Novela

Teoría de la literatura. Géneros literarios. Narrativa. Novelesca. Historia y evolución. Caballeresca. Pastoril. Picaresca. Moderna

  • Enviado por: Carina
  • Idioma: castellano
  • País: México México
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INTRODUCCIÓN

La narrativa es un genero literario que abarca distintas formas como la novela y el cuento, y que explica acontecimientos ajenos al autor, quien crea un mundo ficticio en el que ocurren distintos sucesos. La narrativa es subjetiva y en ella predomina la función referencial. La narrativa en prosa es la que se conoce por el término novela que viene del latín novella, diminutivo de nova, nueva. Las Características de la Novela son:

Es un texto narrativo. Porque en él se inician, desarrollan y culminan determinados acontecimientos, es más extensa que el cuento y generalmente se divide en capítulos

Cada capítulo tiene sentido en sí mismo.

Uno de los trabajos más interesantes en el contexto de la novela tiene que ver con el punto de vista, que es extremadamente móvil y pasa todo el tiempo por distintas posiciones y adopta diferentes visiones.   

La novela empezó a tener importancia a partir de mitad del s. XIX. Es un género muy completo. Tiene diálogos que se presentan de forma directa. La misma consta de presentación, desarrollo y conclusión y fundamentalmente se narran los hechos que le ocurren a un personaje o personajes que se presentan estudiados con detenimiento. Desde la antigüedad se han escrito narraciones en prosa a las que se ha aplicado de manera indiscriminada el término novela. Muchos relatos que más tarde se incorporaron a la tradición literaria europea tienen su origen en Egipto. El primer texto indio que cabe considerar como precursor de la novela es quizá el Daßakumaracarita (Cuentos de diez príncipes), un romance en prosa de Dandin, escritor en sánscrito de finales del siglo VI d.C.

La primera novela en opinión de algunos expertos es el relato japonés Cuento de Genji (siglo XI), de Murasaki Shikibu. El género gozó de gran popularidad entre los griegos durante los primeros siglos de la era Cristiana, era dirigido a un público masivo poco cultivado, solo pretendía distraer por lo que se le consideraba literatura menor. Los dos motivos principales de la época eran el amor relacionado con la corriente lírico dramática de la época, y el de los viajes por distintas geografías. El relato largo en verso narrativo, la abundante cantidad de romances en prosa y los fabliaux franceses florecieron en Europa durante la edad media y su contenido se alimenta de los recuerdos contados y transmitidos por la tradición sobre los héroes más o menos históricos o legendarios y sus proezas. Estas obras contribuyeron al desarrollo de lo que más adelante será la novela pero que en esta época no tiene nombre como género, y se les conoce tanto como libro de caballería, historia o tratado.

La novela en el siglo XVI y XVI

Al llegar al siglo XV, la prosa cambia rápidamente de rumbo para adoptar los principales recursos estilísticos del latín clásico, mientras la sobriedad de algunos escritores del siglo XIV cede el paso a un estilo más afectado y grandilocuente.

Surge de este modo un nuevo tipo de prosa artificiosa y culta, caracterizada por el uso abundante de hipérbatos y otros latinismos sintácticos y de vocabulario, que retuercen la expresión y le dan un tono cultista, retórico y artificioso.

Junto a esta refinada prosa humanística, vemos por primera vez, gracias al Arcipreste de Talavera, la imitación artística del lenguaje de calle. Dentro de la novela idealista encontramos, entre otras:

La novela sentimental: el amor es el tema exclusivo de este tipo de novelas, en las que casi no hay narración sino un análisis muy pormenorizado del sentimiento amoroso. Este tipo de novelas representan una última derivación de las teorías provenzales del amor cortés.

Algunas características de la novela sentimental son su carácter convencional, el melancólico apasionamiento de los protagonistas, la artificiosidad del estilo, el lenguaje culto y latinizante, el tono retórico y alegórico... Estos rasgos permiten definirla como un género cortesano.

En el siglo XVI, periodo de tiempo en que florecen las universidades, entre ellas la de Salamanca, permanecen los dos géneros anteriores, y aparecen otros de nuevos:

La novela morisca: en estos relatos, el protagonista es un joven moro, valiente y galante.

El argumento se centra en un idealizado mundo musulmán, y emplea el recurso de la complicación de las aventuras. En cuanto al tema los problemas son de fortuna y providencia, amor y castidad. El ambiente es variado, con interés por la geografía y la historia. La pareja como personajes es fundamental en este tipo de historias.

Aporta tres recursos técnicos novedosos: “in media res”. Al mismo tiempo, se crea un presente al que, finalmente, se une un futuro con el que se incluye un suspense.

El interés por el ser humano que caracterizó al renacimiento tuvo una repercusión importante en el desarrolló de la novela. En efecto, el punto de vista del autor se desplaza y deja de observar los héroes antiguos para detener la mirada en las gentes de su época, ya fueran pastores, mendigos, hidalgos, clérigos, soldados, zagalas, alcahuetas o monjas. Además se narrara su forma de vida y los conflictos que tengan, generalmente amorosos aunque también surgen conflictos de la vida cotidiana: económicos, de aventuras o de supervivencia. Esto supuso un cambio trascendental que marca el comienzo de la tendencia realista, con el nacimiento en España de la novela picaresca o autobiografía de un personaje de baja extracción social, vagabundo y servidor de una sucesión de amos: el pícaro. Los ejemplos más destacados del género son El lazarillo de Tormes (1554), de autor anónimo, y el Guzmán de Alfarache (1559-1604), de Mateo Alemán. Entre 1605 y 1612 el escritor español Miguel de Cervantes publica la primera gran novela del mundo occidental y obra cumbre de la literatura universal, Don Quijote de la Mancha. Esta novela narra las aventuras de un caballero enloquecido por sus innumerables lecturas de novelas de caballería. El Quijote es por tanto la primera gran novela en la que la finalidad moral se antepone a la forma con el fin de mostrar a los seres humanos lo que pueden hacer determinados hombres y mujeres que viven en determinadas sociedades.

Frente a esta tendencia realista se desarrolló otra idealista o de evasión representada por la novela pastoril, cuya primera gran manifestación es Los siete libros de Diana (1559?) de Jorge de Montemayor, o la sentimental, que trata el tema amoroso desarrollado de una manera poética, como puede verse en Siervo libre de amor (c. 1440) de Juan Rodrígez Padrón.

En la América española, a lo largo del siglo XVII aparecen ejemplares de obras en las que se mezcla la novela, el relato pastoril y ciertos elementos ascéticos y religiosos, reflejo fiel de la ideología dominante. El pastor de Nochebuena, de Juan de Palafox, obispo mexicano, es la muestra representativa de ese género, en el que también se inscriben Los sirgueros de la Virgen, de Francisco Bramón, una de las primeras novelas barrocas en América (1620), y El desierto prodigioso, de Pedro de Solís y Valenzuela.

El siglo XVIII: El auge de la novela

A lo largo del siglo XVIII la novela se convierte en un género enormemente popular y los escritores comienzan a analizar la sociedad con mayor profundidad y amplitud de miras, pero es la novela sentimental la que triunfa plenamente en este siglo. Ofrecen un retrato revelador de personas sometidas a las presiones sociales o en lucha por escapar a ellas, y realizan una crítica implícita tanto de los personajes que intentan ignorar las convenciones sociales como de la sociedad incapaz de satisfacer las aspiraciones humanas.

Los profundos cambios sociales experimentados en este periodo como resultado de la primera Revolución Industrial provocan la aparición de nuevos conflictos entre dos clases emergentes: la burguesía y el proletariado. Estas tensiones se reflejan claramente en la novela, que se propone ser un medio de intervención crítica y un instrumento de difusión de las ideas, al tiempo que analiza el nacimiento de una conciencia individual enfrentada a la realidad colectiva. Durante este periodo cabe destacar las novelas de Diderot, Defoe, Swift, Fielding, Marivaux, Rousseau o Goethe

Desarrollo de los géneros

 

Las diversas categorías de novela aparecidas durante el siglo XVIII no son independientes ni se excluyen mutuamente. La novela didáctica expone teorías sobre la educación u opiniones políticas y el ejemplo más famoso del género es Emilio o De la educación, obra del filósofo francés Jean-Jacques Rousseau. La novela gótica introduce el elemento del terror a través de una amplia parafernalia de apariciones, sucesos sobrenaturales, cadenas, mazmorras, tumbas y una naturaleza que muestra su rostro más terrorífico. La primera novela gótica fue El castillo de Otranto (1764), de Horace Walpole.

La comedia de costumbres ha sido uno de los géneros más populares en la novela británica y refleja a través del lenguaje y el comportamiento el conflicto entre diferentes personajes condicionados por su cultura y su entorno social. Entre los primeros autores del género cabe citar a Fanny Burney, pero su principal exponente es sin lugar a dudas Jane Austen, autora de novelas como Orgullo y prejuicio (1813) y Emma (1816). Sus novelas están siempre protagonizadas por muchachas que buscan el conocimiento de sí mismas y que logran o no encontrar marido. El ingenio, la ironía y la percepción psicológica de Austen se combinan con un estricto sentido del modo adecuado de conducirse en sociedad.

A lo largo del siglo XVIII se observa en Europa una reinvención o transformación radical del género novelesco que afecta tanto a los mecanismos de la producción del texto como a los de su recepción. La novela pasa a convertirse en vehículo de transmisión de ideas y conocimientos. Sin embargo, la fortaleza de los modelos ingleses y franceses aconsejó a los novelistas de otros países optar por la vía de la adaptación o la traducción directamente antes que emprender un camino propio. El fenómeno de las traducciones y adaptaciones se generaliza así en el último cuarto de siglo, propiciando el resurgimiento de la narrativa tras un periodo de relativa mediocridad. En España, la novela más representativa de este periodo es Fray Gerundio de Campazas (1758) del jesuita español José Francisco Isla, que aun siendo una novela ilustrada con la clara finalidad didáctica de censurar a los malos y ampulosos predicadores tiene un desarrollo entre picaresco y quijotesco, pues al fin y al cabo se siguen los pasos, es decir, aventuras y desaventuras, del pintoresco predicador.

  

El siglo XIX: Desarrollo de la novela moderna

 

El siglo XIX ofrece un panorama más variado. Es el momento en el que surgen ambiciosos proyectos de ciclos novelescos que quieren ser espejo e interpretación de la realidad social. Los grandes maestros de la novela moderna son quizá Stendhal y Honoré de Balzac.

  El realismo es un movimiento cultural que desde mediados del siglo XIX se enfrenta al idealismo y al subjetivismo romántico sin renunciar a sus aspiraciones revolucionarias. Aparece en un momento en el que se da una desconfianza entre intelectuales hacia una utopía romántica. El fracaso de las revoluciones burguesas y el triunfo de la restauración produce un rechazo del idealismo y favorece una búsqueda de la objetividad.

En la novela realista su nota fundamental es la tendencia positivista apoyada en la convicción de que a las realidades sociales se les debía aplicar el empirismo. En consecuencia, con el naturalismo se ve el triunfo de lo científico típicamente romántico.

La novela intenta reflejar la sociedad con exactitud. Esta es popular, más asequible a un sector amplio. Se crea una novela que tendré la más amplia difusión dirigida a las masas para contentar sus gustos y para crear una conciencia social a la altura de los nuevos tiempos.

El naturalismo es la culminación del realismo y se basa principalmente en los métodos de las ciencias experimentales y en el determinismo.

Se caracteriza por reproducir los ambientes más desagradables de la sociedad; abundan los personajes cuyo comportamiento está marcado por la herencia biológica o las circunstancias sociales; quiere ser un documento detallado de la realidad.

Las grandes variedades que marcan la evolución de la novela son la novela pastoril, la novela de caballerías, la novela picaresca y la novela realista.

Las Novelas de Caballerías

Las Novelas de Caballerías, son un género narrativo que tuvo su máximo desarrollo en España entre los siglos XIV y XVII, y que en su momento también se llamó libro de caballerías.

Muy semejantes a las novelas de aventuras, los libros de caballerías se basan —según Gonzalo Torrente Ballester— en la odisea de un caminante que se enfrenta a múltiples azares —batallas, desafíos, amores, pérdidas, reencuentros y tránsitos—, normalmente en un espacio lejano y exótico. Un rasgo bastante común en estas obras es que el autor afirma que el texto procede de un manuscrito que él ha encontrado; de ahí la parodia que realiza Cervantes al respecto en el Quijote, cuando alude a que el texto lo ha sacado de una traducción que un morisco hizo de un texto de un historiador llamado Cide Hamete Benengeli La primera novela importante es Libro del caballero Zifar, compuesto hacia 1300, que utiliza la técnica del sermón: cada personaje o situación es un ejemplo y figura de realidades espirituales. Con el Amadís de Gaula, cuya versión original de principios del siglo XIV está perdida casi por completo y que se conoce por la refundición que a finales del siglo XV realizó Garci Rodríguez de Montalvo, el género comienza a fijarse, gracias a la calidad del texto. Durante el siglo XVI hubo abundantes imitaciones y continuadores del Amadís, cuyo resultado más interesante puede que sea Amadis de Grecia (1530) de Feliciano Silva. Llegaron a realizarse casi veinticinco libros tanto en España como en Europa hasta bien entrado el siglo XVI. Otro ciclo importante fue la serie de Palmerín, que se inició con Palmerín de Oliva (1511) del que se realizaron once impresiones hasta 1580, y uno de los mejores libros de la serie fue Palmerín de Inglaterra (1547-1548) escrito en portugués por Francisco de Morais. Tirant lo Blanc, de Joanot Martorell, es otro ejemplo en lengua catalana, publicado en 1490, y, según Miguel de Cervantes, “es el mejor libro del mundo”.

Las novelas de caballerías encontraron grandes detractores desde sus orígenes. Se les criticaba por su inverosimilitud, inmoralidad y descuidado lenguaje. Durante mucho tiempo se dijo que eran libros que leían gentes de escasa formación, pero la realidad es que interesaban a todos los estamentos sociales y culturales y eso se ha demostrado por lo que dicen de ellos personajes como santa Teresa de Jesús, el humanista Juan de Valdés y hasta el emperador Carlos V.

Los antecedentes de la novela de caballerías deben situarse en la difusión europea, con gran influencia española, de tres ciclos épicos medievales: el artúrico, el carolingio y el troyano. El código moral caballeresco se entrelaza con el código erótico —el caballero brinda sus empresas a la dama de su elección—, y ello explica los puntos comunes entre la novela caballeresca y la novela sentimental, en la que el paisaje de las hazañas se hace alegoría del deseo amoroso y su búsqueda. Mario Vargas Llosa ha estudiado la actualidad de las novelas de caballerías, hasta el punto de afirmar que el coronel Buendia, de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez “parece descender en línea recta de los cruzados caballerescos”.

Novela pastoril (S.XVI)

La novela Pastoril es ungénero novelístico, procedente de Italia, cuya característica principal es un diálogo entre pastores sobre el amor.

El tema pastoril en prosa se inicia en España en 1558 con la novela Los siete libros de Diana de Jorge de Montemayor (1520-1561), escritor que, nacido en Montemor-o-Velho (Coimbra), escribe en castellano. Posee un antecedente italiano, la Arcadia de Sannazzaro, y uno portugués, Menina e moça, de Bernardim Ribeiro, novela sentimental sólo en parte pastoril. Una parte de la Diana es traducción de los Diálogos de amor (1535), del médico judío portugués, expulsado en 1492, León Hebreo. Además de su continuación en la Diana de Gil Polo, la novela de Montemayor inició una moda que se extendió por Francia, Alemania e Inglaterra, donde Shakespeare se sirvió de la traducción realizada por Bartholomew Young como fuente de Los hidalgos de Verona. Influyó también en la Galatea de Cervantes quien, por otra parte, utiliza en el Quijote la novela pastoril como uno de los géneros narrativos objeto de su parodia. No hay que olvidar que, agotado el caballero de tantas desventuras, propone a Sancho dedicarse a la apacible vida de los pastores. El cura, durante el escrutinio y quema de los libros que han hecho perder la razón de Don Quijote, recupera la Diana, aunque sugiere que se elimine el tramo de la novela referido a la sabia Felicia y el agua encantada. Aunque tenían mayor popularidad las novelas de caballerías, la moda de la época también absorbió la novela pastoril. La interrelación entre los distintos temas (caballeresco, pastoril, fronterizo o morisco) explica la inclusión en la Diana de la breve “Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa”.

La Novela Picaresca

La Novela picaresca es una extensa obra de ficción, por lo general de carácter satírico, cuyo personaje principal es un individuo cínico y amoral. La novela picaresca narra una serie de incidentes o episodios de la vida del protagonista que se presentan en orden cronológico sin entremezclarse en una trama sólida. El género se originó en España a mediados del siglo XVI y tomó su nombre de la figura del pícaro. El primer ejemplo de novela picaresca español es el Lazarillo de Tormes (1554), de autor desconocido, la autobiografía de un pillo que sirve a diversos amos aprovechándose invariablemente de ellos. El principal ejemplo de la picaresca alemana es El aventurero Simplicissimus (1669), del escritor Hans Jakob Christoph von Grimmelshausen. En Francia cabe destacar Historia de Gil Blas de Santillana, fruto de la pluma de Alain Le Sage, y en Inglaterra Moll Flanders, escrita por Daniel Defoe. En América Latina la obra que inicia el género novelesco es, precisamente, El periquito sarniento, de José Joaquín Fernández de Lizardi, reflejo de la novela picaresca española.

La novela picaresca es uno de los géneros más representativos, genuinos y populares de la literatura española y posteriormente derivó hacia la novela de aventuras o cuadros de costumbres. Utiliza el esquema tradicional de los libros o novelas de caballería, pero lo hace con una voluntad claramente desmitificadora, a partir de la crítica a la sociedad de la época. La estructura es un relato en primera persona de episodios o la vida del autor que vienen a justificar su situación final poco afortunada. Sin embargo, la novela picaresca no constituye un género claramente diferenciado, pues el propósito de sus autores es siempre distinto. Entre las principales obras del género cabe mencionar el Guzmán de Alfarache (1599), de Mateo Alemán, o la Historia del buscón llamado don Pablo (1626), de Francisco de Quevedo, donde la estructura autobiográfica cede en importancia ante la brillantez del lenguaje. Otros títulos y continuaciones de las obras maestras ya citadas son: La pícara Justina (1605), de Francisco López de Úbeda, La hija de la Celestina (1612), de Alonso Jerónimo de Salas, La vida del escudero Marcos de Obregón (1618), de Vicente Espinel y El siglo pitagórico (1644), de Antonio Enríquez Gómez.

La novela en el siglo XX continúo ganando terreno. Se mantuvieron todas las tradiciones novelescas anteriores y al mismo tiempo apareció un gran número de tendencias. En Europa a partir de la década de 1920 la crisis de la sociedad de la época impulsó los novelistas a escribir acerca de la preocupación por la condición humana. Al mismo tiempo se fueron rompiendo formas tradicionales de la novela con autores como Marcel Proust, en cuyas obras el relato quedaba disuelto en demoradas descripciones de estados anímicos; el irlandés James Joyce, creador del monólogo interior; y el estadounidense William Faulkner, que adoptó el monólogo interior y el perspectivismo.

Un género de gran difusión a lo largo del siglo XX fue la novela de ciencia ficción, literatura de carácter fantástico que monta visiones de mundos futuros o extraterrestres con nuevas realidades sociales y tecnológicas, precursores de este tipo de novela fueron Julio Verne y H.G. Wells. Destacados escritores fueron Aldous Huxley, Ray Bradbury e Isaac Asimov.

Después de la segunda guerra mundial, la novela presentó un conjunto abigarrado de tendenncias. Jean-Paul Sartre y Albert Camus en francia con una temática existencial; Graham Greene y Cesare Pavese con una narrativa introsprectiva y de intriga; Margerite Duras y Claude Simon, entre otros que crean la nouveau roman o nueva novela francesa.

Mientras que la novela hispanoamericana surge con el llamando boom que dio a conocer autores de gran relevancia como el cubano Alejo Carpentier, el colombiano Gabriel García Márquez, el argentino Julio Cortázar, el peruano Mario Vargas Llosa y el mexicano Carlos Fuentes que se caracterizaron además por experimentar con la estructura de la narración.

CONCLUSIÓN

Dentro de los géneros narrativos, la novela es el mas complejo.

Tanto la novela como el cuento, son dos formas características del género épico, la novela utiliza la lógica temporal del cuento, a diferencia de la épica, es un genero “polifónico”, en el sentido de que varias son las voces que resuenan en la novela.

La novela surge a partir de otros géneros literarios y va evolucionando junto con la búsqueda de los gustos de la gente de cada época, ya que aunque sea ficticia siempre es verosímil y se caracteriza por reflejar los pensamientos de cada época como por ejemplo en el siglo XIX, el siglo del Apogeo de la novela. La novela Realista correspondiente a ese periodo construye “tipos” literarios que “representan” tipos Sociales y tiene relación con el desarrollo de las ciencias “positivas”, fundamentalmente la sociología y la psicología.

La Sociología se forma durante el final de la edad media y el comienzo del Renacimiento. En el Siglo XIX va a ser importante ya que por estudiar las sociedades humanas el autor empieza a darle importancia a la gente de esa época en sus relatos y narraba las características de estas sociedades.

La Psicología se formo en el mismo tiempo que la Sociología, teniendo la misma percusión en el siglo XIX, e influye en la novela analizando la memoria, el amor obsesivo, etc.

 La novela es una percepción literaria y que además dentro de esta hay una Lógica temporal y posee un punto de vista móvil.

BIBLIOGRAFÍA

-Diccionario Enciclopédico Quillet, Editorial Argentina Arístides Quillet, S.A, Tomo VI, pp 423-425, Panamá, 1971

-Enciclopedia Hispánica, Editorial Enciclopedia Británica Publishers, INC, primera edición, Tomo 10, pp 401-406, México, 1990.

-http://lafacu.com/apuntes/literatura/Literatura_La_Novela/default.htm