Octavio Paz

Literatura hispanoamericana contemporánea. Poesía mexicana. Autores mexicanos. Biografías

  • Enviado por: Gabriel Godoy
  • Idioma: castellano
  • País: Argentina Argentina
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Octavio Paz

Octavio Paz (Ganador en 1990 del premio Nobel de literatura)

Breve semblanza

Octavio Paz es el poeta mexicano más prestigiado y controvertido de la segunda mitad del siglo XX. Nace en la ciudad de México en 1914, cuando el país se encuentra en plena lucha revolucionaria. Pasa parte de su niñ ez en los Estados Unidos y en su vida adulta vive en Francia y la India debido a su actividad como diplomático mexicano. Es galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1990. Muere en la ciudad de México en abril de 1998.

Su vida familiar se polariza entre dos figuras: su abuelo Irineo Paz, escritor, intelectual y allegado al gobierno de Porfirio Díaz y, su padre, Octavio Irineo Paz, simpatizante de la Revolución Mexicana y cercano a Emiliano Zapata.

La vida y la obra de Paz fueron y son motivo de atención y crítica.

En sus primeros años, los libros de Octavio Paz fueron alabados en forma casi unánime. Aún hoy, el llamado "primer Paz" es considerado por algunos críticos como el mejor. En contraste, para otros autores la obra de su madurez es la que lo define como gran poeta y ensayista. La crítica, en general, se ha centrado en algunos de sus libros como los ensayos El laberinto de la soledad y El arco y lira y los libros poéticos Libertad bajo palabra, Ladera Este, y El mono gramático. Aún está por realizarse el estudio sistemático de su obra conjunta. Salvo excepciones como El laberinto de la soledad y Libertad bajo palabra, es pobre la difusión de sus libros. Todavía hoy no es posible contar con la edición total de sus Obras Completas.

Paz y su siglo

El historiador y ensayista Enrique Krauze, uno de los más avanzados discípulos de Octavio Paz, lo ha definido como hombre de su siglo. Esta definición, aplicable a más de uno de los intelectuales del siglo XX, puede entenderse en varias formas; como hombre cuya vida inicia y termina en este periodo o bien, como un intelectual que dedicó su esfuerzo reflexivo y creador a escribir sobre el siglo XX y los hombres y mujeres que lo habitaron; o, también, como un crítico que analiza con elementos perspectivos de este siglo las creaciones de siglos anteriores. Para el caso de Octavio Paz caben estas tres posibilidades interpretativas de la definición de Krauze, puesto que vivió y nació en este siglo, también dedicó la mayor parte de su obra reflexiva crítica (con excepciones como el libro Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, y sus ensayos sobre algunos clásicos como Quevedo), a ensayar sobre temas y personajes de este siglo; y, asimismo, a reflexionar, con la mirada del Siglo Veinte, sobre acontecimientos y autores del pasado.

La posición crítica de Octavio Paz, equilibrada entre la tradición y la ruptura, se presenta para algunos autores como el arquetipo intelectual de este periodo. Como ejemplo de esta visión está la española Fanny Rubio, para quien Octavio Paz es el gran intelectual, sin par en su momento, en lengua española; en contrapunto, para otros autores como el mexicano Antonio Alatorre, Paz representa el prototipo del antiintelectual, más preocupado por su persona que por su pensamiento.

A partir de su ensayo El laberinto de la soledad, publicado al mediar el siglo, Octavio Paz se convierte en una voz buscada y escuchada en México. Pero su obra no se inicia en los años cincuenta del siglo XX, sino antes.

Si hemos de atender a sus palabras, Octavio Paz escribe poesía desde niño y reflexiones de tipo ensayístico desde la adolescencia. Un recorrido a través de su obra necesariamente habría que dividirlo en varias etapas y géneros. En cuanto a las primeras, deben considerarse las etapas juveniles en las que gravita alrededor de revistas literarias como Barandal y Taller, y, en su madurez, en publicaciones como el suplemento cultural Plural (del periódico Excélsior) y la revista Vuelta, de la que fue su fundador y director hasta el final.

En cuanto a los géneros literarios, su obra se desarrolla en la poesía y el ensayo. Escribió una pieza teatral, La hija de Rappacinni, que el propio Paz denomina como "poema dramático".

El primer Paz

Enrico Mario Santi recopila los primeros escritos de Octavio Paz, en un libro titulado Primeras letras (1931-1943)1. Es un periodo que abarca una veintena de años de gran importancia en la vida literaria de Paz, pues en estos textos se encuentra ya la simiente de algunos de sus ensayos más logrados y famosos. El caso más notable lo constituye el texto Poesía de soledad y poesía de comunión, fechado en 1943 en la ciudad de México, y que se constituye en el antecedente del ensayo El arco y la lira; primero de la trilogía2 en donde Paz expone su poética.

El Paz de Primeras letras, es un joven impetuoso, combativo y, por momentos, irreverente, que anda en busca del tono y sentido de su voz. Un dato relevante de este libro es que algunas de las inquietudes intelectuales tratadas en sus días juveniles (la crítica pictórica y poética, el Ser del mexicano y la política), se constituirán en los grandes temas de sus años de madurez. De ahí que en las páginas de Primeras letras logren hallarse las primicias de estos temas.

Primeras letras se realizó bajo la mirada crítica del propio Paz. Enrico Mario Santi revela en el prólogo su intención primaria de incluir todo el material que había hallado, sin embargo, al discutirlo con Paz, éste decidió excluir algunos de los textos y revisar otros más3.

La temática de Primeras letras se concentra en tres vertientes: la crítica literaria y poética de los autores que está leyendo en esos momentos (como Carlos Pellicer o Quevedo); la búsqueda del Ser de mexicano, y sus inquietudes intelectuales personales, como el erotismo (Sade: un más allá erótico) o la teoría poética (Poesía de soledad y poesía de comunión).

El contexto en que se enmarca esta etapa creativa de Octavio Paz, coincide con varios sucesos y circunstancias como: el momento más brillante del grupo poético mexicano Contemporáneos; el contundente influjo de Alfonso Reyes en el mundillo intelectual de México; el sonado impacto del libro de Samuel Ramos: El perfil del hombre y la cultura en México; la efervescencia intelectual del mundo hispánico como consecuencia de la Guerra Civil Española, y su matrimonio con Elena Garro.

Este primer Paz ensayista, encuentra su correspondiente poético en los libros: Luna silvestre (1933); ¡No pasarán! (1936); Raíz del hombre (1937); Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España (1937), y A la orilla del mundo (1942).

En 1945 se irá a París como funcionario menor de la Embajada mexicana.

Paz en su laberinto de liras, peras y otras edades

Al publicarse en 1950 El laberinto de la soledad, Octavio Paz alcanza fama y reconocimiento nacional y se inicia su ascenso internacional. Este libro es heredero indiscutible de la labor que realiza el grupo Hiperión de filósofos mexicanos a finales de la década de los cuarenta de este siglo, sobre la Identidad y el Ser del mexicano o , como ellos llamaban a su trabajo: "La búsqueda de una filosofía mexicana auténtica".

En los ensayos que forman El laberinto de la soledad, se evidencia una creciente madurez prosística de Paz y una definición, casi total, de su discurso narrativo. En estos momentos Paz es ya un hombre que se acerca a los cuarenta años de vida, con un caudal poético de varios libros y una trayectoria modesta, pero sólida, como crítico.

La temática del libro no es, de ninguna manera, original, ni para esa época ni, muchos menos, para el momento actual, sin embargo, aún en nuestros días resulta deslumbrante la forma en que son tratados algunos de los subtemas, como el relativo a las máscaras con las que el mexicano se resguarda del mundo. Son los años en que Paz se manifiesta con un gran deseo y pujanza creativa.

El laberinto de la soledad, marca el inicio de sus libros ensayísticos integrales que se caracterizarán por la elección de un tema para reflexionarlo en sus diferentes facetas. Esta característica se ahondará en la trilogía poética que inicia con El arco y la lira y Los signos en rotación4, continúa con Los hijos del limo y termina con La otra voz.

Así como en El laberinto de la soledad el ser del mexicano es lo central de la reflexión, en El arco y la lira y sus dos ensayos complementarios, la reflexión versa alrededor de la poesía, el fenómeno poético y el poema.

El arco y la lira se publica a mediados de la década de los cincuenta. A la escritura de este libro le preceden dos estadías en sendos países orientales: la India y el Japón. Al primero de ellos regresaría más tarde como embajador. Estas estancias, a decir del propio Paz en su libro Vislumbres de la India, son ricas en experiencias de vida y de copiosas lecturas. Se gestan en estos años los libros de poesía Semillas para un himno y Piedra de sol.

El arco y la lira inicia a Paz en un campo nuevo: la teoría crítica. El libro se fundamenta en tres preguntas que Paz se hace sobre la poesía: "¿hay un decir poético —el poema— irreductible a todo otro decir?; ¿qué dicen los poemas?; ¿cómo se comunica el decir poético?".

El arco y la lira representa uno de los textos más controvertidos de Octavio Paz. Desde su aparición es motivo de análisis acucioso ya que se trata de un texto en el que un poeta reflexiona teóricamente sobre la poesía y la propone como una forma de vida. Esta óptica Paz la ha asimilado de la corriente surrealista de André Breton. En el continente europeo el surrealismo era algo maduro, pero en América apenas comenzaba a dar frutos. De ahí que el libro levanta polémica sobre sus conceptos. En esos momentos México es un país con incipientes aspiraciones cosmopolitas y los creadores ávidos de internacionalismo encuentran en Paz a su representante. La publicación de El arco y la lira coloca nuevamente a Paz en el centro de la vida intelectual de México. A partir de ese momento, conceptos como tiempo, ritmo, origen y , sobre todo, otredad, quedan ligados a Paz.

Durante 1957 Paz publica un libro más de poesía: La estación violenta, y el ensayo: Las peras del olmo.

Las peras del olmo es una compilación de la actividad que Paz ha desarrollado en el periodismo literario. En la advertencia a la primera edición aclara: "Durante más de quince años —aunque nunca de manera continua— he practicado en diarios y revistas el periodismo literario y artístico. Los textos reunidos en este volumen son una selección de esa labor".

Éste es un libro editado como consecuencia de la fama renovada que le acarreó El arco y la lira. Se compone de dos partes, la primera dedicada a la poesía mexicana y, la segunda, titulada Otros temas, agrupa una variedad de reflexiones disímbolas tanto en las fechas en que son escritas como en la temática tocada5. Tres elementos destacan en este libro: 1) la aparición de un breve ensayo sobre Sor Juana Inés de la Cruz, en el que se encuentran los esbozos de lo que será el extenso ensayo, Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, sobre la poeta monja del barroco mexicano, 2) la publicación del texto antecesor de El arco y la lira, titulado Poesía de soledad y poesía de comunión, y 3) el que la variedad temática de la segunda parte incluye crítica pictórica, en este caso sobre Rufino Tamayo y Pedro Coronel; una aproximación a la literatura oriental en Tres momentos de la literatura japonesa, y un texto sobre el cineasta surrealista Luis Buñuel, en el que Paz asegura que los filmes La edad de oro y El perro andaluz: "señalan la primera irrupción deliberada de la poesía en el arte cinematográfico".

En estos años (1956), publica su única pieza teatral: La hija de Rappaccini. La obra se basa en un cuento homónimo, Rappaccini's Daugther, de Nathaniel Hawthorne, publicado en el libro Moses From an Old Manse en 1846. El cuento de Hawthorne, considerado por Nedda G. De Anhalt, como un brillante estudio sobre la locura y la maldad, se basa, a su vez, en un relato originalmente escrito en francés: Beatrice: où la Belle Empoisonneuse, de M. de l'Aubépine, que, asimismo, proviene de una leyenda india.

Según apunta Anhalt, tanto el cuento de Hawthorne como la pieza teatral de Paz, conservan los elementos del relato francés, en el que un joven italiano, Giovanni Guasconti, llega a Padua para continuar con sus estudios, alojándose en una habitación de un antiguo palacio que mira hacia el jardín de Rappaccini, por donde pasea Beatriz. El amor surge entre ambos jóvenes que, con tal de conservarlo, se disponen a retar a la muerte. En la obra de Paz, al final sólo Beatriz llega al sacrificio amoroso, pues el joven, llamado aquí Juan, traducción castellana de Giovanni, desiste a la muerte. En la última escena, Rappaccini y Juan lloran por distintas razones la pérdida de Beatriz. El amor, uno de los temas centrales de la poesía de Paz, aparece en la obra como algo no consumado por el temor de uno de los amantes a la integración total y definitiva con el otro; condición esencial de los amores trágicos y, por ello, heroicos.

En 1959, aparece la segunda edición de El arco y la lira, a cargo del Fondo de Cultura Económica. Esta nueva edición ha sido revisada minuciosamente por Octavio Paz, quien le suprime algunas partes y le añade otras. En esta revisión y pulimento del texto se privilegia lo poético del discurso ensayístico. En comparación, la segunda edición y subsecuentes, seducen y encantan más al lector. Como un hábil y amoroso maestro jardinero, Paz limpia la copa y tronco del árbol ensayístico. El resultado es notable.

El final de los años cincuenta se presentan para Paz radiante y de buen augurio para su regreso a la diplomacia y en 1962 es nombrado embajador de México en la India. El "joven poeta bárbaro"6 de los años cincuenta, regresaría al país de Gandhi como un sólido intelectual a encontrarse con una época creativa fructífera y dichosa y, también, con Marie José, la mujer más importante en su vida.

India: el segundo nacimiento

Octavio Paz no duda en calificar sus años en la India como memorables7. Y lo son, pues durante ellos encuentra el amor en Marie José y su creatividad se concreta en tres de sus libros fundamentales de poesía y en cinco ensayos8.

En 1963 comenzará a recibir premios. El primero, el Premio Internacional de Poesía de Knokke le Zoute, de Bélgica, que ya habían recibido Saint-John Perse y Jorge Guillén.

Asimismo, es el momento en que se definen su imagen de intelectual y humanista preocupado por las luchas sociales y firme crítico de los llamados "regímenes totalitarios". También es la época en que se presentan los movimientos sociales de finales de la década de los sesenta y que en México, de manera particular, llegaron a ser trágicos por la desmesurada represión gubernamental, orillando a Octavio Paz a condenar los hechos y, consecuentemente, a renunciar a su cargo como diplomático mexicano. Finalmente, será en los últimos años de los sesenta cuando se inicia su peregrinar por las universidades mundiales, particularmente las estadounidenses, impartiendo cátedras y conferencias.

La estancia en la India lo marca profundamente. Un recorrido por su poemas de esos años nos muestra el influjo presente en los temas y títulos de ellos. Paz dirá que lo vivido en la India fue "una educación sentimental, artística y espiritual". El cambio alcanza a las raíces vitales de su existencia.

La viveza del cambio se encuentra en la poesía de esos días; de manera particular en el libro Ladera Este, publicado en 1969. En contraparte, la prosa (poética en este caso), sobre la India debió esperar varios años más, hasta 1974, cuando aparece El mono gramático.

Es el momento cuando en la obra de Octavio Paz comienzan a aproximarse los discursos poético y prosístico. No es la primera vez, pero si la más clara, en que la prosa y la poesía se aproximan en el discurso de los textos o poemas.

Para la poesía esto supone una prosificación que obliga a un fluir discursivo en donde la cadencia del ritmo ya no se marca con los cortes de verso, sino en el interior del poema. Ello provoca que las imágenes aparezcan como un fluido continuo más que como una sucesión de cuadros léxicos; fluir que, sin embargo, conserva la imagen de un río en el que las hojas caídas de los árboles son, al mismo tiempo, imagen individual que nos habla de algo (las hojas mismas, el otoño, la desnudez del bosque) e imagen colectiva que con el agua y las hojas, nos dice algo sobre el tiempo y el movimiento.

Por su parte, la prosa se ritma con cadencia reconocible de poema. La imagen así lograda danza y su contenido traspone los márgenes del discurso intelectual abordando los terrenos de la magia imaginativa poética. El ejercicio de interpretación del mundo que supone el ensayo, se transforma en un ejercicio ritmado, sujeto, por ello, a las características del ritmo elemental descrito por Paz en El arco y la lira.9

Marie José

Para Octavio Paz, Marie José es La Mujer; la contraparte elemental de todo Hombre; la oportunidad temporal de completar el Ser. En 1964, de camino hacia Bélgica para recibir el premio Knokke le Zoute, se detiene unos días en París. Marie José y Octavio se habían conocido fugazmente en la India y en París se reencuentran. Paz recuerda así aquel momento:

Una mañana —azar, destino, afinidades electivas o como quiera llamarse a esos encuentros— me crucé con Marie José. Ella había dejado Delhi unos meses antes y yo ignoraba su paradero, como ella el mío. Nos vimos y, más tarde, decidimos volver juntos a la India. Recuerdo que una noche, un poco antes de mi salida de París, le conté a André Breton mi sorprendente encuentro y él me contestó citándome cuatro versos de un misterioso poema de Apollinaire (La gitana):

Sabiendo que nos condenamos

en el camino nos amamos;

lo que nos dijo la gitana

lo recordamos abrazados.

Nosotros, Marie José y yo, no obedecimos al oráculo de una gitana y nuestro encuentro fue un reconocimiento (...) En el encuentro de amor los dos polos se enlazan en un nudo enigmático y así, al abrazar a nuestra pareja, abrazamos a nuestro destino. Yo me buscaba a mí mismo y en esa búsqueda encontré a mi complemento contradictorio, a ese tú que se vuelve yo: las dos sílabas de la palabra tuyo...

(Vislumbres de la India, OC, v, X, p. 376)

Marie José y Paz se casaron en los jardines de la Embajada Mexicana en la India.

Marie José es una mujer atractiva, de mirada inteligente, suaves maneras y firme carácter. El amor que Octavio Paz le profesaba iba más allá de dedicarle sus libros de poesía y llegaba al punto de permanecer pendiente de ella. Una anécdota narrada por Tulio Demicheli, uno de los colaboradores de la revista Vuelta, ilustra esta amorosa preocupación. La labor de Demicheli en la revista lo obligaba a consultar con Paz el índice de cada número de Vuelta. Regularmente lo hacía en forma telefónica, pero en ocasiones se presentaba ante el poeta. Una de esas ocasiones tan pronto fue recibido, Paz le indicó que lo siguiera a la afueras del edificio donde habitaba:

Y salimos —cuenta Demicheli. No era normal que a Paz le diera por ir de paseo a tratar los asuntos de la revista. ¿Será un virus peripatético —pensé? No, esa criatura genera debate y controversia, anima la conversación y Paz no decía palabra: ni preguntó por Vuelta, ni especulaba sobre tema alguno, sólo estaba nervioso y mudo. Dimos una vuelta alrededor del edificio de (la avenida) Reforma. Increíble: el poeta escudriñaba los parterres del jardín, se agachaba, miraba por debajo de los coches y, cada vez, se impacientaba más. Por fin, me decidí:

— Dígame, Octavio, ¿qué busca?

Primero me miró como si yo debiera saberlo o, al menos, haberlo adivinado; y luego, respondió:

— El gato. Se ha escapado el gato de Marie-Jo. ¿Se da cuenta?

— No. Digo: sí, claro...

Debió sentirse raro. Insistió:

— ¿No sabe cuánto quiere Marie-Jo a su gato? Pues ha desaparecido. ¿Comprende? No está. El gato no está en la casa. He revisado todos los rincones, bajo la cama, en la biblioteca, en todas las recámaras, en la sala, y el gato no está. Tulio, tenemos que encontrarlo Anduvimos una hora larga en pos del gato...10

Hoy, Marie José, es la llama viva del espíritu del poeta y el alma de la Fundación Octavio Paz.

La última embajada

En México, una labor privilegiada para los intelectuales es el servicio diplomático. Si no todos, buena parte de ellos aprecia esta labor y se acoge a ella de buen grado. No son pocos los intelectuales mexicanos que han hecho carrera diplomática. Alfonso Reyes, José Gorostiza y el propio Octavio Paz, son tan sólo un ejemplo de ello. El Servicio Exterior Mexicano les permite a los intelectuales el contacto con la élite de otros países y una vida decorosa, que en ocasiones raya en el glamour. Las buenas maneras, el cultivo de la tolerancia y el refinamiento, son actitudes que gustan a los intelectuales y que florecen en los consulados y embajadas del mundo.

Octavio Paz comienza su labor diplomática en París hacia 1945. Seis años después sería enviado a la India. Así lo relata:

Un día el embajador de México (en Francia) me llamó a su oficina y me mostró, sin decir palabra, un cable: se ordenaba mi traslado. La noticia me conturbó. Y más, me dolió. Era natural que se me enviase a otro sitio pero era triste dejar París. La razón de mi traslado: el gobierno de México había establecido relaciones con el de la India, que acababa de conquistar su Independencia (1947) y se proponía abrir una misión diplomática en Delhi. Saber que se me destinaba a ese país, me consoló un poco: ritos, templos, ciudades cuyos nombres evocaban historias insólitas, multitudes abigarradas y multicolores, mujeres de movimientos de felino y ojos obscuros y centelleantes, santos, mendigos...11

Tan sólo unos meses después de su llegada es nuevamente trasladado. Va a Japón y después reside unos años en México. En 1962, es nombrado embajador en la India, labor que desarrollará durante los siguientes seis años. Octavio Paz describe esa época como "un periodo dichoso" en el que lee profusamente y escribe varios libros de poesía y ensayo, y se reencuentra y casa con Marie José.

Durante 1968 en varios países los estudiantes universitarios protagonizan movimientos políticos que desembocan en enfrentamientos con la policía. En México, el movimiento estudiantil es fuertemente reprimido. Un par de semanas antes de escenificarse los XV Juegos Olímpicos, el gobierno mexicano, presidido por Gustavo Díaz Ordaz, lanza al ejército contra los estudiantes. Octavio Paz, en su calidad de embajador, forma parte de ese gobierno y en los primeros momentos del conflicto estudiantil colabora proporcionando información y opiniones al respecto. En una comunicación fechada el 6 de septiembre de 196812, Octavio Paz detalla al Secretario de Relaciones Exteriores de México sobre las condiciones que presenta el movimiento estudiantil, en la India en particular y en el mundo en general; condiciones que atribuye a la latencia de demandas sociales irresueltas, al crecimiento demográfico y al acceso mayoritario de jóvenes a la educación universitaria. En el documento señala:

El desarrollo económico y su consecuencia más inmediata —la movilidad social— permiten pensar que, gradualmente, la población subdesarrollada será absorbida e incorporada. En efecto, el sector desarrollado crece día a día y disminuye el subdesarrollado. Todo es problema de tiempo: una evolución demasiado lenta o una suspensión de la movilidad social, pondría en crisis la estructura misma de la sociedad mexicana... Los problemas del sector desarrollado son muy distintos y su resolución no implica un cambio de la estructura social sino una reforma. Esta reforma, según se verá, tendría principalmente por objeto adaptar nuestro sistema político a las nuevas condiciones creadas por el desarrollo económico, entre las cuales destacan el nacimiento de una clase media (a la cual pertenecen los estudiantes) y crecimiento del proletariado urbano. Desde el punto de vista sumariamente expuesto en el párrafo anterior, los disturbios estudiantiles de México presentan analogías y diferencias con los de los jóvenes de París, Chicago, Milán, Tokio y Berlín Occidental. Puede decirse que forman parte de nuestro desarrollo: son la prueba de que hemos progresado y el precio que tenemos que pagar por ese progreso.

Diez días antes del inicio de los Juegos Olímpicos, en el barrio de Tlaltelolco, en la Plaza de las Tres Culturas, ubicada a un costado del edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el ejército mexicano atacó a los estudiantes y personas en general, que ahí realizaban un mitin. Al acto se le conoce como "La matanza de Tlaltelolco". La indignación y condena a esta acción resulta general. Muchas son las reacciones; una de ellas, la pública renuncia de Octavio Paz a su cargo como embajador de México en la India.

En una carta fechada el 4 de octubre de 1968 y clasificada como "confidencial y personal", Octavio Paz le dice al Secretario de Relaciones Exteriores:

Anoche, por la BBC de Londres me enteré de que la violencia había estallado de nuevo (en México). La prensa india de hoy confirma y amplía la noticia de la radio: las fuerzas armadas dispararon contra la multitud, compuesta en su mayoría por estudiantes. El resultado: más de veinticinco muertos, varios centenares de heridos y un millar de personas en la cárcel. No describiré a usted mi ánimo. Me imagino que es el de la mayoría de los mexicanos: tristeza y cólera. Desde hace veinticuatro años pertenezco al Servicio Exterior de México. He sido canciller, secretario de Embajada, Consejero, Ministro y Embajador. No siempre, como es natural, he estado de acuerdo con todos los aspectos de la política gubernamental pero esos desacuerdos nunca fueron tan graves o tan agudos para obligarme a un examen de conciencia (...) Es verdad que el país ha progresado. Sobre todo en su sector desarrollado, constituido tal vez por más de la mitad de la población; también lo es que la clase obrera ha participado, aunque no en la medida deseable y justa, en ese progreso y que ha surgido una nueva clase media. Pero este adelanto económico no se ha traducido en lo que, me parece, debería haber sido su lógica consecuencia: la participación más directa, amplia y efectiva del pueblo en la vida política. Concibo esa participación como un diálogo plural entre el gobierno y los diversos grupos populares. Es un diálogo que, de antemano, acepta la crítica, la divergencia y la oposición. Pienso no solo en el proceso electoral y en otras formas tradicionales y predominantemente políticas, tales como la pluralidad de partidos. Todo esto es importante pero no les menos que ese diálogo se manifieste, diariamente, a través de los medios de información y discusión: prensa, radio, televisión. Ahora bien, sea por culpa del Estado o de los grandes intereses económicos que se han apoderado en nuestro país de esos medios, el diálogo ha desaparecido casi por completo de nuestra vida pública. Basta leer a la prensa diaria y semanal de México en estos días para sentir rubor: en ningún país con instituciones democráticas puede encontrarse ese elogio casi totalmente unánime al Gobierno y esa condenación también unánime a sus críticos. No sé si estos últimos tengan razón en todo; estoy cierto de que no tienen acceso a los medios de información y discusión. Esta es, a mi juicio, una de las causas, tal vez la más importante, de los desórdenes de estos días (...) Ante los acontecimientos últimos, he tenido que preguntarme si podía seguir sirviendo con lealtad y sin reservas mentales al Gobierno. Mi respuesta es la petición que le hago llegar: le ruego que se sirva ponerme a disponibilidad, tal como lo señala la Ley del Servicio Exterior Mexicano. Procuraré evitar toda declaración pública mientras permanezca en territorio indio. No quisiera decir aquí, en donde he representado a mi país por más de seis años, lo que no tendré empacho en decir en México: no estoy de acuerdo en lo absoluto con los métodos empleados para resolver (en realidad: reprimir) las demandas y problemas que ha planteado nuestra juventud.

El 16 de octubre, Octavio Paz recibe un telegrama aceptándole su renuncia. Durante los siguientes tres años no regresará a México.

Epilogo

El ensayo es para mí la más completa de las manifestaciones literarias, puesto que permite la conjunción en su discurso de la sensibilidad de la poesía y la reflexión crítica de la razón. Hay en él un culto, acaso un reencuentro o reconciliación, con lo Sapiens del Hommo Spiritualis que somos. Escribir y leer un ensayo es entrar y posesionarse de la mente sensible, crítica y comprometida que forma el ser humano del escritor y, al mismo tiempo, es permitir la entrada y posesión de nuestro ser por el ensayista.

Como en ningún otro de los géneros literarios, el ensayo es fusión entre los seres que se encuentran a través del discurso. Jamás será igual la vida después de encontrarse con los ensayos de Borges o de Alfonso Reyes, de Germán Arciniegas o del propio Octavio Paz. La vida cambia para siempre después de leer un texto ensayístico de alguno de estos seres. Sé que los poetas dicen que algo así sucede con la poesía y quizá es cierto que el alma se libera entre los versos, pero en el ensayo sucede algo más que una liberación momentánea, se produce una necesidad de libertad permanente, una perenne búsqueda de la esencia del ser; una sed inagotable por el deleite que producen el comprender y el interpretar: por el saber. El sentido del ser encuentra en el ensayo la posibilidad de comprensión y a él se sujeta.

Tiene el ensayo otra virtud: no pretende ser verdad colectiva; le basta con ser verdad individualizada. Después de todo, en el mundo no hay más que individuos.

Los ensayos de Octavio Paz son una de las verdades individuales de este mundo. Reconocerse en ellas nos permite saber que los individuos de distintas latitudes y épocas han sido y son constantes en su búsqueda del ser. Que han estado aquí y, espero, continuarán estando, con la irrenunciable tarea de comprendernos.

Notas

Enrico Mario Santi describe en el prólogo titulado "Recargo", el contenido de este libro: "Nuestro libro se divide en cuatro secciones, aparte de nuestros prólogos [uno de Paz y otro de Santi] y mi introducción. La primera, `Vigilia

-----------------------------------------Breve resumen de Octavio Paz ----------------------------------------------

Octavio Paz

(1914-1998)

Poeta y ensayista mexicano nacido en Mixcoac.

Primeros años

Pasó su niñez en la biblioteca de su abuelo, Ireneo Paz. A los 17 años fundó la revista Barandal. En 1933 publicó su primer libro, Barandal también y fundó Cuadernos del Valle de México. Lector atento de la revista Contemporáneos, conoció a poetas modernos, como T. S. Eliot y Paul Valéry. En 1937 marchó a Yucatán a dar clases en el campo, y poco después se casó con Elena Garro, con quien asistió ese mismo año al Congreso de Escritores Antifascistas en Valencia (España). Ahí publicó Bajo tu clara sombra (1937), y entró en contacto con los intelectuales de la República Española y con Pablo Neruda.

Ya de regreso en México se acercó a Jorge Cuesta y Xavier Villaurrutia y publicó ¡No pasarán! y Raíz de hombre. Con Efraín Huerta y Rafael Solana, entre otros, fundó la revista Taller en 1938, en la que participaron los escritores españoles de su generación exiliados en México. En 1939 publicó A la orilla del mundo y Noche de resurrecciones. En 1942, a instancias de José Bergamín, dio una conferencia, "Poesía de soledad, poesía de comunión", en la que establecía su diferencia con la generación anterior, y trataba de conciliar en una sola voz las poéticas de Xavier Villaurrutia y Pablo Neruda. En 1944 con la beca Guggenheim pasó un año en Estados Unidos. En 1945 entró al Servicio Exterior Mexicano y fue enviado a París. A través del poeta surrealista Benjamín Péret conoció a André Breton. Se hizo amigo de Albert Camus y otros intelectuales europeos e hispanoamericanos del París de la posguerra. Esta estancia definirá con precisión sus posiciones culturales y políticas; se alejó del marxismo y se acercó al surrealismo, empezando a interesarse por los temas más diversos.

Elaboración de su poética

Durante la década de 1950 publicó cuatro libros fundamentales: El laberinto de la soledad (1950) retrato personal en el espejo de la sociedad mexicana; El arco y la lira (1956), su esfuerzo más riguroso por elaborar una poética; ¿Águila o sol?, libro de prosa de influencia surrealista; y Libertad bajo palabra. Este último incluye el primero de sus poemas largos, Piedra de sol, una de las grandes construcciones de la modernidad hispanoamericana. En 1951 viajó a la India y en 1952 a Japón, sitios que lo marcarán. Regresó a México en 1953 donde hasta 1959 desarrolló una intensa labor literaria.

En 1960 regresó a París y en 1962 volvió a la India, como funcionario de la embajada de México. Conoció a Marie José Tramini, con quien se casó en 1964. Publicó los libros de poemas Salamandra (1961), anterior a su viaje a la India, y Ladera este, que recoge su producción en ese país, y que incluye su segundo poema largo, Blanco. En 1963 obtuvo el Gran Premio Internacional de Poesía. Publicó los libros de ensayo Cuadrivio en 1965, cuatro ensayos sobre Luis Cernuda, Fernando Pessoa, Ramón López Velarde y Rubén Darío; Puertas al campo en 1966 y Corriente alterna, en 1967. Todos estos libros muestran el crisol de sus intereses: la poesía experimental y la antropología, Japón y la India, el arte mesoamericano, la política y el estado contemporáneos. En 1968 renunció a su puesto de embajador en la India debido a los asesinatos cometidos por el Gobierno de México, el 2 de octubre de ese año, cuando cargó el Ejército contra manifestantes universitarios, y en 1971 fundó en México la revista Plural, en la que colaboraron algunos de los escritores más importantes de la generación posterior.

Ese año publicó El mono gramático, poema en prosa en el que se funden reflexiones filosóficas, poéticas y amorosas, y en 1974 Los hijos del limo, recapitulación de la poesía moderna; en 1975, Pasado en claro, otro de sus grandes poemas largos, recogido al año siguiente en Vuelta, libro con el que obtuvo el Premio de la Crítica en España.

Reconocimiento universal

En 1977 dejó Plural e inició la revista Vuelta de la que fue su director hasta su muerte. El ogro filantrópico, continuación de sus reflexiones políticas, se publica en 1979, y dos años después obtiene el Premio Cervantes. En 1982 se editó Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, retrato de la monja mexicana y la sociedad mexicana del siglo XVII; en 1987, Árbol adentro, último volumen de poesía. En 1990 se le concedió el Premio Nobel de Literatura, y publicó La otra voz y Poesía de fin de siglo, que recoge sus últimas reflexiones sobre el fenómeno poético. En 1993, La llama doble y Amor y erotismo, y en 1995 Vislumbres de la India. De una personalidad exigente y exigida, su escritura ha sabido recoger distintas tradiciones e hilar variados intereses en una sola voz y una herencia plural. Además de sus poemas, buscó en otras áreas de la cultura coincidencias y cercanías que alimentaran su obra y abrieran espacios para la comprensión del mundo. Si su poesía viaja del vacío del yo a la plenitud del mundo y el amor, sus ensayos son un mosaico de reflexiones puntuales sobre los aspectos más diversos de nuestra época. Murió de cáncer a los 84 años en abril de 1998.