Numismática romana

Historia universal. Nomenclatura de las monedas. Denario. As libral. Plinio

  • Enviado por: Angel J. López
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 42 páginas
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Introducción

La numismática romana es un tema muy trabajado por autores españoles, y especialmente aquí en Tarragona por autores muy conocidos como Leandro Villaronga; es por eso que lo he escogido, teniendo en cuenta que es un tema que me atrae en gran medida.

Además, he intentado conectar este tema concreto con un autor clásico tan conocido como Plinio el Viejo, analizando a este historiador clásico de la antigüedad y su famosísima obra Historia Natural. Más adelante se podrá comprobar cómo, en los numerosos libros que he consultado, hay relación con el contenido de la Historia Natural y las anotaciones de Plinio sobre la numismática.

Así pues, el trabajo no sólo abarca numísmática en sí; también profundiza en la Historia Natural de Plinio, la vida de este autor y otros aspectos relacionados.

En cuanto al contenido específico, unas consideraciones previas facilitan la comprensión del tema abarcando puntos generales como los materiales, las categorías y otros aspectos.

Para finalizar, describiré las emisiones específicas en tiempos de Augusto en la Península, con las cecas peninsulares y las tipologías monetarias.

CONSIDERACIONES PREVIAS

Nomenclatura genérica de las monedas romanas

Los términos genéricos para designar la moneda romana eran: aes, moneta, pecunia.

El término latino aes designa a todo tipo de moneda, a la moneda en general. Hace semejanza con el vocablo griego argúrion. En Italia central, en sus orígenes. la única moneda que existía era el aes y el verbo aes timare tenía la significación de evaluar el precio de todas las cosas que se pueden cambiar. Posteriormente, se continúa, por tradición, designando mediante la palabra aes la moneda en general, cualquiera que fuese su metal. Así, Ulpiano en el Digesto (16, 159) dirá: etiam aureos nummus aes dicimus.

El término moneta era el sobrenombre de Juno en el Capitolio, en Roma. Había recibido, según la tradición, la palabra del verbo monere, advertir. En el asedio del Capitolio en 390 a.C., cuando los galos intentaron la escalada del arx, las ocas despertaron con sus gritos a los defensores, y Manlio Capitolino, que habitaba allí, expulsó al primer galo que intentaba subir. Una capilla pequeña, dedicada a Juno, es posible que haya conmemorado este acontecimiento. Posteriormente se ha relacionado con los términos mens, memini: no sólo sería " la advertidora ", sino también la diosa del pensamiento y de la memoria. Es a esta función precisamente a la que se dirigía colocando bajo la protección de Moneta, el nuevo taller del Capitolio.

El vocablo pecunia deriva de pecus, ganado. Para explicar el paso del sentido de "ganado" al de "moneda",

simplemente hay que recordar que antes de la invención de la moneda metálica, el ganado fue durante mucho tiempo el intermediario de los cambios. En el siglo III, pecunia pasará a designar la moneda de baja ley de plata o la moneda de bronce, con significado peyorativo.

Evolución general de las tipologías y los materiales.

Dada la amplitud de este apartado lo dividiremos en tres partes en correspondencia con los tres metales utilizados en su acuñación: oro, plata y bronce.

Oro. En las transacciones comerciales este metal venía dado y aceptado al peso, bajo forma de moneda extranjera o en lingotes del Estado que procedía a fundir y emitir en el mercado con su marca, que le garantizaba la pureza del título. Durante la república se hace la emisión del " oro del juramento ", con dos nominales de seis y tres escrúpulos, de 6.82 gramos y 3.4 gramos, llevando en su anverso una cabeza juvenil bifronte y en el reverso, con la leyenda ROMA en el exergo, la representación de dos guerreros que apoyan su espada, pronunciando un juramento sobre una cerda, sostenida por una tercera persona arrodillada.

En segundo lugar realiza una emisión compuesta de tres nominales de tres, dos y un escrúpulo, de 3.41, 2.27 y 1.13 gramos, llevando en el anverso una cabeza barbuda y galeada de Marte y en el reverso un águila estante a derecha sobre rayo, con leyenda ROMA e indicación de valor en anverso de 60, 40 y 20 unidades (en ases o sextercios).

Como tercera emisión áurea republicana, podemos configurar la realizada por Tito Quincio Flaminino en Grecia, en el 197 a.C. como celebración de la batalla de Cinoscéfalos sobre el rey Filipo V de Macedonia.

Es ésta una típica emisión imperatoria, emitiéndose un solo nominal y típicamente griega en su peso, 8.50 gramos, que es el peso de una estátera de oro de Filipo II y de Alejandro Magno.

En los comienzos del siglo I a.C. Sila acuña oro con un peso que representa una fracción de libra, dando origen a un sistema que se regulará de forma constante después de él. Los áureos se hacen en tres emisiones, con pies de 1/30 en libra. Pompeyo acuña a su vez un áureo de 1/36 en libra. Bajo César, en pie de 1/42 y finalmente bajo Augusto, el oro entra definitivamente en el sistema monetario. El nummus aureus o denarius aureus, o abreviado aureus, está como bajo César, en 1/42 en libra. Bajo Nerón llegará a 1/45. con Caracalla a 1/50 y con Diocleciano a 1/60.

El aureus se divide en dos quinarios. La reforma de Constantino instaura una nueva moneda de oro de 1/72 en libra: el sólido, dividido en dos semises y tres semises. Esta moneda es muy bien aceptada así como sus dos subdivisiones. En el siglo IV, los textos citan una siliqua de oro de 1/24 de sólido (1/1728 de libra), moneda que no puede acuñarse por su bajo peso de 0.128 gramos y que sólo será una moneda de cuenta.

Plata. La primera monetización en este metal es la llamada romano-campana. Prevalece la opinión de su comienzo hacia el 320 a.C. después que los romanos concluyeron el foedus aequum con Neápolis. Las primeras emisiones están efectuadas con pies griego, basado en el escrúpulo (1/24 de uncia) de 1.13 gramos.

La última de estas emisiones romano-campanas, basada también en un escrúpulo, comprende una moneda típica que debió acuñarse en grandes cantidades a juzgar por las encontradas en los hallazgos: el quadrigatus, cuyo nombre lo toma por la cuádriga del reverso, conducida por Júpiter con rayo y cetro y en el exergo la leyenda ROMA. En el anverso una figura juvenil imberbe.

Pero la verdadera moneda de plata romana típica de la república es el denario. Primeramente de 1/72 en libra y luego 1/84 de libra, con fecha aproximada del 217-212 a.C.

En su anverso lleva la cabeza galeada de Roma con signo de valor ( X=10 ases ) y en el reverso los Dióscuros galopando, a derecha. Esta representación no se mantendrá mucho tiempo y progresivamente irá cediendo su lugar a representaciones muy variadas, recordando personajes y eventos míticos.

Las divisiones del denario son: el quinario, de cinco ases, equivalente a medio denario, con signo V y el sextercio de dos ases y medio, equivalente a medio quinario, con signo de valor IIS.

Con estas tres piezas coexisten durante algún tiempo el victoriato, llevando en su anverso una cabeza de Júpiter y en el reverso una Victoria, que le da el nombre, coronando a un trofeo.

Bajo Nerón, el denario se reduce hasta a 1/96 en libra; el quinario, poco abundante, perdurará durante los dos primeros siglos del Imperio, y el sextercio que será la unidad de cuenta hasta Constantino, se hará de oricalco.

Caracalla en el 215 emite el antoniniano, doble del denario, pero con una liga de plata del 25%.

Primeramente coexiste con el denario, después le sustituye, alterándose siempre de liga y desaparece con la reforma de Diocleciano. Se distingue fácilmente por llevar la corona radiada el busto del emperador y la de su esposa aparece representada sobre una media luna.

Diocleciano instaura un nuevo nominal de plata de 1/96 de libra, como el denario de Nerón, el llamado argenteus, que durará hasta Constancio II. En el siglo IV aparecen el miliarense (etimológicamente una milésima de la unidad, en este caso específico una milésima de libra de oro) y la siliqua a su vez ésta con sus subdivisores la media siliqua y el tercio de siliqua, muy frecuentes de Constantino a Juliano.

Bronce. El bronce se empleó en estado bruto en los comienzos y posteriormente en formas irregulares y dimensiones variadas: es el llamado aes rude o aes infectum, cuyo valor evidentemente era determinado solamente al peso. Posteriormente, para evitar la pesada, se comenzó a fundir el metal en formas regulares y a imprimirle un signo que indicase el peso y el valor de una manera aproximativa: es el llamado aes signatum, compuesto preferentemente por cuadriláteros o formas ovoides, llevando pequeñas improntas, generalmente en forma de espina de pez. Es posible que estas piezas no sean todavía emitidas por el Estado, pero por lo menos representan una forma de moneda privada.

Hacia el siglo IV, la república emite su primera verdadera moneda: es el aes grave. Su unidad monetaria es el as, que es el peso exacto de una libra latina de 272 gramos. Por tanto, en estos comienzos la unidad pondométrica y la unidad monetaria coincidían.

El as libral ( así llamado por su peso de una libra ) se divide en 12 uncias y estas subdivisiones fueron amonedadas con tipos figurativos que permanecerán fijos a lo largo de la república; el as llevaba la efigie de Juno y un signo de valor I que equivalía a un as; su mitad, el semises o semis, llevaba la efigie de Júpiter y el signo de valor S (posiblemente la inicial de Sex=6 uncias); su tercera parte, el triente ( equivalente a 1/3 de as, o sea a cuatro uncias ); con efigie de Minerva y signo de valor de tres puntos (...); su sexta parte, el sextante, efigie de Mercurio y dos puntos (..); y finalmente, con valor 1/12, la uncia, con efigie de Bellona y un punto (.). Todos estos nominales llevaban en su reverso una representación constante que era una proa de una nave; eran todas anepígrafas y todas las piezas fundidas.

En los sucesivos períodos, esta monetización se fue alterando. Primero. Se adoptó una nueva libra y en vez de la libra latina de 272 gramos, se adoptó la libra romana de 327 gramos. Segundo. Se comienzan a emitir divisiones de la uncia, la semiuncia, con cabeza de Mercurio y la quartuncia, con la figura de Minerva, las dos sin signo de valor. Tercero. Se comenzó a adoptar el sistema de acuñación en vez del de la fusión, para todos los nominales que ahora comenzarán a llevar la leyenda ROMA. Cuarto. El peso del as será reducido primeramente a base triental ( es decir, el as tenía el peso del triente, y se reducían progresivamente, los pesos de las demás subdivisiones ); después se pasa a la base quadrantal, después a la sextental, después a la uncial y finalmente a la semiuncial en tiempos de la guerra social.

Mientras, de una forma irregular, se emitían los múltiplos del as, el decussis de 10 ases, el tripondius de tres ases y el dupondio, de dos ases.

La monetización del bronce desaparece bajo Sila y reaparece esporádicamente bajo César, Marco Antonio y Sexto Pompeyo. Reaparecerá con la reforma de Augusto, instaurándose el sextercio, en oricalco, de cuatro ases, el dupondius también en oricalco, de dos ases, el as de bronce y el quadrante ( equivalente a un cuarto de as ) en bronce.

Estos nominales son denominados por los términos de "grandes, medios y pequeños bronces", resultando esta denominación inexacta ya que el medio bronce consta de dos nominales muy diferentes, tanto en módulo como en peso; el dupondio es de oricalco y el as de bronce. El dupondio se distingue del as porque el emperador lleva una corona radiada, mientras que en el as siempre está desnuda. Con la pátina adquirida por el tiempo resulta difícil distinguirlos, por la uniformidad de ambas piezas; en los comienzos de su emisión resultaba fácil distinguirlas, ya que el dupondio era de color oro y el as de color bronce. El cuadrante, que se emitía esporádicamente, cesa bajo Trajano.

Los otros tres nominales, sextercio, dupondio y as, duran hasta finales de la crisis económica del siglo III d.C., pero siempre disminuyendo su peso y emitidos de forma discontinua. El quinario lo instaura Trajano Decio, en bronce, con valor de dos sextercios. Bajo Galieno se sabe a través de las fuentes que existe un denario de bronce, pero en realidad se trata de un denario de plata que se había alterado tanto en su liga, que solamente tenía un 50% de metal noble.

Con Diocleciano, el bronce viene amonedado en la pieza llamada denarius communis, y la pecunia maior o maiorina.

Bajo Constancio, se acuña el centennionalis pequeño bronce que se emite en grandes cantidades, En el siglo IV aparece el nummus, pequeñísima pieza de bronce, de poco más de un gramo, muy frecuente desde Honorio a la caída del Imperio.

El follis se instaura en la reforma de Diocleciano del 296. Etimológicamente significa el conjunto de monedas que puede formar una bolsa llena; es de bronce y tendrá su mayor expansión en Oriente.

Magistrados monetarios en Roma

El monedaje republicano fue emitido bajo el control y nombre de dos categorías de magistrados: las acuñaciones regulares son realizadas por los triunviros monetarios; las emisiones extraordinarias incumben a otros responsables entre los que hay que distinguir por una parte los magistrados propiamente dichos, quaestores urbanos, ediles curules, algunas veces plebeyos, prefectos de la ciudad, pretores, cónsules y, por otra parte, los generales en campaña o sus subordinados, quienes acuñan moneda para las necesidades de su ejército y en nombre de su poder imperatorial.

Todas las monedas no-triunvirales tienen, en principio, un carácter excepcional y discontinuo. Según sus necesidades, los diferentes magistrados o los imperatores debieron asegurar una producción monetaria satisfactoria por lo general en condiciones muy variables. Únicamente el monedaje de los triunviros, que se realiza normalmente en las instalaciones de la moneda de Roma o de sus filiales, se organiza bajo un aspecto regular y continuo.

Los triumviros A.A.A.F.F.

Esta abreviatura designa a los triunviri aere argento auro flando feriundo, a los que se denomina también triumviri monetales. Forman parte, en los tiempos clásicos de la República y del Imperio, del vigintisexvirato, posteriormente del vigintivirato. Cuál sea el origen de esta magistratura, esencialmente encargada de las monedas y hasta dónde se extendía la competencia de los personajes que eran investidos, son puntos aun oscuros. por tanto, lo primero es sacar a la luz la fecha de su creación y la constitución de

sus atribuciones que se reflejan en los mismos elementos de que se compone su titulatura.

La titulatura misma de los triunviri monetales es interesante de examinar, por ejemplo, para entender la forma reciente triumviri, que es la que ha prevalecido tras la exclusión de la forma antigua tresviri, atestiguada por los capitales. De los dos colegios creado en 189 a.C., uno, los capitales, se ha hallado en fecha antigua únicamente tresviri, y el otro, los monetales, solamente triunviri.

Las tres letras A.A.A. designan con toda evidencia los tres metales amonedados, pero existen diferentes opiniones acerca de su orden. Algunos autores interpretan aere, argento, auro; otros prefieren comenzar por el oro: auro, argente aere.

Las inscripciones monetarias no son gran ayuda y cuando expresan III VIR o IIII VIR abrevian A.A.A. Pero por regla general se puede concluir que, durante la época republicana. el título es normalmente aere, argento, auro, flando, feriundo.

El orden de los metales está en función del orden cronológico de su introducción en el monedaje romano, pero a partir del imperio, la organización monetaria cambia por

completo; la función de triunvir monetalis queda vacía de sus atribuciones. El trimetalismo es oficial y es el orden jerárquico de los metales el que tiende a imponerse. En este momento es cuando hay que leer auro, argente, aere, flando, feriundo. Se puede, pues, restituir según las épocas, el orden conveniente.

Al lado del título oficial se crea, en fecha antigua, la designación paralela de triumviri monetales. Esta expresión está calcada de los tresviri capitales.

El verbo ferire designa, sin ningún género de dudas, la acuñación; pero flare puede referirse a tres operaciones diferentes:

a) la fabricación de lingotes;

b) la fabricación de piezas fundidas, por oposición a las acuñadas;

c) la preparación de los flanes, que se vertían en un molde, rectificándose la forma y el peso antes de someterlos a la acuñación. que los transformaría en moneda.

Estas tres significaciones no son incompatibles en la medida en que la interpretación de la fórmula AAAFF ha podido evolucionar con el tiempo. Depende de determinar la fecha de la creación de los triumviros. El único testimonio de que disponemos para establecer esta fecha es un texto de Pomponio tomado del Digesto. También hay diversas alusiones al origen de la moneda y los materiales que se usaban en la Historia Natural de Plinio.

La forma definitiva del título y de sus funciones no quedará perfilada quizá hasta la creación del denario en el 213-211, cuando se produce una reorganización del sistema monetario y de la administración de la moneda y se dota a los monetarios de un nuevo estatuto y de un título oficial definitivo.

Por ello, el sentido de flare en este título no designa la fabricación de lingotes, porque los tres metales no han coexistido juntos en el título de los monetales y, por otra parte, porque estos han sido creados en el momento de la primera emisión monetaria romana, mientras que los lingotes estaban en uso desde hacía tiempo. Los verbos flare - ferire, oponiéndose, atestiguan el orden cronológico que los términos designan los tres metales. Flare y ferire adquieren el sentido global " acuñar moneda ".

Monometalismo y bimetalismo

Los romanos partieron de un monometalismo de bronce para llegar, con la introducción del denario y con su consiguiente afirmación, a un monometalismo de plata que duró hasta finales de la República. Previamente, en Etruria la relación oro/plata oscilaba entre 1:15 y 1:16. El descubrimiento de las minas del Nórico, bajó notablemente esta relación. A mediados del siglo II a.C., la relación era de cerca de 1:12; en la edad de Sila de 1:11. La conquista de la Galia por parte de César, hizo fluir a Roma grandes cantidades de oro y la relación sube a 1:11,91, pero con Nerón baja a 1:10,31.

Como hemos recordado, el oro de Sila, Pompeyo y del mismo César, fue acuñado como fracción de la unidad ponderal y no como equivalente de un número fijo de denarios de plata.

Augusto instaura una amonedación sobre cuatro metales con las siguientes relaciones: oro 1 - plata 11.91 - oricalco 333.33 - bronce 666.66.

Se trata de un bimetalismo oro/plata, por que el denario representa de una manera fija e invariable 1/25 del áureo y fue acuñado con un valor intrínseco conforme al valor nominal en relación al oro, en el curso respectivo de los dos metales, en el momento de la reforma.

El bimetalismo, instaurado por Augusto, se mantiene también por sus sucesores, y cuando éstos comienzan a modificarlo, lo hicieron simultáneamente en todas las monedas en curso. De esta manera, manteniendo la base oro = 1, tenemos:

con Nerón: plata 10.31 - oricalco 366.66 - cobre 733.33

con Trajano: plata 9.375 - oricalco 375 - cobre 750

Es indudable que en este periodo de tiempo, las relaciones de valores prefijados por al autoridad habían podido ser mantenidos porque el Estado centralizado controlaba la producción de los metales y castigaba con mano firme cualquier especulación.

Pero desde Caracalla en adelante, no es posible establecer una relación exacta: la alteración de la plata rompe cualquier proporción y se asiste a una virtual desmonetización del oro que viene dado y aceptado al peso, mientras la impronta monetaria no sirve más que para garantizar el título. Prueba de ello son las órdenes de pago dadas a las cajas estatales, en este periodo, de forma que sean pagadas en peso del metal.

la reforma de Constantino establece a la moneda de oro un peso fijo, estabilizando un monometalismo áureo que fue experiencia nueva en la historia monetaria de Roma,

mientras que la plata y el bronce no tenían más valor que el de una moneda subsidiaria. Con el emperador Juliano, la relación oro/plata es de 1:14 y2/5; con Teodosio II alcanza a 1:18 y finalmente con Justiniano, volverá aproximadamente a la relación 1:15.

Sistema monetario del denario

En la numismática romana el sistema más común es el del denario. Su origen viene precedido de una situación difícil. Hacia el 220, las amenazas de una nueva guerra se hacían patentes en el horizonte romano. Italia del Norte temía la incursión de los galos.

Los piratas illirios ponían en peligro la seguridad de Italia meridional. Pero fue de Cartago de donde vino la amenaza mayor y también de Hispania, donde las actividades púnicas habían alcanzado un nivel que incita a Roma en 226 a.C. a tratar de establecer el Ebro como límite de sus avances. El esfuerzo fue en vano: en 219 a.C. Cartago asedia a Sagunto con la que Roma había concluido una alianza y cuando Sagunto cae en el mismo año, Roma declara la guerra a Cartago.

Las circunstancias que rodean el nacimiento de la nueva unidad monetaria de plata, el denario, son difíciles de comprender. En los años más sombríos de la segunda guerra púnica, la situación financiera de Roma se degrada, como lo prueban la degeneración del cuadrigato y del bronce semilibral reducido. Las victorias de Aníbal en Trasimeno en 217 a.C. y de Cannas en 216 a.C., la revuelta de Siracusa en 215 y la caída de Tarento en 213 a.C., ponen a Roma en un momento muy difícil, tanto militar como económicamente.

El as en este mismo momento se había reducido al peso teórico de 1/6 de la libra romana, de ahí el nombre de sextentario dado a la nueva serie de piezas de bronce, desde el as hasta la semiuncia, que acompañan al denario y sus fracciones.

Los diversos componentes del sistema del denario estaban relacionados en función de su valor intrínseco, aunque los pesos habían sido muy rápidamente reducidos. Llevan una marca de valor calculada en as o en una fracción suya.

En esta nueva etapa, el sistema monetario romano era el siguiente:

I. Plata

- Denario. Cabeza de Roma con casco, a derecha: a izquierda, X / Los Dióscuros al galope, a derecha, la lanza detenida; debajo en una tablilla de forma variable o en el exergo, ROMA. Peso 4 escrúpulos; valor 10 as.

- Quinario. El mismo tipo, pero a la izquierda, V / el mismo tipo, peso 2 escrúpulos, valor 5 as.

- Sextercio. El mismo tipo, pero a la izquierda, IIS / el mismo tipo. Peso 1 escrúpulo; valor 2.5 as

II. Bronce

- As, semis, cuadrante, sextante, uncia y semiuncia; tipos normales del bronce de la proa, con las marcas de valor correspondientes. Peso teórico del as: un sextan, es decir, alrededor de 54.5 gramos. Hay que añadir a este sistema dos numerarios que se relacionan de manera diversa.

III. Aureus

- Busto de Marte con casco a derecha; a izquierda, marca de valor: X, XXXX / águila de pies, a derecha sobre un rayo. En el exergo, ROMA. Peso 3,2 y 1 escrúpulos; valor 60, 40 y 20 as.

IV. Victoriato

- En plata. Cabeza de Júpiter laureado a derecha / la Victoria de pie, a derecha, corona un trofeo. En el exergo, ROMA. Peso 3 escrúpulos; valor en Roma al peso del metal.

Los áureos forman parte del sistema monetario del denario, puesto que su valor está expresado en as sextentarios, ya que son convertibles en plata o en bronce. Su emisión fue muy corta y nació por necesidades financieras de la segunda guerra púnica. En 209 a.C. se abandona el oro y no será emitido hasta mucho más tarde y bajo otra forma.

El victoriato se acuñó abundantemente y permaneció mucho tiempo. Pero no formó parte nunca del sistema monetario del denario romano. No lleva marca de valor, frente al resto de las demás piezas. en Roma misma no tuvo curso, y no valía más que por su metal; es decir, estaba destinado a servir fuera de Roma.

La fecha que pone en circulación el denario es uno de los puntos más controvertidos de la numismática romana. Las cuatro etapas de esta discusión son:

a) La "teoría tradicionalista", apoyada en un pasaje de Plinio, colocaba la creación del denario entre 269-68, coincidiendo, según algunos autores, con la fecha de la reducción del bronce y la creación del Victoriato.

b) La "teoría bajista". En 1924, H. Mattingly sugiere el comienzo del monedaje romano-campano en tiempos de la guerra contra Pirro, no en el siglo IV a.C. como se hacía hasta entonces. En 1932, este autor propone junto con E.S.G. Robinson, rebajar la fecha hasta el 187 a.C. Esto provoca la eclosión de teorías buscándose el punto medio de estas fechas.

c) "Teoría media". En 1955 una misión americana, excavando en Sierra Orlando, en Sicilia, en la actual ciudad de Morgantina, que según Tito Livio fue destruida en 211 a.C., encontró en el santuario dedicado a Deméter y Core, un vaso conteniendo monedas romanas de plata, denarios, quinarios, victoriatos y sextercios del primer periodo de su emisión. La destrucción del santuario tuvo lugar a finales del siglo III a.C., durante la segunda guerra púnica, y esta fecha está confirmada por fragmentos de cerámica y terracotas halladas en el mismo contexto arqueológico. Por lo tanto, las monedas halladas en este estrato no pueden ser posteriores a finales del siglo III a.C.

d) Algunos autores, de 1957 a 1961, como R. Thomsen, demuestran que el victoriano y el denario son contemporáneos y que su creación se debe situar después de la desaparición del cuadrigato, entre los años 213 y 211 a.C. La emisión del denario coincide con la reducción del bronce sextentario. Actualmente se sostiene la fecha del 212 a.C. como la más verosímil.

PLINIO Y LA HISTORIA NATURAL

Nacimiento y lugar de origen

Plinio nación en Como (Nouum Comum), colonia romana desde el 59 a.C., municipio del extremo sur del Lacus Larius. Se puede situar su nacimiento entre el otoño del 23 y el verano del 24 d.C., puesto que se encontraba en su quincuagésimo sexto aniversario en el momento de su muerte, el 25 de agosto del 79 d.C.. Precisar más es ilusorio (por ejemplo, decir, como hacen algunos, que nació entre el 25 de agosto del 23 y el 24 de agosto del 24 permite suponer que hubiera nacido el 26 de agosto del 23 o el 23 de agosto del 24; pero en este caso su sobrino no hubiera dejado de señalar que había perecido la víspera, o al día siguiente, de su cumpleaños).

Plinio mantiene vínculos afectivos con su provincia natal: en las primeras líneas de la dedicatoria a Tito (Vespasianus Caesar) apela a la benevolencia del príncipe citando dos versos de Catulo: namque tu solebas Nugas esse aliquid meas putare "pues tú solías verle algún valor a mis bagatelas". Y presenta a Catulo como su "paisano" (conterraneus meus), utilizando a propósito un término propio de soldados (castrense uerbum) que debe recordarle a Tito su camaradería militar. ¿Guarda él con Como los vínculos estrechos que unían a Catulo con su querida Sirmio, joya de todas las islas y penínsulas"? No se sabe; pero es posible, puesto que su hermana (y su sobrino) conservaban tierras junto a Como.

Con el correr del tiempo (simple anécdota) surgirá una controversia entre Como y Verona, al gloriarse una y otra de haber dado a luz al ilustre naturalista.

Vana querella, que reposa sobre el desafortunado término conterraneus, donde terra designa la región y no el territorio de una ciudad. Por otra parte, inscripciones bastante numerosas atestiguan la presencia de Plinios en Como y sus alrededores.

La familia está inscrita en la tribu Oufentina. Forma parte de la burguesía provincial acomodada, y, tal vez, accede a algunas funciones ecuestres ya antes de nuestro Plinio.

Su hermana Plinia se casó con un Cecilio. El marido de Plinia morirá en el 76. El tío se convierte entonces en tutor legitimus; adoptará al sobrino por testamento el año mismo de su muerte, en el 79. No tenemos noticias sobre su educación. Ciertos indicios permiten creer que pasó en roma una parte, al menos, de su adolescencia y que incluso defendió pleitos. Se lee en HN XXX 18: adulescentibus nobis uisus Apion, " en nuestra juventud vimos a Apión". Se trata de Apión de Alejandría, llamado Plistonico, gramático e historiador - cuya charlatanería zahiere Plinio a menudo -, y que sostiene aquí el poder mágico de ciertas plantas. Ahora bien, Apión vivió en Roma bajo los reinados de Tiberio, Calígula y Claudio. Considerando su edad (tiene 20 años en 43-44 d.C.), y considerando lo serio del tema, lo verosímil es que Plinio haya podido asistir a la escena que relata bajo el principado de Claudio o, como mucho, de Calígula (muerto en el 41).

No se puede sacar una conclusión tan segura de HN XV 47, donde se trata de Sexto Papinio quem consulem uidimus. Este Papinio habría introducido en Italia dos plantas exóticas - dice Plinio - al final del reinado de Augusto (Diui Augusti nouissimis temporibus). Ahora bien, este personaje obtuvo el consulado luego, en el 36, bajo Tiberio, cuando Plinio tenía unos 13 años.

¿Se puede entender que uidimus equivale a uidi "yo vi" o que tiene un sentido mucho más indeterminado como "se vio"? La mención del consulado de Papinio es aquí marginal; sirve para confirmar que se conoce muy bien el origen de las dos plantas en cuestión, bastante anteriores al consulado. En HN XXX 18, al contrario, Plinio está tan personalmente comprometido en la anécdota que narra que no se puede dudar de su presencia.

En HN IX 117 Plinio cuenta con indignación que él vio (uidi) en un modesto banquete de esponsales a Lolia Paulina cubierta de tan abundantes perlas que bien podían valer 40 millones de sestercios. Esta Paulina fue por un tiempo la mujer de Calígula, en el año 38. Es difícil eludir este uidi, combinado con detalles tan precisos. Pero - se dirá - estos esponsales tal vez tenían lugar en provincias...

Se ve que es delicado sacar datos precisos de los testimonios dispersos de "autopsia". Pero las objeciones parecen dictadas por el postulado hipercrítico de que Plinio no se educó en Roma. Y por otra parte, si se quiere considerar las cosas desde más arriba, y puesto que también existen pasajes de interpretación no dudosa,¿ no se ha de considerar verosímil que la educación de un joven lleno de talento y de ambición, destinado a una carrera más que honorable, se haya desarrollado en Roma misma, allí donde se daba la mejor formación y se establecían las relaciones útiles?

Carrera militar

Conforme a las reglas del orden ecuestre, Plinio debió de cumplir una serie de obligaciones militares antes de acceder a las funciones civiles (procurationes) reservadas a los caballeros.

Según Suetonio (frag. 80, cf. supra), las desempeñó industrie, "celosamente". Y Plinio el Joven, por su parte (en su carta a Bebio macro III 5), indica expresamente que su tío sirvió como praefectus alae; y que comenzó a redactar sus 20 libros sobre los Bella Germaniae cuando servía en Germania (cum in Germania militaret).

Testimonios irrecusables, pero cronológicamente poco precisos. Están confirmados por los pasajes bastante numerosos de HN que atestiguan que Plinio conocía bien, como testigo directo, tal o tales países. Es un trabajo de hormiga el de recoger, interpretar y ordenar estas informaciones dispersas; trabajo que llevó a término magistralmente F. Münzer en 1899. A partir de este estudio fundamental toman posición los estudiosos, a veces de maneras bastante diversas. El último por su fecha es R. Syme, 1987, que nosotros vamos a seguir en lo esencial.

El estudioso británico recuerda, para empezar, que no se puede prestar crédito alguno a la famosa inscripción de Árados, tal como Mommsen había reconstruido su texto. En primer lugar, el funcionario en cuestión habría ejercido sus funciones en Oriente. Ahora bien, no hay nada en la HN que mueva a pensar que Plinio conocía personalmente esos países. Luego, ¿por qué completar inius en Plinius y no en Gabinius, Licinius, Titinius, etc...?; habría ciertos argumentos en favor de un Gabinius, que tendría nombre y ciudadanía gracias a A. Gabinio, procónsul en Siria, cónsul en 58 a.C.

O bien de un Licinius (pues un P. Licinius Secundus era procurador de Creta bajo Nerón). Como escribe Pflaum, 1960, a propósito de las conjeturas de Mommsen sobre la piedra de Árados, "los errores de un gran sabio le sobreviven largo tiempo".

Fue en las fronteras del NO. del Imperio donde Plinio cumplió su servicio, entre los años 47 y 58. Sirvió primero, brevemente, en Germania inferior, a las órdenes del legado consular Domicio Corbulón, después, hasta el año 51, en la Germania superior, bajo Pomponio Secundo; en fin, tras una probable interrupción, de nuevo en Germania inferior, bajo el mando de Pomponio Paulino, y luego de Duvio Avito.

R. Syme hace observar que la militia equestris de Plinio no siguió el curso habitual: praefectus cohortis, tribunus militum, praefectus alae. En efecto, el emperador Claudio había situado el tribunado al final de la carrera (por oscuras razones ligadas a su manía por las antigüedades). Plinio, pues, se vio nombrado primero praefectus cohortis; luego praefectus alae (es decir. comandante de caballería) bajo Pomponio, y al fin tribunus en una legión del Rin.

Plinio recordará con complacencia el contubernium compartido con Tito (Praef. 3: nobis quidem idem quam in castrensi contubernio: ["tú eres un personaje muy eminente en el estado, el segundo después de tu padre] pero para nosotros eres el mismo que en la camaradería de los campamentos"; contubernium, exactamente "situación de los que viven en la misma tienda", de donde "camaradería de soldado". Aquí la tienda en cuestión debe de ser la del Cuartel general). Ahora bien, sabemos por Suetonio que Tito había sido tribuno en Germania y en Britania.

Plinio mantuvo con Pomponio muy amistosas relaciones. Escribirá su biografía. Además, la amistad de Pomponio le proporciona acceso a círculos distinguidos (Pomponio es hijo de Vistilia; Plinio menciona en HN VII 39 a esta mujer asombrosa, casada seis veces con "personajes de primer rango", varios de cuyos hijos llegaron a cónsules; su última hija, Cesonia, fue la cuarta y última esposa de Calígula).

otros conocimientos útiles hechos por Plinio en el curso de estos años de servicio: Paulino de Arles, con cuya hermana se casó Séneca, y otro ciudadano de la Narbonense, su último jefe, Avito, que era de Vaison. Tejiendo hábilmente su tela, Syme recuerda que Burro, puesto por Agripina al frente de la guardia pretoriana, era también del pueblo de los voconcios.

Es muy verosímil que el concurso de personas ricas y de primerísimo rango, "la flor y nata de la aristocracia romana del occidente", pudiera servir a Plinio en su carrera.

Aquí comienzan, sin embrago, las mayores incertidumbres en cuanto a los hechos y a las fechas. Sólo una cosa es cierta: Plinio no "emerge" verdaderamente sino después de la muerte de Nerón y de la toma del poder por Vespasiano. Puede ser que al final de los años 50, cuando regresó de Germania, el crédito de sus amigos estuviera en baja; tal vez prefirió no desempeñar cargo alguno en beneficio de un déspota por el que sentía horror. en todo caso, se enfrascó en el estudio. Es en esta época cuando se fechan sus obras de gramática y de pedagogía. No cesa en momento alguno de ejercer una curiosidad universal (así en el 66, en Roma, ve al cónsul Suetonio Paulino, el primer jefe romano que atravesó el Atlas, HN V 14,1).

La muerte de Plinio

Sobre la muerte de Plinio se puede decir que se sabe, al mismo tiempo, mucho y demasiado poco. Mucho, porque poseemos el testimonio de su sobrino, que asistió a la partida del almirante y contempló desde Miseno, a unos veinte km., el extraordinario incendio y oscurecimiento del cielo alrededor del Vesubio ( y observó también en su casa sacudidas sísmicas y nubes de cenizas ), y - por supuesto - recogió informaciones de boca de quienes habían acompañado a su tío en esta expedición fatal.

Este testimonio es capital, y rarísimo en la historia de las letras antiguas. Fuera de Cicerón y de César, también de Séneca ( pero estos eran, ante todo o en gran medida, hombres políticos, de los que ya se sabe que estaban expuestos a finales brutales ), los últimos instantes de los grandes escritores de la Antigüedad quedan en la sombra. Y sin embargo, ¡cuántas controversias en torno al testimonio de Plinio el Joven! Se podría trazar todo un abanico de opiniones: de un lado, los que toman al pie de la letra los datos y los juicios de la carta VI 16; en el extremo opuesto, los que llegan hasta sugerir que el almirante en modo alguno se hizo a la mar para navegar hacia la costa siniestrada; entre unos y otros - y es la opinión hoy dominante - los que advierten en el sobrino ciertas inverosimilitudes de hecho, y observan un esfuerzo literario poco compatible con un texto solamente documental, pero lo aceptan pese a ello en su conjunto, intentando solamente rectificar el relato o precisarlo en el detalle.

Contenido de la Historia Natural

El contenido de la HN se divide en nueve secciones. Sería muy sorprendente que, con semejante afán de abarcar un conocimiento enciclopédico, Plinio no se hubiera cuidado de ordenar racionalmente la materia de los 36 libros que siguen al libro inicial de Índices. En efecto, se percibe un plan de conjunto, cuyo rigor se rivaliza en subrayar desde hace algunos años ( no sin algunos excesos ). Pero tal vez se trata de una justa vuelta atrás de las cosas, de tanta burla como se hizo antaño sobre el desorden de Plinio. La verdad debe de estar en el medio: existe, desde luego, un plan de conjunto - menos estricto de lo que algunos han creído -; pero a menudo se observa, en el interior de las partes, una composición bastante desconcertante, en la que el autor parece abandonar el hilo conductor principal para ceder a las incitaciones de asociaciones secundarias. También aquí podrá censurarse el método de trabajo de Plinio; pero no solamente su método, según se verá.

Al decir de los alabadores de Plinio, se debería admirar el instructus ordo de la HN: partiendo del cosmos ( l. II ), trata de la geografía terrestre ( l. III-VI ). El libro VII culmina en cierto sentido con una antropología. Luego vendrían estudios sobre la naturaleza, sometida al hombre: animales, vegetales, minerales. Algunos estudiosos subrayan incluso la correspondencia entre el libro II y los libros XXXIII-XXXVII, que tratan todos del reino "mineral" ( o inanimado ); en su conjunto ( cosmos ), o en el detalle de los metales y de las piedras terrestres.

Esta "composición circular" resulta satisfactoria para un pensamiento estructurante, pero no corresponde bien al contenido real de los libros.

Si es verdad que el libro II trata de cosmografía, los libros XXXIII y XXXIV, por ejemplo, nos hablan de los metales: oro, plata, plomo, etc...Pero - y ahí está el punto esclarecedor - el oro provoca, casi de inmediato, una exposición larga y tendida sobre el orden ecuestre en Roma

( a cuento del anillo de oro de los caballeros ), sobre la moneda, sobre "la sed de oro". El cobre ( l. XXXIV ) arrastra una exposición muy extensa sobre la escultura.

Ya se ve que estos libros no tienen mucho en común con una mineralogía tal como nosotros la entendemos. Es de historia ( o de anécdotas ) de lo que se nos habla las más de las veces, sin contar los 258 remedios que Plinio totaliza orgullosamente para el libro XXXIV.

Más todavía: el libro XXXV está enteramente consagrado a la pintura, y en la misma línea. Y pasa lo mismo con el libro XXXVI, sobre las piedras, y el XXXVII, sobre las gemas.

Y qué decir de los libros XXXI y XXXII! Plinio anuncia de entrada, en el libro XXXI, que va a tratar de los remedios sacados de animales acuáticos. Pero se desvía inmediatamente y desarrolla, casi hasta el final, sus observaciones sobre las aguas y las maravillas de las aguas. En realidad es el libro XXXII el que tratará del tema anunciado en el libro XXXI.

Después del libro de antropología ( VII ), los libros VIII, IX, X y XI tratan, según era lo correcto - en cuanto al plan de conjunto -, de los animales terrestres, de los animales acuáticos, de los pájaros y de los insectos; así también los libros XII a XVII, sobre los árboles; el libro XVIII de los cereales, el XIX de las hortalizas.

Pero la ordenación racional se rompe, se abandona el encadenamiento normal de los reinos ( cosmos, hombre, animal, vegetal ), para caer, a partir del libro XX, en un tratado de medicina y farmacología.

Un cuadro sinóptico es sin duda deseable en este punto, para resumir nuestra exposición y hacer visibles el orden y las alteraciones del orden, en el plan de conjunto de la HN

( del "orden" en el interior de los libros, y en el detalle de las exposiciones, diremos algo más adelante ).

Cuadro esquemático de la HN

Sección 1 - libro I: Praefatio. Indices

2 - l. II: El cosmos

3 - l. III-VI: Geografía

4 - l. VII: Antropología

5 - l. VIII-XI: Reino animal

6 - l. XII-XIX: Reino vegetal

7 - l. XX-XXVII: Farmacopea vegetal

8 - l. XXVIII-XXXII: Farmacopea animal

9 - l. XXXIII-XXXVII: Reino mineral

A primera vista, los 37 libros de la HN parecen ordenarse en 9 secciones ( la primera no comprendería más que el Prefacio y el Índice de materias ). Siguen un orden decreciente, del cosmos (sección 2) a la geografía de los países conocidos (sec. 3), luego - una vez situado ese decorado -, el hombre (sec. 4), y lo que se aleja progresivamente de lo humano (animales, sec. 5; vegetales, sec. 6), para terminar con lo que ni siquiera es vivo, el reino mineral (sec. 9).

Si el orden es "concéntrico", centrado sobre el hombre, como se ha dicho a veces, no sería, pues, sino por azar; la serie humano-animal-vegetal-mineral, que es de simple sentido común, llegaría a poner al final (sec. 9) algo que parece recordar al principio (sec. 2). ¿Esta semejanza tiene verdadero valor de prueba? ¿El cosmos puede llamarse inanimado, como el cobre o el mármol? Debe dudarse de ello. Y, por otra parte, si la HN, según el propio Plinio confiesa, no se presta a una lectura continua, ¿Quién puede apercibirse de esta pretendida simetría?

En esta ordenación, observada desde muy arriba (para prescindir de las sinuosidades de detalle), se advertirán, por otra parte, rarezas llamativas: si esta construcción de la HN obedece a un afán de equilibrio armonioso, ¿Cómo explicar el espacio enorme ocupado por una farmacopea: 13 libros (XX a XXXII), que forman nuestras secciones 7 y 8? (Es de notar aquí una disposición cruzada: la descripción del reino animal [sec. 5] precede a la del reino vegetal [sec.6], pero la farmacopea animal [sec. 8] sigue a la farmacopea vegetal [sec. 7]).

Todavía habría que añadir a estos 13 libros que se anuncian claramente como "médicos" los innumerables remedia esparcidos por todas partes, especialmente los que se mencionan a propósito del reino mineral.

En consecuencia, una estructura profunda que ordene la materia de la HN y refleje la filosofía de su autor nos parece muy discutible. Más adelante volveremos sobre estos problemas de disposición, al mostrar cómo Plinio se esforzó en levantarle una fachada más retórica que "científica" a su opus magnum. Observemos solamente por ahora que el ordo no parece revelar ningún designio profundamente original.

Lo que nos llama la atención, por el contrario, es, al lado de la banalidad de la disposición, el tenaz cuidado que Plinio tiene de señalar la utilidad médica (real o supuesta) de tal o cual producto animal, vegetal o mineral. A través de tal cuidado, el hombre, objeto del libro VII (sec. 4), permanece presente el resto de la obra. Lo está también por la aplicación que pone el autor en añadir historiae a las res. Del oro y de la plata se trata, ciertamente, en el libro XXXIII; menos sin embargo, que del orden ecuestre (que lleva un anillo de oro), del lujo etc...En muchos lugares, la mineralogía de Plinio consiste en "historias" a propósito de los minerales. Siempre el hombre, con sus miserias, sus bajezas, su codicia. El sabio cede su lugar al observador de las costumbres y - de ello volveremos a hablar - al moralista.

Podríamos también preguntarnos - es un punto por lo general olvidado - por los temas que Plinio no trata. El, que se jacta de haber reunido las disciplinas ordinariamente separadas, y de presentar por primera vez una obra que responde a la "cultura enciclopédica" según la concebían los griegos, ha cometido omisiones considerables: la más deslumbrante es la ausencia de las matemáticas. Si había un dominio que mereciera el nombre de ciencia - es decir, de una serie de conocimientos seguros, que se reducen a un número finito de reglas y que reposan conscientemente sobre postulados - ése era el de la geometría, tal como Euclides la había concebido (y tal como nosotros la practicamos todavía en gran medida; hasta tal punto es "científica"). Ni una palabra sobre ella en la HN.

No es ciertamente un dato sin significación el desinterés de Plinio por la ciencia más exacta, y casi la única completa en su época.

Por más que se entusiasme por los faros del pensamiento griego, el hecho es que no deja lugar alguno a una disciplina rigurosa, en tanto que acoge, aunque sea refunfuñando, millares de fábulas estúpidas.

De manera similar, no hay nada en la HN comparable al De medicina de Celso (que era también un polígrafo y no un médico). De medicina se trata a menudo en la HN, pero golpe a golpe. a propósito de las virtudes de tal o cual planta o producto. Y se podrían añadir bastantes otras lagunas de consideración, en relación con el saber ya registrado en esta época.

Conclusión: De este modo, Plinio no redactó una verdadera "enciclopedia". Le faltarían sectores esenciales, y no sólo el de las matemáticas. Revolvió una masa de hechos; pero la selección operada es reveladora de sus gustos: su más viva inclinación lo lleva hacia la medicina y la farmacia; a ella se añaden una curiosidad que todo lo toca, y el interés por las "historias" edificantes.

Los resultados de esta recolección están ordenados, si se los mira desde muy arriba, en 6 campos, a los que se añaden dos campos específicos de remedia (las secciones 7 y 8), los cuales ocupan por sí solos ¡prácticamente un tercio de la obra total!

Que la personalidad del autor marque lo que escribe, nada más natural. Pero una impronta personal del escritor no lleva consigo forzosamente una "estructura" de lo escrito.

EMISIONES DE AUGUSTO.

Muy complejas se presentan las emisiones imperiales en Hispania bajo el reinado de Augusto. Su gran personalidad ha sido definida acertadamente diciendo que fue un Pompeyo que obtuvo el éxito o un César que evitó el asesinato. Difícil y discutido es el aspecto jurídico de su ascensión al poder absoluto, con la otorgación de los títulos de gobierno y las fechas de su concesión.

Octavio obtiene el IMPERIUM después del 43 a.C. tomándolo como praenom, siendo entonces su titulatura IMP. CAESAR DIVI F., que es adoptada corrientemente, según Mattingly, después del 29 a.C. Sólo la encontramos en monedas de Ilerda. Después de la victoria de Actium sobre Marco Antonio en el 31 a.C. obtiene el consulado III y en el 28 el título de Princeps Senatus. En el 27 a.C. toma el título de AVGVSTVS y en el 23 el IMPERIVM MAIVS y la TRIBUNA POTEST.

Sabemos de su estancia en Hispania en el 26-24 a.C. residiendo en Tarraco, desde donde dirige las guerras cántabras. Un nuevo viaje lo realizó hacia el 15-14 a.C.

Titulaturas y datación de las emisiones.

Las titulaturas de Augusto son importantes porque nos sitúan en la datación de las monedas. Estos títulos, en las monedas, nos dan para ellas un término post quem a la fecha de su concesión, con una imprecisión al límite que alcanza, en cambio en algunas ocasiones se podrá precisar más al considerar la emisión conmemorativa del hecho y que debe ser más o menos coetáneo con él.

El uso de sólo el título de IMPERATOR sitúa la emisión entre el 29 y el 27 a.C.

Generalmente se acepta el año 27 a.C. como punto de partida para el título de AVGVSTVS, que aparece solo o más corrientemente en la forma de AVGVSTVS DIVI F: y en pocas ocasiones junto a IMP o a CAESAR, o ambas a la vez. Las monedas con este título pueden cubrir un periodo largo que puede llegar hasta el 2 a.C.

La ascensión a la Tribunicia Potestad, TRIB.POTEST en las monedas, en el año 23 a.C., figura en las monedas de Emerita, que debe ser en muy poco posteriores a dicha fecha.

Para la fórmula PERMISSV AVGVSTI se supone obedece al viaje de Augusto a la Península hacia el año 15-14 a.C., período al que también se atribuye la fundación de quince colonias. Su uso lo es por algunas cecas de la Bética y Emérita en la Lusitania, siendo aquella provincia senatorial y ésta imperial.

A la muerte de Lépido en el año 12 a.C. accede Augusto al Pontificado Máximo, que conmemoran numerosas emisiones con el título de PON.MAX y el uso de tipos con los instrumentos propios del cargo de pontífice.

Siguen unos títulos usados sólo por Caesaraugusta y Celsa.IMP.XIV, el Imperium XIV concedido en el año 8 a.C.; COS.XI.DES.XII, del año 6 a.C.; COS.XII, del año 5 a.C.

Del año 4 a.C. deben ser las emisiones en que aparecen los Princeps Iuventus, Caius y Lucius, al serles concedidos este título como herederos del Principado, sus muertes en los años 2 y 4 d.C. limitan estas emisiones.

En Caesaraugusta encontramos el título TRIB.POTES.XX del año 3 a.C.

Numerosas son las emisiones con el título PATER PATRIAE o abreviado en la forma P.P., concedido a Augusto en el año 2 a.C., que conmemoran tal suceso, pero que pueden corresponder a algunos años después.

Finalmente en Tarraco y Caesaraugusta se conmemora el acceso de Tiberio a la Tribunicia Potestad y su adopción por Augusto como heredero al Imperio, con la fórmula TI.CAESAR, figurando junto al retrato de Augusto, del año 4 d.C.

Reforma monetaria de Augusto.

Una de las primeras actividades políticas de Augusto al asumir el poder después de la victoria de Actium, en 31 a.C., fue la de la reforma monetaria. Bajo la República el Senado tenía autoridad suprema para emitir moneda y el control de las finanzas públicas. Después de Actium, entre el 31 y el 27 a.C., Augusto acuñó mucha moneda de oro y plata en el Este, fueron unas emisiones imperiales a raíz del IMPERIVM que poseía.

Pero es en el año 23 a.C. el punto de partida para la amonedación de Augusto, al no aparecer sino su nombre en todas las emisiones monetarias. Y asume entonces casi toda la acuñación de oro y plata, dejando para el Senado las emisiones de bronce de Roma.

En la Galia fija en Lugdunum el taller monetario, acuñándose las numerosísimas emisiones del Altar; para Hispania deja en actividad las emisiones de sus ciudades para la moneda de bronce y en cuanto a las emisiones de oro y plata se viene suponiendo que se acuñaron en Colonia Patricia y Caesaraugusta. En el Este quedan en actividad principalmente las cecas de Alejandría y Antioquía.

El sistema monetario implantado por Augusto entre el 23 y 20 a.C. consiste en una pieza de oro - aureus - de 7.95 grs y su mitad, el quinario aureo. Para la plata el denario de 3.98 grs igual al republicano, con un quinario de la mitad de su peso y valor.

Para el aes establece el oricalco, en una relación de valor con el cobre de 1 a 1 2/3, con el sextercio de peso teórico de 27.25 grs y el dupondio su mitad, de 13.64 grs. Para los valores inferiores usa el cobre, con el as teórico de 11.30 y un cuadrante de 2.82 grs, que en la realidad son algo inferiores.

La relación de estas monedas de diferente metal es:

1 aureus = 25 denarios

1 denario = 4 sextercios = 8 dupondios = 16 ases.

Este sistema es implantado para el imperio y por tanto también para Hispania, pero con el estudio metrológico de nuestras monedas vemos que muchas emisiones se apartan de él.

Descripción de las emisiones

Tarraconensis.

TARRACO. La "Scipionum opus" según Plinio, fue colonia cesariana, como atestiguan las siglas de algunas inscripciones, C I V T, Colonia Iulia Vrbs Tarraconensis. En las monedas figura sólo C V T, añadiendo en algunos casos en otro lugar del campo de la moneda TARR. Por el uso de las siglas atribuimos al periodo augusteo algunas de las emisiones en que no figura ni efigie ni título.

Todas estas emisiones son tardías a excepción de la emisión de pequeño módulo con anverso de toro parado, encima T V, reverso en el campo C.AID, con dudas en la puntuación y posibilidad de que la última letra sea B. Es posible que se trate de un aedil, en ibérico idil. Por su peso medio de 1.69 grs podría tratarse de un cuadrante.

Los ases siempre hacen referencia al PON.MAX y a P.P., siendo por tanto posteriores al año 2 a.C.

Los primeros con las cabezas de Caius y Lucius y leyenda C.L.CAES, debajo AVG.F. y C.V.T. entre las cabezas.

En los otros el reverso con efigie de Tiberio y TI.CAESAR, que alude a su adopción por Augusto y su acceso a la Tribunicia Potestad en 4 d.C.

Quizá lo más singular de estas emisiones es su original metrología, con un peso medio de 7.75 grs que se aparta del sistema augusteo de 10/11 grs y de las demás emisiones coetáneas hispanas, a excepción de las de Dertosa.

ILERDA. La existencia del Municipium en Ilerda pudo ser de principios del siglo I a.C.. como parecen indicar los nombres latinos de los caballeros ilerdenses de la Turma Salluitana. Sus monedas sin magistrados, con cabeza desnuda de Octavio y reverso de loba. El lobo ibérico ha dado paso, pues, a la loba romana. Presenta dos clases de titulaturas: IMP.CAESAR.DIVI.F, que por la falta del título de Augusto se atribuye a antes del 27 a.C., y la otra con IMP.AVGVST.DIVI.F., que debe ser del 27 al 23 a.C.

En los reversos figuran, junto a la loba, las leyendas MVN-ILERDA, MVNICIP-ILERDA o sólo ILERDA.

Bética.

COLONIA PATRICIA. Discutido es el origen de la Colonia Patricia. Parece ser que junto al oppidum de Corduba se estableció un grupo de romanos que formaron la Colonia Patricia, tal vez veteranos, en la época de Augusto. Las monedas presentan el título PERMISV.CAESARIS.AVGVSTI y en el reverso el nombre de la colonia.

El sistema metrológico es el augusteo, con la escala de valores: 39.91 - 19.65 - 10.15 - 4.84 -2.79 grs.

Los tipos pontificales deben aludir al Pontificado Máximo del año 12 a.C., siendo pues estas emisiones algo posteriores a esta fecha.

ROMULA. La antigua Hispalis convertida en Colonia Iulia Romula Hispalis por César, acuñó en época augustea sólo con el valor de cuadrante. de un as de 13 grs, con los tipos de "Cornucopia" y "Globo".

Lusitania

EMERITA. La Colonia Emerita Augusta, fundada en el año 25 a.C. por P. cARISIVS LEG. PROPR, como Legado Propretor, empezó acuñando monedas de plata. En ellas el título imperial es de IMP.CAESAR.AVGVST o AVGVSTVS, con cabeza desnuda de Octavio a derecha y a izquierda. El reverso presenta una tipología con temas militares: escudo, falcata, hierro de lanza, trofeo sobre montón de escudos y armas...

Hacia el 23 a.C., en que se otorga a Augusto la Tribunicia Potestad, Publius Carisius acuña moneda de bronce como Legado de Augusto, como se deduce de la leyenda: AVGVST.TRIB.POTEST y P.CARISIVS LEG.AVGVSTI, esta última ocupando todo el campo del reverso. Estas emisiones de bronce están adaptadas metrológicamente al sistema augusteo, por su peso medio de 10.22 grs.

Las demás emisiones augusteas emeritenses llevan la fórmula PERMISSV CAESARIS AVGVSTI, y con ellas metrológicamente podemos formar dos grupos: uno con el sistema augusteo de 10/11 grs, y otro de peso superior igual al usado en otras cecas de la Bética.

Emisiones conmemorativas

En la antigua Citerior, Tarraco acuña unas bellas monedas en las que figura la cabeza radiada de Augusto y DIVVS AVGVSTVS PATER, con tres tipos de reverso distintos, todos alusivos al culto imperial: el templo, la ara y la corona de laurel.

Además tenemos otro anverso, el de la estatua de Augusto con DEO AVGVSTO, combinado con los tres reversos anteriores.

De otro peso y módulo tenemos la emisión con estatua de Augusto y DEO AVGVSTO y reverso del templo con el AETERNITATIS AVGVSTAE y CVTT.

En la Lusitania es Emerita la que conmemora en diversas emisiones la divinización de Augusto, que aparece con la cabeza radiada y la leyenda DIVVS AVGVSTVS PATER, a la que algunas veces se añade el PATRIAE. El reverso más usado es el de la puerta de la ciudad con la leyenda AVGVSTA EMERITA.

Con la fórmula del Permissu Augusti tenemos en la Bética al taller de Itálica y el de Rómula, que acuñan monedas con el retrato de Augusto y la leyenda PERM.AVG.DIVVS AVGVSTVS PATER, con reversos de estatua de Livia y leyenda IVLIA AVGVSTA en el primer caso y de PERM.DIVVS.AVG.COL.ROMULA y reverso de efigie de Livia sobre globo y con luna creciente encima, y la insólita leyenda IVLIA AVGVSTA GENETRIX ORBIS.

BIBLIOGRAFÍA

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Ed. Societat catalana d'Estudis numismàtics. Bcn, 1994.

- Crawford, M.H. Coinage and money under the Roman Republic. Italy and the Mediterranean economy.

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Ed. Crítica. Barcelona, 1996.

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Ed. Escolar AG. Madrid, 1980.

- Herrero Albínaca, Carmen. Introducción a la Numismática antigua.

Ed. Complutense. Madrid, 1994.

- Ripollés Alegre, P.P. La circulación monetaria en la Tarraconense mediterránea.

Ed.Servicio de investigación prehistórica. Valencia,1982

- Villaronga, L. Numismática Antigua de España.

Ed. Cymis. Barcelona, 1987.

- Villaronga, L. Tresors monetaris de la Península Ibèrica anteriors a August. Repertori i anàlisi.

Ed. Asociació Numismàtica espanyola. Barcelona, 1993.

ÍNDICE

- Índice..............................................1

- Introducción........................................2

- Consideraciones Previas.............................3

· Nomenclaturas genérica de las monedas romanas .....3

· Evolución general de las tipologías y los materiales.................................................4

· Magistrados monetarios en Roma...................10

· Los Triumviros A.A.A.F.F.........................11

· Monometalismo y bimetalismo......................13

· Sistema monetario del Denario....................15

- Plinio y la Historia Natural.......................19

· Nacimiento y lugar de origen.....................19

· Carrera militar..................................22

· La muerte de Plinio..............................25

· Contenido de la historia Natural.................26

· Cuadro esquemático de la Historia Natural........28

- Emisiones de Augusto...............................32

· Titulaturas y datación de las emisiones..........32

· Reforma monetaria de Augusto.....................34

· Descripción de las emisiones.....................35

· Emisiones conmemorativas.........................37

- Bibliografía.......................................39

NUMISMÁTICA ROMANA

Septiembre 2000

Más información sobre este tema en Crawford, M.H. Coinage and money under...pág. 84-103

Esta clasificación se amplia en Villaronga, L. Numismática antigua de España. pág. 21-63

Más datos respecto a esta datación aproximada en Herrero Albiñana, C. Introducción a la ... pág. 174-76

Este autor se comentará en extensión más adelante. en el apartado de este trabajo destinado al análisis de la vida y obra de este historiador clásico..

Clasificación incluida en Herrero Albínaca, C. Introducción a la Numismática... pág. 221-223