Novelas ejemplares; Miguel de Cervantes

Siglo de oro. Literatura española. Narrativa. Novela. Renacimiento. Estilo cervantino. Argumentos. Licenciado Vidriera. Fuerza de Sangre. Celoso extremeño. Ilustre fregona. Dos doncellas. Señora Cornelia. Casamiento engañoso. Coloquio de los perros

  • Enviado por: Alejandro Cernuda
  • Idioma: castellano
  • País: España España
  • 24 páginas

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INDICE

Biografía de Miguel de Cervantes Saavedra ____________________________Páginas 1 a 12

Resúmen de cada una de las Novelas ejemplares _____________________________Páginas 13 a 23

  • El licenciado Vidriera__________________Páginas 14 y 15

  • La Fuerza de la Sangre___________________Página 16

  • El Celoso Extremeño _________________________Página 17

  • La Ilustre Fregona _________________________Página 18

  • Las Dos Doncellas _________________________Página 19

  • La Señora Cornelia _________________________Página 19

  • El Casamiento Engañoso_________________Páginas 20 y 21

  • El Coloquio de Los Perros___________________Página22

Apreciación__________________Página23

“Más ha hecho Miguel de Cervantes por la cultura castellana durante sus sesenta y nueve años de vida que lo que han hecho por ella todos sus dirigentes durante cientos de años”

Esta frase resume la importancia que ha tenido Cervantes en las letras castellanas, ya que ha sido autor de las más importantes novelas y actos de la cultura hispánica.

Miguel de Cervantes y Saavedra
(Alcalá de Henares, 1547- Madrid, 1616).

Poeta, novelista y dramaturgo español, considerado como el más grande escritor español de todos los tiempos, y uno de los mejores escritores universales. Su obra más conocida, la Historia de El Quijote de la Mancha, ha trascendido todas las fronteras y todas las culturas.

El retrato más fidedigno que se conoce de Miguel de Cervantes se debe a su propia pluma, con la que trazó su "rostro y talle" en el prólogo a las Novelas ejemplares:

"Éste que veis aquí, de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos estremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena; algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies; éste digo que es el rostro del autor de La Galatea y de Don Quijote de la Mancha, y del que hizo el Viaje del Parnaso, a imitación del de César Caporal Perusino, y otras obras que andan por ahí descarriadas y, quizá, sin el nombre de su dueño. Llámase comúnmente Miguel de Cervantes Saavedra. Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades. Perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo del rayo de la guerra, Carlo Quinto, de felice memoria".

Miguel de Cervantes fue bautizado el 9 de octubre de 1547, en la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, de Alcalá de Henares, donde nació posiblemente el día 29 de septiembre, día de San Miguel. Era el cuarto hijo de los seis que tuvo el matrimonio Rodrigo de Cervantes y Leonor de Cortinas. El padre era cirujano-barbero, profesión de escasos ingresos y baja consideración social. Las estrecheces económicas, en las que sin duda se crió nuestro autor, forzaron a su padre a emprender un vagabundeo por Valladolid, Córdoba y Sevilla en busca de mejor suerte, nunca conseguida, sin que sepamos a ciencia cierta si su prole lo acompañó en sus viajes o no. Si lo hizo, Cervantes podría haber aprendido sus primeras letras en un colegio de la Compañía de Jesús de esas localidades, e incluso haberse aficionado al teatro -una vocación que no abandonaría jamás- bajo la tutela del padre Acevedo. Desde 1566 el cirujano-barbero se estableció definitivamente con su familia en Madrid, iniciando por esos años el joven autor su carrera literaria: primero, en 1567, con un soneto dedicado a la reina ("Serenísima reina, en quien se halla"), con motivo del nacimiento de la infanta Catalina, la segunda hija de Felipe II. Después, en 1569, con cuatro poemas de corte garcilacista dedicados a la muerte de Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, que le pidió Juan López de Hoyos, rector del Estudio de la Villa -tratándolo de "caro y amado discípulo"-, para incluirlos en la Historia y relación de las exequias reales. Es posible que Cervantes se iniciara en la literatura bajo la supervisión y en la amistad del humanista y gramático López de Hoyos. Lo que sí es seguro es que Cervantes entró al mundo literario de la mano de la poesía.

Esos tempranos inicios poéticos se vieron truncados casi en sus comienzos, pues a finales de 1569, encontramos al joven escritor instalado en Roma como camarero del cardenal Giulio Acquaviva, al que serviría durante un tiempo para iniciar pronto su carrera militar. Allí tuvo Cervantes ocasión de familiarizarse con la literatura italiana del momento, tan influyente en su propia obra.

Abandonó el ambiente pontificio en 1570, para entrar en el servicio militar, entonces absolutamente voluntario, en el que desde luego no le sonreiría nunca la fortuna. Se alistó primero en Nápoles a las órdenes de Álvaro de Sande, para sentar plaza después, con toda seguridad, en la compañía de Diego de Urbina, del tercio de don Miguel de Moncada, bajo cuyas órdenes se embarcaría en la galera Marquesa, junto con su hermano Rodrigo, para combatir, el 7 de octubre de 1571, en la batalla naval de Lepanto. Aunque en aquellos días sufría de fiebres, luchó con valor, pues recibió dos arcabuzazos en el pecho y uno en la mano izquierda, que se la dejaría inutilizada para siempre. A cambio, quedaría inmortalizado como El manco de Lepanto y conservaría hasta su muerte el orgullo de haber participado en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros.

Ya recuperado de sus heridas en Mesina, en 1572 se incorporó a la compañía de don Manuel Ponce de León, del tercio de don Lope de Figueroa, dispuesto a seguir como soldado, pese a tener una mano lisiada. Participó en diversas campañas militares en los años siguientes, pasando gran parte de su tiempo en los aburridos cuarteles de invierno de Mesina, Sicilia, Palermo y Nápoles. Cansado de tal modo de vida, unos tres años después Cervantes decide regresar a España, no sin obtener antes cartas de recomendación del propio don Juan de Austria, reconociéndole sus méritos militares, con intención de utilizarlas en la Corte para obtener algún cargo oficial. Así, en 1575 embarca en Nápoles, junto con su hermano Rodrigo, en una flotilla de cuatro galeras que parten rumbo a Barcelona, con tan mala suerte que una tempestad las dispersa y precisamente El Sol, en la que viajaban Cervantes y su hermano, es apresada, ya frente a las costas catalanas, por unos corsarios berberiscos al mando del renegado albanés Arnaut Mamí. Los cautivos son conducidos a Argel y Miguel de Cervantes cae en manos de Dalí Mamí, apodado El Cojo, quien, a la vista de las cartas de recomendación del prisionero, firmadas por el gran capitán mediterráneo Juan de Austria, fija su rescate en 500 escudos de oro, cantidad prácticamente inalcanzable para la familia de su padre el cirujano.

Así se inicia el periodo más terrible de su vida: cinco largos años de cautiverio en las mazmorras o baños argelinos, que dejarían una huella indeleble en la mente del escritor -normalmente traducida en una continua exaltación de la libertad-:

La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (Quijote, II, 58).

a la vez que alimentarían numerosas páginas de sus obras, desde La Galatea al Persiles, pasando por El capitán cautivo del primer Quijote, y sin olvidar El trato de Argel ni Los baños de Argel. Intentó escaparse en varias ocasiones, sin éxito, y al final fue liberado gracias al rescate pagado por el fraile trinitario fray Juan Gil, con las monedas obtenidas de sus recorridos pedigüeños por la geografía española. El 27 de octubre llega a las costas españolas y desembarca en Denia (Valencia): su cautiverio ha durado cinco años y un mes.

Pretendió largo tiempo algún puesto oficial, especialmente en América, a donde quería viajar. En 1581 fue a Orán, en misión desconocida, y luego a Lisboa, a dar cuentas al gobierno de Felipe II. Sigue empeñado en un puesto en América, y así en 1582, dirige una solicitud a Antonio de Eraso, que le es denegada. Nunca le fueron recompensados sus méritos militares.

Dedicado de lleno a las letras, en el mundo literario del Madrid de finales del siglo XVI, mantiene relaciones amistosas con las más altas plumas de la época: Laýnez, Figueroa, Padilla, etc.) y se dedica a redactar La Galatea -donde figuran como personajes buena parte de estos autores-, que vería la luz en Alcalá de Henares, en 1585. Sigue también muy de cerca la evolución del teatro, acelerada por el nacimiento de los corrales de comedias, y se empapa de las obras de Argensola, Cueva, Virués, etc., llevando a cabo una actividad dramática muy fecunda no ajena al éxito:

"compuse en este tiempo hasta veinte comedias o treinta, que todas ellas se recitaron sin que se les ofreciese ofrenda de pepinos ni de otra cosa arrojadiza; corrieron su carrera sin silbos, gritas ni barahúndas" dice en el Prólogo a Ocho comedias.

De ellas se conservan hoy El trato de Argel, La Numancia y, si admitimos su paternidad, la recién atribuida Conquista de Jerusalén. También conocemos un contrato firmado en 1585 con Gaspar de Porres, referente a dos piezas perdidas: El trato de Constantinopla y La Confusa.

Se casó en Esquivias con Catalina de Salazar, en 1585, y poco después siguió con sus viajes y movimientos por el ancho mundo, que le llevaron a tener esposa de modo sólo nominal, pues hasta principios del siglo XVII no volverá a verse con ella.

En 1587 le vemos instalado en Sevilla, donde, al fin, obtiene, por mediación de Diego de Valdivia, el cargo de comisario real de abastos para la Armada Invencible. Más tarde sería encargado de recaudar las tasas atrasadas en Granada, habiéndole denegado una vez más el oficio en Indias que había vuelto a solicitar en 1590. Tan miserables empleos lo arrastrarían a soportar, hasta finales de siglo, un continuo vagabundeo mercantilista por el sur (Écija, La Rambla, Castro del Río, Cabra, Úbeda, Estepa, etc.), sin lograr más que disgustos, excomuniones, denuncias y algún encarcelamiento (Castro del Río, en 1592, y Sevilla, en 1597), al parecer siempre injustos y nunca demasiado largos. Como contrapartida, el viajero entrará en contacto directo con las gentes de a pie, y aun con los bajos fondos, adquiriendo una experiencia humana magistralmente recreada en sus obras.

Como dramaturgo, se compromete en 1592 con Rodrigo Osorio a entregarle seis comedias, que no cobraría si no resultaban de las mejores, entre las cuales se cuentan varias de las incluidas en el tomo de 1615; como novelista, redacta varias novelas cortas (El cautivo, Rinconete y Cortadillo, El celoso extremeño, etc.) y, mucho más importante, esboza nada menos que la primera parte del Quijote y, quizá, el comienzo del Persiles. Al comienzo del siglo XVII, Cervantes se despide de Sevilla y sólo sabemos de él que anda dedicado de lleno a la escritura del Quijote. En 1603 se instaló en Valladolid, ciudad declarada nuevamente capital de España por Felipe III.

A principios de 1605, de forma un tanto precipitada, ve la luz El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, en la imprenta madrileña de Juan de la Cuesta, a costa de Francisco de Robles, con un éxito inmediato y varias ediciones piratas, por lo que Juan de la Cuesta inicia la segunda edición al poco tiempo. Este éxito se vería empañado por un nuevo encarcelamiento, ordenado sediciosamente por el alcalde Villarroel, motivado por el asesinato de Gaspar de Ezpeleta a las puertas de la casa de los Cervantes, en cuyo proceso la familia fue acusada de llevar vida licenciosa ("Las Cervantas").

Viaja de nuevo, y queda a vivir, en Madrid, en 1606. Ya en la recta final de su vida, aún vive dos nuevas mudanzas: primero a la calle Huertas y luego a la de Francos, la asistencia a las academias de moda, como la del conde de Saldaña, en Atocha, y el ingreso en la Orden Tercera de San Francisco.

Ya prestigioso novelista y escritor, Miguel de Cervantes va redactando gran parte de su producción literaria, aprovechando títulos y proyectos viejos. Tras ocho años de silencio editorial desde la publicación de la novela que lo inmortalizaría, publica una verdadera avalancha literaria: Novelas ejemplares (1613), Viaje del Parnaso (1614), Ocho comedias y ocho entremeses nuevos nunca representados (1615) y Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615 también). La lista se cerraría, póstumamente, con la aparición, gestionada por su mujer Catalina, de Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia setentrional (1617).

Enfermo gravemente de "hidropesía" (accidente vascular con posible parálisis) en 1616 se vio morir: el 18 de abril recibe los últimos sacramentos; el 19 redacta, "puesto ya el pie en el estribo", su último escrito: la sobrecogedora dedicatoria del Persiles; el 22, poco más de una semana después que Shakespeare, el autor del Quijote fallece y es enterrado al día siguiente, con el sayal franciscano, en el convento de las Trinitarias Descalzas de la actual calle de Lope de Vega. Sus restos mortales se perdieron, y hoy permanece en la memoria de todos los que aman la buena literatura y el idioma castellano en su más puro acento.

La Obra de Cervantes

Miguel de Cervantes cultivó los tres grandes géneros literarios (poesía, teatro y novela) con el mismo empeño, aunque con resultados bien distintos. La historia literaria ha respetado siempre la evaluación adelantada por sus contemporáneos: fue menospreciado como poeta, cuestionado como dramaturgo y admirado como novelista.

Poesía.

La producción poética cervantina ocupa un espacio considerable en el conjunto de su obra, se halla diseminada a lo largo y ancho de sus escritos y recorre su biografía desde sus inicios literarios hasta el Persiles. Responde a una vocación proaache, cultivada ininterrumpidamente, aunque no siempre con la inspiración necesaria. Su obra poética está integrada por numerosas composiciones sueltas, normalmente de circunstancias (conmemorativas, fúnebres, laudatorias o satírico-burlescas), y por un largo poema con perfiles auto biográficos: el Viaje del Parnaso. Este es el único poema narrativo extenso de Cervantes. Hecho a imagen y semejanza del Viaggio di Parnaso (c. 1578), de Cesare Caporali di Perugia, como declara el propio autor, se inscribe en la tradición satírico-alegórica menipea, de ascendiente clásico, medieval y erasmista. Narra autobiográficamente, en ocho capítulos, un viaje fantástico al monte Parnaso, a bordo de una galera capitaneada por Mercurio, emprendido por muchos poetas buenos con el fin de defenderlo contra los poetastros. Reunidos allí con Apolo, salen victoriosos de la batalla y el protagonista regresa mágicamente a su morada. La aventura se completa con la "Adjunta al Parnaso", donde Pancracio de Roncesvalles entrega a Miguel dos cartas de Apolo con las que se cierra la adenda.

Teatro.

Comedias y tragedias.

También el teatro fue cultivado por Miguel de Cervantes con asiduidad y empeño vocacional. Desde sus inicios literarios, tras volver del cautiverio, hasta sus últimos años, se dedica a escribir teatro: la cronología de sus piezas abarca desde comienzos de los 80 hasta 1615, dejando escasos períodos inactivos.

Por orden de antigüedad, abren la serie las dos piezas sueltas representadas en la primera época. La más antigua, el Trato de Argel, es una tragicomedia de cautivos ambientada en un trasfondo histórico y costumbrista, de cuño autobiográfico, que se ve animado por la doble intriga amorosa de Aurelio-Silvia e Yzuf-Zahara. Mucho más relevante es la Tragedia de Numancia, acaso la mejor del género por aquellos años, donde las fuentes históricas (Apianno, Morales, Valera) sobre el cerco se adoban con motivos literarios (Farsalia, Laberinto de Fortuna, Araucana) y se enriquecen ya con vivencias individuales ficticias (madre e hijos, pareja de enamorados, dos amigos), ya con proyecciones alegóricas como el Duero o España.

Entremeses.

Son excelentes y Cervantes los aborda en absoluta libertad, tanto formal como ideológica, desplegando por entero su genialidad creativa para ofrecernos auténticas joyitas escénicas, cuya calidad artística nadie les ha regateado. Logra ocho "juguetes cómicos", protagonizados por los tipos ridículos de siempre (bobos, rufianes, vizcaínos, estudiantes, soldados, vejetes, etc.) y basados en las situaciones convencionales, pero enriquecidos y dignificados con lo más fino de su genio creativo (ironía, vida-literatura, apariencia-realidad...), de modo que salen potenciados hasta alcanzar cotas magistrales de trascendencia ilimitada. Entre burlas y veras, con la permisividad inherente al cuadro bufo, el manco de Lepanto no deja de poner en solfa los más sólidos aachementos de la mentalidad áurea.

Hay que destacar de ellos El juez de los divorcios, El rufián viudo, La guarda cuidadosa, La cueva de Salamanca, El viejo celoso, El vizcaíno fingido, La elección de los alcaldes de Daganzo, y el Retablo de las maravillas, que se alza como la pieza maestra indiscutible de la serie por su interés tanto estético como ideológico: el mayor de los puntales de la sociedad barroca, la pureza de sangre, o si se prefiere, la condición de cristiano viejo, se echa por tierra, y aun se reduce a la nada, cuando de ella depende la contemplación de un fantástico retablo, fabricado por el sabio Tontonelo, donde no hay más espectáculo que el representado por los espectadores, víctimas estúpidas de sus prejuicios casticistas, aunque no por ello dejan de anular los límites entre realidad y ficción.

Narrativa.

Cervantes está considerado por todos como el creador de la novela moderna. En este campo logró cuajar sus títulos más grandiosos: tras la concesión a la moda pastoril de La Galatea (1585), El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha (1605), las Novelas ejemplares (1613), la Segunda parte del ingenioso caballero (1615) y, póstumamente, la Historia de los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617). Fue capaz de renovar todos los géneros narrativos de su tiempo (caballeresca, pastoril, bizantina, picaresca, cortesana, etc.), y esto lo hizo con su indudable genio creativo, pues la novela se entendía por entonces a la italiana, como relato breve, y no estaba contemplada teóricamente en las retóricas. La fórmula novelesca empleada hay que ir a buscarla a sus propias obras, y no pasa de unas cuantas claves que han sido inteligentemente sistematizadas por Riley: verismo poético de los hechos, admiración de los casos, verosimilitud de los planteamientos, ejemplaridad moral, decoro lingüístico, etc. Son los mismos principios, por otro lado, que rigen en el resto de sus creaciones, siempre situadas en esa franja mágica que queda a caballo entre la vida y la literatura, la verdad y la ficción, la moral y la libertad...

Las Novelas ejemplares.

Los "doce cuentos" incluidos en el tomo de las Novelas ejemplares de 1613 recogen una tarea narrativa que arranca muy de atrás; al menos algunos de ellos, Rinconete y Cortadillo y El celoso extremeño, estaban ya escritos hacia 1600. Pero el Cervantes que los agrupa, retoca y completa, cuatro años antes de su muerte, es ya el autor del Quijote. Seguro de su talla como prosista de creación, despliega en ellos un muestreo novelesco de lo más variopinto que nos ofrece -no sin alardes- con aires de primicia desde su prólogo: "yo soy el primero que he novelado en lengua castellana, que las muchas novelas que en ella andan impresas todas son traducidas de lenguas estranjeras, y éstas son mías propias, no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró, y las parió mi pluma". La obra comprende doce títulos (La Gitanilla, El amante liberal, Rinconete y Cortadillo, La española inglesa, El licenciado Vidriera, La fuerza de la sangre, El celoso estremeño, La ilustre fregona, Los dos doncellas, La señora Cornelia, El casamiento engañoso y La de los perros Cipión y Berganza), pero el último de ellos está engastado en el anterior de forma indisoluble: el Coloquio se inserta como lectura llevada a cabo por uno de los personajes del Casamiento, de modo que éste se cierra una vez terminado aquél. Los títulos incluidos están pensados como muestreo genérico dentro de la tradición italiana del relato breve. En sus páginas se recrea y se pasa revista a la práctica totalidad de las modalidades propias de esa corriente: bizantina, picaresca, gnómica, cortesana, lucianesca, etc. Aparentemente, son relatos independientes, escritos al margen de la colección, que suelen clasificarse por sus planteamientos idealistas o realistas, por sus temas (amor, matrimonio, picaresca) o por su lenguaje más o menos culto. Las novelitas parecen estar presididas por un marco implícito que establece múltiples interrelaciones (simetrías, variaciones o contrastes) entre ellas, ya sean genéricas, temáticas, ambientales, lingüísticas, etc. Todas ellas se verán recapituladas en el Coloquio de los perros, al que llegan ecos de La Gitanilla, del Rinconete, de la Ilustre, etc., para hacernos volver a considerar la "mesa de trucos" que supone la colección y su compleja organización laberíntica.

El Persiles.

Aunque publicados póstumamente (1617), Los trabajos de Persiles y Sigismunda bien pudieran ser empresa novelesca iniciada por Cervantes en la última década del XVI. La novela se cierra en el lecho de muerte, lo que viene a significar que está acabada por quien se sabe y autoestima como el primer novelista de su tiempo; sin duda, Cervantes pretendía desquitarse de la fama de novelista "cómico" que le había deparado el carácter risible del Quijote y se adentra en el "género bizantino" dispuesto a colmarlo de gravedad y trascendencia. Es este un "romance" nítidamente cristiano, tridentino, basado en la figura central del peregrino que se purifica moralmente en su continuo deambular viajero; precisamente el modelo más próximo a la "novela ideal". El resultado es la azarosa peregrinación llevada a cabo por Persiles y Sigismunda: dos príncipes nórdicos enamorados que, haciéndose pasar por hermanos bajo los nombres de Periandro y Auristela, emprenden un viaje desde el Septentrión hasta Roma con el fin de perfeccionar su fe cristiana antes de contraer matrimonio. Como era de esperar, el viaje está entretejido de multitud de "trabajos" (raptos, cautiverios, traiciones, accidentes, reencuentros, etc.), enriquecidos y complicados hasta el delirio por las historias de los personajes secundarios que van apareciendo en el trayecto (Policarpo, Sinforosa, Arnaldo, Clodio, Rosamunda, Antonio, Ricla, Mauricio, Soldino, etc.) y por las jugosas descripciones de los escenarios -particularmente de los nórdicos- geográficos.

No obstante, la novela está perfectamente unificada tanto estructural como semánticamente. Por una parte, el viaje responde a un itinerario bien preciso que arranca de la Isla Bárbara y termina en Roma, pasando por Irlanda, Portugal y España; se nos ofrece distribuido en cuatro libros, claramente agrupables en dos grandes bloques, con la llegada a Lisboa como eje central: primero, las andanzas por los países nórdicos (I y II); después, las correrías por el centro (III y IV). Por otra, el recorrido que conduce a los personajes desde la Isla Bárbara hasta Roma no es sólo geográfico, sino que está concebido simbólicamente como peregrinación purificadora, en lo humano y en lo amoroso, que pasa por distintos eslabones en la cadena del ser: desde el barbarismo salvaje de los nórdicos, hasta el pontífice romano; desde la lujuria brutal, hasta el matrimonio cristiano. En definitiva, todo se integra literariamente en un "camino de perfección" que no puede terminar sino en Dios: "Nuestras almas [...] siempre están en continuo movimiento y no pueden parar sino en Dios, como en su centro". Ello explica la alta estima en que Cervantes tuvo al Persiles.

El Quijote

La más grande obra de Miguel de Cervantes y de la literatura hispánica de todos los tiempos.

Estas novelas son llamadas ejemplares porque te dan un ejemplo provechoso o algún consejo que te puede servir de ejemplo en tu vida.

Las novelas ejemplares fueron escritas por Miguel de Cervantes en su edad madura. El autor estaba reconocido como buen autor por la clase alta de la sociedad de su tiempo. Este reconocimiento no lo quería perder, por eso en el prólogo de la obra repite que las novelas tienen un carácter moralizador. Así vemos como el rebelde autor del Quijote se nos presenta como mucho más conservador.

El término de ejemplares ha sido tomado por la crítica de distintas maneras. Para algunos es un simple convencionalismo propio de la época. Para otros es un factor estético, y hay algunos que piensan que son ejemplares porque pueden servir de ejemplo a las generaciones venideras.

El estilo de estas novelas es el típico estilo cervantino que presenta en otra novelas como El Quijote: llaneza expresiva (tal como Cervantes escribió en boca de Ámese Pérez: “Llaneza muchacho, no te encumbras, que toda afectividad es mala”) y de esta forma escribe tal como habla, incluso algunos personajes cometen faltas al hablar, sobretodo al intentar decir cosas muy cultas. Humor, que es otro de los grandes rasgos de Cervantes, aprovecha sus obras para ridiculizar su sociedad, utilizando casi siempre el protagonista de la novela. Carácter moralizador, siempre al final de la obra se puede sacar alguna conclusión fácilmente aplicable a la vida cotidiana.

Estas novelas son de un claro estilo italiano. Es el tipo de novelas que en la época se llamaban novellas. Pero Cervantes no reproduce a la exactitud este estilo, hay rasgos que no tienen que ver con éste, como por ejemplo que todas las novelas son realistas, frente a las situaciones imaginarias que suelen presentar las italianas.

“EL LICENCIADO VIDRIERA”

Tomás Rodaja es un muchacho pobre de una aldea de la ribera del Tormes, Salamanca, que un día decidió marchar de junto a sus padres para probar fortuna con los estudios en alguna universidad, ya que desde siempre había demostrado una gran inteligencia.

Un día se encontró con dos caballeros que pasaban por el lugar en el que Tomás se encontraba, y, al verle con tan malas vestiduras le preguntaron de donde procedí y si tenía algún lugar donde vivir. Tomás les respondió que venía de una aldea de Salamanca y que buscaba unos amos a los que servir que e proporcionaran unos estudios dignos, que era lo que él quería, y que ni del nombre de sus padres ni del de su lugar de procedencia iba a hablar hasta que pudiera honrarlos con sus estudios y sus saberes. Los caballeros, impresionados por el valor y el espíritu de Tomás decidieron llevarle con ellos y tomarlo como criado, a cambio proporcionádole los mejores estudios posibles, ya que ellos procedían de una alta clase social y poseían un alto nivel económico.

Tomás demostró unas buenas condiciones para el estudio de leyes y a todos sorprendía por su gran inteligencia.

Un día Tomás debía acompañar a sus amos a la tierra de la cual provenían, que era una de las ciudades más ricas de Andalucía, Málaga.

Tomás no puso ningún impedimento en acompañarles, pero una vez allí se dio cuenta de que lo suyo en realidad era el estudio de leyes, y le pidió permiso a sus amos para que le dejaran marchar. Estos no se opusieron y le dejaron irse, muy agradecidos por los servicios prestados durante todos esos años. Le dieron dinero para que pudiera defenderse durante tres años.

Durante el camino se encontró con un capitán, que se llamaba Don Diego de Valdivia, y le invitó a que le acompañara durante su viaje por Italia y Flandes. Tomás encantado le acompañó en su viaje por Italia y conoció la mayoría de sus ciudades, visitó Flandes y regresó a España, donde continuó sus estudios de leyes.

Una vez licenciado, conoció a una mujer que se había asentado en el pueblo, que decía conocer Italia y Flandes. Tomás fue a conocerla y se quedó prendado de ella, pero para el lo más importante seguían siendo sus estudios. La muchacha, que también se había fijado en Tomás, fue a visitar a una hechicera para que le diera una poción a Tomás y éste se quedaba enamorado de ella, pero lo que en realidad lo que hizo la hechicera fue envenenarle, y dejarle postrado en la cama durante seis meses. Cuando recobró la consciencia, Tomás se vio afectado por una gran locura que le hacía pensar que era de cristal, pensando que era muy frágil, por lo que se hizo llamar “Vidriera”. Aún estando loco Tomás mantenía su inteligencia, ya que respondía con gran inteligencia a las preguntas que se le hacían.

Un día le fueran a buscar para llevarlo a la Corte, y allí pronto ya le conocían todos y le hacían preguntas , que Tomás respondía con gran inteligencia. Se convirtió en crítico de todos los oficios, y la gente a veces no le comprendía, por lo que le hacían burla.

Un religioso un día decidió curar al licenciado vidriera, y lo hizo. Éste recuperó la cordura y volvió a la Corte, dónde dio muestras de cuerdo y le dejaron marchar.

El resto de la gente porfiaba de si era cierto que había recuperado la cordura, pero el licenciado, que a partir de recuperar la cordura se hizo llamar “licenciado Rueda”, y no Rodaja, les dio muestras de su cordura y todos volvieron a admirarle por su inteligencia y sabiduría

El licenciado Rueda se retiró a Tierras de Flandes, dónde permaneció hasta su muerte con su amigo el Capitán Don Diego de Valdivia.

“LA FUERZA DE LA SANGRE”

Esta novela trata acerca de un joven, llamado Rodolfo, que un día mientras paseaba por la calle se encaprichó de una muchacha llamada Leocadia que iba junto a sus padres. Los dos amigos que acompañaban a Rodolfo retuvieron a la familia de Leocadia para que no pudieran evitar que Rodolfo se la llevara.

Una vez en casa de Rodolfo, este abusó de Leocadia que no podía defenderse ya que estaba indefensa ante Rodolfo, que le había cubierto los ojos y ella no sabía donde se encontraba ni quien era su ofensor.

Después de haberse sobrepasado con Leocadia, ella le pidió que la dejara marchar y que ella nunca diría nada de lo sucedido. Rodolfo la llevó a donde ella le había pedido y la dejó marchar.

Un tiempo después Leocadia se quedó embarazada y trató de ocultarlo durante un tiempo, haciendo pasar a su hijo como sobrino, pero llegó el día en el cual no pudo ocultarlo más.

Un día mientras el niño (que se llamaba Luisico) estaba viendo las carreras de caballos, fue arrollado por uno y quedó maltrecho. Entonces un hombre que allí estaba le auxilió y le llevó a su casa. Llamó a un médico para que le curara, y cuando llegó su madre a buscarlo reconoció que ese era el lugar en el que había sido ofendida por aquel hombre. Se lo dijo al hombre de la casa sus sospechas y éste la creyó, ya que el chico era muy parecido físicamente a un hijo suyo que residía ahora en Italia. Llamaron al hijo, que efectivamente era Rodolfo, y tras un primer engaño, este la reconoció y se casaron.

EL CELOSO EXTREMEÑO

La novela narra una historia en la que se produce un matrimonio con una enorme diferencia de edad entre los cónyuges.

Filipo de Carrizales, un hidalgo extremeño que había despilfarrado toda su fortuna y a los cuarenta años se veía pobre, fue a América a reiniciar su vida. En veinte años hizo una gran fortuna y volvió a España para esperar a que acabe su vida. A pesar de haberse propuesto no casarse porque era muy celoso acaba casándose con una niña de catorce años, mientras que él disponía de sesenta y ocho. Por su obsesión de celos construye una mansión donde encierra a su mujer, Leonora, junto con sus criadas y esclavas, junto con un esclavo eunuco al que no le está permitido entrar en la parte de la casa donde se encuentra la niña.

Un año más tarde un joven vividor llamado Loaysa que se había enterado de que en la casa había una mujer muy bella y de los celos del viejo decide conquistar la casa y a su dueña. Para ello lo primero que hace es ganarse la confianza del esclavo haciéndose pasar por un guitarrista y haciéndole creer que le enseña a tocar la guitarra. Una vez que el esclavo le deja quedarse con él las mujeres de la casa son fácilmente embaucadas. Loaysa proporciona a Leonora una droga para que su marido quede completamente dormido mientras hacen una fiesta donde Loaysa toca la guitarra. La dueña se presta a hacer como intermediaria entre Loaysa y Leonora con el fin de poder gozar ella más tarde de los placeres de Loaysa. Pero Leonora se resiste al acoso de Loaysa, y quedan dormidos sin que ocurra nada más. Carrizales se despierta y ve a su mujer en los brazos de otro hombre, y está dispuesto a pagar el supuesto adulterio con la sangre de los amantes y de toda la servidumbre. Pero con el disgusto cae enfermo y en su lecho de muerte pide a Leonora que se case con Loaysa. Al morir Leonora se mete monja y Loaysa emigra a las Indias.

“LA ILUSTRE FREGONA”

Diego de Carriazo y Tomás de Avendaño, de nobles familias burgalesas, desean ir a los bajos fondos en busca de aventuras. Con este fin, preparan un plan de cara a los padres de ambos, que pasa por simular deseos de estudiar en Salamanca.

En Toledo, donde llegan los protagonistas, se comenta la belleza de Constanza, y Tomás decide no irse de la ciudad sin verla. Por un lado, los amores de Tomás por Constanza y por otro la picaresca vida toledana de Diego, son la trama fundamental de la obra.

Al final de la novela, los dos jóvenes se casan con mujeres de su propio nivel social: Carriazo con la hija del Corregidor de Toledo y Avendaño con Constanza, la Ilustre Fregona.

La trama es El amor imposible que cae en manos de la fortuna y la vida pícara virtuosa, son los temas principales de esta novelilla cervantina.

Cervantes, en esta novelilla, hace un reflejo de el amor entre personas de diferentes clases sociales de la época; ese amor, que resultaba imposible. Pero Cervantes hace que esa diferencia social se destruya proponiendo un mismo rango social, y de esa forma hace posible lo imposible, ya que el amor es capaz de romper todas las barreras.

También, se puede extraer el deseo de conseguir algo que no está a nuestro alcance, enseñándonos que si el deseo es puro, y se hace todo lo posible por conseguirlo, es posible.

LAS DOS DONCELLAS

En Las dos doncellas, Teodosia confiesa a un desconocido, que resulta su hermano, las relaciones y promesa de matrimonio con Marco Antonio.

En busca del marido, encuentran a Leocadia, a quien también dio su palabra, sin tomar su honra. Marco Antonio acepta ser el marido de Teodosia, y su hermano, Rafael, el de Leocadia. El final feliz evita un duelo.

LA SEÑORA CORNELIA

La señora Cornelia presenta en Italia a Don Antonio de Isunza y Don Juan de Gamboa acogiendo un niño, hijo de Cornelia Bentibolli y del Duque de Ferrara, a quien defienden en una escaramuza. Los padres celebran sus bodas, según la palabra de matrimonio dada.

EL CASAMIENTO ENGAÑOSO

      
La novela comienza con la salida de un soldado del Hospital de la Resurrección, en Valladolid. El soldado llevaba un aspecto degradante cuado se encontró con un amigo, el cual le preguntó lo que le había sucedido. Ambos, Alférez Campuzano (soldado que salió del Hospital) y licenciado Peralta (amigo del soldado) se fueron a casa de este último para hablar de lo que le había pasado, aunque antes de esto fueron a escuchar misa.
Cuando llegaron a casa, Campuzano empezó a contarle que había conocido a una mujer con la que poco más tarde se casó, después de que ella, doña Estefanía le pidió que fuera su marido, y para convencerle para que se casase con ella le estuvo diciendo todo lo que ella tenía y lo que estaría dispuesta a hacer. Campuzano mudó todas sus cosas a casa de doña Estefanía en la cual vivía como un marqués. Una mañana, mientras Campuzano y doña Estefanía estaban aún en la cama, tocaron fuertemente a la puerta; eran doña Clementa, el seños don Lope Meléndez de Almendárez y Hortigosa, que era una mujer viuda que dirigía el servicio en las casas principales. Doña Estefanía explicó a Campuzano que doña Clementa era una amiga suya a la que iba a ayudar para convencer al señor Lope de que toda la casa era propiedad de doña Clementa y así el señor se casaría con ella; para ello, doña Estefanía y Campuzano tuvieron que mudarse a casa de otra amiga de la señora en donde pasarían unos nueve días, y
durante estos días, la señora Clementa y el señor don Lope vivirían en su casa.
Ese mismo día, Campuzano y la mujer se mudaron a casa de la otra amiga. Al sexto día, doña Estefanía fue a su casa para ver en qué situación estaba su negocio y Campuzano se quedó en la casa con su amiga, la cual le contó toda la verdad; le contó que doña Estefanía le había engañado, que todo lo que le había dicho que tenía era mentira, ya que no tenía nada, y que todo era de doña Clementa.
Campuzano, desesperado, la buscó por todos los lugares posibles y la encontró en la casa de doña Clementa como si nada hubiera pasado, cuando volvió a casa de su huéspeda, ésta le dijo que doña Estefanía se llevó todas las joyas que tenía en el baúl.
A medida que pasaba el tiempo, empezó a caérsele el pelo y a enfermarse, por lo que tuvo que entrar en el hospital.
Después de haberle contado toda su historia al licenciado Peralta, siguió contando otra cosa que le sucedió en el hospital. Lo que le ocurrió fue que escuchó hablar a dos perros, esta historia sorprendió aún más al licenciado Peralta, el cual no lo creyó e hizo que tampoco creyera la otra historia, pero Campuzano insistió tanto que le dio un librillo al licenciado, en el que había escrito las conversaciones entre ambos perros,  y aceptó leerlo por la insistencia de Campuzano.


El Coloquio de los Perros

Peralta lee el libro dónde Campuzano escribió la conversación entre dos perros, mientras Campuzano duerme.
La lectura comienza con Berganza, que cuenta su vida a su compañero Cipión. Berganza cree haber nacido en Sevilla, quizá en el matadero, donde tuvo su primer amo, el matarife Nicolás el Romo. Escapó de la crueldad del jifero y vivió después con unos pastores en el campo, como guardián del rebaño. Al no poder descubrir al amo las fechorías de los pastores-lobos, vuelve a Sevilla y sirve a un rico mercader. Por lealtad a su amo rechaza los sobornos de la criada y, ante la segura venganza de la negra, se marcha y encuentra como nuevo amo al alguacil amigo de Nicolás el Romo. Abandona aquel mundo de alguaciles, escribanos, prostitutas y rufianes asociados en el robo, y se une a una compañía de soldados, en Mairena del Alcor. Cuando el tamborilero y el "perro sabio", adiestrado en espectaculares prodigios, llegan a Montilla, la bruja Cañizares reconoce en Berganza al hijo de la Montiela, cuyos dos niños habían sido transformados en perros por la bruja La Camacha.

Una vez descubierta y humillada la bruja Cañizares, el perro huye y va a arar a un campamento de gitanos, cerca de Granada. Por miedo a que en sus trapacerías lo utilicen como "perro sabio" se marcha y sirve, en las afueras de Granada, a un hortelano morisco. Mal alimentado entre los de aquella raza, consuela su estómago con los mendrugos de un poeta, y sale adelante como "entremesista y farsante de figuras mudas", hasta que, herido en la representación de un entremés en Valladolid, cansado de todo, Berganza entra al servicio de Mahudes, en el Hospital de la Resurrección.

El casamiento y El coloquio son una novela, y no dos. Una novela en dos partes, que sería prácticamente imposible editar por separado, y en dos tiempos, el narrativo de El casamiento y el dialogado de El coloquio, que es un diálogo leído.

Estas novelas fueron bien aceptadas por la sociedad ya que en ellas se demostraba un gran realismo de la gente de la época, sus costumbres y su sociedad en general.