sus sirvientas, que relató a los pretendientes el que su señora tejía de día y destejía por las noches, quizás el engaño habría durado por más tiempo.

    Penélope, o mucho amaba a su esposo (lo cual no parece del todo imposible), o en mucho estimaba su honra; ella se sabe una parte del oikos y quiere que éste permanezca tal como su esposo lo dejara antes de partir a Troya, y, de paso, no ser ella la causante de la hybris de su marido.

    Así, no son vanas las palabras de Agamenón a Anfimedonte, uno de los pretendientes muertos por Ulises a su vuelta a Itaca:

    “¡ de cuán nobles entrañas Penélope ha sido, la hija

    sin reproche de Icario! ¡Cuán fiel su recuerdo de Ulises

    con quien moza casara!. Jamás morirá su renombre,

    pues los dioses habran de inspirar en la tierra a las gentes

    hechiceras canciones que alaben su insigne constancia”

    De hecho, el Átrida ya le había advertido a Odiseo la buena esposa que tenía:

    “... a tí no te vendrá por tu esposa la muerte

    que de mente bien cuerda y de honrado sentir en su pecho

    es la hija de Icario, Penélope, insigne en prudencia...”

    - Penélope, madre.

    Según lo ya señalado, la Reina no es poderosa como tal; la esposa es el “modelo de tales”; la administradora del oikos lo es sin par. Pero también Penélope es madre, y, como tal, la más abnegada de todas, Por amor a Telémaco ella es capaz de resistir el asedio de los aqueos en su casa, ya que si los dioses teníanlo a bien, algún día el oikos del padre sería del hijo. Penélope se maravilla de la nueva fortaleza de su hijo y le acata sin resistencia, si bien no deja de sufrir por él al enterarse de que sus pretendientes planeaban asesinar a su unigénito. El cariño de Penélope a Ulises no se sabe si es por éste correspondido; en cambio el amor por su hijo es tanto como el de éste hacia su madre: Telémaco no sólo se aflige por su hacienda, sino más por la triste suerte de Penélope que tendrá que casarse con uno de los que roban su riqueza, a pesar de no quererle, para también protegerle a él, que es demasiado joven e inexperto como para velar por su oikos. Por lo mismo, el muchacho inicia su viaje sin dar cuenta a su madre, preocupado por su sufrimiento y el dolor y preocupación que pueda causarle.

    - Penélope piadosa..

    Penélope, como mujer griega, y con todos los lazos sanguíneos que posee, acude a la protección de la diosa que tan bien la dotó con astucia, sabiduría y discreción para pedir por su hijo.

    Es esta Penélope pía la que nos muestra la fragilidad de este personaje femenino: ha podido resistir todo en los últimos veinte años de su vida, sola y con un niño en brazos y un enorme oikos que administrar y cuidar, manteniendo su honra y pudor intactos. Sin embargo, acude a la diosa protectora de su esposo para pedir, ya no por él, resignada a la idea de que quizás ya ha muerto; sino por su hijo, el joven Telémaco.

    Penélope, de estirpe divina es mortal a pesar de todo, es, ante todo, madre, y todo cuanto haga es por la seguridad - en todo sentido - de su hijo. En esa lógica, esta mujer recurre a la piedad para con Atenea, recordándole a la diosa las ofrendas de su esposo a ella para pedir ahora por su hijo:

    “... Si Ulises mañero quemó en sus palacios

    para ti alguna vez pingües muslos de toro u ovejas,

    haz memoria de ello, rescátame al hijo y rechaza

    a esos hombres henchidos de mala soberbia”

    Pero no sólo es piadosa al solicitar a Atenea protección para su hijo, sino también lo es para con los huéspedes, aún cuando estos sean ancianos vestidos con harapos. Penélope, como reina, no olvida la piedad que debe mostrar hacia los huéspedes, más aún si estos pueden, virtualmente, entregarle noticias de su esposo.

    2. En antítesis a Penélope aparecen noticias de dos mujeres, curiosamente emparentadas con la misma, si bien de manera lejana: Helena, reina de Esparta, esposa de Menelao, y Clítemnestra, la esposa de Agamenón, rey de Argos, siendo ésta última la más perfecta oposición a Penélope.

    2.a) Clítemnestra: si bien podemos encontrar mayores detalles de ella en la tragedia de Sófocles “La Orestíada”, Homero también nos da cuenta de la acción de la malvada reina, mujer del Átrida Agamenón.

    A diferencia de Pénelope, ella no espera a su esposo. Si bien al comienzo le es fiel, pronto Egisto, como los pretendientes de Penélope, la incita a unirse a él, a pesar de que los dioses le advirtieron no podía tocarla por ser una mujer casada. Este detalle nos advierte no sólo la condición de monógamos desarrollada por los griegos, sino lo grave que era el adulterio dentro de esta sociedad.

    Al regreso de Troya, Agamenón es muerto por un ardid previamente planeado por Egisto y Clítemnestra a quien el Átrida en el Hades acusa de ser la causante de todas sus desgracias. En el asesinato de Agamenón no se considera el que Egisto haya caído en hybris, sino el hecho de que haya caído en ella por la acción de Clítemnestra, algo propio del pensamiento griego, por lo demás, que acusaba a la mujer de ser la causante de todos los males que pudiera un hombre sufrir.

    2.b) Helena: Aunque no es el modelo e ideal de esposa y madre, y mucho menos de Reina, la personalidad de Helena se mueve entre dos extremos: la buena y “perfecta” Penélope y la malvada Clítemnestra, culpable de las desgracias de su esposo.

    Por Helena los aqueos fueron hasta Ilión, por cuanto al irse ella con Paris (hijo de Príamo, rey de Troya), Menelao, su esposo, perdía no sólo a la madre de sus hijos, sino un bello “trofeo” de su oikos (por ser Helena una bellísima mortal). Por la alianza entre aqueos, Helena no sólo trajo la desgracia a su esposo, sino también a otros reyes y, de forma indirecta, a Penélope y Telémaco, por cuanto a la una la dejó sin su esposo y al otro sin padre.

    Helena no asume su culpa ante el hijo de Ulises, de visita en su casa, sino que achaca su desgracia a Afrodita:

    “...lloraba el error que Afrodita

    me inspirara al llevarme hasta allí de este suelo querido

    en el cual me dejaba a mi hija, mi lecho y mi esposo...”

    En sus palabras intuimos la falta de piedad de Helena, que no duda en culpar a la diosa de Citerea para no asumir su falta.

    A pesar de la desgracia que trajo a Menelao, éste perdonó su falta y la regresó con él al oikos, al lugar que le pertenecía por ser ella su esposa. Reinstalada en su casa, Helena se comporta como una señora digna de su esposo, sumisa en extremo a su marido, que no sólo ha legitimado a sus hijos con esclavas sino que, incluso, casa a Hermíone - su hija con Helena - el mismo día que casa también a Megapentes, hijo de él con una esclava.

    3. Areta y Nausícaa: La primera es la esposa de Alcínoo, rey de los feacios que ayudará a Odiseo a llegar a su Itaca añorada. La segunda es la princesa, hija de ambos. Las dos son canales seguros para ganarse la voluntad del rey Alcínoo y ambas, como Penélope, son admiradas por sus súbditos.

    Nausícaa será la que, inspirada por Atenea, ayude a Odiseo en su desgracia. La princesa feacia le procura vestidos y alimentos, y le ayuda a llegar a su padre en busca de la ayuda que el héroe requiere para volver a Itaca. Odiseo le alaba como a una ninfa de Artemisa, e incluso como a la propia diosa en cuestión, pero a la muchacha no parecen importarle lo suficiente los elogios del náufrago: se ocupa primero de ser una buena huésped y luego de que su reputación intachable no se vea mancillada por llegar con un extraño al pueblo. Es ella la que, sabiamente, aconseja a Odiseo para que busque en palacio a su madre, la Reina Areta, antes de dirigirse a Alcínoo.

    Areta era, según lo que Atenea le cuenta a Ulises, sobrina de Alcínoo. Al morir su hermano Réxenor, él la tomó por esposa.

    Entre los feacios, Areta es igual que la mujer de Ulises: prudente y sabia administradora de su oikos. Pero, además, tiene más poder: todo el pueblo le admira como a una diosa, incluso su esposo, en el que ejerce una enorme influencia; por ello Odiseo se dirige a ella primero.

    Areta y Penélope son muy comparables en honor y valía personal. Pero, a diferencia de Penélope, Areta no se ha visto nunca privada de su esposo, y es el amor y la confianza de éste hacia ella la que le da el poder que tiene.

    Diosas.

    1.Circe: Identificada por Ulises como hermana de Eetes, el dios de la mente perversa, e hija del Sol con Persa, hija del Océano. Habita en la isla de Eea.

    Esta deidad es famosa por ser, además de bella, una poderosa maga. Es la magia lo que la convierte en una mujer poderosa, tanto, que no tiene dificultad para apresar a los compañeros de Ulises, a los que transforma en cerdos. Sin embargo, a pesar de su poder, Odiseo cuenta con la ayuda y el favor de los dioses, quienes, a través de Hermes, le indica cómo someter a la indómita maga para que le devuelva a sus camaradas.

    Circe se convertirá en la amante del héroe, pero, a diferencia de Calipso, nunca pretenderá atar al mismo a su lado. Llega a estimarlo, ciertamente, como para ayudarle a llegar al Hades, pero ella sólo busca placer en él. Una vez satisfecha, no sólo le deja partir prontamente, sino que además le advierte de los peligros del camino.

    En Circe encontramos pues, una buena amiga y huésped, que “además”, como detalle aparte, llegó a ser amante de Ulises.

    2. Calipso: Ninfa, habita en la isla de Ogigia. Esta diosa, a pesar de saberse inmortal, llega a amar perdidamente a Odiseo, tanto, que llega a ofrecerle en reiteradas ocasiones la inmortalidad a éste para que pueda desposarse con ella. Como inmortal es poderosa, en tanto inmortal. Pero lo cierto, es que, como mujer, no es tanto más lo poderosa, puesto que ella misma reconoce ante su amado su inferioridad ante Penélope para atraerse sus amorosos favores, aún cuando sepa que la reina jamás podrá igualarse a ella desde su condición de mortal.

    Al parecer, Calipso recurre a la magia para mantener cautivo al héroe en su gruta por siete años.

    El amor que llega a desarrollar por el héroe es desinteresado. Cuando los dioses le ordenan lo deje partir, Calipso no le pone trabas, a pesar de lo que pudiera dolerle la partida de su amante. Está herida como diosa, porque ella siempre supo de la imposibilidad de que el héroe se quedara con ella a vivir, ya que, en sus reclamos a Hermes, le recuerda cómo los dioses siempre se han opuesto al amor entre mortales y diosas:

    “Sois sañudos, ¡oh, dioses, no hay ser que os iguale en envidia,

    no sufrís a las diosas que yazgan abierta y lealmente

    con mortales si alguno les place en esposo...”

    Pero también se encuentra lastimada como mujer, pues, ciertamente, se siente despechada por el héroe, que no hizo más que llorar en los siete años que estuvo con ella y que jamás llegó a amarla.

    Pero, como diosa, le deja partir. Sabe que pronto vendrá otro a quien ella pueda amar por un tiempo, y el que quizás si llegue a aceptar los dones divinos que ella le ofrezca. Es una amante enamorada, ciertamente, pero el amor no la vuelve irracional. Quizás sea su naturaleza divina, pero lo cierto es que la ninfa Calipso no se sentará a llorar porque Ulises tenga que partir a pesar de que el que el héroe cumpla su sino sea doloroso para ella.

  • Atenea: Hija de Zeús, diosa de la guerra y de los muchos ardides, como ella misma lo reconoce ante Odiseo:

  • “... y yo entre los dioses famosa

    soy por mente e ingenio...”

    Atenea es la protectora de Ulises y todo su oikos. Así, cuida de Telémaco y pone atención a los ruegos de la bella Penélope por su hijo y su esposo. Pero, por sobre todo, está atenta a cuidar de su amado Odiseo, quien le rinde especial tributo a ella; a quien en Troya ha reconocido como su protectora y guía, pero quien, con su astucia e ingenio, la manifiesta entre los hombres cada vez que con ellos se encuentra.

    Esta divinidad toma diversas formas para manifestarse a los hombres, pero, extrañamente, casi siempre adopta la de un hombre anciano, como sucede cuando llega al palacio de Ulises a encontrar a Telémaco, adoptando la forma de Mentes, un rey extranjero, y luego la de Méntor para ayudar al joven hijo del héroe. Quizás se deba esto a que ella también sabe que rara vez las mujeres son respetadas y menos aún tienen la posibilidad de expresar su opinión o de ser escuchados sus consejos.

    Atenea interviene en el consejo de los dioses, pendiente de que Odiseo reciba la ayuda de su padre Zeús para volver a Itaca. No puede enfrentarse directamente a la ira de su tío Poseidón - culpable de la tardanza del héroe - pero sí se las ingenia para que Zeús, el padre de los dioses, sea el que ayude a su protegido y ponga límites a la ira de su poderoso hermano.

    Por lo mismo, no debe entenderse el poder de esta diosa en cuanto mujer (o el tener carácter femenino), sino que está supeditado a su condición de diosa, de divinidad. Aún más: según mi entender, su poder va más allá: es poderosa porque es la favorita de Zeús, su padre, quien siempre está pendiente de satisfacer sus deseos.

    Las Mujeres de Ultratumba.

    Sin ser diosas, ellas ya han perdido su condición de mortales. Ahora forman parte del reino del Hades, son súbditas de Pérsefona, la esposa del dios de ultratumba.

    Odiseo, en su viaje al reino de los muertos, se encuentra con todas ellas, mandadas por la diosa del Hades a su paso.

    Resulta extraño el que el poeta ponga al héroe frente a estas mujeres muertas. Quizás haya querido en ellas explicar el destino común a todas las mujeres, por cuanto ellas van llegando juntas, de un lugar que es el mismo para todas, no importando su origen ni lo que hicieron mientras estuvieron vivas. Así es como encontramos a la bella Ariadna, mujer de Teseo, junto a Fedra, o a Epicasta (Yocasta), la madre impía de Edipo, junto a Cloris, la madre de Néstor de Pilo, el sabio rey. Al parecer, todas las mujeres terminan en el mismo lugar dentro del Hades.

    Euriclea y Anticlea.

    Me parece importante tocar este punto de sociabilidad dentro del oikos: el ama del oikos versus la esclava - hetaira del dueño de éste.

    Aunque al parecer Anticlea se llevó bien con la esclava Euriclea, e incluso permitió que esta criara a su hijo Odiseo y a su nieto Telémaco, Laertes, el padre del héroe que tan caro pagara por la esclava en cuestión, nunca pudo usarla para tener hijos. Al parecer, Anticlea era una mujer celosa y posesiva, y, además, amada y respetada por su esposo, ya que, de haber sido de otra forma, nada le habría importado a Laertes para darle hermanos a su hijo nacidos del vientre de su esclava, tal como lo hiciera Menelao, el rey de Esparta, con Hermíone, su hija legítima, que tuvo más hermanos nacidos de hetairas de su padre.

    Por tanto, puede concluirse que entre los griegos, si bien el adulterio femenino era condenado gravemente incluso por los dioses, al parecer no existía el mismo cuestionamiento para los hombres, que, incluso, podían, si así lo deseaban y tenían recursos para hacerlo, hacerse de esclavas para satisfacer sus deseos sensuales.

    Principales figuras femeninas de “La Eneida”.

    Dentro del texto de Virgilio encontramos las siguientes figuras femeninas:

    Mortales:

    • Creúsa, la mujer troyana de Eneas y madre de su hijo Ascanio.

    • Andrómaca, viuda del héroe troyano, Héctor. Camino a Italia, Eneas se encuentra con ella y su antiguo cuñado Heleno, ahora esposo de la bella Andrómaca. Representa el pasado del héroe.

    • Dido, la poderosa reina de Cártago, que tantas penas pasará por Eneas que llegará incluso al suicidio. Aparejada a ella, está también la figura de su hermana Ana, que ayuda con sus consejos a que Dido rompa la promesa de consagración a la memoria de Siqueo, su esposo muerto.

    • Lavinia, la princesa latina que fundará con Eneas la nueva estirpe en Roma.

    • Ágata, la madre de Lavinia, reina de los latinos.

    Diosas:

    • Juno: de fuerte carácter, hará hasta lo imposible para impedir a Eneas su arribo a Italia. Sólo la piedad de éste la pondrá finalmente de su lado.

    • Venus: la madre de Eneas, ayudada por su hijo Cupido logra que Dido, la cartaginesa, se enamore de su hijo mortal. Velará, como Atenea por Odiseo, para que el sino de su hijo se cumpla.

    Canto I, 341- 343.

    Canto XXIV, 194- 198.

    Canto XI, 444 - 446.

    Canto IV, 763 - 766.

    La reina está preocupada y regaña a Telémaco por haber permitido que se insultara al anciano que se hospeda en su casa, sin saber que es su esposo Ulises.

    Canto IV, 261 - 263.

    Única explicación posible, a mi juicio, para entender el por qué Odiseo se sienta a llorar por Itaca durante siete años y no hace nada por encontrar una solución para poder volver a su añorada patria en todo este tiempo.

    Canto V, 118 - 120.

    Canto XIII, 298 - 299.