Nueva Política Económica de la República Dominicana

Política monetaria y fiscal. Control de precios. Aranceles. Inflación. Gasto público. Producto Interno Bruto. Balanza de pagos

  • Enviado por: Ruben
  • Idioma: castellano
  • País: Venezuela Venezuela
  • 28 páginas

publicidad

INTRODUCCIÓN

La llamada Nueva Política Económica (NPE) ha originado cambios fundamentales en la economía de República Dominicana. Esto, con el fin de optimizar la competitividad de la economía dominicana en la estructura global. El control de los desequilibrios coyunturales en un corto lapso de tiempo y el impulso a la reforma de adaptación de la economía nacional al nuevo orden internacional y a los paradigmas que le sirven de sustento, se considera uno de los más grandes logros de la década de los noventa. Muchos de los esfuerzos de reforma que se examinan en los siguientes párrafos tienen antecedentes en las décadas anteriores. Lo mismo ocurre con la mezcla pragmática de políticas ortodoxas y heterodoxas que han servido tanto para suavizar los costos del cambio, como para adaptar este último a las especificidades sociopolíticas del país.

En materia de política monetaria, las reformas se encaminaron a efectuar la liberación financiera de manera gradual y por etapas que, dieran tiempo y permitieran armonizarlas con los más recientes cambios aplicados en otros terrenos de la estrategia económica gubernamental. Al tal efecto, se sustituyó la política selectiva de asignación del crédito por un régimen de encaje unificado. Evidentemente, se conservan los controles cuantitativos encaje, limitaciones al endeudamiento foráneo de la banca, comisiones cambiarias, etc. como instrumentos preventivo-correctivos de movimientos desestabilizadores de la demanda agregada, propios de una economía pequeña y sujeta a frecuentes choques externos. Simultáneamente, se comienzan a emitir “certificados de participación” del Banco Central que poco a poco se convierten en el principal mecanismo de control monetario. Y al mismo tiempo, se liberan las tasas de interés y se dan incentivos a la integración financiera en instituciones de banca múltiple. Puesto en términos más explícitos, el proceso de reforma monetaria altera radicalmente los objetivos y, en gran parte, los instrumentos con los cuales habrían de alcanzarse aquellos fines.

Ahora importa desterrar la represión y avanzar en la profundización financiera, crear condiciones de estabilidad y desarrollo al propio sector bancario y financiero. En correspondencia, pierden prominencia todas aquellas funciones bancarias que en la producción y, pasan a ocupar el lugar principal las estrategias estatales de desarrollo del pasado. Por su parte, las mudanzas en el manejo de los instrumentos monetarios, subrayan dos tendencias principales. La primera, viene dada por el uso preferente de instrumentos de mercado, la desarrollan aquellos que operan a través de los precios y no a través del control del volumen de producción. La segunda, derivada de la anterior, consiste en que el encaje legal es sustituido en algún grado por la emisión de los certificados de participación.

El cambio de objetivos y de medios altera los incentivos positivos o negativos que reciben los agentes económicos. En el sistema anterior, había alicientes directos a las empresas que invertían o desarrollaban actividades calificadas como prioritarias, entiéndase acceso y condiciones preferenciales al crédito, amén de subsidios, dotación de infraestructura, tratamientos aduaneros favorables. Con esa modificación, muchos de los apoyos descritos se reducen o desaparecen y surgen algunos costos que han de sufragar fisco y productores. Después de la reforma, la liberación de las tasas de interés y la creciente emisión de certificados de participación han tendido a elevar y sostener altas las tasas de interés. A lo largo de los años noventa, el promedio simple de la tasa de interés real es de dos dígitos, mientras la remuneración a los certificados de participación representan un costo cuasifiscal. Se han incrementado los ingresos al suprimir las tasas negativas de interés a los ahorradores, así como al sostener altos los márgenes de intermediación financiera y procurar el saneamiento bancario después de la crisis de 1989-1990.

En lo que a la restricción crediticia se refiere, ésta ha servido para lograr dos propósitos importantes. Por una parte, en el terreno macroeconómico la abolición de las presiones inflacionarias y de pagos externos y, en el microeconómico, la depuración gradual a los productores cuya eficiencia y productividad no les permitiría resistir la apertura comercial plena. Al mismo tiempo, la adopción de medidas que regulan de forma prudencial y el reducido flujo de capital foráneo de corto plazo, han garantizado la salud del sistema financiero y la prevención de contagios de crisis internacionales que tanto afectan a otras economías.

De igual forma, la nueva política monetaria de la República Dominicana y su reforma libera están sujetas a las salvedades emanadas de la situación y la política cambiaria, al usarse la paridad como ancla nominal del sistema de precios. A pesar de que ha habido un intento de unificar los mercados cambiarios, como parte de la reciente reforma económica, la meta no ha podido ser alcanzada. En los hechos concretos, la dualidad de los tipos de cambio y la discrecionalidad de los manejos del Banco Central, ha atenuado los impactos externos y diluido en el tiempo las presiones inflacionarias sin hacer caso omiso del canon de los indicadores de mercado. Esa combinación histórica de acciones e instrumentos de política ha resguardado la estabilidad cambiaria y de precios dentro de márgenes razonables de oscilación a lo largo de la década de los noventa.

Es obvio que el régimen cambiario está expuesto a factores de vulnerabilidad que trascienden el radio de acción del Banco Central. El dualismo de los mercados cambiarios crea incentivos macro y microeconómicos distintos de los agentes que operan en los mismos. Pueden ser convergentes en tiempos de prosperidad, pero acaso divergentes en otras circunstancias, también cuenta el cumplimiento o incumplimiento de la transferencia de fondos gubernamentales al Banco Central para el servicio de la deuda externa.

Es necesario tener en cuenta que, la estabilidad de la tasa de cambio no sólo depende de la evolución de la economía internacional, sino también de los resultados de la estrategia exportadora, o sea, del comportamiento y la competitividad de productores nacionales y de la forma cómo se integran al resto de la economía. De igual forma, a menos en el corto y mediano plazo, las oscilaciones cambiarias estarán influidas por la celeridad y características de la liberación de las transacciones comerciales externas, así como por los cambios consecuentes en la política de ingresos fiscales.

Profundizar en la nueva política arancelaria intensificaría, en un primer momento, las importaciones, acentuando, así fuese transitoriamente, el estrangulamiento externo. Habría un efecto antiinflacionario al reducirse los precios por la competencia de los productos extranjeros, pero se producirían consecuencias de signo distinto y origen variado. Una derivaría de la compensación de las menores recaudaciones arancelarias con el alza de otros gravámenes. Otra, se asociaría a las alzas de las tasas de interés y las restricciones crediticias que, seguramente se implantarían para evitar las consecuencias negativas inmediatas en la balanza de pagos. Terceras, derivarían de la solución de las tensiones distributivas al alterarse la composición de los grupos de ganadores y perdedores de las reformas comercial y fiscal.

El diagnóstico de los obstáculos al cambio en la estructura impositiva obliga a señalar algunos antecedentes. La carga tributaria de República Dominicana subió del 9% al 10% entre 1979 y 1989, y del 8,5% al 11,3% en el período 1990-1999. La caída inicial en el comienzo de la década de los noventa se explica en base a la crisis económica y la primera reforma arancelaria. Las cifras anteriores señalan promedios inferiores a la media latinoamericana y sobre todo a la de los países del Caribe. La segunda característica del sistema impositivo dominicano es el alto tributo al comercio exterior. En 1979, el 45% de las recaudaciones tenían ese origen y, en 1999, alcanzaban el 31%.

El hecho de que la economía sea abierta —en el sentido de requerir una alta proporción de abastos de origen externo y de reconocer como núcleo primario de desarrollo al sector externo— explica que la base gravable principal se sitúe en torno al comercio internacional, donde por razón natural se ubican los principales centros empresariales del país. Esos hechos y la anulación de pagos como dificultad central para el desarrollo, multiplican los obstáculos a la erradicación del proteccionismo. Por las mismas causas, cerrar la brecha fiscal o compensar las liberalizaciones al comercio exterior, casi siempre ha desembocado en imponer recargos o nuevos gravámenes al propio comercio exterior. En consecuencia, el abandono del conjunto de medidas proteccionistas ha debido avanzar por etapas, con un ritmo que contrasta con los cambios frecuentemente abruptos que se instrumentaron en muchos países latinoamericanos. La virtud de ese proceso, reside en no haber concentrado en el tiempo los costos del ajuste productivo y en abrir espacios a la reconversión productiva o a la gestación de nuevas actividades productivas vinculadas al sector externo.

En otros aspectos, el sistema impositivo se ha venido reformando en consonancia con los paradigmas universales. Algunos de los impuestos al comercio exterior han sido rebajados o sustituidos por gravámenes internos; ha habido migración de los tributos directos hacia los indirectos, y se han disminuido las tasas y la progresividad de la imposición directa.

Como última característica del sistema fiscal y de su reforma conviene señalar la que se refiere a la generación de ahorros. En general, la hacienda dominicana ha resultado capaz de producir considerables excedentes corrientes en las últimas dos décadas. En efecto, sólo en un año (1982) se registró déficit corriente, mientras los excedentes han sido considerables, fluctuando entre algo menos del 1,5% y casi el 6% del producto. Así, pese a la carga tributaria relativamente baja, las cuentas públicas dominicanas tradicionalmente han generado suficientes fondos, sea para apoyar el proceso de formación de capital o para cubrir déficit más o menos importantes del sector de empresas públicas.

No obstante, en años recientes se observa cierto debilitamiento progresivo en las inversiones públicas y un aumento correlativo en las erogaciones corrientes del gobierno central. Los gastos corrientes del gobierno, que promediaron 5,6% del producto entre 1979 y 1994, ven ascender su participación al 7,3%, mientras desciende la de los gastos de capital del 6% al 5% en los mismos períodos. Visto el mismo fenómeno de manera distinta, la participación de la inversión pública en la formación nacional de capital (sin variación de inventarios) alcanza el 18% en 1970, el 16% en 1990 y sólo el 12.4% en 1999.

El proceso de redefinición de las funciones y responsabilidades socioeconómicas del Estado, aparte de lo ya dicho en materia de estabilización y liberación comercial, ha seguido también sendas propias. En contraste con las políticas más comunes aplicadas en otros países de América Latina, que contemplan la privatización de las empresas públicas, lo cual produce un fortalecimiento transitorio de las finanzas gubernamentales. Un ejemplo es Bolivia, donde se ha implantado el mecanismo de la capitalización. Para esto, se organizan licitaciones abiertas con el fin de crear negocios mixtos. Los socios privados aportan otro tanto del valor de los activos que transfiere el gobierno. Las contribuciones al capital son equivalentes, pero la administración de las joint venture queda en manos de los capitalistas. Es posible que se sobrecapitalicen las empresas, pero en principio quedan asegurados los recursos necesarios para su modernización técnica y financiera.

En el ámbito social, la República Dominicana ha perseguido dos objetivos simultáneos. Por un lado, superar graves rezagos históricos y, por otro, aplicar al desarrollo la velocidad necesaria para el fortalecimiento del mercado de trabajo, reducir la marginalidad y evitar la caída de los salarios reales. A pesar de la relativa estabilidad en el gasto público del producto, las erogaciones sociales han elevado su participación en este último del 33.7% al 40,3% entre 1980 y 1999; de lo que se deduce que aún no se alcanza media latinoamericana (47%), pero el avance no deja de ser significativo.

Es evidente que la acción dirigida a motivar el aumento del gasto social ha producido efectos beneficiosos; el logro se efectuó a través de la mayor expansión del producto intentando superar los promedios regionales, de esta forma también se limita la marginalidad y se amplían las oportunidades del mercado de trabajo. El alto dinamismo de la economía y la mayor prioridad a lo social explican que el gasto gubernamental, destinado a esos propósitos, haya crecido en término reales a la respetable tasa del 11% anual entre 1990 y 1999. Los índices de hogares pobres (32%) y de indigentes (13%), aunque apremiantes, revelan una situación bastante menos angustiosa que la de México, El Salvador, Brasil, Nicaragua, Perú, Venezuela y la de los promedios latinoamericanos.

El comportamiento del gasto público se atribuye al aumento de las compras del gobierno (36,7%) y remuneraciones (13,5%), por el incremento salarial de 6% y de 6,7% en el personal ocupado del Gobierno General. Las exportaciones de bienes y servicios, valoradas en moneda local, decrecieron en 6,4%, las de bienes lo hicieron en 1,9% y las de servicios en 12,7%. Este comportamiento obedece a la disminución de los ingresos por turismo, las exportaciones de ferroníquel, café, tabaco y las de zonas francas.

Los coeficientes de Gini de concentración del ingreso urbano, ponen de relieve una situación mejor a la de la mayoría de los países de la región, incluyendo Brasil, Chile, Argentina, Venezuela y Honduras. El énfasis en lo social, sobre todo en los últimos años, ha implicado la reorientación del gasto público. La participación de los servicios económicos en las erogaciones gubernamentales cae del 38% en 1980 al 27% en 1999. Asimismo, a partir de 1995, como se dijo, parece perder dinamismo la formación pública de capital en favor del gasto corriente. Las erogaciones de capital, que solían representar alrededor del 40% del gasto público total, alcanzan apenas una participación del 27% en el trienio 1997-1999. Con todo, en la década de los noventa el debilitamiento relativo de la inversión pública pudo ser compensado por el ascenso de la inversión privada, en la que desempeñó un papel destacado la de origen externo.

En síntesis, salvo por las tendencias más recientes, la política social dominicana se distinguió de la adoptada por la mayoría de los países latinoamericanos y resultó más próxima a la acogida en países como los Estados Unidos. Loable ha sido el camino preventivo que, se asocia con el sostenimiento de altas tasas de formación de capital y de crecimiento de la economía. Esto es contrario al objetivo típico de los programas latinoamericanos para combatir la pobreza. Más que atenuar a posteriori los efectos del ajuste al cambio estructural. El desarrollo no es, en sí mismo, garantía para asegurar la declinación sustantiva de la pobreza, pero juega un papel importante, sobre todo en países donde los sectores dinámicos son grandes demandantes de mano de obra.

REPÚBLICA DOMINICANA.

PRODUCTO INTERNO BRUTO

El comportamiento de la economía durante el año 1999 mostró la continuación del proceso de recuperación, al alcanzar un incremento de 5,5%, en comparación al año anterior. En el 2001 la economía dominicana registró un crecimiento de 2,7 %, bastante inferior al 7,8 % alcanzado en el 2000.

Actualmente hay un proceso de dinámica y rápida modernización de los programas de reforma de los 90's, evidentemente, mucho más aventajada con respecto a la corriente.

Luego del primer trimestre del año 2002, el Producto Interno Bruto (PIB) en términos reales, experimentó un repunte en abril-junio de 4,3%, para pasar a un significativo crecimiento de 5,5% en julio- septiembre. La mayoría de las actividades que conforman el Producto Interno Bruto (PIB) registraron tasas positivas, destacándose la construcción y la agropecuaria. La construcción, con alta ponderación en el PIB (12,5%) y con alto efecto multiplicador en la economía, revirtió la tendencia negativa del primer semestre para alcanzar una tasa del orden de 10,7%; mientras que la agropecuaria, con una participación de 9,9%, pasó de 1,0% a 13,1%. Asimismo, influyó el crecimiento sostenido de sectores que han mantenido su dinamismo durante todo el año como Comunicaciones (29,3%), Electricidad y Agua (24,3%) y Gobierno (9,2%).

No obstante la recuperación, el comportamiento del PIB, en enero- septiembre registró una desaceleración con relación a igual período del año 2000, debido a la incidencia de factores internos y externos. Dentro de los factores internos, se pueden señalar la contracción de la demanda privada, como consecuencia de una reforma tributaria y la aprobación de la Ley de Hidrocarburos; mientras que en los externos se destacan la desaceleración de la economía mundial, la devaluación del euro con relación al dólar y los eventos del 11 de septiembre en los Estados Unidos, los cuales acentuaron la caída en las zonas francas (5,6%) y el turismo (5,9%), en el período. Tomando como referencia el cambio de tendencia que exhibió la economía en el segundo trimestre y la recuperación del período julio-septiembre, se mantiene la proyección de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de que el PIB crecería por encima del promedio estimado para la región.

De acuerdo a informaciones preliminares, las cuentas del gobierno central durante el año pasado arrojaron un déficit equivalente a 1,6% del PIB, ligeramente inferior al 2,1% del PIB registrado en 2000.

OFERTA Y DEMANDA GLOBALES

La oferta global, a precios corrientes, apuntó un incremento de 6,2% en el período analizado, explicado por el aumento de 12,2% en el Producto Interno Bruto (PIB), ya que los bienes y servicios provenientes del exterior, expresados en moneda local, registraron una caída de 3,1%. Para este período el PIB representó el 64,4% de la oferta global y las Importaciones el 35,6%.

La demanda interna registró un aumento de 9,1%, determinado por el incremento del consumo final en 9,6% y la expansión en 7,8% de la inversión bruta interna. El comportamiento del consumo final se atribuye al aumento del gasto privado (8,4%) y del consumo del Gobierno (18,2%). Dentro del Gobierno Central, las Secretarías de mayor incidencia fueron: las Fuerzas Armadas, Presidencia de la República, Salud Pública y Asistencia Social e Interior y Policía; básicamente, por el crecimiento de los gastos corrientes, producto del incremento de las nóminas (13,0%), las compras de materiales y suministros (8,6%) y la disminución de las ventas (12,2%), debido principalmente a la reducción de los ingresos por derecho de aterrizaje, como resultado de la privatización de los principales aeropuertos.

El crecimiento de la inversión bruta interna se sustentó en las construcciones del sector privado, principalmente en las edificaciones no residenciales y en el aumento de la demanda de maquinarias y equipos requeridos por los diversos sectores productivos.

Las medidas fiscales adoptadas por las nuevas autoridades han provocado una significativa desaceleración en la demanda agregada interna, la cual pasó de un crecimiento real de 8,2% en 2000 a una expansión de tan sólo 1,6% el año pasado. Este comportamiento respondió tanto a una disminución en el ritmo de crecimiento del consumo, como a una significativa contracción en la inversión, particularmente la privada.

En cuanto a la demanda externa de bienes y servicios de producción nacional, se incrementaron las exportaciones en un 0,2%, valoradas en moneda local, esto se explica por el ligero crecimiento de 0,7% en los servicios, debido a la disminución de los ingresos por turismo, acentuada por los eventos ocurridos en los Estados Unidos en septiembre del pasado año.

Desafortunadamente, la demanda externa también se desaceleró, pasando de una tasa de crecimiento real de 12% en 2000, a otra de apenas 0,1% el año pasado.

PRECIOS INTERNOS

Índice Nacional

La tasa de inflación acumulada fue de 9,85%, inferior en 1,58 puntos porcentuales, al compararse con 11,40% alcanzado por este indicador el año anterior. El primer trimestre del año fue el de mayor incidencia, por los efectos que las medidas fiscales tuvieron en los precios internos en el mes de enero.

En el lapso, los grupos de mayor efecto, conforme a su ponderación, en el crecimiento del IPC general fueron: Alimentos, Bebidas y Tabaco; Hoteles, Bares y Restaurantes; Transporte, y Educación.

Cabe destacar, que las mencionadas alzas fueron atenuadas por las reducciones de precios de bienes alimenticios de alta ponderación, como consecuencia del incremento sustancial de la oferta, por las medidas de apoyo técnico y financiero a los productores nacionales, implementadas por las autoridades del sector agropecuario desde finales del año 2000. A partir de octubre (2001), incidieron la aplicación del alza en la comisión cambiaria y el aumento de los precios internos de los combustibles.

En el primer trimestre de este año, la tasa de inflación acumulada fue de 1,75%, siendo el mes de marzo (1,14%) el de mayor impacto en este crecimiento. Esta tasa resultó inferior al 2,21% alcanzado en igual período del año anterior, mientras que la inflación anualizada, medida de marzo 2002 a marzo de 2001 fue de 3,92% y la promedio de los últimos doce meses registró 6,73%.

SECTOR EXTERNO

Resultado de la Balanza de Pagos

El sector externo de la economía dominicana, medido en términos del resultado global de la balanza de pagos, concluyó el período del año 2001 con un saldo positivo de US$579.7 millones, el cual representa una mejoría de US$786.8 millones, al compararse con el déficit de US$207.1 millones en que terminó dicha cuenta en similar período del año 2000.

El resultado global de la balanza de pagos del país correspondiente al primer trimestre del presente año, terminó con un balance negativo de US$187.9 millones, debido a la disminución en la demanda en los bienes de exportación, a desfavorables términos de intercambio y a la caída en los ingresos del turismo, combinado con un acelerado incremento del gasto doméstico en el último trimestre del 2001, el cual se reflejó en un aumento de 7,7% de las importaciones nacionales, excluyendo petróleo.

En cuanto a las transferencias corrientes, éstas aumentaron un 7% alcanzando un superávit de US$ 2.028 millones, gracias a un crecimiento de las remesas familiares. El déficit comercial se ubicó en US$ 3.450 millones, 8% inferior al registrado en 2000. Tal mejoría se debió exclusivamente a una contracción de 7% en las importaciones, ya que las exportaciones también se contrajeron. Este resultado es muy positivo, si se consideran la recesión de la economía estadounidense.

En vista de que el resultado global de la balanza de pagos incluye las operaciones reales o de cuenta corriente y las transacciones financieras, este comportamiento positivo se explica, básicamente, por la reducción del renglón de las importaciones, incluyendo el monto de los fletes, así como por el ingreso del desembolso de los bonos soberanos que se colocaron en el mercado internacional. El efecto positivo de estos factores fue muy superior al impacto adverso que ha tenido el entorno internacional en las exportaciones de bienes y servicios, las cuales, como se podrá observar más adelante, han experimentado alguna reducción con relación al mismo período del año anterior 2001. Como resultado de lo anterior, las reservas internacionales netas y brutas se habían incrementado en US$554.0 millones y en US$519.6 millones respectivamente, con relación a los niveles en que concluyeron al finalizar el mes de diciembre del año 2000.

Deuda Pública Externa

Durante el año 2001, el sector público recibió desembolsos de mediano y largo plazos ascendentes a US$735.8 millones. La mayor parte de dicho monto se debió a la emisión de US$500.0 millones de bonos soberanos realizada por el gobierno el 27 de septiembre de ese año, a una tasa de interés de 9,5%, con un “spread” de 569 puntos básicos y un período de vencimiento de cinco años. De los restantes US$235.8 millones, el 57,8% provinieron de fuentes bilaterales y el 31,9% de organismos multilaterales.

Se destaca que, en el caso de los organismos multilaterales, los desembolsos de préstamos se incrementaron 14,5% con respecto al período del año anterior. Estos recursos fueron destinados al financiamiento de proyectos en el área de salud, educación y electricidad.

Mercado de Cambio

Operaciones de Divisas

La combinación de las operaciones del mercado oficial (Banco Central) y el mercado privado (bancos comerciales y agentes de cambio), alcanzaron US$6,115.2 millones, lo cual representa un aumento de 8.9% con relación al año anterior. El sector privado ascendió sus operaciones a US$4,668.6 millones, lo que revela un aumento de US$146.2 millones. El sector público, determinado por Banco Central percibió un incremento en sus ingresos de US$358.1 millones, es decir, un crecimiento de 33% respecto a igual período del año anterior.

Tasa de Cambio

El diferencial entre los tipos de cambio de los mercados oficial y privado se mantuvo relativamente reducido, excepto en septiembre, cuando se produjo una caída abrupta en los ingresos de divisas por concepto de turismo y remesas que presionó al alza al tipo de cambio en el mercado privado de cambio. Hacia mediados de octubre, gracias en parte a la colocación de US$ 500 millones en bonos soberanos, ya se había restablecido la normalidad en el mercado cambiario, lo cual se reflejó en una reducción del diferencial entre los tipos de cambio del mercado oficial y privado.

Se observó una relativa estabilidad en lo que a las tasas de cambio para las transacciones de compra de divisas de los bancos comerciales y de los agentes de cambio, se refiere registrando valores promedio de RD$ 16,78/USD y RD$ 16,85/USD, respectivamente. El aumento es de 3,3% en ambos segmentos con relación al año anterior. De igual forma, el promedio alcanzado por dichas tasas refleja una depreciación de sólo 0,7% en bancos comerciales y 0,9% en los agentes de cambio.

Según metodología internacional aplicada por el Banco Central el stock de la deuda pública externa, está constituido por aquellos montos contratados por el país, sólo cuando éstos han sido devengados o recibidos.

Entorno Económico Internacional

El creciente deterioro del panorama económico internacional, que se observaba en los primeros ocho meses del año 2001, se vió marcado y acentuado significativamente por el ataque terrorista del pasado 11 de septiembre y por los acontecimientos subsecuentes. En los actuales momentos, el contexto económico mundial es incierto, está afectado por factores que empeoran rápidamente y los pronósticos se revisan continuamente a la baja.

En diversos pronósticos realizados por el FMI, el BM, CEPAL e instituciones privadas, se destacaban los siguientes aspectos en las perspectivas del panorama económico mundial:

1) La tasa de crecimiento de la economía mundial descendería para el año 2001 a un rango que oscila entre 2,4% y 1,1%, pudiendo recuperarse ligeramente en el siguiente año, si se lograra una sincronización e intensificación de las políticas de orden fiscal y monetario destinadas a fortalecer la demanda, especialmente en los países más industrializados.

2) El comercio internacional crecería en torno al 1% frente al 12,4% del pasado año y la demanda de bienes primarios descenderá en volúmenes y precios, lo que podría afectar la balanza de pagos de varios mercados emergentes.

Las proyecciones del precio del petróleo indican que se acentuaría su caída, aunque la evolución del actual conflicto bélico pudiera alterar esta tendencia. Los pronósticos varían desde un optimista 2,4% del FMI hasta 1,3% del BM y 1,2% en el denominado pronóstico de consenso que recoge el de esos organismos y los de otras instituciones públicas y privadas.

Los países más afectados son aquellos que cuentan con la menor demanda mundial, tanto de bienes primarios como de productos de alto contenido tecnológico, es decir, los de la región de América Latina y el Caribe, así como la mayoría de la zona del Este Asiático. El acceso de dichos países en desarrollo a los mercados financieros internacionales se verá limitado. Pero es necesario resaltar que, también la volatilidad de los grandes mercados financieros pudiera favorecer la afluencia de capitales hacia otros mercados más estables, como es el caso de República Dominicana.

El panorama de incertidumbre afectó especialmente a los centros receptores del turismo internacional cuyo flujo podría reducirse un 10%, aún quedan las secuelas y las consiguientes repercusiones en las aerolíneas, hoteles y empresas relacionadas.

Las perspectivas para la economía mundial eran, por tanto, de crisis la cual ha sido generada en los países más industrializados, los 30 pertenecientes a la OCDE y cuyo crecimiento este año será de 0,9%, su peor tasa en 20 años.

Sus repercusiones han alcanzado un carácter global y no se esperaba una recuperación del crecimiento mundial hasta el segundo semestre de este año. En la región de América Latina y el Caribe, el impacto de la desaceleración mundial ha implicado una reducción de la tasa de crecimiento de 4,1% en el 2000 a 0,5% en el 2001.

COMPORTAMIENTO FINANCIERO DEL GOBIERNO CENTRAL

En el año 2001 se ha verificó un manejo disciplinado de la política fiscal. Asimismo, una de las acciones de mayor relevancia aplicada en el trimestre julio-septiembre fue la colocación de los bonos soberanos por un monto de US$500.0 millones, operación que puede ser calificada como exitosa, si se tiene en consideración que los bonos soberanos dominicanos fueron colocados sin descuentos, a una tasa de 9,5% con una baja comisión, e inmediatamente después de los eventos del 11 de septiembre, lo cual fue muy oportuno. Los ingresos procedentes de los bonos serían aplicados al gasto en obras de infraestructura con un alto nivel de retorno, a partir del último trimestre del año y durante el 2002.

La adopción del Sistema de Programación Financiera del Presupuesto, mediante el Decreto No. 614-01, de fecha 12 de junio del 2001, se distingue en las medidas iniciadas en el período en consideración que inciden en las finanzas públicas,. Esta medida tiene por finalidad compatibilizar los flujos de ingresos y gastos, mediante el establecimiento de normas que racionalicen, agilicen y hagan más transparentes los desembolsos a las diferentes instituciones gubernamentales, al tiempo que procuran evitar el surgimiento de deudas administrativas más allá de lo previsto.

Ingresos del Gobierno Central

Los Ingresos Totales del Gobierno Central del año 2001, presentaron aumentos significativos respecto a años anteriores, lo que se debe fundamentalmente al efecto de la reforma tributaria de finales del pasado año.

El aumento en los ingresos fiscales estuvo influenciado también por la Ley de Amnistía fiscal que estableció que las empresas que se acogieran a la misma podían liberarse de las fiscalizaciones de sus tres últimos ejercicios, lo que ha aportado entradas por concepto de impuestos sobre los ingresos y la propiedad.

En el referido período, los ingresos de capital registraron un aumento de 4%, los ingresos corrientes alcanzaron un 17,2%, dentro de los cuales los ingresos tributarios crecieron en 20,9%, mientras que los no tributarios disminuyeron en 25,1%.

Gastos del Gobierno Central

Los gastos, sufrieron un incremento de 12% con respecto al año anterior. De los Gastos Totales el 76,2% le correspondió a los Gastos Corrientes, mientras que la participación de los Gastos de Capital fue equivalente al 23,8%. El cierre para el año 2001 declara un incremento en los gastos de 17,3%, atribuible a la expansión en los gastos corrientes y de capital de 8% y 46%, respectivamente.

Es importante destacar que el incremento en los gastos de capital comenzó darse a partir del cuarto trimestre del año, lo que fue posible gracias a los ahorros obtenidos por la eliminación de los subsidios a la energía y a la afluencia de recursos frescos provenientes de la colocación de bonos soberanos.

La conjugación de algunas medidas permitió fortalecer las finanzas públicas, particularmente en los primeros nueve meses del año. Por el lado de los gastos, las medidas fueron: a) recortar los gastos de inversión, particularmente durante la primera mitad del año; b) eliminar los subsidios a la electricidad y al gas propano; y c) introducir a partir de mayo una serie de medidas administrativas orientadas a contener el desbordamiento en el gasto corriente registrado en la primera mitad del año. Sin embargo, a partir del cuarto trimestre se comenzaron a incrementar fuertemente los gastos de capital, lo que explica en buena medida el resultado deficitario registrado en 2001.

POLÍTICA MONETARIA Y CREDITICIA

Las autoridades del Banco Central han implementado una política monetaria contracíclica, induciendo a una reducción de las tasas de interés como forma de estimular la demanda agregada interna, para responder a la desaceleración que ha experimentado la economía dominicana por el impacto inicial de las medidas fiscales de principios de año agravado por un entorno internacional adverso. Particularmente, este esfuerzo se ha hizo más evidente a partir del mes de mayo del 2001.

Para el ultimo trimestre del año 2001 se comenzaron a reflejar los resultados de la flexibilización de la política monetaria que, combinado con la disciplina fiscal que ha mantenido el Gobierno Central, permitieron lograr una reducción importante en las tasas de interés internas sin afectar la estabilidad de los precios relativos. En efecto, la tasa de interés pasiva promedio ponderado, disminuyó en 6,6 puntos de febrero a septiembre del 2001, mientras que la tasa activa lo ha hecho en 7,4 puntos porcentuales, en ese mismo lapso. Esta es la reducción más pronunciada desde la caída registrada en el 1991 luego de la liberalización de las tasas de interés. Para el primer semestre de este año la tasa de interés pasiva, promedio ponderado ha subido 2,2 puntos porcentuales al pasar de 12,37% en promedio de diciembre 2001 a 14,56% en promedio de marzo 2002, mientras que la activa lo ha hecho en 2.5 puntos porcentuales al subir de 21,21% en diciembre del 2001 a 23,68% en marzo del 2002. La inflación se mantuvo controlada en los primeros meses, y se esperaba que concluyera por debajo del 6% a fin de año, inferior al rango-meta establecido en el Programa Monetario de 7%-8%; satisfactoriamente la inflación acumulada fue de 4,4%, superando en gran medida todos los pronósticos. Además, el tipo de cambio no experimentó fluctuaciones importantes en todo el año.

Durante el primer trimestre del presente año, las cifras disponibles sobre los niveles de inflación de 14 países latinoamericanos nos sitúan en una posición ventajosa entre los países con más bajo nivel de inflación, aún por debajo de economías dolarizadas como el Salvador y Ecuador.

La coordinación efectiva de las políticas monetaria y fiscal ha repercutido positivamente sobre las expectativas de los agentes económicos, los cuales han respondido reactivando la demanda agregada.

Basta analizar los cambios en las Reservas Internacionales y en los Certificados de Participación, para explicar el mecanismo de transmisión y operativo de la política monetaria que se ha estado aplicando. La política de Reservas internacionales ha estado dirigida a recuperar los niveles de las mismas, los cuales se habían erosionado como consecuencia del impacto del shock petrolero del año pasado así como de la decisión de posponer el ajuste en los precios internos de los combustibles (Ley de Hidrocarburos).

Otro aspecto relevante de la política monetaria, en el transcurso del año 2001, radica en el hecho de que, no se emitió dinero para financiar el Servicio de la Deuda Externa del Gobierno Central, por lo que el resultado neto de ambas políticas ha sido una expansión sana de la liquidez, que ha monetizado recursos fruto de la recuperación de las reservas, así como recursos que estaban invertidos en el Banco Central y que en su momento fueron absorbidos por el sistema financiero para garantizar la estabilidad macroeconómica.

En lo sucesivo la política monetaria estará orientada a la monetización gradual de los recursos de los Bonos Soberanos a la luz de la Programación Monetaria, garantizando que las tasas de interés reales se mantengan alineadas en el nivel de equilibrio que garantice el flujo continuo de recursos externos, la expansión sostenida de la economía, el adecuado desenvolvimiento de las inversiones internas y sobre todo, la estabilidad de precios.

En la medida en que las tasas de interés internacionales disminuyan, ceteris paribus, habrá una mayor holgura por el lado de la política monetaria para provocar reducciones adicionales en las tasas de interés internas.

De enero a marzo del 2001, la política monetaria estuvo condicionada por un entorno internacional poco favorable. El estancamiento del turismo y de las zonas francas, así como la reducción en las exportaciones de bienes, originaron una baja en el flujo de divisas a la economía, lo cual condujo a las autoridades monetarias a adecuar el crecimiento de la demanda agregada, a través de la implementación de una política monetaria más restrictiva, con el propósito de atenuar presiones sobre el tipo de cambio y la inflación. Además, con estas medidas se procuraba evitar un deterioro mayor en la cuenta corriente de la balanza de pagos que en el corto plazo podría ejercer presiones sobre las reservas internacionales del Banco Central, y afectar el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica.

En el mes de marzo, la demanda de divisas se estabilizó, lo que unido a las intervenciones realizadas por el Banco Central, redujo significativamente las fluctuaciones en el mercado. Estas intervenciones se hicieron con el doble propósito de romper las expectativas devaluatorias, aumentando la oferta de divisas en el mercado, y al mismo tiempo reducir la liquidez del sistema para aminorar las presiones cambiarias, y así evitar que los movimientos de la tasa de cambio comprometiesen la meta de inflación del Banco Central

Tasas de Interés de los Bancos Comerciales

Las tasas de interés activas y pasivas presentaron una clara tendencia a la baja al finalizar el tercer trimestre del año 2001, como consecuencia de una combinación de factores internos y externos.

En tal sentido, las principales tasas de interés mundiales han tenido recortes sistemáticos como consecuencia de que los indicadores de consumo y de producción de los Estados Unidos y la Zona Euro mostraron una tendencia declinante para los dos últimos trimestres del año 2001.

Entre los factores internos que han incidido en la reducción de las tasas de interés activa y pasiva se encuentran la moderación de las expectativas de crecimiento de la actividad económica, la disminución de los precios internacionales del petróleo que ha contribuido a aminorar los riesgos inflacionarios futuros y la reducción en las expectativas de inflación por parte de los agentes económicos como resultado de la aplicación de la Política Monetaria por parte del Banco Central en combinación con un manejo disciplinado del gasto del gobierno.

Dentro de los factores internos se destaca la aplicación de una Política Monetaria anticíclica por parte del Banco Central. En efecto, el exceso de liquidez que los bancos han acumulado producto de los recursos provenientes de la Tasa de interés de política de la FED, Libor de Inglaterra, la tasa de Descuento de la Zona Euro.

Resultado de la política llevada a cabo, las tasas de interés tendieron a aumentar. En efecto, la tasa de interés activa, promedio ponderado subió 2,5 puntos porcentuales al pasar de 21,21% en diciembre del 2001 a 23,68% en marzo del 2002 y la pasiva en 14,30%.

En cuanto a las tasas de interés promedio aplicadas según el destino de los créditos, se evidencia que las tasas de los préstamos registradas para el sector comercio muestran la mayor reducción, de 8,25 puntos, al promediar 20,09%; seguida por la de los préstamos a los sectores hipotecario y desarrollo que disminuyó en 5,76 puntos, para situarse en 24,88%; mientras que las tasas de los préstamos al consumo y personales bajaron en 4,87 puntos porcentuales, registrando un promedio de 26,11% en el 2001.

Las tasas de las operaciones en dólares presentan una disminución de 1,39 puntos porcentuales la pasiva, promediando un 6,53%, mientras que la tasa activa para préstamos en dólares no presentó cambios importantes respecto a diciembre del 2000, promediando un 11,13%.

Por otra parte, las tasas de interés en pesos expresadas en términos reales, al igual que las nominales, han mostrado una clara tendencia a la baja. En efecto, desde noviembre del año 2000, las tasas de interés reales activa y pasiva han mostrado una tendencia sistemática hacia la baja, disminuyendo a agosto del 2001 a niveles de 13,64% para la tasa real activa y 4,70% para la tasa real pasiva.

En septiembre del 2001, las tasas de interés reales mostraron una ligera alza como consecuencia de una menor inflación anualizada la cual alcanzó un valor efectivo de 5,91% y posiblemente por las mayores expectativas de inflación de los agentes económicos producto de los acontecimientos ocurridos el 11 de septiembre en los Estados Unidos.

Para el primer semestre del año 2002 y en lo que a las tasas de interés de los bancos comerciales se refiere, diremos que, los movimientos verificados por las tasas de han sido consistentes con la implementación de una política monetaria más austera, dado el entorno externo actual.

CONCLUSIONES

Aún la transición dominicana hacia una sociedad más libre política y económicamente está en proceso. La República Dominicana es un país más moderno ahora y la economía dominicana está más integrada en la economía global. No obstante, hay desafíos significativos por delante que deben ser encarados completamente.

Ha causado gran impresión el hecho de que, la relación con la economía norteamericana considerada un gran baluarte, podría, en el futuro, convertirse en una de sus debilidades. La interrogante sobre qué pasaría si la economía de los Estados Unidos se desacelera substancialmente. Tendría que existir la posibilidad de establecer nuevas relaciones hacia el mercado de la Unión Europea lo suficientemente rápido. En el caso contrario, ¿habría de penetrarse en los mercados de América Central y el Caribe y el CARICOM convenientemente? ¿Sería la relación comercial con Haití y Cuba lo suficientemente grande para ayudar a ajustarse a los cambios en la economía norteamericana?

A pesar de todas estas dudas, en todos los escenarios y oportunidades que se han estudiado, se puede afirmar que la República Dominicana seguirá en su desempeño con tasas de crecimiento económico superior al promedio de América Latina. La economía ha dado claras señales de franca recuperación, e incluso desarrollo, al verificarse tasas de crecimiento positivas en la mayoría de los sectores que conforman el Producto Interno Bruto (PIB). La República Dominicana en el 2001, uno de sus mejores años, logró alcanzar la sorprendente tasa de crecimiento de más de un 5% en este importante indicador del desempeño productivo del país. Para este año se registra un crecimiento 4,3% que, aunque inferior al del año anterior no deja de ser alentador.

El manejo responsable de la política fiscal, es un punto que es necesario resaltar, precisamente porque se han creado las condiciones indispensables para que las autoridades monetarias pudiesen adoptar políticas monetarias, crediticias y cambiarias sanas, orientadas a dotar a la economía de la liquidez necesaria, reducir las tasas de interés, estabilizar el tipo de cambio y mantener un bajo nivel de inflación. O sea, para asegurar el equilibrio macroeconómico y propiciar el crecimiento sostenible del producto. Este es el papel que juega en el momento actual el Banco Central, frente a los actores que, con sus decisiones, determinan el curso de la economía: garantizarles un clima de estabilidad de precios y expectativas de baja inflación con el fin de estimular la formación de ahorro, las inversiones productivas, la generación de empleo, el mantenimiento del poder adquisitivo de los salarios y el fortalecimiento del sistema financiero. Sin estabilidad no hay crecimiento duradero. Y sin éste no hay creación de riqueza para distribuir y mejorar la calidad de vida de los más pobres. Por ello se puede recalcar que una de las principales virtudes que tiene hoy la República Dominicana es su estabilidad macroeconómica. Sin ella, los activos empresariales que poseen se verían seriamente limitado su potencial de desarrollo.

La estabilidad macroeconómica de un país ha derivado en una condición necesaria para evitar, tanto su propia crisis, como los impactos desencadenados por los desequilibrios de otros países, esto consecuencia de el alto grado que la globalización que ha alcanzado en la economía internacional y su acelerado ritmo de profundización a todos los niveles. Pero no es una condición suficiente para que un país pueda sustraerse, a manera de blindaje, del contagio de crisis que van adquiriendo un creciente carácter sistémico. Los casos de algunas economías de la región con una larga y consolidada trayectoria de crecimiento con estabilidad y que fueron afectadas por las crisis de los últimos cinco años son ejemplos de lo que se plantea.

De hecho, la economía dominicana, que había logrado sustraerse a las últimas crisis, fue severamente impactada por los aumentos de los precios internacionales del petróleo. Frente a esta realidad ineludible de la creciente interdependencia que a nivel mundial exhiben los procesos económicos, sería conveniente pensar en la habilitación de algún mecanismo de emergencia que permita a los países latinoamericanos que observen una trayectoria de estabilidad en sus indicadores macroeconómicos, hacer frente a estos shocks externos imprevistos, cuyas repercusiones más inmediatas se proyectan siempre sobre los grupos sociales más vulnerables, afectando consecuentemente la legitimidad de las instituciones democráticas y la gobernabilidad de nuestras naciones.

En virtud de lo expuesto, la República Dominicana ha sugerido al Banco Interamericano de Desarrollo una propuesta concreta: el establecimiento de un mecanismo de acción, de corto plazo, abierto a los países de la región que gozan de estabilidad macroeconómica y son atacados por choques externos, que les permita acceder en forma expedita a recursos para ser utilizados en el fortalecimiento del componente social del gasto público, destinado a favorecer a los núcleos sociales más empobrecidos. Como se sabe, estos son los afectados primarios de los ajustes económicos que se aplican para corregir los desequilibrios originados por dichas contingencias externas. Esta nueva facilidad del BID sería consistente con recientes esquemas de financiamiento creados por el FMI en 1997 y 1999, tales como el Servicio de Complementación de Reservas (SCR).

Finalmente se declara la solidez que presenta el proceso de desarrollo la economía de la República Dominicana. El tratamiento metódico y minucioso en el manejo del quehacer económico ha derivado en una precisión sumamente beneficiosa; lo cual demuestra la capacidad de los gobernantes y de su equipo, en la implementación de políticas económicas claras y acertadas a la realidad que impone la dinámica global, tanto en el ámbito interno como a nivel externo.

BIBLIOGRAFÍA

• ESTUDIO ECONÓMICO DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE 1999-2000 de la CEPAL.

www.presidencia.gov.do

www.reforma.gov.do

www.dgii.gov.do

• www.estadistica.gov.do

• www.amcham.org.do/chamber/economia.html

• www.iadb.org/regions/re2/sep/dr-sep.htm

REPUBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DE EDUCACIÓN

UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA

FACULTAD DE CIENCIAS ECONÓMICAS Y SOCIALES

ESCUELA DE ECONOMÍA

MATERIA: POLÍTICA ECONOMICA III (DIURNO)

REPÚBLICA DOMINICANA

Ya en el período 1995-1999, la realización de operaciones de mercado abierto con certificados de participación explicaba una circulación de casi 4 000 millones de pesos, nueve veces superior a los adelantos y redescuentos concedidos por el Banco Central.

A título ilustrativo, en el período 1979-1986 se decretaron sobretasas de 10% a lasimportaciones, de 36% a algunas exportaciones, y se elevaron a la par los precios del petróleo. Con el NPE, se establecieron recargos temporales a las importaciones, se duplicaron los precios del petróleo, se incrementaron las comisiones cambiarias y se crearon impuestos selectivos al consumo. En 1995 se implantó un gravamen a los movimientos de turistas y en 1996 se fijó una tasa del 10% a los usuarios de los hoteles.

En 1990 se redujeron las tarifas arancelarias y su dispersión, con tasas que van del 5% al 35%, y en 1997, se liberaron las importaciones de materias primas y bienes de capital para los sectores textil y de la confección (véase el capítulo VI).

En el período 1978-1990 el producto latinoamericano creció aproximadamente 2% anual, y entre 1990-1999 lo hizo a una tasa que no excede del 3.5%. Las cifras dominicanas son superiores: 3% en

el primer caso y 6.1%, en el segundo.