Obra narrativa de Pío Baroja

Vida e ideología. Estilo y concepción. Obra. El árbol de la ciencia

  • Enviado por: Isilwen
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 6 páginas
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TEMA 7.- OBRA NARRATIVA DE PÍO BAROJA

El árbol de la ciencia

  • Vida e ideología de Pío Baroja

Nació en San Sebastián en 1872, en el seno de una familia acomodada y culta. Debido a los destinos profesionales de su padre, vivió en distintas ciudades que después retrataría en sus obras. En Madrid estudió medicina y se doctoró con una tesis sobre el dolor, tema fundamental en su producción novelesca. Ejerció poco tiempo como médico. Pronto vuelve a Madrid para regentar la panadería de una tía, pero sus contactos con escritores le llevan a entregarse de lleno a su vocación literaria. Tras una serie de colaboraciones en diarios y revistas, publica sus primeros libros en 1900.

Sigue una etapa de intensa labor. Hasta 1911 publica 17 novelas, además de cuentos, artículos y ensayos. Su fama se consolida. Su vida, consagrada a escribir, es cada vez más sedentaria. En 1935 ingresa en la Real Academia. La Guerra Civil le sorprende en el País Vasco, desde donde pasa a Francia. En 1940 se instala de nuevo en Madrid y recupera su vida cotidiana, pero su capacidad creadora va agotándose.

Baroja fue un hombre de talante solitario y amargado. Él mismo se incluye entre quienes están “enfermos” por tener más sensibilidad de la necesaria. Su timidez y su espíritu de independencia, más aún que su misoginia, le hicieron rechazar el matrimonio, a la vez que fustigaba el recurso a la prostitución. Optó por una auto-represión a la que atribuye un desequilibrio y un talante de “hombre rabioso”. Ello explica, en buena parte, su pesimismo sobre el hombre y el mundo.

Baroja es capaz de sentir una inmensa ternura por los seres desvalidos o marginados. Fustiga la crueldad humana. Esto y su absoluta sinceridad completan los rasgos fundamentales de su carácter. Baroja no quiere engañar ni engañarse. Tal fue el código moral que aplicó hasta la exasperación, de ahí su fama de hosco y de individualista intratable.

Finalmente, aunque su esperanza en una sociedad mejor, fuese cada día más pequeña, sintió siempre una añoranza por el hombre de acción. A la vida aburguesada y gris opuso la improvisación y la energía.

Su concepción de la vida es inseparable de su temperamento. De sus páginas se desprenden unas ideas sobre el hombre y el mundo que se inscriben a la perfección en el pesimismo existencial.

Baroja se distinguió por su radical escepticismo religioso, pero el escepticismo preside igualmente sus restantes ideas. Para él no existe la verdad política y social.

Para Baroja, el mundo carece de sentido, la vida le resulta absurda y no alberga ninguna confianza en el hombre. Muchos de sus personajes sienten el hastío de vivir, el “cansancio eterno de la eterna imbecilidad de vivir”, la desazón existencial.

Su ideología política está marcada por el escepticismo. En su juventud tuvo contactos con el anarquismo. Baroja afirma que es un liberal radical, individualista y anarquista. Pero, en realidad, del anarquismo sólo le atrajo la rebeldía, el impulso demoledor de la sociedad establecida. Abominó del comunismo y del socialismo, pero también de la democracia, que le parecía el “absolutismo del número”. Su escepticismo explica que llegará a proclamarse partidario de una dictadura inteligente.

En medio de ideas tan contradictorias, acaso la definición que más le convenga se a la de liberal radical. En última instancia volvemos a su individualismo y a su nula confianza en un mundo mejor. De ahí que sus personajes sean los inconformistas del más diverso signo.

Por su idea de la vida y por la sinceridad con que esta se refleja en su obra, Baroja es una figura sumamente representativa de la sensibilidad y del ambiente espiritual de su generación, con esa desazón y esos conflictos que los españoles compartieron con los escritores europeos de la misma época.

Por otra parte, Baroja es el novelista por antonomasia de la literatura española contemporánea, por sus dotes de narrador y por su capacidad de creación. La fuerza de su testimonio sobre la sociedad y el vigor de su estilo sobrio lo convirtieron en maestro de los novelistas de la posguerra.

  • Estilo y concepción de la novela

Ante todo, la novela es para Baroja un género multiforme que lo abarca todo, la típica novela abierta. Consecuencia de ello es su declarada despreocupación por la composición.

Estaba en contra de los novelistas que parten de un argumento cerrado y definitivo. Sus novelas presentan una marcha disgregada que permite muchos cambios. Llegó a afirmar que una novela es posible sin argumento. Lo que le importa son los episodios, las anécdotas, las digresiones,… Tampoco le preocupa la unidad, pues ve a la novela larga como una sucesión de novelas cortas.

La invención, la imaginación disponible son las cualidades supremas de novelista, junto con la observación. De sus novelas se desprende una concepción de la vida.

Ha sido frecuente afirmar que Baroja escribe “mal”. Por una parte, son evidentes sus incorrecciones gramaticales, que él mismo atribuía a su origen: su español es el de un vasco. Por otra parte, su estilo es coherente con su ideal de espontaneidad narrativa. Baroja lleva al extremo la tendencia antirretórica de los noventayochistas. Afirma su voluntad de hacerse una retórica de tono menor, hecha de continencia y economía de gestos, y desprovista de aquellas galas convencionales que le parecían “adornos de cementerio”.

Afirma que existe una ciencia de novelista, quizá intuitiva, muy perfecta y sabia. En definitiva, lo que Baroja llama “falta de composición” no son sino formas particulares de componer y de organizar la materia novelística.

El resultado de esa voluntad de estilo es una prosa rápida, nerviosa, vivísima, que bien puede considerarse un gran estilo.

Hay un tono agrio, que corresponde con su temperamento amargado. Y se manifiesta en expresiones contundentes como zarpazos que propina sin cesar. Pero como contrapunto, aparece inesperadamente una pudorosa ternura en sus páginas.

Aspectos concretos de su orientación estilística son sus preferencias por las frases cortas y los párrafos breves. Todo esto explica la viveza y amenidad del relato, así como el especial relieve de sus descripciones, que consiguen con unos detalles significativos una intensa impresión de realidad.

En ocasiones excepcionales, sus novelas ofrecen breves evocaciones líricas en una prosa especialmente cuidada y bellísima.

Finalmente, la naturalidad barojiana alcanza manifestaciones eminentes en la autenticidad conversacional de los diálogos, en los que el autor se muestra como maestro insuperable

  • Su obra

En su producción se distinguen dos etapas. La primera abarca hasta 1912 y se caracteriza por la variedad temática e incluye las mejores creaciones barojianas. En las novelas de la segunda etapa, de ambientación diversa y con ingredientes de exotismo, se observa el predominio del relato de trasfondo histórico y es habitual la perspectiva irónica.

Baroja fue un escritor fecundísimo. Sólo sus novelas pasan de 60. 34 de ellas se agrupan en trilogías, cuyos títulos indican el rasgo común de las novelas que la componen.

Las trilogías más importantes son:

  • Tierra vasca: La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz y Zalacaín el aventurero. Su unidad está en el ambiente. Zalacaín es para Baroja la más pulcra y bonita de sus novelas, cuenta las andanzas de un típico hombre de acción en la última guerra carlista.

  • La vida fantástica: Aventuras, inventos y mixtificaciones de Silvestre Paradox, Camino de perfección y Paradox, rey. El protagonista de la segunda, Fernando Ossorio, encarna la angustia existencial y el anhelo de hallar un sentido a la vida, oscilando entre periodos de aburrimiento y estados de abulia. Abrumado por obsesiones místicas y eróticas, dudas e inquietudes, decide huir del ambiente decadente en que se desenvuelve. El viaje emprendido condiciona su evolución psicológica, pasando del ascetismo a la aceptación de la naturaleza y finalmente alcanza la plenitud vital en tierras levantinas. Paradox es el insólito protagonista de las otras dos.

  • La lucha por la vida: La busca, Mala hierba y Aurora roja. Ofrece un fiel reflejo de la sociedad madrileña de principios de siglo y narra la lucha de “los de abajo” por subir, de “los de fuera” por entrar en la ciudad. Las tres novelas adquieren su unidad por el tema. La busca, la más representativa del procedimiento barojiano, muestra un panorama de los barrios más míseros de Madrid con un implacable y desolado realismo. La historia se centra en la caída de Manuel en el mundo de la delincuencia y en sus andanzas por las afueras de la ciudad. Al final, Manuel decide abandonar la golfería y entrar en la ciudad por el camino del trabajo.

  • La raza: El árbol de la ciencia, La dama errante y La ciudad de la niebla.

  • Las ciudades: César o nada, El mundo es ansí y La sensualidad pervertida. Destaca la primera por el enfrentamiento del protagonista con el ambiente muerto y desolado de una ciudad provinciana.

  • El mar: Las inquietudes de Shanti Andía, El laberinto de las sirenas, Los pilotos de altura y La estrella del capitán Chimista. Esta trilogía pertenece a su segunda etapa.

Memorias de un hombre de acción se trata de una serie narrativa histórica compuesta por 22 obras cuya unidad se logra por medio de la biografía de Eugenio de Aviraneta, conspirador del s. XIX y antepasado de Baroja. No tiene intención didáctica, le interesa porque le provee de personajes voluntariosos entregados a la pura acción.

Baroja escribió, además, numerosos cuentos y novelas cortas, varios tomos de ensayo, libros de viajes, biografías, un libro de versos e incluso varias obras dialogadas. Las obras dialogadas y su único libro de versos tienen escaso interés.

Sus Memorias, que llevan por título general Desde la última vuelta del camino, son siete volúmenes en los que Baroja va acumulando recuerdos, juicios, opiniones,… con su habitual naturalidad expresiva. El conjunto es de enorme interés como testimonio de la personalidad del autor y como panorama de toda una época.

  • El árbol de la ciencia

Es la mejor novela de carácter filosófico escrita por Baroja, uno de sus libros más acabados y completos, el que resume mejor que ningún otro el espíritu de Baroja.

La novela, escrita 1911, tiene mucho de autobiografía. Al contar sus estudios en Madrid, su estancia en Valencia o la muerte de su hermano Darío en sus Memorias Baroja transcribe casi literalmente largos pasajes del El árbol de la ciencia, sólo cambiando nombres propios o poniendo “yo” en lugar de Andrés Hurtado.

Además, toda la obra es una radiografía de una sensibilidad y de unos conflictos espirituales que se hallan en la médula de la época.

  • Argumento

La novela desarrolla la vida de Andrés Hurtado, un personaje perdido en un mundo absurdo y en medio de circunstancias adversas que constituirán una sucesión de desengaños.

El ambiente familiar hace de él un muchacho reconcentrado y triste, se siente solo, abandonado, con un vacío en el alma. A la vez, siente sed de conocimiento, espoleado por la necesidad de encontrar una orientación, algo que le dé sentido a la vida. Pero sus estudios de Medicina no colman tal ansía: la universidad y la ciencia españolas se hallan en un estado lamentable. Su contacto con enfermos en los hospitales y su descubrimiento de miserias y crueldades constituyen un nuevo motivo de depresión. También agudizan su exaltación humanitaria, pero políticamente Andrés se debate entre un radicalismo revolucionario utópico y el sentimiento de la inanidad de todo.

Al margen de sus estudios, Andrés descubre nuevas lacras: las que rodean a Lulú, la mujer que habrá de ocupar un puesto esencial en su vida. Y la larga enfermedad y la muerte de su hermanito Luis vendrán a sumarse a todo como un hecho decisivo que le conduce al escepticismo ante la ciencia y a las más negras ideas sobre la vida. Se consuma así, en lo fundamental, la “educación” del protagonista.

Las etapas posteriores de su vida constituyen callejones sin salida. El ambiente deforme del pueblo en donde comienza a ejercer como médico le produce malestar. Madrid es un “pantano” habitado por la misma angustia. Andrés, espectador de la inquinidad social, deriva en un absoluto pesimismo político, se aísla cada vez más y adopta una postura pasiva en busca de una paz desencantada.

A una paz provisional accederá tras su matrimonio con Lulú. Pero la vida no le concederá reposo. Pronto le atenazará de nuevo la angustia premonitoria de la muerte de su hijo y de su mujer, definitivo desengaño que lleva a Andrés al suicidio.

Tan sombría trayectoria es reveladora del hondo malestar de Baroja y de su época.

  • Estructura

La figura de Andrés Hurtado da unidad al relato. Pero su trayectoria va hilvanando multitud de elementos con esa libertad característica de la novela barojiana.

Se compone de 7 partes que suman 53 capítulos de extensión generalmente breve. El número de capítulos de cada parte es variable.

La obra se puede dividir en dos ciclos o etapas de la vida del protagonista, separadas por un intermedio reflexivo. En torno a este intermedio, aquellas etapas, integradas cada una por tres capítulos, presentan entre sí una clara simetría. Las partes homólogas de uno y otros ciclos se componen de un número casi igual de capítulos: estructura equilibrada. Más importante aún son los paralelismos de contenido.

La estructura no encorseta el relato, se sigue observando que el hilo narrativo va devanándose con libertad y entrelazándose con multitud de anécdotas laterales, con los elementos más heterogéneos en apariencia.

  • Personajes

Junto a Andrés, Lulú es el otro gran personaje, es uno de esos espléndidos tipos de mujer frecuentes en Baroja. En la segunda parte, se nos presenta como un producto marchito por el trabajo, por la miseria y por la inteligencia. Graciosa y amarga, lúcida y mordaz, no aceptaba derechos ni prácticas sociales. Tiene un fondo muy humano y muy noble y muestra una singular ternura por los seres desvalidos. Y por encima de todo, valora la sinceridad y la lealtad.

En torno a Andrés y a Lulú, pululan numerosísimos personajes secundarios. Baroja se detiene en algunos: el padre de Andrés, despótico y arbitrario, Aracil, cínico, vividor sin escrúpulos, el tierno Luisito, Iturrioz, el filósofo,… En ocasiones, el detenerse en un personaje no se justifica por necesidades del argumento central, sino por esa tendencia de Baroja de entretenerse por el camino.

Es amplísima la galería de personajes rápidamente esbozados: profesores, estudiantes, enfermos, personal de los hospitales, amigos y vecinos, gentes del pueblo, etc. Bien podría hablarse de personajes colectivos que vienen a ser piezas de un ambiente. Su papel es esencial en la constitución de una atmósfera insustituible.

Para los personales principales, Baroja usa una técnica de caracterización paulatina. Se van definiendo poco a poco, en situación, por su comportamiento, por sus reflexiones, por contraste con otros personajes, al hilo de los diálogos,… Además son tipos que evolucionan: van adquiriendo progresivamente valor humano.

En los personajes secundarios, la figura se nos da hecha de una vez por todas. Se trata de bocetos vigorosos, de trazos tanto más rápidos cuanto más episódico es el personaje, y cargados las más veces de un sentido satírico, aunque en ocasiones impregnados de ternura o compasión.

El conjunto pone al descubierto un singular poder de captación de las miserias y flaquezas de cuerpos y almas.

  • Ambientes

Ese hormigueante mundillo se mueve en unos medios que Baroja traza admirablemente. Le bastan muy pocos rasgos para darnos impresiones muy vívidas.

Es notable su maestría para el paisaje, sin que necesite acudir a las descripciones detenidas a la manera de los realistas. Con trazos dispersos, impresionistas, Baroja nos hace ir percibiendo el espacio, la luz, el ambiente,…

  • Estilo

Además de la estructura narrativa y las técnicas de descripción de los paisajes y de los ambientes, destaca el gusto por el párrafo breve, las frases cortas, la naturalidad expresiva, tanto en lo narrativo como en lo descriptivo o en los diálogos. De especial interés es atender al uso intencionado de términos coloquiales y vulgarismos, como una perfecta conciencia de sus valores ambientales y expresivos.

  • Alcance social, la realidad española, sentido existencial. Conclusión.

Los personajes y los ambientes constituyen un mosaico de la vida española de la época, son los años en torno al desastre del 98. Es una España que se descompone en medio de la preocupación de la mayoría. Baroja prodigará zarpazos contra las anomalías o los absurdos de esa España.

A propósito de los estudios de Andrés, se traza un cuadro sombrío de la pobreza cultural del país y varias veces se insistirá en el desprecio por la ciencia y la investigación.

Más lugar ocupan los espacios sociales. Pronto aparecen las más diversas miserias y lacras, producto de una sociedad que Andrés quisiera ver destruida. Pero la visión de la realidad española se estructura más adelante, en la oposición campo/ciudad.

El mundo rural es inmóvil como un cementerio bien cuidado, presidido por la insolidaridad y la pasividad ante las injusticias. Sobresalen palabras como egoísmo, prejuicios, envidia, crueldad, etc. Se denuncia también el caciquismo, que conlleva a la ineptitud o rapacidad de los políticos.

La ciudad, Madrid, es un campo de ceniza por donde discurre una vida sin vida. De nuevo se nos presenta la más absoluta miseria, con las que se codea la despreocupación de los pudientes, de los señoritos juerguistas.

Ante la iniquidad social, Andrés siente una cólera impotente. Cree que si el pueblo comprendiese organizaría una revolución, aunque fuese utópica. Sin embargo, ve que el pueblo está cada vez más degenerado.

El pesimismo de la novela explica que no nos hallemos ante una novela política, sino ante una novela filosófica. Los conflictos existenciales constituyen el centro de la obra. Pronto, Hurtado se despega de las prácticas y habla con desprecio de los católicos, pues los postulados de la religión son indemostrables.

Hurtado no halla, entonces, ningún asidero intelectual. La ciencia no le proporciona las respuestas que busca a sus grandes interrogantes sobre el sentido de la vida y del mundo. Al contrario, la inteligencia y la ciencia no hacen más que agudizar el dolor de vivir. Así surge la idea que da título a la novela.

En definitiva la vida humana queda sin explicación, sin sentido, es una anomalía de la Naturaleza. Las lecturas filosóficas de Andrés le confirman esa concepción desesperada. Con ello se combina la idea de la lucha por la vida. El tema de la crueldad está muy presente en la obra.

Segú Iturrioz sólo hay dos problemas a estos pavorosos problemas: la abstención y la contemplación indiferente de todo, o la acción limitándose a un círculo pequeño. Andrés intentará la primera vía, la ataraxia, intentando matar la voluntad de vivir.

Otras muchas ideas, como la concepción del amor, se entretejen con estas.

En conclusión, El árbol de la ciencia es tan barojiana por la índole de su contenido y enfoque como por sus aspectos formales, es quizás la más representativa de las novelas barojianas.

Es, a la vez, sumamente representativa de la época: la novela más típica de la generación del 98. E incluso una buena muestra de cómo Baroja y sus coetáneos anticiparon un buen número de los temas de las corrientes existenciales contemporáneas.